Sermones

Actitudes cristianas fundamentales: Perdón

Por John MacArthur
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Scripture: Escrituras Seleccionadas
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Hoy tenemos el gran gozo de venir a la mesa del Señor compartiendo en la memoria de la cruz Su muerte por nosotros. También hemos enfatizado la maravillosa realidad de la oración y nuestro acceso a Dios. Y esta mañana, quiero que conforme venimos a la Palabra de Dios en preparación para venir a Su mesa, continuemos con nuestra discusión de la anatomía de la Iglesia. Y algo que creo que encaja de manera maravillosa con los temas que ya hemos disfrutado en esta mañana. Hemos estado estudiando lo que la Biblia enseña acerca de la Iglesia, particularmente enfocándonos en actitudes internas, motivos, convicciones, esas cosas que impulsan la vida del cuerpo. Comenzamos hablando del esqueleto, esas cosas que no son negociables, son parte del cimiento, le dan su estructura.

Y después, comenzamos a ver estos sistemas internos en el cuerpo de Cristo, las cosas que impulsan la vida de la Iglesia, las fuerzas vitales que fluyen en la Iglesia y la hacen ser lo que es. Y esos sistemas internos, esos motivos, esas convicciones y actitudes que ya hemos discutido, cosas como fe, obediencia, humildad, amor, unidad y después el último día del Señor, crecimiento. Y hoy quiero que veamos otro componente, otra motivación interna crucial, otra actitud interna que es absolutamente esencial en la vida de la Iglesia. Hemos enfatizado la santidad cuando hemos hablado de los elementos del esqueleto de la Iglesia, la búsqueda necesaria de la santidad y pureza que es característica de la vida en el cielo.

Vimos ese proceso en Mateo, capítulo 18 y hablamos acerca de lo crucial que es que la Iglesia se examine a sí misma y enfrente el pecado y lo arranque, lo confronte, lo discipline y mantenga pureza. Pero de la mano con eso, hay otro componente que es muy necesario en la vida de la Iglesia. Uno que seremos llamados a ejercer en todo momento de la vida de la Iglesia. Y no es ningún otro que la actitud del perdón, perdón. Así que puede añadir a su lista de cosas como fe, obediencia, humildad, amor, unidad y crecimiento otro componente la vida de la Iglesia y es la actitud espiritual, la motivación del perdón. Éste debe ser un compañero que va de la mano de la búsqueda de la santidad, de lo contrario la Iglesia se vuelve muy áspera, muy amarga y muy rígida.

La Iglesia no es lugar para el resentimiento. La vida cristiana no debe caracterizarse por el resentimiento o la venganza o la amargura o el orgullo. Todo eso es destructivo y debe ser disuelto en una actitud de perdón. Esto es absolutamente esencial, porque por mucho que queramos que el cielo descienda a la tierra, por mucho que queramos que en la tierra se haga lo que se hace en el cielo, por mucho que queramos ser celestiales, no podemos llegar a ese punto. Anhelamos las perfecciones del cielo pero no las tenemos. Y por lo tanto, en la vida de la iglesia habrá imperfecciones, habrá errores, habrá malos entendidos, habrá actitudes equivocadas, habrá pecados y ocurrirán a todo nivel de la Iglesia.

Ellos ocurrirán en las vidas de aquellos en el liderazgo, ellos ocurrirán en mi vida y en las vidas de otros pastores y ancianos y ocurrirán en las vidas de todos en esta Iglesia y en cualquier Iglesia. El apóstol Pablo, viéndose a sí mismo en el pináculo de su vida, en la cima misma de su vida, al final mismo de su vida, después de haberse convertido en el gran baluarte cristiano que fue, se identificó a sí mismo como el primero de los pecadores. Siempre habrá imperfecciones y siempre habrá errores y siempre nos estaremos diciendo a nosotros mismos “miserable de mí, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” De hecho, cuanto más maduramos en Cristo y entre más crecemos y entre más nos convertimos en ese padre espiritual que vimos el último día del Señor, más se vuelve manifiesto nuestro pecado para nosotros, porque entre mayor es nuestra sensibilidad al mismo, más probable es que veamos nuestros fracasos.

