Sermones

¿Cuál es el camino al cielo?

Por John MacArthur
Código de producto: 2252
Scripture: Mateo 7:13-14
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El Sermón del Monte que Jesús comenzó en el capítulo 5 de Mateo, llega a su punto culminante en el capítulo 7. El clímax se alcanza en los versículos 13 y 14; y el resto del sermón es sencillamente una extensión de estos dos versículos. Ahí en Mateo 7:13-14, el Señor dijo: «Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan».  

Esa es una declaración hecha por nuestro Señor que provoca. Es el punto hacia donde ha estado apuntando en la primera parte de este sermón magistral. Él desarrolla todo el sermón hacia el clímax de la decisión. Dos puertas que ofrecen al individuo dos caminos que conducen a dos destinos habitados por dos grupos diferentes de personas.

El Señor se enfoca en la decisión ineludible que exige de sus oyentes. Alguien ha dicho de manera acertada, que todo en la vida se concentra para el hombre en una encrucijada. Es verdad. Desde el momento en que tenemos edad suficiente como para tomar decisiones autónomas, la vida se convierte en un asunto de toma de decisiones constantes. Todos los días de nuestra vida tomamos decisiones de todo tipo. Decidimos a qué hora nos levantaremos, qué comeremos, dónde iremos y qué haremos. A lo largo de toda la vida, escogemos caminos.

Por último, e inevitablemente, hay una elección unipersonal y esencial, una elección que no sólo define este tiempo, sino también la eternidad. Ésa es la elección fundamental de la cual nuestro Señor habla en Mateo 7:13-14. Ahora esto no es nuevo, Dios siempre conduce al hombre hasta el punto de hacer esta elección primordial; siempre. Y es la elección que más le preocupa a Dios. Siempre hay una opción, por tanto siempre hay una elección. Es la elección fundamental.

Por ejemplo, Dios confronta a los hijos de Israel por medio de Moisés en Deuteronomio 30. Dios dijo: «He puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia» (v. 19). Ahí Dios ofreció al pueblo de Israel la elección primordial: La vida o la muerte, el bien o el mal. Josué siguió a Moisés como líder del pueblo de Israel. Al entrar en la Tierra Prometida, a los israelitas se les dio a elegir, tenían dos alternativas. Y las presenta en Josué 24:15: «Escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres… pero yo y mi casa serviremos a Jehová» (Jos. 24:15).

En Jeremías 21 2.8, Dios dijo a Jeremías: «Y a este pueblo dirás: Así ha dicho Jehová: He aquí pongo delante de vosotros camino de vida y camino de muerte» (Jer. 21:8). Lo mismo cuando Elías estaba en el Monte Carmelo en 1 Reyes 18:21, exigió a los israelitas que tomaran una decisión y les dijo: «¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él».

En Juan 6 leemos que mucha gente siguió a Jesús haciéndose llamar a sí misma sus discípulos (como se da a entender en los versículos 60 y 61). Pero el versículo 66 dice que muchos de ellos se apartaron del Señor y «ya no andaban con él». Jesús dijo: «¿Queréis acaso iros también vosotros?» (v. 67). Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (v. 68). Algunas personas se alejaron de Jesús y otros permanecieron con Él. Simón le dijo a Jesús: «He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel» (Lc. 2:34).

Entonces, Jesús es el punto crucial en el destino de todo hombre. La elección se toma en la encrucijada de Cristo y es elegir la vida o elegir la muerte. Esto es esencialmente lo que Jesús está diciendo en Mateo 7:13-14. John Oxenham, un poeta británico, escribió lo siguiente, y cito: «Delante todo hombre hay señalado un camino y vías y una manera; el alma más elevada pisa el camino alto, y el alma baja anda a tientas por el bajo; y en el medio, en el piso empañado, el resto se deja llevar adelante y atrás; pero ante todos está allí el camino alto y el camino bajo; y cada uno decidió ya la senda que su alma seguirá». Fin de la cita.

Por esto nuestro Señor aquí confronta al hombre con una decisión; Él dice que deben realizar una elección. Un escritor dijo: «La montaña es el momento de tomar su decisión». Hay dos cosas que usted no puede hacer con el Sermón del Monte. Una es admirarlo. Jesús no quiere cumplidos por su ética o admiración por las virtudes de las declaraciones morales del Sermón del Monte, Él quiere una decisión respecto a su destino.

La segunda cosa que no puede hacer es empujar el Sermón del Monte hacia algún mañana profético del Reino futuro. Jesús no está sugiriendo que estas verdades son para alguna era futura; Él está exigiendo una decisión ahora mismo. Jesús entonces, demanda una elección, una acción, una decisión final hecha en aquel tiempo y en aquel momento sobre la base de lo que Él acababa de decir. Se debe realizar una elección. Cristo vino a traer un Reino. Él era un Rey. Él era El Rey. Él era el Rey de reyes. Él vino con un Reino que era único y especial; apartado y diferente de todos los reinos del mundo. El hombre no pudo entender Su Reino a menos que Él pronunciara Sus principios, lo cual hizo en este magistral sermón. Y ahora, nos ofrece la elección ya sea entrar a él o quedar fuera de él. Ésa es la elección que Él quiere que todo hombre considere. Él demanda una respuesta.

