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Este es nuestro último estudio en la serie de crecimiento espiritual. La hemos titulado “Claves para el crecimiento espiritual” porque creemos que hay algunas cosas muy específicas que abren los tesoros de Dios a lo largo del camino de la madurez cristiana. Desde el principio de nuestro estudio hemos compartido el hecho de que hay una clave maestra que abre todos los cerrojos a lo largo del proceso; y ése es el concepto de la gloria de Dios. Ésa es la clave maestra involucrada en el crecimiento espiritual. Y después, hay algunas claves específicas que realmente involucran glorificar a Dios de una manera muy práctica. Y como usted sabe, hemos estado viéndolas.

Ahora, entonces le hemos explicado que en esencia el crecimiento espiritual es meramente un compromiso con vivir para la gloria de Dios. Y conforme usted vive para la gloria de Dios, el Espíritu de Dios entonces capacita el proceso de madurez espiritual y lo hace más y más y más como Jesucristo. Usted pasa de ser un infante espiritual a la madurez, crece en la gracia, crece para ser más y más parecido a Cristo, tal como dice la Biblia.

Entonces, el crecimiento espiritual es un proceso. No es algo instantáneo y va a llevarse a cabo a lo largo de su vida. Y es un proceso que necesita, para su crecimiento y para su desarrollo y para su cumplimiento, una mentalidad de glorificar a Dios. Nos hemos comprometido nosotros mismos con glorificar a Dios para crecer. Y ese es otro modo de decir, tal como hemos dicho en nuestra última sesión, de vivir la vida llena del Espíritu, de andar en el Espíritu, de obedecer la Palabra de Dios, de dejar que la palabra de Cristo more en nosotros abundantemente. Ser conformado a Su voluntad, ceder nuestro cuerpo como instrumentos de justicia. En otras palabras, todas estas cosas son realmente otro modo de decir lo mismo.

He descubierto en mi estudio bíblico a lo largo de los años que básicamente son sencillamente principios espirituales simples que encontramos en la Biblia, que se repiten de muchas maneras diferentes en muchas formas diferentes. Cualquier maestro bíblico aprende algo. Hay dos cosas que usted debe recordar cuando enseña. Uno es lo fácil que es olvidar las cosas. La gente tiende a olvidar lo que ha oído. Entonces, usted tiene que continuar repitiéndolo. Pero en segundo lugar es la familiaridad. Usted no puede repetirlo de la misma manera, de lo contrario la gente pensará que ya lo sabe y no lo oye. Entonces, tiene que repetir las cosas una, y otra, y otra, y otra vez pero siempre haciéndolo de una manera nueva y fresca de manera que haya una emoción y un sentido de frescura por una nueva dimensión de la verdad.

Ahora, eso es exactamente lo que la Biblia hace. Toma ciertos principios espirituales básicos de que usted debe crecer como cristiano y toca al mismo concepto desde muchos, muchos ángulos. La manera más clara de ver el crecimiento espiritual es ver que se está llevando a cabo, como dice 2 Corintios 3:18, de un nivel de gloria, a otro nivel de gloria, a otro nivel de gloria, conforme somos conformados más y más a la imagen de Cristo.

Debemos vivir para la gloria de Dios. ¿Cómo hacemos eso? Hasta ahora hemos compartido diez maneras en las que glorificamos a Dios. Permítame repasarlas brevemente. En primer lugar, glorificamos a Dios al confesar a Jesús como Señor. Ahí es donde todo comienza. Filipenses 2:11, cuando “toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” Usted tiene que nacer para crecer. Una vez que ha entrado a la familia, se ha colocado bajo el Señorío de Cristo para comenzar el proceso de madurez espiritual.

En segundo lugar, le damos gloria a Dios al apuntar nuestras vidas hacia ese propósito. Usted nunca glorificará Dios a menos de que lo apunte en esa dirección. Debe tener eso como meta. Y eso es lo que quiere decir 1 Corintios 10:31 en donde dice: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa,” esto es lo más mundano que se vuelve la vida, “hacedlo todo para la gloria de Dios.”