Y entonces, aunque siempre habrá imperfecciones y siempre habrá errores e iniquidades y pecados y trasgresiones y malos entendidos, siempre habrá una gran necesidad para ejercer el perdón en la vida de la Iglesia. Y en donde hay una actitud no perdonadora, habrá una factura de la comunión y habrá un límite de utilidad, habrá un robo del gozo que debemos experimentar. Habrá un robo de la paz que el Señor nos ha dado a través de Su Espíritu.

Probablemente debo señalar brevemente que en la cultura de la actualidad que ha sido seducida por la psicología, en la cultura de la actualidad que está inclinada a ejercer y glorificar el pecado de la autoestima, el perdón es algo de lo que se burlan. Y la venganza es exaltada. Esto es simplemente lo opuesto de lo que las Escrituras enseñan. Debemos expresar una actitud de perdón.

Quiero hablar brevemente de eso en esta mañana, antes de que vengamos a la mesa del Señor, simplemente para darle varios puntos que pueda contemplar. En fin, el perdón es el acto más semejante a Dios que una persona puede hacer. El perdón es el acto más parecido a Dios que una persona puede realizar. Nada es parecido a Dios que perdonar. Y usted nunca se parece tanto a Dios como cuando usted perdona. Si la oración de su corazón es ser como Cristo, ser como hijos de Dios, hijos amados que manifiestan Su virtud, entonces usted de manera necesaria debe caracterizarse por el perdón.

El perdón es algo maravilloso, el perdón es una promesa. El perdón es un compromiso. El perdón es una afirmación de amor inmerecido que dice ‘no importa lo que tú has hecho, no hay enojo, no importa lo que has hecho, no hay odio. No importa lo que has hecho, no hay deseo de venganza. No importa lo que has hecho, nunca habrá venganza alguna. Yo paso por alto esa transgresión de manera completa. No te hago responsable. No te culpo. No siento compasión personal hacia mí mismo porque soy el ofendido, sino que más bien paso por alto esa trasgresión de manera completa y extiendo mi amor a ti de manera total.’ Eso es el perdón, y eso es semejante a Dios.

Recordándonos de eso, regresamos a Éxodo, capítulo 34. Y en Éxodo capítulo 34, versículos 6 y 7 leemos esto: “Y pasando Jehová por delante de él,” esto es Moisés, quien usted recordará pidió ver Su gloria. Y el Señor se está identificando a sí mismo conforme pasa frente a Moisés y permite que una pequeña porción de Su gloria sea manifiesta. El Señor se presenta a sí mismo en el versículo 6 con estas palabras: “¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad,” esta es otra palabra para gracia, la palabra misericordia, “que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado…” Ahí está la característica de Dios que queremos identificar. Él por naturaleza es un Dios perdonador.

Hace un momento, en el tiempo de oración, leí el Salmo 32, versículo 1: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad.” El Salmo 85 expresa aún más el corazón perdonador de Dios cuando dice en los versículos 2 y 3: “Perdonaste la iniquidad de Tu pueblo; Todos los pecados de ellos cubriste. SelahReprimiste todo Tu enojo; Te apartaste del ardor de Tu ira.” Una y otra vez en los Salmos el tema del perdón se menciona. Otro que vale la pena mencionar está en el Salmo 130 versículo 4: “Pero en Ti hay perdón, para que seas reverenciado.” Reverenciado significa adorado, tratado con asombro, respeto y honra. Dios recibe adoración de aquellos a quienes en Su gracia Él perdona.

