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La perspectiva de Jesús de la Sola Fide

Código: A192

Muchos de los que han aceptado la "nueva perspectiva sobre Pablo", también han propuesto un punto de vista diferente sobre la doctrina de la justificación por la fe. Cuando el texto de la Escritura es interpretado en la nueva luz, dicen, el apoyo paulino para el principio de sola fide, la doctrina de la imputación y la distinción entre la ley y el Evangelio no parecen tan claras.

Nosotros decimos que eso es una necedad. Rechazamos el revisionismo histórico y la hermenéutica de las nuevas perspectivas; pero independientemente de cómo se interprete al apóstol Pablo, es indiscutible que Jesús enseñó la justificación solo por fe. El abandono de esta verdad es el abandono total de la soteriología bíblica.

Ninguna doctrina es más importante para la teología evangélica que la doctrina de la justificación solo por fe - el principio de la Reforma de sola fide. Martin Lutero ha dicho con razón que la iglesia se establece o se derrumba a partir de esta doctrina.

La historia proporciona muchas pruebas objetivas para afirmar la evaluación de Lutero. Las iglesias y las denominaciones que mantienen firmemente la sola fide permanecen evangélicas. Aquellos que se han apartado del consenso de la Reforma sobre este punto, capitulan inevitablemente al liberalismo, vuelven a lo sacerdotal, aceptan alguna forma de perfeccionismo o se desvían a peores formas de apostasía.

La esencia misma del cristianismo

El evangelicalismo histórico, por lo tanto, siempre ha tratado a la justificación por fe como un distintivo bíblico central - si no como la única doctrina más importante de entender. Ésta es la doctrina que hace que el cristianismo auténtico sea distinto de todas las demás religiones. El cristianismo es la religión de la realización divina - con el énfasis siempre en la obra consumada de Cristo. Todas las demás son religiones de logros humanos. Se preocupan, inevitablemente, con los esfuerzos propios del pecador por ser santo. Abandone la doctrina de la justificación por la fe y no puede decir honestamente ser evangélico.

La Escritura misma hace de sola fide la única alternativa a un sistema condenatorio de obras-justicia: "Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia" (Romanos 4:4-5, énfasis añadido).

En otras palabras, los que confían en Cristo para la justificación sólo por fe reciben una justicia perfecta que se les es tenida en cuenta. Aquellos que tratan de establecer la suya propia o mezclan la fe con las obras sólo reciben la terrible paga que se debe a todos los que no alcanzan la perfección. Así que el individuo, tanto como la iglesia, se mantiene o cae con el principio de sola fide. La apostasía de Israel estaba basada en el abandono de la justificación solo por fe: "Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios" (Rom. 10:3).

La justificación bíblica debe ser seriamente defendida en dos frentes. La teología del no Señorío (el error que tratamos en la edición de noviembre/diciembre de la revista Pulpit) tergiversa la doctrina de la justificación por fe para apoyar la opinión de que la obediencia a la ley moral de Dios es opcional. Esta enseñanza intenta reducir la totalidad de la obra salvadora de Dios al acto declarativo de la justificación. Minimiza el renacimiento espiritual de la regeneración (2 Corintios 5:17); substrae los efectos morales del nuevo corazón del creyente (Ezequiel 36:26-27) y hace que la santificación gire en torno a los propios esfuerzos de los creyentes. Tiende a tratar el elemento forense de la justificación –el acto de Dios de declarar al pecador creyente justo - como si fuera el único aspecto esencial de la salvación. El efecto inevitable de este enfoque es convertir la gracia de Dios en libertinaje (Judas 4). Este punto de vista se llama antinomianismo.

Por otro parte, hay muchos que hacen que la justificación dependa de una mezcla de fe y obras. Considerando que el antinomianismo aísla radicalmente la justificación de la santificación, este error combina los dos aspectos de la obra salvadora de Dios. El efecto es hacer de la justificación un proceso basado en la propia justicia imperfecta del creyente - en lugar de un acto declarativo de Dios basado en la justicia perfecta de Cristo.

Tan pronto como la justificación se fusiona con la santificación, las obras de la justicia se convierten en una parte esencial del proceso. La fe se diluye por lo tanto con las obras. Se abandona la sola fide. Éste fue el error de los legalistas de Galacia (cp. Gálatas 2:16; 5:4). Pablo lo llamó "un evangelio diferente" (Gálatas 1:6, 9). El mismo error se encuentra prácticamente en todo culto falso. Es el principal error del catolicismo romano. Me preocupa que también pueda ser la dirección de muchos de los que están cautivados con la "Nueva Perspectiva sobre Pablo". [1]

