Sermones

La armadura del creyente, 5ª Parte: El yelmo de la salvación, 1ª Parte

Por John MacArthur
Código de producto: 1959
Scripture: Efesios 6:17
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De nuevo en esta mañana, tenemos el privilegio maravilloso de llegar a nuestro estudio de Efesios, capítulo 6. Como usted sabe, si ha estado en Grace Community Church ya por un tiempo, estamos comprometidos con un tipo de ministerio expositivo, explicando las verdades de la Palabra de Dios versículo a versículo.

Y de vez en cuando, llegamos a ciertos pasajes que tienen tanto peso, que tienen tanta verdad implícita, que realmente terminamos con un tipo de estudio teológico. Y nos volvemos un poco más temáticos en un sentido, porque entramos a mayor profundidad en uno u otro pensamiento. Y ése ha sido el caso al estudiar Efesios, capítulo 6. Aunque lo hemos tratado en un sentido como exposición fluyendo a lo largo del texto, no hemos podido avanzar mucho a lo largo del texto. Y hasta este punto, hemos explicado una parte de la armadura cada semana. Y créalo o no, esta mañana vamos a tomar una más y ni siquiera terminaremos con eso. Vamos a tener que guardar lo que quede para la próxima vez.

Pero hemos estado disfrutando de un tiempo tremendo al explicar este libro de Efesios y específicamente la armadura del creyente en este estudio. Y quiero que, para prepararnos en esta mañana, leamos los versículos 13 al 17 de Efesios 6. “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del Evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.”

Ahora, en ese pasaje tan tremendo, Pablo nos presenta los recursos para ganar la victoria en la vida cristiana. Por lo menos en cuanto a la batalla con Satanás y sus demonios. Ahora, hemos estado estudiando esto durante varias semanas y quiero de manera breve, presentarlo porque lo hemos presentado tantas veces; y después, continuar. Pero estaba pensando esta semana cómo puede parecerle extraño, a algunos de ustedes que han estado estudiando esto con nosotros, que en una epístola como Efesios, la cual nos da el desarrollo más grande de los privilegios del creyente, cómo también tendríamos este asunto tan tremendo del conflicto cristiano.

En una epístola en donde francamente durante cinco capítulos estamos tratando con las glorias grandiosas de los lugares celestiales, de pronto terminamos tratando con el infierno en el capítulo 6. En el capítulo 3, en cierta manera nos gloriamos del testimonio de los ángeles. Y en el capítulo seis entramos a los demonios. En el capítulo 1, estábamos viendo la majestad tremenda y el poder de Dios conforme Él desplegaba Su plan eterno. Y en el capítulo 6, enfrentamos lo horrendo de la monstruosidad de Satanás.

Y entonces, es un libro de contrastes definitivos. Comienza en los lugares celestiales y termina hablando del infierno. Comienza con los ángeles y termina con los demonios. Comienza con Dios y llega a un clímax en resultados antagonistas que son traídos por parte de Satanás en contra de la obra de Dios. Comienza con el privilegio elevado y alto, inestimable; y termina con un conflicto en contra del pecado que busca quitar los privilegios.

Entonces, es un libro de contrastes. Contraste definitivo. Y me imagino que podríamos volver a decir que entre mayor es el privilegio, mayor es el conflicto. Entre mayor es la realidad de que pertenecemos al Reino de Dios, más obvio va a ser el ataque de Satanás conforme trata de derrocar a Cristo. Los privilegios espirituales siempre llevan a conflicto con el enemigo. Y hemos visto eso.

Y entonces, después de haber dicho todo lo que Pablo ha dicho acerca de la posición del creyente y la práctica del creyente, después de exaltar toda la bendición de ser bendecido con toda bendición espiritual, después de darnos todos los recursos y todas las funciones de un creyente a lo largo de la epístola hasta el final del capítulo 5 y al entrar al capítulo 6, él ahora dice: prepárense para un conflicto, porque no va a ser fácil. Van a ser resistidos, van a ser tentados, van a ser atacados, van a dar estorbados en todo ángulo posible en donde Satanás pueda tener éxito.

Ahora, también recuerde esto: que la Biblia presenta el conflicto de la vida del cristiano en tres dimensiones. En Gálatas, capítulo 5, por ejemplo, hay un conflicto visto en la vida de un creciente entre la carne y el espíritu. En Juan, capítulo 15, hay un conflicto visto en la vida de un creyente entre el cristiano y el mundo. Y realmente, Pablo no se está concentrando aquí ni en el mundo, ni en la carne. Sino que se está concentrando aquí en el conflicto entre el creyente y las huestes demoníacas mismas.

Ahora, realmente no puede separarlas de las otras, porque operan a través del mundo y la carne. Pero él se concentra en la médula del asunto aquí. ¿Cómo es que un creyente vive su vida en victoria con la cantidad tremenda de oposición que va a enfrentar de lo que el versículo 11 llama las estrategias del diablo y lo que el versículo 12 llama los principados, potestades, los gobernadores de las tinieblas de este siglo y huestes espirituales de maldad en los lugares celestiales? ¿Cómo puede realmente ganar la victoria en esta guerra tan sofisticada?

Bueno, si regresa un poco, permítame darle algunos elementos básicos. De regreso en el capítulo 3, versículo 20, encontramos una gran verdad. Éste es el resumen de los primeros tres capítulos. Debido a todo lo que Cristo ha hecho por nosotros, debido a todo lo que realmente involucra estar en Cristo, Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos según el poder que actúa en nosotros, este es el resumen de la posición del creyente. Tenemos el poder. Tenemos el recurso necesario. Por tanto, capítulo 4, versículo 1: “debido a que el poder está ahí para glorificar a Dios, debido a que el poder está ahí, debemos andar de una manera digna.” En otras palabras, tenemos el recurso y debemos caminar de una manera digna.

La clave de esto, capítulo 5, versículo 18. ¿Cómo es que usted aprovecha el poder para andar de manera digna? “No os embriaguéis con vino en lo cual hay asōtia, sino sed llenos del Espíritu.” Tenemos el recurso, lo cual nos hace responsables de andar de la manera correcta, aprovechamos, echamos manos del recurso mediante la llenura del Espíritu. “Pero recibiréis poder cuando el Espíritu haya venido sobre vosotros, dijo nuestro Señor, y cuando echamos manos de ese poder, seremos victoriosos.

