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La semana pasada, comenzamos nuestro estudio en el libro de los Hechos. Y entonces, si tiene su Biblia, nos gustaría que la abriera en Hechos, capítulo 1. Hechos, capítulo 1 es innecesario decir que es un capítulo básico. Es un capítulo que, en el curso de mi ministerio, he predicado muchas, muchas, muchas veces, porque es tan elemental para tener un entendimiento de la vida cristiana.

Debido a que en el libro de los Hechos la Iglesia es fundada, es entonces muy importante que en el principio mismo de Hechos establezcamos simplemente qué se le ha comisionado a la Iglesia a ser y a hacer. Entonces, cuando hablamos de los elementos básicos simples de la vida cristiana estamos hablando de Hechos 1. Para algunos de ustedes, esto será alimento que volver a considerar porque ya lo han estudiado muchas, muchas veces anteriormente. Para muchos de ustedes que son cristianos nuevos, para muchos de ustedes, será totalmente nuevo. Pero es muy, muy simple y muy, muy elemental; ingredientes muy elementales de la vida cristiana.

Ahora, a partir de la semana pasada, quiero repasar porque llegamos a la mitad del mensaje que realmente involucra los versículos 1 al 11 y repasaremos hasta cierto punto en esta mañana, porque quiero añadir algunas cosas. Y después, procederemos a terminar con la segunda parte.

Pero conforme comenzamos nuestro estudio del libro de los Hechos, hemos aprendido que es la historia del primer siglo del cristianismo. Es el nacimiento de la Iglesia. En el día de Pentecostés, registrado en Hechos, capítulo 2, nace la Iglesia. Y a partir de ahí, y a lo largo del libro de los Hechos, la Iglesia explota por un período de unos 30 años hasta que alcanza la capital del mundo, la cual es Roma.

Entonces, usted tiene el libro de los Hechos, la historia de la explosión de la Iglesia del primer siglo conforme comienza en su infancia en Jerusalén y después, como dinamita divina, se abre brecha hasta una de esas partes que están hasta lo último de la tierra, la ciudad de Roma.

Lucas escribió este libro. Realmente, es el volumen dos de sus escritos. El volumen uno es el libro de Lucas, el Evangelio de Lucas. Y también puedo añadir que es una continuación del Lucas, en el sentido de que es una continuación de la vida de Cristo. Aunque comienza en el capítulo 1 con Cristo ascendiendo al cielo, continúa con la vida de Cristo, escuche esto, vivida en los creyentes mediante el Espíritu Santo, que mora en ellos. Entonces, en el libro de los Hechos, usted tiene este ministerio continuo de Cristo, las obras continuas de Cristo y la enseñanza continúa de Cristo en las vidas de los creyentes mediante el Espíritu Santo que mora en ellos. Esa es la razón por la que he decidido llamar a la Iglesia el cuerpo dos, porque es Jesucristo reencarnado de nuevo en los creyentes y continúa haciendo Su obra y continúa enseñando Su instrucción mediante nosotros, como Él lo hizo originalmente en la carne.

Entonces, Hechos continúa con el ministerio de Jesucristo y el esparcimiento del Evangelio conforme es llevado a cabo en las vidas de los creyentes en esa primera Iglesia. Y para ayudarle a entender eso, notará que en el versículo 8 del capítulo 1 dice: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Ahí tiene el bosquejo del libro de los Hechos. El libro de los Hechos sigue ese flujo de Jerusalén a Judea hasta Samaria y hasta lo último de la tierra, conforme el Evangelio se esparce. Y notará que en el versículo 8 dice que todo es capacitado por el Espíritu Santo. Cuando Jesús regresa al cielo, Él envía al Espíritu Santo para capacitar al creyente para esparcir el Evangelio.

Ahora, para mostrarle que continuamos con la obra incompleta de Jesús, notará que el versículo 1 dice: “en el primer tratado,” esto es en el Evangelio de Lucas, “oh Teófilo,” y de nuevo, él le está escribiendo al mismo oficial romano noble quizás que vivió en Antioquía, “hablé acerca de todas las cosas que Jesús,” ¿cuál es la siguiente palabra? “Comenzó a hacer y a enseñar,” este libro, de manera implícita, es acerca de lo que él continúa a hacer y a enseñar en el espíritu de los creyentes en la primera Iglesia.

Entonces, Lucas es acerca de lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar; y Hechos es lo que Él continuó a hacer en los creyentes. Y en la actualidad, usted y yo estamos vivos y vive en nosotros el mismo Espíritu Santo. Y Jesucristo todavía está haciendo y enseñando a través de nosotros. Todavía estamos completando Su obra incompleta.

Ahora, quiero apresurarme a añadir en este punto que esto no está hablando acerca de la obra de redención, porque la obra de redención no está incompleta, está completa, ¿verdad? En la cruz, Jesús completó la salvación. Él dijo: “consumado” ¿qué? “Es.” En Juan 17, Él le oró al Padre en la noche antes de Su muerte. Y Él dijo: “he terminado la obra que Tú me diste que hiciese.” En términos de redención, eso está completo, no añadimos nada a eso. En términos de la revelación divina, la Palabra de Dios está terminada. Es aquello que es perfecto, Pablo la llama, y no añadimos nada a eso. Pero en términos de hacer y enseñar, eso fue incompleto y a eso se nos llama, como lo fue la primera Iglesia, a terminar la obra que no terminó Jesucristo, esta es, de esparcir Su Evangelio haciendo obras en Su nombre y enseñando verdad que es de Él.

Y entonces, no es la obra redentora la que estamos terminando, esa no es la obra incompleta. Es la obra de enseñar que continuamos, la obra de hacer esas cosas que magnifican a Cristo. Y quiero recordarle de nuevo que esto todavía está llevándose a cabo en nosotros, conforme continuamos por el poder del Espíritu, completando la obra que Jesús comenzó.

Ahora, para que la primera Iglesia tuviera la capacidad de hacer esto, para que nosotros la tengamos, el Señor tuvo que dar ciertas provisiones. En otras palabras, Él tuvo que equiparnos para cumplir con la tarea. No podemos cumplir con la tarea a menos de que tengamos las herramientas, ¿verdad? Entonces, en el capítulo 1 de los Hechos, Jesucristo equipa a los Suyos para que cumplan la tarea.

Después, en Hechos 2, cuando nace la Iglesia, entran para actuar, así de rápido. De hecho, el primer día en el que la Iglesia comenzó, ¿cuántas personas entraron? Tres mil en la primera invitación. Tres mil. Estaban listos cuando el día de Pentecostés llegó para cumplir con la tarea. El capítulo 1 los equipa, como nos equipa a nosotros. Y aquí aprendemos lo que es nuestro a manera de equipamiento para completar realmente con la obra incompleta de Jesucristo.

Ahora, si su obra es retrasada, no es debido a que no tenemos el equipamiento. Es debido al compromiso por nuestra parte. Es cuestión de voluntad. Entonces, Jesús, reconociendo que Él está a punto de partir de la tierra, Él ya no he estado aquí durante 2000 años, entonces, Él sabe que va a ser mucho tiempo, antes de que se vaya, da Su último testamento y voluntad, el cual es constituido de todas las herramientas apropiadas que el cristiano necesita para cumplir con la tarea. Una verdad muy básica.

Y esta es la cuenta regresiva para la Iglesia. Y Cristo nos está dando las provisiones que necesitamos para funcionar de manera realmente eficaz como Su Iglesia en Su plan. Jesús das seis cosas que son provisiones necesarias para completar Su obra incompleta. El mensaje apropiado, la manifestación apropiada, el poder apropiado, el misterio apropiado, la misión apropiada y el motivo apropiado.

Ahora, todas estas cosas se unen para equiparnos para cumplir con la tarea. No nos falta nada. Como mencioné en mi oración, el apóstol Pablo dijo en Efesios 1: “hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales…” Conforme leemos en Colosenses, Pablo dice: “y vosotros estáis completos en Él”. A los cristianos no les falta nada para cumplir con la tarea. No nos falta nada para cumplir con la tarea y para hacerla de manera total y completa. No hay ingredientes faltantes. Sólo es cuestión de activar la voluntad para utilizar los recursos que usted tiene. Y hemos estado estudiando esto una y otra vez en nuestro estudio de Efesios. Y entonces, aquí están las seis partes básicas de equipo que el Señor nos da. Ahora, la semana pasada comenzamos con el mensaje apropiado y simplemente, voy a repasar eso rápidamente.

