Sermones

Los motivos de uno que perdona

Por John MacArthur
Código de producto: 57-4
Scripture: Filemón 19-25
Bajar (Baja Calidad) | Bajar (Alta Calidad)
$5.00

Si es tan amable en abrir su Biblia esta mañana para nuestra lección final de cuatro en la maravillosa historia pequeña de Filemón. Hemos titulado estas cuatro lecciones “Lecciones Vivas Acerca del Perdón”.

Para aquellos de ustedes que no han estado con nosotros en la serie, simplemente un repaso breve. El apóstol Pablo escribió esta carta la cual es un capítulo de 25 versículos del largo. La escribió a un amigo. Un amigo llamado Filemón. Él había llevado a Filemón a Cristo. Filemón, obviamente había crecido en Cristo. Es evidente partir de esta carta que él fue un hombre de gran virtud y convicción cristianas. Su esposa es mencionada en el versículo 2, Apia. Y lo más probable es que su hijo también es identificado como Arquipo, quien también estuvo involucrado en el ministerio cristiano.

Aparentemente, Filemón fue un hombre de cierta riqueza; por lo menos, él pudo hospedar a la Iglesia de Colosas en su propia casa. Se reunían en su casa. Y entonces, él estaba bien familiarizado con muchos de los líderes espirituales y maestros y predicadores de ese entonces. Hubo otro miembro de la casa de Filemón, un esclavo que es mencionado en el versículo 10 llamado Onésimo. Onésimo había querido su libertad. Él no era cristiano. Y entonces, él huyó. Él fue un cristiano fugitivo que escapó y cuando se fue, él debió haberse llevado algo de dinero o de valor para poderse sustentar a sí mismo en la vida en las sombras de la ciudad de Roma, a donde él fue.

Por la providencia de Dios, este esclavo que huyó en la ciudad de Roma de alguna manera se puso en contacto con el apóstol Pablo, quien estaba ahí en Roma como prisionero en una casa alquilada. Pero, aun así, podía enseñar y predicar la Palabra de Dios a la gente que iba y venía. Quizás, la aflicción de la situación de Onésimo fue tan severa, quizás la convicción de su pecado fue tan grande, que él determinó encontrar a Pablo, de quien él debió haber sabido algo, debido a que él era conocido por toda la gente en la casa de Filemón y en la Iglesia que se reunía ahí. Fueran cuales fueran las circunstancias, él llegó a oír la predicación de Pablo y se convirtió a Jesucristo. Este esclavo Onésimo ya cristiano se convirtió en un amigo muy cercano y valorado por Pablo y un ayudante de Pablo inclusive en su tiempo de encarcelamiento. Cuando Pablo se enteró, no obstante, de que él fue un esclavo que había huido del amigo mismo de Pablo, Filemón, él sabía que tenía que enviarlo de regreso.

Esta carta, entonces de Pablo a Filemón tiene un énfasis primordial: le pide a Filemón que perdone a este esclavo que huyó, Onésimo, quien ahora se ha convertido en un creyente. Y entonces, decimos que es una lección viva del perdón.

Como ya hemos aprendido, el perdón es una promesa. Eso es exactamente lo que es, es una promesa. Es una promesa a nunca vengarse. Es lo opuesto de rehusarse a perdonar, lo cual es una promesa de buscar venganza. Si usted quiere una definición simple entonces del perdón, véalo como una promesa a nunca vengarse. Es una promesa verbalmente declarada. Es una afirmación de amor que afirma: “no me aferro al enojo, no me aferro al odio, no me aferro a la amargura en contra de ti.”

Y tiene una perspectiva triple, nunca jamás lo mencionaré, nunca jamás lo mencionaré a alguien más, nunca jamás volveré a traerlo a mí. Eso es el perdón. Sin importar lo que me hayas de hecho, no importa cómo me hayas ofendido, hago una promesa a que nunca buscaré la venganza. No me aferro al enojo, no me aferro al odio, no me aferro a la amargura, nunca jamás te lo mencionaré, nunca jamás se lo mencionaré a alguien más y nunca jamás lo consideraré. Eso es el perdón.

El perdón, hemos señalado, es el acto más parecido a Dios y más parecido a Cristo que un cristiano puede hacer. Usted nunca se parece tanto a Dios o a Cristo como cuando perdona porque eso es lo que Dios hace, eso es lo que Cristo hace. El perdón es una virtud magnífica. Sir Thomas More, el Señor de Inglaterra, después de haber sido juzgado en Westminster y ser condenado a la muerte sin ninguna causa justa, habló con sus jueces. Estas son sus famosas palabras, y cito: “así como San Pablo tenía la ropa de aquellos que apedrearon a Esteban hasta la muerte y así como ahora ambos son santos en el cielo y continuarán ahí siendo amigos para siempre, así también, ciertamente, confío y oro ardientemente que aunque ustedes, señores, ahora en la tierra han sido jueces de mi condenación, no obstante después, nos reunamos gozosamente en el cielo en salvación eterna.” Fin de la cita. Oh, la belleza del perdón. La belleza del perdón de Esteban del cual Sir Thomas More habló, quien dijo: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado,” mientras aplastaban su vida bajo las piedras. La belleza del perdón de Jesús quien vio a quienes lo crucificaron y dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”

Ahora, esta maravillosa breve carta sin mencionar una sola vez la palabra perdón, nos enseña a nosotros una lección viva en el perdón. Nos enseña algunos elementos muy esenciales del perdón en maneras prácticas, sutiles y gentiles.

Pablo ya nos ha ayudado a ver e identificar el tipo de virtud que uno debe tener para perdonar. En los versículos 4 al 7 indicamos que, si usted va a tener la virtud de uno que perdona, usted va a tener una preocupación por el Señor, una preocupación por la gente, una preocupación por la comunión, una preocupación por el conocimiento, una preocupación por la gloria de Cristo y una preocupación por el servicio. Y todo eso sale de los versículos 4 al 7.

Después, Pablo también nos enseñó no sólo la virtud de uno que perdona, sino también la acción de uno que perdona. Y señalamos que hay tres elementos de esa acción. Hay recepción, después restauración y después, restitución. Esto está en los versículos 8 al 18.

Y después, llegamos ahora a los versículos finales de esta carta, versículos 19 al 25. Y Pablo nos presenta los motivos para el perdón. ¿Por qué perdonar? ¿Cuál es la motivación interna que motiva el perdón?

