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Vivimos en un mundo que vive a un ritmo tan rápido que hemos olvidado cómo detenernos y contemplar a Dios. No nos gusta pensar en la meditación, es algo así como una mala palabra, porque trae a nuestra mente un sistema religioso entero que rechazamos. Pero la meditación es una palabra bíblica. Y algunas veces no nos gusta ni siquiera la palabra “adoración” porque adoración se oye como algo así como legalismo ritual austero del cual fuimos redimidos; y no queremos regresar a eso. Y somos una sociedad tan pragmática que tendemos a pensar en Dios en términos únicamente de lo que Él puede hacer por nosotros. Tendemos a pensar en Jesús sólo en Su humanidad y no tanto en Su deidad. Tendemos a pensar como el mundo quiere que pensemos, me imagino, que Dios es una especie de Santa Claus, una figura de abuelo que siempre es amable. O por otro lado, algunas personas piensan que Dios no es nada más que alguien que mata el gozo. Si usted lee su póliza de seguro, descubrirá ahí, bajo la categoría ‘actos de Dios’ terremotos, inundaciones, tornados, huracanes, etcétera.

¿Sabemos realmente quién es Dios? Si tuviéramos que resumir todo lo que Él es, ¿cuál sería el resumen? En Marcos 11:22 Jesús dijo: “Tened fe en Dios.” Pensé en eso esta semana. Jesús dijo: ‘Tened fe en Dios’. Jesús dijo: ‘Pueden confiar en Dios’. Ustedes pueden poner su vida en Sus manos. Y cuando Jesús dice algo, es algo muy especial, porque Jesús conocía a Dios mejor que cualquier otra persona. Y si Jesús dijo puedes confiarle tu vida a Dios, esa es una recomendación bastante buena.

Jesús conocía a Dios mejor que cualquier otra persona. Mejor que los eruditos filósofos y pensadores que han hecho esfuerzos inmensos de pensar acerca de la deidad; mejor que los profetas que recibieron su información mediante revelación. Mejor de los apóstoles, quienes recibieron la misma mediante revelación. Mejor que cualquier fuente humana cuya mente está limitada por los confines de la humanidad. Jesús conocía a Dios mejor que cualquier otra persona. Y Jesús dijo que usted puede confiar en Dios.

Como usted puede ver, Jesús había pasado toda la eternidad pasada en la presencia de Dios. Nunca hubo un principio de Dios y nunca hubo un principio de Jesús. Y entonces, ellos habían estado juntos y en Juan 1 dice que ellos estaban pros ton theon. Jesús estuvo cara a cara con Dios. De hecho, en Su oración sumo sacerdotal en Juan 17 Él dijo: “Padre, devuélveme la gloria que tuve contigo antes de que el mundo comenzara.” Si alguien conoce a Dios, Él lo conoce. Y Él dice que usted puede confiar en Dios en su vida.

Y entonces, comencé a pensar en eso. Si realmente quisiera conocer cómo es Dios, entonces debería escuchar lo que Jesús dijo. ¿Y qué dice Jesús acerca de Dios?

En primer lugar, Él nos da una gran presentación de Dios. Una gran presentación de Dios en Sus palabras en los Evangelios. En Juan 4:24, nos habla de la naturaleza de Dios. Él dice ‘Dios es un Espíritu’. En Juan 17:11, Él nos habla de la santidad de Dios. Él dice: “Padre Santo.” Y en Juan 17:25 Él dice “Oh, Padre justo.”

Y después, Jesús de manera repetida, nos habla de la justicia de Dios. En Mateo 21:33 y en adelante, Él nos cuenta del dueño de una viña que literalmente destruyó al que había tratado mal a sus siervos y a su hijo. Y ese dueño de la viña es Dios. Y Él juzga el pecado. En Mateo 22 nos habla de un hombre que se rehusó a usar el atuendo de la boda y fue arrojado a las tinieblas de afuera. En Mateo 25 nos cuenta de cinco vírgenes insensatas que vinieron demasiado tarde y se quedaron afuera. En Mateo 25, al final del capítulo inclusive, nos dice conforme Él muere en la Cruz, que Él está de hecho muriendo bajo la devastación del juicio divino.

Y entonces, Jesús nos habla de la justicia de Dios, de la santidad de Dios y de la naturaleza de Dios. Y en Marcos 10:27 nos dice: “Porque con Dios todo es posible.” Y entonces, nos habla del poder de Dios. En Mateo 23:22 habla del cielo siendo el lugar del trono de Dios. Y de esta manera, nos enseña acerca de la soberanía de Dios. En Marcos, capítulo 6 y versículo 4 dice: “El Padre que ve en secreto,” y de esta manera, nos habla de la omnisciencia de Dios. Y en Mateo 6:32, Él dice: “Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad.” Y Él procede a hablar de cómo si Él viste a la hierba del campo, también los va a vestir a ustedes; y de esta manera nos, habla del cuidado de Dios. En Mateo 5:45, Él dice que hace llover sobre justos e injustos; y de esta manera, define la providencia de Dios. Si usted quiere saber acerca de Dios, escuche a Jesús. Él lo ha conocido siempre.

