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El alto llamado de Dios para la Mujer



Gracia a Vosotros: Desatando la Verdad de Dios, Un Versículo a la Vez

 

El alto llamado de Dios para la Mujer

Código: A168

Categoría: Artículos

 

Aunque tradicionalmente las mujeres han cumplido papeles de apoyo al servir a la iglesia y han encontrado su mayor gozo y sentido de logro al ser esposas y madres, el movimiento feminista ha influenciado con éxito a muchas mujeres para que abandonen estos roles.

Desafortunadamente, este movimiento se ha infiltrado aún en la iglesia, creando caos y confusión con respecto al papel de las mujeres tanto en el ministerio como en el hogar. Sólo en la Escritura puede encontrarse el diseño de Dios establecido para las mujeres.

El Antiguo Testamento y las mujeres

En la descripción de la creación de Génesis 1, la primera palabra de Dios acerca del tema de los hombres y las mujeres es que fueron creados igualmente a la imagen de Dios (v. 27). Ninguno de los dos recibió más de la imagen de Dios que el otro. Entonces, la Biblia comienza con la igualdad de los sexos. Como personas, como seres espirituales delante de Dios, los hombres y las mujeres son absolutamente iguales.

En Génesis 2, hay una descripción más detallada de la creación de los dos seres humanos en igualdad que revela diferencias en sus funciones y responsabilidades dadas por Dios. Dios no creó al hombre y a la mujer al mismo tiempo, sino que creó a Adán primero y más tarde a Eva con el propósito específico de ser la ayudante de Adán. Eva era igual a Adán, pero a ella se le dio el papel y el deber de someterse a él. Aunque la palabra “ayuda” lleva connotaciones muy positivas -siendo usada de Dios Mismo como la ayuda de Israel (Dt. 33:7; Sal. 33:20)- aún describe a alguien en una relación de servicio a otro. La responsabilidad de las esposas de someterse a sus maridos, entonces, era parte del plan desde la creación, aún antes de la maldición. Los primeros libros de la Biblia establecen tanto la igualdad de los hombres y las mujeres como el papel de apoyo de la esposa (vea Éx. 21:15, 17, 28-31; Núm. 5:19-20, 29; 6:2; 30:1-16).

A lo largo del Antiguo Testamento, las mujeres estaban activas en la vida religiosa de Israel, pero generalmente no eran líderes. Mujeres como Débora (Jueces 4) fueron claramente la excepción y no la regla. No hubo mujer con un ministerio profético continuo. Ninguna mujer fue sacerdote. Ninguna reina jamás gobernó a Israel. Ninguna mujer escribió un libro del Antiguo Testamento (o del Nuevo Testamento). Isaías 3:12 indica que Dios permitió que mujeres gobernaran como parte de Su juicio a la nación pecadora.

Jesús y las Mujeres

En medio de las culturas griega, romana, y judía que veían a las mujeres casi al nivel de  posesiones, Jesús mostró amor y respeto por las mismas. Aunque los rabinos judíos no enseñaban a mujeres y el Talmud judío decía que era mejor quemar el Torá que enseñárselo a una mujer, Jesús nunca tomó la posición de que las mujeres, por su misma naturaleza, no podían entender verdad espiritual o teológica. Él no sólo las incluyó en Sus audiencias sino que también usó ilustraciones e imágenes que les serían familiares (Mat. 13:33; 22:1-2; 24:41; Lucas 15:8-10); y específicamente aplicó Su enseñanza a ellas (Mt. 10:34 en adelante). A la mujer samaritana en el pozo (Juan 4), le reveló que Él era el Mesías y discutió con ella temas tales como la vida eterna y la naturaleza de la verdadera adoración. Él también le enseñó a María y, cuando fue amonestado por Marta, señaló la prioridad de aprender verdad espiritual aún sobre responsabilidades “femeninas” tales como servir a invitados en el hogar propio (Lucas 10:38).

Aunque los hombres en los días de Jesús normalmente no le permitían a las mujeres contar  cambio en sus manos por temor de contacto físico, Jesús tocó a mujeres para sanarlas y permitió a mujeres que lo tocaran a Él (Lucas 13:10 en adelante; Marcos 5:25 en adelante). Jesús llegó a permitirle a un pequeño grupo de mujeres que viajara con Él y Sus discípulos

(Lucas 8:1-3), un suceso sin precedentes en ese entonces. Después de Su resurrección, Jesús apareció primero a María Magdalena; y la envió a anunciar Su resurrección a los discípulos (Juan 20:1-18), a pesar del hecho de que a las mujeres no se les permitía ser testigos en las cortes judías porque eran consideradas mentirosas.