Ahora, cuando usted llega al capítulo 6 realmente no hay nada que temer, ¿verdad? ¿Se da cuenta? El poder está ahí, por lo tanto, el mandato está ahí y el recurso para echar mano de ese poder en el Espíritu de Dios residente en la vida de todo creyente. Y entonces, podemos entrar a la armadura y entrar a la guerra con un sentido de logro y victoria.

Pero eso no significa que la batalla será fácil, ¿verdad? Digo, luchamos. La batalla y sigue y sigue y es incansable. Y algunos de nosotros estamos ganando y algunos de nosotros estamos perdiendo. Y quizás, algunos de ustedes están en cierto modo adormecidos en este momento, no están ni ganando y perdiendo. Pero así va a ser mientras usted viva en este mundo. La batalla va a seguir y seguir. Y creo que conforme usted crece en Cristo, conforme usted se alimenta de la Palabra y conforme usted madura, lo que sucede es que comienza a ganar más de lo que pierde y después, el porcentaje de victorias se vuelve más y más alto. Pero toda persona experimenta las victorias y toda persona experimenta las derrotas en la batalla.

Esta semana, recibí una carta de un radio oyente de nuestro programa en Boston. Y entonces, estoy seguro que cuando él la escribió, no sabía que sería una ilustración perfecta para mí sermón, pero lo es. Esto es lo que dijo: “Querido John MacArthur, su ministerio ha sido de importancia para mí. Y quiero tomar esta oportunidad para agradecerle personalmente, como también para expresarle mi deseo de apoyarlo de manera económica. Que Dios continúe bendiciendo y multiplicando su crecimiento espiritual y alcance en todos lados, incluyendo aquí en Boston, el área de Boston en donde escuchamos en W.E.Z.E. Soy un joven de 23 años y llegué a Jesucristo la edad de los 19. En ese entonces, había crecido en la Palabra y yo había sido aplastado y me había estancado. Había sido convencido por un legalista neurótico que estaba poseído por demonios. Había sido arrestado por manejar bajo la influencia del alcohol. Había embarazado a una amiga. Y finalmente, comencé a recuperar mis sentidos espirituales.” Yo diría, al margen, que él ha estado en la batalla.

“Todo ha estado bien, como puede ver.” Después, él procede al siguiente párrafo. Me gusta esta parte. “Por favor, envíeme algo de municiones. Las líneas de la batalla están trazadas. Las trincheras están siendo escarbadas y no voy a ser uno de aquellos que van a estar avergonzados cuando el oficial comandante regrese. Cuando el registro se repase, quiero que se escriba que el soldado en cuestión, esto es yo, después de haber desobedecido repetidamente las órdenes y de haberse desviado durante la alerta de guerra, finalmente se puso su armadura, se reportó de regreso con el comandante, peleó valientemente y sin temor, sin cerrar un ojo, le pegó al enemigo con todo lo que pudo, dañó de manera severa las áreas estratégicas y con el comandante perdonándolo, amén.” Me gusta eso. Y luego, él dice en el final: “recuérdeme en sus oraciones, por favor.” Sinceramente, en paréntesis, con el pecado cubierto, C. T.”

Oiga, él ha estado en la batalla, ¿no es cierto? Ha estado en la batalla. Y también usted y también yo. Y ser victorioso en la batalla es. La cuestión de ponerse la armadura, ¿no es cierto? Regresemos a la armadura en el versículo 14 y siguientes; y veamos lo que el Espíritu de Dios quiere decirnos a nosotros hoy. Y como dije, comenzamos en un estudio expositivo, me acuerdo hace unos ocho años atrás cuando enseñé Efesios, hicimos la armadura en dos semanas. Y ahora nos está tomando de ocho a diez. Pero regresamos en las últimas semanas y vimos estas partes tremendas de la armadura; y nos encontramos abriendo un tesoro de verdad tan grande que nos quedamos con una a la vez. Y haremos eso inclusive para la quinta el día de hoy y la próxima semana.

Pero recuerde, en primer lugar, en el versículo 14, “estad pues irme, ceñidos vuestros lomos con la Verdad.” Y explicamos que lo que el apóstol Pablo está diciendo aquí no es tanto contenido, eso viene en la última parte de la armadura o la Palabra de Dios. No es tanto contenido como lo es la actitud. Y él está usando alētheia en el sentido de una actitud de veracidad o compromiso o ausencia de hipocresía. En otras palabras, está ciñendo sus lomos, la expresión antigua judía que significa expectativa, prontitud. Un soldado está listo para la batalla. Él ha hecho su compromiso, él se ha unido al ejército, él ha ceñido sus lomos. Y va a ser un ganador. Y vimos cuán importante es que, si vamos a ganar la victoria, hacer el compromiso con la victoria desde el principio.

En segundo lugar, vimos en el versículo 14 la coraza de justicia. Y dijimos que otra cosa que debe armar al cristiano es su propia pureza de vida. Justicia, santidad. Justicia práctica. Todos hemos recibido justicia imputada de Cristo. Esa es la base de nuestra propia justicia. Pero debemos mantener una vida pura. O Satanás nos va a atacar en las áreas vitales. Protegemos nuestras áreas vitales mediante la justicia. No sea cosa que Satanás adquiera una ventaja sobre nosotros.

Y después, en tercer lugar, vimos que debemos tener nuestros pies listos con la prontitud o la preparación del Evangelio de la paz. Y la idea aquí es que el Evangelio de la paz son las buenas noticias de que estamos en paz con Dios. Éramos enemigos, peleamos contra Dios. Y estábamos del otro lado. Pero el Evangelio es paz con Dios. “Por tanto, siendo justificados por la fe, tenemos paz con Dios.”

Y el calzado que nos permite estar firme contra Satanás simplemente están hechos del hecho de que Dios está de nuestro lado. Podemos resistir cualquier cosa con Su recurso disponible.

Y entonces, estamos de pie firmes con nuestros pies calzados, listos, preparados por el hecho de que Dios está de nuestro lado. Esto parece ser el tipo de armadura a largo plazo. En otras palabras, esto es lo que tienes puesto todo el tiempo.

Y después, cuando la batalla realmente arrecia, usted toma el resto. Y el verbo cambia en el versículo 16 a ‘tomando’. Y el versículo 17, ‘tomad el yelmo’. Un soldado tendría segura su coraza y tendría su calzado asegurado y tendría su cinto asegurado. Y cuando la batalla arreciaba, él tomaba su casco, se lo ponía y tomaba su espada y tomaba su escudo. Y entonces, estos son como algo así como preparación inmediata para cuando las flechas realmente comienzan a volar.