Jesús nos enseñó las verdades principales acerca de Dios entonces, Su naturaleza, Su santidad, Su justicia, Su poder, Su soberanía, Su omnisciencia, Su cuidado y Su providencia. ¿Pero sabe una cosa? En todo eso, e inclusive hay más de eso, todavía no hemos tocado la lección primordial que Jesús nos enseñó acerca de Dios. Hay una lección que sobrepasa a toda lección que Él jamás dio. Hay un título para Dios que es repetido en los Evangelios 189 veces, 124 de esas veces en el Evangelio de Juan únicamente. Y ese título para Dios es simplemente este, dígalo conmigo: “Padre… Padre.” Más que cualquier otra cosa, más que cualquier otro concepto de Dios, más que cualquier otro tema acerca de Dios, Jesús se concentró en el hecho de que Él era un padre. “Padre” fue siempre la manera especial de Jesús de referirse a Dios. Él dice: Mi Padre, Padre nuestro, vuestro Padre y simplemente Padre.

De hecho, ¿se acuerda de algo? Las primeras palabras que Jesús jamás pronuncia en la cronología de su vida ocurren en el lugar del templo. Sus padres han comenzado en su viaje a casa, Él sólo tiene 12 años de edad. Ellos se dan cuenta que Él no está aquí con toda la gente. Regresan y dicen ¿qué estás haciendo aquí, hijo? De hecho, ¿se acuerda lo que Él dijo? “¿No saben que debo estar ocupado en los negocios de Mi Padre?” Padre fue siempre el tema de la enseñanza de Jesús acerca de Dios. Y yo creo que en ese maravilloso pasaje en Lucas 2, usted tiene la confesión primaria de Jesús, el germen de toda Su enseñanza acerca de Dios. Dios más que cualquier otra cosa es mi Padre.

El doctor HR Macintosh dijo en su libro La Doctrina de la Persona de Cristo, y cito: “La recurrencia del nombre profundo y dulce “Padre” descubre el secreto de Su ser.” Fin de la cita. Jesús nos enseñó que nuestra oración debe comenzar “Padre nuestro.” Así comenzó su oración en Juan 17.

¿Qué nos enseñó Jesús acerca de la paternidad de Dios? Vayamos a Juan capítulo 5, versículos 17 al 24 y descubrámoslo. Ésta es la teología de Jesús acerca de la paternidad de Dios. Concéntrese conmigo en esto. Versículo 17: “Y Jesús les respondió: ‘Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.’” Deténgase allí.

¿Quiere saber lo que está pasando? Jesús acababa de sanar a un hombre, algo por lo que Él debió haber sido francamente felicitado. Pero debido a que lo había hecho en el día de reposo, fue condenado como alguien que había roto la tradición rabínica. Uno que rompió la ley. Y debido a que Él realizó esta sanidad en el día de reposo, Él había provocado una reacción judía y ellos literalmente estaban manifestando odio y persiguiéndolo e inclusive planeando Su homicidio. Y ahora, Jesús les da un discurso que tiene la intención de justificar Su sanidad el día de reposo. Pero inherente en ese discurso en donde Él justifica Su sanidad en el día de reposo, hay una afirmación tremenda acerca de Dios que es introducida en el versículo 17. Yo creo que Él aquí da cinco grandes cualidades del Padre que se vuelven, en mi mente, el estándar para la paternidad. Escuche. Dios no obtuvo Su título de “Padre” de una analogía humana. El hombre obtiene su definición de padre de Dios. Es una gran diferencia. Dios es El Padre. Y vemos cinco cualidades de Su paternidad conforme el Señor habla acerca de Él.

El número uno, el Padre es uno con Su Hijo… El Padre es uno con Su Hijo. Obsérvelo en el versículo 17. “Mi Padre hasta ahora trabaja y yo trabajo.” Ahora, ¿qué es lo que Él está diciendo? Él está diciendo que Dios trabaja en el día de reposo y Yo trabajo en el día de reposo. Yo soy uno con Dios y entonces, así como Dios trabaja en el día de reposo, Yo también trabajo del día de reposo. Ahora esto, créame, es una declaración asombrosa para los oídos judíos. Escuche, en Marcos 2:27 Jesús dijo: “El día de reposo fue hecho para el hombre.”

Usted pregunta ‘Bueno, entonces espere un momento. ¿Cuando Dios creó en seis días, Él reposó en el séptimo?’ No, Él sólo descansó de Su creación. Si hubiera descansado, todo lo que Él había hecho, se habría deshecho. Él había terminado la obra de la creación, Él comenzó la obra de sustentar todo lo que había hecho. Dios no necesita ningún descanso. Yo sólo quiero alentarlos acerca de eso. En Isaías 40:28 dice: “El Dios eterno, Jehová, el creador de los fines de la tierra no desfallece con cansancio ni se cansa.” Dios no tiene que descansar. El descanso del cual Él habló de la creación fue para establecer un patrón para el hombre, quien necesita un día de descanso, quien necesita un día para enfocarse en adorarlo a Él. Pero el día de reposo fue hecho para el hombre. Y entonces, Dios no está obligado por Él, y si Dios quiere sanar en el día de reposo, Él sana; y Jesús dice ‘Yo también’. Y Él, al decirlo, se está siendo igual a Él. Y ése es exactamente el mensaje que ellos entendieron, el versículo 18: “Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.”

