Sermones

La responsabilidad del cristiano al gobierno, 4ª parte

Por John MacArthur
Código de producto: 45-100
Scripture: Romanos 13:3-5
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Abramos nuestras Biblias en Romanos, capítulo 13. Nos da gusto que todos ustedes estén aquí, es maravilloso estar juntos y ver la Palabra de Dios. Estamos esforzándonos por estudiar los primeros versículos de Romanos 13 acerca del tema de la responsabilidad del cristiano hacia el gobierno. En la epístola de los Romanos, obviamente, las porciones familiares son acerca de la salvación. El gran argumento general de Romanos va desde el capítulo 1, realmente, hasta el final del capítulo 11, estableciendo la doctrina de la justificación, santificación; y estudiamos eso a gran detalle.

Después, comenzando en el capítulo 12, en base al hecho de que hemos sido salvados y apartados para Dios, debemos comprometernos a cierto tipo de vida. Y dentro del rango de la vida con la que un cristiano debe estar comprometido, está una relación apropiada con el gobierno, con la autoridad bajo la que él existe. Entonces, estamos viendo cómo debemos responder al gobierno.

Y básicamente en los versículos 1 al 7, Pablo nos dice que hay dos responsabilidades que tenemos. Una, en el versículo 1, es someternos… en los versículos 6 y 7, pagar nuestros impuestos. Entonces, tenemos que someternos y pagar nuestros impuestos. Este primer punto, someternos a las autoridades superiores continúa hasta el versículo 5. Y en esto, él las siete razones por las que debemos someternos al gobierno en el que vivimos. Y por cierto, nuestra sujeción es total. No está determinada por el tipo de gobierno, la benevolencia del gobierno, la teología o ausencia de gobierno. Es estricta y simplemente un tema de obediencia al plan de Dios en el cual Él ha ordenado la autoridad gubernamental para la protección de la vida y la propiedad. Y esas son las dos cosas básicas, como hemos visto, acerca del gobierno. Deben proteger la vida y la propiedad.

Ahora, quizás no estemos de acuerdo con todo lo que hacen. Quizás no nos guste todo lo que hacen. Quizá sintamos que algunas de nuestras libertades son afectadas; pero a menos de que vayan en contra de la instrucción específica de Dios en las Escrituras, debemos ser sumisos. Y él presenta las razones por las que debemos someternos al gobierno.

Razón número uno viene en el versículo 1; y simplemente lo voy a repasar. “Porque no hay autoridad sino de parte de Dios. Y las que han por parte de Dios han sido establecidas.” En otras palabras, el gobierno es por decreto divino. Nos sometemos al gobierno porque Dios ha diseñado que el gobierno cumpla su función de proteger la vida y la propiedad.

En segundo lugar, hay una gran razón por la cual debemos someternos al gobierno; y esa es porque si la número uno es verdad y el gobierno es por decreto divino, entonces, el punto número dos, en el versículo 2, sigue de manera lógica. “De modo que quien se opone a la autoridad,” eso se refiere a los poderes superiores, refiriéndose a la autoridad gubernamental, “a lo establecido por Dios resiste.”

Eso lleva a una tercera razón que fluye de las dos primeras al final del versículo 2, y es la siguiente: “De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.” Al final del versículo 2 dice que aquellos que se rebelan contra el gobierno que fue ordenado por Dios y por lo tanto se rebelan contra Dios, serán castigados. Y eso no sólo el juicio por parte del gobierno el cual ha recibido el derecho de implementar el castigo para aquellos que violan su ley, sino que es el juicio de Dios quien está detrás del gobierno también. Entonces, el gobierno es por decreto divino. Resistirse a él es resistirse a Dios y resistirse a él es traer sobre uno mismo castigo no sólo del gobierno, sino también del Señor.

Ahora, hay cuatro razones más para la sumisión. Por lo menos comenzamos a ver la cuarta; y vamos a avanzar a lo largo de ellas y confío que será en un breve tiempo en esta noche. La razón número cuatro es que el gobierno sirve para restringir la maldad. Por lo tanto, ir en contra del gobierno es ir en contra de la restricción de la maldad. Entonces, punto número cuatro, el gobierno sirve para restringir la maldad.

Observe el versículo 3: “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo.” Ese es un pensamiento muy básico. El gobierno está diseñado para infundir temor en los corazones de las personas que hacen cosas malas, no para infundir temor en los corazones de personas que hacen cosas buenas. “¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella.” Y llegaremos a eso en un momento.

Entonces, conectado de manera cercana con la idea acerca del castigo, el pensamiento de versículo 2, está esta idea de temer al gobierno si usted hace algo malo. La palabra temor por cierto es la palabra phobas. De ella obtenemos la palabra fobia, tiene que ver con cierto terror. Y nos dice que ese terror no es para la gente que hace las obras buenas… Las buenas obras siendo una clase de obras que inherentemente son buenas. Sino que es un terror para aquellos que hacen las obras malas, una clase de obras, la naturaleza de las cuales es inherentemente mala.

La gente en la sociedad en contra de quien el gobierno se mueve son aquellos que hacen las obras malas, que desafían la ley, que violan la ley, que quebrantan la ley. Y el apóstol dice que tienen razón de tener cierta cantidad de terror, porque los gobernantes están para atraer terror a aquellos que hacen el mal. En otras palabras, el gobierno, para hacer su trabajo, debe infundir temor en los corazones de los malhechores. Ese es un factor muy básico. Usted y yo estamos muy conscientes de lo que sucede en un gobierno que nos infunde temor en los corazones de los malhechores. Los resultados de eso son de hechos trágicos. Los gobernantes deben estar causando que los malhechores teman.

