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Hemos titulado este mensaje de dos partes Pablo ve su Ministerio. Pablo ve su Ministerio. Y esta es la segunda parte. Y estaremos haciendo algo de repaso de nuestro último estudio para que usted tenga la perspectiva completa para esta mañana.

Ciertamente, el capítulo que estamos estudiando, el capítulo 20, expresa el gran amor de Pablo por la Iglesia. Hemos visto esto una y otra vez a lo largo del capítulo 20. Normalmente, pensamos que el capítulo de Pablo del amor es 1 Corintios 13, como usted sabe, en donde expresa todo acerca del amor. Y usted bien podría decir que 1 Corintios 13 es un capítulo de amor en doctrina y Hechos 20 es el amor de Pablo en acción, porque ciertamente aquí, él expresa su amor por el Señor y su amor por la Iglesia, por el sacrificio de sí mismo y su dedicación a su ministerio.

Entonces, hemos aprendido mucho acerca del amor de Pablo por la Iglesia en este capítulo y continuaremos viendo algo del mismo, conforme avanzamos en esta mañana. Supongo que, en la mentalidad de la actualidad, si fuéramos a examinar al apóstol Pablo y él estuviera presente con nosotros y él fuera nuestro invitado, querríamos conocer sus métodos para tener éxito. Este es un día en el que la metodología es algo importante. E inclusive, las iglesias en la actualidad y las organizaciones religiosas están tanto vendiendo como comprando métodos de éxito. Inclusive, hay un currículo entero de material llamado Éxito con los Jóvenes, en el cual el esfuerzo entero se reduce a producir una respuesta exitosa. La palabra éxito es una palabra tremendamente dominante en nuestro mundo.

Y vemos con mucha frecuencia al éxito en términos de método. Cuando alguien es exitoso, lo primero que queremos hacer es embotellar su método y transportarlo a algún lugar. Y supongo que, si Pablo estuviera aquí hoy, y muchos líderes de iglesias estuvieran congregados en torno a él, comenzarían a hacerle preguntas en el área de: “bueno, ¿cómo hiciste eso?” “¿Cuáles son tus técnicas para alcanzar a una ciudad?” o “¿Cuáles son los patrones para hacer crecer una Iglesia?” o “¿Cómo trabajas de esta manera? o ¿Cuál es este pequeño truco que puedes usar aquí? y demás. Y podríamos hacer esto hasta que estuviéramos cansados y nunca llegar al éxito verdadero de Pablo a menos de que él nos desviara de eso y nos colocara en la dirección correcta, porque el éxito del apóstol Pablo no tuvo nada que ver con sus métodos. Y no temo decir eso. No tuvo nada que ver con sus métodos directamente. E indirectamente, los métodos salieron de lo que él era y fueron importantes. Pero el éxito de Pablo se basó de manera total en quien él fue.

Acabo de hablar en una conferencia acerca del liderazgo. Y prepararon a muchos líderes durante unas diez semanas. Y usted sabe, tenían todos tipo de gráficos y tablas y cosas que usaron para prepararlos. Y todas fueron muy buenas y muy útiles. Y se me pidió que diera una conferencia para cerrar y expresara en una afirmación, conforme a lo mejor que pudiera, en un mensaje, lo que el éxito era bíblicamente.

Ahora, eso, al principio pareció como un problema monstruoso – el tratar de reducir todo, todo esto, lo que es el liderazgo, en un mensaje. Y sabe una cosa, lo reduje a un mensaje, y mejor que eso, lo reduje a una palabra. Dije unas cuantas cosas más después de que dije esa palabra, usted sabe. Quiero que lo sepa.

Pero, de cualquier manera, lo reduje a una palabra y la palabra que expresa el liderazgo y la palabra que expresa el éxito es la palabra ejemplo. Ejemplo. En todo el liderazgo cristiano, ése es el elemento más dinámico que se lleva a cabo. Está expresado a lo largo de las Escrituras. Usted, por ejemplo, toma al Señor Jesucristo, quien enseñó repetidamente mediante el ejemplo. “Hagan a la gente lo que Yo les es hecho”. Él expresó su amor en servicio al lavar sus pies. Una y otra vez Jesús manifestó lo que ellos debían hacer al hacerlo Él mismo.

En Hechos 1:1, Lucas dijo: “En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar.” Jesús no sólo enseñó, sino que Él puso el ejemplo. El apóstol Pablo le escribió a Timoteo y le dijo cómo ser un líder. Y se lo dijo en una afirmación: “sé un ejemplo a los creyentes,” ¿verdad? El apóstol Pablo les dijo a los filipenses: “lo que han visto en mí, esto haced.” Ejemplo. Pedro les dijo a los ancianos: “cuiden del rebaño y alimenten al rebaño y supervisen al rebaño, no enseñoreándose del rebaño, sino siendo ejemplos.”

Escuchen, la razón por la que Pablo tuvo tanto éxito fue porque él fue un ejemplo. No hubo un vacío de credibilidad entre lo que él dijo y lo que él fue. Y la gente moldeó sus vidas imitándolo a él. Él dijo: “sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” La vida cristiana se reduce al ejemplo y el liderazgo bíblico es ejemplo. Y lo que hizo que Pablo fuera lo que fue, fue el ejemplo, no sus métodos, sino su vida. Y si usted quiere saber cómo ser exitoso en el ministerio o si quiere saber cómo ser exitoso en cualquier objetivo que usted tenga en mente, es tan simple como espiritualmente hablando como ser el tipo correcto de persona. Y no me importa qué técnicas tenga para el liderazgo. Si usted no es el ejemplo correcto, usted nunca lo va a lograr. El liderazgo es el ejemplo. El liderazgo es ejemplo. Esto es verdad inclusive en el mundo secular. Pero es verdad en términos monumentales en el mundo espiritual.

Y entonces, en lugar de preocuparnos con cuáles fueron los métodos de Pablo y las técnicas que usó, las cuales él no tuvo, me preocupa el tipo de hombre que fue él. Porque si puedo moldear mi vida espiritualmente siguiendo lo que lo hicieron a él exitoso en términos espirituales, entonces, puedo tener el mismo tipo de fruto que Dios le dio. Quizás, no en la misma dimensión y el mismo grado, pero el mismo en tipo. Y entonces, no me preocupa hablar de todas las estrategias que Pablo usó como me preocupa hablar del tipo de hombre que él fue. Porque si mi vida puede aproximarse al tipo de hombre que él fue, conoceré el tipo de fruto que él conoció.

Y entonces, conforme vemos Hechos capítulo 20, estamos viendo algunos de los principios más grandes del ministerio eficaz. Y no están presentados en una lista académica. Simplemente, están ahí en su vida. Y emanan de él y son las claves de todo. Entonces, realmente reducir a Pablo a una lista de técnicas exitosas está mal de manera total. Él fue un hombre que fue lo que él fue, porque él fue el hombre que él fue. Y créanme, la vida cristiana es tan simple como ser lo que Dios quiere que usted sea y después, dejar que el Espíritu opere a través de usted. Eso es lo que traté de expresar en el pequeño libro que escribimos acerca de La Voluntad de Dios. Que, si usted es la persona correcta, Dios va a expresar Su voluntad a través de usted. Es cuestión de ser la persona correcta. Y éxito de Pablo fue debido a que él fue el hombre correcto. Él fue llamado por Dios, capacitado por el Espíritu, él cedió a ese poder, vivió una vida santa; y mediante esa vida, el Espíritu de Dios operó con bendición.

