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Cuando usted piensa en el apóstol Pablo, ¿qué le viene a la mente? ¿Es su fidelidad audaz frente a la persecución? ¿Su valentía para predicar la Verdad a todas las audiencias? ¿Su pasión guerrera por la Palabra de Dios y Su pueblo?

Es probable que usted no piense en el cuidado maternal que mostró por la iglesia primitiva. Pero eso es exactamente lo que enfatizó en 1 Tesalonicenses 2:7-9.

“Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.”

Tal vez no haya una relación más tierna, delicada y cariñosa que la de "la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos." (v. 7). A diferencia de una niñera encargada de la tarea de cuidar a los niños de otra persona, una madre tiene la conexión personal más íntima con sus propios hijos. Es, por lo tanto, más suave, más cariñosa y más sensible a las necesidades de su bebé que cualquier niñera.

El uso de Pablo de esta imagen sugiere una lección crucial sobre el liderazgo espiritual. Aquellos a quienes Dios pone en puestos de responsabilidad en la iglesia no deben encarar la tarea con la indiferencia de un sustituto provisional, sino con la determinada empatía incondicional de una madre.

No importa cuántos hijos tiene una madre, ella los ama y cuida como individuos. Ella tiene un especial afecto y preocupación por cada niño. De este modo debería ser en la iglesia. Los pastores y los líderes de la iglesia deben ver más allá del rebaño como congregación y ministrar a las ovejas como individuos.

No existe una relación humana más entregada y cariñosa que el de una madre amamantando a su propio hijo. Es un ejemplo de cuidado personal y de amorosa abnegación de alguien con autoridad hacia alguien sujeto a la autoridad.

Al mismo tiempo, es una imagen que carece por completo de cualquier fuerza o dominio. La madre acuna al pequeño con una gran ternura y cariño, no con el puño de la autoridad. Ella no está buscando el honor del niño. Por el contrario, ella está dispuesta a dedicarse por completo al bien del niño. El suyo es un amor que no escatima nada.

Esto, dice Pablo, es un emblema adecuado para el liderazgo espiritual. El líder verdadero debe tener cualidades análogas al corazón tierno, cuidadoso de una madre nodriza. Autócratas dominantes que parecen incapaces de empatía o bondad no están en condiciones de ser líderes. La clave para un liderazgo eficaz tiene muy poco que ver con el manejo de la autoridad y mucho que ver con entregarse.

Desde esa imagen de apertura en el versículo 7, Pablo procede a desplegar el aspecto maternal del liderazgo en los versículos 8 y 9. Él subraya dos ideas inherentes a la analogía de la nodriza: el deseo amoroso y la entrega personal.

El deseo amoroso de una madre por su hijo es la emoción por excelencia de la maternidad. Aunque pueda parecer inexplicable, en virtud de un análisis puramente racional, es un aspecto de la relación de la madre con su hijo natural, que Dios nos ha dado. La madre con un bebé en sus brazos tiene tal cariño por su pequeño, que hará sacrificios extremos increíbles para alimentar y cuidar a ese niño.

De manera similar, el líder espiritual fiel es impulsado por el deseo afectuoso para aquellos bajo su cuidado. Se trata de un anhelo de su bienestar, un celo por su bienestar espiritual, que motiva al líder para difundir, no sólo el Evangelio, sino también su propia vida (v. 8).

Una vez más, eso es precisamente lo que hace la madre fiel. Ella deja de lado su vida por la vida de su hijo amado. Ella se sacrifica. Ella es totalmente desinteresada. Ella es generosa. Ella está dispuesta a dar cualquier cosa y todo lo que sea necesario para la vida de ese pequeño. Y el bebé consume sus pensamientos, su tiempo, su energía -su vida misma.

Pablo continúa con la metáfora de los padres en el versículo 9: "Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga: cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios " (v. 9).

Al igual que una madre devota, él trabajó día y noche para su beneficio. Él no era una carga para ellos, de hecho, con gusto llevó la obligación del ministerio en Tesalónica -incluso se mantuvo financieramente, de manera que nadie pudiera pensar que él era su líder espiritual con el motivo de obtener alguna ventaja para sí mismo.

Pablo estuvo, evidentemente, sólo por un tiempo muy breve en Tesalónica; y fue casi expulsado de la ciudad por los enemigos del Evangelio. Los líderes de la sinagoga comenzaron a acusarlo y trataron de impulsar la violencia en contra de Pablo y sus compañeros de viaje. Así que los cristianos de esa iglesia naciente tuvieron que enviar a Pablo a Berea por la noche (Hechos 17:10).

Sin embargo, durante su breve tiempo allí, Pablo fundó esa iglesia y estableció relaciones duraderas y afectuosas con las personas a las que había traído a Cristo. De hecho, la intimidad de la analogía de nodriza-madre es aún más notable teniendo en cuenta la rapidez con la que el ministerio de Pablo entre esas personas terminó. Si consideramos el relato de Lucas, la primera visita de Pablo a Tesalónica duró a lo sumo unas pocas semanas. Pero los creyentes en esa ciudad sabían muy bien que Pablo lo había sacrificado todo en aras de llevarles el Evangelio.

Por otra parte, durante el tiempo que estuvo con ellos, Pablo se mantuvo financieramente. Hechos 18:3 dice que su oficio era hacer tiendas, por lo que, evidentemente, durante esas semanas en Tesalónica, fue capaz de ganar dinero brindando sus servicios a un negocio de tiendas. Trabajó literalmente día y noche para poder llevar el Evangelio a los tesalonicenses de manera gratuita.

Ese es el espíritu de una madre. Eso es lo que hace una madre piadosa, trabajando día y noche por el bien de su hijo y nunca obteniendo nada del infante a cambio.

Ése es también el temperamento de un líder espiritual piadoso -dispuesto a trabajar largas horas por el bien de su pueblo con el fin de que reciban la verdad que da vida del Evangelio y el alimento de la Palabra de Dios. Es una vida de sacrificio y de entrega, llevando la carga de los demás, atendiendo a sus necesidades con ternura, mansedumbre y paciencia.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
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