En tercer lugar, aprendimos que glorificamos a Dios al confesar nuestro pecado. Josué 7:19 dice: “Entonces Josué dijo a Acán: Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza…” Como puede ver, glorificamos a Dios cuando admitimos nuestra pecaminosidad y la confesamos y nos volvemos de ella, nos arrepentimos de ella. Y eso nos mantiene moviéndonos en el camino de la madurez. Usted no puede madurar a menos de que esté enfrentando el pecado y eliminándolo de su vida.

En cuarto lugar, aprendimos que glorificamos a Dios al confiar en Él. Romanos 4:20 dice que Abraham “Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios.” Conforme usted cree en Dios y conforme usted sigue Su día con una fe llena de confianza, eso le da gloria a Él porque dice ‘Dios, Tú puedes ser confiado’. Y eso le da a Él gloria.

En quinto lugar, aprendimos a partir de Juan 15:8, que glorificamos a Dios al dar fruto. Glorificamos a Dios cuando hay producto en nuestras vidas, cuando hay algo visible en lo que Dios está haciendo en nosotros. Cuando nuestras buenas obras se manifiestan y glorificamos a nuestro Padre que está en los cielos, como lo expresó Jesús. Debemos ser fructíferos. “En esto es glorificado Mi Padre, en que llevéis mucho fruto” Dijo Juan 15:8.

Y después, en sexto lugar, dijimos que glorificamos a Dios mediante la alabanza. “El que sacrifica alabanza me glorificará.” Conforme recitamos los atributos de Dios y Sus maravillosas obras, y agradecemos por ambos, porque ambos están en operación en nuestras vidas, eso también nos mantiene a lo largo del camino del crecimiento.

Y después, en séptimo lugar, dijimos que crecemos al ser obedientes a partir del amor, al amarlo lo suficiente como para obedecer lo que Él nos pide hacer. Y vimos, no es cierto, en Juan capítulo 21, en donde Jesús le dice a Pedro que va a morir y le va a costar su vida. Y le dice si me amas, Pedro, si realmente me amas como acabas de decirlo estas tres veces, entonces vas a estar dispuesto a morir. Y después, le dice “sígueme.” Y cuando usted está dispuesto a seguir aún cuando eso signifique la muerte debido que usted lo ama tanto, entonces usted está viviendo para Su gloria.

También dijimos que glorificamos a Dios mediante la oración. Glorificamos a Dios por la oración. Juan 14 dice que si pedimos algo en Su nombre, Él lo hará “para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Debemos orar para que Dios pueda desplegarse a sí mismo cuando actúa. Y eso le da gloria a Él; entonces la oración es una manera muy esencial mediante la cual glorificamos a Dios.

Después dijimos en noveno lugar que glorificamos a Dios al proclamar Su Palabra. Proclamar Su palabra. Segunda de Tesalonicenses 3:1 fue nuestro versículo, hablaba de hacer que la palabra corriera para que Dios fuera glorificado.

Y después, la última que discutimos en nuestro último estudio fue que glorificamos a Dios al traer a otros a Él. Vimos a de eso en 2 Corintios 4:15, la Biblia dice que Dios es glorificado cuando añadimos otra voz a aquellos que están agradeciéndole a Dios. Cuando usted gana a alguien a Cristo, usted duplica el potencial para glorificarle.

Ahora quiero darle unas cuantas más conforme cerramos nuestro estudio en esta sesión en particular, que en cierta manera va a redondear y resumir lo que esta área tan tremenda de crecimiento espiritual debe decirnos.

Un onceavo punto; y éste es muy, muy esencial: glorificamos a Dios mediante la pureza moral. Glorificamos a Dios por la pureza moral. Y esta es una verdad absolutamente esencial. Usted no puede estar creciendo espiritualmente con un estilo de vida impuro. Permítame mostrarle 1 Corintios capítulo 6; y quiero pasar ahí porque vamos a estar ahí por un tiempo. Primera de Corintios capítulo 6, versículo 19, y dice esto: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”

Ahora lo que Pablo está diciendo es esto. Deben reconocer que el Espíritu de Dios mora en ustedes. Ustedes son templo del Espíritu Santo. “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” Ahora aquí se nos manda a glorificar a Dios en nuestro cuerpo y Espíritu. Tanto interna como externamente, debemos vivir para la gloria de Dios.