Usted conoce ahora los requisitos del Reino; conoce ahora las normas del Rey. Y la pregunta es: ¿Cuál es su respuesta? ¿Cuál es su reacción? Ésa es la cuestión. Jesús llama a la acción. Los versos 13 y 14 son la cúspide, el clímax hacia el cual Él se ha estado moviendo a través de todo el sermón, para llevar a las personas al punto, para llevarnos al punto en que respondamos.

Las opciones son claras: Sólo hay dos; el camino angosto y el camino espacioso. No hay otras alternativas. John Stott dice: «Jesús afecta nuestro sincretismo facilista» (Christian Counterculture [Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 1978] p. 193). Nosotros tendemos a desear convertirnos en eclécticos al desarrollar sistemas de religión, pero Jesús sí está definido.

Ahora, quizá algunos digan: «Bueno ¿cómo pudo Jesús elaborar un tema tan bien definido sobre la religión cuando hay tantas religiones que confrontan al hombre? Bueno, realmente no hay tantas. Sólo la verdadera y la falsa, la correcta y la incorrecta. Eso es tan sencillo como el hecho mismo de yo afirmarlo.

En realidad, durante todo el Sermón de Monte, Jesús está contrastando la religión verdadera (sus normas) con la religión falsa (que es la religión de la época, la religión del hombre). Y el contraste es entre la justicia divina y lo que ésta demanda, y la justicia humana y lo que ésta demanda. El contraste es entre Cristo y los escribas y los fariseos.

Ahora, permítame agregar esta anotación: el contraste no es entre la religión y el paganismo. Muchas personas han interpretado Mateo 7:13-14 diciendo que el camino angosto es el camino del cristianismo, el cual va al cielo; y que el camino espacioso es el de las orgías ebrias que llevan al infierno.

Sin embargo Jesús no está contrastando la santidad y el cristianismo con las masas irreligiosas, paganas, abiertamente lujuriosas, lascivas e inmorales que alborozadamente van de camino al infierno. Él está contrastando dos tipos de religiones, ambas con caminos que señalan: «Éste es el camino al cielo». Obviamente, Satanás no tiene que marcar el camino espacioso con: «Éste es el camino al infierno». Eso no sería muy engañoso. Este no es un contraste entre la religión y el paganismo, entre la moralidad y la inmoralidad evidente; es un contraste entre la justicia divina y la justicia humana, entre la religión divina y la religión humana, entre la religión verdadera y la religión falsa. Por ejemplo el problema de los fariseos era que ellos «confiaban en sí mismos como justos» (Lc. 18:9). Esta era su religión, pero era insuficiente.

Todo hombre hace una elección. Y la elección es esta: usted piensa que es lo suficientemente bueno por sí mismo o por medio de su sistema religioso como para llegar al cielo; o, si usted sabe que no es lo suficientemente bueno, se entrega a la misericordia de Dios a través de Cristo. Estos son los únicos dos sistemas de religión en el mundo.  

Probablemente, usted puede identificar diez mil nombres y términos religiosos diferentes, pero solamente hay dos religiones en el mundo. Por un lado, está la religión del cumplimiento divino: Dios lo hizo todo en Cristo; y por otro lado, está la religión del logro humano: Nosotros conseguimos por medio de ella. La primera es la religión de la gracia; la segunda es la religión de las obras. Por tanto, existe la religión de la fe y la religión de la carne; existe la religión del corazón y la religión de lo externo.

Los sistemas de religión hechos por el hombre se basan en la idea de que realmente no necesitamos un Salvador, nosotros tenemos la aptitud y la capacidad para desarrollar nuestra justicia propia. Tan sólo otórguennos un sencillo ambiente religioso, provéannos algunas reglas, unas pocas rutinas, algunos rituales y nos elevaremos por nosotros mismos. Esa es la religión de los logros humanos y se presenta bajo títulos innumerables y diferentes, pero todas con el mismo sistema porque se desarrollan de una misma fuente: Satanás mismo. Él las empaqueta en diferentes cajas, pero es exactamente el mismo producto.

Por otra parte, la religión del cumplimiento divino es el cristianismo y es la única. La mayoría de la humanidad está trágicamente en el camino del logro humano, creyendo que pueden alcanzar los planos más altos de un destino potencial a causa de la capacidad innata y la aptitud que pueden obtener a través de sus propias obras buenas. Pero Jesús dice que hay dos caminos señalados hacia el cielo. Uno es el angosto, un camino comprimido por la justicia divina; el otro, es el espacioso camino de la justicia humana.

Los líderes judíos enseñaron que una persona podía alcanzar el cielo por sus esfuerzos propios. Por eso, las palabras del apóstol Pablo fueron impactantes cuando dijo: «ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él [Dios]» (Ro. 3:20). Él dijo en el versículo 19 que la ley vino «para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios». La ley le muestra al hombre su pecado.