Pero hay una pequeña dimensión aquí en este capítulo que simplemente nos ayuda a entender la mente de Pablo, que realmente nos ayuda a ver el hombre que él fue. Y eso está en los versículos 17 al 27. Tenemos la perspectiva de Pablo del ministerio. Él vio al ministerio en perspectiva. Y lo vio en cuatro dimensiones diferentes. Él vio a su ministerio en relación con Dios, con los salvos, con los perdidos y consigo mismo. Y todas fueron perspectivas espirituales. Él vio el ministerio por lo que fue. Un ministerio hacia Dios, hacia los salvos, hacia los perdidos y en una obligación hacia sí mismo. Y sabe una cosa, usted no necesita más allá de eso. Yo sé en mi corazón que, si yo llegara a la posición que Pablo está en Hechos 20 y realmente y de manera honesta y total, estuviera enfocado en estas cuatro dimensiones en las que él estuvo enfocado, el mundo no podría enfrentar el impacto de mi propia vida. Y ése es el caso de su vida también. Porque estas cuatro cosas, por simples que sean, están en el corazón del éxito del hombre.

Ahora, el contexto es Mileto en el versículo 17, Pablo está terminando su tercer viaje misionero. La Iglesia está siendo plantada por todo el mundo, esta es la historia del libro de los Hechos. Ya para este punto, ha alcanzado al mundo gentil. Pablo ha sido el gran agente de establecer y plantar estas iglesias por toda el área este del Mediterráneo. Y ahora, al regresar de su tercer viaje misionero bajo gran persecución y aflicción, él llega a Mileto dirigiéndose hacia Jerusalén. Él tiene mucho dinero que va a entregarle a los santos pobres de Jerusalén por parte de la Iglesia gentil. Él quiere amarrar a ambos grupos y mostrar su amor. Y entonces, él tiene todo ese dinero con él. Él tiene a otros hombres que están con él que representan a la Iglesia gentil y se dirigen a Jerusalén tratando de llegar para el tiempo de la fiesta de Pentecostés. Pero él hizo una escala de dos días ahí en Mileto, la cual se encontraba la costa de Asia Menor, ahí cerca de Éfeso.

Entonces, él envía a Éfeso, dice el versículo 17, y llama a los ancianos de la Iglesia a más de 30 km de distancia. Y él quiere que los ancianos de Éfeso vengan, porque él tiene unas cuantas cosas más que decirles antes de que se vaya. Y él cree que esta será la última vez. Él sabe que las iglesias están creciendo ahí y se están reproduciendo. Ya tienen a ancianos en cada ciudad. Él sabe que el fruto ya ha comenzado a presentarse y probablemente, ya hay una segunda y tercera generación de creyentes. Y él sabe que su trabajo primordial ya se acabó. Él también estaba muy consciente de que los judíos están siguiéndolo. Hay una persecución fuerte en contra de él. Y entonces, él siente que esta es una despedida. Y él quiere hablarles por última vez a los ancianos de Éfeso, en donde él pasó tres años y a quienes él alma tan profundamente.

Y entonces, él los llama. Y entonces, en el versículo 18, él les anuncia el tema de su discusión. Y cuando llegaron a él, viajaron por más de 30 km, les dijo: “vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo desde el primer día que entré en Asia, desde el primer día que llegué a su área. Ustedes saben cómo me he comportado en todo momento.

En otras palabras, ustedes conocen mi estilo de vida. Ustedes, en otras palabras, ustedes conocen mi estilo de vida. Ustedes conocen los patrones de mi vida y ministerio. Y después, a partir de ahí, él dice: ahora, les voy a recordar esos patrones porque deben convertirse en los patrones de su propia vida y ministerio. Vosotros sabéis, dice él, cómo me he comportado entre vosotros, todo el tiempo. Ustedes conocen mis prioridades. Ahora, permítanme recordarles que estas deben ser sus prioridades.

Entonces, él comienza al decirles: “así es como me conduje, así es como deben conducirse como líderes de la Iglesia.” Y de nuevo, él regresa a que el liderazgo real es cuestión de ¿Qué?, de ejemplo. Ustedes saben cómo lo hice. Ahora, permítame decirles y refrescar su mente, porque así es como ustedes deben hacerlo.

Ahora, ¿cómo es que él vio a su ministerio? De cuatro maneras. Hacia Dios, hacia la Iglesia, hacia los perdidos y hacia sí mismo. Y después, la última vez, vimos hacia Dios conforme él vio a su ministerio como servicio al Señor. Su perspectiva de su ministerio hacia Dios fue que en todo el tiempo que él ministró, él mantuvo esto en mente. Yo no estoy sirviendo a los hombres y no estoy sirviendo los deseos y gustos de la gente. Estoy sirviendo al Señor. Entonces, lo que el Señor me dice que haga, hago eso sin preocuparme por lo que la gente va a decir. Eso es algo muy importante que aprender, como usted sabe. El ministerio fue para el apóstol Pablo el servicio del Señor. Se vio a sí mismo en la mentalidad de un siervo. En Romanos 1, él dice en el versículo 1, un siervo de Cristo. Pero en el versículo 9, él dice: “Dios me es testigo, a quien sirvo en mi espíritu.” Él no nada más sirvió a Dios externamente, sino internamente. Él se vio a sí mismo como un esclavo. Y él usa la palabra doulos una y otra vez. Y la palabra significa un esclavo. Un esclavo bajo esclavitud. Pablo se vio a sí mismo sirviendo a Dios.

Ahora, la mentalidad de un siervo es esta: yo obedezco órdenes. Ése es un siervo. Por lo tanto, la mentalidad del ministerio cristiano es la obediencia, ¿no es cierto? Dios da las órdenes y yo las cumplo. No me preocupo cuál va a ser la reacción. No me preocupo por lo que la gente va a decir. No trato de agradar a los hombres, Gálatas 1:10, Pablo dijo: “si tratara de agradar a los hombres, no sería siervo de Jesucristo.” Entonces, él dice: “tengo que servir a Dios, esta es la mentalidad de un siervo. Él da las órdenes y yo las cumplo legítimamente.” Pero lo hermoso acerca de esto es que él no sólo lo hizo por fuera, él le encantó por dentro. Él tuvo un Espíritu de obediencia, como también la obediencia en sí. Él nunca cambió su mensaje. Él nunca cambió sus planes en absoluto por lo que los hombres hicieron. Él creyó que Dios le dio algo que hacer y él lo iba a hacer.

Y sabe una cosa, es algo triste que admitir, pero a lo largo de la historia de la Iglesia, la Iglesia, muchas veces, no ha hecho lo que ha debido, debido a los deseos de la gente y ha diluido todo tipo de ministerios para que no ofendan a la gente. De hecho, algunas veces es sorprendente cuán duro trabajamos en tratar de hacer que todo sea tan agradable que pierde todo su significado.

Pienso en los sacerdotes jesuitas del siglo XVII que fueron a China. Y llegaron a China y estaban tan asombrados por la cultura tremenda de la gente china y de la naturaleza tan élite de estas personas que sintieron que el Evangelio básico sería ofensivo para ellos. Entonces, la historia nos dice que los jesuitas re formularon el Evangelio, omitieron todo lo que pensaron que sería ofensivo para los chinos, incluyendo la crucifixión. Y partieron de ahí. Y saben una cosa, eso pasa en la actualidad, créanme. No hay un lugar para un servicio así a Jesucristo porque es esclavitud completa. Y sean cuales sean las órdenes, obedecemos con el espíritu de obediencia. Así es como Pablo vio su ministerio. No como agradando los hombres, sino agradando a Dios.

Ahora, él dijo en el versículo 19, hay dos ingredientes en esto, aquí viene su primera afirmación, “hacia el Señor,” dice él, “sirviendo al Señor.” Ahora, esa es la manera en la que él vio a su ministerio. Hacia Dios. Fue servicio a Cristo. Sirviendo al Señor, pero aquí hay dos ingredientes: con toda humildad y con muchas lágrimas y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos.