Ahora, de nuevo le recuerdo que todas estas características que hemos estado viendo son sutiles en esta carta, pero están presentes y nos dan una descripción completa de uno que perdona. ¿Qué motiva a alguien a perdonar? Ciertamente, el perdón es valiente. Ciertamente, el perdón es osado. Ciertamente, el perdón es heroico. Pero al mismo tiempo, debe ser normal para un cristiano humilde.

Entonces, en la nota de los motivos, Pablo cierra va la carta con palabras de gracia, pero llenas de significado, que tienen la intención de motivar el corazón de Filemón a perdonar a Onésimo. Y cada una de las afirmaciones finales en esos versículos que quedan, conllevan el embrión de una verdad que actúa como una motivación para que nosotros también perdonemos.

¿Qué es lo que entonces motiva a una persona perdonar? Número uno, el reconocimiento que yo llevo una deuda que no puedo pagar. El reconocimiento que tengo una deuda que no puedo pagar. Observe el versículo 19: “yo Pablo, lo escribo de mi mano. Yo lo pagaré.” Deténgase en este punto por un momento. Esta es una nota bastante interesante. La costumbre de Pablo era dictar sus cartas a un amanuense o a un secretario, a alguien que las escribía.

Pero también, la costumbre de Pablo, al final de muchas de sus cartas era tomar la pluma, por así decirlo, y firmar su propio nombre. Por ejemplo, al final de su carta a los colosenses que habría sido entregada en el mismo momento en el que la carta a Filemón fue entregada, notará en el capítulo 4, versículo 18 que la epístola cierra con esto: “yo Pablo, escribo este saludo con mi propia mano. Acordados de mi encarcelamiento, la gracia sea con vosotros.” No es raro que usted haga eso en la actualidad cuando usted dicta una carta con su secretaria escribiéndola en su totalidad. Y después, firma su nombre y añade una postdata con su propia mano. Fue común para el apóstol Pablo tomar la pluma y escribir algo con su propia mano.

Ahora, notará que él ha dicho algo muy significativo en el versículo 18. Él dijo: “Y si en algo te dañó Onésimo o te debe, ponlo a mi cuenta.” Este es el asunto de la restitución. Pablo sabe que Onésimo no tiene nada, él no puede devolver lo que él robo. Él no puede pagar los 500 denarios que Filemón tuvo que gastar para que alguien tomara el lugar de Onésimo. Él no tiene ese dinero. Entonces, Pablo dice, en lugar de tratar de sacarlo de él, él no lo tiene, simplemente cárgalo a mi cuenta.

Y después, lo que es muy interesante, Pablo dice: “yo, Pablo, lo escribo de mi mano. Yo lo pagaré.” Y Pablo toma la pluma y firma este pagaré con su propio nombre. Eso es lo que está haciendo. Estoy escribiendo mi propio nombre, con mi propia mano, como una garantía de que, si lo pones a mi cuenta, yo lo pagaré. Y mantiene la pluma en su mano desde el versículo 19 hasta el final.

Entonces, los últimos versículos aquí vienen del apóstol Pablo lo mismo. Entonces, aquí tenemos no sólo lo que es de su mente inspirada, si no lo que es también de su propia mano. Él está firmando su nombre y diciendo: “yo voy hacer restitución por Onésimo, quien no tiene dinero.” Obviamente, Pablo debió haber tenido algo. Recordará que él había recibido algunas ofrendas durante su encarcelamiento. Él las señala en Filipenses capítulo 2, versículo 30 y en el capítulo 4, versículos 14 al 18 y le dice a la Iglesia filipense: “gracias por enviarme algunas cosas, algo de dinero, algo de apoyo en mi encarcelamiento. Entonces, él tuvo algunos recursos. Quizás, tenía la suficiente para pagar la deuda. Pablo estaba dispuesto a hacer eso.

Pero después, observe lo que él dice en paréntesis, “por no decirte que aun tú mismo te me debes también.” ¿Que está diciendo aquí? Él está diciendo: “por cierto, yo sé que Onésimo tiene una deuda contigo, pero quiero recordarte que tú tienes una mayor deuda conmigo de lo que él te debe a ti.” Aquí está el plan de Pablo. Por su deuda en mi cuenta. Después, cancélala porque tú me debes tanto. Eso es lo que él dice.

Ahora, aquí hay un principio. Filemón no es tan sólo un hombre a quien se le debe el pago de una deuda. Filemón también es un deudor que tiene una deuda mucho mayor e impagable para con Pablo. Onésimo le debe a Filemón una deuda material. Filemón le debe a Pablo una deuda espiritual. Onésimo le debe a Filemón una deuda temporal. Filemón le debe a Pablo una deuda eterna. ¿Por qué? Pablo le había dado el Evangelio. Pablo lo había guiado al conocimiento salvador de Jesucristo. ¿Cómo es que él jamás va a poder pagarle eso a Pablo?

Entonces, él dice, “la deuda de Onésimo debe ser colocada en mi cuenta y después, debe ser cancelada porque tú me debes tanto. Porque yo fui usado por Dios para liberarte de la muerte y del infierno.”

Ahora, el principio es así de simple: alguien le hace algo a usted, lo ofende, le debe algo, recuerde esto: usted debe deudas tan impagables a otros, quienes de manera generosa y en gracia y fielmente y amorosamente lo beneficiaron a usted con la más rica de las bendiciones espirituales y ellos no demandan paga y usted tampoco podría pagarlo si es que ellos lo demandaran de usted. Entonces, ¿acaso usted no puede liberar la deuda financiera temporal u obligación de uno que lo ha ofendido únicamente a usted de una manera terrenal? Ese es su punto.

Permítame personalizarlo: estoy endeudado tan profundamente con tanta gente, por tanto, que nunca jamás ni siquiera me acercaría a pagarles lo que les debo. Estoy endeudado con mis padres piadosos. Estoy endeudado con mi padre y mi madre, quienes me guiaron al conocimiento de Jesucristo. Estoy endeudado con ellos por enseñarme las Escrituras. Estoy endeudado con ellos por guiarme al ministerio. Estoy endeudado con ellos por apoyarme y proveer mis necesidades y educarme. Estoy educado con ellos por hacerme responsable de vivir una vida disciplinada y hacerme espiritualmente responsable por mi conducta. Nunca jamás podría pagar la deuda que tengo para con mis padres.