Si la doctrina en su conjunto ha sido ignorada en nuestros días, la doctrina de la justificación ha sufrido un abandono particular. Obras escritas sobre la justificación están notablemente ausentes del cuerpo de la literatura evangélica reciente. [2] En su introducción a la reedición del año 1961 del trabajo emblemático de James Buchanan, La Doctrina de la Justificación, J. I. Packer señaló lo siguiente:

Es un hecho de significación preocupante que el volumen clásico de Buchanan, que tiene ahora un siglo de antigüedad, sea el estudio a gran escala más reciente de la justificación por la fe que el protestantismo de habla inglés (sin mirar más allá) haya producido. Si hemos de juzgar por el tamaño de su producción literaria, nunca ha habido una época de actividad teológica tan febril como los últimos cien años; sin embargo, en medio de todas sus preocupaciones teológicas múltiples, no se ha producido ni un solo libro de cualquier tamaño acerca de la doctrina de la justificación. Si todo lo que sabíamos de la iglesia durante el siglo pasado era que había dejado de lado el tema de la justificación de esta manera, ya podríamos estar en condiciones de concluir que este ha sido un siglo de apostasía y decadencia religiosa. [3]

Después de haber abandonado esta doctrina por más de un siglo, los evangélicos están mal equipados para responder a aquellos que están diciendo que Martin Lutero y los reformadores malinterpretaron al apóstol Pablo, por lo cual no entendieron la doctrina de la justificación.

El movimiento evangélico está a punto de abandonar el principio estructural de la Reforma; y la mayoría de los evangélicos ni siquiera ve la amenaza y no tendría ninguna respuesta convincente si lo hiciera.

¿Qué debemos hacer para ser salvos? El apóstol Pablo respondió a la pregunta del carcelero de Filipos, en los términos más claros posibles: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo" (Hechos 16:31).

Las epístolas doctrinales cruciales de Pablo - especialmente Romanos y Gálatas - se extienden en esa respuesta, desarrollando la doctrina de la justificación por la fe para mostrar cómo somos justificados por la fe sin obras humanas de ningún tipo.

Al menos, esa es la interpretación histórica evangélica de Pablo. Pero esa es la misma cosa bajo ataque de la Nueva Perspectiva.

¿Y qué si nos movemos más allá del apóstol Pablo? ¿Se puede probar el principio de sola fide a partir de la enseñanza terrenal de Cristo? Indudablemente sí.

El evangelio según Jesucristo

Aunque Cristo no hizo ninguna explicación formal de la doctrina de la justificación (como lo hizo Pablo en su epístola a los romanos), la justificación por fe subyace e impregna toda Su predicación del Evangelio. Aunque Jesús nunca dio un discurso sobre el tema, es fácil de demostrar a partir de Su ministerio evangelístico que Él enseñó sola fide.

Por ejemplo, fue el mismo Jesús quien dijo: "El que oye Mi palabra, y cree... ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24) - sin pasar ningún sacramento o ritual y sin ningún tipo de espera o período el purgatorio. El ladrón en la cruz es el ejemplo clásico. En la prueba más exigua de su fe, Jesús le dijo: "De cierto os digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:43). No era necesario ningún sacramento o trabajo por parte de él para obtener la salvación.

Por otra parte, las muchas sanaciones que Jesús logró eran evidencia física de Su poder de perdonar pecados (Mateo 9:5-6). Cuando Él sanaba, con frecuencia decía: "Tu fe te ha salvado" (Mateo 9:22; Marcos 5:34; 10:52, Lc. 8:48, 17:19, 18:42). Todas esas curaciones eran lecciones objetivas sobre la doctrina de la justificación solo por fe.

Sin embargo, la única ocasión en la cual Jesús declaró a alguien "justificado" proporciona la mejor visión de la doctrina tal como Él la enseñó:

Dijo también esta parábola a unos que confiaban que ellos eran justos y menospreciaban a otros: "Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido." (Lucas 18:9-14, énfasis añadido).

¡Esa parábola seguramente sorprendió a los que escuchaban a Jesús! Ellos "confiaban en sí mismos como justos" (v. 9) - la definición misma de la justicia propia. Sus héroes teológicos eran los fariseos, que tenían las normas legalistas más rígidas. Ellos ayunaban, oraban y daban limosna dando un gran espectáculo; e incluso iban más allá en la aplicación de las leyes ceremoniales de lo que en realidad Moisés había prescrito.

Sin embargo, Jesús había sorprendido multitudes diciendo: "Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 5:20) - seguido por: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto"(v. 48) Es evidente que Él estableció un estándar que era humanamente imposible, ya que nadie podía superar la rigurosa vida de los escribas y fariseos.

Ahora Él sorprende aún más a Sus oyentes con una parábola que parece colocar a un recaudador de impuestos detestable en una posición espiritual mejor que un fariseo que ora.

El punto de Jesús es claro. Él estaba enseñando que la justificación es solo por fe. Ahí está toda la teología de la justificación. Pero sin profundizar en la teología abstracta, Jesús nos describió claramente la imagen con una parábola.