Y entonces, entramos al versículo 16 la última vez y explicamos encima de todo lo demás que tomamos el escudo de la fe “con el que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.” Hablamos de cómo Satanás quiere arrojar sus flechas de tentación. Y la única manera en la que podemos apagarlas es con la fe.

En otras palabras, cuando usted peca, usted ha creído la mentira del diablo, ¿verdad? Ha creído su mentira. Ha dejado que lo engañe. Pero mientras que usted crea en la Palabra de Dios, usted no le creerá a Satanás. Entonces, el escudo es la fe. Mientras que yo crea a Dios, Dios dice: “no hagas esto y serás bendecido.” Dios dice: “:haz lo que te digo y serás bendecido. Haz lo que te digo y serás feliz. Haz lo que te digo y todo va a estar bien. Haz lo que te digo y habrá satisfacción.” Pero Satanás viene y dice” “haz esto y te va a gustar. A Dios no le va a importar. Ah, Él no te va a disciplinar. Adelante, es divertido.” ¿A quién le cree? Si usted le cree a Satanás, usted peca. Si usted le cree a Dios, no peca. Es así de simple.

El escudo de la fe. Ahora, para esta mañana queremos entrar a la quinta parte de la armadura. Una verdad tremenda, tremenda en el versículo 17: “y tomad el yelmo de la salvación.” Eso es todo lo que dice. Sin embargo, ni siquiera pudo terminar de hablar de esto esta mañana. Vamos a tener que abordarlo hasta la próxima semana. Usted pregunta qué hay ahí en eso. El yelmo de la salvación, eso es fácil. Ser salvo. No, eso no. Hablemos de un yelmo o casco. Un soldado romano no entraba a la batalla sin un casco. Digo, sería necio. Un soldado romano sería muy cuidadoso en ponerse el casco.

Ahora, los cascos eran hecho básicamente de dos cosas: piel con algunas partes de metal, piezas de metal. O de otro modo, eran hechos de metal fundido; y usted los ve, dependiendo de en qué regimiento, en qué función y en qué período de tiempo usted estaba involucrado. Pero un casco era muy importante para proteger la cabeza. ¿De qué? Bueno, quizás de las flechas que estaban volando. Pero primordialmente, de lo que era conocido como una espada grande. No sólo estaba la machaira, la pequeña daga que él usa en el versículo 17, sino que estaban aquellos que estaban en medio de la batalla, que llevaban una espada grande, la cual era de más de 1 m de largo y tenía un asa bastante grande, la cual empuñaban con ambas manos para sostenerla como si fuera un bate de béisbol.

Y usted la levantaba sobre su cabeza, trataba de crear personalidades divididas básicamente, esa era la idea. Usted iba montado en un caballo e iba usándola. Y trataba de darle a algunos soldados que estaban a pie y demás. Y esta espada grande era un arma tremenda; y usted debería tener un casco para quitarse un golpe de una espada, créame, porque le daría un golpe mortal al cráneo. Me pareció interesante que estaba leyendo en el periódico que han descubierto un esqueleto en un lugar que tenía partido el cráneo, y suponen que fue hecho por algún tipo de espada grande que entró a su cráneo. Entonces, el casco era realmente muy necesario.

Ahora, el casco aquí es el casco de la salvación. Ahora, permítame decir que no se refiere a ser salvo. Él no está diciendo ‘ahora que está en el ejército y ahora que está peleando contra Satanás y ahora que tiene puesta la coraza de justicia y ahora que tiene los pies con el apresto del Evangelio de la paz y ahora que tiene el escudo de la fe, sálvese.’ No, no, no. Eso ya pasó. Digo, usted ni siquiera está en el ejército a menos de que usted sea creyente, ¿verdad? Si usted está perdiendo con Satanás tiene que estar del lado de Dios. Si no está con Él, está contra Él. Entonces, si usted está en la batalla contra Satanás, usted ya es salvo. Él no está hablando acerca de eso.

El casco de la salvación no es salvarse. Él no está diciendo: “por cierto, en quinto lugar, sálvese.” Oh, no. Usted se salvó en el capítulo 2, ¿verdad? “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe y esto no de vosotros pues es don de Dios. No por obras para que nadie se gloríe.” Usted ya es salvo; esto no es salvarse. Usted ni siquiera estaría en el ejército sino fuera un creyente. Satanás no estaría atacándolo a usted si usted no fuera un creyente. Él lo dejaría solo, ya lo tiene a usted. Usted estaría peleando contra Dios.

Y entonces, si está en el ejército y la guerra ya se está llevando acabo, usted ya es creyente. Eso ya se ha llevado a cabo. El yelmo de la salvación no está diciendo que usted necesita ser salvo. Usted entonces pregunta qué está diciendo entonces. Le voy a dar un poco de teología ahora, así que póngase cómodo, tome su pluma o lápiz y tome unas cuantas notas y veamos lo que podemos ver acerca de esto.

En primer lugar, ahora usted tiene que entender esto porque si no, no entenderá muchas cosas. La gente está confundida acerca de la seguridad eterna y siempre me pregunta: “¿crees que una vez que eres salvo, siempre eres salvo? ¿Qué hay acerca de mí tía Marta, que pasó tanto tiempo y después ‘fuizzz’, se fue? ¿Es ella o no?” Y todo esto. Y la gente se preocupa por esto. Y aún en sus propias vidas cometen algunos pecados, se sienten culpables. “Bueno, no sé si ya soy salvo.” Y las jóvenes, uno le pregunta si alguna vez han entregado su vida de Cristo y dicen “sí, 24 veces, repitiéndolo una y otra vez. Y simplemente, para estar segura, lo volví a hacer.” Y este tipo de manera de pensar.

¿Cómo es que realmente entendemos la seguridad del creyente? Bueno, en primer lugar, al entender el significado de la salvación. Y para esta mañana y la próxima vez, quiero que entienda esto claramente.

