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La tendencia dentro de la iglesia en la actualidad es aceptar la psicoterapia más que nunca. Si los medios de comunicación cristianos son el barómetro de la iglesia en conjunto, un cambio dramático está teniendo lugar. La radio cristiana, por ejemplo, que fue una vez el bastión de enseñanza bíblica y música cristiana, está ahora repleta de discusiones con participación del público, psicología popular y psicoterapia telefónica. La predicación de la Biblia ha pasado de moda. Los psicólogos y consejeros radiales son los nuevos héroes de los evangélicos. La radio cristiana es la herramienta más importante de publicidad para la venta de la psicología, lo cual aporta dinero en miles de millones.
De ese modo la iglesia ingiere dosis elevadas de dogmas de la psicología, adoptando la sabiduría secular e intentando santificarla llamándola cristiana. Los valores más fundamentales de los evangélicos se están redefiniendo. “Salud mental y emocional” es la nueva frase de moda. Este no es un concepto bíblico, aunque muchos pretendan que su equivalencia es la madurez espiritual. Al pecado se le llama enfermedad, por eso la gente piensa que lo que necesita es terapia y no arrepentimiento. Al pecado común se le llama conducta adictiva o compulsiva, y muchos suponen que la solución está en un tratamiento médico más que en la corrección moral.
Quienes abrazan con más fuerza las terapias humanas son los débiles espirituales, aquellos vacíos o ignorantes de la verdad bíblica, que no quieren aceptar el camino del sufrimiento que lleva a la madurez espiritual y a la comunión más profunda con Dios. El efecto desafortunado es que estas personas permanecen inmaduras, retenidas por una dependencia autoimpuesta de algunos métodos pseudocristianos o psicocharlatanes que detienen el crecimiento real.
Cuanto más la psicología secular influya en la iglesia, tanto más se aleja la gente de la perspectiva bíblica de los problemas y soluciones. Quienes realizan terapia individual reemplazan la Biblia, el medio supremo de la gracia santificadora de Dios (Jn. 15:3; 1 Co. 1:21; He. 4:12). A menudo, el consejo que ofrecen estos profesionales es espiritualmente desastroso.
En una ocasión escuché otra popular estación cristiana que ofrece consejería directamente a quienes llamen desde cualquier punto del país. Llamó una dama y dijo que, por años, había tenido problemas de fornicación compulsiva. Dijo que iba a la cama “con cualquiera y con todos” y se sentía incapaz de cambiar su conducta.
El consejero le replicó que su conducta era su manera de vengarse de su pasado, el resultado de heridas infligidas por un padre pasivo y una madre sobreprotectora. “No hay caminos simples de recuperación”, le dijo el radioterapeuta. “Su problema no desaparecerá de inmediato; lo suyo es una adicción y demandará consejería prolongada. Le harán falta años de terapia para superar su ansiedad de sexo ilícito”, Luego le sugirió que buscara una iglesia que fuera tolerante mientras ella hacía lo posible por liberarse de las “heridas dolorosas” que la “hacían” fornicar.
¿Qué clase de consejo es ese? Primero, el consejero en efecto le dio permiso a la dama para diferir la obediencia a un claro mandamiento de la Escritura: “Huid de la fornicación” (1 Co. 6:18; véase también 1 Ts. 4:3). Segundo, culpó a sus padres y justificó que se vengara de ellos. En tercer lugar, parecía dar a entender que ella podría ir dejando el pecado poco a poco, claro está, con ayuda de terapia.
Además, el claro mensaje que dio a sus oyentes de todo el país fue que no confiaba en el poder del Espíritu Santo para transformar el corazón y conducta de una persona. Peor aún, animó a las iglesias a tolerar el pecado sexual de una persona hasta que una terapia comenzara a surtir efecto.