Él dijo: hay dos cosas que van con el servicio, humildad y sufrimiento. Y el sufrimiento viene de dos cosas: interno y externo. Interno, lágrimas. Externo, persecución. Entonces, él se dio cuenta de que el servicio conlleva dos cosas: humildad y sufrimiento. La humildad es básica al ser un siervo. Usted no puede ser eficaz como siervo a menos de que se vea a sí mismo como alguien más bajo que su amo, ¿verdad? Tiene que ser. Usted no se puede ver en términos de servicio honesto, a menos de que se vea a sí mismo en sujeción a aquel quien es su Señor. Y eso es básico. Y Pablo se vio a sí mismo de esa manera. Y él dijo: “inclusive en eso, me glorío.” Digo, ocasionalmente, él se jactaba y él decía: “yo sólo me glorío en el Señor. Yo no me estoy jactando acerca de quién es el siervo. Me estoy jactando acerca de quién es Aquel a quien el siervo sirve. Estoy emocionado simplemente por poder servir al Rey de Reyes.”

Entonces, ahí está algo que es básico para el ministerio de todo cristiano, hay una conciencia tremenda de que no es nada más, ni es nada menos que servir al Señor de señores Y al Rey de Reyes. ¡Qué llamado tan elevado! Es el llamado a Su recinto para ser Su siervo personal. Pero ese servicio involucra humildad. Esa es la razón por la que el apóstol Pablo da todas las listas de ministerios en Romanos 12. Él dice: lo primero que haces, no tienes un concepto más alto de ti mismo que el que debes tener. ¿Por qué? Porque si lo tienes, no te vas a someter como siervo.

En Primera de Corintios 3, permítame ilustrar esto al mostrarle cómo es que Pablo vio a su ministerio. Primera de Corintios 1, en primer lugar, los corintios se había dividido en grupos. Éste es el primer ejercicio de denominacionalismo. Y en 1 Corintios 1, ellos estaban teniendo todo tipo de problemas y contiendas y divisiones y peleas. Y la razón era porque se habían dividido todos en grupos. En el versículo 12, él dice, en 1 Corintios 1:12, ahora esto digo, a todos ustedes, dice: “Yo soy de Pablo, yo soy un paulino. Síganlo. Lo que Pablo dice, yo apruebo eso. Yo lo apoyo” Y alguien más dice: “y bueno, yo soy de Apolos: yo soy uno de Apolos. Y yo soy uno de Pedro.” Y después, estaban aquellos que venían y decían: “yo soy de Cristo,” y eran tan contenciosos como los demás.

Y después, Pablo dice: “¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” ¿Cómo es que se llegaron a dividir?” Pero ahí en el capítulo 3, versículo 5, él realmente hace una afirmación muy importante y se pierde a veces en la interpretación general de este pasaje, porque en cierta manera, es simplemente metida ahí.

Pero él dice: “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos?” Me gusta eso, él simplemente dice: ¿creen que somos salvos? ¿Quién soy yo? No soy nada. Si tuvieran algo preciado por aquí y quisieran simplemente depositarlo por aquí, el conducto por el que lo meterían no tiene nada que ver con ello. Simplemente, está allí. Pablo dice: “yo no soy nada. Simplemente, estoy ahí para que Dios se los haga llegar a ustedes a través de mí. No soy nada más que un canal, no hay gloria en mí.” “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos?,” Me encanta esto, sino “servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor.” No hicimos esto, nosotros simplemente estuvimos ahí, siervos, diáconos. Y esto significa servicio. Fuimos siervos, eso es todo. Y esa es la manera en la que usted tiene que ver su ministerio; porque para comenzar, como puede ver, entonces su fidelidad al Señor es básica, ¿no es cierto? Porque usted es un ciervo. Si usted no obedece al Señor, amigo mío, lo que usted haga nunca podrá compensar eso, porque usted básicamente es un siervo. Si usted no sirve, entonces, ¿qué hace usted? Eso es básico.

Entonces, él dice, somos siervos. Bueno, no somos nada, no somos nada. Y él tuvo el espíritu de siervo cuando él llegó a Corinto ahí en el capítulo, antes, en el capítulo 2, dijo: “no fui con excelencia de palabras o de sabiduría…” Tratando de mostrarles qué hombre tan maravilloso yo fui y usando todo tipo de palabras largas y todo tipo de conocimiento filosófico y realmente, impresionándoles, mostrándoles qué persona tan maravillosa yo fui. Simplemente, llegué ahí, “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” ¿Por qué? “para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios,” versículos 5. No estaba buscando seguidores para mí. Estaba buscando seguidores para Jesús.

Lo peor que un hombre jamás podría hacer es buscar y cultivar la lealtad para sí mismo. Eso únicamente cultiva las divisiones en la Iglesia. Lo único que le debería interesar a usted es ser un siervo tan fiel de Jesucristo que todo lo que usted hace en últimas apunta a Él. Pablo se vio, en primer lugar, entonces, como un siervo del Señor. En términos del tipo de servicio, el servicio de diáconos, ministerio y profundidad de servicio doulos. Él fue un esclavo y le encantó hacerlo.

En segundo lugar, y todavía repasando, el vio su ministerio hace la Iglesia también. Él conoció la prioridad hacia la Iglesia. Y dijimos ahí en el versículo 20 de Hechos 20 que hacia la iglesia, su ministerio fue visto como enseñanza, porque para Dios, fue servicio. Para la Iglesia, fue enseñanza.

Versículo 20: “y como nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas.” Ahora observe esto, él dice: “les he mostrado y les he enseñado.” ¿Qué ve usted ahí de nuevo, cuál es nuestra palabra para el liderazgo? Ejemplo. No es sólo decirlo, amigos. Es serlo. Es serlo. Ese es el corazón del liderazgo.

Entonces, el corazón de todo cristiano no es lo que él dice, es lo que él es. Esto es lo que hace la diferencia. Y Pablo dice: “ahora, les he enseñado y les he mostrado mi vida. Les he enseñado públicamente y de casa en casa.” Ahora, él aquí está hablando de su relación con la Iglesia. “No retuve nada que fuera útil.”

Usted pregunta qué es útil. Le voy a decir que es útil. Segunda de Timoteo 3:16: “toda la Escritura es inspirada por Dios y es,” ¿qué? “Útil.” Toda la Escritura. Entonces, Pablo les enseñó públicamente de casa en casa; enseño, enseñó, enseñó. ¿Qué fue útil? La Palabra fue útil y eso es lo que él enseñó. Y aquí está el hombre que dijo 2 Timoteo 3:16, entonces él debió haber conocido lo que él estaba diciendo. Para él todo en la Iglesia adoptó la naturaleza de la enseñanza. Cuando él escribió a Timoteo y le dijo cómo manejar su Iglesia, él le dijo: “simplemente, continúa leyendo el texto, explicando el texto hasta que llegue ahí.” Él más tarde le escribió y le dijo: “predica la palabra a tiempo y fuera de tiempo. Predícala cuando debes hacerlo y cuando no; simplemente, sigue predicándola.”

Y él enseñó en dos lugares públicamente, ¿se acuerda? En la escuela de Tirano y de casa en casa, él fue al hogar y reforzó lo que él estaba enseñando. Amados, el ministerio es enseñanza. El ministerio es comunicar la Verdad Divina. Pablo expresó esto en otro versículo en 1 Corintios 4 y no puedo llegar al punto sin mostrárselos porque es básico para este concepto en particular.

Pero en 1 Corintios 4:1, él dice: “así pues, téngannos los hombres,” en otras palabras, cuando los libros sean escritos y se escriba nuestro nombre, que ese diga que fuimos así. ¿Como qué? “Como ministros de Cristo,” ahí está la palabra servicio de nuevo, siervos de Cristo, “y administradores de los misterios de Dios." ¿Qué es un misterio? Es algo que estuvo escondido y ahora está revelado. Es la Biblia. Son muchos misterios revelados. Somos administradores de la Biblia. Si soy un ministro, soy un administrador de esto.