Estoy endeudado con mi esposa por su amistad, por su amor, por su apoyo y por su sabiduría, por sus comentarios, por su corrección, por sus convicciones. Estoy endeudado con ella. Nunca jamás podría pagar la deuda espiritual que le debo a Patricia. Estoy endeudado con mis hijos por amarme inclusive en mi debilidad. Estoy endeudado con mis hijos por su bondad, por su preocupación, por su cuidado de su padre, por la respuesta responsable que ellos tienen a las cosas que pido de ellos.

Estoy endeudado para con mis amigos. Estoy endeudado con un mundo entero de amigos que me ha ministrado de manera benéfica y en gracia. Estoy endeudado con mis maestros. Estoy endeudado con hombres que han escrito libros, libros que han moldeado mi vida y mi manera de pensar y ministerio. Estoy endeudado con mis colaboradores y co pastores.

Estoy endeudado con ustedes como congregación porque ustedes me han dado de manera tan constante sus oraciones y su sabiduría y su comunión. Inclusive, han pagado mi sueldo por muchos años. Estoy tan profundamente endeudado con tanta gente por tanta bendición espiritual que nunca podría pagarles. Jamás.

Y estoy tan endeudado con tantos que sólo Dios debe devolverles lo que les debo. Sólo Dios. Y Dios tendrá que pagarles lo que les debo al darles una recompensa eterna por todo lo que han sacrificado por mí, porque nunca jamás podría pagarles lo que les debo.

¿Puedo yo entonces, quien debo tanto a tantos no perdonar a alguien que debe una deuda terrenal tan simple a mí? ¿Ve usted el punto de Pablo? Debido a que yo tengo tantas deudas espirituales que nunca podría pagar, ¿acaso no puedo permitir de manera gozosa que una deuda material dejara o quedara sin ser pagada y perdonar de manera completa al que la debe? Entonces, Pablo con su genio inspirado busca motivarnos a perdonar al recordarnos cuánto debemos.

Segunda motivación: el reconocimiento que yo puedo convertirme en una bendición a otros. Si yo perdono, puedo convertirme en una bendición a otros, versículo 20: “si, hermano,” y ahí está esa ternura amable de Pablo. “Si, hermanos, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor.” Y las palabras “yo,” “mi,” son enfáticas en el griego. Él está diciendo: “tú has bendecido a tantos.” Él ya dijo esto en la primera parte de este libro maravilloso.

En el versículo 7, él dice: “Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.” Tú has bendecido a tantas personas por tanto tiempo. Ahora, me toca a mí, dice Pablo. Hermano, deja que yo sea bendecido. Deja que yo me beneficie. Deja que yo encuentre utilidad espiritual. Y es una palabra cognada de la palabra misma Onésimo. Entonces, él todavía está usando ese juego de palabras para el nombre mismo de Onésimo, el cual significa benéfico o útil. Me toca a mí, él dice. Si tú lo perdonas a él, me vas a bendecir a mí, tú me beneficiaras también a mí en el Señor.

¿Qué quiere decir con eso? En la dimensión de lo espiritual, en la esfera de lo espiritual. Entonces, déjame beneficiarme a mí de tu acción, de tu acto de perdón. Déjame beneficiarme del hecho de que tú lo recibas, lo restaures y canceles su deuda. Eso me va a beneficiar a mí.

¿Cómo es que eso va a beneficiar a Pablo? Oh, le va a dar gozo. Le va a dar gozo. Como el apóstol Juan dijo, que él no tenía mayor gozo que este, que el oír que sus hijos andaban en la verdad. Pablo diría lo mismo. No tengo yo mayor gozo que este, que el saber que mis hijos andan en amor el uno hacia el otro.

¿Usted se acuerda de Filipenses en el capítulo 2, esas palabras tan maravillosas? Capítulo 2, versículo 2: “haced mi gozo completo. ¿Cómo podemos hacer eso Pablo? ¿Cómo podemos darte gozo? “Al ser de la misma mente, manteniendo el mismo amor, unidos en espíritu, teniendo un mismo propósito, no haciendo nada por contienda, por vanagloria, sino siendo humildes, considerando a otros más importantes, no mirando por los suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. En otras palabras, Filemón, si te humillas a ti mismo y consideras a Onésimo más importante que tú, y si buscas la unidad y el amor y la comunión; y por lo tanto, perdonas a ese hombre, me traerás gozo.

Y entonces, él está diciendo: debes verte motivado al querer ser una bendición a otros. Debes verte motivado a perdonar porque regocijará el corazón de otro. Entonces, él dice: “déjame beneficiarme de ti en el Señor”. Y después, él añade y dice: “conforta mi corazón en el Señor.” De nuevo, en esa esfera espiritual, “bendíceme, confórtame.” Tú confortaste al resto de la gente, ahí atrás en el versículo 7. Ahora me toca a mí, el perdón de Onésimo por parte de Filemón va a traer gozo espiritual y consuelo, porque Pablo ama a estos dos hombres. Pablo quiere que sean uno. Pablo ama la unidad de la Iglesia. Pablo quiere que la Iglesia colosense sea una Iglesia que vea a ese perdón como un gran ejemplo, una lección objetiva. Si Filemón se rehúsa perdonar a Onésimo, va a cargar el corazón de Pablo. Va a entristecer el corazón de Pablo. Va a turbar el corazón de Pablo, porque él ama a ambos hombres y él ama a esa Iglesia y él ama la unidad de esta Iglesia. El no por donar va a dañar a esa relación. Va a dañar a esa Iglesia. Va a distorsionar a su ministerio y eficacia y va a representar de manera equivoca el poder del Evangelio al mundo de inconversos que está observando.

Entonces, él simplemente dice: “tú, que has estado dispuesto a hacer tanto para consolar a otras personas, ¿harías tan sólo esto para mí? ¿Perdonarás a este hombre y me consolarás y me bendecirás y me traerás gozo? Dos buenos motivos para perdonar. Usted debe más de lo que jamás puede pagar. Y si usted perdona, usted bendecirá a los santos, porque usted buscará la unidad.