Entonces cuando el hombre híper justo y egocéntrico vio que era pecador por las normas de la ley, no quiso enfrentar su iniquidad. En lugar de ello, dejó la ley a un lado, inventó un sistema nuevo que acomodaba sus imperfecciones y como resultado de este sistema humano, declaró en su propia mente que él era justo. Su justicia se volvió dependiente de logros humanos.

El propósito del Señor al predicar el Sermón del Monte era trabajar duro por ese tipo de sistema. Él mostró que los logros humanos no son efectivos. Para ello, comenzó el sermón diciendo: bienaventurados son los pobres en espíritu, bienaventurados son aquellos que lloran, bienaventurados son los mansos, bienaventurados son los que tienen hambre y sed de justicia. En otras palabras, Él comienza allí donde quiere terminar: Con las personas que se quebraron con un espíritu pobre, que se lamentan de su maldad total, mansos a los ojos de Dios y de la ley, hambrientos y sedientos por lo que saben que no tienen, pero desesperadamente necesitan: la justicia de Dios.

Él quiere llevarlos de vuelta adonde comenzó, para que ellos se quebranten sobre el pecado. Tristemente, los fariseos nunca entendieron el mensaje. En Lucas 18 un fariseo ora: «Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres… ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano» (vv. 11-12). Ni una sola vez expresó necesidad de Dios. No pensó que la tenía por lo bueno que se creía. Cerca de él, estaba un hombre que se golpeaba en el pecho y decía: «Dios, sé propicio a mí, pecador» (v. 13). Jesús dijo que aquel hombre regresó a su casa justificado, no así el fariseo (v. 14).

Jesús quiere traer al hombre al punto en que se dé cuenta que en su carne él es absolutamente incapaz de agradar a Dios. Él quiere que el hombre se desespere con un espíritu quebrado, manso y mortificado, que necesite con toda urgencia la justicia de Dios.

Los líderes judíos pensaban que ellos eran justos y transitaban su camino al cielo, pero Jesús los obligó a reconsiderar y tomar una decisión fundamental. Y cada uno de nosotros tiene que tomar esa decisión.

Mientras avanzamos con Mateo 7:13-14, la elección se consolida. Aquí vemos dos puertas: la ancha y la estrecha. Hay dos caminos: el espacioso y el angosto. Hay dos destinos: la vida y la perdición. Hay dos grupos de viajeros: los pocos y los muchos. En el resto de Mateo 7, hay más contrastes. En los versículos 16 al 20 hay dos tipos de árboles: el bueno y el malo. Hay dos tipos de frutos: el bueno y el malo. Los versículos del 24 al 27 dicen que hay dos constructores: el prudente y el insensato. Hay dos cimientos: la roca y la arena. Hay también dos casas y dos elementos relacionados con la tormenta. Por tanto, una decisión bien definida es el tema en el clímax del Sermón del Monte. Jesús no desea personas que posponen la aplicación de Sus requisitos; Él quiere una respuesta. Y aquí en Mateo 7:13-14, vemos cuatro contrastes.

Observen el primero: las dos puertas. En el versículo 13, Jesús dijo: «Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta… que lleva a la perdición» y en el 14 dijo: «Porque estrecha es la puerta… que lleva a la vida». Solamente hay dos puertas. Ambos caminos señalan que conducen a Dios y a la salvación; ambos señalan que conducen al Reino, la gloria y la bendición. Ambos caminos señalan que conducen al cielo, pero sólo uno lleva a ese destino. Un camino es la ruta de la justificación propia y el otro es la ruta de la justificación divina. Pero antes de entrar en cualquiera de estos dos caminos, tiene que atravesar una de estas puertas.

Observen la puerta estrecha. El quid para la interpretación de Mateo7:13-14 es el poder comprender la puerta estrecha. Lo primero que veo a partir del verso 13 sobre la puerta estrecha es que usted debe entrar. Usted debe entrar. Jesús dijo en el versículo 13: «Entrad por la puerta estrecha». En este imperativo aoristo, hay un sentido de urgencia. Demanda una acción de inmediato. Él dijo: «Entrad ahora». «Éste es el momento para entrar. Ése es el llamado de Dios. Debes hacerlo. No es una opción, es una orden rotunda».

El Señor Jesús había estado enseñando a quienes le escuchaban sobre una manera de vivir muy angosta. La forma de vida de ellos toleraba el pecado. Ellos establecieron todo tipo de leyes y normas en adición a las de Dios. Ellos habían creado un sistema humano. Jesús les anunció: «Tienen que despojarse de ese sistema. Esa es la manera». Ya por Mateo 7:12, Jesús había presentado una vía de entrada muy limitada a la gloria de Dios. Sus oyentes comprendieron que Él hablaba de una vía prescrita y angosta. De acuerdo con el 7:29, Jesús «les enseñaba como quien tiene autoridad». Él no sólo citó todas las enseñanzas de los rabinos judíos; también explicó los detalles de la ley de Dios.