Un acto judicial de Dios

La justificación del recaudador de impuestos era una realidad instantánea. No hubo ningún proceso, lapso de tiempo, ningún miedo del purgatorio. Él "descendió a su casa justificado" (v. 14) - no por algo que había hecho, sino por lo que había sido hecho en su nombre.

Observe que el recaudador de impuestos entendió su propia impotencia. Debía una deuda imposible -que él sabía que no podía pagar. Lo único que podía hacer era arrepentirse y pedir clemencia. Su oración contrasta con la del fariseo arrogante. No relata lo que había hecho. Sabía que incluso sus mejores obras eran pecados. Él no se ofreció a hacer algo por Dios. Simplemente pidió clemencia divina. Buscaba a Dios para que Él hiciera lo que él no podía hacer por sí mismo. Esa es la naturaleza misma del arrepentimiento que Jesús pidió.

Solo por fe

Además, este hombre se fue justificado sin realizar ninguna obra de penitencia, sin hacer ningún sacramento o ritual, sin obras meritorias. Su justificación fue completa y sin ninguna de esas cosas, porque era únicamente sobre la base de la fe. Todo lo necesario para expiar su pecado y ofrecer perdón ya había sido hecho en su nombre. Él fue justificado por fe en ese mismo momento.

Una vez más, hace un fuerte contraste con el fariseo engreído, que estaba tan seguro de que todo su ayuno, diezmo y otras obras le hacían aceptable a Dios. Pero mientras que el trabajo del fariseo se mantuvo injustificado, el creyente recaudador recibió plena justificación solo por fe.

Una justicia imputada

¿Recuerda la declaración de Jesús en el Sermón de la Montaña: "Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 5:20)? Sin embargo, ahora afirma que este recaudador de impuestos - el más malvado de los hombres - ¡es justificado! ¿Cómo obtuvo tal pecador una justicia que excedía la de los fariseos? Si la norma es la perfección divina (v. 48), ¿cómo puede un cobrador de impuestos traidor llegar a ser justo a los ojos de Dios?

La única respuesta posible es que recibió una justicia que no era la suya (cp. Fil. 3:9). La justicia le fue imputada por fe (Rom. 4:9-11).

¿La justicia de quién le fue reconocida? Sólo podía ser la perfecta justicia de un Sustituto irreprochable, que a su vez debe cargar con los pecados del recaudador de impuestos y sufrir el castigo de la ira de Dios en su lugar. Y el Evangelio nos dice que eso es precisamente lo que Jesús hizo.

El publicano fue justificado. Dios le declaró justo, imputándole la justicia plena y perfecta de Cristo, perdonándole de toda injusticia y librándole de toda condenación. A partir de entonces, siempre estuvo frente a Dios con una justicia perfecta que le había sido otorgada a su favor.

Eso es lo que significa la justificación. Es el único Evangelio verdadero. Todos los demás puntos de la teología emanan de ella. Como escribió Packer: "La doctrina de la justificación por la fe es como un atlas: tiene el mundo sobre sus hombros, todo el conocimiento evangélico de la gracia salvadora." [4] La diferencia entre sola fide y cualquier otra fórmula para la justificación no es sutileza teológica. Una correcta comprensión de la justificación por fe es el fundamento mismo del Evangelio. Usted no puede equivocarse en este punto sin corromper también toda otra doctrina.

Y es por eso que cada "Evangelio diferente" está bajo la maldición eterna de Dios.

1. Planteo esta preocupación, ya que la mayoría de los de la nueva perspectiva niegan cualquier distinción legítima entre la ley y el Evangelio; a menudo describen la justificación por etapas, con la justificación final dependiendo de la obra propia de los creyentes; y muchos de ellos disimulan o rechazan la imputación de la justicia de Cristo al creyente. Han centrado su hermenéutica revisionista sobre los mismos pasajes donde Pablo enseña más claramente estas doctrinas, tales como 2 Corintios 5:21 y Filipenses 3:9. Dar un análisis más a fondo del impacto devastador de la nueva perspectiva sobre la doctrina de la justificación va mucho más allá del alcance de este artículo. Pero la mayoría de los críticos de la nueva perspectiva han planteado preocupaciones muy similares. Véase, por ejemplo, David Linden, La Nueva Perspectiva de N. T. Wright sobre la doctrina de la Justificación.

2.Dos notables excepciones son James White, El Dios que justifica (Minneapolis: Bethany House,

2001) y R.C. Sproul, Solo Fe (Grand Rapids: Baker, 1995).

3.James I. Packer en James Buchanan, La doctrina de la justificación (Edinburgh: Banner of Truth,

1961 reimpresión de 1867 original), 2.

4.Packer, en Buchanan, 2.

Disponible sobre el Internet en: https://www.gracia.org
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