Ahora lo que Pablo de manera precisa tiene en mente aquí es el área de la moralidad personal. Para mostrarle esto quiero que retroceda al versículo 12. Primera de Corintios 6:12. Y quiero que sigamos el flujo de este texto un poco porque esto es muy importante. Y francamente, el día de hoy, es tan esencial como cualquier cosa de la que podríamos hablar; porque vivimos en una sociedad tan, tan amoral. Inclusive en la Iglesia de Jesucristo hay una tolerancia del pecado, particularmente del pecado sexual, que no ha sido el caso en días pasados en la historia de la Iglesia. Y parecemos ser tan permisivos en esta sociedad; y Pablo tiene una muy buena palabra para nosotros acerca de eso.

Observe el versículo 12 del capítulo 6. Pablo dice: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.” Luego, él dice: “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.”

Usted aquí ve la idea de lo que está hablando. La fornicación es una palabra griega, porneia, de la cual obtenemos pornografía, eso significa pecado sexual. Es una palabra grande, como una cobija, cubre todo pecado sexual posible. Pablo está diciendo que no debemos estar involucrados en pecado sexual. Y él da tres razones en este texto; y quiero que usted las vea.

Número uno, daña. Número dos, controla. Y número tres, pervierte. En primer lugar, observe el versículo 12, el cual le acabo de leer. Y aquí Pablo nos dice que “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.” En otras palabras, él está diciendo, en lo que a la libertad cristiana concierne, tenemos la libertad de hacer ciertas cosas. Pero si fuéramos a hacer esas cosas, nos dañarían. No serían buenas para nuestro bien.

Él utiliza la palabra “conveniente.” Esta es la palabra sympherō. Literalmente significa “unir.” Y a partir de ahí, el significado literal llegó a ser “provechoso, algo que me conviene, que es beneficioso”. Y lo que él está diciendo aquí es que son cosas que están bien pero no son convenientes, no son beneficiosas. Ahora, Aristóteles utilizó la palabra, por ejemplo, en relación con la paga de los navegantes y también el botín de los soldados. Y él entonces estaba hablando del beneficio que ellos obtenían. Y eso es básicamente lo que significa. Significa “beneficiarse de.”

La palabra en español es algo interesante, es algo “conveniente”. La idea es que hay ciertas cosas que yo puedo hacer pero si las hiciera no sería libre, me atraparían. Hay cosas que me pueden dañar.

Entonces, todas las cosas me son permitidas, en un sentido, dentro de la gracia de Dios; pero no todas las cosas nos ayudan. Algunas cosas nos enredan, algunas cosas nos estorban. Soy cristiano, ¿verdad? Soy redimido, redimido eternamente. Tengo la libertad de hacer lo que quiera. Tengo libertad y Dios va a redimirme porque su amor es eterno. Pero a pesar de que yo tengo esa libertad, hay que algunas cosas que no hago porque enreda mis pies, me atan, me dañan. Y la inmoralidad es una de esas cosas. La inmoralidad nunca ayuda, sólo daña.

Observe el versículo 18 de 1 Corintios 6, “Huid de la fornicación.” ¿Por qué? Bueno, porque dice al final del versículo que usted “contra su propio cuerpo peca.” Le va a dañar. Huya de eso.

Usted sabe, la gente dice ‘bueno, tú sabes, yo puedo vivir como quiera. Yo soy cristiano y estoy bajo la gracia. Y Dios perdona todo y he sido liberado. Soy libre del poder de la ley porque Cristo llevó mi paga. Estoy libre del poder del pecado porque Él pagó el precio. Estoy libre del juicio eterno porque Él llevó el juicio de Dios en Su propio cuerpo. ¡Soy libre!’ Pero Pablo dice sí. Eso es correcto. Pero usted no está libre de hacer las cosas que lo dañan.

