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Obviamente en la Escritura vemos que algunos creyentes pecaron gravemente y por largos periodos de tiempo. David es un ejemplo (2 Samuel 11-12; Salmo 51); Lot es otro (2 Pedro 2:7-9). Cristianos que pecan de esa forma no deben esperar disfrutar seguridad de su salvación. Por supuesto, los verdaderos creyentes no pierden su salvación cuando pecan (Romanos 8:35-39), pero aún David testificó que él había perdido el gozo de su salvación (Salmo 51:12).

Cuando los creyentes pecan, deshonran a Cristo (1 Corintios 6:15-17). Entristecen al Espíritu Santo (Efesios 4:30). Se sujetan a la disciplina de un Padre amoroso (Hebreos 12:5-7). Si algunas personas pueden continuar en pecado sin experimentar disciplina divina, algo está mal. “Pero si os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos (v. 8).

El Señor estableció un proceso para cuando uno enfrenta a un creyente que peca:
“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:15-20).

Note que el proceso de la disciplina que Jesús estableció, es de específicamente determinar si la persona en pecado es verdaderamente un hermano, un hijo de Dios, o un extraño de afuera. “Si te oyere [si se arrepiente], has ganado a tu hermano” (v.15). Pero si finalmente, “no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano” (v. 17) – como un incrédulo, y entonces debe ser tratado solamente con intenciones evangelísticas. El Señor luego dice que Él personalmente media Su ley en el mundo por medio de ese proceso (v. 20).

Nadie que persiste en pecado y rebelión deliberadamente contra el Señor, debe ser alentado con promesas de seguridad. Si conoces a alguien así quien profesa fe en Cristo, sigue el proceso Mateo 18 y llama a esa persona al arrepentimiento. Pero no lo animes con las promesas de seguridad. Una persona así puede estar aferrada a una falsa esperanza.

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