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Pablo, en su segundo viaje misionero, cumplió el ministerio que Dios había planeado para Galacia, una provincia grande del imperio romano. Él fortaleció, animó y confirmó exitosamente a los santos. La tarea, en ese entonces, se cumplió. Pero Pablo no había terminado, él se estaba moviendo. Él fue un modelo de persistencia.

Pablo se fue al oeste, sin saber específicamente la voluntad de Dios, pero estaba en movimiento para que Dios lo pudiera guiar. La siguiente provincia fue Asia menor con sus ciudades de Éfeso, Esmirna, Filadelfia, Laodicea, Colosas, Sardis, Pérgamo y Tiatira. Pablo se fue con Silas y Timoteo hacia Asia Menor, emocionado por el prospecto de llevarle el evangelio a la gente de allí.

De repente, como si fuera una muralla de concreto en una autopista, el Espíritu Santo les prohibió predicar el evangelio en Asia (Hech. 16:6). No sabemos cómo Dios los detuvo, pero lo hizo. La puerta cerrada cambió su dirección y se fueron al norte a Misia, esperando entrar a la provincia de Bitinia. “Pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió” (16:7). Otra barrera en el camino. Se les había detenido de ir al norte, al sur y al este, hacia Galacia. ¿Y ahora qué? A estas alturas podríamos haber dicho: “Todas las puertas están cerradas, será mejor que nos vayamos a casa”. Pero Pablo no dijo eso. ¡Todavía quedaba el oeste! De manera que siguieron la frontera entre Asia Menor y Bitinia hacia el oeste hasta que llegaron al mar Egeo. Estaban en la ciudad playera de Troas, “y por la noche se le mostró a Pablo una visión en la que un hombre de Macedonia estaba de pie rogándole y diciendo: ‘¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!’” (Hech. 16:9). Nunca más se volvería a considerar al cristianismo como otro culto asiático. Se estaba dirigiendo a Europa, toda una cultura diferente, ¡un nuevo mundo!

Dios quiso que estuvieran en Macedonia todo el tiempo. Pero nunca se los dijo hasta que demostraron su fe y persistencia y no podían dar otro paso más.

Manténgase en movimiento, ¡qué principio! Hay tantas personas que se quedan sentadas esperando que la grúa celestial los mueva y dicen: “No sé lo que Dios quiere que haga”. Ellos necesitan comenzar a moverse para que Dios pueda guiarlos a esa área de servicio que él ha planificado. Conocer la voluntad de Dios puede significar a caminar por un camino estrecho hasta llegar a un callejón sin salida. En ese momento, Dios abrirá una puerta tan ancha que usted no podrá ver lo que está a su alrededor, ¡sino sólo a través de ella!

¿Cuál fue la respuesta de Pablo? Se encuentra registrada en el libro de Hechos: “En cuanto vio la visión, de inmediato procuramos salir para Macedonia, teniendo por seguro que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio” (Hech. 16:10).

Pablo respondió inmediatamente y esa es la única reacción cuando un corazón persistente se encuentra con una puerta abierta.

Me acuerdo cuando era niño y me iba al parque de diversiones y pagaba unos pocos centavos para perderme en un laberinto. Estaba lleno de espejos, espacios abiertos y vidrios transparentes. La idea era encontrar los espacios abiertos y abrirse paso para salir del laberinto. Un niñito se rindió y se quedó parado en un lugar llorando hasta que viniera su mamá. ¡Yo no! Yo me golpeaba con los vidrios y los espejos hasta encontrar los espacios abiertos y salía después de 15 minutos.

Usted puede rebotar contra muchas puertas cerradas, pero esa es la forma en que Dios lo guía a la fuerza hacia la puerta que él tiene abierta. ¡Muévase! Sea persistente.

¿Sabe qué? La voluntad de Dios no es primordialmente un lugar. La voluntad de Dios no es, ante todo, un sitio donde ir o un lugar donde trabajar. La voluntad de Dios tiene que ver con usted como persona. Si usted es una persona que está en la condición correcta, entonces puede seguir sus deseos y cumplirá así con la voluntad de él.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional. NO os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Rm. 12:1,2).

Y cualquier cosa que pase en su vida, a lo largo de su recorrido dé gracias, porque “esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:18). Él está usando eso para amoldarlo a su voluntad.


Extraído del libro, La voluntad de Dios escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano.


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