Usted sabe, el libro de Proverbios tiene mucho que decir acerca de cómo la inmoralidad nos daña. En el quinto capítulo de Proverbios, en el sexto capítulo de Proverbios, en el séptimo capítulo de Proverbios y en el noveno capítulo de Proverbios hay una lista bastante larga de cosas muy prácticas para mostrarnos que la fornicación es dañina. En 1 Corintios 10, versículo 8, dice: “Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron,” esto es los israelitas fornicaron “y cayeron en un día veintitrés mil.” Pablo dice que no cometan fornicación y se encuentren en la misma situación en la que estuvo Israel cuando murieron esos 23,000 en un día.

El pecado tiene un efecto devastador, particularmente el pecado de inmoralidad.

Pensando en esto, me viene a la mente el Salmo 51, de David, quien había cometido el pecado de inmoralidad, con Betsabé. Y en esa situación tan, tan terrible, tan aterradora en donde Urías, su esposo, fue matado y David vivió con esta increíble culpa. El Salmo 51 dice que él se enfermó y se debilitó, se sintió solo, triste y culpable, el daño horrible que le vino a David. De hecho, usted lo tiene en Hebreos, cuando dice que “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.” Hay algunas cosas que nos dañan y por eso, debemos evitarlas.

En segundo lugar, el pescado sexual no sólo daña sino que también controla. La segunda parte del versículo 12 dice: “Todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.” Una de las cosas que hace este pecado en particular, como cualquier otro pecado, es que hace de la gente un esclavo. Alguien me estaba contando en nuestra propia Iglesia que hay una persona que ha venido a nuestra iglesia que dice que viene aquí cada domingo para el sermón y después se va y va a ver películas pornográficas en la tarde. Porque él simplemente parece no poder liberarse de la esclavitud de esa lascivia terrible. Es algo muy esclavizante. Entre más usted cede a ella, más lo controla. “Esclavizar,” dominar, es una buena traducción de la palabra griega, venir bajo el poder o dominio de algo. Y lo que él está diciendo es que no va a hacer algo que lo va a esclavizar. Y eso es lo que hace el pecado sexual. Esclaviza. Se vuelve una esclavitud terrible, terrible.

Ahora, vemos entonces, simplemente a partir del principio, que el pecado sexual tiene un efecto poderoso en nosotros, nos daña y nos controla. Pero aquí hay algo más y es que nos pervierte. Observe el versículo 13. El pecado sexual, la maldad sexual nos pervierte. Simplemente para mostrarle esto, hay tres propósitos distintos y diseños para nuestros cuerpos que son pervertidos por el pecado sexual.

En primer lugar, nuestros cuerpos son, como cristianos, para el Señor. Veámoslo ahí en los versículos 13 y 14. “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con Su poder.” Ahora, Pablo presenta este punto. Él dice que este cuerpo es para el Señor. De hecho, debe ser obvio para ustedes que nuestros cuerpos son para el Señor porque algún día Él va a recitar a nuestros cuerpos. Algún día, así como Él resucitó Su propio cuerpo, Él va a resucitar nuestros cuerpos para morar en gloria. Ésa es la importancia que tienen nuestros cuerpos en Su plan. El cuerpo no es para la fornicación, es para el señor.

Él en cierta manera se burla de ellos porque tenían una pequeña frase y Él la usa al principio del versículo 13. “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas.” Por cierto, en el griego no hay verbos, simplemente son viandas cuerpo, cuerpo viandas. O alimentos cuerpo, cuerpo alimentos. Usted preguntará qué significa eso. Bueno, lo que está diciendo es que ése es un eslogan. El alimento es para el cuerpo, el cuerpo es para la comida. Esa es una función natural. Y era una pequeña frase que utilizaban para hablar de sexo. Y lo que realmente querían decir es esto. Bueno, el sexo es simplemente como comer, el cuerpo es para el alimento, el alimento es para la comida. El cuerpo es para el sexo y el sexo para el cuerpo. Simplemente, es un fenómeno natural. Simplemente, es una función como cualquier otra cosa.

Y eso lo que la gente dice en la actualidad. ¿Por qué se molestan por el sexo? Digo, todos somos seres sexuales, usted sabe. No es algo muy serio. Simplemente salimos, nos expresamos, comemos, bebemos, dormimos, caminamos, corremos, hacemos estas cosas. ¿Por qué no tener sexo? Es sólo biología.