En Isaías, el profeta, entre otros profetas, pero de manera notable Isaías habla del perdón de Dios en el capítulo 43 de su profecía. Usted recordará que gran parte de su profecía tiene que ver con juicio y después, en cierta manera, da un giro en el medio y en la última parte habla del perdón de Dios y un futuro glorioso. Y en Isaías 43:25 leemos que Dios habla y dice: “Yo, Yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo y no me acordaré de tus pecados.” Qué gran afirmación. “Yo borro tus rebeliones por amor de mí mismo.” ¿Qué significa? Para que pueda desplegar Mi virtud como un Dios perdonador y por lo tanto, se adorado por aquellos que están agradecidos por tal perdón.

Y después, en ese gran texto en Isaías 55, versículos 6 y 7: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.” El profeta Jeremías habló mucho de la misma manera. Simplemente un pasaje, uno maravilloso: Jeremías 33:8: “Y los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra Mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra Mí pecaron, y con que contra Mí se rebelaron.” Dios reitera la importancia de la trasgresión y después, repite dos veces Su actitud de perdón.

Jesús enseñó muchas parábolas. Cuando llegamos, claro, al Nuevo Testamento, dominan gran parte de Sus enseñanzas. Ninguna de esas parábolas es tan conocida, quizás, como aquella parábola que llamamos la del hijo pródigo. Es de hecho no una parábola del hijo pródigo, sino que es la parábola del padre perdonador. Ese sería un mejor título para la misma, creo yo. Es la más familiar de todas las historias, registrada en Lucas 15, en donde Dios se ve como un padre que perdona de manera total a un hijo indigno e inmerecedor. El hijo en esa parábola no era muy diferente a muchos hijos: avaro, centrado en sí mismo, ansioso por tener la riqueza que él no se había ganado, necio, desperdició todo lo que tenía en una vida disoluta con aquellos que por cierto lo explotaron; quedando en la miseria cuando se le acabó el dinero.

Y lentamente, llegó a sus sentidos muriendo de hambre, comiendo comida de cerdos, él estaba en una condición que realmente reflejaba su vida y se dijo a sí mismo ‘los siervos de mi padre vive mucho mejor que yo, tengo que ir a casa’. Él no esperaba el perdón, de hecho era lo último que le esperaba. Él dijo ‘me iré a casa y seré simplemente un esclavo para aprovechar la oportunidad de decir lo vago que he sido, qué hijo tan terrible he sido. No espero ser un hijo, pero regresaré y preguntaré si tan sólo puedo ser un esclavo. Lo único que quiero es un techo sobre mi cabeza. Lo único que quiero es un pedazo decente de alimento para comer, algo mejor que lo que los cerdos comen.’ Y él comenzó a regresar.

Cuando llega cerca de la casa de su padre, Jesús nos enseña lo que significa perdonar. ¿Porque qué hace el padre? El padre no espera que el pecador llegue. Tan pronto como lo ve venir, corre para encontrarse con él mientras que él está todavía lejos, el padre corre. Cuando él comienza a abrir su boca y hablar, antes de que él pueda siquiera decir la ‘l’ de lo siento, antes de que él pueda pronunciar una afirmación, antes de que él pueda decir algo de su boca, el padre lo abraza y comienza a besarlo y lo ama y pide que sea vestido con la mejor vestimenta, que se le coloque un anillo en su dedo, hace una fiesta, una celebración, un festival, que saquen la mejor carne, que cocinen la mejor comida que alguien podría jamás imaginar, que la música comience, que llamen a los amigos. Ésta es la naturaleza abundante, generosa del perdón.

Usted pregunta cómo es que el Señor sabía que él quería el perdón. Bueno, Él sabía eso porque él había regresado. Obviamente, él había comenzado en ese camino. Cuando Dios ve al pecador moviéndose en esa dirección y difícilmente ha comenzado a pedir perdón, Dios abraza al pecador y de manera pronta y abundante lo baña de Su amor perdonador a ese pecador. Ésa es la manera en la que Dios perdona. Y le voy a decir algo como pastor: me entristecen profundamente las personas que están amargadas, que tienen resentimiento. Es tan diferente a Dios. Es tan diferente de la virtud de Jesucristo. Me entristece en esas personas que creen que tienen que vengarse por todo lo malo que se les ha hecho. De alguna manera, ellos tienen que vengarse. De alguna manera, tienen que reaccionar, preservar su ego y su orgullo. Se vuelven divisivas.