Para cumplir de manera eficaz la obra del Señor, la cual es una obra de enseñanza, tenemos que tener el contenido, ¿verdad? Tenemos que saber qué es lo que debemos declarar. Y entonces, para que Jesús les explicara eso a ellos, observe el versículo 1. A la mitad del versículo 1, Lucas dice: “hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar.” ¿Y por cuánto tiempo es que Él enseñó? “hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido.”

Ahora, la semana pasada vimos que Jesús enseñó a esos hombres hasta el día mismo en el que Él fue recibido ahí arriba. ¿Por qué? Él quería que ellos tuvieran el mensaje apropiado. Él quería que ellos conocieran el contenido de qué era lo que ellos debían declarar. Esto es elemental. Digo, no tenemos nada que hacer si no conocemos nada, ¿verdad? No tenemos nada que anunciarle al mundo si no conocemos nada. El contenido es básico para todo el ministerio cristiano.

Esa es la razón por la que la Biblia enfatiza de manera tan fuerte: “procura con diligencia presentarte a Dios aprobado como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” Usted necesita conocer la Palabra de Dios. Esa es la razón por la que debemos saturarnos, como dijo Pablo, la palabra de Cristo more en abundancia en vosotros. Esa es la razón por la que debemos deleitarnos en la Palabra de Dios como bebés que desean la leche espiritual de la Palabra, para que crezcamos, para que tengamos doctrina, doctrina sana que declarar. Debemos tener el mensaje correcto. Nadie está equipado para hacer la obra de Dios a menos de que conozca la verdad de Dios.

Y entonces, de manera cuidadosa, Jesús, hasta el momento en el que dejó el mundo, les enseñó y les enseñó y les enseñó, para que tuvieran el mensaje apropiado. Y usted y yo estamos equipados de una manera en la que ellos no estuvieron equipados, porque usted y yo tenemos todo lo que fue escrito después de que Jesús se fue. Todas las epístolas, el Nuevo Testamento entero. Además del Antiguo Testamento, está en nuestras manos. No hay excusa para la ignorancia por parte de un creyente en la actualidad en absoluto. Tenemos el mensaje apropiado. Debemos asimilarlo.

En segundo lugar, Él les dio la manifestación apropiada. Había más que tan sólo hechos. Tenían que tener una emoción vital, viva dentro de ellos. Y esto viene en el versículo 3 cuando dice: “a quienes también, después de haber padecido,” o haber sufrido en Su muerte, “se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días.” Vamos a detenernos ahí por un minuto. Ellos no sólo tuvieron el mensaje apropiado, sino que tuvieron la manifestación apropiada. Como puede ver, ellos debían tener confianza en que Jesucristo realmente era quien decía ser. No iban a salir y a anunciar a un Salvador muerto. Como usted sabe, los críticos han venido por mucho tiempo, una y otra vez, y han dicho: “bueno, Jesús nunca de resucitó de los muertos. Los discípulos se robaron Su cuerpo.”

Bueno, ¿usted puede imaginarse a los discípulos desorganizados, caminando en puntas de pie, pasando al lado del ejército romano, empujando la piedra en silencio total y robándose al cuerpo de Cristo y después, por lo menos, diez o doce saliendo y muriendo como mártires por un cuerpo muerto, robado? No tiene sentido en absoluto. Fueron conmovidos y fueron generados en el hecho de que creyeron que Jesucristo estaba vivo de los muertos.

Y Jesús supo cuán importante era que tuvieran una manifestación viva de un Cristo vivo. Digo, yo no puedo emocionarme demasiado acerca de anunciarle al mundo algo acerca de un hombre muerto. Pero puedo emocionarme acerca de anunciarle al mundo algo acerca de un Jesucristo resucitado.

Y entonces, Él les dio la manifestación apropiada. Él se reveló a sí mismo a ellos mediante muchas pruebas indubitables durante un período de 40 días. Hablaron con Él, caminaron con Él, lo tocaron, comieron con Él, tuvieron conversación tras conversación. Todos estuvieron en lugares diferentes, en momentos diferentes del día, en tamaños diferentes de grupos. Hubo muchas y múltiples pruebas infalibles de que éste, de hecho, era el mismo Cristo que había muerto y que había sido crucificado y que ahora, estaba vivo. Otra vez. Y entonces, esto selló su fe. Esto amarró cualquier cabo suelto en su confianza en Cristo. Lo vieron vivo.

¡Y qué verdad tan tremenda es conocer, amados, que usted y yo tenemos esa misma prueba positiva y grande! Si yo no supiera sin lugar a dudas que en mi corazón vive un Jesucristo vivo, resucitado, no me molestaría por predicar el Evangelio. Conozco a un Cristo resucitado. Conozco a un Cristo que está vivo de los muertos. Él es tan real para mí como lo fue para esos discípulos que lo vieron. Lo veo, no con el ojo del cuerpo físico, pero lo veo con el ojo de la fe. Y a usted a y a mí que somos cristianos, se nos ha manifestado Jesucristo en toda Su belleza y en toda Su gloria y en toda Su majestad de una manera personal, ¿no es cierto? Y entonces, tenemos esta misma manifestación apropiada.

Ahora, además, a los discípulos, simplemente para asegurar el hecho de que este realmente era su Cristo, observe el final del versículo 3. Dice: “y hablándoles acerca del Reino de Dios.” Jesús no sólo se mostró a sí mismo a ellos, sino que continuó enseñándoles las mismas cosas que les había estado enseñando antes. Y fue fácil para ellos entender esto. Aquí está la misma persona enseñando las mismas cosas. Debe ser el mismo Cristo. Y les enseñó las cosas acerca del Reino de Dios. Esto es exactamente lo que Él les había estado enseñando antes. Él retomó el punto donde se quedó y de esta manera, les aseguró las verdades que les había enseñado antes. Y les aseguró Su identidad absoluta.

Ahora, ¿qué quiere decir cuando dice hablándoles acerca del Reino de Dios? Ahora, para ser fiel al llamado de Dios por mi parte y enseñarles todo el consejo de Dios, quiero desviarme por un momento por una tangente. Y quiero decirles en qué consiste la enseñanza del Reino de Dios. Y esta es una desviación, pero es importante. Cuando dice que Jesús estuvo hablándoles acerca del Reino de Dios, tiene un significado muy directo. Cuando vemos el término ‘Reino de Dios’, básicamente adopta uno o dos patrones significativos.

En primer lugar, el Reino de Dios se refiere al gobierno universal de Dios por todo el universo, ¿verdad? Dios es Rey sobre todo, todo lo que existe en el universo es gobernado por Dios. Usted dice: no, el infierno no. Oh sí, el infierno es gobernado por Dios. Dios controla el infierno. Créalo o no. La Biblia dice: no temáis a los que pueden destruir el cuerpo, sino temed más bien a Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. Y ese es Él es Dios. Dios gobierna el universo y todo dentro del universo está en el marco del gobierno de Dios, sea de manera directa o permisiva, Dios gobierna todo. Él es soberano, nada está fuera del círculo de la soberanía de Dios. O si hay algo afuera, entonces alguien es igual a Dios y no existe alguien así. Dios gobierna en un Reino universal sobre todo lo que existe. Pero, en segundo lugar, no sólo es el Reino universal de Dios llamado al Reino de Dios, sino Su Reino mediador.

Ahora, no se confunda. Su Reino de mediador viene de la palabra mediador. Mediador significa alguien que está en medio de dos cosas. Ahora, el Reino mediador de Dios involucra el pequeño globo en el que vivimos que llamamos tierra. Esta pequeña pelota que está girando en el universo. Ahora, el gobierno de Dios es traído a la tierra y Él gobierna en la tierra. Pero Él gobierna mediante varios mediadores, esto es que alguien está entre el mundo y Dios y gobierna por Él aquí. Entonces, cuando usted ve el término Reino de Dios, usted debe distinguir en su mente si está hablando del Reino universal de Dios, como lo hace el salmista de manera repetida, particularmente en el Salmo 145 o si él está hablando del Reino mediador. Esto es, el Reino de Dios en la tierra como es en su sentido reducido.

Y cuando dice aquí que Jesús estaba enseñando acerca del Reino de Dios, probablemente considera a ambos. Primero, Él estaba enseñando acerca del Reino universal, para que ellos pudieran saber eso. Y después, de cómo Dios estaba gobernando a través del mediador en el globo. Y después, estoy seguro de que Él entró a los detalles de eso. Y quiero mostrarle esto de una manera tan simple como pueda hacerlo con el uso de la transparencia, para que usted entienda el punto. Observe a su izquierda, la línea verde es una línea de tiempo que corre a lo largo de la historia terminando en el Reino eterno, el cual es el cielo y tierra eternos.

