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Por Phil Johnson

Una buena porción de la primera epístola de Pablo a los Corintios se centra en rectificar los abusos de la congregación de los dones - las lenguas en particular. En 1 Corintios 14:40, se resume perfectamente la advertencia del apóstol acerca de cómo debía funcionar el tema de los dones: "Pero hágase todo decentemente y con orden". Sobre la marcha, es difícil pasar por alto el énfasis que el apóstol hace en lo que edifica. Pablo nota en varias ocasiones que los dones siempre deben ser utilizados de manera que iluminen e instruyan la mente. "Prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida" (v. 19).

Este principio ha sido en gran parte ignorado - y, a menudo, totalmente contrario - en la doctrina y la práctica del movimiento carismático moderno. El verdadero punto de 1 Corintios 14 es a menudo enterrado bajo un sinfín de argumentos sobre los matices exegéticos de ese pasaje. Quiero tener una perspectiva más amplia del texto y señalar algunas de las ideas más importantes de ese capítulo.

 

1. "Las lenguas" eran idiomas reales.

Es evidente que Pablo no propone un tipo de "lengua incomprensible" (v. 9). Los sonidos y sílabas sin sentido no son de utilidad alguna. "Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado" (v. 10). A lo largo del capítulo, él habla de lenguajes reales con verdadero significado. Los galimatías eufóricos del movimiento carismático moderno ni siquiera encajan la definición del apóstol de un idioma.

Por otra parte, dice en el versículo 11: "Si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí" (RV1960). Todo verdadero idioma tiene un significado; y si el significado no puede ser entendido, parece los ruidos de un cavernícola. Si el lenguaje no es más que galimatías y no tiene ningún mensaje que se pueda traducir, en realidad es peor que una lengua irracional.

Por lo que Pablo insiste en que siempre que se hablen lenguas, deben ser traducidas. Versículo 13: "El que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla." Y los versículos 27-28: "Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios."

En otras palabras, si alguien está hablando auténticamente en lenguas, la expresión contiene un mensaje; y el mensaje debe ser traducido para los oyentes. Aunque el que hable en lenguas esté orando solo y no haya nadie alrededor para escucharlo, él debe orar para que se pueda interpretar.

Pablo no estaba autorizando el uso de las lenguas como un lenguaje privado de oración, como afirman algunos carismáticos. Pero por el momento, vamos a dejar ese tema de lado y señalar simplemente que siempre que se hable en lenguas, ya sea en público o en privado, ya sea en profecía o en oración, siempre debe buscarse la interpretación.

 

2. Se supone que hablar en lenguas no es un ejercicio místico que procede de la mente.

El principal mensaje de Pablo a lo largo de todo este capítulo es que se supone que todo lo hecho en el servicio de culto público es para edificar a los oyentes. Ese es su punto clave. Está llamando a la inteligibilidad. Él está reclamando claridad en el lenguaje. Cuando decimos algo en la adoración pública, la gente de la congregación debe entender el mensaje.

Examine este pasaje y observe cuántas veces el apóstol utiliza términos como comprensiónedificación y mente. Una gran cantidad de cristianos en la era post- carismática tiene la idea completamente falsa de que la verdadera espiritualidad es algo que elude el intelecto y actúa misteriosamente en el alma. Esa opinión tiene más en común con el hinduismo que con el verdadero cristianismo. El cristianismo genuino no es anti-intelectual. No creemos que la mente sea un detrimento a la espiritualidad. De hecho, creemos que la verdadera espiritualidad consiste en ser transformado por la renovación de nuestras mentes. Somos santificados por la verdad; y la verdad es algo que aprehendemos principalmente con nuestras mentes.

La idea de que la inteligencia se debe apagar mientras buscamos alguna forma de éxtasis espiritual mental aislado es una noción totalmente falsa. Si esa es su idea de espiritualidad, entonces usted puede también juntarse con las turbas que están en el templo de Kali en Calcuta que han hecho precisamente eso: han apagado sus mentes en la búsqueda de euforia espiritual.

Aquí Pablo nos está diciendo que el propósito principal de los dones espirituales es para la edificación. Y por "edificación", se refiere a la edificación de la mente a través de una mejor comprensión de la verdad. Si usted hace un estudio sobre la palabra griega oikodomeo (que se traduce edificar en los versículos 3, 4, 5, 12, 17 y 26), encontrará que en casi todos los lugares donde la palabra aparece en el Nuevo Testamento, habla de construir el conocimiento. Una persona es "edificada" en el sentido bíblico, cuando la mente se enriquece con la verdad y el conocimiento.

Es por eso que Pablo insiste en que las expresiones en otras lenguas deben ser traducidas. ¿De qué sirve un mensaje que no pasa por la mente de los oyentes? No crecemos espiritualmente a través de medios subliminales. Somos santificados cuando la verdad se aplica a nuestras mentes y nuestras mentes son transformadas.

Matthew Henry escribe: "Incluso un apóstol no podía edificar, a menos que él hablara de manera que sus oyentes le entendieran. Decir palabras que no tienen significado para quienes las escuchan, no es más que hablar al aire... No se pueden permitir las oraciones que no se entienden. Un pastor verdaderamente cristiano tratará mucho más de hacer el bien espiritual a las almas de los hombres, que de conseguir mayor aplauso para él."

