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Escritura: Escrituras seleccionadas

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El naturalismo moderno es muchas veces promulgado con un celo misionero que tiene poderosas connotaciones religiosas. El popular símbolo del pez que muchos cristianos ponen en sus coches ahora tienen una contraparte naturalista: un pez con patas y la palabra "Darwin" en relieve en su lado. El Internet ha sido el terreno misionero más ocupado del naturalismo, donde evangelistas por la causa intentan agresivamente liberar a las almas ignorantes que todavía se aferran a las presuposiciones teísticas. A juzgar por lo que he leído en el material que intenta ganar conversos al naturalismo, los naturalistas son muchas veces dedicados a su fe con una pasión devota que rivaliza o excede el fanatismo de cualquier fanático religioso radical. El naturalismo es claramente una religión tanto como cualquier perspectiva teística. El punto se prueba al examinar las creencias de aquellos naturalistas quienes claman ser los más tolerantes de creencias religiosas.

Tomemos, por ejemplo, el caso de Carl Sagan, tal vez la celebridad científica más famosa de las últimas dos décadas. Un astrónomo de renombre y figura mediática, Sagan era abiertamente hostil al teísmo bíblico. Pero se convirtió en el tele-evangelista más popular de la religión del naturalismo. Predicó una visión del mundo que se basa enteramente en suposiciones naturalistas. Detrás de todo lo que él enseñó estaba la firme convicción de que todo en el universo tiene una causa natural y una explicación natural. Esa creencia - una cuestión de fe, no una observación verdaderamente científica - gobernó y moldeó cada una de sus teorías sobre el universo.

Sagan examinó la vastedad y complejidad del universo y concluyó -como estaba obligado a hacer, dado a su punto de partida- que no hay nada más grande que el universo mismo. Entonces, tomó prestados algunos atributos divinos como la infinidad, la eternidad y la omnipotencia, y los hizo propiedades del universo mismo.

“El cosmos es todo lo que hay, ha habido o habrá”, era el aforismo de Sagan, repetido en cada episodio de su altamente calificada serie de televisión, Cosmos. La declaración misma es claramente uno de los principios de fe, no una conclusión científica. (Ni Sagan mismo ni todos los científicos del mundo combinados jamás podrían examinar “todo lo que es, o era o será” por un ningún método científico.) El eslogan de Sagan es perfectamente ilustrativo de cómo el naturalismo moderno confunde el dogma religioso por ciencia verdadera.

La religión de Sagan fue actualmente una clase de panteísmo naturalista; y su lema resumió todo perfectamente. Deificó al universo y todo en él -insistiendo que el cosmos mismo es aquello que era, y es, y será (cp. Apocalipsis 4:8). Habiendo examinado suficientemente el cosmos para ver evidencia del poder y la majestad infinita del Creador, él imputó esa omnipotencia y gloria a la creación misma -precisamente el error que el apóstol Pablo describe en Romanos 1:20-22:

Porque las cosas invisibles de Él, Su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.

Exactamente como los idólatras que describió Pablo, Sagan puso a la creación en el lugar que le corresponde al Creador. Carl Sagan miró al universo, vio su grandeza y concluyó que nada puede ser más grande. Sus presuposiciones religiosas lo forzaron a negar que el universo fuera el resultado de un diseño inteligente. De hecho, como naturalista devoto, tuvo que negar que fue creado. Entonces, lo vio como algo eterno e infinito -naturalmente tomó el lugar de Dios en su pensar.

El carácter religioso de la filosofía que moldeó el punto de vista de Sagan es evidente en mucho de lo que escribió y dijo. Su libro Contacto (hecho en una película en 1997) está lleno de metáforas e imágenes religiosas. Se trata sobre el descubrimiento de vida extraterrestre, que ocurre en diciembre del año 1999, en los albores de un nuevo milenio, cuando el mundo está plagado de expectativas mesiánicas y temores apocalípticos. En la imaginación de Sagan, el descubrimiento de vida inteligente en otra parte del universo se convierte en la “revelación” que ofrece una base para la fusión de la ciencia y la religión hacia un punto de vista que refleja perfectamente la creencia de Sagan mismo -con el cosmos como Dios y los científicos como el nuevo sacerdocio.

La religión de Sagan incluyó la creencia que la raza humana no es nada especial. Dado la vastedad incomprensible del universo y la impersonalidad de todo, ¿cómo es posible que la humidad sea importante? Sagan concluyó que nuestra raza no es significante. En diciembre de 1996, menos de tres semanas antes de que muriera, Sagan fue entrevistado por Ted Koppel en “Nightline”. Sagan reconocía que se estaba muriendo; y Koppel le preguntó: Dr. Sagan, ¿tendrá algunos sabios consejos que le quisiera dar a la raza humana?

Sagan respondió:

Vivimos sobre un pedazo de piedra y metal que gira, una estrella monótona que es una de las 400 billones de otras estrellas que forman la “Via Láctea”, la cual es una de billones de otras galaxias que forman un universo, el cual puede ser uno de otro número mayor -posiblemente un número infinito- de otros universos. Esa es una perspectiva de la vida humana y de nuestra cultura sobre la que vale la pena reflexionar. [ABC News Nightline, 4 de diciembre, 1996.]

En un libro publicado después de su muerte, Sagan escribió: La Tierra es un escenario muy pequeño en una vasta arena cósmica. En nuestra oscuridad -en toda esta vastedad-, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. Dependemos solo de nosotros mismos. [Pale Blue Dot (Un punto azul pálido) (New York: Random House, 1994), 9.]

Aunque Sagan resolutamente intentó mantener una semblanza de optimismo hasta su amargo fin, su religión llegó donde todo naturalismo inevitablemente llega: a un sentido de insignificancia y desesperación total. De acuerdo con su punto de vista, la humanidad ocupa un pequeño espacio -un punto azul pálido en un mar vasto de galaxias. Por lo que sabemos, pasamos desapercibidos para el resto del universo, no somos responsables ante nadie y somos pequeños e irrelevantes en un cosmos tan amplio. Es tonto hablar de una ayuda externa o una redención para la raza humana. No hay ayuda próxima. Sería bueno si de alguna manera pudiéramos resolver algunos de nuestros propios problemas, pero si pudiéramos o no, sería finalmente una trivialidad cósmica relegada. Eso, dijo Sagan, es una perspectiva sobre la que vale la pena reflexionar.

Todo eso pone de relieve la esterilidad espiritual del naturalismo. La religión naturalista borra toda responsabilidad moral y ética; y finalmente abandona toda esperanza para la humanidad. Si el cosmos impersonal es todo lo que hay, hubo y habrá, entonces la moralidad es en última instancia discutible. Si no existe un Creador personal ante quien la humanidad es responsable y la supervivencia del más apto es la ley que gobierna el universo, todos los principios morales que normalmente regulan la conciencia humana son, al cabo, infundados -y posiblemente aún adversos para la supervivencia de nuestra especie.

Disponible sobre el Internet en: https://www.gracia.org

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