Ahora, lo largo de esta línea del tiempo, a lo largo de la historia hasta la eternidad, Dios ha estado gobernando al mundo. Dios gobierna a este pequeño globo en un sentido muy directo. Ahora, abajo de la línea, escrito en rojo, usted leerá el agente del gobierno de Dios a lo largo de estos períodos diferentes. La pequeña línea verde que va de manera vertical indica un cambio en el gobierno de Dios. Y el punto en el que ese cambio vino. En la caída, en el diluvio, en Babel, en Moisés y demás. Y vamos a verlo.

Ahora, sin que yo me refiera necesariamente a esto, simplemente quiero explicarle este diagrama simple. Cuando Dios hizo inicialmente al mundo, Él necesitaba que alguien gobernara por Él en la tierra. Y entonces, Él creó al hombre. Su nombre fue Adán y Él le dio a Adán una palabra muy clave. Él le dio dominio sobre la tierra, ¿no es cierto? Ahora, ¿qué significa eso? Eso significa que Adán fue un rey. Adán fue rey de la tierra. Adán fue el primer gobernante de Dios. Él fue el primer rey de Dios que debía mediar el gobierno de Dios sobre la tierra, de tal manera que Dios gobernó sobre la tierra a través de Adán. Cuando Dios quería que algo se hiciera, Él hablaba través de Adán. Adán lo hacía que sucediera. Adán dio la información que Dios le dio a él. Él estaba actuando como el rey mediador de Dios sobre la tierra. Dios tuvo un Reino sobre la tierra en el cual, Adán fue mediador.

Pero después, Adán decidió que él quería hacer las cosas a su manera. Y quizás, a él le gustaría gobernar de una manera un poco diferente de la que Dios quería. Y entonces, Adán cayó. E inmediatamente, Adán perdió su corona. Y esa es la razón por la que Hebreos 2:8 dice en el versículo 7, dice que el hombre debía ser rey. El versículo 8 dice que no lo es, porque Adán perdió su corona cuando él decidió que él sería el soberano por sí mismo y competiría con Dios, ¿se da cuenta? Que él decidiría lo que estaba bien y lo que estaba mal y que él haría lo que él quería hacer. Y él perdió su corona. Dios no tuvo a nadie que gobernara por Él en la tierra. El pecado de Adán y la pérdida de su dominio apropiado prepararon el escenario. Y entonces, para el homicidio brutal en el que Caín mató a Abel y entonces, dejó a la raza sin ningún mediador que la controlara; y el hombre, se alejó de Dios.

Y durante todo el período de tiempo, durante este período entero desde la caída hasta el diluvio, en todo ese período ahí, en toda la revelación divina que cubre esos años, encontramos sólo únicamente dos veces en las que Dios jamás intervino. Una vez, Él intervino al llevarse a Enoc a Su presencia. La segunda vez, Él intervino cuando Él expulsó a Caín de Su presencia. Estas fueron las únicas dos veces en la revelación en la que vemos a Dios intervenir.

Y durante este período de tiempo, el gobierno de Dios sobre la tierra fue estorbado debido a la pecaminosidad y a la voluntad obstinada de los hombres. Y entonces, fue llamado un período de impiedad. De hecho, en Génesis, capítulo 6, y en el versículo 11, dice que la tierra estaba llena de violencia. Irresponsabilidad e impiedad y transgresión por todos lados.

Ahora, durante este tiempo, el único agente que Dios tuvo para comunicarle a los hombres Su gobierno fue la conciencia. Y era fácil reaccionar contra la conciencia, porque la conciencia podía ser, en primer lugar, desobedecida. Podía ser, en segundo lugar, apagada. Podía ser educada de manera equivocada. Usted puede educar su conciencia de manera equivocada, como usted sabe, y después, no le va a ayudar a usted para nada en la crisis. También podía ser cauterizada. Cuando fue usada de manera equivocada por suficiente tiempo, se volvió insensible.

Entonces, la conciencia realmente no operaba de una manera muy eficaz. No obstante, fuera de la conciencia, Dios no tuvo gobierno en esa era. Y entonces, llamamos a eso la dispensación de la conciencia, cuando Dios gobernó como mediador en la tierra mediante la conciencia de los hombres.

Ahora, después de ese período, y usted, claro, se acuerda cómo termina el período de la conciencia, fue literalmente ahogada, la dispensación de la conciencia quedó ahogada. Dios, en el tiempo del diluvio, entonces, después de que el agua bajó y Dios comenzó a reconstruir de nuevo las cosas, Él decidió que iba a tratar otro patrón para gobernar la tierra. Y el segundo patrón que Él decidió fue el gobierno humano. Y en este período, entre el diluvio y la torre de Babel, Dios gobernó mediante gobiernos. En otras palabras, Dios permitió que los hombres se organizaran en gobiernos humanos.

Y la ley básica del gobierno humano fue la ley del castigo capital, en el cual Dios, desde el principio, había instituido como la ley para enfrentar a los hombres que fueron criminales. De hecho, en Génesis 9:6, simplemente dice: “el que derramare sangre de hombre, por el hombre también su sangre será derramada.” Y la razón es que el hombre es creado a imagen de Dios. Y quitar una vida que es imagen de Dios, merece que esa vida de Dios sea quitada. Ese fue el principio básico de Dios del gobierno humano.

Como puede ver, esta ley fue importante porque Dios reconoció que el hombre fue pecaminoso. Y Él reconoció que el hombre fue rebelde. Y Él reconoció que el hombre era homicida. Y Él también reconoció que la conciencia no había sido lo suficiente como para distraer al hombre de eso. Por lo tanto, Dios desarrolló el gobierno humano, le dio al gobierno humano el derecho de la pena capital para restringir al hombre de asesinar a su prójimo.

Entonces, Dios estableció gobiernos para que Él gobernara a través de ellos. Y es interesante que este establecimiento de gobiernos tiene, en un sentido directo, aún se han mantenido aún en la actualidad, de tal manera que cuando llegamos a Romanos 13, la Biblia dice: “someteos a las autoridades superiores,” ¿por qué? “Porque son puestas por Dios.” Dios todavía está gobernando en un sentido mediante ese mediador que es el gobierno, por lo menos en un sentido físico.

Y entonces, Dios instituyó el gobierno humano. Pero ellos también echaron a perder eso, porque el camino de Dios, y aquí hay un pensamiento político para usted, si está tratando de hallarse a sí mismo políticamente, no le voy a decir de qué partido soy miembro, pero le voy a decir esto: Dios siempre ha ordenado que el retrato político sea el nacionalismo. Dios nunca ha respaldado los gobiernos mundiales. Pero los hombres decidieron que debían tener un gobierno mundial, único. Y que iban a ser súper poderosos.

Y entonces, lo intentaron en la torre de Babel. Usted recuerda en Génesis 10, decidieron que sus ciudades estaban creciendo y todo el comercio y demás; y decidieron unirse para tener un gran esfuerzo mundial, tener un gobierno mundial. Y Dios lo vio y dijo: no hay manera en la que van a hacer eso. Y los dispersó por todo el mundo y cambió su idioma para asegurarse de que no podían regresar a unirse.

Y desde ese entonces, nunca se han podido volver a unir de manera exitosa. Y ahora, lo mejor que pueden hacer es sentarse en las naciones unidas con todas esas cosas en sus oídos, tratando de oír en su propio idioma. Y muchas personas, en un cuarto, en algún lugar, hablando en su propio idioma y tratando de ver quién interpreta lo que está pasando, en qué dirección. Eso es lo mejor que pueden hacer para revertir la maldición que Dios les dio en Babel.

Dios nunca ha estado a favor de un gobierno mundial. Es un principio simple. Dios nunca lo quiso porque, como alguien bien lo ha dicho, si el poder político corrompe, entonces el poder absoluto corrompe de manera absoluta. Dios ha escogido el nacionalismo porque es la forma más segura de gobierno. Por ejemplo, para efectos de competencia únicamente, para la mejora del hombre desde un punto de vista físico, para efectos de un sistema de rendición de cuentas, si un gobierno mundial es corrupto, y eso es lo único que hay, ¿quién va a supervisar este sistema? Si un gobierno mundial es impío y aplasta al cristianismo y borra a Dios, ¿a dónde va usted para encontrar la verdad? Dios nunca ha estado a favor de un gobierno mundial. Esa es la razón por la que todo esfuerzo hacia un gobierno mundial es inspirado por Satanás. Y cuando él tenga éxito finalmente, será en la tribulación, será el gobierno mundial de Apocalipsis 18 y Dios lo destruirá en la venida de Jesucristo. El único gobierno mundial que jamás funcionará es cuando Jesús esté en el trono.