Cuando tenemos un mensaje para la congregación del pueblo de Dios, debe sonar de manera clara. El mensaje, no el lenguaje, es la clave para el don de lenguas. El Espíritu Santo no dotó a la gente con lenguas sólo para hacer ruidos interesantes. Hay un mensaje que transmitir, al igual que en el día de Pentecostés, cuando las maravillosas obras de Dios fueron proclamadas en los idiomas nativos del oyente. Y noten esto con cuidado: independientemente de su posición con respecto al movimiento carismático, debe confesar que, en última instancia, la Escritura exige que el hablar en lenguas permanezca silente, a menos que el mensaje que tienen que transmitir vaya a ser entendido por la gente presente que está escuchando. Versículo 28: "Si no hay intérprete, calle."

Sé de algunas iglesias carismáticas donde se les enseña a las personas a ser sumisas a esa instrucción. Hay una iglesia carismática no muy lejos de donde vivo, que es una de las más grandes de Estados Unidos. Cada domingo por la mañana, en su servicio de adoración, tienen un tiempo al final de la oración pastoral cuando se invita a todos los presentes en la iglesia a "adorar al Señor" en voz alta. La mayoría lo hace hablando en lenguas simultáneamente. Se produce exactamente el tipo de ambiente caótico acerca del cual Pablo advierte en el versículo 23: "Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?"

3. Es un error permitir que el servicio de la iglesia se convierta en un caos.

Algunos carismáticos se maravillan en el tipo de caos que Pablo precisamente condena aquí. La llamada "bendición de Toronto" confiere virtualmente significado litúrgico al caos y el ruido de muchas iglesias carismáticas. Visité una iglesia carismática de fama mundial a la altura de la histeria de Toronto y gran parte del servicio consistía en un caos increíble.

El predicador de esa noche contradijo virtualmente cada uno de los principios establecidos en 1 Corintios 14. Advirtió a las personas contra el uso de sus mentes y sus convicciones doctrinales para evaluar lo que estaban a punto de ver. Él dijo: "Dios quiere llegar a su corazón, no a su mente. No es necesario que usted tenga una comprensión racional de lo que está pasando aquí". Alentó a la gente a hablar en lenguas al mismo tiempo, aunque nadie interpretó ninguna de esas expresiones. Y al final, convirtió a la reunión en un caos absoluto, desencadenando un frenesí de ruido y actividad en el nombre del Espíritu Santo.

¿Puede Dios estar detrás de estos fenómenos? La Biblia responde a esa pregunta con un no definitivo. El versículo 33 dice: "Dios no es un Dios de confusión". Esos despliegues caóticos en las iglesias no deben ser atribuidos a Él. La Palabra de Dios nos habla con la mayor claridad en esto. En la terminología más familiar: "Dios no es Dios de confusión." Él no es glorificado ni se regocija donde el caos y la confusión reinan.

 

4. Las lenguas son una señal para los incrédulos.

En el versículo 22, Pablo escribe: "Las lenguas son por señal no a los creyentes sino a los incrédulos." Aquí contrasta las lenguas con la profecía, que dice que es para los creyentes.

¿Cuál es su punto? Es sencillo: la profecía implica un mensaje de Dios en un idioma que entiende todo el mundo. El mensaje que se transmitía en lenguas era claro sólo a los que entendían el idioma.

Recuerde que todas las lenguas que usaba alguien que hablaba en lenguas eran idiomas gentiles. Hebreo era el idioma judío y el arameo era una variante del hebreo del primer siglo. El resto de las lenguas eran idiomas gentiles.

El hecho de que Dios le daría la verdad inspirada en una lengua gentil era en sí mismo significativo. En Pentecostés, fue sobradamente notable escuchar a los discípulos hablando en idiomas que no eran los suyos. Pero al oído hebreo del primer siglo, hubiera sido igual de increíble escucharlos proclamar la verdad acerca de Jehová en lenguas gentiles. Eso es algo que ningún verdadero israelita jamás haría.

Los judíos en Israel del primer siglo a menudo hablaban griego, por supuesto, porque era el idioma común del comercio. Algunos de ellos también hablaban latín y muchos otros dialectos. Pero cuando llegaron al templo, cuando enumeraron las maravillosas obras de Dios, o (sobre todo) cuando oraban, oraban en hebreo, ya que se consideraba el lenguaje de Dios y Su pueblo.

El don de lenguas cambió todo eso. Por primera vez en la historia, la verdad inspirada fue revelada por Dios en otros idiomas además del hebreo. Esto fue en sí mismo un signo notable, no sólo para los oyentes gentiles incrédulos, sino también a los judíos incrédulos.

Y para los judíos incrédulos, era una señal del juicio venidero. Isaías 28:11 contiene la promesa del Mesías: "porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo". El apóstol Pablo parafrasea este versículo en 1 Corintios 14:21, justo antes de decir que las lenguas son una señal para los incrédulos. Su significado principal, entonces, es que las lenguas son una señal del juicio contra los israelitas incrédulos y una muestra de la gracia divina a los creyentes gentiles que oyen el mensaje en sus propios idiomas.

Así que de nuevo, vemos que el don de lenguas era la declaración de Dios de que el muro de separación se había derribado. A pesar de que una vez las palabras de Dios habían sido encomendadas sólo a la raza judía, ahora el mensaje sobre las maravillosas obras de Dios se extendería a toda nación, pueblo y tribu. Ése fue el significado principal del don de lenguas. La intención nunca fue que sea una torre de Babel de ruido que nadie, incluyendo quien habla, entiende.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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