En el trato de Jesús a las mujeres, Él elevó su posición en la vida y les mostró compasión y respeto de una manera que ellas nunca habían conocido. Esto demostró su igualdad. No obstante, al mismo tiempo, Jesús no exaltó a las mujeres a un lugar de liderazgo por encima de los hombres.

Las Epístolas y las Mujeres

En las Epístolas, los mismos dos principios de igualdad y sumisión para las mujeres existen hombro a hombro. Gálatas 3:28 apunta a la igualdad, indicando que el camino de la salvación es el mismo tanto para hombres como para mujeres; y que ellas son miembros que están al mismo nivel que los hombres en el cuerpo de Cristo. No obstante, no borra todas las diferencias en las responsabilidades de los hombres y las mujeres, ya que este pasaje no cubre cada aspecto del diseño de Dios para el hombre y la mujer. Además, hay muchos otros pasajes que hacen distinciones entre lo que Dios desea de los hombres y lo que desea de las mujeres, especialmente dentro de la familia y dentro de la iglesia.

La Familia

Mientras que el matrimonio cristiano debe incluir amor mutuo y sumisión entre dos creyentes (Ef. 5:21), cuatro pasajes del Nuevo Testamento dan claramente a las esposas la responsabilidad de someterse a sus maridos (Ef. 5:22; Col. 3:18; Tito 2:5; 1 Pedro 3:1). Esta sumisión voluntaria de uno igual a otro es una expresión de amor a Dios y un deseo por seguir Su diseño tal como está revelado en Su Palabra. Nunca es descrito como degradante ni de ninguna manera disminuye la igualdad de la esposa. En lugar de esto, el marido es llamado a amar a su mujer sacrificialmente así como Cristo amó a la iglesia (Ef. 5:25); y servir como el líder en una relación de dos personas que son iguales.

Mientras que a los maridos y a los padres se les ha dado la responsabilidad primordial del liderazgo de sus hijos (Ef. 6:4; Col. 3:21; 1 Ti. 3:4-5), las esposas y las madres son instadas a ser “cuidadosas de su casa” (Tito 2:5), lo cual quiere decir administradoras de la misma. Su hogar y sus hijos deben ser su prioridad, en contraste al énfasis del mundo de hoy en las carreras y los trabajos de tiempo completo para las mujeres fuera del hogar.

La Iglesia

Desde el principio de la iglesia cristiana, las mujeres cumplieron un papel vital (Hechos 1:12-14; 9:36-42; 16:13-15; 17:1-4, 10-12; 18:1-2, 18, 24-28; Ro. 16; 1 Co. 16:19; 2 Ti. 1:5; 4:19), pero no era un papel de liderazgo. Todos los apóstoles fueron hombres; la principal actividad misionera fue llevada a cabo por hombres; la escritura del Nuevo Testamento fue el trabajo de hombres; y el liderazgo en las iglesias fue encomendado a hombres.

Aunque el apóstol Pablo respetaba a las mujeres y trabajaba hombro a hombro con ellas para el avance del Evangelio (Ro. 16; Fil. 4:3), él no estableció a ninguna mujer como anciano o pastor. En sus epístolas, él instó a que los hombres fueran los líderes en la iglesia y a que las mujeres no enseñaran o ejercieran autoridad sobre los hombres (1 Ti. 2:12). Por lo tanto, aunque espiritualmente las mujeres están al mismo nivel que los hombres y el ministerio de las mujeres es esencial para el cuerpo de Cristo, las mujeres están excluidas del liderazgo sobre los hombres en la iglesia.

Los hombres y las mujeres están al mismo nivel delante de Dios, ambos llevan la imagen de Dios mismo. No obstante, sin hacer uno inferior al otro, Dios llama tanto a los hombres como a las mujeres a cumplir los roles y responsabilidades específicamente diseñados para ellos, un modelo que puede ser visto aún en la Trinidad (1 Co. 11:3). Al cumplir los papeles divinamente dados y enseñados en el Nuevo Testamento, las mujeres son capaces de alcanzar su potencial pleno porque están siguiendo el plan de su propio Creador y Diseñador. Sólo en obediencia a Él y Su diseño podrán las mujeres ser verdaderamente capaces, en el sentido más amplio, de dar gloria a Dios.

Adaptado del distintivo de los ancianos de la Iglesia de Grace Community Church sobre "El papel de la mujer."

 

 

 

Disponible sobre el Internet en: https://www.gracia.org 
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