Pero Pablo dice que su pequeño slogan del alimento para el cuerpo y el alimento para el cuerpo, que es sólo biológico, es erróneo. Dios va a destruir el alimento y su cuerpo. Dios va de destruir el sexo y el cuerpo. El cuerpo es para Dios. El alimento es temporal. El sexo es temporal. Ése no es el motivo por el que Dios lo redimió. Ése no es el plan de Dios para su cuerpo. Si usted es un cristiano, el plan que Dios tiene para su cuerpo no es sexo, es resurrección, es glorificación. Y ¿por qué, entonces, va a adulterar ese cuerpo que tiene ese propósito tan maravilloso y especial? Y eso es esencialmente lo que él está diciendo. Entonces, el cuerpo es en primer lugar para el Señor.

En segundo lugar, somos uno con Cristo, inclusive aquí y ahora. Observe el versículo 15: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?” ¿No saben que su cuerpo en este momento es parte del cuerpo de Cristo? “¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo.” ¡Oh, no, no, no! Me genoito, el negativo más fuerte en el idioma griego. “¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con Él.”

¿Sabe lo que sucede aquí? Usted es uno con Cristo. Usted se involucra con una ramera y ha hecho que Cristo sea uno con esa ramera. Eso es lo que está diciendo. Usted no puede actuar así. Por cierto, ¿quiere saber quién es una ramera? Esa es una persona que tiene relaciones sexuales fuera del matrimonio, aún si están comprometidos. Usted prostituye el propósito de Dios para el sexo. Eso es todo lo que significa.

Entonces, nuestros miembros son miembros de Cristo, nuestros cuerpos son parte de Su cuerpo y somos uno con Él. Y no podemos arrastrarlo y llevarlo a una relación vil sin afectar el propósito que Él tiene en mente. Y esa es la razón por la que en el versículo 18, él dice: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.” Cualquier otro pecado viene desde afuera, pero este pecado emana desde adentro y revela una corrupción interna. Entonces, Pablo está pegándole fuerte a esto. Él dice que no pueden cometer este pecado porque son uno con Cristo. No pueden cometer este pecado, porque Dios tiene otro propósito para su cuerpo.

Y después, en tercer lugar, él dice que no pueden hacer esto porque su cuerpo es templo del Espíritu Santo. Versículo 19: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” Entonces, como puede ver, debido a que el Espíritu mora en nosotros, debido a que somos uno con Cristo y debido a que Dios ha planeado una glorificación de nuestros cuerpos, no tenemos absolutamente nada que ver en involucrarnos con esto. Versículo 20, aquí está la clave para nuestro estudio, “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” Interna y externamente no lo hagan y ni siquiera quieran hacerlo. Eso glorifica a Dios.

Usted sabe, de vez en cuando conozco a gente que está involucrada en una relación ilícita moralmente y ellos tienen las agallas de decir ‘bueno, el Señor nos ha unido’. Y algunas veces usted conoce a parejas jóvenes que están involucradas en sexo pre marital y piensan que el Señor tiene Su bendición en esa relación. No es verdad. Inclusive hay personas en una relación matrimonial que pueden estar casadas con un incrédulo y encontraron a un cristiano y están teniendo una relación y tratan de decir que el Señor está en esa relación. Escuche. Ése no es el caso en absoluto. Usted no está glorificando a Dios. Y le voy a decir algo, si usted o yo o alguien más está viviendo en un estado de inmoralidad, no hay manera de que podamos glorificar a Dios. No hay manera alguna en la que estemos creciendo espiritualmente. No hay manera en la que podamos crecer espiritualmente. Crecemos en pureza no en impureza. Y entonces, conforme glorificamos a Dios en nuestros cuerpos, crecemos en Su gracia. Entonces, ¿qué estamos diciendo nuestro onceavo punto? El crecimiento espiritual involucra glorificar a Dios mediante la pureza en nuestras vidas.

Permítame darle un doceavo; quizás tendremos tiempo tan sólo para uno último al final. Glorificamos a Dios por la unidad; y esto es muy importante. Nosotros glorificamos a Dios mediante la unidad. Aquí tenemos otro elemento muy importante en el crecimiento espiritual, otra clave; y es ésta. Nosotros crecemos, ahora mucha atención aquí, subraye esto, crecemos más rápido cuando no tenemos que crecer solos, cuando somos estimulados. Como dice en Hebreos, cuando nos estimulamos unos a otros al amor y a las buenas obras.