Y entonces, Dios ha diseñado el nacionalismo. Y cuando los hombres trataron de hacer un gobierno mundial, Dios vio que ese gobierno mundial por sí mismo no iba a funcionar. Entonces, Dios de nuevo cambió el patrón y trajo a un tercer mediador. Y durante el tiempo desde Babel a Moisés, el gobierno de Dios sobre la tierra fue implementado mediante los hombres que son llamados patriarcas.

Ahora, usted se acuerda del primero de los patriarcas llamado Abraham, Génesis 12. Y Abraham fue un rey, amigos míos. Él fue un rey tanto como David fue un rey. Él fue un rey tanto como Saúl fue un rey. Él fue un rey tanto como cualquier persona que es un rey, porque él fue el mediador del gobierno de Dios sobre la tierra. Abraham. Él fue seguido por Isaac, por Jacob y hasta por todos los patriarcas. Esos hombres fueron los reyes sobre la tierra. Dios les dio gobierno sobre la tierra para ser mediadores de Su Reino. Estos grandes hombres hebreos, reyes genuinos, hombres reales, fueron mediadores del gobierno de Dios. Fueron Sus mediadores en el Reino sobre la tierra.

Después, Dios escogió un patrón diferente. Y como leemos en el Antiguo Testamento, hubo otra época. Realmente, desde Moisés hasta el tiempo de Cristo. Y después, durante ese tiempo, Dios gobernó usando a jueces, a profetas y a reyes. Ahora, todos esos, los jueces de los que leemos, los profetas, hombres específicos y reyes que reinaron durante todos esos años, comenzando desde Saúl, todos fueron instrumentos de Dios como mediadores de Su Reino sobre la tierra. Y los profetas, incidentalmente, fueron tanto reyes en muchas maneras como lo fueron los reyes. De hecho, fueron más que algunos reyes. Los jueces fueron mediadores para Dios y demás. Y entonces, ese fue el patrón de Dios.

Después, hubo otro cambio grande conforme Dios decidió enviar al mediador final grande y glorioso. El gran Rey de reyes y el Señor de señores, quien es Jesucristo. Entonces, al final de la era, cuando los jueces y los profetas y los reyes funcionaban como mediadores para Dios, Él envió a Jesucristo. Él fue rechazado y Él volvió a regresar. Dios había enviado a Cristo. Y usted se acuerda del mensaje de Jesús cuando Él vino. Él predicó mensaje simple. Él dijo esto: “arrepentíos porque el Reino de los cielos se ha acercado.” Él fue un Rey. Él fue un Rey que vino a reinar como Rey de reyes y Señor de señores sobre la tierra. Él estaba cumpliendo Isaías, ¿no es cierto? “Porque hijo nos es dado, un niño nos es nacido y el reinado sobre” ¿qué? “Sus hombros.” Como puede ver, Él vino a gobernar como Rey. Pero los hombres lo rechazaron como Rey. Por lo tanto, perdieron el Rey. Y entonces, el Rey regresó y dijo: Yo volveré regresar y traeré Mi Reino. ¿No es cierto?

Entonces, la segunda venida de Jesucristo, la cual sucede por aquí, es cuando Cristo regrese y trae al Reino. Y en ese Reino glorioso, Él gobierna como Rey de reyes y Señor de señores. Entonces, Él gobierna a lo largo de todo el Reino eterno también.

Ahora, eso deja un pequeño espacio a la mitad de aquí. Y eso es lo que es llamado la Iglesia. Usted dice: “bueno, Cristo vino a ser Rey ahí y Cristo regresa a ser Rey en el futuro, ¿Quién es REY a la mitad? ¿Quién está gobernando en la actualidad en el Reino de Dios?” Y le voy a dar una respuesta emocionante: usted y yo como creyentes.

Y le voy a mostrar por qué digo eso. El gobernante del mundo en la actualidad es el Espíritu Santo. ¿Y dónde vive Él? ¿Dónde mora Él? Dentro del creyente. Esa es la razón por la que, en el sentido muy real, usted y yo estamos gobernando por Dios en este mundo. Estamos dando a conocer Su voluntad.

Ahora, el Espíritu Santo, en un sentido, gobierna en el mundo al restringir o al refrenar la maldad. Dios, en otro sentido, gobierna en el mundo mediante gobiernos que existen. Pero en un tercer sentido, en un sentido magnífico, Dios, mediante el Espíritu Santo, gobierna en el mundo a través de usted y a través de mí. Y debido a lo que Jesucristo ha hecho por nosotros, hemos sido restaurados al lugar del Rey. De hecho, la Biblia nos llama un Reino de sacerdotes.

Entonces, esto es todo el panorama del Reino de Dios. Y en esta época, el Espíritu Santo gobierna en los creyentes. Ahora, todo me todo ese bosquejo, lo ve ahí arriba. Y simplemente, comprímalo en esa frase el Reino de Dios. Y usted tiene lo que esa frase significa. Significa que cualquier punto, o de manera total, Dios está gobernando sobre la tierra a través de quien Él escoge gobernar.

Ahora, regrese al versículo 3. Esa fue una nota al pie de página larga. Ahora, cuando usted ve en el versículo 3 que él dice que Él estaba hablándoles acerca del Reino de Dios, usted tiene una idea de lo que Él quiso decir. Él estaba enseñándoles cómo es que Dios gobierna en cualquier punto dado en el tiempo. Pero, ¿cuál habría sido el mensaje primordial? El mensaje primordial sería el futuro, ¿no es cierto? El Reino venidero. Y sin duda alguna, lo que ocupaba sus mentes sobre cualquier otra cosa era el hecho de que, en realidad, Jesús era un Rey. Ellos habían esperado que Él fuera un Rey, pero sus esperanzas habían sido despedazadas en las rocas del monte del calvario hasta que Él resucitó de los muertos.

Y ahora, ellos sabían que Él era un rey de nuevo. Sus esperanzas fueron restauradas, estaban diciendo: “Él es un Rey.” Y Él estaba hablando del Reino que estaba por venir. Él iba a traerles el Reino, el cual, en realidad, simplemente había sido tipificado en todos los otros Reinos. Él iba a traer el Reino completo, final, glorioso. Y ellos estaban emocionados por esto. Y creyeron que Él, de hecho, era el Rey, porque Él salió de la tumba por el otro lado. Y entonces, como puede ver, ellos tuvieron la manifestación apropiada. Ellos nos sólo vieron a un Cristo resucitado, sino que lo vieron como el Rey que iba a venir en un Reino glorioso.

En tercer lugar, ellos tuvieron el poder apropiado. Y eso lo veremos rápidamente en el versículo 4 y 5 y simplemente el comienzo del versículo 8. Tuvieron el poder apropiado. Ahora, como usted puede ver, ellos tuvieron toda esta información, verdad. Y ellos tuvieron toda instrucción y demás. Y ellos no podían ser como el hombre que se subió a su caballo y comenzó a cabalgar por todos lados sin dirección. Tiene que haber dirección. Tiene que haber poder, debo decirlo. No nada más deben esparcirse. Tienen que tener el poder del Espíritu de Dios. No lo pueden hacer por sí mismos. Inclusive con el mensaje correcto y la manifestación correcta, a menos de que usted tenga el poder correcto, usted no puede hacer nada. Este es el interruptor encendido.

Versículo 4: “y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén.” La implicación es que estaban listos para salir corriendo. Que ellos estaban diciendo: salgamos de aquí, vamos a echar andar esto, hombre. Lo tenemos. Tenemos el mensaje. Tú eres el Rey resucitado. Te hemos visto, déjanos salir de este lugar, abre esa puerta, usted sabe.

Es como el discurso famoso del entrenador de fútbol americano, quien tomó 25 minutos para motivar a su equipo y todos salieron saliendo hacia la puerta y la puerta estaba cerrada. ¿y sabe una cosa? Esto es lo mismo, casi se matan el uno al otro, usted sabe. Y aquí están los discípulos listos para salir y el Señor les dice: ahora esperen un momento, quédense aquí, no dejen Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, la cual habéis oído de Mí. No salgan a ningún lugar aún. No tienen el poder para cumplir con la tarea, ¿se da cuenta? Bueno, ése es buen consejo.

Ahora, no fue sino hasta después de 10 días, por lo menos hasta unos 10 días después de que Jesús había ascendido, que el Espíritu de Dios vino. Tenían que esperar en Jerusalén. Ahora, notará que la promesa del Espíritu en el versículo 4 es definida en el versículo 5. La gente pregunta cuál es la promesa del Padre. Digo, la promesa del Padre es definida en el versículo 5.

