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¿Cómo podemos rescatar a la familia?

Código: A175

Fútbol, clases de baile, actividades escolares - las opciones para las familias hoy en día parecen no tener fin. Pero, ¿cómo afectan todos esos compromisos "familiares" al ministerio de la iglesia local? ¿Es posible poner demasiado énfasis en la familia?

La próxima vez que visite una tienda de libros cristianos, observe cuántos libros hay disponibles sobre la familia. Lo que usted verá es evidencia gráfica de la explosión del interés evangélico en la familia. Se podría decir que estamos obsesionados con la familia.

Se podría pensar que las personas están cansadas ​de oír hablar de la familia, pero no es el caso. La gente frecuentemente me dice que quisiera que les ofreciera más material sobre la familia. Mi serie de mensajes sobre La Familia es siempre uno de los temas más populares en nuestra programación de radio.

Con todo el material disponible para ayudar a las familias, ¿por qué tantas familias cristianas tienen tantos problemas?

¿Puedo sugerir que nuestra preocupación puede ser parte del problema? Estamos tan absortos con la familia misma que estamos perdiendo nuestra perspectiva sobre por qué la familia es importante para Dios y en dónde realmente encaja en el plan de Su reino.

No quiero decir esto como una crítica a cualquiera de los ministerios valiosos que existen para ayudar a la familia. Muchos de ellos cumplen un rol muy necesario, articulando principios bíblicos para la vida familiar. Doy gracias a Dios por ellos.

Pero no toda la enseñanza que dice ser a favor de la familia es genuinamente bíblica. De hecho, algunas de las ideas populares que se han unido a los movimientos pro-familia cristianos son una clara amenaza para el verdadero propósito que Dios diseñó para las familias.

Es increíble la cantidad de cristianos que creen, por ejemplo, que la familia es siempre una prioridad antes que el ministerio. Conozco a padres que han abandonado cualquier forma de servicio cristiano, creyendo que la actividad extracurricular en la iglesia es una amenaza automática a la santificación del hogar. Están tan absortos en las actividades familiares que no tienen tiempo para ejercer sus dones espirituales. Varias personas me han dicho que no asisten a los servicios religiosos del domingo por la noche porque establecen esa noche como "tiempo en familia". Esas son actitudes reveladoras. ¿Hemos perdido el sentido de la verdadera misión de la familia? ¿Podría ser que nuestra obsesión por la familia haya fomentado en realidad una especie de retraimiento autocomplaciente para con nuestras responsabilidades espirituales?

La familia es una alta prioridad en la lista de prioridades de Dios. El volumen total de la enseñanza bíblica acerca de las relaciones familiares lo demuestra. Dios quiere que los niños honren a sus padres (Éx. 20:12), los maridos amen a sus esposas (Col. 3:19), las esposas se sometan a sus esposos (Efesios 5:22) y los padres eduquen a sus hijos apropiadamente (Prov. 22:6). Pero la Escritura no sugiere que debemos elevar a la familia temporal a expensas de nuestra familia espiritual. No debemos voltear nuestras espaldas al reino por el bien de nuestras familias (Lucas 9:61-62).

Las familias cristianas no son un fin en sí mismas. Existen para extender la obra del reino. Lo hacen siendo un testimonio a los no redimidos y mostrando hospitalidad y servicio a todos, especialmente a los que son de la familia de la fe (cp. Gál. 6:10).

Muchos hoy en día ven a la familia como un refugio exclusivo para miembros de la familia, un refugio del mundo. Se encierran en ellos mismos, incluso de la iglesia. Se concentran en preocupaciones temporales, egocéntricas y auto-gratificantes.

Estudie, por ejemplo, las tendencias en la terapia familiar "cristiana”. Los consejeros de hoy parecen licenciados en lo externo - tener noches de salida con la familia, afirmar la dignidad de otros, participar en un deporte o pasa-tiempo juntos o cómo tener mejores técnicas sexuales. Hacen de los hijos el centro de la familia, haciendo hincapié en la importancia de la estabilidad y privacidad, actividades familiares emocionantes y bien organizadas y así sucesivamente.

No hay nada malo con la mayoría de esas cosas -en su debido lugar. Pero hemos hecho hincapié en ellas hasta el punto de la exageración, produciendo un punto de vista casi narcisista. Suponemos que una mutua obsesión con las necesidades de cada miembro de la familia mantendrá la unidad.

Todas esas cosas son apoyos externos, no rescatarán a una familia en decadencia. Incluso pueden desviar a una familia exitosa a una trayectoria de fracaso.

La ayuda verdadera viene cuando vemos que la familia existe para un propósito fuera de sí misma. Nuestras familias son saludables sólo en la medida que entendamos que su función principal en este mundo no es sentirse realizada en sí misma. La verdadera solidaridad familiar es un subproducto de exaltar juntos a Cristo, obedeciendo Su Palabra y siendo espiritualmente fuertes.

La familia que conoce su propósito espiritual y redentor no necesita apoyos externos. Tiene una cohesión sobrenatural. Sus miembros no tienen otra opción que permanecer juntos y construir relaciones significativas, no para su propio bien, sino porque se sienten obligados por objetivos más elevados.

Dicho de otra manera, las personas que entienden que el objetivo principal de la familia es dar testimonio de Cristo y de Su poder que cambia vidas, no tienen la opción de divorciarse, cometer adulterio, abusar del otro o autodestruirse. ¿Quiere evitar que sus hijos se rebelen? Comience por enseñarles desde la edad más temprana que la llamada más importante de la familia es exaltar el nombre de Cristo en la comunidad viviendo en obediencia a Él.

Está bien que fortalezcamos a nuestras familias. Pero no lo hagamos con trucos o esfuerzos egocéntricos. Vivamos no sólo para el otro, sino para el Señor. Viviendo para Él, vamos a satisfacernos el uno al otro. Que Dios conceda a nuestras familias un sentido sobrenatural de Su propósito y que seamos un testimonio de Él en medio de un mundo hostil y una iglesia necesitada.


Disponible sobre el Internet en: https://www.gracia.org
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