Ahora, lo que esto nos indica, y quiero simplemente desviarme por un momento, es esto: que hablando en términos generales, los gobernantes, quienes son simplemente seculares, no hablo de aquellos que conocen al Señor o conocen la verdad bíblica o algo así, sino que los gobernantes en general conocen la diferencia entre lo que está viene lo que está mal, ¿no es cierto? Ellos conocen la diferencia entre la clase de obras que se categorizarían como buenas y la clase de obras que se categorizarían como malas. Eso es obvio para ellos.

Y puedo mostrarles por qué. Regresen en su Biblia, por un momento, a Génesis capítulo 2. En Génesis capítulos 2, versículo 15: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: ‘De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.’” ¿Qué hizo Adán? ¿Qué hizo Eva? Desobedecieron a Dios y ¿qué? Comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal. Por lo tanto, Adán y Eva, cuando pecaron, entraron al conocimiento de ¿qué? Del bien y del mal. Ese conocimiento ha sido trasmitido a todos los hijos e hijas de Adán. Y todo hombre y mujer que viene a este mundo tiene un conocimiento inherente y básico del bien y del mal.

Encontramos en Romanos una idea semejante en el capítulo 2, versículo 14. Dice: “Cuando los gentiles,” esto es aquellos que no son convertidos, aquellos que no son parte del pacto de Dios, “no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones.” Y puede detenerse en ese punto.

El mundo no regenerado tiene la ley de Dios escrita en su corazón. ¿Qué quiere decir eso? El conocimiento del bien y del mal. Eso es parte de la conciencia. Eso es parte de lo que llamamos en la teología “revelación natural,” en contraste a la revelación especial la cual son las Escrituras. Entonces, el gobierno del hombre conoce la diferencia entre el bien y el mal. Inclusive los paganos comprenden la moralidad básica mediante la razón humana, mediante la revelación natural, mediante la gracia común. Ellos entienden lo que es una moralidad básica.

Ahora, esa moralidad básica puede encontrarse a sí misma erosionándose a lo largo de un período de tiempo, como lo vemos inclusive nuestra propia sociedad en la actualidad. No obstante, hay algunos principios medulares de lo que está bien y lo que está mal, que toda sociedad reconoce acerca de la preservación de la vida y la propiedad. Y la sociedad reconoce que son absolutamente esenciales para cualquier tipo de calidad de vida. Usted no puede andar por todos lados llevándose o apoderándose de la propiedad de otras personas. Los hombres entienden que eso crea una situación imposible, absolutamente caótica. Crea una situación de autodestrucción. Usted no puede ir por todos lados y quitarle la vida a otras personas o lastimando a otras personas. Entonces, hay un sentido básico del bien, de lo que está bien y lo que está mal que se encuentra en el corazón inclusive de las personas no regeneradas. Y eso se refleja en el gobierno que Dios ha establecido para la protección y preservación del hombre.

Ahora, inclusive en la sociedad más mala, inclusive en el peor gobierno, se aferra a una preservación básica de la propiedad y la vida. Y francamente, algunos gobiernos hacen un muy mal trabajo en esto. Y algunos dictadores malos lo hacen muy bien. Inclusive los gobiernos más pobres son una bendición comparado con la realidad de no tener gobierno. ¿Puede imaginarse lo que sucedería, por ejemplo, en una sociedad en donde nadie estuviera en control? Se autodestruiría de manera instantánea. Si nadie pudiera proteger su vida excepto por sí mismo, nadie podría proteger su propia propiedad, excepto por sí mismo, usted tendría una guerra constante.

Entonces, inclusive en un gobierno corrupto, Dios ha diseñado en el corazón del hombre un sentido de lo que está bien y lo que también mal por lo menos en términos muy básicos. Entonces, el gobierno es colocado por Dios para la preservación de la vida y la protección de la propiedad. Y eso funciona al hacerlo. Y entonces, se convierte en un terror para aquellos que hacen el mal, que roban la propiedad, que quitan vidas. No es un terror para aquellos que hacen el bien. El gobierno está diseñado para crear este temor y terror al tomar acción inmediata en contra de aquellos que hacen mal.

Ahora, permítame darle una explicación más profunda de cómo el gobierno debe actuar conforme cumple con su función ordenada por Dios al máximo. Y no quiero oírme repetitivo, pero hay algunos pasajes que pueden parecerle interesantes.

De regreso en Deuteronomio 19, versículo 13, aprendemos que un gobierno debe actuar contra los malhechores sin compasión. Habla aquí acerca de un asesino, alguien que ha quitado la vida de otro. Y dice en el versículo 13: “No le compadecerás; y quitarás de Israel la sangre inocente, y te irá bien.” En otras palabras, si tú no le haces a ese asesino lo que le ha hecho alguien más, y por lo tanto quitas la culpabilidad del derramamiento de sangre inocente, debes saber que no prosperarás; ésa es la promesa de Dios. Esto tiene que ser enfrentado sin compasión. Un gobierno tiene que actuar contra un malhechor sin compasión dice.

Y versículo 21: “Y no le compadecerás; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.” En otras palabras, debe haber retribución equivalente sin compasión.

¿Por qué? El versículo 20 dice: “Y los que quedaren oirán y temerán, y no volverán a hacer más una maldad semejante en medio de ti.” Si no implementas el castigo sin compasión, la gente no temerá; y eso restringe a la gente de hacer el mal.

