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El arrepentimiento en el Evangelio de Juan

Juan

Código: A238

En los libros que no creen en el Señorío encontramos invariablemente un argumento en contra del arrepentimiento que dice lo siguiente: El evangelio de Juan, probablemente el único libro de la Escritura cuyo propósito es explícitamente evangelístico (Juan 20:31), nunca menciona el arrepentimiento. Si el mismo fuera tan crucial para el mensaje del Evangelio, ¿no considera que Juan habría incluido un llamado al arrepentimiento?

Lewis Sperry Chafer escribió: “El Evangelio de Juan, escrito para presentar a Cristo como el objeto de la fe para la vida eterna, no utiliza la palabra arrepentimiento ni una sola vez” (Systematic Theology, 3:376) [Teología sistemática, 3:376). Chafer sugirió que el cuarto Evangelio sería “incompleto y engañoso si al arrepentimiento se le debiera dar un lugar separado e independiente del creer. Ninguna persona reflexiva intentaría defender [el arrepentimiento como condición para la salvación] contra tales probabilidades; y aquellos que lo han considerado, sin duda lo han hecho sin pesar en la evidencia o sin considerar la posición indefendible que toman” (3:376-77).

Más recientemente, Charles Ryrie ha escrito

Es notable recordar que el Evangelio de Juan, el Evangelio de la fe, nunca utiliza la palabra arrepentimiento. Y sin embargo, Juan tuvo muchas oportunidades de emplearla en los sucesos de la vida del Señor que registra. Hubiera sido más apropiado utilizar arrepentimiento o arrepentirse en el relato de la conversación de Jesús con Nicodemo. Pero creer es la palabra empleada (Juan 3:12, 15). Entonces, si Nicodemo necesitaba arrepentirse, creer debe ser un sinónimo; ¿sino cómo es que el Señor pudo haberse equivocado al no usar la palabra arrepentirse cuando hablaba con él? A la prostituta samaritana, Cristo no le dijo que se arrepintiera. Él le dijo que pidiera (Juan 4:10); y cuando su testimonio y el del Señor se propagó entre los samaritanos, Juan no relató que se arrepintieron sino que creyeron (versículos 39, 41-42). Y hay casi otras cincuenta citas más sobre “creer” y “fe” en el Evangelio de Juan, pero no hay uso de “arrepentirse”. El punto culminante es Juan 20:31: “Pero éstas se han escrito para que creáis… y para que creyendo, tengáis vida en Su nombre.” (SGS 97-98).

Nadie se detiene en este punto tan apasionadamente como Zane Hodges:

Uno de los hechos más sorprendentes sobre la doctrina del arrepentimiento en la Biblia es que esta doctrina está totalmente ausente en el Evangelio de Juan. ¡No hay ni siquiera una referencia en los veintiún capítulos de Juan! Sin embargo, un autor que cree en el señorío, escribe: “Ningún evangelismo que omita el mensaje del arrepentimiento puede ser llamado Evangelio, puesto que los pecadores no pueden venir a Jesucristo fuera de un cambio radical de corazón, mente y voluntad”.

Esta es una declaración sorprendente. Puesto que el Evangelio de Juan omite el mensaje del arrepentimiento, ¿debemos concluir entonces que su Evangelio no es entonces un Evangelio bíblico?

La idea lleva su propia refutación en sí misma. El cuarto evangelista afirma explícitamente estar evangelizando (Juan 20:30-31). La teología del Evangelio de Juan no es incorrecta; la teología del señorío de la salvación sí lo es. En efecto, los grandes esfuerzos de los maestros del señorío por leer arrepentimiento dentro del cuarto Evangelio muestran manifiestamente que han identificado su propia debilidad básica. Claramente, el mensaje del Evangelio de Juan es completo y apropiado sin referencia ninguna al arrepentimiento (AF 146-47).

Hodges sugiere que el apóstol Juan estaba evitando a propósito el tema del arrepentimiento (AF 149). Él no encuentra en el Evangelio de Juan ni una palabra – ni siquiera una sílaba – sobre el arrepentimiento. Y si hubiera algún lugar perfecto para que el evangelista introdujera este tema, éste sería el lugar.

¡Pero su silencio es ensordecedor!...

El silencio del primer capítulo continúa hasta el último capítulo del libro. El cuarto Evangelio no dice nada sobre el arrepentimiento, mucho menos conecta el arrepentimiento con la vida eterna.

Este hecho significa el fin de la teología del Señorío. Solamente una ceguera resuelta puede resistir la conclusión obvia: Juan no consideraba el arrepentimiento como una condición para la vida eterna. Si lo hubiera considerado, lo hubiera dicho. Después de todo, de eso se trata su libro: de obtener vida eterna (AF 148).

¿Qué debemos pensar de esta sugerencia? ¿Es el “silencio” sobre el arrepentimiento del apóstol Juan verdaderamente un signo del fin de la posición del señorío?