Tenemos en el cuerpo de Cristo dones espirituales, correcto, para ministrar a otros y para que ellos nos ministren a nosotros, para estimular el crecimiento. Ahora, permítame mostrarle esto en Romanos, capítulo 15. Dios es glorificado en la unidad de los santos. En Romanos 15, versículos 5, dice: “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús.” En otras palabras, quiero que se lleven unos con otros, quiero que sientan lo mismo uno hacia otro. Quiero que tenga la misma el mismo sentir, la misma manera de pensar en el cuerpo de Cristo, una unidad maravillosa. Versículo 6, nuevamente una cláusula de propósito: “Para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.”

Usted ve, Dios es glorificado en la unidad de la Iglesia, en la unidad de los creyentes. Esto es algo esencial. Glorificamos a Dios en nuestra unidad, una gran, gran verdad. Dios no espera que luchemos a lo largo del camino de la madurez espiritual solos. Pero Él espera que nos movamos junto con otros en la compañía de otros. Así es como glorificamos a Dios. “Por tanto,” dice en el versículo 7, “recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.” Después de todo, Cristo nos recibió, ¿no es cierto? ¿Y somos mejores que Él? ¿Tenemos un estándar más alto para nuestro grupo que el de Él? ¿Por qué? “Para gloria de Dios.”

Ahora esto es muy importante. Debemos estar interactuando. Nadie crece en un vacío. Nos necesitamos de manera desesperada los unos a los otros. Crecemos por la unidad. ¿Sabe usted por qué? Por ejemplo, una ilustración. En mi vida, he encontrado que cuanto más cercano estoy al círculo de personas que me rodean, más fácil es para mí vivir una vida justa. ¿Sabe por qué? Porque ese círculo me hace responsable, ¿no es cierto? Cuando tengo un círculo de amigos piadosos que yo amo, que están cercanos a mí, me hacen rendir cuentas, mantienen mi vida en su perspectiva. Y si algo no está bien, ellos lo señalan. Y eso me fuerza a alinearme.

Estoy tan contento porque Dios me ha dado una familia. Estoy tan contento porque Dios me ha dado hijos y una esposa que tienen expectativas espirituales elevadas; y esa familia me fuerza a caminar por el camino justo. Y si me desvío, uno u otro, o a veces los cinco, entran para informarme que me salí del camino. Y eso es muy útil. Si no tengo eso, me desvío. Y es muy fácil para una persona que dice ‘bueno, usted sabe, yo voy a vivir mi vida espiritual de la mejor manera que pueda. No me voy a involucrar en una iglesia o no voy a tener amigos cercanos. No voy a decir mucho. Usted sabe, soy el tipo de persona callada.’ Usted va a enfrentar una gran dificultad, porque en donde hay rendición de cuentas, realmente no hay una verdadera presión para conformarse.

Necesitamos el estímulo de Hebreos 10:24-25 para forzarnos a entrar en patrones y caminos espirituales. Y entonces, Dios es glorificado cuando hay realmente una unión amorosa, cuando nos tomamos de los brazos el uno con el otro y nos amamos unos a otros y nos servimos unos a otros y nos sostenemos unos a otros, cuando tenemos un mismo sentir.

Usted sabe, cuando Pablo escribió a los Corintios, al principio de su primera carta, él les señaló este problema en el medio de ellos. Él les dijo que en el capítulo 1, versículo 10: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.” Y después, él continúa diciendo que terminen con todas las contiendas, todas las divisiones y los pequeños grupos y demás, y se unan, que se necesitan unos a otros. Y entonces, crecemos más rápido, más fuertes, más maduros, conforme comprometemos nuestras vidas junto con hermanos y hermanas. Crezca en grupo, no solo. Esta es la fortaleza y el ímpetu que usted necesita.