De regreso al capítulo 17 de Deuteronomio, por un momento, en el versículo 12: “Y el hombre que procediere con soberbia, no obedeciendo al sacerdote que está para ministrar allí delante de Jehová tu Dios, o al juez, el tal morirá; y quitarás el mal de en medio de Israel. Y todo el pueblo oirá, y temerá, y no se ensoberbecerá.” En otras palabras, cuando alguien no obedece a aquellos que están en liderazgo, deben ser sentenciados sin compasión y sentenciados de tal manera que cause que otras personas teman lo mismo, si actúan de la misma manera.

Ahora, voy a regresar a Deuteronomio capítulo 13 y le voy a dar un segundo principio en el cual el gobierno debe expresar su liderazgo. Otra manera no sólo es actuar sin compasión sino es actuar por diseño de Dios sin parcialidad. En otras palabras, no debe haber alguien que esté por encima de la ley simplemente por alguna preferencia.

Versículo 6 de Deuteronomio 13: “Si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo, diciendo en secreto: ‘Vamos y sirvamos a dioses ajenos’, que ni tú ni tus padres conocisteis, de los dioses de los pueblos que están en vuestros alrededores, cerca de ti o lejos de ti, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de ella; no consentirás con él, ni le prestarás oído; ni tu ojo le compadecerá, ni le tendrás misericordia, ni lo encubrirás, sino que lo matarás; tu mano se alzará primero sobre él para matarle, y después la mano de todo el pueblo. Le apedrearás hasta que muera, por cuanto procuró apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre.”

Aquí el principio es, obviamente, único en un sentido para Israel porque era una teocracia. Y el crimen era guiar a la gente a una adoración de un dios falso. Pero el punto que quiero que aquí vea es que en la restricción de traer la muerte, había una palabra clara y era que no importara si era tu hermano, tu hijo, tu esposa, tu amigo o quien fuera, no hay parcialidad en implementar la ley de Dios.

Y después en el versículo 11 dice: “Para que todo Israel oiga, y tema, y no vuelva a hacer en medio de ti cosa semejante a esta.” Si el gobierno actuara sin compasión y sin parcialidad, convencería por mucho a los malhechores para que cambiaran sus caminos.

En el capítulo 25 de Deuteronomio hay un tercer principio: “Si hubiere pleito entre algunos, y acudieren al tribunal para que los jueces los juzguen, éstos absolverán al justo, y condenarán al culpable. Y si el delincuente mereciere ser azotado, entonces el juez le hará echar en tierra, y le hará azotar en su presencia; según su delito será el número de azotes.” Y demás. En otras palabras, cuando él lo encuentra culpable, lo coloca ahí, lo implementa ahí, lo golpea y le da lo que merece. Esto significa que el gobierno debe actuar sin compasión, sin parcialidad, sin retraso. Necesita ser un tipo de castigo rápido y una respuesta inmediata, de tal manera que sea aparente y obvio a todos que hay un juicio rápido.

En Esdras 7:26, una declaración muy importante: “Y cualquiera que no cumpliere la ley de tu Dios, y la ley del rey, sea juzgado prontamente, sea a muerte, a destierro, a pena de multa, o prisión.” En otras palabras, usted puede tomar su vida. Usted puede expulsarlo del país, confiscar sus bienes, multarlo, colocarlo en la prisión de alguna manera para que estuviera… no es la idea de una prisión como nosotros conocemos, tal como lo mencioné la semana pasada… Sino colocarlo en un tipo de situación en donde él tiene que pagar las consecuencias por lo que hizo, hasta que haya pagado lo que corresponde. Pero el juicio debe ser ejecutado rápidamente.

Si el gobierno actuara sin compasión, sin parcialidad y sin demora, sería un terror para los malhechores, ¿verdad? Desafortunadamente, hemos visto la erosión de ese tipo de principio, ¿verdad? Y con mucha frecuencia, oímos del clamor por compasión por parte del criminal y comprendo eso, comprendo su necesidad de misericordia. Pero también comprendo lo que sucede cuando eso se vuelve la norma; y todo el mundo piensa que puede hacer lo que quiera y escapar al juicio.

Y después, estamos muy conscientes de ese tipo de ocasiones y lugares en donde algunas personas parecen recibir trato parcial por cosas que han hecho, por las cuales otros son castigados de manera más severa. Y todos sabemos que ese castigo no es nada más que retraso, ¿no es cierto? Esto va a refrenar al criminal y esto va a infundir temor en los corazones de los malhechores.

Entonces, debemos someternos a la orden de Dios del gobierno. Rebelarse es resistirlo a Él. Resistirse a Él es traer castigo. Y el gobierno está diseñado para refrenar el mal. Y ciertamente, como cristianos, debemos aferrarnos a cualquier cosa que restrinja el mal, ¿no es cierto? No debemos destruir lo que Dios ha establecido en el lugar para exaltar la bondad y restringir el mal.

Y podríamos detenernos en este punto y hacer la pregunta: ¿pero qué si el gobierno lo trata a usted mal? ¿Qué sucede si el gobierno le quita sus libertades? ¿Qué sucede si el gobierno lo trata del tal manera que usted piensa que es injusto?

Bueno, el patrón que necesita ver es el ejemplo del apóstol Pablo. El apóstol Pablo fue encarcelado en Filipos, ¿no es cierto? Él fue encarcelado ahí; y no hizo nada para merecerlo. Y Hechos 16 dice que fue acusado, “Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos. Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas.” El lugar está en una turba en Filipos; y no han hecho nada malo. Es simplemente una multitud enojada. “Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.” ¿Y qué hicieron? ¿Qué estaban haciendo Pablo y Silas a la medianoche? Cantaban himnos a Dios, ¿no es cierto?

