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Escritura: Escrituras Seleccionadas

Código: A159

Si ha visitado alguna vez las grandes catedrales de Europa, es posible que asuma que los apóstoles eran santos de gran tamaño, con halos brillantes que representaban un grado elevado de espiritualidad. El hecho es que eran hombres muy, muy comunes.

Es una pena que tan a menudo hayan sido puestos en pedestales tan magníficos como figuras de mármol o hayan sido retratados en pinturas como una especie de dioses romanos. Eso les deshumaniza. No eran más que doce hombres totalmente normales - perfectamente humanos en todos los sentidos. No hay que olvidarse de quiénes eran realmente.

Hace poco leí una biografía de William Tyndale, que fue pionero en la traducción de la Biblia al inglés. Pensó que estaba mal que la gente común escuchara la Biblia sólo en inglés y no en su propio idioma. Los líderes de la iglesia de su tiempo, aunque parezca increíble, no querían que la Biblia estuviera en el idioma del pueblo, porque (como los fariseos del tiempo de Jesús) temían perder su poder eclesiástico. Pero en contra de su oposición, Tyndale tradujo el Nuevo Testamento al inglés y lo hizo publicar. Por su esfuerzo, fue recompensado con el exilio, la pobreza y la persecución. Por último, en 1536, fue estrangulado y quemado en la hoguera.

Una de las principales cosas que motivó a Tyndale a traducir las Escrituras al idioma habitual fue un estudio del clero inglés que reveló que la mayoría de ellos ni siquiera sabía quiénes eran los doce apóstoles. Sólo unos pocos de ellos podían nombrar a más de cuatro o cinco de los principales apóstoles. A los líderes de la Iglesia y cristianos de hoy en día les podría ir así de mal en la prueba. La forma en que la iglesia institucional ha canonizado a estos hombres en realidad los ha deshumanizado; y los hace parecer remotos y de otro mundo. Es una extraña ironía, porque cuando Jesús los escogió, los seleccionó no por cualquier habilidad extraordinaria o superioridad espiritual. Parece haber escogido deliberadamente a hombres que eran notables sólo por ser corrientes.

¿Qué calificó a estos hombres para ser apóstoles? Obviamente, no había ninguna habilidad intrínseca o talento excepcional. Ellos eran galileos. No eran la elite. Los galileos eran considerados gente de clase baja, rurales, sin educación. Eran plebeyos – relegados. Pero no fueron seleccionados porque eran más distinguidos o más talentos que otros en Israel en ese tiempo.

Ciertamente, hay algunos requisitos morales y espirituales claros que los hombres que ocuparían este o cualquier otro tipo de liderazgo en la iglesia deben cumplir. De hecho, el estándar para el liderazgo espiritual en la iglesia es extremadamente alto. Considere, por ejemplo, los requisitos para ser un anciano o un pastor, que figuran en 1 Timoteo 3:2-7:

Es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.

Tito 1:6-9 da una lista similar. Hebreos 13:7 también sugiere que los líderes de la iglesia deben ser ejemplos morales y espirituales, debido a que su fe debe ser una que otros puedan seguir; y deberán dar cuenta a Dios de cómo se comportan. Son estándares muy, muy altos.

Por cierto, el estándar no es menor para el resto de la iglesia. Los líderes son ejemplos para todos los demás. No hay un estándar aceptable "inferior" para los demás miembros de la iglesia. De hecho, en Mateo 5:48, Jesús dijo a todos los creyentes: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto."

Francamente, nadie cumple con dicho estándar. Humanamente hablando, nadie "califica" cuando la norma es perfección absoluta. Nadie está en condición de estar en el Reino de Dios; y nadie es intrínsecamente digno de estar en servicio de Dios. Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). No hay justo, ni aun uno (Romanos 3:10). Recuerde que fue el apóstol Pablo quien confesó: "Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien" (Romanos 7:18). En 1 Timoteo 1:15 se llama a sí mismo el primero de los pecadores.

Así que no hay gente intrínsecamente calificada. Dios mismo tiene que salvar a los pecadores, santificarlos y, a continuación, convertirlos en instrumentos que Él pueda usar.

Los doce eran como el resto de nosotros, fueron seleccionados entre los indignos e incompetentes. Eran, como Elías, hombres "con una naturaleza como la nuestra" (Santiago 5:17). Ellos no ascendieron a la más alta utilidad por ser diferentes de algún modo a nosotros. Su transformación en vasos de honra fue únicamente por el trabajo del Alfarero.

Muchos cristianos se desaniman y abaten cuando su vida espiritual y testimonio sufre a causa del pecado o el fracaso. Tendemos a pensar que somos un don nadie sin valor – y, abandonados a nosotros mismos, ¡eso sería verdad! Pero los don nadie sin valor son el tipo de personas que Dios usa, porque eso es todo lo que tiene con qué trabajar.