Tercer motivo, el reconocimiento que yo soy llamado a ser obediente el Señor. Versículo 21, Pablo dice: “te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aún más de lo que te digo.” De nuevo, con pluma en mano, Pablo dice: “mira, tengo confianza en tu obediencia.” Y él toca otra vez esa fibra en el corazón de Filemón que es jalada por la necesidad de obedecer a Dios. Él no está hablando de ser obediente a Pablo porque ahí atrás en la primera parte del capítulo, usted recordará que Pablo le dijo en el versículo 8, “por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego por amor.”

Entonces, Pablo nunca le mandó. Pablo simplemente le está diciendo: “sé que obedecerás al Señor en esto. Pablo tiene la confianza de que Filemón es un hombre piadoso. Él presentó sus características en los versículos 4 al 7. Él tiene confianza de que él actuará de una manera correcta la obedecer el mandato de Dios del perdonar. Recuerde que le dije que esa teología del perdón no está en esa carta, pero podemos asumir que Filemón la conocía. Podemos asumir que Filemón estaba bien familiarizado con Mateo, capítulo 6, con el principio de que, si usted no perdona su hermano, Dios no lo va a perdonar a usted.

Él estaba muy familiarizado con Mateo 18, con los principios que ahí se enseñan como “debes perdonar, debes perdonar setenta veces siete”. O como Lucas 17:3 y 4 nos dice, “debes perdonar, si es necesario, siete veces al día. Él estaba bien familiarizado con la convicción de Pablo, 2 Corintios 2:7, de que el perdón era esencial. Él ciertamente estaba seguro de lo que Pablo dijo en Efesios 4:32 y Colosenses 3:13, aunque él no los había leído, de que debía perdonar porque a él se le había perdonado tanto. Filemón sabía que Dios había mandado a perdonar. Pablo está seguro de que él lo sabía. Esa es la razón por la que él no lo menciona.

Y Pablo inclusive está seguro de que lo hará. Pablo dice: “estoy confiando en tu obediencia. Yo sé que vas a hacer lo que Dios te ha mandado a hacer. Y Dios te ha mandado a perdonar.” Entonces, usted no sólo es motivado por las deudas que usted tiene, que no puede pagar. No sólo por lo que él dice en el versículo 20, usted será una bendición y gozo a otros creyentes, sino porque usted sabe que Dios espera que usted obedezca.

Y después, él inclusive dice esto en el versículo 21: “sabiendo que harás aún más de lo que te digo”. Ahora, algunas personas han hecho la suposición innecesaria de que este es un llamado a Filemón a emancipar a Onésimo, a liberarlo de su esclavitud en su totalidad. Pero eso no está indicado en el texto. Cuando él dice: “sabiendo que harás aún más de lo que te digo,” podría ser que él quiere decir que serás más magnánimo en tu perdón de lo que inclusive yo te he pedido. Tú serás más magnánimo en tu amor hacia Onésimo de lo que yo inclusive he asumido. Tú le darás a él quizás un tipo de celebración como la del hijo pródigo, le colocarás el anillo y la túnica y matarás al animal engordado y prepararás una celebración. Quizás, es el más que le hará.

O quizás, el más que le hará es recibirlo no sólo como siervo. Y Pablo, indica que él regresa como un siervo en el versículo 16, cuando él dice que “no sólo lo tendrás en la carne, sino en el Señor.” En otras palabras, él te servirá la carne y él también te servirá en el Señor. Y quizás eso es más de lo que él está pensando aquí. Quizás el más es que no sólo lo vas a regresar a un servicio como esclavo, sino que le vas a dar la libertad de involucrarse en el ministerio debido a sus capacidades espirituales. Entonces, tu harás más que tan sólo recibirlo de regreso y restaurarlo al servicio. Le darás la oportunidad de ministrar a tu lado.

Quizás, el más podría ser que no sólo lo perdonarás, sino que perdonarás hasta a otras personas, a quienes debes perdonar. Y el más es un tipo de perdón más magnánimo y de mayor alcance y más amplio, en el que Filemón inclusive perdonará a aquellos de quienes Pablo no sabe que está amargado en contra de ellos.

Hay muchas posibilidades para lo que el más podría ser. Pero él dice: “conozco tu virtud, tengo confianza y sé que obedecerás y que inclusive harás más de lo que te he pedido. De manera voluntaria, sin presión, no debido a la ley, no debido al temor, sino a partir de un corazón justo, Filemón obedecerá a Dios, quien le mandó perdonar.

Hay una cuarta motivación contundente para el perdón y ese es el reconocimiento de que yo soy responsable ante líderes piadosos. El reconocimiento de que yo soy responsable a líderes piadosos. Esto es muy refrescante, versículo 22. Y Pablo dice: “prepárame también alojamiento, porque espero que por vuestras oraciones y os seré concedido.” ¿Sabe usted lo que está diciendo? Más vale que hagas esto porque voy a revisar que lo hiciste. Esto es lo que está diciendo. Voy a estar ahí. Prepara el cuarto.

Esto es lo menos sutil de todo lo que él dice en la epístola entera. “Oh, por cierto, voy para allá.” Cuando él escribió 1 Corintios, él estaba lo suficientemente preocupado por los corintios como para advertirles que él iba a venir. Y conforme usted lee 1 Corintios 4:18 al 21, él dice “voy para allá”. Él todavía está preocupado cuando él escribe 2 Corintios y usted encuentra que en 2 Corintios 12:14 y 13:1 que él dice: “les digo otra vez, los voy a ver”. Y de todas las veces que él dice eso, en estas tres ocasiones, él realmente les está diciendo: “más vale que se corrijan porque voy para allá.” Y aquí fue menos sutil que con los corintios.

Él dice: “prepárame alojamiento, voy para allá.” Y lo que él quiere decir, “voy a estar ahí para que pueda ver lo que has hecho.” Pablo realmente está haciendo algo de autoridad espiritual aquí. Voy a supervisarte. Es una motivación gentil. Realmente, no es una amenaza. Es una promesa. Él no dice lo que le dijo a los corintios en 1 Corintios 4:21 en donde dijo que, si era necesario, iba a tener que ir con una vara. Él no dice eso. Él simplemente está diciendo “voy a estar ahí”. Esto es optimista, por cierto, porque todavía es un prisionero en una casa alquilada en Roma, encadenado a un soldado romano.