Sí, fueron tratados mal por un gobierno. Sí, fueron tratados de manera injusta, absolutamente. Pero fue ese mismo Pablo que fue tratado de esa manera quien dijo que debemos someternos al gobierno. El apóstol Pablo sabía lo que era soportar la injusticia. De hecho, él la soportó más bien de manera frecuente de lugar en lugar… Tres veces fue golpeado con varas, una vez fue apedreado.

Pero aun así, la verdad permanece en pie a pesar del hecho de que hay ocasiones en las cuales el gobierno sobrepasa sus límites; cuando el gobierno va más allá de sus límites. Existen esas ocasiones en las que hay injusticia e iniquidad. Pero aun así, el principio permanece en pie.

En el capítulo 19 de Hechos, el versículo 35, ¿recuerda la historia en Éfeso? “Entonces el escribano, cuando había apaciguado a la multitud, dijo: ‘Varones efesios, ¿y quién es el hombre que no sabe que la ciudad de los efesios es guardiana del templo de la gran diosa Diana, y de la imagen venida de Júpiter? Puesto que esto no puede contradecirse, es necesario que os apacigüéis, y que nada hagáis precipitadamente. Porque habéis traído a estos hombres, sin ser sacrílegos ni blasfemadores de vuestra diosa. Que si Demetrio y los artífices que están con él tienen pleito contra alguno, audiencias se conceden, y procónsules hay; acúsense los unos a los otros.’”

Y aquí el escribano, el que estaba a cargo de la esta ciudad, detiene a la multitud que simplemente habría eliminado a aquellos que estaban proclamando a Cristo y dice en el versículo 19: “’Y si demandáis alguna otra cosa, en legítima asamblea se puede decidir. Porque peligro hay de que seamos acusados de sedición por esto de hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón de este concurso’. Y habiendo dicho esto, despidió la asamblea.”

Por un lado, vemos en Hechos 16 al gobierno actuando en contra del apóstol Pablo. Vamos a Hechos 19 y el gobierno actúa en su defensa lo rescata de una multitud. Entonces, no debemos eliminar al principio. Hay ocasiones en las que el gobierno puede sobrepasar sus límites. Hay ocasiones en las que podemos depender mucho de su provisión.

Usted recuerda cuando iban a azotar al apóstol Pablo en Hechos 22. Le dijo al que lo iba a llevar a los azotes: “… Pablo dijo al centurión que estaba presente: ‘¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?’” Y él ahí, en un sentido, presentó su rango, ¿no es cierto? Él echó mano de su ciudadanía romana como una protección en contra de lo que le iban a hacer. Entonces, la verdad permanece en pie. Sea que el gobierno nos está protegiendo o parece estar cruzando el límite, actuando de manera injusta hacia nosotros, necesitamos ser sumisos.

Ahora, eso nos lleva un quinto principio de regreso en Romanos 13. Debemos ser sumisos porque el gobierno sirve para promover el bien. En el versículo 3 vuelve a decir nuevamente: “¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella.” Y aun así creo que nuestro gobierno está en el lugar de traer alabanza a aquellos que hacen el bien.

El otro día se me dio una placa; y supuestamente iba a haber una presentación formal por parte de la comunidad y por parte del representante estatal local por la contribución que creen que yo hice, más bien que Grace Community Church hizo, en esta área. Y cuando las cosas son como deben ser, la sociedad reconoce que hay una buena contribución que se está haciendo.

Y entonces, Pablo dice: “Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella.” Esto es, de aquellos que tienen autoridad. Si disfrutas de una vivienda quieta y pacífica, si usted vive una vida de bondad, si demuestra el amor de Cristo y piedad y virtud y no es alguien que cause problemas y es rebelde, usted descubrirá que recibe alabanza. Y el gobierne se convierte, en un sentido, en el versículo 4, en el “servidor de Dios para tu bien.” ¿No es esa una declaración maravillosa? Los diáconos… El diácono de Dios… Para tu bien.

Y aquí está el propósito del gobernante, no sólo para ser un terror para aquellos que hacen la clase de obras llamadas malas sino para ser una alabanza para aquellos que hacen la clase de obras que son llamadas buenas. Y su título es uno de gran honor, él es un siervo de Dios. El Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica es un siervo de Dios. Los senadores y los miembros del Congreso de los Estados Unidos, los jueces, los estados o provincias, los alcaldes y las personas que funcionan a nivel local en la ciudad del gobierno, todos son siervos de Dios. Eso es, en un sentido único, no en el sentido de un creyente necesariamente, no en el sentido de uno que ministra en la Iglesia, sino en el sentido de que cumplen un servicio ordenado por Dios. Ellos son los que cumplen con la institución divina. Personalmente, quizás no conozcan a Dios en absoluto, pero lo representan. Ellos representan su deseo por la paz y seguridad entre los hombres. Y entonces, hacemos lo que podamos por mantener la paz, vivir de manera honorable, vivir con sobriedad y dignidad, cultivar la armonía, ser ciudadanos modelo para que aquellos que están cumpliendo el servicio a Dios en el gobierno nos puedan honrar.

Y ciertamente, amados -y hemos estado tratando de decir esto a lo largo de toda esta serie- nosotros que somos cristianos evangélicos fundamentales, que realmente exaltamos el nombre de Cristo, debemos ser un modelo de lo que un ciudadano debe ser en la sociedad, para que aquellos que están en el sentido gubernamental como los siervos de Dios sirviendo puedan ver en nosotros algo totalmente único y atractivo.