En comparación con el sistema judaico, la vía que Jesús mostraba era muy angosta. Él les dijo que tenían que entrar por esa puerta estrecha si querían llegar a Su Reino. Él demandaba una acción inmediata. Era una orden rotunda y sin alternativa. Jesús estaba diciendo que usted no puede entrar al Reino a menos que lo haga acorde a los términos descritos por Él. Usted debe abandonar su autojustificación. Usted debe verse a sí mismo como un pobre en espíritu (Mt. 5:3), lamentarse de su pecado (v. 4), ser manso delante del Dios santo (v. 5) y hambriento y sediento de justicia (v. 6).

Sólo puede entrar bajo Sus términos. El infierno estará lleno de personas que admiraron el Sermón del Monte. Tiene que pasar por esa puerta. Pero además, usted tiene que entrar por la puerta estrecha. Usted tiene que entrar por la puerta estrecha.

Jesús dijo que había una puerta ancha, pero no le aconsejó pasar por ella, porque lleva a la perdición (Mt. 7:13). Si quiere llegar al Reino, tiene que hacerlo a través de la puerta estrecha. La gente dice: «En el cristianismo no hay espacio para ningún otro criterio de salvación». Eso es totalmente cierto. Nosotros no pregonamos salvación porque somos egoístas, orgullosos o egocéntricos; Dios le provee al hombre una sola vía para su salvación. Si Dios hubiese anunciado cuarenta y ocho vías diferentes para ser salvo, ¡yo predicaría cada una de ellas! Pero no hay cuarenta y ocho vías distintas para la salvación.

En Hechos 4:12 dice: «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos». Jesús dijo: «Yo soy el Pan de vida» (Jn. 6:35) y «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (14:6). En Juan 10, Jesús dijo que Él es «la puerta de las ovejas» (v. 7), y «El que no entra por la puerta… sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador» (v. 1). En 1 Timoteo 2:5 se nos dice: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre». Cristo es el único camino a la salvación. El camino es angosto, pero no hay alternativas. Tiene que entrar por medio de un acto de voluntad en un acto de fe; tiene que entrar de acuerdo a los términos de Dios y a través de la puerta que Dios estableció. Cristo es esa puerta (Jn. 10:9). Él es el único camino. El Dios santo tiene el derecho a determinar las bases para la salvación y Él ha determinado que es sólo a través de Cristo.

Observe también que usted tiene que entrar por la puerta estrecha solo. Usted tiene que entrar por la puerta estrecha solo. La palabra «estrecha» en los versículos 13 y 14 da la idea de que la puerta es muy estrecha. En realidad, algunos comentaristas bíblicos plantean que la mejor expresión contemporánea para esto sería pensar en un torniquete. La persona tiene que ir sola para pasar por un torniquete; el corredor a través de un torniquete es muy estrecho, sus brazos metálicos no permiten más de una persona a la vez en él. Los zoológicos, las estaciones de trenes y los aeropuertos tienen torniquetes. Si un grupo de personas tiene prisa por entrar o salir, no puede atravesarlo todos al mismo tiempo. Tienen que atravesarlo uno a la vez.

De esa manera, ocurre con la puerta estrecha. Las personas no entran al Reino de Cristo en grupos. Pero el pueblo judío creyó que todos ellos estaban juntos en el camino al cielo por su herencia abrahámica y la circuncisión. Hay algunas personas que se sienten seguras que irán al cielo porque piensan que todos los de su iglesia irán juntos al cielo. Pero no hay grupos atravesando el torniquete para ir al cielo. Las personas tienen que atravesarlo de manera individual.

La salvación es individual; las personas nunca se salvan en parejas. En ocasiones, la fe de una persona influenciará a otra a creer, pero la salvación aún es exclusiva y personal. Esto puede ser duro para nosotros, porque usualmente pasamos nuestras vidas haciendo cosas en grupos. No obstante, Cristo dijo: «Para venir a Mi Reino, tendrás que tomar una decisión por ti mismo».

Para un fariseo esto significaba tener que decir adiós a sus amigos y dejar el sistema de religión legalista al cual se había adherido. Lo que vemos aquí es que hay un precio que pagar. Para el pueblo judío, no bastaba con clamar por su herencia abrahámica o depender de la circuncisión. No es suficiente para una persona decir: «Yo nací en una familia cristiana y he asistido a la iglesia toda mi vida». Las personas no van al cielo en grupos; ellos entran por un acto de fe individual. Tiene que entrar por la puerta estrecha y tiene que entrar solo.

Observe también que usted tiene que entrar por la puerta estrecha con esfuerzo. Usted tiene que entrar por la puerta estrecha con esfuerzo. Es muy difícil entrar por la puerta estrecha. Sé que eso conmociona a algunas personas, porque siempre escuchamos que es fácil ser salvo. Algunos dicen que todo lo que tienes que hacer es sencillamente creer, firmar una tarjeta en la línea que se indica, caminar por el pasillo, levantar tu mano o pasar a la habitación de oración. El problema es que cuando las personas creen que van a ser salvas por hacer estas cosas, ellas no están en el camino correcto, porque no fueron a través de la puerta estrecha. Es muy difícil ser salvo. Déjeme mostrarle por qué.