Usted pregunta qué es un administrador. Bueno, digamos que usted estuviera viviendo en el día de Pablo. Vamos a colocarlo en su contexto, y usted tuviera una casa bonita y algo de propiedad, tierra y algunos siervos. Y en esos días, las casas crecían debido a que, con frecuencia, los hijos se casaban y vivían en el mismo lugar. Y añadían un poco más a la casa.

Entonces, como usted sabe, la familia grande crecía en un terreno, en una parcela y digamos que usted tenía animales y tenía muchas cosas, muchos siervos, mucha comida. Y procesaban muchas cosas ahí que se llevaban a cabo. Tenía un negocio. Pero usted era el dueño de la casa. Y para mantener el negocio vivo, usted tenía que estar moviéndose. Usted le entregaba la supervisión de la operación entera a una persona llamada un administrador. Y este hombre dirigía todo. Él pagaba los sueldos a los empleados, él preparaba la agenda, él determinaba la prioridad de los trabajos. Claro que usted trabajaba con él, pero este hombre estaba a cargo cuando usted salía de la ciudad. Él se aseguraba de que nadie comiera demás para que no se quedaran cortos en la comida, porque en la mayoría de los casos, suplían, hacían provisión para su propio alimento. Él se aseguraba de que todo fuera administrado en una dieta equilibrada. Él trabajaba con el personal de la cocina, como también con la gente en los campos. Cuidaba de los animales, etcétera, etcétera. Él administraba todo.

Ahora, Pablo dice en 1 Corintios 4:2, “pero se requiere de los administradores que un hombre sea hallado fiel.” Ahora, usted puede entender eso, ¿no es cierto? Y si usted le entregaba su operación entera un hombre que no era fiel, realmente tendría un desastre cuando usted regresara. Y esa es la razón por la que el Señor enfrentó con tanta seriedad con el siervo a quien se le asignó una administración, ¿se acuerda? de un talento y lo sepultó. Él no administró aquello que se le encomendó para que administrara. Él no multiplicó aquello que le fue dado. Él fue infiel en su administración. Lo acumuló.

Y entonces, el administrador tenía que ser una persona fiel, digna de confianza. Digo, si usted no podía confiar en él, él podía robar del efectivo, él podía robar alimento, él podía arruinarlo bastante. Y entonces, él necesitaba ser fiel. Pero básicamente, su trabajo consistía en ser un administrador de algo que no le pertenecía. Él lo administraba.

Como un ministro, usted es un administrador. Yo soy un administrador. Usted pregunta de qué soy un administrador. Soy un administrador de los misterios de Dios. Soy un administrador de este libro. Dios ha dicho: “John MacArthur, te voy a dar este libro y te voy a dar a algunas personas,” y todos ustedes están sentados aquí en este momento. Y ustedes son un regalo de Dios para mí. Y Dios dice: “con este libro, alimenta a estas personas. Esta es tu administración. Ahora, Yo voy a estar en el cielo. Y voy a colocar Mi Espíritu dentro de ti, porque necesitas el Espíritu para hacerlo. Pero es tu administración y vas hacer responsable de cumplir con esto y quiero, más que cualquier otra cosa, que seas fiel.”

¿Sabe una cosa? Eso me ayuda a simplificar mi ministerio. ¿Sabe cuál es mi ministerio? Que este libro vaya de mi mano al corazón de usted. Ése es mi ministerio. Así es exactamente como Pablo vio a su ministerio para con la Iglesia. El ministro es un administrador del misterio de Dios o los misterios de Dios, entregar ese ministerio para que puedan aprender y sean alimentados y crezcan.

Usted dice: “bueno, me da gusto que no estoy en el ministerio, porque no quiero ser un administrador.” Usted es un administrador y usted está en el ministerio. Quizás, usted no sea un pastor, pero usted es un siervo del Señor, ¿no es cierto? ¿Acaso usted no tiene dones espirituales? Y el ejercicio de esos dones espirituales es su administración. Y si usted no lo hace fielmente, usted es un administrador infiel. Se nos han encomendado bienes que no nos pertenecen. Le pertenecen al Señor para que los entreguemos a otras personas para traer bendición a toda la casa.

Piénselo en un término simple. Usted es un padre. Usted vive en un hogar. Usted es un padre cristiano. Usted es un administrador de los misterios de Dios para su familia. Este es el libro que usted debe enseñarle a su familia. Si usted no lo hace, usted es un administrador infiel. Así de simple. Así es como toda la vida cristiana funciona. Somos administradores que estamos entregando lo que Dios nos ha dado a aquellos que están en necesidad y a aquellos que están bajo nuestro cuidado.

De hecho, específicamente un pastor tiene esta palabra de Pablo a Tito. Esto es Tito 1:7: “un pastor debe ser irreprensible como administrador de Dios. No obstinado.” En otras palabras, él debe darse cuenta de que él no está a cargo de su propia vida. Él entrega los misterios de Dios.

No lo puedo entender, y digo esto con tanta frecuencia, pero no puedo entender cómo es un hombre en el púlpito puede verse de cualquier otra manera que no sea alguien que entrega la verdad de Dios. Esa es la razón por la que creo que la única manera de abordar el ministerio es expositivamente, porque entonces usted va a entregar todo. Eso es lo que Pablo dijo en el versículo 27, aquí dice, “no he rehuido anunciaros todo”. Todo el consejo de Dios. Es cuestión de entregar el alimento como Dios lo encomendó para su cuidado.

¿Y sabe una cosa? Creo que entre más usted hace eso, menos divisiones tendrá. ¿Por qué? Porque usted se va a meter menos en el camino de lo que usted está enseñando. ¿Sabe una cosa? Yo no quiero creer algo que ni siquiera se acerque a representar a un seguidor de John MacArthur. Yo quiero crear seguidores de Jesucristo. Y si usted no puede verlo a Él a través de mí, entonces yo no he cumplido con mi trabajo. Realmente, no he cumplido con mi administración. Stott dice: “entre menos el predicador se coloca entre la palabra y el oyente, mejor es. Lo que realmente alimenta a la casa es el alimento que el dueño provee, ese es Dios, no el administrador que lo entrega. El predicador cristiano se encuentra satisfecho cuando su persona en oscurecida por la luz que brilla de las Escrituras y cuando su voz es ahogada por la voz de Dios.

Entonces, el administrador hábil, ¿qué hace? Bueno, él entrega el menú completo. Él no destruye de manera absoluta a su congregación con una dieta continua de lo mismo. Y no los engorda al darles muchas cosas que no pueden entender. Él presenta una dieta equilibrada. Ahora, este es el corazón de Pablo y esto es lo que Dios desea. Pablo ve su ministerio hacia la Iglesia y, ¿qué dijo? “No retuve algo que fuera,” ¿qué? “Útil”. Nada. Públicamente, de casa en casa, lo enseñé, lo viví, esa es la clave.

Sólo hay tres maneras de aprender la verdad. Sólo hay tres fuentes posibles de verdad. ¿Cuáles son? Bueno, una es la especulación humana. Eso es a la que la mayoría de la gente se inclina. Bueno, simplemente, creo que es verdad. Creo que, cuando oigo a alguien decir eso, ¿sabe una cosa?, siempre me pregunto cómo es posible que puedan ser tan torpes como para creer que lo que ellos creen, por lo tanto, es hecho creíble. Alguna vez oye usted a alguien que es entrevistado, usted sabe, los oye en esos programas de radio, estaba escuchando uno en los últimos días y decían: “bueno, yo creo…”, “Bueno, es mi opinión…” Eso realmente es algo que no tiene esperanza. ¿No sería terrible tener que decir eso enfrente de todo el mundo, lo que usted piensa? No es mucho mejor decir: “¿sabe una cosa? La Biblia dice…” ¡Oh, me gusta eso! Eso es autoridad.