Difícilmente. Hace ya más de cincuenta años, H.A. Ironside respondió a este tema. Él escribió:

La disposición de los cuatro Evangelios está en perfecta armonía. En los sinópticos [Mateo, Marcos y Lucas], el llamado es al arrepentimiento. En Juan, el énfasis es dado a creer. Algunos han creído que aquí hay una inconsistencia o contradicción. Pero necesitamos recordar que Juan escribió muchos años después que los evangelistas más mayores; y con el objetivo definido de mostrar a Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios y que, creyendo, podamos tener vida por medio de Su Nombre. Él no repite algo conocido. Si no que agrega y complementa las crónicas anteriores, dando confianza en el testimonio que Dios ha dado sobre Su Hijo. Él no ignora el ministerio del arrepentimiento porque recalca la importancia de la fe. Al contrario, enseña a las almas arrepentidas la simplicidad de la salvación, de recibir vida eterna, por medio de confiar en Él quien, como la verdadera luz, arroja luz sobre todo hombre, haciendo así manifiesta la condición humana caída y la necesidad de un cambio completo de actitud hacia uno mismo y hacia Dios (Except Ye Repent, 37-38).

La afirmación de Zane Hodges que “el cuarto Evangelio no dice nada sobre el arrepentimiento” (AF 148) es manifiestamente falsa. Sí es verdad que Juan no usa la palabra arrepentimiento, pero como hemos observado en otros lugares, nuestro Señor tampoco usó la palabra gracia. Se puede asumir que los teólogos que no creen en el Señorío evitarían cualquier sugerencia en cuanto a que la doctrina de la gracia no está presente en la enseñanza de Jesús.

El arrepentimiento está en el Evangelio de Juan, a pesar de que la palabra en sí misma nunca es empleada. En el relato de Nicodemo, por ejemplo, el arrepentimiento fue claramente sugerido en el mandato de Jesús a que “[naciere] de nuevo” (Juan 3:3, 5,7). El arrepentimiento fue el punto de la ilustración del Antiguo Testamento que el Señor le dio a Nicodemo (vv. 14-15). En Juan 4, la mujer en el pozo se arrepintió, tal como podemos ver en sus acciones en los versículos 28-29.

¿No está el arrepentimiento incluido por implicancia en la siguiente descripción de Juan sobre la fe salvadora?

Juan 3:19-21: Y esta es la condenación: que la Luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la Luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la Luz y no viene a la Luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la Luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios

Juan 10:26-28: Pero vosotros no creéis, porque no sois de Mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen Mi voz, y Yo las conozco, y Me siguen; y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de Mi mano (énfasis agregado).

Juan 12:24-26: De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno Me sirve, sígame; y donde Yo estuviere, allí también estará Mi servidor. Si alguno Me sirviere, Mi Padre le honrará.

Decir que Juan llamó a una fe que excluía el arrepentimiento es malinterpretar gravemente el concepto del apóstol de lo que significa ser creyente. Aunque Juan nunca usa la palabra arrepentirse como verbo, los verbos que usa son aún más enérgicos. Él enseña que cada creyente verdadero ama la Luz (3:19), viene a la Luz (3:20-21), obedece al Hijo (3:36), practica la verdad (3:21), adora en espíritu y verdad (4:23-24), honra a Dios (5:22-24), hace buenas obras (5:29), come Su carne y bebe Su sangre (6:48-66), ama a Dios (8:42, cp. 1 Juan 2:15), sigue a Jesús (10:26-28) y guarda los mandamientos de Jesús (14:15). ¡Esas ideas no ocurren en la salvación que no cree en el Señorío! Cada una presupone arrepentimiento, compromiso y un deseo a obedecer.

Tal como sugieren esos términos, el apóstol tuvo cuidado de describir la conversión como un giro radical. Para Juan, convertirse en creyente significaba resurrección de la muerte a la vida, salir de la oscuridad hacia la luz, abandonar las mentiras por la verdad, cambiar el odio por el amor y renunciar al mundo por Dios. ¿Qué son esas sino imágenes de una conversión radical?

Amar a Dios es la expresión que Juan usa con más frecuencia para describir el comportamiento del creyente. ¿Cómo pueden los incrédulos empezar a amar a Dios fuera de un arrepentimiento genuino? ¿Qué es lo que implica el amor?

Finalmente, recuerde que es en el Evangelio de Juan en donde se describe el ministerio de convicción del Espíritu Santo hacia un mundo incrédulo (Juan 16:8-11). ¿De qué convence el Espíritu Santo a los incrédulos? De “pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8). ¿No parecería que el ministerio del Espíritu Santo de convencer a las personas del pecado y sus consecuencias tiene el propósito específico de establecer las bases para el arrepentimiento?

El arrepentimiento subyace en todas las escrituras de Juan. Se entiende, no es necesariamente explícito. Sus lectores estaban tan familiarizados con su mensaje apostólico que no tuvo que preocuparse por el tema del arrepentimiento. Juan enfatizó diferentes aspectos del mensaje del Evangelio a aquellos señalados por Mateo, Marcos y Lucas. ¡Pero -con seguridad- no los estaba contradiciendo! Su meta ciertamente no era trazar una doctrina de salvación que no cree en el Señorío.

De hecho, el propósito de Juan fue exactamente opuesto. Él mostró que Jesús es Dios (p. ej. 1:1-18; 5:18; 12:37-41). Los lectores de Juan claramente entendieron la implicación de eso: Si Jesús es Dios y lo debemos recibir como Dios (Juan 1:12), nuestro primer deber al venir a Él es arrepentirnos (cp. Lucas 5:8).

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