Ahora, el último punto que quiero darle va de la mano con este. Es parte del doceavo o podría ser el decimotercero, si usted quiere. Pero me gustaría que me acompañara brevemente otro pasaje de las Escrituras. Al final de Primera de Pedro, en el capítulo 4. Y apunta a otra manera en la cual purificamos a Dios. Realmente se relaciona con este concepto de la unidad. Y es el siguiente. Glorificamos a Dios con el uso de nuestros dones espirituales. Nosotros glorificamos a Dios en el uso de nuestros dones espirituales, 1 Pedro 4:10.

Él dice: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” Yo creo que todo cristiano ha recibido el don. ¿Y cuál es el don? Es esa capacidad que el Espíritu de Dios le ha dado. Esa combinación de dones espirituales que se reducen a ese don único que usted recibe. Y realmente creo que todos los cristianos difieren. Creo que somos como copos de nieve espirituales. Ninguno de nosotros somos iguales entre sí. Y creo que el Señor toma las categorías de dones como se enlistan en Romanos 12 y Primera de Corintios 12 y a partir de esa categoría de dones -algunos los enumeran entre 11 y 19 dependiendo de cuales incluye o no- a partir de esa pequeña lista de dones, el Señor une, combina, los mezcla en una combinación que se convierte en un don único de un creyente como individuo. Y después, en la manifestación única y en el lugar único de servicio, ese don especial es un don por sí mismo.

Y conforme usted y yo ministramos ese don, lo aplicamos al cuerpo de Cristo, un ministerio único que es inigualable, que no se puede igualar por nadie más. Esa es la razón por la que somos tan estratégicos. Entonces, él dice: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” Si Dios ha mostrado tanta gracia en darle a usted un don, úselo.

Ahora, el versículo 11. “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da...” No sólo de sabiduría humana si es un don de habla; y no sólo lo haga en la carne si es un don de ministerio. ¿Por qué? ¿Por qué debemos estar hablando las palabras de Dios? ¿Por qué debemos estar sirviendo en el poder de Dios? “Para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” En otras palabras, use su don no para su propia gloria, sino para la de Dios.

Entonces, otra manera en la que glorificamos a Dios es en el uso de los dones espirituales. Y conforme usamos nuestros dones espirituales, ministrándonos unos a otros, eso produce unidad en el cuerpo. Y en esa unidad del ministerio mutuo somos estimulados al crecimiento espiritual, ¿se da cuenta?

Entonces, realmente estamos resumiendo todo nuestro pensamiento con esto. A lo largo de esto hemos estado lidiando con elementos individuales. Hemos estado diciendo, por ejemplo, que usted crece espiritualmente al confesar a Jesús como Señor. Que usted crece espiritualmente al apuntar su vida hacia ese propósito. Usted crece al confiar, mediante el fruto, mediante la alabanza, mediante la oración. Usted crece el dar testimonio, usted crece al proclamar la Palabra. Usted crece por la pureza moral. Usted crece por todas esas cosas. Pero cuando llegamos a este pensamiento final, usted no crece solo. Usted necesita el ambiente de rendición de cuentas y ministerio mutuo para producir el tipo de crecimiento que el Espíritu de Dios quiere ver en su vida.

Y entonces, la Biblia nos dice que debemos crecer. Ahí es donde todo comienza. Comienza con un mandato, 2 Pedro 3:18: “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.” Ése es un mandato. O decimos sí o no. Si decimos ‘sí, Señor, quiero crecer. No quiero estancarme, quiero madurar, quiero conocer la plenitud de la bendición, quiero comprenderte como alguien que es maduro y puede concebir tanto como es posible para mi mente limitada. Señor, quiero ser tan útil como pueda ser. Quiero estar viendo Tu poder en un gran despliegue como sea posible, no estoy satisfecho con vidriera un nivel bajo. Quiero estar en la cúspide.’ Si decimos eso, entonces decimos ¿cómo llegó allí?

Y la Biblia viene a nosotros y nos dice ‘vive tu vida para Mi gloria’. Y nos da un camino a seguir. Y conforme seguimos ese camino y somos animados por otros creyentes, llegamos al lugar de la verdadera madurez espiritual. Y eso es lo que Dios quiere en nuestras vidas.