Pero él dice, véalo de nuevo, en el versículo 22, Pablo dice: “porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido.” Esto es maravilloso.” Él sabe que la soberanía de Dios cumple Sus propósitos, pero él también sabe que la soberanía de Dios cumple Sus propósitos mediante la oración. Nadie puede estudiar la oración sin estudiar ese versículo. Pablo dice: mi esperanza es que yo os seré concedido a ustedes y que el medio de que yo sea concedido a ustedes es mediante sus oraciones.

Como he dicho en años pasados, las oraciones mueven a Dios. Las oraciones son los nervios que mueven los músculos de la omnipotencia. La oración no es nada más que un ejercicio en futilidad, porque Dios va a hacer lo que Él quiera. La oración es el medio mediante el cual Dios hace lo que Él va a hacer. La oración eficaz del justo puede mucho, como nos dice Santiago 5. Pablo es muy consciente de la obra providencial de Dios. Él se refirió a esto ahí en el versículo 15, cuando él asumió que quizás Onésimo había huido para que pudiera regresar como un cristiano. Él supo que Dios estaba operando en todo esto. Y él dice, mi esperanza es que Dios me va a dejar venir a ti; y el medio de eso será mediante sus oraciones.

Y entonces, lo que él hace, es que no sólo le dice a Filemón voy para allá, sino que le dice a Filemón, de hecho, “comienza a orar por mi llegada”. Y le voy a decir que, si él sabe que viene y él estaba orando por la llegada de Pablo, esto va a afectar la manera en la que él actúa hacia Onésimo, con toda seguridad. Porque si él no ha perdonado de manera completa a Onésimo, él no va a orar de esta manera: “Oh, Señor, Dios, por favor trae pronto al apóstol Pablo.” De ninguna manera, si él no ha perdonado a Onésimo.

Entonces, Pablo literalmente lo coloca en una esquina. Yo vengo y estoy esperando que lo que me liberará son tus oraciones. Esa es una carga pesada. Ahora, Filemón está pensando: “sino oro, no sale de la prisión. No quiero ser responsable por que él esté en la prisión. Tengo que orar por su liberación. Estoy orando por su liberación. Y sé dónde va a estar su primera escala: aquí. Tengo que perdonarlo.” Eso es responsabilidad espiritual. Usted debe ser responsable a aquellos que están sobre usted en el Señor, quienes tienen un derecho conforme ellos son los que velan por sus almas y son los que tienen el derecho de conocer la calidad de su vida.

Esa es la razón por la que hablamos de disciplina en la Iglesia. Cuando hablamos de pastorear a las ovejas, estamos hablando de asegurarse de que las ovejas sean obedientes, asegurándose de que estén haciendo lo que el pastor, el gran pastor de sus almas quiere que hagan. Usted es responsable a esos líderes espirituales que están sobre usted que tienen el derecho, conforme velan por sus almas, de hacer que usted sea responsable por el perdón.

Hay un quinto motivo, no sólo el hecho de que debo más de lo que puedo pagar y que puedo bendecir a los santos y soy llamado a obedecer al Señor y soy responsable a mis líderes espirituales, pero, en quinto lugar, otro motivo para perdonar es el reconocimiento de que no estoy solo, sino que soy parte de una comunión. No estoy sólo, soy parte de una comunión.

Versículos 23 y 24. Afirmación maravillosa que Pablo hace aquí. De nuevo, tiene la pluma en su mano y él escribe: “Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús, Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.” Él identifica a Epafras como un compañero de prisiones. Él identifica a Marcos, Aristarco, Demas y Lucas como colaboradores. Cinco hombres. Cinco hombres preciados para Pablo. Cinco hombres preciados para Filemón. Cinco hombres que conoce Filemón. Cinco hombres que conocen a Filemón.

¿Qué está diciendo él? Él está diciendo: “tú no puedes actuar de manera independiente de la comunión. Tú no actúas solo. Si tú no perdonas, tú facturarás el vínculo de amor que existe entre estos hombres y tú. Tú violarás las expectativas que ellos tienen de ti. Tú vas a darles un mal ejemplo. Tú no puedes hacer simplemente lo que querías hacer como si tu existieras sólo. Tú no sólo tienes un nivel de responsabilidad al que es tu líder espiritual, sino que tienes un nivel de responsabilidad de establecer el estándar para aquellos que son sus amigos espirituales. Cinco hombres. Te mandan saludos, Filemón. Tienen expectativas elevadas de ti.”

Estos hombres también son mencionados en Colosenses 4. Observe Colosenses 4 porque los versículos hay en Colosenses 4 nos van a ayudar a entender algo de esto cinco hombres. Obviamente, Tíquico, quien llevó la carta a la Iglesia colosense podía mandar sus propios saludos. Él habría sido conocido por Filemón, lo más probable. Pero después, la lista comienza con Epafras en Filemón. Epafras es mencionado en Colosenses 4:12: “Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere. Porque de él doy testimonio de que tiene gran solicitud por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que están en Hierápolis.”

Epafras, llamado primero, probablemente fue convertido bajo Pablo. Probablemente, él es el fundador de la Iglesia colosense. Y las otras dos iglesias en el valle del Lico, hubo tres en total, esto es Laodicea y Hierápolis. Probablemente, Epafras había fundado esas tres Iglesias. Él mismo era de Colosas, ciertamente bien conocido por Filemón. Él, siendo descrito aquí como uno de vosotros, todavía estaba asociado, claro, con la Iglesia que se reunía en la casa de Filemón. Él es un esclavo, un siervo de Jesucristo, lo cual habla de su compromiso profundo con el servicio. Él es un hombre de oración, rogando encarecidamente por la perfección de los santos para que estén completamente seguros de que están en la voluntad de Dios, él tiene una preocupación profunda, pastoral por la Iglesia colosense, por la Iglesia de Laodicea, la Iglesia en Hierápolis. Este es un hombre maravilloso, piadoso e impresionante.

En el capítulo 1 de Colosenses, en los versículos 7 y 8, él es llamado “nuestro amado colaborador, quien es un siervo fiel de Cristo por nosotros y nos ha informado de vuestro amor en el Espíritu.” Epafras es un cristiano noble. Él es el mejor, piadoso, comprometido. Oraba, servía. Y después, en Filemón, él es llamado “mi compañero de prisiones por Cristo Jesús”. Ahora, no sabemos si esto significa que él también se había convertido en un prisionero de Roma o si él simplemente se había identificado con el encarcelamiento de Pablo hasta el punto en el que él se encarceló de manera personal y estuvo al lado de Pablo en sus cadenas. O él era un cautivo, o él era un prisionero voluntario por causa de Pablo.