Robert Halldane, hace muchos años atrás, escribió un comentario maravilloso acerca de Romanos. Y en él dice esto, y cito: “La institución del gobierno civil es una dispensación de misericordia. Y su existencia es tan indispensable, que en el momento que cesa de estar, en alguna forma, se restablece a sí misma en otra.” Esa es una muy buena declaración. Cuando usted ve un golpe de estado en un país o ve que el país está en una revolución o en una guerra civil, nunca va a ser la eliminación del gobierno, simplemente va a ser el intercambio de un gobierno, porque el hombre no puede sobrevivir sin eso.

Y Halldane continúa diciendo: “El mundo desde la caída, cuando el dominio de una parte de la raza humana sobre otra fue inmediatamente introducida, ha sido en un estado tal de corrupción y depravación, que sin el obstáculo poderoso presentado por el gobierno civil en contra de las pasiones egoístas y malas de los hombres, sería mejor vivir entre las bestias del bosque que en la sociedad humana. Tan pronto como las restricciones son quitadas, el hombre se muestra a sí mismo en su verdadera persona. Cuando no había rey en Israel y todo el mundo hacia lo que estaba bien a sus propios ojos,” fin de la cita.

Entonces Pablo aquí todavía está presentando su defensa. Somos llamados a la sumisión porque Dios es la fuente del gobierno. Revelarnos es resistir contra Dios. Resistir contra Dios trae juicio. El gobierno está establecido para refrenar el mal. Y debemos exaltar un gobierno que restringe la maldad. El gobierno está ahí para promover el bien. Y debemos ser buenos para que podamos disfrutar de los beneficios del gobierno.

Número seis… y este es uno muy importante… Los gobernantes son capacitados por Dios para implementar el castigo más severo. En el versículo 4, él dice, después de la primera oración, “pero si haces lo malo, teme.” ¿Por qué? “…porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Es un versículo muy fuerte. Si usted hace lo que está mal, tema. Usted tiene toda razón para temer porque Dios le ha dado al gobierno el derecho de llevar la espada. Y no lleva la espada en mano. Lleva la espada para algo. Y no se necesita tener a una persona sobresaliente para entender lo que hace con una espada. Usted no le pega a la gente con una espada. Usted no multa a la gente con una espada. Usted mata a la gente con una espada. Y lo que aquí está diciendo es que el gobierno tiene el derecho dado por Dios de implementar ese castigo final, irremediable, irreversible… El castigo de la muerte. El gobierno civil no es sólo un símbolo de poder. No es sólo una débil amenaza. Dios ha ordenado que el gobierno civil lleve la espada. Y la espada significa nada más que la muerte. Si usted jamás cuestiona si la pena capital es bíblica, este versículo debería terminar ese cuestionamiento. De hecho lo es. La espada siempre es el símbolo de muerte.

Y si usted regresa a Génesis 9, ahí tenemos la institución de ese principio. Génesis, capítulo 9, versículo 6, cuando Dios estaba estableciendo algunos principios básicos concernientes al gobierno humano en el versículo 6: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.” En otras palabras, el hombre es tan sagrado, habiendo sido hecho a imagen de Dios que si usted le quita la vida a un hombre sin compasión, sin parcialidad, de manera pronta, eso debe ser llevado a cabo por el gobierno.

En Mateo, si usted ha estado con nosotros, en el capítulo 26, versículo 51, ¿se acuerda? Pedro sacó una espada y comenzó a cortar a la primera persona que estaba formada. Y Jesús le dijo en el versículo 52: “Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.” Lo que Él quiso decir fue esto: si quitas una vida Pedro, morirás. Porque esa es la ley. Entonces, si tratas de pelear de esa manera, vas a morir. Y de manera justificada. El Señor está aquí exaltando, diciendo que es válida la pena capital. Si tú, Pedro, tomas una espada, vas a morir por la espada. Esa es una institución divina.

En el capítulo 25 de Hechos, versículo 11, Pablo apelando a César dijo: “Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir.” Ahí está de nuevo el apóstol Pablo diciendo “Mira, si he cometido un crimen digno de muerte, entonces debo morir.” ¿Por qué dice eso? Porque él sabe que ése es el estándar de Dios. Ése es un principio ordenado por Dios. Pablo afirma el derecho del gobierno de quitarle su vida, si él ha violado la ley.

El Antiguo Testamento prescribe la pena de muerte por homicidio, por pegarle a tu padre, por blasfemia, por brujería, ocultismo, falsa profecía, violación, inmoralidad, homosexualismo, secuestro, idolatría y una violación blasfema de la santidad del día de reposo. Dios ha ordenado que el gobierno tenga el derecho de quitar la vida.

Y entonces dice, regresando al versículo 4, “es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.” Y parte del ministro de Dios en el gobierno para el bien del hombre es hacer que los malhechores teman la espada, la cual no es llevada en vano. Sino más bien, él es un ministro de Dios que es un vengador. Escúcheme, quitarle la vida a un homicida, traer la pena capital a alguien que ha cometido un crimen de esa magnitud es cuestión de venganza. Y es una venganza que Dios demanda.