¿Cuál es la promesa del Padre? Aquí está: “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” Esa es la promesa del Padre. ¿Acaso Jesús no dijo de manera repetida en el Evangelio de Juan, Yo oraré al Padre y les enviará ¿a quién? Al Espíritu Santo. La promesa del Padre fue que, si Jesús cumplía con Su obra, Él enviaría el Espíritu. Si Jesús hacía Su trabajo, iría a la gloria y Él enviaría al Espíritu. Esa es la promesa del Padre.

Y entonces, Jesús dice quédense en Jerusalén hasta que el Espíritu de Dios venga del Padre y los bautice a ustedes. Y no debían ir a ningún lugar hasta que esto sucediera. No debían comenzar su ministerio por sí mismos hasta que tuvieran el poder para hacerlo. Y entonces, nos presenta el bautismo del Espíritu Santo. Y estaremos hablando de esto a fondo. Y entonces, no voy a entrar a todo el asunto del bautismo del Espíritu. Vamos a entrar a eso a veces en el capítulo 2.

Pero para este punto, permítame decirle tan sólo un par de cosas que saltan de este versículo. Ahora, esto no es un mandato, ahora escuche esto, no es un mandato a ser bautizado con el Espíritu. Él no está diciendo: ahora, sean bautizados con el Espíritu. Él está diciendo: vayan y quédense en Jerusalén, eso es todo, hasta que la promesa del Padre venga sobre ustedes. Ahora, esta no es una oportunidad para los creyentes, este no es un privilegio para los creyentes, esta no es una responsabilidad para los creyentes, este no es un desafío para los creyentes, esta es una promesa de Dios, no tiene nada que ver con ellos en términos de que ellos busquen algo.

Y usted oye todo el tiempo en la actualidad acerca de que deben esperar al Espíritu, usted debe encontrar al Espíritu, usted debe buscar el bautismo. No, Él no dijo: esperen el bautismo, Él simplemente dijo: “quédense en Jerusalén,” porque ahí es donde va a suceder. Y Él no dijo: oren por él. Ellos pudieron haber estado orando o haber estado limpiando su jardín o caminando por la calle o durmiendo o cualquier otra cosa, eso no importaba. No fue su propio esfuerzo personal lo que lo iba a generar. Fue la promesa del Padre. Como puede ver, el bautismo del Espíritu, amigos míos, es una verdad posicional. No tiene nada que ver con usted o conmigo en términos de nuestras actividades.

En 1 Corintios capítulo 12, el apóstol Pablo dice de manera muy simple, “cuando reciben a Jesucristo, en este punto, usted es bautizado en el cuerpo por el Espíritu Santo”. Eso sucede cuando usted es salvo. Todo creyente en el punto de la salvación recibe el bautismo del Espíritu Santo. Usted pregunta Qué es. Simplemente, es el acto mediante el cual el Espíritu Santo lo coloca a usted en el cuerpo de Cristo. Eso es todo. No es algo súper emocional, no es algún tipo de experiencia estática, aunque en Hechos tuvo un contenido Moore y definido, milagroso, y entraremos en eso cuando lleguemos ahí. Pero el bautismo del Espíritu es un regalo de Dios, no tiene nada que ver con que el individuo lo motive, o lo genere, o lo busque. Él simplemente les dice: ustedes quédense ahí y sucederá.

Y el punto no era que buscaran al Espíritu, simplemente era asegurarse que estuvieran en Jerusalén. Y si usted quiere tomar este pasaje literalmente, si usted va a esperar al Espíritu Santo, más vale entonces que usted vaya a Jerusalén. Ése es el punto. Todo comenzará en Jerusalén, cuando Dios esté listo para enviar a Su Espíritu. Es la promesa del Padre. Viene mediante la gracia y no mediante el esfuerzo personal. Y cuando usted ve promesas en la Biblia, el opuesto clásico de una promesa es el esfuerzo personal clásico.

Entonces, la promesa no tiene nada que ver con ello, no tiene nada que ver con esfuerzo personal, no pueden orar por esto, no lo pueden buscar, no pueden hacer nada, sino sólo esperar en Jerusalén. Y va a suceder de manera incondicional. De hecho, el verbo usado en el versículo 5, ‘seréis bautizados’ es un verbo pasivo. Ni siquiera es activo por parte de ellos. Es la actividad de Dios. Entonces, vemos que él dice: el Espíritu de Dios vendrá sobre ustedes y serán bautizados por el Espíritu Santo. Y, de hecho, lo fueron en el capítulo 2. Y fue acompañado por un milagro, un milagro muy práctico, porque hubo todo tipo de personas en Jerusalén en ese entonces en la Pascua que no podían hablar el idioma que ellos hablaron. Y entonces, Dios le dio la capacidad de darles el Evangelio en su propio idioma. Pero el punto es que él dijo: esperen ahí y Dios enviará el Espíritu del Espíritu Santo. Es la promesa del Padre, no algo que usted genera.

Y esto es interesante también, simplemente para recordarle acerca del hecho que la gente asume, por lo tanto, que, si usted tiene que buscar el bautismo del Espíritu en algún punto después de su salvación, eso significa que usted no tenía al Espíritu Santo. No existe algo tal como un cristiano que no tiene al Espíritu Santo. Si es verdad entonces que Dios le pide vivir la vida cristiana y no le da a usted el poder para hacerlo, si es verdad que alguien no tiene al Espíritu Santo, entonces Él es un mentiroso, porque la Biblia dice en Primera Corintios 12 que todos nosotros hemos sido bautizados con el Espíritu Santo y usa la palabra todos de manera repetida. Y en Romanos 8:9, simplemente dice esto: si alguno no tiene el Espíritu, él no es ni siquiera de Cristo.

Todo creyente tiene al Espíritu. Todo creyente. Jesús les dijo a los discípulos, Él está con vosotros, Él estará ¿dónde? En vosotros. Y entonces, si es que Él les dice esperen en Jerusalén hasta que el Espíritu llegue allí. Este es un acontecimiento histórico. A partir de ahí, sucedió en el momento de la salvación. Y después de que pasamos y salimos del libro de los Hechos, y su naturaleza transicional.

Ahora, observe el versículo 8, el cual nos da más entendimiento en esto: pero recibiréis poder, dunamis, hemos hablado de esto, todavía repasando, pero recibiréis dinamita después de que el Espíritu Santo venga sobre ustedes. La palabra sobre es muy interesante. La palabra equivalente hebrea 'al, significa desde arriba. El Espíritu Santo, usted no lo genera desde abajo, desde adentro de usted, del grupo que lo rodea a usted. Dios lo da como un regalo de gracia.

Y entonces, ¿que está diciendo? Recibirán poder cuando el Espíritu venga y los bautice y ustedes esperen hasta que esto suceda. Ahora, la implicación es esta, amigos: que usted no puede hacer nada de manera independiente del poder del Espíritu Santo. Ése es el punto. El esfuerzo personal no sirve. Ahora, hemos entrado a esto a detalle. Lo vamos a dejar ahí. El poder apropiado y la energía del Espíritu Santo, cristiano, usted lo posee. No hay duda al respecto. Usted lo posee. Es sólo cuestión de liberarlo, como dice Efesios 5:17 y 18 al resignar a su propia voluntad y ceder al Espíritu de Dios, el cual ya está en usted.

Muy bien, entonces, ¿qué tenemos? Tenemos el mensaje apropiado, la manifestación apropiada y tenemos el poder apropiado. Ahora, vayamos al número cuatro, éste es el fin de nuestro repaso y aquí vamos a comenzar el sermón: el misterio apropiado, esto realmente es interesante. Muy interesante. El misterio apropiado.

Ahora, le dije que él había estado enseñando acerca del Reino. Ahora, ellos se emocionaron. Yo no me puedo emocionar demasiado acerca del Reino ahí atrás de Génesis, yo no me puedo emocionar demasiado acerca del gobierno humano. ¿Acaso no es eso maravilloso? ¿Gobierno humano? No, no puedo. Pero usted hábleme acerca del Reino venidero y me puedo emocionar, ¿verdad? Cuando Jesús venga a reinar como Rey, me puedo emocionar por ese Reino. Ese aspecto de Reino de mediador. Bueno, eso es lo que apasionó a los discípulos, lo que los encendió. Todo judío a lo largo de su vida estaba esperando que el Mesías viniera y estableciera el Reino. Y aquí estaba el Mesías resucitado, viviendo. Ellos estaban con Él y Él estaba hablando de un Reino y Él estaba diciendo que Él era el Rey y ellos estaban emocionados por esto. Simplemente, fue natural.