¿Quieren saber algo, amados? Es difícil de entender esto, pero Él era igual a Dios. Él era Dios. Algo que es verdad acerca del Padre es que Él es uno con Su Hijo… Él es uno con Su Hijo.

Jesús enfatiza esto aún más en el versículo 19: “Respondió entonces Jesús, y les dijo: ‘De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.’” Él dice ‘somos uno, trabajamos juntos. Hacemos cosas juntos.’ El punto es este: la comunión cercana, íntima entre el Padre y el Hijo, y creo que esto es ilustrado de manera apta en la gran oración de nuestro Señor en Juan 17, versículo 1: “Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a Tu Hijo, para que también Tu Hijo te glorifique a Ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame Tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” En el versículo 21, ora: “Para que todos sean uno; como Tú, oh Padre, en Mí, y Yo en Ti, que también ellos sean uno en nosotros.” En otras palabras, Jesús sabía que ser el Hijo de Dios significaba ser uno con el Padre.

Hay una segunda cosa aquí acerca del Padre desde la perspectiva de Jesús. No sólo es el Padre uno con el Hijo, sino que, en segundo lugar, el Padre ama a Su Hijo. Observe el versículo 20, no podría ser más simple. “Porque el Padre ama al Hijo.” Deténgase allí.

Jesús sabía que el Padre lo amaba. Es una unión de amor. Y regresando al capítulo 17, en donde Jesús ora, de nuevo en estas palabras expresando este amor tremendo, Él dice: “Yo en ellos, y Tú en Mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que Tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a Mí me has amado.” Versículo 26: “Y les he dado a conocer Tu Nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.”

Escuche, ¿quiere saber lo que Jesús pensaba acerca de Dios? Él dijo ‘Dios es un Padre’. ¿Qué es lo que significa que Él es un Padre, Jesús? Significa que Él es uno con Su Hijo. ¿Qué más significa? Significa que Él ama a Su Hijo. En cuanto a Dios mismo, ¿cuantas veces dijo Él: “Este es Mi Hijo amado”? El primero y más importante objeto del amor del Padre es el Hijo.

Hay un tercer pensamiento aquí. El Padre bendice al hijo. Mire nuevamente el versículo 20. “Y él le muestra todas las cosas que Él hace y mayores obras que estas le mostrará.” El Padre no retiene nada para el Hijo. Le muestra todo lo que Él conoce, todo lo que Él tiene, todo lo que el Hijo jamás podría ser. Y más allá de lo que el Hijo podría haber visto en Su experiencia humana, Dios le permitiría ver y hacer. Él no retuvo nada… Nada. El Padre bendice al Hijo.

Supongo que esa es la razón por la que Jesús estaba lleno de gracia y de verdad, porque Dios no le dio el Espíritu por medida. Él le mostró al Hijo todo, no retuvo nada. Inclusive la Cruz tuvo sus gozos. La Biblia dice que Él soportó la Cruz por el gozo que fue puesto delante de Él.

Entonces, el Padre es uno con Su Hijo, el Padre ama a Su Hijo, el Padre bendice a Su Hijo. Hay un cuarto pensamiento. El Padre da autoridad a Su Hijo… El Padre da autoridad a Su Hijo. Versículo 21, observe esto: “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo.” Escuche, ¿sabe lo que está diciendo? Él está diciendo ‘autoridad equivalente es dada al Hijo, Él dará vida. Él va a cumplir el juicio.’ Y yo creo que lo que Él está diciendo ahí en el versículo 21 es tanto poder de resurrección física y espiritual, creo que es el Hijo quien junto con el Padre da vida a espiritualmente. Creo que es el Hijo quien junto con el Padre al final dará vida a cuerpos físicos conforme vienen en la resurrección. Y entonces, vemos que Él es igual en poder, Él es igual en autoridad, Él es igual en Su derecho de gobernar, reinar y juzgar.

El versículo 25 expresa esto. “De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio…” Y demás. Y entonces, el Padre le ha dado autoridad al Hijo… Ahora observe esto… Para actuar en nombre del Padre… Para actuar en nombre del Padre. Un pensamiento tremendo.

Ahora escuche. El Padre es uno con Su Hijo. El padre ama a su hijo. El Padre bendice a su hijo. El padre da autoridad y poder a Su Hijo. Finalmente, Jesús dice del Padre, y me encanta esto, ‘Él honra al Hijo… Él honra al Hijo’’. Versículo 23 -y llama a todo el mundo a esa honra-“para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.” Y por cierto, el versículo 24 lo resume “El que oye Mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” Si escuchan este mandato de honrar al Hijo, si besan al Hijo, si aceptan al Hijo, si abrazan al Hijo, serán resucitados a vida eterna. Si no lo hacen, serán juzgados. Y entonces, el Padre honra al Hijo.