Contraste las sugerencias de ambos consejeros radiales con la profunda simplicidad de Gálatas 5:16: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”. ¿De verdad creemos que años de terapia pueden llevar a las personas a vivir conforme al Espíritu? ¡Por supuesto que no, especialmente si el terapeuta es alguien que recomienda gestos obscenos, un arrepentimiento tardío e iglesias tolerantes con la inmoralidad crónica! No hay ninguna justificación bíblica para ese consejo; de hecho, contradice abiertamente la Palabra de Dios. El apóstol Pablo dijo a los corintios que entregaran a un adúltero a Satanás poniéndolo fuera de la iglesia (1 Co 5).
Doy gracias a Dios por hombres y mujeres en la iglesia que dependen de la Biblia cuando aconsejan a otros. Estoy muy agradecido por consejeros fieles que instan a las personas en problemas a que oren y les señalan las Escrituras, a Dios y a sus recursos inagotables para todas las necesidades.
Nada tengo en contra de quienes utilizan tanto el sentido común como las ciencias sociales como una valiosa plataforma de observación para mirar la conducta humana y desarrollar herramientas que ayuden a la gente en la obtención de algún control externo de su conducta. Esto puede ser útil como un primer paso para llegar a la verdadera cura espiritual. Pero un consejero sabio entiende que cada terapia de conducta se detiene en la superficie, lejos de brindar soluciones a las necesidades reales del alma que solo pueden resolverse en Cristo.
En cambio, no tolero a quienes exaltan la psicología por sobre las Escrituras, la intercesión y la perfecta suficiencia de nuestro Dios. No me entusiasman tampoco las personas que desean mezclar la psicología con los recursos divinos y vender la mixtura como un medicamento espiritual. Su metodología equivale a un reconocimiento tácito de que lo que Dios nos ha dado en Cristo no es realmente suficiente para satisfacer nuestras necesidades más profundas y aliviar nuestras vidas atribuladas.
Dios mismo no tiene en gran estima a los consejeros que dicen representarlo, pero en realidad se apoyan en la sabiduría humana. Job 12:17–20 dice:
Él hace andar despojados de consejo a los consejeros [una señal de humillación],
Y entontece a los jueces.
El rompe las cadenas de los tiranos,
Y les ata una soga a sus lomos.
Él lleva despojados a los príncipes,
Y trastorna a los poderosos.
Priva del habla a los que dicen verdad,
Y quita a los ancianos el consejo.
La sabiduría de Dios es tan inmensamente superior a la de los hombres, que el más grande de los consejeros humanos es puesto en ridículo. Los vv. 24–25 añaden:
Él quita el entendimiento a los jefes del pueblo de la tierra,
Y los hace vagar como por un yermo sin camino.
Van a tientas, como en tinieblas y sin luz,
Y los hace errar como borrachos.
Si alguien tuvo que soportar la insensatez de consejeros humanos bienintencionados, ese fue Job. Sus inútiles e irrelevantes consejos le fueron tan dolorosos como las aflicciones satánicas que sufría.
Semejante declaración es un eco del neognosticismo. En su afán de empequeñecer a quienes creen que la Biblia es suficiente, estas “nubes sin agua” (Jud. 12) de los últimos tiempos, insisten en que poseen un conocimiento secreto más elevado y sofisticado de la respuesta real para lo que perturba el alma. No se deje intimidar por sus falsas pretensiones. No existe ningún conocimiento superior, ninguna verdad oculta, nada más allá de los recursos totalmente suficientes que encontramos en Cristo que pueda transformar el corazón humano.
La iglesia debe recobrar su confianza en los recursos espirituales que provee Dios. Debemos volver a la convicción de que solo la Escritura “es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Ti. 3:16). Estoy convencido de que está en juego mucho más de lo que el cristiano promedio puede comprender. Si los creyentes evangélicos no redescubren la consejería bíblica y vuelven a dar a la Palabra de Dios el lugar que merece como fuente suprema para discernir y corregir los pensamientos e intenciones del corazón (He. 4:12), perderemos nuestro testimonio ante el mundo y la iglesia misma morirá. Estos asuntos son muy cruciales.
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(Adaptado de La consejería: Cómo aconsejar bíblicamente)
