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Veamos más cerca la tendencia dispensionalista de hacer contrastes injustificados entre verdades relacionadas o paralelas. Es importante delinear cuidadosamente entre axiomas esencialmente diferentes (2 Ti 2:15). Pero también es posible caer de esa línea. El celo desenfrenado de algunos dispencionalistas de hacer dicotomías ha causado imposiciones desafortunadas sobre el evangelio.

Por ejemplo, Jesús es ambos Salvador y Señor (Lucas 2:11) y ningún creyente verdadero puede discutir eso. “Salvador” y “Señor” son funciones diferentes, pero debemos tener cuidado de no dividirlos de tal manera que dividimos a Cristo (cf. 1 Co 1:13). Sin embargo, voces fuertes del dispencionalismo históricamente han enseñado que es posible rechazar a Cristo como Señor y recibirlo como Salvador.

En efecto, hay algunos que quisieran que creamos que la norma para la salvación es de aceptar a Jesús como Salvador sin someternos a Él como Señor. Declaran que cualquier otra enseñanza dirige a un evangelio falso “porque sutilmente añade obras a la condición clara y sencilla establecida en la Palabra de Dios”. [1] Le han dado el nombre a este punto de vista el “señorío de la salvación”.

El señorío de la salvación, definido por una persona quien piensa que es herejía, es “el punto de vista que para la salvación una persona debe confiar en Jesucristo como su Salvador del pecado y también debe comprometerse a Cristo como Señor de su vida, sometiéndose a su autoridad soberana”. [2] Es asombroso que alguna persona pueda definir esa verdad como anti-bíblica o herética, pero un coro de voces sigue empujando esa covicción. La implicación es que definen que reconocer el señorío de Cristo es obra humana. Esa idea equivocada es respaldada por volúmenes de literatura que hablan de personas “haciendo a Jesucristo el Señor de sus vidas”. [3]

Nosotros no “hacemos” a Cristo Señor; ¡Él es Señor! Aquellos quienes no le reciben como Señor son culpables de rechazarle. “Fe” que rechaza Su autoridad soberana es realmente incredulidad. A la inversa, reconocer Su señorío no es más una obra humana como el arrepentimiento (cf. 2 Ti 2:25) o la fe misma (cf. Ef 2:8-9). De hecho, entregarse a Cristo es un aspecto importante de una verdadera fe salvadora producida divinamente, no algo añadido a la fe.

Las declaraciones más claras sobre el camino a la salvación en toda la Escritura ambas enfatizan el señorío de Jesús: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31); y “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Ro 10:9). [4] El sermón de Pedro en el día de Pentecostés concluyó con esta declaración: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis,
Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36, énfasis añadido). Ninguna promesa de la salvación es extendida a aquellos quienes rehúsan acceder al señorío de Cristo. Así que no hay salvación excepto el “señorío” de la salvación. [5]

Oponentes del señorío de la salvación han ido a grandes rasgos para hacer el caso que “Señor” en esos versículos no significa “Amo” pero hace referencia a su deidad. [6] Aunque fuera concedida esa afirmación, simplemente afirma que aquellos quienes vienen a Cristo para su salvación deben reconocer que Él es Dios. ¡Las implicaciones de eso son aún más demandantes que si “Señor” solamente significara “Amo”!

El hecho es, “Señor” sí significa “Dios” en todos esos versículos. Con mayor precisión, significa “Dios que gobierna” [7] y solamente refuerza los argumentos para el señorío de la salvación. Nadie quien desea la salvación con fe genuina, sinceramente creyendo que Jesús es Dios eterno, todopoderoso y soberano, rechazará intencionadamente Su autoridad. La fe verdadera no es (servicio de labios). Nuestro mismo Señor pronunció condenación sobre aquellos quienes lo adoraban con sus labios pero no con sus vidas (Mat 15:7-9). Él no se convierte en el Salvador de cualquiera hasta que esa persona lo recibe por quien Él es – Señor de todo (Hechos 10:36).

A. W. Tozer dijo:
El Señor no salvará a aquellos quienes no pueda gobernar. No dividirá sus funciones. No puedes creer en un medio-Cristo. Lo tomamos por quien es – ¡el Salvador y Señor ungido quien es Rey de reyes y Señor de señores! No sería quien es si nos salvó y llamó y escogió sin el entendimiento que también puede guiar y controlar nuestras vidas. [8]

NOTAS:
[1] Livingston Blauvelt, Jr., "Does the Bible Teach Lordship Salvation?" [“¿Enseña la Biblia sobre el señorío de la salvació?”] Bibliotheca Sacra (January-March 1986), 37.
[2] Ibid.
[3] Ibid., 38.
[4] Algunos dispencionalistas confinarían la aplicación de Romanos 10:9-10 a los judíos incrédulos. Es verdad que Romanos 9-11 trata con la pregunta del rechazo de Israel del Mesías y el lugar de la nación en el plan eterno de Dios. Pero el significado soteriológico de esos versículos, no puede ser limitado a Israel solamente, dado a estos versículos 12-13: “Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.
[5] No me gusta el término “el señorío de la salvación”. Fue dado por aquellos quienes quieren quitar la idea de una entrega a Cristo del llamado a una fe salvadora, e implica
que el señorío de Jesús es una falsa añadidura al evangelio. Sin embargo, como veremos, “el señorío de la salvación” es simplemente soteriología evangélica bíblica e histórica. Estoy usando este término aquí (y lo he hecho a través de los años) solo para el bien del argumento.
[6] Ibid., 38-41. Vea también G. Michael Cocoris, Lordship Salvation--Is It Biblical? [El señorío de la salvación - ¿Es bíblico?] (Dallas: Redencin Viva, 1983), 13-15
[7] Un entendimiento propio de cualquier término bíblico depende de la etimología, contexto e historia. Etimológicamente, kurios viene de la raíz griega que significa “gobierno, dominio, o poder”. Contextualmente, tomado el uso de Pedro de kurios en Hechos 2:36, es importante notar que los versículos 34-35 citan del Salmo 110, un salmo mesiánico sobre gobierno y dominio (“Domina en medio de tus enemigos”, Sal 110:2). Pedro no dijo simplemente que “Dios le hizo…Dios”; él afirmaba el derecho de Cristo a reinar. Históricamente, el mensaje de Pedro trata el papel de los judíos en la crucifixión del Mesías (v. 23). En el tribuno de Jesús ante Pilato y la multitud judía, el asunto fue su monarquía, mencionado por lo menos doce veces en Juan 18:33-19:22. Claramente, un exegesis profundo histórico-gramático de Hechos 2:36 puede dirigir solamente a una conclusión: Jesús es el Rey divino quien gobierna entre ambos amigos y enemigos. Habiendo identificado así que Cristo es Señor de todo, Pedro da su apelación evangelística. Note cuidadosamente que Pablo predicó a Cristo en exactamente la misma manera (2 Co 4:3-5): Jesús es Señor soberano, y nosotros somos Sus siervos.
[8] A. W. Tozer, I Call It Heresy! [¡Yo le llamo herejía!] (Harrisburg, Pa.: Christian Publications, 1974), 18-19.

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