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Génesis 1 y la autoridad bíblica



La Escritura habla siempre con autoridad absoluta. Es tan autoritativa cuando nos instruye como cuando nos manda. Es tan cierta cuando nos dice del futuro como cuando recuerda el pasado. Aunque no sea un libro sobre la ciencia, dondequiera que cruza con datos científicos, habla con la misma autoridad como cuando nos da preceptos morales. Aunque muchos han intentado poner la ciencia en contra de la Escritura, la ciencia no ha podido desaprobar ni una jota ni una tilde de la Biblia—y nunca lo logrará.

Entonces es un error serio imaginar que los científicos modernos puedan hablar con mayor autoridad que la Escritura sobre el tema de orígenes. La Escritura es el testigo propio de Dios sobre lo que sucedió en el principio. Cuando se trata del origen del universo, la ciencia no puede ofrecer ninguna conjetura. La ciencia no ha probado nada que negase el registro de Génesis. De hecho, el registro de Génesis responde a los misterios de la ciencia.

El patrón claro para interpretar el libro de Génesis nos es dado en el Nuevo Testamento. Si el lenguaje del principio de Génesis era de interpretarse figurativamente, podemos esperar que el libro de Génesis sea interpretado figurativamente en el Nuevo Testamento. Después de todo, el Nuevo Testamento mismo es inspirado por la Escritura, entonces es el propio comentario del Creador sobre el registro de Génesis.

¿Qué es lo que encontramos en el Nuevo Testamento? En cada referencia a Génesis que se encuentra en el Nuevo Testamento, los eventos registrados por Moisés son tratados como eventos históricos. Y en particular, los primeros tres capítulos de Génesis son consistentemente tratados como un registro literal de eventos históricos. El Nuevo Testamento afirma, por ejemplo, la creación de Adán a la imagen de Dios (Stg. 3:9).
Pablo escribió a Timoteo—Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión (1 Tim. 2:13-14). En 1 Corintios 11:8-9, él escribe—Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.

La presentación de Pablo sobre la doctrina del pecado original en Romanos 5:12-20 depende sobre el Adán histórico y de una interpretación literal del registro en Génesis de cómo él cayó.

Además, todo lo que Pablo dijo sobre la doctrina de la justificación por fe depende sobre eso—Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados (1 Cor. 15:22). Claramente Pablo consideró ambos la creación y la caída de Adán como historia, no como alegoría. Jesús mismo se refirió a la creación de Adán y Eva como un evento histórico (Marcos 10:6). El dudar la historicidad de estos eventos es debilitar la misma esencia de la doctrina cristiana.

Además, si la Escritura misma trata la creación y caída de Adán como eventos históricos, no hay autoridad para tratar el resto del registro de la creación como alegoría o un recurso literario. Estos eventos no son tratados como simbólicos en ningún lugar de la Escritura.
De hecho, cuando el Nuevo Testamento se refiere a la creación (e.g., Marcos 13:19; Juan 1:3; Hechos 4:24; 14:15; 2 Corintios 4:6; Colosenses 1:16; Hebreos 1:2, 10; Apococalipsis 4:11; 10:6; 14:7) siempre se refiere a un evento pasado y completo—una obra inmediata de Dios, no un proceso aún siendo producido por la evolución. La prometida nueva creación, un tema recurrente en ambos el Antiguo y Nuevo Testamento, es descrito como una creación inmediatamente que es mandada—no un proceso que dura siglos (Isa. 65:17). De hecho, el modelo para la nueva creación es la creación original (cf. Rom. 8:21; Apoc. 21:1, 5).

Hebreos 11:3 aún dice que el creer en la creación por mandato divino, es la mera esencia de la fe misma—Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía -. La creación ex nihilo es la enseñanza clara y consistente de la Biblia.


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