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Un reconocido propietario de un restaurante y club nocturno de la ciudad de Nueva York hizo esta declaración en una entrevista de noticias: “No estaría donde estoy ahora si no fuera por aquel que está en las alturas”.

Por supuesto, esa es una declaración verdadera en el sentido que la usó el apóstol Pablo cuando les dijo a los atenienses que “En él vivimos, nos movemos y somos” (Hech. 17:28). Cristo es el sustentador de todo el universo, y nadie estaría donde está hoy día sin él.

Pero en cuanto a Dios guiando personalmente a aquellos que no han recibido a Jesucristo como Salvador personal, no hay un versículo en las Escrituras que indique que, por lo general, eso sucede.

En cambio leemos: “Y cuando saca fuera a todas las suyas, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Juan 10:4).

Sin Cristo, el hombre es un extraño para Dios. Es un rebelde en contra de Dios, un forastero en el universo de Dios.

La Biblia dice que la voluntad de Dios es que el hombre sea salvo, y ahí es donde empieza todo. Jesús lo puso bien claro en Marcos 3:31-35. Él ya estaba enseñando dentro de un edificio cuando llegaron sus hermanos y su madre. La multitud estaba sentada adentro y estaba tan abarrotada que su familia no podía llegar hasta donde estaba él. Alguien le dijo: “Tu madre, tus hermanos y tus hermanas te buscan afuera”.

Él contestó: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” (v. 33).

Estoy seguro de que la reacción de la multitud fue algo así como: “¿Qué clase de pregunta es esta? ¡Todo el mundo conoce a su madre y a sus hermanos!”

Si la reacción inicial de Jesús no los sorprendió, sus siguientes palabras sí. “Mirando a los que estaban sentados alrededor de él dijo: ‘¡He aquí mi madre y mis hermanos!’” (V. 34).

Probablemente todos se miraron entre sí y pensaron: “¿Quién, yo?”

Luego especificó lo que había dicho. “Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, este es mi hermano, mi hermana y mi madre” (v. 35).

¿Qué estaba diciendo Jesús? Estaba enseñando que para relacionarse con él, uno tiene que hacer la voluntad de Dios. Póngalo al revés. Para hacer la voluntad de Dios uno tiene que estar relacionado con Jesús.

El apóstol Juan dijo: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo…el mundo está pasando, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Jn. 2:15-17). ¿Quién va a permanecer para siempre? Aquellos que hacen la voluntad de Dios. ¿Pero quién es el único que puede dar vida eterna? Jesucristo. Entonces, el primer paso a dar en el camino de la voluntad de Dios es que usted sea salvo.

Si usted nunca ha entregado su vida a Jesucristo, no puede esperar absolutamente nada de Dios. Él no le debe nada. No tiene ninguna obligación con usted en lo más mínimo.

La gente rechaza esto. La doctrina de la salvación no es popular porque incluye el reconocimiento del pecado. A nadie le gusta reconocer el pecado, y mucha gente resiste la idea de que necesitan ser salvos.


Extraído del libro, La voluntad de Dios escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano.


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