Ahora, permítame resumirlo. Dios es un Padre, desde la perspectiva de Jesús, quien es uno con Su Hijo, quien ama a Su Hijo, quien bendice a Su Hijo, capacita Su Hijo y honra a Su Hijo. Y yo creo, que esa es probablemente la declaración teológica más concisa que Jesús jamás hizo acerca del Padre. Lo resume de una manera tan hermosa. ¿Cómo veía Él al Padre? De esas cinco maneras.

Usted dice “bueno, eso es muy bueno para Él; pero nosotros después puede todo, no somos deidad. Digo, ¿qué tiene que ver eso con nosotros? No somos perfectos, sin pecado, somos imperfección pecaminosa. Somos hombres, no Dios. Jesús fue Dios. Jesús inclusive dijo en Juan 14, ‘si me habéis visto a Mí habéis visto al Padre’. Digo, ¿cómo es que esto se aplica a nosotros? ¿Es Dios un Padre así conmigo como lo es con Cristo? ¿Es Dios un Padre así que Él me haría uno y me bendeciría y me amaría y me daría poder y autoridad y honra? ¿Es Dios un Padre así conmigo?”

Escuche, Hebreos capítulo 2; Hebreos capítulo 2, versículo 11. Esta es simplemente una afirmación tremenda. Escuche: “Porque el que santifica,” ahora, ¿quién es la única persona en el universo que santifica? Dios. “Porque el que santifica y los que son santificados de uno son todos. Por lo cual no se avergüenza,” este es Cristo el Señor, “de llamarlos hermanos.” ¿Es eso maravilloso? ¿Es Él un Padre para conmigo como lo es para con Cristo? Sí. El versículo 12 dice: “Diciendo anunciaré a mis hermanos Tu nombre, en medio de la congregación te alabaré.” Escuche esto, Jesús se ve a sí mismo aquí en esta profecía magnífica del Salmo 22 de pie en la asamblea de los redimidos y de pie hombro a hombro con los hermanos que pertenecen a la familia y juntos alabando a Dios. Jesús se ve a sí mismo como uno de nosotros y nos llama hermanos. ¿Es Dios un Padre para con nosotros como lo es para con Cristo? Jesús nos llamó hermanos. Jesús nos llamó hermanos.

En Romanos, capítulo 8, hay otra palabra. Vea en el versículo 14: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios y si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo.” Coherederos con Cristo. ¿Es Dios un Padre para con nosotros como lo es para con Cristo? Sí, eso es exactamente lo que Pablo está diciendo. Eso es exactamente lo que el escritor de Hebreos está diciendo.

Pedro lo dijo de esta manera, escuche sus palabras: “Gracia y paz os sean multiplicadas en el conocimiento de Dios y de Nuestro Señor Jesús como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas”… Ahora escuche… “Para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina.” Escuche, cuando usted se volvió un cristiano, se volvió un participante de la naturaleza divina. Cuando usted cree en Cristo, usted se vuelve en Cristo. Cuando usted fue salvo, se volvió uno con el Señor Jesús. Su vida es imputada usted, pero vive usted mas no usted sino Cristo vive en usted. Dios lo ve a usted como uno con Su Hijo, como uno consigo mismo, como un destinatario por igual de todo lo que es Su paternidad y toda Su bendición puede significar. Cuando Jesús habla del Padre, no está sólo hablando por sí mismo, Él está hablando por usted y por mí.

Ahora, quiero cerrar con una ilustración que Jesús dio. Yo creo, sin duda alguna, que esta es la afirmación más maravillosa que jamás salió de Su boca acerca de la naturaleza de Dios. Y está en Lucas 15… Lucas 15. La historia de manera común es titulada ‘el hijo pródigo’. Francamente, ése no es el título correcto. Esta no es la historia de un hijo pródigo. Esta es la historia de un padre amoroso. Esta no es una historia de un niño pecaminoso, esta es la declaración más excepcional y grandiosa de la paternidad de Dios y su naturaleza jamás hecha por nuestro Señor. El artículo de periódico promedio es de 600 palabras y es sólo en 400 palabras una obra maestra concisa y literaria de la boca de Jesús en la que Él resume la paternidad de Dios de una manera no teológica y práctica que literalmente hace que cobre vida todo lo que el Nuevo Testamento dice acerca de Dios.

Permítame leérselas.

Versículo 11: “También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde’; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.  Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.  Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!  Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. 

 

Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.

Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar.

Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.

Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.”

¡Qué gran historia! Escuchen, esa no es la historia de un hijo perdido, esa es la historia de un padre amoroso. Y escúcheme: Un padre amoroso que amaba a dos hijos, bajo dos condiciones diferentes con el mismo amor, exactamente con el mismo amor.