Me entristecen esas personas que quieren atacar la Iglesia de Cristo y atacar la obra de Dios, atacar la vida y el ministerio de siervos fieles. El padre perdonador sólo puede decir que él ama al hijo indigno. Él sólo puede decir que siempre amará a ese hijo quien había cometido pecados tan terribles. Y pecados cometidos directamente contra ese padre. Y él no va a hacer nada más que regocijarse por ese hijo y bañarlo con las expresiones de perdón y lo hará por ninguna ganancia personal, sino por el mero gozo de la reconciliación. Y el mero amor de la virtud. Esa es la razón por la que digo que el perdón es lo más parecido a Dios que usted puede hacer.

Es muy difícil dividir a una Iglesia llena de personas perdonadoras porque usted no puede hacer enojar a nadie. No importa qué fracasos tenga su pastor o los errores que sus líderes puedan cometer o que usted pueda cometer o que alguien que está cerca de usted pueda acometer, cuando hay prisa por perdonar es muy difícil producir esas divisiones que deshonran tanto al Señor. Jesús colgando de la cruz vio a la gente que le estaba quitando la vida, el Hijo de Dios sin pecado, y levantando Sus ojos al cielo en favor de ellos dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Y Esteban, siendo aplastado bajo las piedras sangrientas de aquellos que le estaban quitando la vida, vio hacia el cielo, vio a Jesucristo en una visión gloriosa y dijo: “No les tomes en cuenta este pecado, Dios. No los hagas responsables por lo que están haciendo.”

Fue Sir Thomas More, Lord Canciller de Inglaterra, después de haber sido juzgado en Westminster y condenado a la muerte por ninguna causa justa, Thomas More le dijo esto a sus jueces, y cito: “Así como San Pablo tenía la ropa de aquellos que apedrearon a Esteban hasta la muerte y así como ambos ahora son santos en el cielo, y continuarán siendo amigos ahí para siempre, así también yo confío por lo tanto y oraré de todo corazón, que aunque ustedes ahora, señores han sido en la tierra jueces en contra de mi condenación y muerte, no obstante, que nosotros, a partir de aquí nos veamos, nos volvamos a reunir con gozo en el cielo en salvación eterna,” fin de la cita. Él oró por la salvación de sus ejecutores, eso es perdón. Eso es semejante a Dios. Dios ha sido ofendido de manera abierta y descarada e injusta y blasfema y deshonrado por todos nosotros y sin embargo, él de manera pronta nos baña con todas las expresiones de amor perdonador.

Ahora, este es el punto primordial en Efesios, capítulo 4. Pase ahí si es tan amable. Efesios 4, versículos 32. Y en Efesios 4:32 leemos esto: “Antes sed benignos unos a otros.” Debemos detenernos y hablar de eso por un momento. Vivimos en un mundo que no es benigno, un mundo tan enojado, tan hostil, tan cruel. Benignidad simple, pasar por alto errores, pasar por alto malos entendidos, pasar por alto fallas, pasar por alto debilidades, pasar por alto pecados y tratar a la gente con amabilidad, con bondad, pasando por alto a la persona misma, al estar centrado en uno mismo, el egoísmo, las metas personales que tenemos, las expectativas personales y simplemente ser benigno, sea que la gente se conforme a todos sus supuestos estándares o no. Y esa benignidad incluye ser tierno de corazón. Esa es una frase simple de entender, benignidad, tratar a la gente de manera tierna. Y aquí hay una manera de hacerlo: “Perdonándose unos a otro como Dios también os perdono a vosotros en Cristo.”

