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Información de la Editorial

El siglo veinte produjo una explosión de información que no se puede comparar en toda la historia de la humanidad – acceso instantáneo a volúmenes de información a un pulsar del ratón de la computadora. Sin embargo, con todo lo que hemos aprendido y con todo lo que se ha escrito, la sabiduría del hombre es todavía incapaz de responder las preguntas espirituales más básicas de la vida: ¿Cómo es que llegamos aquí? ¿A dónde iré cuando muera? ¿Cuál es el significado de la vida?

Una vez leí un libro escrito por una psiquiatra sobre como tratar con la depresión. Una sección titulada “Reprogramando tu mente conciente” llamo mi atención en particular. Su primera sugerencia fue que cada vez que tengas un pensamiento negativo, grita, “¡Cancela!” También recomendó una programación al dormir – tocando una cinta toda la noche con grabaciones de comentarios positivos. Durante el día, de acuerdo al libro, debes escuchar música positiva.

El doctor también pensó que sería útil cultivar un significado de filosofía espiritual. Dice que necesitas un sistema de fe que trabaja bien para ti – cualquiera estaría bien – pero ten cuidado de aquellos que hablan del pecado y la culpabilidad. Su recomendación final fue que buscaras la luz en ti mismo. Desafortunadamente, esa es la mejor sabiduría humana que podemos producir.

Verdadera sabiduría empieza con Dios

Dios define la sabiduría de esta forma: “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” (Job 28:28). Ese versículo describe la fe salvadora – ambos el temer a Dios y apartarse de la maldad empiezan inicialmente en la conversión. Entonces empiezas a ser sabio cuando temas a Dios confiando en Él y arrepintiéndote de tus pecados. Mientras que solo tengas sabiduría humana – o en palabras de Santiago, aquello que es “terrenal, animal, diabólico” (3:15) – no puedes conocer a Dios o la sabiduría verdadera. Sin ese primer paso crítico, no hay relación al Dador de toda sabiduría y entendimiento.

Por otro lado, si te haz sometido al evangelio en arrepentimiento, entonces conoces al “único y sabio Dios” (Ro. 16:27) como tu Padre. Su libro de sabiduría está abierto a ti como cristiano. El Espíritu de sabiduría en ti te ilumina la sabiduría de Su Palabra – puedes realmente ser sabio.

¿Entonces por qué es que todavía tenemos tendencias a buscar primero la sabiduría del hombre y virtualmente ignorar la suficiencia de la sabiduría de Dios que se encuentra en la Biblia? Yo creo que si verdaderamente entendemos el gran contraste – la oposición absoluta del uno al otro – dejaremos atrás el entendimiento elemental del mundo para aceptar las riquezas de la sabiduría divina.

Sabiduría humana vs. sabiduría divina

Hoy tus pensamientos son atacados por las filosofías y metodologías mundanas en un intento a desviarte de la Palabra de Dios – la única fuente que puede satisfacer las necesidades profundas del corazón humano. No es un ataque nuevo; los creyentes en Corinto tuvieron el mismo problema. Ellos fueron fuertemente influenciados por las ideas prevalentes de su día. Cuando se hicieron cristianos y despertaron a la revelación de Dios, fueron expuestos a un conflicto obvio.

Pablo, describiendo este conflicto, dijo, “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios…¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?” (1 Cor. 1:18, 20). Mientras los filósofos del primer siglo veían la sabiduría de Dios como necedad, en verdad Dios expuso su “sabiduría” como necedad. Esa oposición hace la sabiduría del mundo y la sabiduría de Dios incompatible – son mutualmente exclusivas.

Dios le ha dado al hombre la habilidad de estudiar, analizar, categorizar, y desarrollar los recursos físicos de este mundo para beneficio a la vida física. Pero allí es donde termina su sabiduría. Por el pecado, su mente es totalmente incapaz de discernir la dimensión espiritual. Él no tiene el poder de cambiar su propio corazón, ni entendimiento para resolver su dilema espiritual, ni recursos para satisfacer su alma – es muerto espiritualmente.

La sabiduría del hombre no hace contribución en la dimensión espiritual, y no necesita contribuir. La sabiduría de Dios es rica e infinita – no necesita suplemento.

Verdadera sabiduría es revelada divinamente

Primera Corintios 2:7 dice, “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria”. La palabra griega traducida “misterio” no se refiere a algo extraño o desconcertante; es un término técnico para la clase de verdad que el hombre no había conocido previamente pero que ahora ha sido revelada. La verdad de Dios salva a pecadores a través del sacrificio sustituto de Su Hijo, que es hecho claro para todos.

Sin embargo, nadie puede venir a conocer esta verdad por si mismo por culpa del pecado. “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Cor. 2:14). Sabiduría divina no puede ser empíricamente deducida por analizar datos y evidencia física (v. 9). Solamente viene como un regalo de Dios cuando Su Espíritu revela Su Palabra a individuos.

Primera Corintios 2:10 dice, “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.” El Espíritu Santo – el Autor divino de la Escritura – busca recesos profundos de la Persona de Dios y conoce la mente de Dios perfectamente. Es por eso que Él puede revelar a Dios y la voluntad de Dios completamente. La Biblia contiene toda la sabiduría que necesita el hombre para resolver todas las luchas, los problemas y cuestiones de la vida.

Esas cosas profundas de Dios, Pablo dice, “lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual” (2:13). Tú tienes un Maestro de Verdad viviendo en ti para iluminarte sobre las verdades esenciales espirituales. El Espíritu Santo toma la Palabra de Dios, la Palabra que Él ha revelado e inspirado, y la ilumina a aquellos en quien Él reside. Con todo derecho puedes evaluar la Palabra, pero solamente cuando confías en el Dador de la Palabra.

Pablo concluyó, “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Cor. 2:16). Tú la puedes entender si eres diligente y obediente al estudiar y someterte a ella. Porque es revelada, su autenticidad es garantizada. Porque es inspirada, su precisión es garantizada. Y porque es iluminada, su aplicabilidad es garantizada.

No vuelvas a la sabiduría humana para poder resolver problemas espirituales. Si el mundo tuviera algo para ofrecer, lo mejor de sus ciudadanos no hubieran crucificado al Señor (1 Cor. 2:8). Como un creyente verdadero, ancle toda su confianza en la Palabra de Dios, la única fuente de la verdadera sabiduría.

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