Observe la historia de nuevo. Versículo 11: “También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; ahora escuche, el hijo menor tenía un derecho parte de la herencia. El hijo mayor, obtuvo dos tercios. Y si sólo eran dos, eso significaba que un tercio de la herencia era de él. Pero siempre era el caso que esperaba hasta que el padre muriera; y después recibía un tercio del patrimonio. Pero lo quiere y lo quiere ahora, lo cual significa que el padre al responder a su petición literalmente tenía que liquidar su patrimonio y convertirlo en suficiente efectivo como para darle al hijo lo que le pidió. Y el hijo obtuvo todo lo que pidió. Y el final del versículo 12: “…y les repartió los bienes.” Liquidó todo lo que tenía y lo puso a cargo de sus hijos. Les entregó todo lo que poseía.

Versículo 13: “No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.” Asotos, la palabra literalmente significa con exceso, desperdicio, extravagancia extrema, desperdiciándolo. No nos dice lo que hizo. Su hermano, con mente sucia, supuso que él lo había desperdiciado en rameras, pero él no tenía esa información. Ésa simplemente fue una declaración de calumnia. No sabemos lo que hizo con eso, pero quedó en la ruina al desperdiciar todo.

Y después, él enfrentó un doble desastre. Versículo 14: “Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.” No es suficiente que él desperdició lo que tenía pero ahora hay hambruna en la tierra. La comida, el alimento es preciado, no puede obtener un trabajo y nadie le va a dar nada. Él no tiene dinero y el hambre ha llegado. El alimento es escaso, el alimento cuesta mucho dinero. Nadie lo está regalando y nadie está ofreciendo trabajo porque no hay dinero para nada más que comida.

En el versículo 15: “Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.” ¿Un judío alimentando cerdos? ¿Qué puede haber más degradante que eso? No puedes hacer algo más bajo que eso. Levítico 11:7 dice que eran inmundos. ¿Qué está haciendo alimentándolos? El antiguo dicho entre los judíos era que ‘una maldición venga sobre los hombres que cuidan a los cerdos’. Así de bajo era; y ahora que él está en esa posición, él hubiera querido llenar su vientre de lo que comían los cerdos pero nadie le dada la comida de los cerdos. Pero nadie le daba la comida de los cerdos porque usted no le daba eso a un humano, usted alimentaba a un cerdo porque usted podía comer a un cerdo. Los humanos se habían acabado de los recursos. Los cerdos eran los recursos. Los cerdos tenía más valor que la gente, entonces nadie le dio nada.

Versículo 17: “Y volviendo en sí,” la desilusión comenzó a entrar en su mente. Y finalmente, volvió en sí y comenzó a razonar “dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!” Por cierto, la palabra jornalero es muy interesante. No significa un esclavo de casa, no significa un siervo contratado, significa un trabajador contratado por un día. Dice ‘inclusive la gente que pasa por el camino que mi padre contrata por un día de trabajo tiene comida que comer’. Inclusive los jornaleros. Inclusive los hombres que simplemente trabajan ahí los días libres.

Versículo 18: “Me levantaré e iré a mi padre,” y él repite su breve discurso “y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.’” Simplemente contrátame como un hombre que trabaja por un día para que tenga algo que comer. Ahora, algunas personas han dicho que él habría tenido mal motivo porque su motivo era la comida. Pero escuche, era mucho más profundo que eso. Él no sólo fue con el plan para decir tengo hambre, él fue con el plan para decirle ¿qué? ‘he pecado’. Yo creo que es una confesión clásica. Yo creo que realmente expresó la tristeza en su corazón. Y no era la tristeza porque él había perdido su fortuna y no era la tristeza porque él no tenía comida alguna. Él estaba triste por lo que había perdido, él estaba triste por lo que había hecho. Y esa es una confesión clásica. Cuando usted sólo está triste porque usted fue sorprendido, usted sólo esta triste porque sus recursos se acabaron, eso no es arrepentimiento genuino. Pero cuando usted está triste porque ha pecado contra el cielo, un eufemismo judío para Dios, porque yo no hablarían de Su nombre, cuando usted ha pecado contra Dios y usted está triste, ésa es confesión clásica.

Y entonces él llega a su padre, versículo 20: “Y levantándose, vino a su padre. “ ¡Oh, me encanta eso! Jesús no dice que él fue a su casa, él regreso a su granja, vino a su villa, él dice que fue a su padre. Fue la relación lo que Jesús estaba enfatizando, no el lugar. ¿Y qué pasó? Me encanta esto, aquí está el personaje principal de la historia: “Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.”

¿Y sabe lo que pasó? “Y el hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.’” Y antes de que él pudiera decir ‘hazme como uno de tus jornaleros,’ el padre empezó con la fiesta. ¿Se da cuenta? ¿Quiere saber cómo es Dios? Así es Dios.

En una ocasión, cuando era joven, oí a un orador decir lo ansioso que Dios estaba porque usted viniera a Él. Tan ansioso que Él lo abraza con amor y besos y cuando oye la primera letra de la frase “lo siento”, así de ansioso está. Él ni siquiera presentó su propuesta. Jesús enfatiza la bienvenida del padre a un hijo indigno. Así es Dios.