Ahora, permítame comenzar en decir que esto es algo muy simple. Hay tres aspectos de la salvación. Tres aspectos: pasado, presente y futuro. Y estos han sido simplemente definidos de esta manera. El aspecto pasado, nos libera de la paga del pecado. El aspecto pasado nos libera de la carga del pecado. En otras palabras, si usted me dice: “¿eres cristiano, has sido salvo?” Yo diría: “sí”. “¿Cuando pasó?” “Bueno, hace tantos años atrás. Y en ese punto, cuando confesé a Jesucristo, le entregué mi vida, mis pecados fueron colocados en Él en la cruz, por así decirlo. Y Él pagó la paga por el pecado. Eso está en el pasado. La paga está pagada, yo morí. Yo fui crucificado con Cristo, mas, no obstante, vivo, ¿verdad? Yo morí.” Pablo, en Romanos 6, está diciendo en esencia eso. Él está diciendo ‘moriste una vez, ya no necesitas volver a morir. ¿Cuándo moriste?, moriste cuando creíste en Cristo, fuiste crucificado con Él, la paga es pagada, el pecado fue enfrentado, ya no hay más paga que pagar.’ Romanos 8:1 dice: “por tanto, no hay,” ¿qué?, “Condenación para los que están en Cristo.” Eso ya está cubierto. Entonces, el aspecto pasado de la salvación es libertad de la paga del pecado.

Hay un aspecto presente. Libertad del poder del pecado. El pecado ya no tiene ¿qué? Dominio sobre usted. El pecado ya no tiene dominio sobre usted. Como un título de un libro lo expresa, ya no va a reinar más. El pecado ya no tiene poder para reinar. El pecado ya no tiene dominio. ¿Por qué? Porque Él es fiel y justo para seguir limpiándonos de todo pecado. ¿Sabe usted que nunca podría colocar un pecado contra usted? Romanos 8 dice: “¿Quién es el que acusa a los escogidos de Dios?” Nadie. Ninguna condenación. Él le ha perdonado todas sus transgresiones por causa de Su nombre. Él continúa purificando, Él sigue limpiando. Es como Jesús le dijo a Pedro: te bañas un día y el resto de tus días, simplemente vas a lavar tus pies. El Señor lo baña, por así decirlo, en la salvación. Le desempolva los pies con Su limpieza diaria.

Entonces, hay un aspecto presente. He sido salvo, estoy siendo salvo, si he sido salvado, Romanos 5 mas bien dice: “fui salvo por Su muerte. Estoy siendo salvado por Su vida.” En otras palabras, Él vive perpetuamente para hacer ¿Qué? intercesión por mí. Y entonces, esta es la salvación constante que se lleva a cabo. He sido salvado de la paga. Estoy siendo salvado del poder del pecado. Romanos 5:10 y 11: “si éramos enemigos y hemos sido reconciliados con Dios mediante la muerte de Su Hijo, cuanto más seremos salvos ahora por Su vida.” Estamos siendo salvados ahora continuamente conforme Él nos limpia constantemente. Y entonces, está ese elemento.

Y hay una parte futura. Ya hemos sido salvados de la paga del pecado en el pasado, en el presente del poder del pecado y en el futuro de la presencia del pecado. ¿Sabe que viene un día cuando ya no habrá más pecado? Es correcto. ¿Sabe cómo lo sé? Porque el libro de Apocalipsis dice que ya no habrá más muerte y la paga del pecado es ¿qué? Muerte. No hay muerte, no hay pecado. Y seremos como Él, Primera de Juan 3 dice. Y seremos como Él porque le veremos tal como Él es. Y Él no tiene pecado. No tiene mancha, sin defecto. Viene un día cuando seremos salvos de la presencia del pecado.

Ahora escuche, la salvación ha sucedido, está sucediendo y sucederá. Ha sucedido, eso es justificación. Está sucediendo, eso es santificación. Sucederá, eso es glorificación. Romanos Ocho dice: “al que Él justifica, Él santifica y glorifica,” ¿lo ve? Entonces, cuando usted piensa en la salvación, usted no piensa de la salvación en términos de algo en el pasado. Y no piensa en la salvación como algunas sectas piensan acerca de esto. O inclusive algunos de la Iglesia romana, como algo que tiene que esperar en el futuro. Es pasado, presente y futuro. Ahora, si es pasado, se acabó. Y si también es presente, entonces no la puede perder, ¿verdad? Porque continuamente se está llevando a cabo. Y si está garantizada en el futuro, entonces está absolutamente seguro.

Ahora, ése es el corazón y el alma del significado de la salvación: el aspecto pasado, el presente y el futuro. Permítame ilustrar esto al pedirle que me acompañe a Romanos 8:23. Y voy a mostrarle varias Escrituras que creo que realmente le van a ayudar a entenderlo. En Romanos 8:23, leemos lo siguiente. Bueno, regresemos al versículo 22. Ahora, Pablo aquí está hablando de la maldición. Él está hablando de cómo el pecado ha afectado la creación y la ha sujetado a la vanidad, pero que todavía hay esperanza para algo diferente. Usted sabe que el mundo va a mejorar, ¿verdad? De hecho, el mundo va a ser perfecto. Va a ser perfecto, pero eso sólo cuando Jesús venga. No va a ser perfecto mediante los esfuerzos del hombre.

Y entonces, la esperanza es una parte muy importante de la experiencia cristiana. En el versículo 22 dice “sabemos que la creación entera gime en dolor hasta ahora.” En otras palabras, el mundo entero sabe que es un desastre. El mundo entero sabe que algo está desesperadamente mal. Inclusive, el orden creado es un caos. Y no sólo a ellos, versículo 23, sino también nosotros sabemos que las cosas no están bien. Sabemos que ésta no es la manera en la que Dios quiso que fuera la vida. Nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos esperando la adopción. Esto es la redención de nuestro cuerpo.

Escuche, nuestras almas han sido salvas. Y están siendo salvadas. Y algún día, nuestros cuerpos, junto con esas almas, serán salvadas de tal manera que habrá santidad absoluta. Y eso es lo que el versículo 24 Significa. Somos salvados en esperanza. ‘En’ es una mejor traducción que ‘por’. Somos salvos en esperanza.

Entonces sí, hemos sido salvados, pero esto no es todo lo que hay. Escuche, si alguien me dice: “¡oh, la salvación que recibiste es para siempre, la tienes ahora y no hay nada más que se le añada!” Yo le preguntaría si quiere decir que tengo que pelear con la carne el resto de mi vida y a lo largo de la eternidad. “¿Quieres decir que tengo que pelear así contra el diablo y que tengo que vivir con la divinidad humana? ¿Quieres decir que voy a quedarme en Romanos 7 hasta cierto grado, clamando ¡oh, oh miserable de mí!, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? ¿Cuándo descargo este desastre? ¿Quieres decir que, para siempre, así va a ser?” Entonces yo te diría: “la salvación está incompleta.” Si todo lo que el Señor hace es ayudarme en la lucha, entonces nunca llega a su meta.