Y fue natural que ellos pensaran que no pasaría mucho tiempo, porque como puede ver, en sus mentes, ellos habían visto el final de todo. Y en todo el Antiguo Testamento, en la época de la Iglesia, nunca se indicó, no hay indicación de que habría 2000 años de la Iglesia, la mitad entre la primera venida y la segunda venida del Mesías. Nunca vieron dos venidas del Mesías en el Antiguo Testamento. No está ahí, sólo por implicación. No había enseñanza de la Iglesia.

Entonces, una vez que el Mesías había venido, muerto y había resucitado, ellos simplemente estaban esperando el Reino que llegara en cualquier segundo, ¿se da cuenta? Además, ellos sabían que Ezequiel 36 y en Joel 2, las profecías, ambas, dijeron, que cuando el Reino venga, el Espíritu será derramado. Y entonces, aquí está Jesús prometiéndoles del Espíritu Santo. Y entonces, están pensando “hombre, el Reino va a estar aquí.” Y, de hecho, si usted ve el versículo 5, dice que el Espíritu Santo vendría y no muchos ¿qué? No muchos días a partir de ahora. Y entonces, estaban listos. Estaban pensando: hombre, esta semana, esta semana. Ellos no vieron una época de la Iglesia a la mitad. ¡Establece el Reino, estamos esperando, has muerto, has cumplido la expiación! Ahora, estás vivo. Adelante.

Y entonces, con eso en mente, observe el versículo 6: entonces, los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo Señor, ¿Restaurarás el Reino a Israel en este tiempo? ¿Está aquí, Señor? ¿Se da cuenta usted? Esto ya tiene que ser, ¿verdad? Versículo 7: Y les dijo, y esto extingue, hasta cierto punto, su fuego, pero necesitaba ser hecho, “no os toca a ustedes con saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en Su sola potestad.”

Ahora, este es el misterio apropiado. ¿Sabe una cosa? Es bueno que Dios nos ha dicho algunas cosas, es bueno que Él no nos dijo otras. ¿Puede imaginarse si todos supiéramos exactamente el momento en el que Jesús vendría, cómo eso refrenaría nuestra fidelidad? Digo, por generación tras generación, la gente podría volverse floja pensando: el Señor no va a venir por mucho tiempo. Y la generación que se acercara, podría terminar fuera de control. Y entonces, el Señor dice que ése no es el punto, señores, eso no es lo que necesitan saber.

Pero quiero darle un comentario al margen aquí. ¿No es interesante que lo único acerca del Reino que no sabían era el tiempo en Él que iba a venir? Así de completa fue la enseñanza de Jesús. Ellos tenían conocimiento completo del Reino. El único ingrediente que les faltaba era el tiempo en el que iba a suceder.

Ahora, hay algunas personas en la actualidad, bajo el título de teología de pactos que creen que no hay Reino para Israel. Fue interesante cuando estuve en la conferencia de profecía en la ciudad de Jerusalén, oír a estos hombres hablando, negando que habrá un Reino para Israel. Ahora, si existió una oportunidad clásica para que Jesús dijera que no habría un Reino, fue aquí.

Ellos dijeron ¿cuándo será restaurado el Reino? Jesús, si Él hubiera sido un amilenarista, Él podría haber dicho: lo siento señores, no hay Reino. Pero Él no dijo eso. ¿Por qué? Porque hay uno. Hay un Reino para Israel. Debe haber el cumplimiento del Reino de Dios a través de Su Hijo Jesucristo, el mediador en la tierra. Entonces, ellos entendieron el ‘no muchos días a partir de hoy’. Y ellos querían saber cuándo iba a venir. Y era comprensible. Todo lo demás había terminado, ¿por qué no iba a comenzar el Reino? ¿Qué era posible que pudiera estar en medio? Y debido a que no se profetizó Iglesia alguna en el Antiguo Testamento, no podían ver lo que encajaba ahí.

Y entonces, le preguntaron a Jesús cuándo va a suceder. Pero Él no les dijo. Oh, Él les había que habría un Reino en Mateo 25. Y Él les había dicho en Mateo 13 que el tiempo en el que el Reino vendría no había sido revelado. Él ya les había dicho que no iban a saber eso. De hecho, Él les había dicho que podría pasar mucho tiempo o podría ser poco tiempo. Ustedes simplemente, velen y estén listos todo el tiempo. Y ellos están turbados porque quieren saber.

Bueno, más adelante, entendieron el mensaje. Como usted sabe, Jesús habría dicho que Él vendría en una hora que no esperarían. Y Pedro dijo que Él vendría como un ladrón en la noche. Juan dijo que Él vendría repentinamente y ellos entendieron el mensaje. E inclusive en la actualidad, no sabemos cuándo es que Él va a venir. Y sabe una cosa, tenemos muchas cosas que están pasando en la actualidad a nivel profético y leemos acerca de profecía en todos lados y oímos de esto y predicamos acerca de esto. Nos emocionamos por la venida de Jesucristo, como usted sabe. Y hay un gran énfasis en esto. Pero ese no es el tiempo de ponerse el pijama y subirse al techo. Eso no se ha acabado. Ese no es el punto.

Conozco a un hombre que tenía mucho dinero y pensó que Jesús iba a venir el 1 de enero de un año en particular. Y entonces, él vendió todo lo que tenía, y liquidó todo y compró Biblias, envió 20,000 a Vietnam y compró unas manos pequeñas en forma de oración que brillaban en la oscuridad y las empezó a repartir ahí en la calle. No sé por qué compró esas. Y él compró cosas extrañas, pequeñas y llaveros con Jesús escritos en ellos. Y se deshizo de $200,000. Jesús iba a venir el 1 de enero. Jesús no vino. Ahora, él simplemente está viviendo ahí en la parte sur de Los Ángeles con nada, tratando de entender lo que pasó. Qué estuvo mal.

El Señor no quiere que hagamos eso. El Señor simplemente dice en Lucas 19:13, ocúpense hasta que Él venga. ¿Escuchó esa afirmación? Eso significa, trabajen hasta que llegue ahí. No dice: quédense ahí acostados, hasta que llegue la noche, cuando nadie puede trabajar. Dice que trabajen, no os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en Su sola potestad. Dejen hacer lo que Dios quiere hacer. Deuteronomio 29, las cosas secretas pertenecen al Señor.

¿No le da gusto a usted que el Señor no nos dijo, porque Él quería que toda generación viviera como si Jesús vendría en el próximo momento? Y le voy a mostrar por qué. Sigamos al final esta mañana. Los tesalonicenses tuvieron este problema. Como usted sabe, la Iglesia en Tesalónica, estaban todos preocupados por la segunda venida, el rapto y todo esto. Y Pablo escribió en 1 Tesalonicenses para ayudarles.

Y en 1 Tesalonicenses 5:1 les dijo: “pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, que yo os escriba, porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche”. Usted conoce eso, en una hora cuando usted no lo espera. Usted comienza estableciendo una fecha y ése es exactamente el momento en el que no va a venir; usted simplemente viva cada momento como si Él viniera en el siguiente momento. Y entonces, el Señor dice que no especulen, que no estén preocupados por fechas, concéntrense en esto.

Número cinco, la misión apropiada. No se concentren en el momento en el que vengo, concéntrense en trabajar hasta que llego ahí. Número cinco, concéntrense en la misión apropiada. Y es tan simple. Observe el versículo 8 a la mitad y “me seréis,” ¿qué? ¿Cuál es la palabra? Dígalo.” Testigos.” Testigos, no teólogos. ¿No es eso maravilloso? Usted no tiene que ponerse de pie y presentar toda una explicación acerca de la diferencia entre sublapsarianismo, infralapsarianismo y un perro labrador. Usted no tiene que hacer eso. Todos esos son términos teológicos, excepto por labrador. Simplemente, la incluí ahí. Y entonces, usted no tiene que ser un gran cerebro que sacude al mundo o un gran teólogo maestro para poder comunicar. Lo único que necesita hacer es ser un testigo.

Usted pregunta qué es un testigo. Alguien que vio algo y habla de eso. Yo sólo he sido un testigo una vez en mi vida y eso fue para ser testigo de un intento de homicidio. Y en ese intento de homicidio en particular, lo he compartido con usted antes, en esto en particular que sucedió es que había dos hombres que estaban golpeando a otro hombre. Y eran hombres grandes, de más de 100 kilos de peso que habían atacado a este hombre en la calle, a quien nunca antes habían visto. Y estaban tratando de matarlo. Él estaba ahí en el piso. Estaban pateándolo. Y le rompieron todas las costillas, le pegaron, le patearon el rostro, lo dejaron desfigurado.