La última parte de Mateo 7:14 dice esto acerca de la puerta estrecha y el camino angosto: «Y pocos son los que la hallan». Eso implica que las personas ni siquiera conocerán de la puerta estrecha a menos que la estén buscando. Dios dijo a través de un profeta del Antiguo Testamento: «Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón» (Jer. 29:13). Nadie alguna vez resbaló y cayó en el Reino de Dios. La idea de que es fácil ser salvo, es gracia barata o credulidad fácil. Ese es el método evangelista: levante su mano, camine por el pasillo, firme la tarjeta y ya está en el Reino. Mateo 7:14 dice: «Y pocos son los que la hallan». Por tanto, usted tiene que buscar el camino angosto.

Leamos en Lucas 13:22 y les mostraré algo que verdaderamente los conmocionará. Leemos que Jesús pasaba «por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén». Uno de los que le acompañaba preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» (v. 23). La persona que hizo la pregunta se percató de que no muchos respondían al llamado de Cristo. La respuesta de nuestro Señor en el versículo 24 dio a entender por qué ciertamente pocos llegan a ser salvos, porque Él dijo: «Esforzaos a entrar por la puerta angosta» (v. 24).

El verbo «esforzarse» es la palabra griega agónizomai, que significa «agonizar». Se usa en 1 Corintios 9:25 para referirse a un atleta que agoniza para obtener la victoria. Colosenses 4:12 se refiere a ese concepto con las palabras «rogando encarecidamente» y en 1 Timoteo 6:12, con la palabra «pelea». En otras palabras, el Señor dice que pasar por la puerta estrecha es agonizante. Esto demanda esfuerzo ferviente. Él continua en Lucas 13:24: «porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán».

Por tanto, es difícil ser salvo por dos razones: primero, han tenido que buscar la puerta estrecha; segundo, aun cuando muchos la buscan, una vez que la encuentren, no estarán dispuestos a pagar el costo para la entrada. Usted no llega a ser cristiano sólo porque caminó por un pasillo; usted no llega a ser salvo a través de una vía barata y fácil. Mateo 11:12 dice: «El Reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan». En Lucas 16:16 el Señor dijo: «El Reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él».

Esto no es lo que escuchamos hoy día, pero es lo que Jesús enseñó. El Reino es para aquellos que lo buscan con todo su corazón. Es para aquellos que agonizan por entrar, cuyos corazones se quiebran por su pecado. El Reino es para aquellos que lloran con mansedumbre, hambrientos y sedientos de justicia y que desean a Dios para que cambie sus vidas. No es para aquellos que quieren a Jesús sin alteración alguna en su estilo de vida. Nosotros no podemos dormir en nuestro camino al Reino; tenemos que hacer un esfuerzo ardiente y desplegar una energía incansable.

En verdad, en Juan 16:33 Jesús dijo: «En el mundo tendréis aflicción». No es fácil llegar a ser cristiano, pues Satanás y sus demonios te enfrentan. Satanás tiene una quinta columna que es la carne que se resiste al cambio. En el poder de Dios, podemos vencer a Satanás y a la carne para entrar al Reino.

El comentarista William Hendrickson escribe, y cito: «El Reino no es, pues, para débiles, indecisos o los que temen comprometerse... No es para Balaam, el jerarca joven rico, Pilato y Demas... El Reino no se ganó por medio de oraciones pospuestas, promesas incumplidas, resoluciones rotas y testimonios dudosos. El Reino es para hombres fuertes y resueltos como José, Natán, Elías, Daniel, Mardoqueo y Pedro... Esteban... y Pablo. Y no olvidemos a mujeres tan valientes como Rut, Débora, Ester y Lidia» Fin de la cita. (Exposition of the Gospel According to Matthew [Grand Rapids: Baker, 1973] p. 490).

Una de las mentiras perversas de Satanás en el mundo de hoy es que es fácil llegar a ser cristiano. ¡Pero no lo es! Usted tiene que pasar por la puerta estrecha por sí mismo, agonizando sobre su pecado. Usted tiene que quebrantarse en espíritu. Alguien podría decir: «Eso suena como la religión del logro humano de la que habló anteriormente». No. Cuando usted viene con un espíritu quebrantado y reconoce que no puede entrar al cielo por sí mismo, Cristo derrama en usted gracia sobre gracia para fortalecerlo a entrar por la puerta estrecha. En su quebrantamiento, Su poder se convierte en su recurso.

Observe a continuación que usted tiene que entrar por la puerta estrecha sin equipaje. Usted tiene que entrar por la puerta estrecha sin equipaje. Usted no puede pasar por un torniquete con equipaje. ¿Alguna vez lo ha notado? Es imposible. La puerta estrecha es la puerta de la abnegación. Esta no admite superestrellas que quieran pasar con toda su basura. Usted necesita deshacerse de su justicia personal y su pecado o no podrá atravesarla.