Un escritor ha dicho, y cito: “Lo que no se debe perder de vista en esto es que por desagradable que sea la tarea del carcelero y el uso del látigo, la celda, la guillotina… esas cosas que están detrás de la estabilidad de la sociedad civilizada y están ahí necesariamente porque Dios ha declarado que así sea, en armonía con la realidad, más bien que de acuerdo con la opinión sociológica apóstata. El gobierno, con sus poderes de coerción, es una necesidad social. Pero una determinada por el Creador y no por las tablas estadísticas de algún personal de investigación de cierta universidad. Ninguna sociedad puede votar que se quiten de manera permanente las multas, el castigo corporal y la pena capital de manera permanente. La sociedad que trata eso ha perdido el toque con la realidad desde el hombre… Su estado caído pecaminoso… Las realidades del mundo y la verdad de la revelación divina en la naturaleza, la conciencia del hombre y la Biblia.” Fin de la cita. Usted no puede hacer eso y sobrevivir. Dios ha ordenado que el gobierno lleve la espada. Y la venganza le pertenece a Dios; y con frecuencia viene a través del gobierno.

Se acuerda ahí atrás en el versículo 19: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos,” capítulo 12, “sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” Y aquí hay un modo en el que Dios dice que Él va a incrementar su venganza. Esto es a través del gobierno. Y nosotros, como cristianos, podemos agradecerle a Dios por el gobierno. Podemos agradecerle a Dios porque ese gobierno tiene el derecho de usar la espada.

Ahora, no me gusta pensar en que la gente pierda su vida. Y creo que la manera en la que podemos detener eso es que seamos muy claros y ciertos en que si usted quita una vida, usted inmediatamente perderá la suya. Eso protege la santidad de la vida.

Y cuando esto no es satisfecho… Y quiero que escuche con mucha atención lo que voy a decir en los siguientes minutos… Cuando esto no es satisfecho, una nación se vuelve culpable de la sangre.

Y quiero que usted haga un pequeño estudio bíblico. Regresemos a Génesis capítulo 4 y quiero que escuche muy atentamente lo que le voy a decir. Génesis capítulo 4, versículo 10. Caín mató a Abel, él lo asesinó. El primer homicidio. Y el Señor dijo en el versículo 9: “…Y Jehová dijo a Caín: ‘¿Dónde está Abel tu hermano?’” Él no sólo era un asesino - por cierto -sino que también era un mentiroso. Satanás era el padre de mentiras y el asesino desde el principio. Y entonces, Caín estaba reflejando al que sin duda lo había inspirado a hacer eso. “Y él respondió: ‘No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?’ Y él le dijo: ‘¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a Mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.’” Cuando Caín mató a Abel, la sangre de Abel clamó a Dios. Era una sangre que no estaba satisfecha. Era una vida quitada sin una vida dada. No había retribución. Y la sangre clamaba a Dios.

En el capítulo 9, versículo 6, llegamos a ese principio; y Dios lo establece: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada.” Y entonces, más adelante Dios establece el principio de que un homicida debe perder su vida. Eso y sólo eso, escuche ahora, satisface la sangre derramada. Eso y sólo eso satisfará a Dios.

Vaya al capítulo 42 de Génesis -y sólo le voy a mostrar otra ilustración de esto. Y dice: “Entonces Rubén les respondió, diciendo: ‘¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el joven, y no escuchasteis?’” ¿Se acuerda de los hermanos que habían vendido a José, se acuerda de eso? Y claro que están preocupados y se sienten culpables aquí en la historia.

Y en el versículo 22, Rubén dice: “¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el joven, y no escuchasteis? He aquí también se nos demanda su sangre.” En otras palabras, hasta que haya una vida por su vida, Dios no está satisfecho. Ellos se dieron cuenta de que el principio había sido establecido en Génesis: sangre por sangre.

Josué, capítulo 2, versículo 19: “Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza, y nosotros sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare.”

En otras palabras, de nuevo queremos extraer este principio. Y no quiero tomar el tiempo para entrar en la historia aquí acerca de los espías que fueron a Jericó y Rahab y todas las cosas que estaban sucedían sucediendo aquí. Pero el punto es este: cuando ha habido culpabilidad en la pérdida de una vida, alguien debe pagar… Alguien debe derramar sangre. Y entonces, la declaración ‘su sangre estará sobre nuestra cabeza si alguna mano estuviere sobre él’.

En Segunda de Samuel, capítulo 4… y verá en un momento hacia dónde va todo esto. De nuevo, este capítulo describe un homicidio, el homicidio de Is-boset, el hijo de Saúl. Usted llega al versículo 11 y el principio está aquí: “¿Cuánto más a los malos hombres que mataron a un hombre justo en su casa, y sobre su cama? Ahora, pues, ¿no he de demandar yo su sangre de vuestras manos, y quitaros de la tierra?” Si usted toma una vida, usted da una vida. Y su sangre es demandada por su sangre.

Primera de Reyes, sólo otro pasaje… Capítulo 2… Simplemente para que entienda lo amplio que es esto. De nuevo es la misma idea. El rey le dijo: “Y el rey le dijo: ‘Haz como él ha dicho; mátale y entiérrale, y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente.’” Y lo que Dios dice es que ejecute a Joab por haber derramado sangre inocente.

Regresando por tan sólo un momento, quiero llevarlo a un versículo que probablemente debería haber mencionado antes. Es Levítico capítulo 20, versículo 9: “Todo hombre que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá; a su padre o a su madre maldijo; su sangre será sobre él.” El que ha maldecido a su padre o madre, aquí está “su sangre será sobre el”. Nuevamente, la idea de culpabilidad es sangre. Él es un asesino sangriento. Hay sangre sobre él. El versículo 13 termina con “sobre ellos será su sangre”. Y creo que es el versículo 27 que es igual; sí, “su sangre será sobre ellos.”