Y resulta que yo llegué. Yo estaba en la Iglesia en ese entonces, en donde mi padre era pastor. Y yo estaba vestido en mi vestimenta ministerial con toda mi dignidad, salí a la puerta y oí esta conmoción. Y salía la puerta y ahí estaba, sabía que tenía que hacer algo. Usted sabe, porque había personas ahí que estaban viendo ahí en la banqueta sin hacer nada, simplemente boquiabiertos. Y usted sabe, viendo. Y entonces, salí y fue interesante. Pensé bueno, simplemente les voy a decir que lo dejen en paz. Pensé que era una pelea. Y entonces, dije: “¡deténganse!” Y nada pasó. Pensé que bueno, que quizás no me vieron. Y entonces, salí ahí y llegué ahí y los oí que decían: “mátalo, mátalo.” Y vi hacia abajo y me di cuenta que era un asesinato, que estaban tratando de matar al hombre. Y entonces, realmente no sabía qué hacer.

Y entonces, para acortar la historia, nos metimos ahí en una pequeña pelea y me pegaron y demás. Y finalmente, me puse bastante duro y le pedí a la secretaria que llamara a la policía. Grité: “llama a la policía.” Y bueno, esa fue una historia larga, pero tuve que ir a la corte y me preguntaron tres cosas. Y cuando me preguntaron estas tres cosas realmente me emocioné. Usted sabe, me dijeron: dígame, Señor MacArthur lo que vio, lo que oyó y lo que sintió. ¿Y sabe una cosa? Pensé eso es 1 Juan 1:1. Usted sabe, no tenía idea de que ellos conocían eso. Primera de Juan 1:1 dice: aquello que hemos oído y visto y nuestras manos palparon con respecto al verbo de vida, eso os declaramos, ¿se da cuenta? Eso es un testigo. Ellos no están interesados en grandes disertaciones teológicas. Simplemente, dígame si conoce a Jesús y dígame cómo puedo conocerlo. ¿Se da cuenta? Eso es un testigo.

Es tan simple ser un testigo para Jesucristo. Es interesante la palabra testigos aquí es martureis. Me seréis testigos es mis martureis... Mis mártires… Mis mártires. Para algunos de ustedes, quizás será eso. Tantos cristianos murieron. Y la palabra testigo finalmente llegó a significar mártir. Tantos de ellos murieron. ¿Está usted dispuesto? Es triste. No sólo no estamos dispuestos a morir por Jesús.

La mayoría de nosotros, ni siquiera estamos dispuestos a vivir por Él. Ni siquiera hemos aprendido no sólo lo que significa ser un sacrificio muerto, sino que no hemos aprendido lo que es ser un sacrificio vivo. ¿Sabe usted lo que es ser un sacrificio vivo? Creo que quizás Oseas supo un poco de esto cuando dijo: ofreceré a Dios los sacrificios de mis labios, en otras palabras, el verdadero yo. Creo que Abraham supo lo que era cuando él estuvo por sacrificar a Isaac. Isaac habría sido un sacrificio muerto. Abraham habría sido uno vivo. Él estaba sacrificando todos sus sueños y promesas y todo lo que Dios jamás le había dado, cuando él estaba a punto de matar a su hijo. Pero él estaba dispuesto a hacerlo por causa de Dios. Y eso es un testigo vivo. Eso es lo que es un mártir.

Dios no necesariamente quiere que usted muera por Él, sino que Él quiere que usted viva por Él como si no le importara nada más, sacrificando todo lo que usted tiene para Su gloria. Un testigo vivo, un mártir vivo, un sacrificio vivo. ¡Oh! Un testigo es alguien que simplemente habla de Jesús. Pedro lo supo. Segunda de Pedro, no es cierto, 1:16, en donde Pedro dice: peros fuimos testigos oculares de Su majestad. Si usted ha sido un testigo de Jesucristo, usted sabe cuál es su misión. La misión apropiada. Sea un testigo. Así de simple.

Permítame en añadir otro pensamiento. Usted no escoge si usted será un testigo o no. Usted es uno. La única pregunta es si usted es uno bueno. Si usted es cristiano, usted ha sido testigo de Jesucristo. La pregunta es si usted es un testigo de buena reputación o no. Es tan simple. Y después, Él dice, cuando ustedes sean testigos comiencen en Jerusalén. Él dice que comiencen en Jerusalén y sean testigos ahí. Él no dijo: organícense y hagan esto y hagan aquello. Simplemente, sean testigos. Simplemente, abran su boca y hablen de Jesús. Y después, cuando terminan ahí, vayan a Judea. Y después, cuando terminen ahí, vayan a Samaria y después, hasta lo último de la tierra. Y en 30 años, lo hicieron. Y no estaban organizados, simplemente, lo hicieron. Esa es nuestra misión. Todos somos testigos.

Un hombre esta semana en la conferencia misionera de Biola, los hombres me estaban contando que dio una parábola interesante. Y pensé que se las contaría. Él estaba hablando ahí. Y él dijo que esta es llamada la parábola del pastor. Él dijo que hubo un pastor que contó a sus ovejas y pensó que había muchas ovejas que faltaban. Estaba muy preocupado por sus ovejas que faltaban. Y entonces, comenzó a preocuparse por esto. Y él envió a un perro para tratar de encontrar a las ovejas. Pero el perro regresó y sólo era un perro cansado sin ovejas. Entonces, él pensó, ‘bueno, quizás voy a ir a revisar con algunos de los otros pastores. Quizás, algunos de los otros pastores tienen el mismo problema.’ Entonces, él organizó un concilio de pastores. Al principio, simplemente hubo asuntos de negocios del pasado. Después, los nuevos asuntos. Después, una discusión acerca de cómo encontrar ovejas. Bueno, ellos designaron a un subcomité para investigar el problema de las ovejas perdidas. Y el subcomité propuso las siguientes ideas. Una gran idea era señales de neón que se apagaba y se prendía y decía: vengan, vengan, ovejas. Once de la mañana y siete de la noche los domingos.

Otra buena idea fueron camionetas con altavoces que viajaban por todos lados con alguien que estaba adentro gritando: “¡vengan aquí ovejas, vengan aquí ovejas!” Otra idea fue entregar varios folletos a nómadas quienes, viajando por el desierto, pudieran encontrarse con ovejas. Quienes incidentalmente no podían leer. A un hombre se le ocurrió una idea brillante. Quizás necesitamos a un ex pastor que venga y llame a las ovejas y vamos a tener una reunión especial. Un tercero dijo: no, probablemente podríamos usar a un grupo musical que visite con música dirigida simplemente para las ovejas perdidas. Acabaron con todo y aún en ese punto, no tenían oveja alguna. Una parábola bastante buena.

Es bastante obvio cuál fue el plan del Señor, ¿verdad? Olvídense de todas esas estrategias y sean lo que son. Testigos. Es tan de simple. Así de simple. La primera Iglesia lo hizo bien. Lo hicieron a partir del día de Pentecostés durante treinta años. Y usted puede seguir a la Iglesia por ese rastro de su testimonio. Súper cargados con poder divino, dando testimonio sin temor al mundo. Y le dieron un giro a las corrientes de la civilización. Cambiaron la faz de la historia por Dios. Y no tuvieron más equipo del que usted tiene, en absoluto. Ahí está: el mensaje, manifestación, poder, misterio y misión apropiados.

Después, hubo una última cosa: el motivo apropiado. ¿Sabe una cosa? Usted tiene que estar motivado. Usted sabe eso, ¿no es cierto? Usted tiene que estar motivado. La motivación es lo que lo motiva a usted. En la televisión, los pequeños traviesos tenían en una ocasión un carro ahí que construyeron y tenía a una cabra enfrente de él. Y la cabra no quería jalar el carro. Algo que era muy frustrante. A uno se le ocurrió algo. Coloca una barra de bambú en la cabeza de la cabra y cuelga una zanahoria a unos cuantos centímetros de distancia. La cabra jaló el carro todo el día tratando de alcanzar la zanahoria. Eso es motivación.

Cuando usted va al supermercado, y usted va a la sección de desodorantes y de pronto, repentinamente, usted piensa en los comerciales de televisión. Usted se acuerda de tal o cual producto de los paquetes de cinco días o lo que sea, su mente está sujeta a la motivación. Usted compra la comida, usted mantiene en mente, no es cierto, casi de manera subliminal, pero usted se acuerda cómo usted ha sido presionado para que compre ciertas cosas. Somos criaturas de motivación. Hacemos lo que hacemos por razones, ¿se da cuenta? Y Jesús está a punto de darnos una razón para hacer esto.