Pero esto no es todo lo que hay. Hay un elemento futuro de la salvación que significa que llegaremos a un punto en el que no habrá pecado en absoluto. Y sin eso, no hay esperanza para ahora. Digo, sería como correr una carrera sin que hubiera una meta. Alguien diría “comienza a correr; y por el resto de tu vida, correrás.” “¿Qué? ¿En dónde? No hay una meta.” “Eso es correcto. Y hazlo con tu máximo esfuerzo todo a lo largo del proceso.” “ ¿Estás bromeando?” Puede imaginarse que Dios estuviera diciendo “eso es todo lo que hay, así que pelea para siempre.” Oh, por favor. Porque inclusive Apocalipsis dice que murieron y reposaron de sus labores, ¿verdad?

Y yo agarro mi paso como lo es ahora, y si lo tuviera que hacer durante toda la eternidad, no lo haría durante la mayor parte del tiempo. Pero hay un elemento futuro. Observe Gálatas 5. Gálatas 5. “Porque nosotros, mediante el Espíritu,” de nuevo, debemos estar hablando de creyentes, porque es el Espíritu de Dios el que crea la capacidad. “Nosotros, por el Espíritu, esperamos la esperanza de justicia por la fe.”

Ahora, él no está hablando del elemento pasado de la salvación. O de la característica actual. Sino que está hablando de la plenitud, de la totalidad de ella. Estamos esperando en esperanza, nos estamos aferrando a la esperanza de que algún día, la batalla terminará. Y algún día, no tendremos que luchar con el pecado y con la carne y con el diablo y con el mundo y con los demonios. Algún día, conoceremos la esperanza de una justicia total.

Observe 1 Pedro, capítulo 1, versículo 3. Y aquí hay gran bendición. Pero dice: “bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos.” En otras palabras, él dice: hemos sido salvados para una esperanza. Salvados para una esperanza, una esperanza para algo.

¿Y qué es? “Para una herencia incorruptible, incontaminada, inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros.” Nuestra esperanza es el cielo. Somos guardados por el poder de Dios mediante la fe para la salvación. ¿Qué salvación? Una salvación que será revelada en el día postrero. Ahí hay otro elemento de la salvación. un elemento final que es la consumación de una esperanza viva. Cuando iremos al cielo y recibamos la recompensa y la herencia que Él ha planeado para nosotros. Y debido a eso, no nos molesta, versículo 6, que por un tiempo haya tribulación y muchas pruebas, ¿se da cuenta? No nos molesta un poco de dolor. Hay una meta final. No nos molesta un poco de esfuerzo. Hay una meta que alcanzar. Yo he corrido bastantes carreras en mi vida. Bastantes carreras en la preparatoria y en la Universidad como para saber cómo es cuando usted se va a estirar y a prepararse y todo está bien. Y usted llega a esa vuelta final y de pronto, llega lo que llamamos, ‘le pega al muro’. Y algo sale mal. Su cerebro dice “ve,” y sus piernas dicen “no,” y sucede este cambio tremendo.

Y mientras que está peleando un poco más, lo que lo motiva a usted es un sentido de victoria y de honra y de respeto personal. Y sabe lo que espera en la meta. Y entonces, Dios no sólo nos ha dado una salvación pasada. Ni siquiera un mantener de una salvación actual, sino que nos ha dado una esperanza tremenda. Y ésa es la razón por la que cuando Jesús se fue en Hechos, capítulo 1 y los discípulos habrían estado lo suficientemente confundidos en este punto, y ahora con Él, necesitaban un poco más de motivación. Y entonces, Él les dice, enviando a dos ángeles y hablando a través de ellos: “este mismo Jesús que os ha sido quitado, vendrá de la misma manera en la que lo han visto ir.” En otras palabras, en caso de que se cansen y piensen que nunca habrá un fin para esto, Él regresará. Él regresará. Habrá un fin, habrá una meta, y habrá una meta final. Y eso es exactamente lo que es el casco de la salvación. Es la esperanza de la salvación final.

Permítame mostrarle 1 Tesalonicenses capítulo 5. Primera de Tesalonicenses capítulo 5, versículo 8. “Pero,” 1 Tesalonicenses 5:8, “los que somos del día,” esto es que no somos de la noche, eso es del dominio de Satanás, nosotros somos del día. Esos son los hijos de luz en el Reino de Dios. “… que nosotros, los que somos el día, seamos sobrios puesta la coraza de fe y de amor. Ahora, escuche: “y como yelmo o casco la esperanza de salvación porque Dios no nos ha puesto para la ira,” no sólo vamos a estar en esto peleando continuamente, no vamos a terminar en juicio, sino para obtener salvación. Todavía hay un elemento de salvación que debemos obtener que está por ser obtenido. Dios nos ha designado para obtener eso finalmente y ese es el casco de salvación. El escritor de Hebreos dice “esta esperanza es el ancla del alma.” ¿Qué es el casco, entonces?

Ahora escuche, para resumir, el casco de la salvación es confianza en una salvación completa, final, total que está por venir; es confianza de que algún día, la batalla se acabará. No podría pelear si no supiera que hay un final en algún lugar. ¿Usted si podría? Tiene que haber un final. Usted pregunta cómo es que esto es parte de nuestra armadura. Escuche: ¿se acuerda de esa espada grande que el soldado romano tenía que enfrentar? ¿Sabe cuál es esa espada grande que Satanás usa? Tiene dos lados: un lado es desánimo y el otro lado es duda. Vamos a hablar de la duda la próxima vez.

Pero para esta ocasión, desánimo. ¿Sabe lo que Satanás quiere hacer? Quiere pegarle en la cabeza con el desánimo y la duda para desanimarlo. “¡Hombre!, estás dando mucho y no recibes mucho a cambio. Estás viviendo esta vida cristiana, estás apartándote del mundo. ¡Hombre!, estás viviendo esta vida y ¿qué sucede? acabas de perder tu trabajo. ¡Gran bendición!, ¿verdad? Has estado leyendo tu Biblia diariamente y tu esposa nunca ha sido tan impaciente, aún antes de que compraras una Biblia. No le ha afectado en absoluto. ¿Qué está haciendo Dios en tu vida? Has estado yendo a la iglesia durante tantos años… Ve a tus hijos. No te respetan ahora más de lo que te respetaban antes. Y comienza a desanimarse. He estado enseñando una clase por tanto tiempo y me pregunto si alguien lo entiende, dice usted. Realmente, se desanima. Esa es una de las cosas.

