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que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de Su amado Hijo, en quien tenemos redención por Su sangre. (Colosenses 1:12-14)

La oración de Pablo es un modelo o patrón para que sigan todos los creyentes. Al igual que sus oraciones aquí y en otros lugares, nuestras oraciones deben incluir alabanza así como peticiones. Pablo escribió a los filipenses: "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias." (Filipenses 4:6). En 1 Timoteo 2:1 exhortó a que "se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres." Más tarde, les dijo a los colosenses que "perseveraran en la oración, velando en ella con acción de gracias" (Col. 4:2). Pablo dio gracias constantemente en sus oraciones (cf. Hechos 27:35, Romanos 1:8; 1 Tim 1:12).

Dar gracias ha pasado a ocupar un lugar secundario en las oraciones del pueblo de Cristo. Nuestra actitud al acercarnos a Él es a menudo una reminiscencia de las hijas de la sanguijuela: "Dame, Dame" (Prov. 30:15). Somos rápidos para hacer nuestras peticiones y lentos para agradecer a Dios por Sus respuestas. Porque Dios responde tan a menudo a nuestras oraciones, llegamos al punto de exigir que lo haga. Nos olvidamos que es sólo por Su gracia que recibimos algo de Él.

La Biblia enfatiza repetidamente la importancia de la acción de gracias. "Sacrifica a Dios alabanza" (Salmo 50:14). "Alaben la misericordia de Jehová, Y Sus maravillas para con los hijos de los hombres; Ofrezcan sacrificios de alabanza, Y publiquen Sus obras con júbilo." (Salmo 107:21-22). "Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a Tu nombre, oh Altísimo" (Sal. 92:1). "Dando siempre gracias por todo, al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo" (Efesios 5:20). "Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él" (Col. 3:17). "Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan Su nombre" (Hebreos 13:15). La acción de gracias debe impregnar nuestro hablar, nuestros cantos y nuestras oraciones.

Nuestro Señor sabía la importancia de dar gracias. En Mateo 11:25 Él dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños." Antes de alimentar a los cinco mil, Jesús "tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados" (Juan 6:11). Justo antes de resucitar a Lázaro de entre los muertos: "Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias Te doy por haberme oído" (Juan 11:41).

Apocalipsis 7:11 nos dice que los ángeles dieron gracias: "Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono y de los ancianos y los cuatro seres vivientes, y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: "Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén."

David (2 Sam 22:50; Salmo 28:7), los Levitas (1 Crónicas 16:4;. Neh. 12:24), Asaf y sus parientes (1 Cron. 16:7), Daniel (Daniel 6:10), y los sacerdotes, levitas, y los descendientes de Asaf (Esdras 3:10-11) también dieron gracias a Dios.

Además de estos ejemplos positivos, la Biblia enseña que el no dar gracias caracteriza a los malvados. Una acusación de los no creyentes es que "pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias" (Rom. 1:21). Los hombres malos se caracterizan por falta de gratitud (Lucas 6:35; 2 Tim. 3:2).

La Escritura nos instruye a dar gracias a Dios por muchas cosas. Tenemos que darle las gracias por lo que Él es. El Salmo 30:4 dice: "Cantad a Jehová, vosotros Sus santos, Y celebrad la memoria de Su santidad" (cf. Ps. 97:12). También debemos agradecer a Dios por Su cercanía. "Gracias Te damos, oh Dios, gracias Te damos, Pues cercano está Tu nombre" (Sal. 75:1). Pablo dio gracias a Dios por su salvación y su oportunidad de servirle: "Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad."(1 Tim. 1:12-13).

El apóstol también dio gracias por el crecimiento espiritual de los demás: "Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás" (2 Tes. 1:3).

Incluso las cosas mundanas como la comida merecen acción de gracias (1 Tim. 4:3-4). Primera Tesalonicenses 5:18 lo resume así: "Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús."

Más que nada, los cristianos son agradecidos por la obra de Cristo. En 2 Corintios 9:15, Pablo exclama: "¡Gracias a Dios por su don inefable!" Le dio gracias por el resultado de la obra de Cristo, que es nuestra salvación (cf. 1 Cor. 1:4). Ese es también su tema en Colosenses 1:12-14. Pablo resume la doctrina de la salvación en tres grandes verdades: la herencia, la liberación y transferencia. Ambos son una descripción de la salvación y un motivo de acción de gracias. Él despliega los detalles de su gratitud en estos versículos.

La publicación de hoy es una adaptación del comentario de John de Colosenses y Filemón (Moody, 1992).

Disponible sobre el Internet en: https://www.gracia.org
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