El jerarca joven rico en Mateo 19 vino a la puerta. Él encontró a Jesús y le dijo: «Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?» (v. 16). El Señor fue directo al corazón del problema y le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres» (v. 21). ¡Jesús acertó directo en la maleta del jerarca joven rico! Él estaba tratando de pasar por la puerta estrecha con sus riquezas de basura. Él además llevaba la basura de la justicia personal, pues le dijo al Señor que había guardado todos los mandamientos (vv. 17-20). Pero el jerarca joven rico no pudo atravesar la puerta estrecha con su dinero y justicia propia. El versículo 22 dice «se fue triste». Él no estaba dispuesto a negarse a sí mismo y agonizar sobre sus pecados.

Si usted no trató de entrar por la puerta estrecha, entonces usted está en el camino equivocado. No importa si el camino señala al cielo o a Jesús. Debe deshacerse de todo su ser. El Señor dijo en Mateo 18:3: «Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos». ¿Qué características tiene un niño? Total dependencia. Alguien escribió una vez: «Nada en mis manos tengo, sólo a vuestra cruz me aferro».

La fe salvadora no es sólo un acto de la mente; ella implica el ego despojado a total desnudez. Esto significa ser como el publicano que se golpeaba su pecho diciendo: «Dios, sé propicio a mí, pecador» (Lc. 18:13). En Mateo 7:13-14 el Señor está tratando con el peligro de la credulidad falsa. Algunas personas dicen: «Ven a Jesús. ¡Es tan fácil! Sólo creer y orar». No hay nada malo con creer y orar, pero esas cosas no brindan salvación verdadera cuando ocurren en un vacío. Nosotros no somos nada y no tenemos nada que recomendar de nosotros mismos a Dios.

Observe también que usted tiene que entrar por la puerta estrecha con arrepentimiento. Usted no puede atravesar la puerta estrecha a menos que su corazón esté arrepentido del pecado. Tiene que apartarse del pecado para servir al Dios vivo. Cuando Juan el Bautista exhortaba a las personas a recibir al Mesías, muchos vinieron para bautizarse, porque querían ser limpios de sus pecados. El pueblo judío conoció que prepararse para el Mesías significaba purificar el corazón de sus pecados. Charles Hadden Spurgeon, un gran predicador inglés del siglo XIX, dijo, y cito: «Usted y sus pecados deben separase o usted y su Dios nunca se unirán. Ni uno de sus pecados debe mantener; todos se deben abandonar. Deben presentarse como los reyes canaanitas desde la cueva y deben colgarse al sol». Fin de la cita. Usted tiene que volverse del pecado a Dios; debe haber arrepentimiento en su corazón.

Observe a continuación que usted tiene que entrar por la puerta estrecha en total entrega. Una persona no puede llegar a regenerarse por añadir a Jesucristo a sus actividades carnales. La salvación no es el añadir a tu vida; es una transformación de tu vida. El mensaje de 1 Juan es que si usted es un redimido de verdad, su vida manifestará una transformación: usted confesará sus pecados, la obediencia será característica de su vida y manifestará amor. Una vida cambiada es marca de salvación. Jesús dijo: «Si vosotros permaneciereis en Mi Palabra, seréis verdaderamente Mis discípulos» (Jn. 8:31). Si usted cree que es cristiano, pero no hay señal de obediencia en su vida, entonces usted está en el camino equivocado. Aún si el camino señala que conduce a Jesús y al cielo; sin obediencia, no está en la senda correcta. La puerta por la que debe pasar es muy estrecha.

En contraste está la puerta ancha. La puerta ancha. No necesito decir mucho sobre esto; es obvio por el contraste. Todos pueden pasar juntos por la puerta ancha. Usted no tiene que atravesarla solo. No hay nada de individualismo sobre ella. No hay expectativas de auto negación. Usted puede llevar toda la basura que quiere: su inmoralidad, su falta de arrepentimiento y su falta de entrega a Cristo. La puerta ancha es la puerta de la indulgencia propia.

Hay muchas personas que alegan ser cristianas, quienes son totalmente autoindulgentes. El orgullo, la justicia propia, la indulgencia propia y todo tipo de pecados son bien recibidos en el camino espacioso. Por tanto, si tiene esos pecados en su vida, entonces no está en el camino angosto, porque a través de la puerta estrecha no puede pasar con esa basura. Observe a continuación que después de las dos puertas están los dos caminos.

¿Cuáles son los dos caminos? Mateo 7:13 menciona el camino espacioso y Mateo 7:14 menciona el camino angosto o reducido. El Salmo 1 nos habla de ellos: hay un camino de piedad (vv. 1-3) y un camino de impiedad (vv. 4-5). El versículo 6 nos muestra el resultado de andar el camino de la impiedad. Las opciones son las mismas que siempre han estado: usted puede tomar tanto el camino de la piedad, como el camino de la impiedad.