Y de nuevo, lo repito, usted nunca es más parecido a Dios que cuando usted perdona, cuando usted expresa bondad, cuando usted es tierno de corazón y perdona, así como Dios lo ha perdonado a usted. Y no es un perdón superficial, es un perdón profundo, es un perdón generoso. Y en Colosenses 3:13, Pablo desarrolla la misma gran verdad: “Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” Del corazón. Se acuerda de la enseñanza de Jesús en Mateo 5: “Pero Yo os digo amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen.”

Como puede ver, eso manifiesta un corazón perdonador. ¿Por qué? Versículo 45: “Para que seáis hijos de vuestro padre que está en los cielos.” Y de nuevo, lo repito, usted nunca se parece más a Dios, usted nunca manifiesta de manera más evidente que usted es Su hijo que cuando usted perdona. Y de regreso a ese texto de Efesios 4 por tan sólo un momento. Dice en el versículo 32 como leí: “Perdonándoos unos a otros, así como Dios en Cristo también os ha perdonado,” y me encantaría que no hubiera una división de capítulo ahí, porque inmediatamente en el versículo 1 dice: “Por tanto, sed imitadores de Dios.” Y de nuevo, usted imita a Dios cuando usted perdona. Por cierto, Pablo escribió Efesios y Colosenses, esas dos cartas que llaman al perdón, desde una cárcel en donde él estaba encarcelado de manera injusta. Él estaba practicando la virtud misma a la que él estaba exhortando a los creyentes a manifestar.

Un segundo pensamiento conforme pensamos en el perdón es este: sea quien sea que lo ha ofendido a usted, ha ofendido a Dios más. Sea quien fuera que lo haya ofendido usted, ha ofendido a Dios más. Usted pregunta cuál es el punto. El punto es si Dios puede perdonar cuando Él ha recibido la ofensa mayor, ¿acaso usted no puede perdonar cuando usted ha recibido la ofensa menor? Usted pregunta qué quiero decir con eso. Quiero decir lo que es indicado de manera clara en el Salmo 51. El Salmo 51 fue escrito por David como lo fue el Salmo 32, el cual leímos anteriormente, ambos escritos en el momento en el que David estaba abrumado por la iniquidad de su pecado con Betsabé y la muerte de su marido Urías. En el medio de su penitencia, él escribió el Salmo 32 y el 51. Pero en el Salmo 51, versículo 4, él presenta este punto muy importante acerca de su pecado.

Ahora, recuerde que él había violado a Betsabé al involucrarse en una relación sexual con ella. Él había violado a Urías al asegurarse de que Urías fuera colocado en una situación comprometida en el campo de batalla de manera que perdiera su vida. Entonces, él era culpable de adulterio y era culpable de homicidio. Él ciertamente había pecado contra esas personas. Pero observe el versículo 4, lo que él dice en esta oración. Versículo 3, él dice: “Porque yo conozco mis trasgresiones y mi pecado está siempre delante de mí. Contra Ti, contra Ti sólo he pecado.”

Cuando realmente usted ve al pecado, usted debe estar de acuerdo con que el pecado es primordialmente en contra de Dios, porque Dios es el estándar santo cuya ley es la que violamos. “Contra Ti, contra Ti sólo he pecado.” Aunque nos parecería un pecado grande contra Betsabé y un pecado grande en contra Urías, es realmente una infracción menor en contra de ellos y una infracción grande en contra de Dios mismo.

El Salmo 41:4 también atribuido a David: “yo dije Jehová, ten misericordia de mí, sana mi alma porque contra Ti he pecado.” Escuche: Dios es perfectamente Santo. Él es tres veces Santo; Santo, Santo, Santo. Es de ojos más puros como para ver el mal, no puede ver la iniquidad. No puede tolerar el pecado. Él menosprecia el pecado. Él odia el pecado. Y mientras que Él es perdonador, habrá un final a Su paciencia y no va a tolerar el pecado para siempre. Vendrá un tiempo de juicio y justicia. Él dice todo eso desde Éxodo 34, versículo 7. Al mismo tiempo que Dios es perdonador, hay un fin a Su perdón, porque en última, Su santidad va a prevalecer en donde haya impenitencia.