Pero algunas personas colocan su credibilidad en la especulación humana. Es una arena cambiante de filosofía. No tiene peso alguno. Y después, hay otras personas que dicen: “no, no está en la especulación humana. La verdad es mediante la institución infalible de la Iglesia.” y los católicos romanos han tratado de hacer que la gente crea eso por mucho tiempo. Pero no todos estamos creyendo eso, ¿verdad? Que lo que es verdad va a ser afirmado como tal por el Papa. Y si lo dice, es verdad.

El Dr. Chriswell estaba viajando en un tren de Múnich to Zúrich, él es el pastor de la primera Iglesia Bautista de Dallas y después, él escribió este pequeño testimonio: “me senté con un monje católico, quien había sido criado en Detroit. Vivió los últimos tres años de su vida en Roma. Él era miembro de la orden benedictina y él estaba siendo preparado a lo largo de un curso de 15 años para servir como sacerdote.” Es un curso largo. “Y estuve dispuesto aprovechar la oportunidad, aunque dudaba un poco el resultado de la conversación. Como puede ver, acababa de leer un artículo editorial en una revista nacional famosa que hablaba de que cuando usted le pregunta a un católico romano acerca de su fe, sus respuestas son claras; pero cuando usted le pregunta a un protestante de su fe, sus respuestas son siempre vagas. Y yo pensé bueno, con este monje benedictino bien preparado, voy a estar en una desventaja terriblemente triste. Pero es mi oportunidad de intentar.

“Y entonces, comencé. El Papa acababa de presentar un discurso tremendo en Roma, en el cual él, anunció el hecho de que, cuando viniera el 1 de noviembre de este año, él formalmente promulgaría el dogma de la asunción corporal de María al cielo. Ella no murió, ella ascendió como Jesús. El Papa, en ese entonces, presentó un fuerte ataque en contra de aquellos en la congregación de los fieles que estaban discutiendo en contra de esta doctrina. El Papa estaba diciendo que él estaba proponiendo pronunciar el dogma y que cuando lo hiciera, y lo hizo, claro, eso inmediatamente lo haría verdad infalible. En cuestiones de fe y moral, el Papa está por encima de la imperfección y del error. Todo esto significaba que la persona católica romana tenía que creer en el dogma o ser culpable del pecado mortal.

“Comencé preguntándole al sacerdote cómo él supo que el dogma de la asunción corporal de María al cielo era verdad. Me respondió que era verdad porque la cabeza de la iglesia dijo que era verdad. Después, él me dijo, “debes tener fe”. Y me preguntó si no había recibido mis convicciones religiosas por fe. Yo le respondí: “sí, la recibí por fe, pero tengo una razón. Tengo una prueba por lo que creo.” Él me preguntó cuál era mi prueba. Y yo le respondí que tengo el Nuevo Testamento. “Y en el Nuevo Testamento, Jesús es visto de manera más clara en las páginas del libro que si yo hubiera estrechado las manos con Él y hubiera hablado con Él cara a cara.”

“Bueno, la conversación continúa y después, yo le dije: “¿qué pruebas tienes como para algo como la asunción corporal de María?” Sin poder responder esta pregunta más que el decir que fue verdad porque el Papa lo había dicho, pasamos de la discusión a otros puntos como la naturaleza. En cada tema, fuera que discutiéramos la concepción inmaculada de María, esto es que ella también nació virginalmente a su matrimonio con José, al santo Bambino o a la doctrina de la transustanciación, para mi asombro, él no tuvo otra base para su fe que el dogma promulgado por la Iglesia como fue mostrado por un Papa supuestamente infalible.”

Ahora, usted aquí tiene otra ilustración de otra fuente de verdad; y eso es mediante una fuente humana infalible. Ninguna de las dos sirve para mí. La única fuente real de verdad infalible es una revelación bíblica. Si Dios es verdad y Dios habla la verdad, entonces, lo que tenemos es Su verdad. Y por eso tenemos lo que necesitamos. Y si, amigos, todo lo que sabemos acerca de la verdad está aquí, básicamente, y si eso es todo, entonces, ¿por qué es que alguien en el ministerio no está enseñando esto? Pablo sabía lo que él tenía que hacer. Los hombres más nobles de Dios son los administradores que entregan la Palabra, así como las personas más nobles fueron los que estaban en Berea y fueron nobles porque escudriñaban las Escrituras diariamente.

Muy bien, en tercer lugar, hacia los perdidos. ¿Cuál fue la perspectiva de Pablo del ministerio? Hacia Dios, fue servir al Señor. Hacia la Iglesia, fue enseñanza. Y hacia los perdidos fue, en tercer lugar, evangelismo. Evangelismo, versículo 21. Ahora, Pablo vio su ministerio no sólo en referencia a los cristianos, sino hacia la gente no salva. Él sabía que tenía una obligación hacia el mundo, versículo 21. “Testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.” Y aquí usted tiene el Evangelio. Arrepiéntase del pecado y crea en Cristo. Eso es lo que él predicó a judío y a gentil por igual.

Sabe una cosa, si usted conoce 1 Corintios 9, que Pablo realmente estaba cargado por predicar, él dijo en 1 Corintios 9, “no me glorifiquen a mí, no me alaben por predicar porque necesidad me es impuesta y ay de mí sino predicar el Evangelio.” Esto es lo que Dios me ha llamado a hacer. Esto es lo que Él me ha dado a hacer. Esta es la pasión de mi corazón. Y él, en Romanos 9, estaba derramando lágrimas cuando él dice: “yo casi desearía que yo mismo fuera anatema, maldito, por causa de mi hermano y mis parientes en la carne, Israel.” Él realmente tuvo una carrera por los perdidos. En Romanos 1, él dijo: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor.” Él dijo: “yo estoy listo para predicar el evangelio en Roma también porque no me avergüenzo del Evangelio de Jesucristo.” El Evangelio es la historia de la cruz, la resurrección y el mensaje de salvación. No todo es el Evangelio.

Creo que los cristianos han utilizado eso como un cliché, ellos podrían decir: “bueno, predicamos el Evangelio,” usted sabe. Predicas un sermón o algo y dicen: “oh, gracias por predicar el Evangelio a nosotros.” Y yo digo que eso no fue el Evangelio. El Evangelio es: Jesús murió, resucitó, por nuestra justificación, ése es el Evangelio. Hay muchas otras cosas buenas que no son el Evangelio. El Evangelio es bueno, no salga y diga: “John MacArthur no cree en el Evangelio.” El Evangelio es bueno, y yo creo el Evangelio; pero no todo es el Evangelio, hay otras cosas.

Abraham salió de Ur a Israel, no fue el Evangelio. Eso simplemente fue Abraham yendo allá. Eso simplemente es algo más. Eso es historia. Pero todo no es el Evangelio. Entonces, no siempre diga: “bueno, ese es el Evangelio, o él predicó el Evangelio porque el Evangelio se relaciona directamente al plan de salvación, la obra de Cristo en la cruz y la resurrección.

Pero bueno, eso es lo que Pablo les dijo a los incrédulos. Arrepentimiento del pecado y fe ejercida hacia nuestro Señor Jesucristo. Ahora, ahí hay dos lados. Una pequeña nota, la palabra testificando ahí es un verbo compuesto y significa un testimonio completo detallado. Y creo que es importante señalar que la presentación de Pablo del Evangelio simple siempre fue minuciosa. Siempre fue completa. Nunca fue vaga, nunca hubo ingredientes que faltaran.

