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Al igual que en la sociedad actual de "primero yo", el ensimismamiento fue una de las características determinantes de la cultura romana. La superación personal, la auto-promoción y el auto-engrandecimiento eran los pilares de su estructura social. El sacrificio personal era un concepto extraño.

El egoísmo generalizado, extremo, no se limitaba a la élite adinerada y los políticos. Cristo tuvo reiteradas confrontaciones con los líderes religiosos judíos, quienes reflejaban el mismo tipo de interés egocéntrico manifiesto en su piedad, arrogancia e hipocresía.

Es por eso que el ejemplo de Cristo de liderazgo como un humilde pastor era tan contracultural. Era exactamente lo contrario a las actitudes que dominaban toda la sociedad.

La idea de un liderazgo de servicio no se originó con la metáfora de pastoreo. El sacrificio humilde por el bien de los demás es la forma en que se suponía que el liderazgo humano debía funcionar desde el principio mismo de la creación, inclusive antes de la caída de Adán. La sociedad humana fue ordenada por el propio diseño de Dios; y la familia fue la primera unidad de gobierno humano -la piedra angular de todas las otras estructuras sociales. Adán fue la cabeza y Eva, su ayudante (Génesis 2:18).

Por otra parte, por misterio de la presciencia divina, la relación de Adán con Eva fue diseñada específicamente para ilustrar el amor sacrificial de Cristo por Su pueblo (Efesios 5:23). El cuidado de Cristo por Su pueblo es por lo tanto el modelo para cada esposo (1 Corintios 11:3). Y puesto que el marido era el líder original, el prototipo en el reino humano, la misericordia cristiana es un elemento definitorio de un verdadero liderazgo como Dios lo diseñó.

Es por eso que en el plan de Dios para la familia, el marido, no la esposa, es el jefe designado. Mientras que la relación esposo-esposa es una sociedad verdadera, amorosa, mutua, los roles no son reversibles. La Escritura dice expresa y repetidamente que el esposo debe tomar el papel de liderazgo en la familia (1 Corintios 11:3-10, Efesios 5:22-23, Colosenses 3:18, 1 Pedro 3:1-6). Por razones similares, los hombres, no las mujeres, han de ser líderes en la iglesia (1 Timoteo 2:11-14, 1 Corintios 11:5; 14:34-36).

El principio del mando masculino ha sido gravemente abusado a veces, y, por supuesto, está en contradicción con la agenda feminista adoptada por la cultura occidental secularizada de hoy en día. El papel de la mujer, bien entendido, no la disminuye; sino que la exalta. Una vez más, el liderazgo como Dios lo diseñó no tiene nada que ver con la dictadura. El esposo piadoso ama a su esposa como Cristo ama a la Iglesia: con el corazón de un siervo, no de un amo de esclavos. Sus funciones principales para con ella incluyen sensibilidad, servicio, honor y sacrificio personal. Él pone su bienestar por encima del suyo, y su protección, pureza y satisfacción significan más para él que sus comodidades personales.

La esposa fiel es la ayudante leal de su marido, comprometida solo a él, al igual que la iglesia es fiel a Cristo.

Juntos, el esposo y la esposa supervisan y cuidan a los hijos. Cuando el matrimonio y la familia están funcionando de acuerdo a los designios de Dios, la autoridad de los padres sobre los hijos es la expresión perfecta de un liderazgo tierno, amable, bien equilibrado. El cariño y el afecto de una madre dedicada ejemplifican el lado tierno del liderazgo. La fiel provisión y supervisión protectora de un padre amoroso ejemplifican el aspecto fuerte y sin embargo sacrificado del liderazgo. Cada líder y pastor genuino de la grey de Dios debe poseer ambas cualidades -maternales y paternales. En otras palabras, una imagen equilibrada de cómo el liderazgo debe funcionar fue desplegada en la trama misma de la familia desde el principio de la creación.

El apóstol Pablo lo vio claramente de esa manera; y su propio estilo de liderazgo refleja en plena medida tanto las cualidades maternales como las paternales. Él utilizó metáforas familiares para destacar su cuidado y misericordia. Suplicó con ternura y paciencia a su pueblo, ejemplificando los mejores y más importantes aspectos del auténtico liderazgo.

En su primera epístola a los Tesalonicenses, Pablo emplea ambas figuras de los padres -una al lado de la otra- para describir su estilo de liderazgo. Este breve pasaje en 1 Tesalonicenses 2:7-12 es una de las declaraciones más importantes en toda la Escritura sobre el liderazgo fiel de la iglesia. Así es como los líderes espirituales deberían considerar su función:

“Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a Su reino y gloria.”

Ahí vemos dos caras del liderazgo espiritual en perfecto equilibrio: la ternura de un cuidado compasivo, maternal junto a la entereza y la fuerza del amor paternal. Cada una de ellas merece nuestro estudio reflexivo y comprensión cuidadosa.

Y ahí es donde continuaremos la próxima vez.


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