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Pregunta:

Tengo que admitir que en mi corazón, a veces, me encuentro intelectualmente disperso y descontrolado, lo que me pone en problemas en casi todas las veces que me ocurre. Y estoy tratando de entender, ¿cómo es que Dios puede permitir la condenación eterna, el castigo eterno, y la tortura eterna? Y francamente, no estoy probando a Dios. Y sé que el que está mal soy yo, si tengo un suposición incorrecta. Pero lo que me da paz es que hay algunas cosas que aparentemente permanecen en el dominio de lo llamaría algunos “secretos” que Dios tiene, y es posible que nunca entienda porque Él verdaderamente es soberano. Deuteronomio 29:29 me ayuda entender: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” Y también Romanos 11:33, “¡Oh, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!”. Entonces, algunas cosas están más allá de lo que podemos pensar. ¿Es allí en donde usted dejaría ese problema? ¿Y entonces, debería dejar de pensar en ello?

John:

Pues, yo diría: No creo que ninguna persona tendría problema con la elección soberana, si no fuera por la condenación eterna. Yo verdaderamente nunca hubiera pensado que la elección soberana fuera un problema difícil. ¡Se encuentra en todo lugar por las Escrituras! Lo que es difícil aceptar sobre la elección soberana, es que hay algunas personas que no son escogidas – y estuviera bien si dejaran de existir. Es por eso que John Stott se convirtió en “aniquilacionista”. No es por el texto; es por su lucha emocional con ello. Y es bueno recordar que lo que hace difícil de la doctrina de la soberanía es la doctrina del castigo eterno. Esa es una buena razón para mantener la doctrina de la soberanía – porque está tan clara en la Escritura –que entonces tienes que tratar con la doctrina del castigo eterno. Lo que tú acabas de decir no es diferente a lo que todos los demás sentimos, entonces bienvenido al club.

Primero que todo, tenemos esos pensamientos. Luchamos con esos pensamientos. Yo me conforto con varias cosas. Primero: las personas que no quieren nada con Dios y no quieren a Cristo ahora, no lo querrán en ese entonces. La segunda cosa es que, hay grados de castigo. Eso es claro: “¿Cuanto más tendrá peor castigo, será enseñado como digno, el que pisotea por de bajo la sangre del pacto?” (Lo cuenta como una cosa no santa. Pocos latigazos, o muchas latigazos… La terminología que se refiere al infierno es muy fuerte – gehenna, “el lugar de quemazón y crujir de dientes” – que yo creo que serán los golpes de una conciencia completamente activada lo que le recuerda al alma condenada todos sus pecados pasados. Entiendo los horrores de eso y no se si llegaré a terminar con ellos emocionalmente. Me preocuparé si eso me diera paz, ¿me entiendes? Yo creía que me había rebasado mi límite si eso no partiera mi alma; y sería, a ese punto, creo, incapaz para el ministerio, porque perdería mi compasión por los perdidos, perdería el agotamiento que tanto hizo llorar a Jesús. ¡Yo constantemente regreso al llanto de Jesús! ¡Él sabía! Yo aun hago la pregunta, “¿Por qué está llorando? Tu decidiste esto”. Pero no es así de sencillo.

Hay tensión en todas estas grandes doctrinas. Él dijo, “Cuantas veces quise juntar a tus hijos…y no quisiste.” Yo creo, en ese sentido, que la Biblia habla sobre el juicio como algunas personas siendo juzgadas por lo que han escogido a hacer. Entonces, todo lo que puedo decir es que nunca estaré en paz con esa doctrina. Nunca. Y yo creo que unos de los gozos en el cielo será que eso será removido de nuestro conocimiento.

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