Él es perfectamente Santo y en últimas, demanda un castigo justo por el pecado -sea del pecador o sea de un sustituto por el pecador, esto es Su Hijo, el Señor Jesucristo. Esto quiere decir que Dios es Santo y establece un estándar Santo de tal manera que en últimas, los pecadores no perdonados serán condenados a un infierno eterno de castigo. No hay duda alguna acerca de la extensión de la santidad de Dios. Y eso en sí mismo hace de Su perdón aún más asombroso. Dios, entonces, quien es el más Santo, Dios, quien es el ofendido de manera suprema, perdona. Nosotros, quienes somos impíos, ¿acaso no perdonaremos? ¿Qué es eso? ¿Algún tipo de complejo de Dios que la gente tiene que no perdona? Así es. Usted tiene una opinión elevada de usted mismo si no perdona. Usted se ha exaltado a sí mismo a un estándar más elevado que Dios.

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Ahora, permítame hacer un comentario al margen en este punto. Yo creo que de corazón debemos perdonar todas las ofensas, todo el tiempo. Mis enemigos y aquellos que me persiguen y me odian y que es muy poco probable que me pidan perdón, y sin embargo, Jesús dice: “Amad a vuestros enemigos y haced el bien a ellos.” Y eso manifiesta una actitud de perdón. Y va a haber cristianos que lo ofendan a usted y a mí. Y habrá cristianos que están amargados y llenos de venganza y quieren venganza y quieren hacer cosas que nos lastiman porque han sido lastimados por nosotros o imaginan que los hemos lastimado. Y realmente, creo que desde el corazón, es esencial que les extendamos una bondad, una ternura de corazón y un amor perdonador con el entendimiento de que nunca puede haber una restauración de la relación hasta que haya un arrepentimiento real por parte de ellos.

La relación no puede ser lo que debe ser hasta que haya una verdadera búsqueda por parte de ellos de esa restauración mediante el perdón. Pero permítame decirle algo. Usted no puede esperar eso en toda situación. Digo, véalo en su propio hogar, véalo en su propio matrimonio, véalo en su propia familia. ¿Acaso simplemente usted va a acumular una larga lista de iniquidades que alguien pudo haber cometido u ofensas que pudieron haber cometido y no han venido y no las han confesado todas y no han rogado perdón por cada una de ellas? ¿Simplemente va a acumular y acumular y acumular eso? No. Creo que en la magnanimidad de su amor, usted pasa por alto esas cosas. “El amor cubrirá multitud de pecados.”

Puede haber un rompimiento en esa relación hasta que el perdón sea buscado, pero desde el corazón, ese perdón tiene que ser ofrecido, o de lo contrario, usted acumulará amargura. Somos tan incidentales al pecado. El pecado no es primordialmente contra nosotros, es contra Dios. Y Dios lo perdona en Sus hijos, ¿y acaso nosotros no lo perdonaremos? Él, quien es el más ofendido, perdona de manera libre, ¿acaso nosotros no debemos hacerlo?

Otro punto que quiero señalar y creo que este es el único al que llegaremos y es uno importante, por cierto. Si quiere otro texto que incluir aquí, Mateo 18. Mateo 18, esa historia del hombre que vino delante del rey, usted recordará, versículo 21 al 35 y se le perdono una deuda tan grande y después, salió y estranguló a otro hombre quien le debía tan sólo una pequeña deuda.

Y el punto que Jesús está presentando es ¿cómo es que puedes aceptar el perdón de Dios por todos tus pecados y no perdonar los de alguien más? Cuando Dios, quien le ha perdonado a usted más, y Dios, quien es el más ofendido y Dios, quien es el estándar más elevado y más santo le ha otorgado a usted perdón total, ¿acaso usted no perdonará a otros? Mateo 18 es un texto muy importante y me gustaría tener tiempo para verlo. Pero un punto final y eso nos lleva al lugar de la preparación para la mesa del Señor. Y es este: el que no perdona, no será perdonado. El que no perdona, no será perdonado. Usted pregunta: ¿está usted hablando del hecho de que moriremos e iremos al infierno?

