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Tres fases de la salvación



Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.
- Filipenses 1:6

 

 La obra que Dios ha comenzado en usted es la obra de salvación. Cuando Dios comienza esa obra en una persona, la termina. Pablo dijo una vez algo sorprendente acerca de la salvación: “ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos” (Ro. 13:11). ¿Cómo puede ser eso? ¿No recibimos nuestra salvación cuando creímos? Sí, la recibimos pero Pablo está hablando de la plenitud de nuestra salvación cuando Jesucristo venga y seamos transformados. 

 

 Para el cristiano hay tres fases de la salvación. Parte está en el pasado, cuando Jesucristo murió en la cruz y usted posteriormente creyó en Él. Otra parte está en el presente cuando el Espíritu sigue obrando en su vida para transformarlo y liberarlo del pecado. Y una tercera parte está en el futuro cuando esperamos ser transformados por completo y disfrutar de vida eterna en el cielo. La primera fase es la justificación, que ocurre cuando uno se arrepiente y pone la fe en Cristo y se nos justifica ante Dios. La segunda fase es la santificación, cuando poco a poco nos separamos del pecado. La tercera fase es la glorificación, que ocurrirá cuando dejemos este mundo y entremos en el cielo y seamos liberados de la antigua carne caída y sus influencias. Al llegar a ese punto seremos libres por completo de la realidad del pecado y podremos entrar en la plena perfección y absoluta santidad de vida eterna. 

 

 Como cristiano, ya usted ha sido justificado y perdonado. Usted está en el proceso de ser santificado y progresivamente es apartado del pecado por la obra del Espíritu Santo mediante la Palabra. Un día usted será glorificado, hecho como Jesucristo, tanto como la humanidad glorificada puede ser como la deidad encarnada. Damos gracias por el don de la salvación que ya hemos recibido pero nos regocijamos al saber que Dios solo ha comenzado a transformarnos y Él terminará lo que comenzó.
 Oramos con las palabras del himno de Carlos Wesley:

 

Terminada la jornada,
Haznos, Dios, sin mancha ser.
Haznos ver, ya restaurada,
Tu obra por tu gran poder.
Nos cambias de gloria en gloria
Hacia el cielo en nuestro andar.
Ante ti nos rendiremos.
¡Tu amor hemos de ensalzar!

 

 

 



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