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John da consejos prácticos, bíblicos sobre cómo afilar la herramienta divinamente implantada para el crecimiento cristiano - su conciencia.

A lo largo de los años que he sido pastor, he visto a nuestra cultura demostrar su adicción a la corrupción. Las personas están esclavizadas al sexo, son insensibles a la violencia y son perdidamente egocéntricas. El rápido aumento a la dominante y abierta exposición del pecado tiene su paralelo en la disminución de la sensibilidad a la conciencia. Y no es de extrañar. Las personas están entrenadas para ignorar su culpa - y sin embargo se ahogan en ella.

Nuestra cultura ha declarado la guerra a la culpa. El concepto mismo se considera medieval, obsoleto, ineficaz. Las personas que se preocupan con sentimientos personales de culpa son referidas generalmente a los terapeutas, cuya misión es levantar la imagen personal. Nadie, después de todo, se debe sentir culpable. La culpa no es propicia para la dignidad y la autoestima. La sociedad fomenta el pecado, pero no tolera la culpabilidad que el pecado produce.

Pero la respuesta para tratar con la culpa no es ignorarla - eso es lo más peligroso que usted puede hacer. En su lugar, es necesario comprender que Dios, en Su gracia, implantó un poderoso aliado en su interior para ayudar en la batalla contra el pecado. Él le dio su conciencia; y ese don es la clave para traerle gozo y libertad.

Si halla que su conciencia está contaminada por este mundo caído, usted no está solo. Según 1 Corintios 6:9-11, los cristianos como usted vienen de muchas clases de pasados pecaminosos, algunos de ellos muy terribles. Pero, a través de la sangre de Cristo, Dios ha mostrado Su gracia en “limpiar vuestras conciencias de obras muertas para que sirvamos al Dios vivo” (Hebreos 9:14).

Como cristiano, usted tiene la capacidad de caminar delante de Dios con la conciencia tranquila. De hecho, ese es su privilegio y gozo diario. Pablo dijo: "Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombre" (Hechos 24:16).

Esa puede ser una tarea intimidante en este mundo, pero esté seguro - tiene todos los recursos para mantener un conciencia sana, sensible y pura. Aquí hay algunos principios sencillos para recordar que incluyen la confesión, el perdón, la restitución, la dilación y la educación.

La confesión

Confesar y abandonar el pecado conocido. Examine sus sentimientos de culpabilidad a la luz de las Escrituras. Trate con el pecado que revela la Palabra de Dios. Proverbios 28:13 dice: "El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia." Primera de Juan 1 habla de la confesión del pecado como una característica constante en la vida cristiana: "Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (v. 9).

Desde luego, debemos confesar a los que hemos ofendido: "Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados" (Santiago 5:16). Pero, sobre todo, debe confesar a Aquel a quien el pecado más ofende. Como escribió David: "Mi pecado Te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y Tú perdonaste la maldad de mi pecado"(Salmo 32:5).

El perdón

Pida perdón y reconcíliese con quienes ha ofendido. Jesús nos instruyó:

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. (Mateo 5:23-24)

Jesús también dijo:

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. (Mateo 6:14-15)

La restitución

Haga restitución con aquellos a quienes ha ofendido. Dios le dijo a Moisés:

Di a los hijos de Israel: El hombre o la mujer que cometiere alguno de todos los pecados con que los hombres prevarican contra Jehová y delinquen, aquella persona confesará el pecado que cometió, y compensará enteramente el daño, y añadirá sobre ello la quinta parte, y lo dará a aquel contra quien pecó. (Números 5:6-7)

El principio detrás de esa ley es también obligatorio para los creyentes que viven en la era del Nuevo Testamento (cp. Lucas 19:8; Filemón 19).

La dilación

No demore en limpiar su conciencia herida. Pablo dijo: “por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres” (Hechos 24:16). Algunas personas posponen tratar con su culpa, pensando que con el tiempo, su conciencia se limpiará sola. Pero no es así. La dilación permite que los sentimientos de culpabilidad se propaguen. Y eso genera depresión, ansiedad y otros problemas emocionales.

Los sentimientos de culpa pueden persistir mucho después de que la ofensa se haya olvidado, muchas veces extendiéndose a otras áreas de nuestras vidas. Esa es una razón por la cual la gente se siente culpable y no están seguros por qué. Tal culpa confusa puede ser un síntoma que algo está muy mal espiritualmente. Pablo pudo haber tenido eso en mente cuando escribió: “Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas” (Tito 1:15).

Lidiar de inmediato con una conciencia herida en oración que escudriña el corazón es la única manera para tenerla limpia y sensible. La postergación de tratar con su culpa empeora inevitablemente los problemas.

La educación

Eduque a su conciencia. Una conciencia débil y fácilmente entristecida resulta de una falta de conocimiento espiritual (1 Corintios 8:7). Si su conciencia es fácilmente herida, no la viole. Violar su débil conciencia es entrenarse a sí mismo a anular su convicción; y eso le conducirá a cubrir la verdadera convicción sobre el verdadero pecado.

Además, el violar su conciencia es un pecado en sí mismo (v.12; cp. Romanos 14:23), trayendo culpa legítima por una ofensa real contra Dios. Entonces, responda a su conciencia, aun si es débil; y después continúe informando su conciencia con la Palabra de Dios para que empiece a funcionar con información fiable.

Un aspecto importante al educar su conciencia es enseñarle a enfocarse en el objeto correcto – la divina Verdad revelada. Si su conciencia ve sólo a los sentimientos personales, puede acusar erróneamente.

Usted ciertamente no debe manejar su vida de acuerdo a sus sentimientos. Una conciencia enfocada en los sentimientos no es fiable. Si se deprime mucho y es melancólico, no debería permitir que su conciencia sea informada por sus sentimientos. Los sentimientos desalentadores provocarán dudas y temores innecesarios en el alma cuando no sean supervisados por una conciencia bien informada. La conciencia debe ser persuadida por la Palabra de Dios, no por sus sentimientos.

Por otra parte, la conciencia yerra cuando la mente se enfoca completamente en no caer en pecado e ignora los triunfos de la gracia de Dios en usted. Los verdaderos cristianos experimentan ambas realidades. Se debe permitir a la conciencia sopesar el fruto del Espíritu en su vida, así como los restos o la carne de pecado. Debe ver su fe, así como sus defectos. De lo contrario, la conciencia se convertirá en una conciencia acusadora, con tendencia a dudas dañinas sobre su lugar ante Dios.

Aprenda a someter su conciencia a la verdad de Dios y a la enseñanza de la Escritura. Conforme haga eso, su conciencia estará claramente enfocada; y será capaz de darle información fiable. Con la conciencia digna de confianza, usted tiene una poderosa ayuda para el crecimiento espiritual y la estabilidad. Con una conciencia tranquila, usted vive en abundancia de libertad y gozo.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org  
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