Ahora, hay dos lados en el mensaje del Evangelio. El lado negativo es este, arrepentimiento. Usted dice: “bueno, John, ¿qué significa arrepentimiento? Bueno, la palabra metanoia significa cambiar su mente. Significa estar cambiando una cosa e ir y pensar lo opuesto. No significa bueno, él se arrepintió, él cambió diez grados. No, significa ciento ochenta grados, ir de un extremo al opuesto, cambiar su parecer acerca de algo, evaluar a Cristo y revertir su evaluación. Y créanme, este es el primer aspecto en la experiencia del hombre de la salvación. No es el primer aspecto en la salvación. El primer aspecto en la salvación fue el llamado de Dios, el decreto de Dios. Pero el primer aspecto en la experiencia del hombre es cuando él de hecho se vuelve del pecado hacia Dios. Él se arrepiente de su pecado.

Ahora, hay algunas personas que dicen que el arrepentimiento no es necesario. Que usted puede ser salvo sin arrepentirse del pecado. Yo encuentro que eso es muy difícil de aceptar. Y la razón es bueno, múltiple, varios versículos. Lucas 24:47 me dice de la importancia del arrepentimiento. Dice esto: “arrepentimiento y remisión de pecados deben ser predicados en Su Nombre entre todas las naciones.”

Ahora, Jesús dijo, y esta es la gran Comisión, Jesús dice: “prediquen arrepentimiento y perdón a todas las naciones.” Y si no fuera importante, Él no habría dicho que fuera predicado a todo el mundo. Y si el arrepentimiento no fuera tanto parte de la salvación como el perdón, Él no la habría incluido en el mismo contexto. Y, de hecho, en Hechos 17:30, Pablo dijo esto: “Dios manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan.” Usted no puede ser salvo hasta que usted deja el pecado. La salvación tiene que cambiar su mente de vivir para el pecado, a vivir para Dios. Eso es lo que conversión. Y entonces, no creo que podemos decir que usted no necesita arrepentirse de pecado. Esa es la razón por la que algunas veces cuando presentamos a Cristo y le decimos a la gente que cree en Jesús y no entramos al área de arrepentirse del pecado, me pregunto si su salvación es legítima.

Ciertamente, si se han arrepentido en su corazón, lo es. Jesús, en Lucas 13:3, en una afirmación interesante, escuche, “os digo: no. Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.” Eso me parece que se oye como que el arrepentimiento tiene que estar ahí. En 2 Pedro 3:9, Dios no es incapaz de guardar Su promesa como algunos hombres lo son. Sino que es paciente para con todos, no queriendo que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Debe haber un volverse del pecado.

Ahora, el arrepentimiento, entonces, es el acto consciente del pecador en el cual él se vuelve de su pecado hacia Dios. Él está cansado de su pecado, se da cuenta de él. Y creo que involucra tres cosas: intelecto, emoción y voluntad. Permítame tan sólo señalar éstas. En primer lugar, creo que el arrepentimiento comienza con el intelecto. Usted tiene cambiar de mente. Usted tiene que cambiar su mente. Tiene que cambiar de parecer. Eso es lo que la palabra significa. Cambiar su mente. Ilustración de Hechos 2. La gente en Jerusalén acababa de matar a Cristo. Bueno, los romanos, de hecho, lo ejecutaron. Pero ellos lo mataron. Eso es lo que Pedro está diciendo en Hechos 2:23.

Pero bueno, ellos habían matado a Cristo. Bueno, ellos habían emitido un juicio. Estaban enfrentando pecado y dijeron: “juzgamos a Jesús como fraude, Él es no es nuestro Mesías.” Entonces, Pedro viene en su gran sermón de Hechos 2 y dice: “ahora, quiero que cambien su perspectiva acerca de Jesús.” Y entonces, él los coloca en una base intelectual, les da todos los hechos y todas las profecías cumplidas y todo eso; y eso es algo intelectual. Y en el versículo 36, se lo resume en Hechos 2: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” En otras palabras, aquí están los hechos, resumiéndolo, Él es Mesías sea lo que sea que piense. Eso es intelectual. Usted no se puede arrepentir hasta que conozca los hechos.

En otras palabras, usted está viendo en esta dirección y usted debe estar viendo en esta dirección. Tiene que saber que ver en esta dirección es la dirección equivocada hacia la que debe ver. Y entonces, él dice, intelectualmente, cambien su parecer acerca de Jesús. Cambian su evaluación. Dijeron que no era el Mesías, la evidencia es que lo es. Eso es intelectual. Cambien su parecer. Ahí es donde todo comienza. El arrepentimiento comienza ahí. Cuando usted es expuesto al Evangelio y llega al punto en el que usted dice: “creo que Cristo es quien dijo ser.”

Después, está la parte emocional. Y creo que en el arrepentimiento hay una respuesta emocional. Realmente, lo creo, porque en el siguiente versículo, en Hechos 2:37: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” Estaban realmente despedazados. Usted pregunta por qué estaban despedazados. ¿Porque Pedro se puso sentimental y predicó un sermón sentimental? ¡No, no! ¿Sabe por qué estaban despedazados? Estaban despedazados porque habían ejecutado a su Mesías. Estaban en oposición a Dios y eso los partió en dos. Lo sabían.

Y sabe una cosa, creo que en todo arrepentimiento honesto está esa reacción emocional interna. No todo el mundo irrumpe en lágrimas y llora por todos lados, pero está esa tremenda conciencia emocional de que usted ha estado viviendo en rebelión contra Dios. Lo emocional es parte de eso.

Pero después, en tercer lugar, es la clave, está la voluntad. Está bien tener lo intelectual. “Oh, muy bien,” “oh, tiene razón,” “oh, muy bien, tiene razón acerca de Jesucristo, estoy mal.” Y tener todas las emociones y sentir el dolor y todo eso. Pero lo tercero tiene que venir en algún punto y es la voluntad, ¿verdad? Como el hijo pródigo que dijo: “estoy aquí con los cerdos, eso no está bien. En la casa de mi padre tienen muchos recursos y me quiere. Me levantaré e iré a mi padre.” Y fue entonces cuando él se salió de donde estaban los cerdos y entró a la bendición.

Entonces, él tuvo que activar su voluntad. Él pudo haberse quedado ahí y contemplado su circunstancia todo el día. Él inclusive pudo haber creído que el padre tenía todos los recursos, pero él tuvo que ponerse de pie e ir. Entonces, el arrepentimiento involucra el intelecto, en donde usted sabe que ha estado en la posición equivocada, involucra las emociones en donde usted se duele debido a esto. Involucra la voluntad, en donde usted se vuelve y va en la dirección opuesta.

Ahora, permítame apresurarme para decir esto: usted no debe confundir el arrepentimiento con el remordimiento. Creo que la razón por la que algunas personas quieren sacar el arrepentimiento de la doctrina de la salvación es porque lo confunden con algo emocional. Totalmente. Creo que tiene emociones. Lo he dicho, pero no totalmente.

Remordimiento, usted sabe lo que es remordimiento. “Oh, usted sabe, todos pecamos. Yo pecó.” Y sabe lo que el remordimiento es; tristeza por las consecuencias del pecado. ¿Escuchó eso? Pero el arrepentimiento es condenar al pecado que trajo las consecuencias. El remordimiento es: “siento mucho que me sorprendieron.” El arrepentimiento es: “siento mucho que lo hice.” Es diferente.