Lo otro con lo que Satanás quiere pegarle en la cabeza es la duda. ¿Cómo sabes que realmente eres un cristiano? ¿Estás seguro que realmente eres salvo? Realmente, no lo mereces. Mira lo que acabas de hacer. ¿Crees que esa es una manifestación de ser un cristiano? Y la gente sufre por la duda y el desánimo; y eso es lo que él usa. Y el casco de la salvación es una protección.

Hablemos del área del desánimo. Permítame ilustrarlo al pedirle que me acompañe a 1de Reyes, capítulo 19. Primera de Reyes capítulo 19, la gran historia de Elías. Elías es, digamos que es el Pedro del Antiguo Testamento. Él sube y baja mucho. Pero Elías, en este punto, acaba de ganar una gran victoria. Digo, una victoria como ningún otro profeta de Dios jamás la ganó. Acaba de haber sacado una espada y mató a 450 sacerdotes de Baal. Ahora, yo diría que realmente fue un ganador ese día. Y se acuerda que Dios envió fuego del cielo, quemó el sacrificio, quemó el altar e inclusive limpió el agua que habían derramado ahí. Y Elías estaba dominando. Él estaba diciendo: “Señor es Dios, Jehová es Dios. Baal no. Baal está perdido.” Y hombre, él tiene la victoria.

Bueno, capítulo 19, no ha pasado mucho tiempo. “Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.” Ella dice: “Elías, por hacer eso,” y por cierto ella adoraba Baal, “por haber hecho eso, te voy a matar mañana o voy a morir tratando.” Ahora, si yo fuera Elías, yo habría dicho “mira, Señor, acabo de hacerte un gran favor. Cuatrocientas cincuenta sacerdotes de Baal eliminados, dame un día de descanso, ¿por favor? Digo, a Jezabel me la envías al próximo día, ¿qué tal si me das un poco de descanso? No hay tiempo para sentarse, para ser honrado por la sociedad de honores judía. No hay tiempo para sentarse y recibir laureles y medallas. Él está otra vez de viaje.

Ahora, si él podía enfrentar a cuatrocientas cincuenta sacerdotes de Baal, realmente no debería ser sacudido por una mujer. Pero después, la historia realmente no sostiene en alto ese argumento porque han habido muchas personas sacudidas por una mujer y podían enfrentar a muchos hombres. Pero bueno, Elías decidió que sólo había una cosa que podía hacer y eso era correr. Y Elías, probablemente tenía 80 años de edad. Y Dios nunca quiso que hombres profetas de 80 años de edad estuvieran corriendo a Beerseba. Pero él se fue, y digo, él salió corriendo, corrió para salvar su vida. Dice en el versículo 3 que “Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado.” Y él se fue por el desierto un día de camino…” Él de hecho corrió. Beerseba es una ciudad.… Y de ahí, fue un día más al desierto. “Y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.” Es suficiente. Ahora Señor, quítame la vida. Se acabó.”

Ahora, eso es lo que yo llamo desánimo. Él quiere morir. “Señor, simplemente sácame de aquí, por favor. Simplemente sácame. Es suficiente.” “…se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate y come.” El ángel ni siquiera lo dejó dormir. Lo despertó y lo alimento. “Entonces, él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta.” Ahora, no sé cómo es la comida del ángel, pero lo que sea que fuera, funciona. Versículo 8: “Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.” Como dije, funciona. ¿Sabe por qué? Dios dijo: “Elías, no tienes por qué desanimarte. Ahora, levántate aquí. Quiero que llegues al monte Horeb. Voy a hablar contigo. Y entonces, subió allí y el Señor le habló en una voz baja y Elías le dijo Señor, soy el único que queda. Oh, es tan desalentador. Soy el único que queda. La única persona fiel que tienes. Y el Señor le dice en el capítulo 19 versículo 18: “sí, tengo a siete mil más que tú. No sólo uno. Siete mil más y un Elías.” Ahora, regresa ahí y trabaja. Es tan fácil desanimarse. Y usted y yo podemos decir esto. Inclusive en el momento de sus triunfos más grandes, usted regresa a la realidad y es algo que nos sacude. Puedo identificarme con eso. Es fácil desanimarse.

Ahí en Efesios capítulo 3, versículo 3, más bien en el versículo 13, Pablo dice: “deseo que no se desanimen por mi tribulación.” Algunas de esas personas podían desanimarse por el problema de alguien más. No necesariamente el de ellos. Gálatas 6:9 dice: “no os canséis de hacer el bien, porque si no desmayamos, cosecharemos.” Es tan fácil cansarse y desanimarse y decir: “oh, Señor, tengo que predicar otro domingo, tengo que predicar otro sermón, estudiar otro día. Señor, tengo que llamar a esta persona, tengo que reunirme con la misma persona para discipulado; Señor, ¿no puedo tener unos días de descanso? ¿De leer mi Biblia? Señor, tengo que prepararme para esta escuela dominical otro domingo. Señor, ¿realmente crees que debo regresar y hablar con ese vecino otra vez? Señor, he estado peleando con esta tentación durante tanto tiempo, me estoy cansando. Y usted sabe que es tan fácil desanimarnos.

Arthur Cluff lo expresó de la siguiente manera: “no digas que la lucha no vale la pena, el trabajo y las palabras son en vano, el enemigo no se desanima. Y las cosas siguen igual.” En otras palabras, simplemente sigo peleando y nunca nada pasa. Me canso. Y el enemigo, no. ¿Lo ha notado? Usted realmente se cansa y Satanás nunca se detiene. Matthew Arnold escribió: “por ahora en sangre y batalla fue mi juventud. Y llena de sangre y batalla es mi edad. Y terminará la vida en esta batalla.” ¿Llega a terminar? Bueno, peleamos contra el enemigo de toda nuestra vida.

El apóstol Pablo llegó el final de su vida en 2 Timoteo 4:7 y dijo: “he peleado la buena batalla, he guardado la fe, he acabado la carrera.” En Hechos, capítulo 20, le dijeron a Pablo, “si te vas a Jerusalén vas a ser encarcelado y vas a ser encadenado. Y él dijo: “está bien. Ninguna de estas cosas me sacudan ni tengo mi vida preciosa para mí mismo, para fin de terminar el ministerio de Cristo me ha dado. Él nunca de desanimó. Él nunca renunció. En Apocalipsis, capítulo 12, el Señor exaltó a la Iglesia efesia al decir: “has trabajado, han sido pacientes, han soportado, no han desmayado.” Ése es un reconocimiento. En Levítico, capítulo 26, Dios lo volvió a hacer en Deuteronomio 11, Dios le dijo a Israel, “muy bien, Israel, si aguantan ahí y guardan Mis estatutos y obedecen Mis ordenanzas Yo haré lo que Yo digo, bendeciré sus vidas, los bendeciré con la tierra. Prosperaré la simiente de sus lomos, les daré toda bendición.” Y Él continua a lo largo del capítulo 26 de Levítico enlistando una tras otra.