¿Está listo para escuchar esta motivación? Esto es algo poderoso. Versículo 9: “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado.” ¡Que cosa tan maravillosa debe haber sido eso! No hubo un gancho, no hubo un elevador, no hubo una escalera, no hubo un cohete, no hubo nada. Él fue alzado. Y le recibió una nube, quizás la Shekhiná, el carro real, usted sabe, en el que Dios está. Y le recibió una nube que lo ocultó de sus ojos. Ahí va Jesús dejando ese monte directo al cielo.

Ahora, debería haber un versículo entre el versículo 9 y 10 para decirnos lo que pasó cuando Él llegó ahí, desde mi punto de vista. Ese es otro misterio que Dios no me reveló, pero me encantaría haber visto la escena en el cielo, ¿a usted no le gustaría? Se puede imaginar a todos los ángeles ahí recibiendo en una multitud a Jesús, usted sabe, en Su cuerpo glorificado y todas las cosas que estaban pasando ahí. La reunión gloriosa. Y ahora, todos podían, como usted sabe, tener la confianza de que Él ya no tendría que soportar ninguna crueldad más. Ya no habría más injusticias, no más malos entendidos. No más golpes. Nadie más escupiéndole, nadie más burlándose de Él. No más sudor, no más sangre, no más lágrimas, Getsemaní se había acabado. El calvario que había acabado. La tumba estaba vacía, el Hijo estaba en casa. ¡Qué cosa tan gloriosa debió haber pasado ahí en el cielo!

Pero mientras tanto, de regreso la tierra, observe lo que sucede. Versículo 10: “y estando ellos con los ojos puestos en el cielo.” Y la palabra griega significa que fijaron su mirada en el cielo entre tanto que Él se iba. Ahora, esto es maravilloso. Ellos están mirando y ellos simplemente están en shock porque Él está subiendo y también están mirando con anhelo como si lo estuvieran perdiendo. He aquí, se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas. Aquí vienen dos ángeles. Los cuales también les dijeron: “varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo?” La cual al principio se oye como una pregunta ridícula. Podrías pensar que responderían: bueno, ¿qué quieres decir por qué? Mira al tráfico. Digo, uno va arriba, dos vienen hacia abajo.” Nunca antes han visto algo así. Usted sabe, ¿a dónde más estarían viendo? ¿Verdad? Pero la implicación de las preguntas que hacen es esta: es ¿por qué están viendo con anhelo como si lo estuvieran perdiendo?

Ahora observe esto, “este mismo Jesús que ha sido tomado de vosotros al cielo,” ¿cuáles son las siguientes palabras? “Así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” ¿Cuál es nuestro motivo para servir a Jesús? ¿Cuál es? Él va a regresar, no es cierto, Él va a regresar. Y quiero extraer un par de pensamientos de ese versículo 11. Este mismo Jesús, ¿le gusta a usted eso? ¡Oh, me gusta eso! No será uno diferente. Será el mismo.

¿Sabe usted que dos mil años no han cambiado Jesús en absoluto? ¿Sabe usted que cuando Él regrese será en ese mismo cuerpo glorificado que esos discípulos tocaron, el mismo que estuvo junto a ellos ahí en el mar de Galilea y comió algo? Este mismo cuerpo glorificado que Tomás vio y dijo: Señor mío y Dios mío. Eso no ha cambiado. Y en este momento, Él está sentado a la diestra del Padre en un cuerpo glorificado como el que tuvo en la tierra. No es sorprendente que Él puede sentir lo que sentimos.

Cuando Él regrese, Él será el mismo Jesús, no uno diferente. Ha habido muchos Jesucristos falsos, ¿no es cierto? Nunca olvidaré a mi padre cuando me contó, cuando él estuvo en el seminario, cuando él era algo joven e intempestivo. Hubo en Filadelfia un hombre llamado ‘padre divino’ quien decía ser el hijo de Dios. Él era un hombre de piel oscura y que usaba túnicas de visón y era algo extraño. Pero bueno, esto fue en Filadelfia. Y entonces, una noche, mi padre fue ahí y se sentó en la parte de atrás. Y cuando este hombre acabó de anunciarle a todo el mundo que él era Dios, incidentalmente, como comentario al margen, cuando él murió, él le pasó su deidad a su esposa.

Pero bueno, esa noche, él había acabado de declararle a todo el mundo que él era Dios y él se puso de pie para irse. Y mi papá se puso de pie en la parte de atrás y colocó sus brazos en la puerta y dijo: antes de que alguien se vaya, me gustaría hacerle una pregunta. Y él dijo: “si usted es Dios, ¿me puede mostrar las cicatrices de los clavos en sus manos, si usted es el hijo de Dios?”. Y él dijo que todo el mundo se calló. Y después, lo sacaron. Ese no es el mismo Jesús. Ese no es mi Jesucristo. Cuando Él regrese, yo lo voy a conocer.

Y observe esto, dice en el versículo 11, no solo este mismo Jesús, sino que así vendrá como le habéis visto ir al cielo. ¿Acaso no lo vieron cuando Él se fue? Así será cuando Él venga. Va a ser el mismo Jesús. Y le quiero decir, eso me emociona, ¿a usted no? Jesús viene. Dice usted si ese es un motivo. Más vale que lo crea que ese es un motivo. Servimos a Jesucristo, Pablo dice. Trabajamos para que, estando ausentes o presentes, procuremos serle agradables.

A Aquel quien viene. Y es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo. Para recibir las cosas hechas en el cuerpo, sean buenas o malas. Juan dijo: “he aquí, Yo vengo pronto,” registrando las palabras de Jesús. “Y Mi galardón está conmigo para dar a todo hombre según sus obras.” Jesús viene con Sus recompensas. ¿Acaso usted no quiere recibir una recompensa?

Escuche: uno de los más grandes motivos para servir a Jesucristo es que Él viene con Sus recompensas. La gente siempre me ha dicho, usted sabe, cuando he hablado de esto, “oh, tú eres algo vulgar, MacArthur. Digo, toda esta rutina de coronas y todos esos cristianos que están almacenando coronas como si fuera algo imperial, usted sabe. Las están apilando por todos lados. ¿Y sabes una cosa? Y tú quieres recibir todas esas coronas”. Pero eso no es vulgar, eso no es materialista.

Si un hombre ama a una mujer y él se acerca a esta mujer y le dice: “te amo” y después le dice: “me gustaría casarme contigo,” ella no dice: “oh, eres un materialista vulgar”. “¿No es suficiente amarme? ¿Tienes que tenerme?” No, no, no. Porque usted ve que el matrimonio es la recompensa natural del amor, ¿verdad? Si un general sale y gana una batalla no decimos: “¡oh, egoísta!” Eso es obvio. Si un hombre corre una carrera y él corre a la mitad de la carrera y se sale y se sienta, él no es ningún héroe. Si usted va a correr, va a correr para ¿Qué? Para ganar. Si voy a servir a Jesucristo, no lo voy a servir a medias. No voy a pelear como alguien que golpea el aire. Si estoy en esta batalla por el Señor, voy a correr de tal manera que obtenga el premio.

¿Debo hacer algo menos que eso por mí Señor? Jesús va venir y Él va a venir con Sus recompensas para darles aquellos que son Suyos. Cuando Él venga, ¿qué es lo que usted le va a mostrar?

Mi abuelo tenía un poema escrito en su Biblia y lo memoricé y dice esto, y cito: “cuando esté de pie ante el tribunal de Cristo y Él me muestre Su plan para mí, el plan para mi vida, cómo habría sido y vea cómo yo lo estorbé aquí y allá y no cedí mi voluntad, ¿habrá tristeza en los ojos de mi Salvador? Tristeza, ¿aunque todavía me ama? Él quería que yo fuera rico, pero estoy ahí pobre, despojado de todo menos Su gracia. Mientras que la memoria corre como algo aterrado por un camino que no puedo volver a trazar. Entonces, mi corazón desolado es estará cerca de irrumpir con lágrimas que no puedo derramar, cubriré mi rostro con manos vacías, inclinaré mi cabeza sin corona.”

Después, esta oración: oh, Señor de los años que me quedan, los entrego en Tu mano, tómame, quebrántame, moldéame para ajustarme al patrón que Tú has planeado. No sé cuánto tiempo tenemos, pero sé que sea lo que usted haga por Cristo, necesita ser hecho hoy, porque Cristo viene. Cristiano, ¿lo ve usted? Capítulo 1, versículos 1 al 11. Usted lo tiene todo. Usted lo tiene todo. Es sólo cuestión de su voluntad.

 

 

 

 

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