Entonces, el modelo es el mismo a lo largo de la primera parte del Antiguo Testamento, de que la sangre era demandada por el derramamiento de sangre.

Ahora, simplemente quiero llevarlo a otro libro en el Antiguo Testamento, esta es la profecía de Ezequiel, Ezequiel capítulo 7, versículo 20: “Por cuanto convirtieron la gloria de su ornamento en soberbia, e hicieron de ello las imágenes de sus abominables ídolos, por eso se lo convertí en cosa repugnante.” Que por cierto está hablando del templo, el cual ellos han profanado. Y usted recuerda cuando los babilónico nos vinieron y tomaron Jerusalén, ellos profanaron el templo de manera terrible. “En mano de extraños la entregué para ser saqueada, y será presa de los impíos de la tierra, y la profanarán. Y apartaré de ellos mi rostro, y será violado mi lugar secreto; pues entrarán en él invasores y lo profanarán. Haz una cadena, porque la tierra está llena de delitos de sangre, y la ciudad está llena de violencia.” Y quiero que se detengan ahí.

Una de las razones, una razón primordial por la que Dios trajo el juicio sobre la nación de Israel y la cautividad babilónica fue debido a que la nación estaba llena de crímenes sangrientos. En otras palabras, asesinatos por los cuales no hubo retribución. Y la sangre estaba clamando a Dios. Y la ciudad está llena de violencia. Muéstreme usted un lugar en donde no enfrentan a los asesinos y no van a ejecutar a aquellos que cometen crímenes severos y le mostraré un lugar lleno de violencia.

Y eso es exactamente lo que se Ezequiel vio. “Traeré, por tanto, los más perversos de las naciones, los cuales poseerán las casas de ellos; y haré cesar la soberbia de los poderosos, y sus santuarios serán profanados. Destrucción viene; y buscarán la paz, y no la habrá. Quebrantamiento vendrá sobre quebrantamiento, y habrá rumor sobre rumor; y buscarán respuesta del profeta, mas la ley se alejará del sacerdote, y de los ancianos el consejo. El rey se enlutará, y el príncipe se vestirá de tristeza, y las manos del pueblo de la tierra temblarán; según su camino haré con ellos, y con los juicios de ellos los juzgaré; y sabrán que yo soy Jehová.” En otras palabras, Dios dice: “Voy a venir y voy a traer un juicio terrible porque hay una tierra llena de crímenes sangrientos, llena de violencia en donde el juicio no ha sido ejecutado en contra de los malhechores.

En Ezequiel capítulo 18, versículo 10 dice: “Mas si engendrare hijo ladrón, derramador de sangre, o que haga alguna cosa de estas, y que no haga las otras, sino que comiere sobre los montes, o violare la mujer de su prójimo, al pobre y menesteroso oprimiere, cometiere robos, no devolviere la prenda, o alzare sus ojos a los ídolos e hiciere abominación, prestare a interés y tomare usura; ¿vivirá éste? No vivirá. Todas estas abominaciones hizo; de cierto morirá, su sangre será sobre él.” Y ahí está la idea de ser culpable de la sangre. Debe ser demandada. Se demanda que ese tipo de crímenes sean pagados con sangre.

Ahora, ¿por qué Dios hace eso? ¿Porque Dios odia a la gente? No. Porque Dios sabe que cuando eso es ejecutado apropiadamente, se convierte en un terror para los malhechores y los refrena de cometer maldad. Y los hombres necesitan refrenos porque los hombres son básicamente viles e impíos.

Y puede ver lo mismo en Ezequiel 36. Ahora el punto es este. Hasta aquí, Dios demanda la pena de muerte. Y usted pregunta: “¿Es para que Dios pueda matar a la gente?” No. Es para que la gente no tenga que morir. Esto es para que no haya víctimas y que no haya criminales. ¿Entiende usted eso? Si usted hace que la ley de la Tierra sea de acuerdo con la ley de Dios, refrena al criminal. Y por lo tanto, no hay víctimas y no hay perpetradores. No hay criminales. Ése es el punto. Pero cuando hay derramamiento de sangre y cuando esa sangre no es pagada, la nación se vuelve culpable; y Dios entra a juzgar.

Escuche Número 35:33: “Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre amancillará la tierra, y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó.” ¿Entendió eso? Debería anotar eso. Números 35:33. La tierra nunca será limpiada de la sangre que es derramada sobre ella hasta que la sangre del que derramó sea derramada.

Usted se pregunta por qué Norteamérica está en el desastre en el que está; y le podría dar muchas razones. Y una razón primordial es que esta nación está bajo el juicio de Dios por no limpiar la sangre que ha sido derramada. El suelo de los Estados Unidos de Norteamérica clama a Dios por retribución en contra de los asesinos, ladrones, aquellos que son dignos de muerte. Y cuando sean enfrentados de manera apropiada, habrá una minimización de víctimas y criminales. Pero en lugar de eso, tenemos lo opuesto; y nuestra tierra es culpable de la sangre.

Y amigo mío, quiero decirle algo, yo creo con todo mi corazón que el aborto es asesinato, es homicidio. Y que somos culpables a un punto absolutamente inconcebible en el tema de masacrar a niños que no han nacido.

El pacifismo no es promovido en el Nuevo Testamento. Al gobierno se le ha dado el derecho de usar una espada. Es verdad que cuando las rameras se convertían, Jesús dijo ‘id y no pequéis más’. Pero cuando los soldados se convirtieron Él no dijo ‘vete y ya no seas soldado’. El gobierno tiene el derecho de llevar la espada. Y si no la usa, la tierra clama por la sangre que ha sido derramada.