Y sabe una cosa, algunas versiones no nos ayudan porque traducen Mateo 27:3, dice: “Judas se arrepintió.” Esa no es la misma palabra griega inclusive como metanoia. Bueno, ni siquiera la palabra arrepentirse. Es la palabra lamentar. Muchas personas hacen mucho de eso. Mucho remordimiento, pero no hay arrepentimiento. Judas nunca se arrepintió, ¿verdad? ¿Acaso él en algún punto se volvió e hizo otra evaluación acerca de sí mismo y acerca de Cristo, y dejó su pecado y se volvió hacia Dios y colocó su fe en Cristo? No. Él lamentó. Lamentó el desastre que él hizo de su vida, pero él lamentó, el remordimiento nunca lo salvó. Job conoció lo que fue el arrepentimiento. Él dijo: “me veo a mí mismo y me aborrezco y me arrepiento de cilicio y cenizas.” Él se volvió hacia Dios.

Bueno, el arrepentimiento verdadero, entonces, es de lo que estamos hablando y es lo que Pablo predicó: que un hombre, para venir al tiempo de la conversión, para venir a Dios, un hombre, para ser salvo, un hombre, para estar bien con Dios, en primer lugar, se le debe mostrar intelectualmente que está en una posición equivocada. Que va en la dirección incorrecta, que él está viviendo en rebelión contra Dios y él debe estar convencido de eso intelectualmente. Esa es la razón por la que debemos predicar el contenido del Evangelio.

Y después, el Espíritu de Dios va a convencer su corazón del pecado y va a agitar su emoción y el Espíritu de Dios, Juan 16, se mueve, entra y convence de pecado y de justicia y de juicio y después, él ejerce, en un acto de la voluntad, y se vuelve del pecado hacia Dios. Y entonces, el lado negativo de la salvación es el arrepentimiento. Y eso nos lleva al lado positivo.

El lado positivo es expresado por Pablo en el versículo 20 como fe hacia nuestro Señor Jesucristo. Usted deja el pecado, se vuelve hacia Dios. Después, coloca su fe en Jesucristo. Usted pregunta qué significa la fe en Cristo. Bueno, es como decir esto: yo soy un pecador, lo sé, lo veo. Estoy viviendo en violación de Dios. He estado haciendo la evaluación equivocada acerca de Jesús. Él es el Mesías. Él es el Salvador, Él es el Cristo. Él debe tener la autoridad en mi vida y voy a ejercer mi voluntad. Me voy a volver hacia Dios y volver hacia Cristo. Y cuando usted se vuelve ahí, entonces coloca su fe en Cristo. Esa es la convicción positiva de que el Evangelio es verdad y usted va a hacer que su vida dependa de Él. Eso es fe en nuestro Señor Jesucristo. Eso es creer todo lo que Él fue, todo lo que Él hizo y todo lo que Él dijo. Y de nuevo, esto es intelectual y emocional y un acto de la voluntad también, ¿verdad? Claro. Es lo mismo. Esas personas en ese mismo día, intelectualmente oyeron quién fue Él, se sintieron despedazados emocionalmente en el interior y Pedro dice: “¿qué están haciendo? Hagan esto: arrepentíos y bautícense en el nombre de Jesucristo.” Y lo hicieron, tres mil de ellos. ¡Tres mil!

Entonces, Pablo predicó salvación. ¡Oh, él sintió en su corazón que tenía que predicarla! Él se vio a sí mismo como un heraldo. En 1 Corintios 1:23 él dice: “predicamos el Evangelio.” Pero él usa la palabra kérussó. Somos heraldos. ¿Sabe una cosa? Heraldo es una palabra antigua. De hecho, en esos días, usted no tenía ningún diario o periódico. Entonces, cuando tenía que hacer un gran anuncio, usted contrataba al heraldo local y él iba ahí y usted ha visto esto históricamente. Él se paraba en una esquina y decía: “oíd, oíd.” Nada más que lo decía en griego. Probablemente, él decía: “Akouó, akouó,” o algo parecido.

Pero, de todas maneras, todo el mundo venía. ¿Por qué? Porque esta era una ordenanza nueva en la ciudad. Estaba por llegar un dignatario a la ciudad, iba a haber un acontecimiento especial. Bueno, sabe una cosa, los predicadores cristianos, simplemente, siguieron esa práctica. Llegaban a la ciudad, se ponían de pie ahí en el centro de la ciudad “Oíd, oíd, Jesús es el Mesías.” Eso era como el titular de la primera página. Eso es lo que era un heraldo. Y Pablo fue un heraldo del Evangelio. Públicamente, él llegaba a la ciudad, y como parte de su vida, él simplemente pronunciaba y anunciaba a Jesús. Como puede ver, ése fue su ministerio se los perdidos. Él fue un heraldo. Él fue un predicador. Un heraldo del Evangelio.

La tarea, entonces, del ministerio cristiano para Pablo fue un administrador. “Alimenta a la casa.” Pero también fue un heraldo. Anúnciale al mundo entero las buenas noticias. Amados, esto también es parte de nuestro ministerio: proclamarles a los perdidos que Jesús es el Salvador. Y creo que cualquier pastor bueno tiene que hacer ambas. Y cualquier cristiano bueno tiene que estar en sintonía en estas dos áreas. Enseñándole a aquellos que están bajo su cargo, como también proclamándole a aquellos que están fuera a Jesucristo. Pablo, entonces, proclamó la muerte, la resurrección de Cristo y llamó a la gente a una respuesta.

¿Y sabe una cosa? Y tengo que añadir esto también. Y esto es fácil. Creo que algunas veces, cuando pensamos en la soberanía de Dios y cómo los propósitos de Dios están todos establecidos y sellados y firmados y Dios sabe lo que Él está haciendo. Y decimos: “bueno, no necesito empujar demasiado a la gente y si están adentro, están adentro. Y si están afuera, están afuera. Yo voy a dejar que Dios haga eso.” Esa no es la actitud de las Escrituras en absoluto.

Segunda de Corintios 5, Pablo dice: “os rogamos en nombre de Cristo, reconciliados con Dios.” En otras palabras, él le rogó a la gente. Él le rogó. Jesús, inclusive lloró. Creo que tenemos todo derecho de persuadir a la gente. Esa palabra aparece una y otra vez en el libro de los Hechos. Usted por lo menos ya la vio cinco veces, seis, siete veces. Él los estaba persuadiendo, tratando de que ellos vinieron a Cristo. Y nunca debe haber una apelación sin una proclamación. Y nunca debe haber una proclamación sin una apelación. Cuando proclamamos la verdad, debemos hacer esa apelación.

Richard Baxter escribió un libro llamado El Pastor Reformado. Lo escribió en el año 1656. Y él dijo esto, y cito: “me asombro de cómo puedo predicar de manera fría, cómo puedo dejar a los hombres solos en sus pecados y que no voy a ellos y les ruego por causa del Señor que se arrepientan. Sin importar lo que me cueste, o el dolor o la aflicción que me cueste, rara vez salgo del púlpito con mi conciencia acusándome. No he sido más serio y apasionado de lo que debo ser. Me acusa no tanto por falta de adorno o elegancia humana, no por dejar salir una palabra no apropiada; pero me pregunta, ¿cómo puedes hablar de la vida y de la muerte con un corazón así? ¿Acaso nosotros no deberíamos llorar por personas así y acaso las lágrimas no deberían interrumpir tus palabras? ¿Acaso no deberías llorar fuertemente y mostrarles sus transgresiones y rogarles como un asunto de vida y muerte?” Fin de la cita.

Sí, creo que Pablo tuvo un corazón que tuvo la suficiente pasión como para rogarle a los hombres. Y en 2 Corintios 5, él dijo: “ahora, somos embajadores también, ¿no es cierto? El ministerio de reconciliación se nos ha dado para llamar a los hombres a Dios y necesitamos rogarles a los hombres que se reconcilien con Dios. La perspectiva, entonces, de Pablo del ministerio: hacia Dios, servicio. Hacia la Iglesia, enseñanza. Hacia los perdidos, evangelismo.