No. No. En el panorama total, todos sus pecados son perdonados si su fe está en Jesucristo. No estamos hablando de eso que tiene que ver con su destino eterno. Estamos hablando de que aquello que tiene que ver con su gozo, su paz, su utilidad, su comunión. Estamos hablando de lo que Jesús habló con Pedro cuando Pedro dijo “Quiero un baño,” y el Señor dijo “Ya te has bañado, sólo necesita lavarse los pies.” No es cuestión de que usted sea limpio, usted es limpio. Tiene simplemente algo de polvo en sus pies que le hacen una persona indigna para sentarse en la mesa con nosotros. En Mateo 6, una porción muy importante de las Escrituras, Jesús dijo esto: “Y perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.”

Y después, en el versículo 14: “Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” Eso presenta el punto de la manera más clara que puede ser presentado. Dios va a perdonarlo a usted si usted perdona a otros. El perdón eterno es algo que está cerrado. Tenemos eso en nuestra justificación y eso se encarga del asunto de la bendición futura. Pero el perdón temporal, en lugar de que sea el perdón eterno, el perdón temporal, lo necesitamos en nuestra santificación y eso se encarga del asunto de la bendición presente. ¿Usted entiende la diferencia? El perdón eterno lo tenemos en nuestra justificación, eso se encarga del tema de la bendición futura; el perdón temporal lo tenemos y lo necesitamos en nuestra santificación, y eso se encarga del tema de la bendición presente.

El punto es que si usted no está perdonando a otros de manera regular y constante completa, entonces Dios no lo está perdonando a usted en un sentido temporal y si usted no está siendo perdonado en un sentido temporal, varias cosas sucederán. Usted perderá bendición y usted estará bajo disciplina. Se acuerda en la parábola de Mateo 18, el hombre que no perdonaba, él había sido perdonado, mostrando de manera clara que él era un creyente. Eso es lo que está diciendo la parábola. Él era un creyente quien había sido perdonado de manera completa por Dios. Pero él no quería perdonar a un hombre, entonces el rey lo trajo y lo azotó. Dios disciplina a aquellos que no perdonan a otros. Algunas veces, Él los disciplina inclusive quizás hasta la muerte.

A lo largo de los años como pastor, y he estado en esto ya por mucho tiempo, he encontrado la vaciedad, la sequedad, la falta de gozo, la falta de poder, la falta de utilidad en las vidas de personas que con frecuencia se relacionan con un corazón no perdonador. Es debido a que la bendición de Dios está siendo retenida debido a una indisposición a perdonar. Algunas veces, una persona se sienta conmigo y dice: “Están diciendo esto acerca de mí, y están diciendo aquello acerca de mí y he oído esto acerca de mí y realmente estoy enojado con todo esto; y estoy molesto con por todo esto.” Y me pregunta es “¿Qué crees que el Señor está tratando de hacer en tu vida? ¿Crees que puede haber alguna razón por la que estás experimentando todo esto?”

En otras palabras, la implicación es ¿podría ser esto una disciplina? ¿Has visto tu propio corazón? Lo que escucho que está saliendo de tu corazón es enojo y lo que oigo que está saliendo de tu corazón es amargura y quizás, es la falta de perdón que está causando que se incrementen todas estas pruebas. Debemos perdonar porque es semejante a Dios, cuyos hijos somos nosotros. Debemos perdonar porque el más Santo perdona, ¿y acaso los menores que Él no deben perdonar? Debemos perdonar porque se nos ha perdonado los pecados mayores en contra de Dios y debemos ser capaces de perdonar los menores en contra nosotros. Debemos perdonar, porque no perdonar es perder la comunión y el amor de los hermanos y es ser disciplinado. Y además, si no perdonamos, realmente no estamos preparados para venir a la mesa del Señor. No estamos preparados para adorar.