Analicemos ahora el camino espacioso. Una vez que ha atravesado la puerta ancha, la vida es fácil. No hay precipicio. Hay habitaciones de sobra para pasear. No hay reglas, ninguna moralidad es particularmente obligatoria. Hay lugar para la teología diversa. Hay tolerancia para todo pecado imaginable, siempre y cuando usted «ame» a Jesús o sea «religioso». No hay límites. No hay fronteras. Todos los deseos del corazón caído se cumplen en ese camino. No hay necesidad de actitudes de beatitud. No hay necesidad de humildad. No hay necesidad de estudiar la Palabra de Dios. No hay necesidad de normas morales internas. Usted puede vivir con un tipo mecánico de religiosidad que no es más que la hipocresía.

El camino espacioso no requiere que usted tenga carácter, usted puede ser como un pez muerto flotando río abajo: usted sólo deje que la corriente haga el trabajo. Efesios 2:2 llama a este camino «la corriente de este mundo». Proverbios 14:12 resume la tragedia del camino espacioso: «Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte». El camino espacioso no tiene normas excepto aquellas creadas por los hombres para tener cabida dentro de su sistema confortable. Pero el Salmo 1:6 advierte: «Mas la senda de los malos perecerá».

En contraste con el camino espacioso está el camino angosto. El versículo 14 dice que está restringido, limitado a un sendero estrecho en un precipicio. Es por esto que en Efesios 5:15 Pablo dice: «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis». Usted tiene que caminar con los ojos abiertos; el camino es angosto y está cercado a ambos lados por la mano corregidora de Dios. Si usted se aparta a uno de los lados del sendero, ¡usted recibirá el golpe en sus coyunturas espirituales! Los requisitos son grandes, estrictos y bien definidos; no hay habitación para algún desvío de ellos. El deseo de su corazón ha de ser cumplir esos requisitos, sabiendo que si usted falla, Dios le corregirá con amor, le perdonará y le pondrá de pie nuevamente.

Usted dice: «Si es un camino duro, estricto y estrecho entonces será algo que no querré». Sin embargo, lo maravilloso de andar el camino angosto es que la dificultad al caminar la sostiene Cristo mismo. Él dijo: «Mi yugo es fácil, y ligera Mi carga» (Mt. 11:30). Pero aún debe ser consciente de lo que pide si decide caminar en el sendero estrecho. En Lucas 14:25-26 dice: «Grandes multitudes iban con Él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a Mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser Mi discípulo». ¡Dígale esto a la próxima persona con la cual comparta el Evangelio! Él estaba diciendo: «Si quiere ser cristiano, odie a su padre, madre, hermano y hermana. Usted tendrá que apartarse del grupo de gente y decir adiós a todos los que ama, de lo contrario, usted no puede ser mi discípulo. Entonces tendrá que recoger una cruz y vivir una vida crucificado». ¡Trate de predicar esto en un reavivamiento y vea cuántos pasan al frente para aceptar a Cristo! ¿Sabe quiénes pasarían al frente? ¿Qué personas realmente vendrían? Las personas que quieren hacer el compromiso correcto.

Jesús continuó Su línea de pensamiento con algunas ilustraciones. Él dijo en el versículo 28: «Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?» En otras palabras, usted no debe comenzar a construir algo sin analizar cuánto le costará. Jesús añadió: «¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?... Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser Mi discípulo» (vv. 31, 33).

Jesús trazó una línea rígida. Si no tiene disposición para decir no a todo y caminar el sendero estrecho, entonces no puede llegar a ser un discípulo de Cristo. Si camina el sendero estrecho, recuerde que es Dios quien lo capacita para hacerlo. Usted no puede caminar la senda estrecha por sí mismo, pero Dios le dará gracia y Su fuerza se derramará sobre la debilidad de usted de manera que pueda hacerlo. Si está dispuesto a vivir de la manera que Él quiere que lo haga, entonces usted está viniendo a Él por el camino correcto. Recuerde que será perseguido y enfrentará tribulación. Jesús dijo a Sus discípulos: «Y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios» (Jn. 16:2). Usted pasará su vida huyendo de aquellos que quieren perseguirle.

El camino angosto no puede ser transitado con pies descubiertos, no es un prado delicioso. El camino es duro. Jesús nunca presenta al cristianismo como una opinión suave para los de corazón débil. Usted declara la guerra contra el infierno cuando atraviesa la puerta estrecha y la lucha con el infierno es dura. Usted debe vivir su vida con una actitud de beatitud: constantemente tiene que lidiar con su orgullo y sus deseos egoístas.

Jesús le dijo a Pedro: «Sígueme. Por cierto, esto te costará la vida» (cf. Jn. 21:15-19). ¿Viene usted bajo esos términos? Así es el camino angosto. Es difícil, crucial y reducido. Si pierde su camino, Dios le corregirá. Usted dice: «¡Pero esto suena tan duro!» No es así, porque Cristo cargó con el peso por usted. Cuando haga su elección sobre qué camino quiere seguir, tenga en mente los dos destinos.