El segundo nombre en la lista es el nombre de Marcos. Él es mencionado en Colosenses 4:10 como el sobrino de Bernabé. Y a la Iglesia colosense se le dice que, si viene, que lo deben recibir. Deben darle la bienvenida. Aquí descubrimos que él es el sobrino de Bernabé o primo de Bernabé, lo cual podría explicar algo del conflicto en Hechos 15. Recordará que cuando Pablo y Bernabé estaban viajando, Juan, Marcos había venido, nada más que era débil y a él no le gustaban las dificultades. Él quería salirse y entonces Pablo dijo: “Suficiente con él. Deshagámonos de él. Si él no es lo suficientemente fuerte para el asunto, vamos a deshacernos de él.” Bernabé lo defendió y recordará que se separaron Pablo y Bernabé.

Esto explica quizás porque Bernabé estaba tan apegado a Marcos. Eran primos. Marcos, por cierto, había mejorado mucho para este entonces. Mediante esa disciplina fuerte por parte de Pablo, él aprendió una gran lección, probablemente bajo la influencia fuerte de Pedro. Primera de Pedro 5:13 podría indicar eso. Y después, bajo la tutela de Bernabé mismo, Marcos había cerrado el circulo hasta llegar a la fortaleza espiritual. Marcos se convirtió en un hombre tan maravilloso que en 2 Timoteo 4:11, cuando Pablo estaba al final de su vida y escribió a Timoteo, él le dijo: “envíame a Marcos, porque él es tan útil”. Entonces, aquí hay un hombre piadoso, Marcos.

El tercero mencionado en Filemón es Aristarco. Él también es mencionado en Colosenses 4:10. Aquí dice: “Aristarco, mi compañero de prisiones”. Él no es un llamado un compañero de prisiones en Filemón, sino un colaborador. Entonces, quizás, de nuevo, él fue un compañero de prisiones de manera voluntaria, no por la ley. Y simplemente, estuvo dispuesto a identificarse con el encarcelamiento de Pablo y asistir y ayudar a Pablo.

Aristarco estuvo asociado con la ciudad de Tesalónica según Hechos 20:14. Y él estuvo con Pablo en Éfeso durante su tercer viaje y su larga estancia de varios años ahí. Él inclusive fue capturado por los que estaban causando un escándalo en Éfeso, ahí en Hechos 19:29. Y él estuvo con Pablo en el viaje en Hechos 27. Aquí, él está con él, compartiendo este tiempo de encarcelamiento, quizás de manera voluntaria, colocándose en esclavitud o en encarcelamiento para servir a Pablo. Él es conocido y amado por Pablo. Y obviamente, conocido y amado por Filemón.

El siguiente nombre es ese nombre infame de Demas. Demas también es mencionado en Colosenses, capítulo 4, versículo 14. Simplemente su nombre, Demas. No conocemos mucho acerca de Demas. Lo único que sabemos es triste. Segunda de Timoteo 4:10, Pablo dice: “Demas me ha desamparado habiendo amado este mundo.” Triste. Juan dijo: “si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” Lo más probable que Demas fue un hipócrita. Pero aquí, él era parte de la comunión. Él estuvo involucrado en asistir, ayudar a Pablo, conocido por Filemón.

El nombre final en la lista de Filemón es Lucas. Colosenses 4:14 dice: “Lucas, el médico amado.” Así es como él es conocido. Un doctor cristiano gentil lleno de amor, el autor del tercer Evangelio. No es interesante que de estos cinco, dos de ellos escribieron Evangelios, Marcos y Lucas y estuvieron juntos con Pablo. Lucas fue el compañero frecuente de viajes de Pablo. Lucas escribió el libro de Hechos. Y usted lee a lo largo del libro de Hechos, capítulo 16, 20, 21, 27, 28 y el escritor dice: “nosotros, nosotros, nosotros, nosotros”. Y eso significa que Lucas está ahí con lo que está pasando. Él está presente para eso. Algo de eso le fue dado por el Espíritu Santo. Experiencias que él no tuvo, pero mucho de eso, lo vivió.

Él estuvo con Pablo en su segundo viaje en Troas y Filipos, según Hechos 20, versículo 6. Él fue con él a Jerusalén, estuvo en el viaje registrado en Hechos 27. Sólo él estuvo con Pablo en su encarcelamiento final, 2 Timoteo 4:11. Entonces, aquí están cinco personas bien conocidas y prominentes. Conocen a Filemón, están en comunión con él. Si él no perdona, él destruirá ese vínculo con estos hombres.

Como puede ver, usted no hace cosas de manera aislada. Si usted se amarga, usted fractura su comunión. El perdón entonces es algo obligatorio. Es algo obligatorio porque tengo deudas que no puedo pagar. Porque puedo bendecir a los santos si perdono. Porque soy llamado a obedecer y Dios dice que perdone. Porque soy responsable para con mis líderes espirituales y porque debo recordar que soy parte de una comunión es interrumpida por el pecado.

Finalmente, el perdón es motivado por el reconocimiento que debo estar capacitado por la gracia de Dios. Debo ser capacitado por la gracia de Dios. Versículo 25, “la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro Espíritu,” esas son las palabras finales de Pablo y él deja la pluma y lo que él está diciendo es: “Filemón, sólo quiero recordarte que para poder hacer esto, vas a tener que tener la gracia del Señor Jesucristo. No lo puedes hacer solo. La naturaleza humana no podría perdonar esta ofensa.

Esta bendición conocida realmente es una oración. Y no es muy general aquí, sino muy específica. Que la gracia divina le sea concedida a Filemón y a toda su familia y a la Iglesia en Colosas, a todos ustedes, para que puedan perdonar a Onésimo. Pablo está pidiendo lo que no es posible en la carne, porque la carne quiere venganza. Lo que no es posible por la ley, porque la ley quiere justicia. Pero lo que es posible por la gracia, la gracia del Señor Jesucristo operando con Su Espíritu, Su hombre interior. Esa es la misma gracia que permitió que Cristo perdonara. Pablo dice: “que tú tengas esa misma gracia para perdonar, la que le permitió a Cristo perdonar.”