Satanás puede incluso tratar de convencernos de que nuestras limitaciones nos hacen inútiles para Dios y Su Iglesia. Pero la elección de los apóstoles de Cristo atestigua el hecho de que Dios puede usar a los indignos e ineptos. Él puede usar a los don nadie. Estos doce trastornaron el mundo entero (Hechos 17:6). No fue porque tenían talento extraordinario, capacidades intelectuales excepcionales, poderosa influencia política o alguna status social especial. Trastornaron el mundo porque Dios obró en ellos para hacerlo.

Dios elige a los humildes, a los modestos, a los mansos y a los débiles para que nunca haya ninguna duda sobre la fuente de poder cuando sus vidas cambian el mundo. No es el hombre, es la verdad de Dios y el poder de Dios en el hombre. (Hay que recordar esto a algunos predicadores de hoy. No es su inteligencia o su personalidad. El poder está en la Palabra -la Verdad que predicamos- no en nosotros). Y fuera de una Persona - un extraordinario ser humano que era el Hijo encarnado de Dios, el Señor Jesucristo - la historia de la obra de Dios en la tierra es la historia de Su uso de los indignos y cómo los moldea para Su uso de la misma manera cuidadosa que un alfarero moldea la arcilla. Los doce no fueron ninguna excepción a eso.

Por supuesto que los apóstoles tienen un lugar exaltado en la historia de la redención. Ellos son, sin duda, dignos de ser considerados como héroes de la fe. El libro de Apocalipsis describe cómo sus nombres adornan las doce puertas de la ciudad celestial, la Nueva Jerusalén. El mismo cielo ofrece un tributo eterno a ellos. Pero eso no disminuye la verdad de que eran tan normales como usted y yo. Tenemos que recordarlos no como sus imágenes de vitral, sino por la forma sensata que la Biblia nos los presenta. Tenemos que llegar a conocerlos como personas reales. Tenemos que pensar en ellos como hombres de verdad; y no como una especie de figuras excelsas del panteón de ritualismo religioso.

Sin embargo, no subestimemos la importancia de su posición. Tras la selección, los doce apóstoles en efecto se convirtieron en los verdaderos líderes espirituales de Israel. La élite religiosa de Israel apóstata fue simbólicamente desplazada a un lado cuando Jesús los escogió. Los apóstoles se convirtieron en los primeros predicadores de la Nueva Alianza. A ellos fue confiado en principio el Evangelio cristiano. Representaban el verdadero Israel de Dios - a Israel genuinamente arrepentido y creyente. También se convirtieron en el fundamento de la iglesia, con Jesús mismo como la piedra angular (Efesios 2:20). Esas verdades se acentúan, no se reducen, por el hecho de que estos hombres eran tan corrientes.

Una vez más, eso es perfectamente coherente con la manera en la que el Señor siempre trabaja. En 1 Corintios 1:20-21 leemos: "¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría de este mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación." Esa es la razón por la que no hay filósofos, escritores brillantes, discutidores famosos, maestros distinguidos ni hombres que se hayan distinguido como grandes oradores entre los doce que Cristo eligió. Se convirtieron en grandes líderes espirituales y grandes predicadores bajo el poder del Espíritu Santo, pero no fue a causa de habilidades de oratoria innatas, capacidades de liderazgo o calificaciones académicas que estos hombres tenían. Su influencia se debe a una cosa y sólo una: el poder del mensaje que predicaban.

A nivel humano, se pensaba que el Evangelio era un mensaje absurdo y los apóstoles eran considerados como simples predicadores. Su enseñanza estaba por debajo de la elite. Ellos eran simples pescadores; y pertenecían a la clase trabajadora. Peones. Populacho. Esa era la evaluación de sus contemporáneos. (Lo mismo ha sido cierto con respecto a la verdadera iglesia de Cristo a lo largo de la historia. Esto es cierto en el mundo evangélico de hoy en día. ¿Dónde están los intelectos impresionantes, los grandes escritores y los grandes oradores apreciados por el mundo? Ellos no encuentran, en su mayoría, en la iglesia.) "Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles son llamados" (v. 26).

"Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en Su presencia "(vv. 27-29). Los instrumentos favoritos de Dios son don nadie, para que nadie se gloríe delante de Dios. En otras palabras, Dios escoge a quien Él elige para que Él pueda recibir la gloria. Él elige instrumentos débiles para que nadie se atribuya el poder de los instrumentos humanos, en lugar de Dios, quien es el que maneja esos instrumentos. Dicha estrategia es inaceptable para aquellos cuya búsqueda en la vida se dirige hacia la meta de la gloria humana.

Con la notable excepción de Judas, estos hombres no eran así. Ciertamente lucharon con el orgullo y la arrogancia, como todo ser humano caído. Pero la pasión que conducía sus vidas se convirtió en la gloria de Cristo. Y esa pasión, sometida a la influencia del Espíritu Santo - no una habilidad innata o talento humano - explica por qué ellos dejaron un impacto indeleble en el mundo.

Disponible en Internet en: https://www.gracia.org

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