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El modelo de liderazgo de servicio no se originó en el Nuevo Testamento. Está tramado desde la creación, desde la relación original que el Señor diseñó y estableció entre Adán y Eva.

Pablo enfatiza esa relación de cooperación cuando describió su propio cuidado por la iglesia de Tesalónica. Hemos visto el lado maternal del liderazgo de Pablo. Pero, obviamente, los rasgos cariñosos, de auto-sacrificio de la maternidad no concluyen lo que significa ser un líder. La otra cara de la moneda del liderazgo es igualmente importante; y es muchas veces lo que la gente asocia con el liderazgo.

Mientras que el verdadero liderazgo exhibe el cuidado materno, no tiene nada de afeminado. Hay un equilibrio indispensable para la ecuación; y está encarnado en atributos viriles como la fuerza, el valor y la audacia. En consecuencia, tal como el apóstol Pablo describe su propio enfoque de liderazgo, se compara no sólo a una nodriza cariñosa, sino también a un padre atento, preocupado. En 1 Tesalonicenses 2:10-12, escribe:

“Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria”.

Pablo define deliberadamente las analogías de la madre y el padre juntas. Hace hincapié en la importancia de un enfoque equilibrado del liderazgo. También afirma claramente el principio más fundamental de la enseñanza de Jesús sobre el liderazgo: que el tirano que quiere exaltarse a sí mismo y ser servido en lugar de atender a su pueblo no es un verdadero líder (Mateo 20:25-28; 23:08 -12).

¿Qué tienen en común las madres cariñosas y los padres sensibles? El motivo que los impulsa es el deseo de la madurez de sus hijos y su bienestar. Un buen padre no se entrega menos que una nodriza. Pero su papel es diferente. La madre alimenta tiernamente el bebé; el padre es el guardián y guía principal.

Debería ser obvio para todos, excepto para los feministas más empecinados, que las diferencias entre los hombres y las mujeres van más allá de las distinciones meramente físicas. Características como la compasión, la gracia y la dulzura comúnmente se encuentran más entre las mujeres, mientras que cualidades como el coraje, la resistencia y la fuerza de convicción son características de la masculinidad.

La Escritura reconoce y afirma estas diferencias de género. En 1 Corintios 16:13, Pablo escribe: "portaos varonilmente". El versículo completo aclara su significado: "Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos." Vigilantes, de fuertes convicciones y fuertes son las características que Pablo tiene en mente. El contexto indica que la fuerza que Pablo tiene en mente no es exclusivamente fuerza física, sino dureza de carácter, coraje y fortaleza, resistencia. Esas son, por supuesto, las mismas características que las sociedades humanas han tradicionalmente asociado con la masculinidad.

Y esas son las características vitales de cada padre verdaderamente piadoso. Cuando Pablo habla del aspecto paterno de liderazgo en 1 Tesalonicenses 2:11, son esas cualidades precisamente las que él tiene en mente.

Pablo introduce la analogía del padre recordando a los Tesalonicenses cómo él y sus colaboradores en el ministerio se habían comportado en medio de ellos: "Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes" (v. 10). Claramente, los motivos de Pablo no eran sus propios intereses. Todos podían ver que su objetivo era el avance del Evangelio entre los tesalonicenses, no el beneficio personal a su costa. Su conducta reflejaba el nivel más alto de santidad e integridad.

Ése es el deber de todo padre: establecer el nivel de integridad en la familia. Eso es también la responsabilidad de cada líder espiritual.

Pablo usa tres adjetivos significativos en esa declaración: "santo y justo e irreprensible" La santidad tiene que ver con la pureza de la vida propia delante de Dios. La justicia tiene un doble enfoque, abarcando el deber de uno con Dios, así como el deber con los otros seres humanos. Irreprensible se refiere a la reputación de uno -cómo los demás perciben su carácter. El comportamiento de Pablo entre los tesalonicenses fue el modelo mismo de cómo el carácter del líder debería ser: ante Dios, santo; ante Dios y los hombres, justo; y ante los hombres, irreprensible.

Pero ser un verdadero líder (y un buen padre) no sólo ser un modelo, sino que también es enseñar. Por lo tanto, Pablo dice: "Así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a Su reino y gloria." (vv. 11-12).

Como un padre sabio, el líder espiritual piadoso vive el patrón virtuoso que se supone que sus hijos deben seguir. Pero él no se detiene con eso. Con mucho cuidado les instruye y exhorta -a nivel individual cuando sea necesario. También les anima y les ayuda.

Es evidente que hay un importante elemento de autoridad en el papel del padre, pero un padre piadoso no ejerce ese poder de una forma autoritaria. Él es paciente, alentador, involucrado personalmente con sus hijos, mostrándoles amor en el proceso, incluso cuando es necesario reprenderlos o disciplinarlos.

Este equilibrio es absolutamente crucial para todo el liderazgo espiritual. Cristo lo encarnó. Pablo lo modeló para nosotros. Cada líder espiritual debe aspirar a mantener el equilibrio; y no inclinarse demasiado hacia un lado u otro. El verdadero líder espiritual es a la vez tierno y amoroso como una nodriza, y firme y valiente como un padre seguro de sí mismo. Se mantiene por un lado preocupado por la persona, por otro lado preocupado por el proceso; por un lado preocupado por la bondad, por otro preocupado el control; por un lado preocupado por el afecto, por otra parte preocupado por la autoridad. Es por un lado acogedor, por otro exhortador; por una parte valora, por otra desafía.

Se trata de un equilibrio precioso, sólido que Dios ha diseñado aún en la trama de nuestras familias. Es el epítome perfecto de lo que todos los líderes de la iglesia deben aspirar a ser. Y donde existe ese equilibrio en la vida de nuestros líderes, la iglesia es grandemente bendecida.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
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