Escuche, los paganos pueden arrastrarse a un templo en temor, las religiones del mundo pueden sacudirse ante el pensamiento de su Dios que está acumulando juicio, sistemas de religión hechos por los hombres pueden preocuparse porque Dios está enojado con ellos, pero Jesús dice que él corrió en compasión y abrazó su cuello y lo besó… Ese es Dios… Ese es Dios. Escuche el versículo 22: “Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.’ Y comenzaron a regocijarse.” Ésa es la actitud de Dios. Ésa es la actitud de Dios.

Simplemente para probárselo a usted, observe de regreso al versículo 8 del capítulo 15. “¿O qué mujer que tiene 10 dracmas y pierde un dracma no enciende la lámpara y barre la casa y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas diciendo ‘regocijaos conmigo porque encontrado la dracma que había partido’. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.” Como puede ver, esa simplemente es una ilustración del gozo del Padre cuando un pecador viene, ¿se da cuenta?

Ahora escuche, quiero detenerme en la historia en el versículo 24. Quiero cerrar, pero quiero que usted entienda estos puntos. Ahora escuche. Conforme yo leía esta historia esta semana, me sacudió como un relámpago del cielo que las cinco mismas verdades que vi en Juan 5 están ilustradas aquí. Que Jesús está dando aquí la ilustración para la declaración teológica de Juan 5. ¿Cuál fue la gran verdad que Jesús pronunció en Juan 5? ¿Que el Padre es qué? Uno con Su Hijo… El Padre es uno con Su Hijo.

Observe el versículo 19, él dice: “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.” Ese va a ser mi discurso, voy a ir y simplemente voy a pedir ser un jornalero. Pero él llega aquí en el versículo 21 y antes de que pueda sacarlo de su boca, el padre lo abraza y lo ama y da una fiesta. Y dice “Este es mi hijo,” versículo 24. El padre ve la relación restaurada. Él ve a su hijo muerto vivo, a su hijo perdido encontrado. Y entonces, Jesús dice en Juan 14: “Voy a preparar lugar para vosotros porque en la casa de Mi Padre muchas moradas hay.” No dice mansiones en el griego. El cielo no es un grupo de mansiones que está ahí en la calle y cuatro cuadras para allá y seis cuadras a la derecha para allí es la tuya. Dice esto: “En la casa de Mi Padre muchas mansiones hay.” No estoy viviendo a seis cuadras a la derecha y una a la izquierda; estoy viviendo en la casa de mi Padre. Soy uno de su familia. Ése es el tipo de Dios que tengo. Él es uno con Sus hijos. ¡Tremenda verdad!

En segundo lugar, el padre ama a su hijo. Versículo 20: “Y levantándose, vino a su padre. Y  cuando aún estaba lejos, lo vio su padre.” ¿Cómo cree usted que lo vio? ¿Sabe por qué lo vio? Adivine lo que el padre había estado haciendo desde el día que él se fue… ¿Qué? Esperándolo. Esperándolo. El padre lo vio cuando aún estaba de lejos y él sabía que era su hijo. ¿Cómo lo sabe? Le voy a decir cómo lo sabe. Un padre sabe cómo camina su hijo. Puede haber un la multitud y ver a mis hijos simplemente por la manera en la que mueven la cabeza, la manera en la que mueven sus pies. El padre ama al hijo. Él lo vio, Él siempre es el iniciador. Siempre el iniciador. Él va a buscar al hijo, él está ahí afuera buscando. Esa es la parábola en el versículo 3 del capítulo 15, obsérvela. Un hombre tiene 100 ovejas, pierde una, deja las 99 y va al desierto a encontrar a la que estaba perdida. Y cuando la encuentra, la coloca sobre sus hombros regocijándose y viene la casa y dice ‘regocijaos’. Y eso le está mostrando otro retrato de Dios. Dios es el buscador, no el hombre, ¿se da cuenta? Dios es el iniciador. Dios es el que enamora, abraza y nos lleva. Ese es el tipo de amor que Él tiene. Y entonces, él lo ve desde lejos. Y él no esperó un discurso y dijo: ‘bueno, me pregunto ¿qué va decir cuando llegue aquí? ¿Cómo va a manejar esto?’ Él no espera un discurso, él tiene compasión. Él es movido por compasión. En sus entrañas, dice el griego, su estómago comienza a sentir la emoción en su estómago y él siente profundamente el amor de su hijo. Y corrió a pesar de que era un hombre de edad y corrió porque Dios siempre es el que corre detrás de los hombres. Él es siempre el iniciador de la salvación.

La Biblia dice que se echó sobre su cuello y le besó. Y usa el término en el griego que significa que lo besó repetida y apasionadamente. Simplemente lo besó y continuó besándolo y besándolo y besándolo. Ése es Dios, como puede ver; ése es Dios. La gente dice ‘¡Oh,’ una señora se me acercó el otro día y me dijo ‘¡Oh, he pecado en mi vida! Tengo tanto miedo de que Dios no me acepte. No es Dios del cual habló Jesús. Él la aceptará a usted. De hecho, Él va a correr y abrazarla antes de que usted diga algo. El padre ama.