Y finalmente, en el versículo 14, Él dice, “pero sí dejan Mis estatutos, si dejan Mis mandamientos, entonces, traeré dolor y voy a traerles tristeza. ¿Se da cuenta?

Entonces, el fin definitivo de esto es “aguanten, sean obedientes, respondan.” Quizás se desanima porque tiene un marido no salvo. Y nunca parece cambiar. Nunca pasa nada. Usted simplemente se desanima. O quizás usted tiene un hijo que parece ser tan resistente a todos sus esfuerzos. O quizás, tiene un amigo a quien ha tratado de testificarle. O quizás, parece estar en un ministerio por el cual no recibe la gratitud que debiera recibir. O quizás tiene un problema físico. Un problema físico de algún tipo. Y se cansa de estar luchando con eso. Y parece atarlo. Y pierde de vista el hecho de que la salvación tiene una tercera dimensión que está por venir. Y me encanta lo que dice en Romanos 13:11: “Acordaos de que vuestra salvación está más cerca que cuando creímos.” Nos estamos acercando a la meta; no renuncie hora.

Y sabe una cosa, aquellos en el libro de Hebreos, a quien el escritor les escribe, habían llegado al punto de creer en Cristo, habiendo llegado a reconocer que era verdad. Y ahora, estaban a punto de regresar y el escritor les dice “no hagan eso. No sean de aquellos que se dan la vuelta y caen para perdición.” Él dice: “continuemos a la perfección. No renuncien.”

Pienso en Jeremías, el Señor le dice a Jeremías: “tú eres Mi profeta, Jeremías. Quiero que pases tu vida entera predicando para Mí y aquí está tu mensaje, Jeremías: Predica con todo lo que tienes. Predica con todo tu aliento. Y, por cierto, nunca nadie te va a escuchar. Nadie va a oír una palabra que le digas.” Y Jeremías, ya de edad, predicó sólo, escuchó solo y solo dijo: “Tus palabras fueron halladas y yo las comí; y me fueron por gozo y por alegría de mi corazón.”

Y después, estuvo Job. Y el Señor despojó a Job de todo lo que un hombre puede ser despojado. Le quitó todo lo que tenía, todo lo que él amaba. Y, sin embargo, él dijo: “aunque me matare, en Él esperaré.” Y él aguantó ahí. Y cuando todo se acabó, él dijo: “oh Dios, de oídas Te había oído, mas ahora mis ojos Te ven y me aborrezco a mí mismo en polvo y en cenizas.”

En otras palabras, oí como eras Tú, pero en la adversidad, conforme fui fiel, Te vi. Aguante; y no deje que Satanás le aflija con desánimo. Jesús, nuestro Señor, dijo en Lucas 18:1: “los hombres deben siempre orar y no,” ¿qué?, “desmayar.” Cuando usted se vea a usted mismo desmayando, comience a orar.

Hombre, Satanás quiere desanimarme todo el tiempo. Él trabaja duro en esto. Leí esta semana acerca de un hombre en Inglaterra. Su nombre es el doctor reverendo William Davie. Él decidió en los años hacia el final de su vida, aunque no lo supo todo el tiempo, él quería escribir una teología sistemática incluyendo toda la Biblia. Él pasó 12 años consistentes haciéndolo. Cuando terminó, eran 26 volúmenes. Él era un hombre sombrío, anónimo. Que yo sepa, no hay copias de su teología. Cuando terminó, él no pudo encontrar alguien que pudiera imprimirlo. Entonces, lo hizo él mismo -esto es hace 200 años atrás- y después, él imprimió cuarenta copias de las primeras 300 páginas. Y catorce copias de los veintiséis volúmenes restantes. Catorce copias de su trabajo de doce años. Él murió en la pobreza y la oscuridad. ¿Pero sabe una cosa? Le aseguro que él murió con el conocimiento de Dios. Un hombre insignificante escribió una teología de 26 volúmenes que probablemente nunca nadie oyó de la misma. O jamás leyó. Pero él busco el conocimiento de Dios y el conocimiento de la Palabra de Dios. Y se aferró al mismo.

Hubo una pequeña niña en Londres. Ella estaba de pie en la acera cuando vino un camión de carbón. Y el camión descargó todo este carbón ahí en el frente de la casa de la niña pequeña. Y ella tomó una pequeña pala del sótano, abrió la puerta de la bodega - ella tenía tan sólo cinco años de edad. Salió y metió su pequeña pala ahí en el carbón. Y caminó al otro lado de la acera y bajó por las escaleras a la bodega. Y entró ahí al sótano. Y el hombre de la casa de al lado la miraba. Después de la tercera vez que metió la pala, el hombre le dijo a la niña: “querida, nunca lograrás meter todo el carbón.” A lo cual ella respondió con gusto: “oh, sí Señor, lo haré si trabajo por mucho tiempo.” Si lo hago por mucho tiempo.

Me imagino que la prueba de la virtud de cualquier persona es qué los hará detenerse, ¿verdad? Muchas personas llegan a la primera línea de defensa y renuncian. Muchas personas renuncian cuando llegan a escuchar un disparo por primera vez. Pero después, están aquellos que hacen una diferencia en el mundo porque van línea, tras línea, tras línea de oposición. Hombre, usted lo puede hacer si trabaja durante mucho tiempo. No se desanime.

Escuche, ¿recuerda lo que dijo el Señor Jesús? “No habéis sufrido hasta la sangre.” Nadie lo ha crucificado a usted todavía. Aguante ahí, aguante ahí; el problema no es desmayar sino perseverar. Satanás lo va a desanimar de la manera que él pueda. Le va a decir a usted que no está obteniendo ningún resultado para todo su trabajo. “Ah, nadie escucha. Mira, todo lo que has estado haciendo fielmente y nadie te da ningún laurel, nadie te dice nada. Es tan tras bambalinas. ¿Quién va a saber si pecas? No te preocupes por la batalla, descansa un poco, relájate.”

