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El primer paso crucial



            La voluntad de Dios ya no es un problema para mí, y tampoco necesita serlo para usted. Empecemos por el principio y veamos lo que Dios tiene para revelarnos por medio de su Palabra.

             El apóstol Pedro nos presentó el concepto de la voluntad de Dios. A lo largo de su segunda epístola, Pedro nos advierte de falsos profetas, a quienes llama “fuentes sin agua” y “perros que se vuelven a su propio vómito”. Pedro dice que es característico que estas “fuentes” (que parecerían ser fuentes de agua vivificadora pero no lo son) o estos “perros” (que regresan y lamen el vómito del los pecados que dejaron anteriormente) nieguen dos cosas. Primero, un falso maestro o apóstata niega la deidad de Jesucristo, niega “al soberano Señor que los compró” (2 Ped. 2:1). Lo segundo que niega un apóstata es la segunda venida de Cristo (2 Ped. 3:1-10). De manera burlona, dice: “Dónde está la promesa de su venida? Todos ustedes, fanáticos, van por ahí diciendo que Jesús viene. ¿Dónde está? No lo veo”. Él razona en base a esto: “Desde el día en que nuestros padres durmieron todas las cosas siguen igual, así como desde el principio de la creación” (2 Ped. 3:4). Dice él: “Nada jamás cambiará, nunca lo ha hecho. Jamás moriré. Nunca lo hice. Es imposible que me dé cáncer. Nunca antes me dio”.

            Pedro dijo: “Se han olvidado del diluvio. Las cosas no han continuado como antes”. ¡Y no van a continuar como antes! Dios va a intervenir con un gran juicio ardiente (2 Ped. 3:10). “El Señor no tarda su promesa” (2 Ped. 3:9). En otras palabras, sólo porque no vemos a Dios invadiendo al mundo con juicio, ¡no quiere decir que no puede hacerlo! No significa que él no cumplirá su promesa. Su demora no significa que es débil o infiel, sino que es paciente, “no quiere que nadie se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Ped. 3:9).

            Esto es lo primero acerca de la voluntad de Dios, él quiere que la gente sea salva. Lo desea tanto que demora su juicio. Pablo dijo: “Esto es bueno y aceptable delante de Dios nuestro Salvador, quien quiere que todos los hombres sean salvos y que lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim. 2:3-4).

            Es la voluntad de Dios que la gente sea salva. Si usted está deambulando por la vida y lanzando de vez en cuando unas oraciones a Dios pero nunca se ha puesto de rodillas a los pies de la cruz y encontrado a Jesús, entonces ni siquiera está al principio de la voluntad de Dios. Dios no tiene motivo para revelarle nada en particular acerca de su vida porque no ha reunido el requisito número uno: Salvación.

 


 Extraído del libro, La voluntad de Dios escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano.



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