En el mismo Sermón del Monte en donde Jesús nos enseñó cómo orar, y se incluye la idea del perdón, regresando un capítulo en Mateo 5, Él dijo esto en los versículos 23:24. “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y anda, reconcíliate primero con tu hermano y entonces, ven y presenta tu ofrenda.” Ahora, esto es muy elemental. Si usted tiene un resentimiento no resuelto contra alguien más, resuélvalo. La reconciliación necesita preceder a la adoración. En donde hay amargura y enojo y falta de perdón, usted necesita hacer todo lo que pueda hacer por resolverlo. Donde está la iniquidad de la falta de perdón, Dios no va a recibir su adoración. Así es la centralidad del perdón.

Resumiendo, una afirmación de un santo anónimo, y cito: “La venganza de hecho parece con frecuencia ser dulce para los hombres, pero oh, es simplemente veneno con azúcar, es simplemente amargura endulzada y el sabor de boca que deja después es tan amargo como el infierno. El amor perdonador, perseverante y sólo ese tipo de amor es dulce y lleno de bendición, disfruta de la paz y la conciencia del favor de Dios. Al perdonar, se deshace y aniquila la herida, trata al que hirió como si no hubiera herido y por lo tanto, ya no siente el aguijón que había sentido. El perdón es un escudo del cual todos los dardos ardientes del maligno rebotan sin daño alguno. El perdón trae el cielo a la tierra y la paz del cielo al corazón pecaminoso. El perdón es la imagen de Dios, el Padre perdonador, y el avance del Reino de Cristo en el mundo.” Fin de la cita. Nunca usted es más parecido a Dios que cuando usted perdona.

Padre, te damos gracias ahora de nuevo por este recordatorio. Y conforme pensamos en todo este tema del perdón, nosotros, claro, vamos a la cruz en donde ese perdón que Tú nos has concedido en Cristo es manifiesto de manera tan clara. Venimos ahora ante Ti para participar del pan y de la copa y no queremos hacerlo de una manera indigna. No queremos traer esto, nuestra ofrenda o alabanza y adoración ante Ti si hay amargura o venganza o enojo en nuestros corazones. Queremos asegurarnos de que todo está bien. Podría ser que en algunos casos, no podemos participar hasta que vayamos con algún hermano y corrijamos las cosas. Oramos, Señor, por aquellos que están llevando amargura y resentimiento, actitudes que te desagradan.

Señor, te pedimos, claro, que Tú los lleves al arrepentimiento y que Tú no tengas que disciplinarlos y que no sean instrumentos de división en la unidad y en el gozo de otros también. Danos un corazón totalmente perdonador. Inúndanos con ese amor perdonador que Tú has prometido derramar en nuestros corazones a través del Espíritu. Y ahora Señor, conforme nos preparamos para Tu mesa, pedimos que Tú hagas que nuestros pensamientos estén centrados en temas de preocupación personal. Que no pensemos en otros, sino que veamos a nuestros propios corazones y usa este tiempo como un tiempo de confesión. Señala el pecado para que podamos confesarlo abiertamente ante Ti. Límpianos y lávanos, porque no queremos venir a esta mesa de manera indigna y comer y beber juicio para nosotros mismos, disciplina.

Y Señor, para aquellos que no conocen a Cristo, esta mesa no es para ellos, porque ellos no pueden adorar al Salvador, ellos no pueden celebrar a la muerte de Cristo cuya muerte no significa nada a menos que ahora abran su corazones, que se entreguen a Él en arrepentimiento, acepten a Jesús como Salvador, recibiendo Su perdón y Su misericordia. Espíritu Santo, guíanos conforme examinamos nuestros propios corazones y prepáranos para participar.

 

 

 

 

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