Escuche, así es Dios. Él hace que Sus hijos sean uno con Él. Él ama a Sus hijos. Recientemente, una persona estaba hablando de un joven que murió y él estaba expresando las pruebas que enfrentaron; y contó esta historia. Él dijo que alguien se imaginó que ellos habían muerto y han ido al cielo. Él se acercó al Padre y lo abrazó en amor y dijo “Padre, estoy aquí.” Y el Padre dijo: “Hijo, te he estado esperando.” Juntos miraron atrás a lo largo de la vida de ese individuo. Y conforme miraban hacia atrás a la vida del individuo, la persona notó que había dos pisadas, dos huellas que iban a lo largo de la vida y a veces, había cuatro huellas. Y entonces, él dijo: “Padre, entiendo las cuatro huellas, ahí es donde Tu caminaste conmigo. Pero Padre, ¿cuáles son las dos huellas?” Y el Padre sonrió y dijo: “Oh, esas fueron las ocasiones en las que tuve que cargarte.”

Así es con el Padre. Él ama a sus hijos. Él camina con ellos. Y si tiene que hacerlo, los cargará.

Hay una tercera cosa que vi aquí. Lo mismo de lo que habló Jesús en Juan 5. El Padre bendice a Sus hijos. E inclusive si usted es un pecador penitente que no merece nada y regresa, ¿qué dice? En el versículo 22: “Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.” ¿Por qué el mejor vestido? Escuche, ¿saben lo que significaba el mejor vestido? Ese era un símbolo de que pertenecía a la familia. Cuando usted usaba el vestido, el vestido de la familia, ésa era su identidad. Eres uno de nosotros. Calzado en sus pies, ¿qué es eso? Los esclavos estaban descalzos. Los hombres libres usaban calzado. Los hombres libres usaban calzado, los esclavos estaban descalzos. Usted usaba calzado, te he liberado, eres hijo, no un esclavo. Y lo bendijo. Y después, trajo el becerro gordo e hizo una fiesta y pidió que se regocijaran y cantaran e hicieron música y celebraron y bailaron. El padre bendice a su hijo.

Usted dirá ‘pero el hombre no lo merecía’. Ése no es el punto, es la naturaleza del padre lo que es el punto. Si Dios nos diera lo que merecemos, acabaría con el mundo y lo olvidaría. En una ocasión, se le preguntó a Abraham Lincoln cómo iba a tratar a los rebeldes del sur quienes habían traído la esclavitud, cuando finalmente derrotara al sur y regresaran a la unión de los Estados Unidos. ¿Qué va a ser usted, presidente, con los rebeldes del sur?” Y Lincoln respondió: “los voy a tratar como si nunca hubieran hecho algo nada.” Y yo creo que esa es la maravilla del amor de Dios, ¿no es cierto? Que Él pudiera tratar a un hijo así; y no es diferente de usted y de mí a pesar de lo que hemos hecho.

En cuarto lugar, él le dio autoridad a su hijo. Notará en el versículo 22, rápidamente, él dijo: “Poned un anillo en su mano.” Este es un anillo que simboliza autoridad familiar. Cuando alguien era hecho de manera oficial por la familia, era sellado con el anillo de la familia y se grababa el sello. Ésa era autoridad. Y si usted tenía ese anillo, literalmente podía firmar con el sello de la familia. Y así como Dios ha encomendado toda autoridad al Hijo, de una manera maravillosa cuando usted se convirtió en hijo de Dios, Dios le encomienda Su autoridad a usted. Hechos 1, “… cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos…” Ustedes actuarán en nombre mío. “A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.” “Somos embajadores en nombre de Cristo,” 2 Corintios 5. Usted es un embajador de Jesucristo.

Amados, piensen en esto. Dios nos ha hecho uno con Él. Dios nos ha amado. Dios nos ha bendecido. Dios nos ha dado autoridad para actuar representándolo en el mundo. Inclusive coloca a Su Hijo en nosotros para que podamos manifestar a Cristo.

Finalmente, dijimos que en Juan 5 Jesús dijo que Dios honró a Su Hijo y claro que vemos eso aquí, ¿no es cierto? Él dijo al final del versículo 23: “Comamos y hagamos fiesta.” Él mandó a todo el mundo a celebrar. Todo el mundo debía honrar a ese hijo que estaba muerto y ahora estaba vivo.

Usted preguntará qué es lo que esta historia realmente está diciendo en su contexto. Escuche, no pierda esto. Jesús le está hablando a los judíos. Desde el punto de vista del pacto, todos eran hijos de Dios. Según el pacto abrahámico todos eran hijos de Dios, hijos por circuncisión, hijos físicamente. Pero algunos de ellos eran hijos desviados, que se habían desviado y habían coqueteado con otros dioses y habían cometido adulterios espirituales. Ellos habían pecado en contra de Dios. Ellos habían sido los pródigos. Pero cuando ellos regresaron a Dios, Él los abrazó y los amó. Y usted y yo, de la misma manera, somos hijos de Dios en términos de creación, en términos de lo físico. Todos hemos sido creados por Dios. Todos estamos bajo la sombrilla de Su providencia, pero algunos son hijos que se han desviado. Y cuando esos hijos desviados regresan en arrepentimiento preocupado, Él los abraza.