Veamos los dos destinos. De acuerdo con Mateo 7, el camino espacioso «lleva a la perdición» (v. 13) y el camino angosto «lleva a la vida» (v. 14). Moisés, Josué, Jeremías y Elías, todos hablaron del camino de vida y el camino de muerte. El Salmo 1 dice que al piadoso Dios lo bendice, pero que el impío perecerá (vv. 1, 6). La palabra «perdición» en Mateo 7:13 se refiere al juicio final y eterno en el infierno. El Señor dice que cada uno termina en uno de estos dos lugares. Todas las religiones del mundo (con excepción de la religión del cumplimiento divino en Cristo) terminarán en ese mismo lugar: «perdición».

Es fácil encontrar el camino que lleva a ese fin; usted puede llevar consigo todo lo que quiera. No hay normas. Pero cuando alcanza el final de ese camino, la cosa se pone fea. No hay restricciones y hay multitudes de personas a lo largo del camino, pero termina en el infierno. Juan Bunyan dijo, y cito: «La entrada al infierno es desde los portales del cielo». ¡Qué conmoción van a sufrir muchas personas cuando se den cuenta que van para el infierno! Por otro lado, la puerta estrecha se abrirá hacia la dicha eternal. El camino espacioso se estrecha hacia un foso terrible; el camino angosto se abre hacia la plenitud de una comunión interminable de gozo con Dios que ni siquiera podemos imaginar. La vida eterna no es cuantitativa; es cualitativa. La elección es suya. Considere el destino del camino que escoja. Allí pasará la eternidad.

¿Cómo elegirá el hombre? Esa pregunta se responde a través del último punto en donde vemos en las dos multitudes. Mateo 7:13 dice: «Porque ancha es la puerta… que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella». El versículo 14 dice: «Porque estrecha es la puerta… que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan». Es asombroso. Muchos están en el camino del logro humano... y están en el camino equivocado. Frecuentemente, las personas me preguntan: «¿En qué lugar usted cree que habrá más personas: en el cielo o en el infierno?» Jesús dio la respuesta en Mateo 7:13-14. En el Antiguo Testamento siempre hubo un remanente de creyentes. El único tiempo de la historia redentora de Dios que será único es la Tribulación. De acuerdo con Apocalipsis 7, habrá una multitud innumerable de gentiles redimidos de toda nación, lengua y pueblo (v. 9). También habrá redimidos de la nación de Israel (vv. 4-8; Ro. 11:26). Habrá una respuesta masiva al Evangelio durante la Tribulación. Pero para estos tiempos, la respuesta a Cristo es poca, porque los hombres preferirán mantenerse en sus propios pecados.

Jesús dijo que los hombres aman sus tinieblas (Jn. 3:19). En Lucas 12:32, Jesús dijo a Sus discípulos: «No temáis, manada pequeña». La palabra «pequeña» es la palabra griega mikros. Tomamos la palabra micro de esto, que significa «algo pequeño». La misma palabra se utiliza en Mateo 13:32 para la semilla de mostaza, la cual es la más pequeña de todas las semillas. Siempre ha habido sólo un pequeño grupo de personas que buscan el camino al cielo con todo su corazón. Muy pocos son los que agonizan sobre su incapacidad para entrar al cielo y están dispuestos a contar el costo de andar el camino angosto. En realidad, Jesús dijo en Mateo 22:14: «Porque muchos son llamados, y pocos escogidos». Es fácil escoger el camino espacioso; es sólo caminar con la multitud. Usted puede tratar de añadir a Jesús a su vida, sentirse religioso y asistir a la iglesia. Puede unirse a algún sistema religioso que diga que conduce a cielo y nunca negarse a sí mismo. En cualquiera de estos caminos, su fin será siniestro.

En Lucas 13, Jesús dijo: «Esforzaos [o “agonizad”] a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, Él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de Ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de Mí todos vosotros, hacedores de maldad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y vosotros estéis excluidos... Y he aquí, hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros» (vv. 24-28, 30).

Jesús no estaba hablando de personas que no eran religiosas; Él se estaba dirigiendo a personas religiosas que pensaban que estaban en el camino correcto. No puedo imaginar una escena más horrible que la de las personas que están bajo la ilusión de que son salvos y sólo van a encontrar que la puerta del cielo se cerró para ellos. Jesús dijo que muchos caminarían por la senda amplia (Mt. 7:13). En los versículos 22 al 23, Jesús dijo: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu Nombre, y en Tu Nombre echamos fuera demonios, y en Tu Nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de Mí, hacedores de maldad». ¡Qué conmoción! Todas las personas en el camino espacioso van a encontrar que no estaban en el camino al cielo. La puerta se va a cerrar en sus caras para siempre. El camino al cielo es angosto, pero me alegra decir que es lo bastante espacioso como para permitir pasar al mayor de los pecadores (1 Ti. 1:13, 15). Usted tiene que entrar por el camino angosto solo. No puede escapar de la elección; tendrá que hacerla inevitablemente. No elegir significa que ya lo hizo, y enfrentará la consecuencia de esa decisión.

 

 

 

 

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