El casco de la salvación me protege de desmayar, de cansarme, de renunciar, de desanimarme ¿por qué? Porque tengo una esperanza y mi esperanza es que hay luz al final de ese túnel y algún día voy a llegar a la luz gloriosa de la presencia de Jesucristo. Y como ese hombre que me escribió una carta, no quiero estar delante de mi oficial comandante con vergüenza en mi rostro porque renuncié a la mitad de la batalla, ¿verdad? Quiero estar ahí y decir: “oye Señor, puedo estar golpeado y sangrando, pero aquí estoy, peleé hasta el final.”

Mi abuelo, que Dios lo bendiga, murió en su lecho de muerte con cáncer. Había consumido su cuerpo y él vio a mi padre y le dijo: “sólo tengo una petición Jack, ¡oh, si tan sólo pudiera predicar un sermón más!” Hasta el final. Y entonces, mi papá tomó el sermón que él había preparado, pero nunca predicó, lo imprimió y lo entregó a la Iglesia. Y entonces, él predicó un sermón más. Hasta el final. Aguante. Apocalipsis 2 y 3 dice: “al que venciere, al que venciere, al que venciere, al que le venciere, daré, daré, daré.” En otras palabras, Dios le reserva cosas especiales para el vencedor. Grandes cosas.

¿Se acuerda de Timoteo? Timoteo se desanimó. “¿Qué es lo que desanimó a Timoteo? Bueno, muchas cosas. Una, él era joven. Y él se vio tentado por las pasiones juveniles y él se cansó. Otra cosa, él era joven y la gente estaba diciendo, ‘ah…eres demasiado joven para saber algo, Timoteo.’ Menospreciaban su juventud. Otra cosa, él estaba teniendo problemas con su estómago. Pablo le dijo ‘debes tomar un poco de vino por causa de tu estómago.’ Él fue sacudido y después, se avergonzó por Pablo porque Pablo estaba todo el tiempo en la cárcel. Y él estaba molesto por el hecho de que la gente decía ‘sí, sí, tu eres uno de los discípulos de ese hombre.’ Él estaba avergonzándose de mí, dijo Pablo.

Y no sólo eso, había unos falsos maestros que llegaron a Éfeso y estaban allí enseñando el error. Y que era bastante sofisticado; y Timoteo ni siquiera sabía si podía enfrentarlo. Y había filosofía y engaño y genealogías y Timoteo estaba ahogándose en un mar de cosas para desanimarlo. Y el apóstol Pablo le escribe a él en 2 Timoteo y le dice: “Timoteo, aviva el fuego del don de Dios que está en ti. Porque Dios no nos ha dado el Espíritu de cobardía sino de poder, de amor y de dominio propio. Esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” Por favor, Timoteo, adelante, Timoteo. Otra vez. Timoteo estaba desanimado.

Pedro les dice lo mismo a esos santos a quien les escribió en persecución. Él les dice: “Oh, escuchen. Aguante ahí haciendo el bien y si sufren por hacer bien, benditos, bienaventurados y felices son ustedes. Oh, si sufren por hacer el bien, encomienden sus almas a un Creador fiel. Sean fieles.” Pero usted dice, ‘pero a veces uno se cansa’. Es correcto, a veces, sus piernas se sienten como hule en la última vuelta. Cuando eso me pasa, con frecuencia pienso en una Escritura en la que he pensado muchas veces, estoy seguro. Es Isaías capítulo 40. Y voy a llevar nuestros pensamientos a una conclusión con esto.

Escuche esto: Isaías 40:29: “Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” ¿No es eso maravilloso? Cuando usted llega al punto en el que está al punto de desmayar, Él le da poder. Cuando usted dice “Señor, ya no tengo fortaleza, ya no me queda nada del cuerpo, ahí es cuando Él lo infunde con Su fortaleza. “Los jóvenes se fatigan y se cansan. Los muchachos flaquean y se caen, pero los que esperan en Jehová recibirán nuevas fuerzas. Y levantarán alas como las águilas. Correrán y no se cansarán. Caminarán y no se fatigarán.” ¡Qué gran afirmación! Las águilas vuelan tan alto por encima de la mayoría de las otras aves. Es una ilustración de lo que le sucede a un creyente en su debilidad cuando es infundido con la fortaleza de Dios. Él se eleva por encima del resto.

Escuche, no hay razón para desanimarse, amados. El casco de la salvación dice que viene un gran día, un gran día de victoria. Si usted es fiel a lo largo de su vida, habrá una recompensa maravillosa ahí. Viene un día de gloria. La salvación es pasada, sí; es presente, sí. Pero, oh, es futura. Y no deje que Satanás lo desanime. No deje que le robe la expectativa de esa emoción. No deje que le quite la esperanza que lo hace que esté comprometido. Escuche, Juan dice en 1 Juan 3, “el que tiene esta esperanza en sí mismo se purifica a sí mismo.” Cuando usted sabe que Jesús viene, cuando usted sabe que ese gran día está por delante, la salvación será cumplida en últimas, tiene una manera de purificar su vida porque sabe que usted lo va a ver cara a cara. Bueno, oremos.

Padre, estamos conscientes de que Satanás y sus demonios son incansables. Ellos nunca se dan por vencidos. Nos empujan todo el tiempo. Pero también sabemos que nuestra salvación está más cerca de cuando creímos. Y oh, Dios, te damos gracias por la esperanza de victoria que tenemos. Oímos el eco de las palabras de Hebreos 6:11 y 12; y deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma diligencia de certeza plena, de esperanza hasta el final. Y que no sean perezosos sinos seguidores de aquellos quienes mediante la fe y la paciencia heredan las promesas.

Oh, Dios, ayúdanos para que como aquellos que fueron fieles, aquellos que fueron pacientes, aquellos que heredaron la promesa, mostremos la misma diligencia hasta el final a aferrarnos a la esperanza hasta el final mismo y vivir así para Tu gloria. Padre, que estemos en la lista de los fieles de Hebreos 11, porque hemos perseverado hasta el final. Ayúdanos a no sentirnos desanimados. ¿Por qué nos vamos a desanimar cuando sabemos que nos espera una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible? Una herencia que no podría ser descrita en términos humanos, un Reino maravilloso que va más allá de lo que la revelación puede expresar. Una relación contigo a lo largo de la eternidad que sólo puede ser descrita como ser como Jesucristo. Oh Dios, con eso en el futuro, no podemos desanimarnos con el momento sin importar lo que el mismo traiga. Ayúdanos a ser fieles en usar ese casco para Tu gloria, en el nombre de Jesús. Amén.

 

 

 

 

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