Esos son los motivos. Usted debe perdonar. ¿Por qué? Usted tiene una deuda que nunca podría pagar. Usted puede bendecir a los santos. Usted puede obedecer a Dios. Usted puede cumplir su responsabilidad para con sus líderes espirituales. Usted puede mantener la comunión intacta. Y usted puede hacerlo en el poder de la gracia de Cristo, quien lo perdonó a usted.

Ese es el final del libro, ese no es el final de la historia. ¿Cómo terminó? Sin duda alguna, Filemón perdonó a Onésimo. Pablo fue liberado de ese encarcelamiento. Hizo muchos viajes. Viajó muchas veces. Seguramente, uno de ellos fue a Colosas Y a la casa de Filemón. Él fue al este, aunque originalmente él pensó que iría al oeste. Usted recordará que unos seis años antes de que él escribiera esta carta, él escribió Romanos y dijo: “voy a venir y después de que llegue ahí, voy a dejarlos y voy a ir al oeste, a España,” Romanos 15:22 al 24. En los años intermedios, sus planes habían cambiado.

Él estuvo en Roma, pero él decidió que no iba a ir a España, que no iba a ir a conquistar territorios nuevos. “Tengo que regresar y corregir algo en el territorio antiguo.” Cuando él salió de ese primer encarcelamiento, él no pudo ir al oeste, porque él tuvo que ir a corregir, a arreglar algunas de las iglesias, porque habían caído en pecado. Y uno de los lugares al que debió haber ido fue Colosas y una de las casas que él debió haber visitado, claro, porque allí era donde se reunía la Iglesia, fue la de Filemón. Y entonces, él debió haber sabido lo que pasó.

Los eruditos bíblicos le dicen que no es probable que este libro hubiera entrado al canon del Nuevo Testamento si Filemón no hubiera perdonado a Onésimo, porque habría dejado a Filemón para toda la historia humana como un hombre maravilloso, piadoso y virtuoso. Y si ése no hubiera sido el caso, entonces no habría sido el propósito del Espíritu de Dios el dejar este libro en el texto, para dar una impresión falsa acerca del hombre. Entonces, el hecho de que Dios incluyó esto en el canon significa también que Dios, de manera maravillosa, se movió para cumplir esto en la vida de Filemón y de Onésimo. La Iglesia entera debió haber sabido de la carta, digo, la Iglesia entera no sólo en Colosas, porque fue un libro inspirado que circuló por todos lados. Y fue una de las grandes historias de la época apostólica y podemos estar seguros de que habría habido algo en algún lugar para decir que nunca sucedió, si nunca hubiera sucedido. Pero permanece como un testimonio del perdón y debió haber habido respuesta a esto.

Y simplemente, como una nota a pie de página, la historia registra que poco tiempo después de esto, un hombre se convirtió en el pastor de la Iglesia en Éfeso y su nombre fue Onésimo. ¿Podría ser el mismo hombre? Si es así, ciertamente conocemos el poder maravilloso del perdón. El perdón es poderoso. Esa es parte de la razón por la que esa historia está aquí. El perdón impacta a la gente.

Permítanme actualizar la historia. Acabamos de celebrar el 50 aniversario del ataque japonés en contra de Pearl Harbor. El 7 de diciembre de 1941, a las 7:55 de la mañana en un domingo sin nubes, despejado, los japoneses atacaron Pearl Harbor. En dos horas, 2403 estadounidenses murieron, 1178 fueron heridos, 169 aviones de Estados Unidos fueron destruidos de manera total. Tres barcos enormes se hundieron y otros 18 fueron dañados.

Este ataque increíble fue encabezado por unos de los mejores pilotos japoneses, un piloto de 39 años de edad, el comandante Mitsuo Fuchida, cuyo héroe en su vida fue Adolfo Hitler. Mitsuo Fuchida guió a 183 aviones japoneses y los llevó al puerto de Honolulu y devastó a miles de hombres y a una nación entera y disparó, como usted sabe, la muerte masiva, masiva mediante la respuesta estadounidense atómica, así como también mediante armas convencionales. Mitsuo Fuchida, un hombre que usted puede leer una, y otra y otra vez en todo lo que usted lee acerca de la Segunda Guerra Mundial. Su avión fue dañado muchas veces conforme él entraba y salía de Pearl Harbor, pero sobrevivió.

Después de que se acabó la guerra, él fue inundado con las memorias de la muerte. Él decidió aislarse hasta cierto punto. Y entonces, se dedicó a ser un granjero cerca de Osaka. Le dio tiempo para pensar. Se enfocó más y más en el problema de la paz y decidió en el medio de su culpabilidad y preocupación por todo lo que había sido hecho en la guerra, decidió escribir un libro. Él determinó que el título del libro sería No Más Pearl Harbors. El instaría al mundo a entregarse a sí mismo a buscar la paz. Mitsuo Fuchida luchó en vano, no obstante, por encontrar un principio mediante el cual la paz funcionara. Durante años, él trató de encontrar el principio que le permitiera escribir el libro. No pudo encontrarlo. Él no pudo encontrar nada en las religiones de Japón, las filosofías del mundo.

Después, la historia de un giro dramático. Y la historia es así. El primer reporte vino de un amigo, un teniente que había sido capturado por los estadounidenses y encarcelado en un campamento para prisioneros de guerra en Estados Unidos. Fuchida vio su nombre en un periódico en una lista de prisioneros de guerra que estaban regresando a Japón. Él determinó visitarlo. Cuando se reunieron, hablaron de muchas cosas. Después, Mitsuo Fuchida hizo la pregunta que más le preocupaba: “¿cómo es que los estadounidenses te trataron en el campamento de prisioneros de guerra?” Su amigo respondió que fueron tratados bien.

Después, él le contó a Mitsuo Fuchida una historia de la cual él dijo que le hizo una impresión impresionante en él y en todo prisionero en el campamento estadounidense. “Algo sucedió en el campamento en el que yo estuve,” dijo él, “lo cual hizo posible para aquellos de nosotros que estuvimos presentes en ese campamento el dejar todo nuestro resentimiento y odio y regresar con un espíritu perdonador y un sentimiento de alivio.” Fuchida preguntó qué fue eso. El que había sido un prisionero le dijo: “hubo una joven niña estadounidense llamada Margaret ‘Peggy’ Covell,” y que ellos pensaban que tenía unos 20 años de edad, “quien venía al campamento de manera regular haciendo todo lo que podía hacer por los prisioneros. Ella les traía cosas que podían disfrutar como revistas y periódicos. Ella cuidaba de sus enfermos y ella constantemente se ponía a disposición de ellos para ayudar como pudiera. No obstante, ellos fueron sacudidos cuando le preguntaron a ella por qué estaba tan preocupada por ayudar a estos prisioneros japoneses. Ella respondió: “porque mis padres fueron matados por el ejército japonés.”

