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Ayer acabamos de ver al joven rico en Marcos 10. Pero esa no es la única Escritura que habla del amor de Dios para los que se apartan de Él. En Isaías 63:7-9, el profeta describe la actitud de Dios hacia el pueblo de Israel:

"De las misericordias de Jehová haré memoria, de las alabanzas de Jehová, conforme a todo lo que Jehová nos ha dado, y de la grandeza de Sus beneficios hacia la casa de Israel, que les ha hecho según Sus misericordias, y según la multitud de Sus piedades. Porque dijo: Ciertamente Mi pueblo son, hijos que no mienten; y fue Su Salvador. En toda angustia de ellos Él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en Su amor y en Su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la antigüedad".

Alguien podría decir: Sí, pero eso habla del amor redentor de Dios solo a Sus escogidos. No, esto habla de un amor que se extiende a toda la nación de Israel. Dios "se convirtió en Su Salvador", en el sentido de que Él redimió a toda la nación de Egipto. Sufrió cuando sufrieron. Él los sostuvo "todos los días de la antigüedad." Esto no habla de una salvación eterna, sino de una relación temporal con una nación terrenal. ¿Cómo lo sabemos? Vea el versículo 10: "Pero ellos se rebelaron y afligieron Su Espíritu Santo, por lo tanto, Él se entregó a convertirse en su enemigo, Él mismo peleó contra ellos."

¡Esa es una declaración asombrosa! Aquí vemos a Dios definido como Salvador, el que ama, el redentor de un pueblo que se convierte a sí mismo en Su enemigo. Se rebelan contra Él. Angustian a Su Espíritu Santo. Ellos eligen una vida de pecado.

Ahora, observe el versículo 17: "¿Por qué, oh Jehová, nos has hecho errar de Tus caminos, y endureciste nuestro corazón a Tu temor?" Eso habla de endurecimiento judicial de Dios de la nación desobediente. En realidad, endureció los corazones de aquellos a quien amaba y redimió de Egipto.

Isaías 64:5 incluye estas palabras terribles: "Te enojaste porque pecamos; en los pecados hemos perseverado por largo tiempo; ¿podremos acaso ser salvos?"

¿Cómo puede Dios ser Salvador de los que no se salvarán? Sin embargo, se trata de personas claramente incrédulas. Vea los versículos 6-7, que comienza con un pasaje familiar:

"Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Nadie hay que invoque Tu nombre, que se despierte para apoyarse en Ti; por lo cual escondiste de nosotros Tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades."

Estas personas son claramente inconfesas, incrédulas. ¿En qué sentido puede llamarse a sí mismo Dios Su Salvador?

En el siguiente: Dios se reveló como Salvador. Él manifestó Su amor a la nación. "En toda angustia de ellos Él fue angustiado" (63:9). Él derramó Su bondad, misericordia y piedad sobre la nación. Y esa paciencia y tolerancia divina debería haberlos movido al arrepentimiento (Ro. 2:4). Pero en vez, respondieron con incredulidad; y sus corazones fueron endurecidos. Isaías 65 va aún más lejos:

Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí. Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos. (Vv.1-2)

En otras palabras, Dios se apartó de estas personas rebeldes, los entregó a su propia idolatría y escogió a un pueblo para Sí mismo entre otras naciones.

Isaías revela la blasfemia impactante de aquellos a quienes Dios ha dado la espalda. Se consideraban más santos que Dios (v. 5), le provocaron de continuo a ira en Su rostro (v. 3), se contaminaban (v. 4) y despreciaron a Dios por los ídolos (v. 7). Dios los juzgó con la mayor severidad, ya que su hostilidad hacia Él era grande; y su rechazo a Él era definitivo.

Sin embargo, a estas personas Dios les había derramado amor y bondad. Incluso se llamó a Sí mismo Su Salvador.

En un sentido similar, se llama a Jesús el "Salvador del mundo" (Jn. 4:42; 1 Jn 4:14.). Pablo escribió: "esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen." (1 Tim. 4:10).

El punto no es que Él realmente salva a todo el mundo (eso sería universalismo; y la Escritura enseña claramente que no todos serán salvos). El punto es que Él es el único Salvador a quien cualquiera en el mundo puede voltearse por el perdón y la vida eterna -y por lo tanto, se insta a todos a aceptarlo como Salvador. Jesucristo se ofreció al mundo como Salvador. Al presentar a Su Hijo como Salvador del mundo, Dios muestra el mismo tipo de amor a todos que se ha manifestado en el Antiguo Testamento a los israelitas rebeldes. Es un amor tierno, compasivo, sincero, que ofrece misericordia y perdón.

Disponible sobre el Internet en: https://www.gracia.org
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