Pero también hay otra alternativa y ése es el segundo hijo. Y con esto cerramos brevemente. “Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.” Ahora escuche, ¿entiende lo que está pasando? Este es el hijo que nunca se fue ningún lugar. ¿Sabe quién es este? Los fariseos. Estaban ahí cerca del templo todo el tiempo. Estaban, por así decirlo, aferrados a la túnica de Dios todo el tiempo. Siempre estuvieron involucrados en las cosas religiosas, nunca se desviaron. Guardaban la letra de la ley.

Observe lo que dice ahí en el versículo 29: “He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.” ¿Sabe por qué? Porque nunca supiste que eras un pecador. Entonces, tiene usted al hombre no religioso abrazado y al hombre religioso menospreciado. Y probaron la farsa de su religión. Su actitud entera muestra que su obediencia que era a partir de deber y no de amor. La actitud de una falta total de empatía, tratan a su hermano de una manera tan horrible; justicia personal. ¿Por qué mi padre está haciendo esto para él? Él que es un pecador. ¿Se acuerda de la historia del publicano y el pecador? Llegó a una esquina y dijo ‘Dios, sé propicio a mí pecador’ y el fariseo dijo ‘te doy gracias porque no soy como este pecador sucio’. Ése es el hermano mayor.

Bueno, ¿cómo es que el padre trató al hermano mayor? Bueno, me encanta esto. Versículo 31: “Él entonces le dijo: Hijo,” los fariseos habían estaban dentro del pacto abrahámico, habían recibido la simiente física de Abraham, eran los destinatarios de los pactos y las adopciones y las promesas como dice Romanos 9:4 y 5. Lo tenían todo ahí. Y él dice: “Tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.” Todo es tuyo para que lo tomes y siempre has estado ahí. ¡Oh, qué padre tan amoroso!, Él inclusive ama a los legalistas, los fariseos. “Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.”

Escuche, ¿ve usted el amor de Dios ahí? ¿Ve qué tipo de Padre Él es? Él amó tanto al que regresó y no amó menos al que no se fue. Aunque él se quedó ahí en las cosas religiosas y él nunca conoció a Dios y nunca aprovechó Sus recursos.

La historia nunca termina, nunca dice lo que pasó con el hermano mayor. ¿Sabe por qué? Porque cuando Jesús predicó este mensaje, la historia no había sido contada. Sabemos cómo terminó. Los fariseos clamaron por Su sangre. Y si la historia hubiera continuado, el hermano mayor le habría dado la espalda a su padre.

¿Cómo es Dios? ¿Cómo sabe cómo es Él? Le voy a decir cómo Él es. Él puede ver en el peor pecador, en el pecador más vil, algo glorioso y magnífico y Él quiere dirigir su afecto a eso, hacerlo uno consigo mismo, amarlo, del decirlo, darle autoridad y honrar a ese individuo. Ben Haden estaba diciendo que cuando era joven, era predicador de la Primera Iglesia Presbiteriana de Chattanooga. Y contaba que cuando era joven, un dignatario muy importante bajó del tren y él tenía que recibirlo. Y se acercó a este dignatario y estaba tratando de impresionarlo tanto. Y usted sabe, simplemente estaba siguiendo todo el protocolo y estaban caminando por la plataforma en la estación y en la orilla había una persona que parecía embriagada, sucia, se acercó y comenzó a jalar su saco y a preguntarle si le podría dar cincuenta centavos. Y él trató de empujarlo para que no interrumpiera su conversación. Y este hombre no los dejaba. Y el hombre persistió y continuó jalando su saco y diciendo si le podía dar cincuenta centavos. Y finalmente le dijo: “Váyase señor, no nos moleste.” Y el hombre finalmente dijo: “Me enojé y simplemente lo empujé.” Y él se cayó de la plataforma y se cayó en las vías.” Y en ese punto dejaron de caminar y se voltearon. Y el hombre vio y en su enojo les dijo “deberían haber visto el hombre que debía haber sido.”

¿Deberían haber visto el nombre que debía haber sido? Eso es exactamente lo que Dios puede ver, ¿verdad? Ese es el hombre que viene y dice ‘quiero ser el hombre que debo ser.’ Hazme el hijo que Tú quisiste que fuera. Y Él abraza a ese hijo. No es sorprendente que Jesús dijera: “Tened fe en Dios,” y ése es el tipo de Dios en el que podemos tener fe, ¡amén! Oremos.

Gracias Padre, gracias por el gozo que hay en nuestros corazones porque un día corriste y nos abrazaste cuando no éramos dignos, cuando no lo merecíamos. Pero Tú nos amaste a pesar de eso. Gracias por ser un Padre así con nosotros como lo eres con Jesucristo, por hacernos uno contigo, por amarnos, bendecirnos, darnos autoridad y honor. Te alabamos en el nombre de Jesús. Amén.

 

 

 

 

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