Una declaración así podría conmover a una persona de cualquier cultura, pero era incomprensible para los japoneses. En su sociedad, ninguna ofensa podía ser mayor que el homicidio de los padres de uno. Peggy trató de explicar los motivos que ella tenía. Ella dijo que sus padres habían sido misioneros. Cuando los japoneses invadieron las islas, las Filipinas, sus padres escaparon a las montañas de North Luzon para encontrar seguridad. No obstante, poco después fueron descubiertos. Los japoneses los acusaron de ser espías y les dijeron que serían matados. De manera apasionada, negaron que eran espías, pero los japoneses no quedaron convencidos y fueron ejecutados.

Peggy no oyó del destino de sus padres hasta el final de la guerra. Al principio, ella estaba enfurecida, llena de tristeza e indignación; los pensamientos de las últimas horas de la vida de sus padres la llenaron de mucha tristeza. Ella los veía atrapados, totalmente a merced de los que los capturaron, sin salida alguna. Ella vio la brutalidad cruel de los soldados, ella los vio enfrentando a sus ejecutores japoneses y cayendo sin vida al suelo ahí, en esa montaña filipina lejana.

Después, Peggy comenzó a considerar el amor abnegado que sus padres tuvieron hacia la gente japonesa. Gradualmente, ella se convenció de que ellos habían perdonado a la gente a quienes Dios los había llamado a amar y servir. Después, se le ocurrió que, si sus padres habían muerto sin amargura o rencor hacia sus ejecutores, ¿por qué es que debía ser diferente la actitud de ella? ¿Acaso ella debería estar llena de odio y sentimientos de venganza cuando ellos habían estado llenos de amor y perdón? Por lo tanto, Peggy escogió el camino del perdón y el amor. Ella decidió ministrar a los prisioneros japoneses en el campamento de prisioneros de guerra como prueba de la sinceridad que ella tenía. Fuchida fue tocado por la historia, pero quedó especialmente impresionado por la posibilidad de que eso era exactamente lo que él había estado buscando, un principio que fuera la base suficiente para la paz. El principio era un amor perdonador. ¿Acaso ese podría ser el principio sobre el cual el mensaje del libro que él había proyectado, No Más Pearl Harbors, pudiera basarse?

Poco tiempo después de esto, Fuchida fue llamado por el general Douglas MacArthur a Tokio. Conforme él bajo del tren en la estación Shibuya, se le entregó un panfleto titulado: “Fui un prisionero de Japón.” Hablaba de un sargento estadounidense, Jacob DeShazer quien había pasado 40 meses en una celda, en una cárcel japonesa y que después de la guerra había regresado a Japón a amar y a servir a la gente japonesa al ayudarles a conocer a Jesucristo.

Para resumir la historia, Jacob DeShazer contó cómo él había ido un bombardero en uno de los 16 aviones B25 del ejército bajo el general Jimmy Doolittle, que salió el día 18 de abril del año 1942 desde la cubierta del portaaviones USS Hornet para bombardear Tokio. Ninguno de los aviones fue derribado, pero se les acabó el combustible. DeShazer fue capturado y encarcelado durante 40 meses, la duración de la guerra. DeShazer señaló que todos los prisioneros fueron tratados de mala manera. Él dijo que, en un punto, él casi se volvió loco debido al odio violento que tenían los guardias japoneses.

Después, un día un guardia les trajo una Biblia. Estaban en confinamiento solitario y entonces, tomaban turnos para leerla. Cuando fue el turno de DeShazer, él la tuvo por tres semanas. Él la leyó intensa y apasionadamente, el Antiguo y el Nuevo Testamento. Finalmente, él escribe, el milagro de la conversión se llevó a cabo el 8 de junio de 1944. DeShazer fue convertido. Él determinó que si vivía hasta que la guerra terminara y si él fuera liberado, él regresaría a Estados Unidos, estudiaría la Biblia durante un período de tiempo, regresaría a Japón para compartir el mensaje de Cristo con la gente japonesa. Y eso es exactamente lo que él hizo. Grandes multitudes vinieron a oírlo. Muchos respondieron y fueron salvos.

Aquí estuvo una segunda persona que perdonó a los japoneses y vino en perdón a mostrarles el amor de Cristo. Fuchida quedó profundamente impresionado. Él consiguió un Nuevo Testamento. Él comenzó a leer el Nuevo Testamento y en septiembre de 1949, ocho años después de Pearl Harbor, él estaba leyendo Lucas 23 y él oyó a Jesús decir esto: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Y él dobló su rodilla y recibió Jesucristo como Señor y Salvador.

Mitsuo Fuchida, admirador devoto de Adolfo Hitler se convirtió en cristiano. Él escribió su libro, usted lo puede ver hoy en la librería. El título es: “De Pearl Harbor al Gólgota.” A usted también le podría interesar saber que Fuchida está ahora en el cielo. Pero antes de que se fuera, él habló en Grace Community Church. El poder del perdón para afectar el mundo. El Espíritu Santo lo supo, Dios lo supo, Pablo lo supo, Filemón necesitaba saberlo y esa es la razón por la que este libro está aquí. Y esa es la razón, por la que esta lección le es enseñada a usted. Oremos.

Gracias, Padre, por el gran gozo que nos das mediante Tu Palabra, por el gran recordatorio de la virtud del perdón. Que seamos fieles en perdonar para que podamos disfrutar de bendición, comunión y para que podamos tener un testimonio poderoso hacia el mundo que nos ve. Que el mundo que nos ve, vea a un grupo de personas perdonadoras, así como Tú nos has perdonado, que seamos como Tú y Te manifestemos a aquellos que ven al perdonar a otros. Todo para la gloria de Cristo lo pedimos. Amén.

 

 

 

 

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros.

 

Volver arriba