Y esta tierra clama por la sangre de millones de millones de aquellos que no han nacido y aquellos que nacieron, los asesinos de los cuales nunca han sido llevados a la retribución. Y yo creo que esta es razón suficiente por la que Dios trae juicio en contra de nosotros así como lo hizo contra Israel. Pero nos hemos vuelto una tierra llena de crímenes sangrientos, una tierra llena de violencia.

Finalmente, debemos someternos al gobierno por causa de la conciencia. Versículo 5: “Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.” Ahora de regreso a la idea clave del versículo 1… No sólo porque usted teme la consecuencia, sino porque usted sabe lo que está bien, ¿verdad? Entonces, no todo es negativo. Esta debe ser la motivación más elevada.

Sí, debe haber un factor de temor. Sí debe haber un factor de juicio, un factor de venganza. Si, debe haber un castigo que no tiene compasión, sin parcialidad, sin retraso. Sí, debe haber sangre por sangre, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie. Sí, sí, debemos conformarnos porque tememos. Pero por otro lado, lo que es un motivo mucho más elevado es que nos conformamos en sumisión no sólo por causa de la ira, sino por causa de la conciencia. Esto es, porque sabemos que está bien… Porque tenemos una consideración consciente por amor de la ley, un compromiso consciente con obedecer a Dios. Este es un motivo más elevado. Este es un motivo más puro.

Y esto es lo que quiere decir en Primera de Pedro 2:13: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior” No es sólo para que usted pueda evitar las consecuencias, sino por causa del Señor. Cuando usted piensa en obedecer la ley, usted piensa en esto porque teme lo que le puede suceder si no obedece.

¿Gobierna usted su vida por temor o piensa no sólo en quebrantar la ley por causa de honrar a su Señor? Ése es el motivo más elevado. Digo, necesitamos a ambos, pero espero que usted haya llegado a comprometerse con el más elevado.

Entonces, ¿que aprendimos aquí? La conciencia es esa voz interior. La hemos estudiado a detalle anteriormente en Romanos. La conciencia es ese pequeño lugar interior adentro de nosotros en donde Dios nos habla de lo que está bien y lo que está mal. Es en esa conciencia, en ese sentido inherente de lo que honra a Dios, que debemos encontrar nuestra motivación más fuerte. No hay lugar para la rebelión por parte del cristiano, no hay lugar para quebrantar la ley, no hay lugar para resistirnos, para revelarnos. Debemos hacer lo que está bien, someternos.

Me encanta la historia de Ginés. Él era un actor. Y fue un actor en los días de Diocleciano, quien vivió alrededor del año 245 hasta quizás el año 315. Diocleciano era violentamente anticristiano y solía encantarle entretenerse con obras de teatro que se burlaban del cristianismo. Y Ginés era un actor que actuaba burlándose del cristianismo. Y conforme una obra de teatro se estaba desarrollando y era observada por Diocleciano - de acuerdo con el historiador – a la mitad de la obra, Ginés dejó su libreto normal y clamó con estas palabras, y cito “Quiero recibir la gracia de Cristo para que nazca de nuevo y sea ha librado de los pecados que han sido mi ruina.” Fin de la cita. Y ahí, delante de toda la audiencia, incluyendo al emperador, en una obra de teatro que se burlaba del cristianismo, el mensaje llegó a su corazón. Y él clamó por salvación. Y la multitud incrédula vio la burla, la cual por cierto en ese punto de la obra de teatro era un bautismo, y se convirtió en un momento sagrado de conversión. Y Ginés se volvió al emperador y dijo: “Emperador ilustre y todos ustedes que se han reído mucho ante esta burla, créanme, Cristo es el verdadero rey.” Fin de la cita. Sin ser conmovido fuera del enojo, Diocleciano ordenó que el primero fuera destrozado con los garfios y después fuera quemado y después fuera decapitado. Antes de morir, él clamó, y cito: “No hay Rey fuera de Cristo, a quien he visto y a quien adoro. Por él, yo moriré 1000 veces. Lamento mi pecado por convertirme tan tarde en un soldado del Rey verdadero.” Fin de la cita

Me gustan muchas cosas acerca de este hombre. Quiero encontrarlo en el cielo. Una de las cosas que me gusta de él es que vino a Cristo con tanta valentía. Algo más que también me gusta es que cuando le habló al emperador, le dijo “Emperador ilustre”. Eso me dice dónde estaba su corazón. Él comprendió el lugar de la autoridad, aunque él sabía quién era el rey verdadero. Que así sea con nosotros.

Inclinémonos en oración. Oh Padre, oramos porque la Iglesia sea la Iglesia, una nación de sacerdotes, no políticos, ciudadanos celestiales, pero al mismo tiempo modelos terrenales de ciudadanía. Que vivamos de tal manera en paz, y quietud, y en hostilidad e integridad; buscando hacer la paz, demostrando amor y la gracia de Cristo. Aceptando lo que traigas a nuestras vidas, sometiéndonos con disposición y gozo; y considerándolo aún una experiencia digna, una experiencia bendita el sufrir por Cristo. Y al hacer esto, callemos a los críticos y atraigamos a los hombres al único que puede dar una paz así. Y al hacerlo, cambiar a nuestra sociedad. Que estemos comprometidos con amar, vivir y predicar el Evangelio salvador. Que todos seamos lo que debemos ser, como Tus hijos, por causa de Cristo. Amén.

 

 

 

 

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