El testimonio claro de las Escrituras es que son suficientes; que ellas solas son las que nos equipan “para toda buena obra” (2 Ti. 3:16–17). Los creyentes no necesitan volúmenes complementarios para abordar cuestiones y actividades nuevas y modernas sobre las que la Palabra de Dios no se pronuncia.
En cambio, necesitamos buscar cuidadosamente en las Escrituras los principios eternos que nos ayudarán a navegar por las áreas grises de la vida. Durante las últimas semanas, hemos estado examinando muchos de esos principios, tratando de desarrollar una mentalidad bíblica para tomar decisiones en las áreas grises.
Hemos considerado los principios de edificación (¿Esta actividad producirá un beneficio espiritual?), esclavitud (¿Esta actividad me llevará a la esclavitud?), enredo (¿Esta actividad fortalecerá su resistencia espiritual o le enredará en distracciones mundanas?), estima (¿Esta actividad beneficiará a otros o les hará tropezar?), peligro (¿Esta actividad le enseñará a ignorar su conciencia?) y evangelismo (¿Esta actividad adornará el evangelio o lo empañará?).
Hay un último principio que debemos considerar, uno que resume y cumple todos los principios anteriores. Es el principio de la exaltación. Al tratar de determinar cómo comportarnos en las zonas grises de la vida, debemos considerar cómo nuestras decisiones exaltan al Señor. Debemos preguntarnos: ¿Esta actividad traerá gloria a Dios?
Pablo declaró: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Co. 10:31). Fuimos creados para glorificar a Dios y adorarlo para siempre. Debido a que hemos sido transformados por Su gracia y trasladados a Su reino, complacerlo es tanto nuestro objetivo más elevado como nuestro mayor deleite (cf. 2 Co. 5:9).
El clamor de nuestro corazón es glorificar a nuestro Señor y Salvador con nuestras vidas. Así que, cuando se trate de lidiar con áreas grises, consideren la pregunta: ¿Será Dios glorificado, alabado y exaltado por mi decisión? Le honramos genuinamente cuando tomamos decisiones que son consistentes con los principios que se encuentran en Su Palabra. Por otro lado, cuando tomamos decisiones necias y pecaminosas, nuestras acciones le deshonran. Si una actividad glorificará a Dios, hágala. Si no es así, o si es cuestionable, entonces haga otra cosa.

(Adaptado de El pastor en la cultura actual)