Ahora, permítame construir nuestro estudio con este pensamiento. Conforme usted y yo vivimos para la gloria de Dios, ¿cuál es el resultado? ¿Cuál es el efecto? ¿Qué obtenemos de esto? Y entonces, regresamos donde comenzamos. David dijo en el Salmo 16:8-9: “A Jehová he puesto siempre delante de mí.” Ahora, mantenga eso en mente. En otras palabras, David dijo que vivirá para la gloria del Señor. Luego, él dijo: “Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón…” Ahora, ¿con este resultado de vivir una vida para la gloria de Dios? ¿Cuál es el resultado de la madurez espiritual? Es gozo. Mi corazón se alegró.

Eso es lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas. El catecismo lo expresó correctamente. Dice esto. “¿Cuál es el fin definitivo primordial del hombre?”, la pregunta. La respuesta dice: “El fin supremo del hombre es glorificar a Dios y disfrutarlo para siempre.” Dios quiere, de acuerdo con Efesios capítulo 2, derramar Su bondad en nosotros a lo largo de la eternidad. Dios quiere descargar en nuestras vidas gran gozo. Y yo creo que el gozo es una consecuencia, el resultado de una vida que está progresando espiritualmente. Yo no creo que usted conocerá jamás el gozo a menos de que esté creciendo, porque ahí es donde Dios da ese gozo. Y a lo largo de esto, junto con esto, creo yo, viene un tremendo sentido profundo de satisfacción.

Permítanme concluir con un último versículo. En Efesios, capítulo 3, versículo 21, encontramos el resumen de todo lo que hemos dicho. Realmente. Somos la Iglesia de Jesucristo, ¿verdad? Todos nosotros, todos aquellos que creemos, somos la Iglesia de Jesucristo; y éste se resumen de todo: “A Él sea gloria en la iglesia.” Como usted puede ver, Dios quiere ser glorificado. Ése es el mandato. Dios quiere que estemos viviendo para Su gloria como su Iglesia. Conforme obedecemos eso, Él llena nuestras vidas de gozo. Y hasta podemos estar atorados en alguna prisión, en una circunstancia terrible y tener un corazón de lleno de gozo, así como Pablo, quien en medio de circunstancias terribles le escribió a los filipenses “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” Y ése es el regalo que Dios da a un cristiano que está creciendo.

Y, ¿cuál es el fin de todo eso? Las palabras del apóstol Juan, en 1 Juan, la suma, la meta, el fin es expresado de esta manera. “Amados, ahora somos hijos de Dios…” es correcto. Somos Sus hijos. “… y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es.”

Ése es el fin definitivo del crecimiento espiritual. Algún día, cuando veamos a Jesús, seremos como Él. Y, dice Juan, “Y todo aquel que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro.” Si usted realmente cree que algún día será como Jesucristo, eso debe causar que usted encauce su vida en este momento y comience a vivir para Su gloria. Oremos.

Padre, Te damos gracias por estas seis lecciones acerca de glorificarte a Ti como el camino a la madurez. Y Señor, reconocemos que en nosotros mismos, en la carne, aunque podamos conocer estas cosas, no podemos cumplirlas. Y entonces, nuestra oración debe ser “Señor, capacítanos en estas realidades.”

No podemos obedecer el Señorío de Cristo fuera de Tu poder. No podemos confesar nuestro pecado fuera de Tu convicción. No podemos confiar en Ti a menos que nos des el don de fe. No podemos dar fruto a menos de que Tú produzcas el fruto en nosotros. Ni siquiera podemos alabarte a menos de que Tú llenes nuestros corazones de alabanza. Y no podemos orar a menos de que seamos motivados por Tu Espíritu.

Padre, no podemos proclamar Tu palabra a menos de que el Espíritu de Dios nos la enseñe. No podemos traer a otros a Ti a menos de que Tú los traigas con Tu poder. No podemos ser puros, a menos de que Tú nos limpies. No podemos ser uno, a menos de que Tú nos hagas uno. Y entonces, Padre, dependemos de manera total de Ti para que cumplas todas estas buenas cosas en nosotros, para que seamos como Cristo y conozcamos el gozo que viene a aquellos que crecen. En el nombre de Cristo oramos. Amén.

 

 

 

 

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