Finalmente, brevemente, hacia sí mismo, sacrificio. Él vio su ministerio en términos de un sacrificio de sí mismo y de su voluntad. Él sólo tuvo una razón para vivir. Ministrar. Eso es todo. La única razón por la que él vivió. Observe el versículo 22: “ahora, he aquí, ligado yo en espíritu,” y el término ligado en espíritu es interesante. La palabra ligado aquí es una palabra muy fuerte. Normalmente se refiere a cadenas o cuerdas. Él estaba atado, créanme, en esto. Él estaba bajo presión fuerte. Romanos 7:2, la misma palabra es usada para hablar de una obligación fuerte. Él estaba encadenado de manera absoluta a este cumplimiento. Él estaba encadenado y motivado a este deseo. Ligado en espíritu.

Ahora, algunos dicen que ese es el Espíritu Santo. Algunos dicen que su espíritu humano. Él simplemente está diciendo: internamente, estaba ligado por esto. No creo que importe porque fue ambos. Él fue un hombre lleno del Espíritu. Entonces, tanto el Espíritu Santo, como el espíritu humano probablemente, serían el mismo.

Pero Pablo estaba obligado internamente por ir a Jerusalén, “sin saber lo que allá me ha de acontecer.” El versículo 22 dice que él iba camino a Jerusalén porque él creía que Dios estaba metido en esto. Era correcto y él lo iba a hacer. Él se veía obligado a ir. Él tenía este dinero, tenía que entregárselo a los santos ahí. Él sabía que esto iba a ayudar a unir a la Iglesia. Era tan importante para él, como lo hemos visto.

Y él sabía que las cosas iban a estar difíciles. Él dijo no sé qué cosas me van a pasar ahí, “salvo,” versículo 23, “que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.” Usted dice: “bueno, ¿cómo que no sabes?” “Bueno, no conozco lo específico. Sólo sé en términos generales que voy a ser perseguido otra vez.” Y cuando él escribió el libro de Romanos, en el 15:31, él les dijo a los cristianos romanos, “oren por mí, me dirijo a Jerusalén y sé lo que va a pasar cuando llegué allí.” Pero él dice: “voy ligado y lo único que sé es que a donde quiera que voy, el Espíritu me está diciendo que voy a enfrentar aflicción.” Y era verdad.

Más adelante, en el capítulo 21, es interesante, él llega a Tiro y se encuentra con un profeta, Agabo, en el versículo 10. Y Agabo le da una pequeña lección de lógica. Toma su cinto y lo amarra y le dice: “¿ves eso? Eso es lo que te va a pasar cuando llegues a Jerusalén.” Una pequeña lección lógica ahí. “Y el Espíritu Santo me dijo eso,” dice Agabo. Versículo 13: “Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón?” ¿Por qué están llorando, que están tratando de hacer, entristecerme? Estaban todos diciendo: “bueno Pablo, esto es lo que te va a pasar cuando llegues ahí, oh Pablo.” Él dijo: ¿qué están tratando de hacer haciéndome sentir mal? “Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, más aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús.” Detengan esto. Voy a morir ahí. A él no le importaba su vida. Él dijo: “cadenas y aflicciones me esperan.” Está bien, adondequiera que voy, la gente me sigue diciendo esto. Y eso está bien. Como puede ver, él sólo tuvo una razón para vivir y eso fue para terminar el trabajo que Dios le dio. Él simplemente quería acabar e irse. Digo, si usted lo iba a hacer, y él lo hizo. Usted también querría morir.

Y sabe una cosa, aquí hay un pensamiento interesante. Lo más bajo, lo último en la lista de prioridades de Pablo fue la preservación de sí mismo. ¿Escuchó eso? Lo último. ¿Y sabe dónde está eso en la mayoría de nuestras listas? En primer lugar. “Bueno, yo me voy a esforzar por hacer eso, pero bueno, tengo que atender algunas cosas primero.” Sí, es como Jesús llamando a los discípulos. Y el hombre dijo: “bueno, tengo que ir a casa y sepultar a mi padre.” Su padre ni siquiera estaba muerto. Pero él quería quedarse ahí hasta que muriera para que pudiera quedarse con la herencia que le iba a dejar.

Como puede ver, siempre preservación personal. Pero para Pablo, fue lo último en la lista. Miren, dice él, no se preocupen por lo que voy a sufrir. Yo voy a morir si eso es lo que el Señor quiere. Simplemente, quiero hacer lo que Él quiere de cualquier manera. Esa es una combinación de fe y confianza.

Su única preocupación fue terminar la tarea, versículo 24. Simplemente, me encanta esto: “Pero de ninguna cosa hago caso,” digo, no me importa si en cada ciudad, ellos me siguen diciendo, inclusive por medio del Espíritu Santo, que voy a sufrir cuando llegue ahí, eso no me molesta, “ni estimo preciosa mi vida para mí mismo,” lo último en la lista: preservación personal. ¿Puede usted decir eso? Puede usted decir, sabe una cosa, no me preocupa lo que me vaya a pasar. No me molesta en absoluto, porque no me preocupa mi vida. Sólo tengo una razón para vivir y aquí está: “con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del Evangelio de la gracia de Dios.”

Él dice: estoy aquí por una razón y eso es para terminarlo que el Señor me dio que hiciera y después, me quiero ir. Y créame, así fue. Porque cuando llegó el tiempo cuando él terminó, él dijo: “Señor, por favor, toma mi vida, estoy listo para morir. Ya acabé.” Segunda de Timoteo 4. Eso es lo único para lo que él vivió. Lo último en lo que él jamás pensó fue en la preservación de sí mismo. La perspectiva total hacia sí mismo en el ministerio para Pablo fue sacrificio. Y sabe una cosa, esa es una palabra que probablemente no pertenece a ninguno de nuestros vocabularios, ¿verdad? ¿Puede usted encajar sacrificio en su vocabulario? ¿Cuándo fue la última vez que usted hizo un sacrificio de algo? Me refiero a algo -confort, dinero, tiempo, algo.

Sabe una cosa, vivimos en un tipo de tiempo de recreación en el cristianismo. Es una especie de recreación cómoda. El domingo nos vestimos con nuestra ropa de domingo y nos metemos en nuestro pequeño auto y cristianismo, ¿se da cuenta? Y sabe una cosa, la mayoría de nosotros vive su vida entera y el punto más grande, el punto más elevado de nuestro cristianismo es cuando vamos a un retiro, ¿se da cuenta? Todos nos vamos a la montaña en donde está nevando, escuchando a algún súper maestro de la Biblia y eso es a lo que estamos expuestos para las profundidades del cristianismo.

Ahora, es agradable ir ahí y escuchar a un maestro bíblico. Y espero que alguien venga, de lo contrario no voy a tener a quién hablarle este verano, pero quiero decirles que hay más en el cristianismo que eso. Si su cristianismo es una vacación, usted está en problemas. Pablo vio su vida hacia sí mismo como sacrificio. Él sólo vivió con una razón en mente y eso fue para terminar la obra que el Señor le dio que hiciera. Y eso es todo. Él dice: “quiero terminar mi carrera y el ministerio, ahora observe esto, “que recibí del Señor Jesús,” él dice quiero terminar mi carrera con gozo y el ministerio que recibí del Señor Jesús.

Escuche, si usted realmente cree que Dios le ha dado a usted el ministerio y que Él está en control de su vida, usted no se va a preocupar por morir, usted no se va a preocupar por nada. Usted lo va a tomar y lo va a invertir en Él porque usted sabe que Él está cargo de eso. Me gusta lo que dice acerca de bueno, está en Filipenses 2, simplemente un personaje oscuro, usted conoce su nombre, claro, Epafrodito. Pero dice: “Epafrodito, debéis de recibirlo.” Él les dice a los filipenses que reciban a esta persona, él es fabuloso. Versículo 30 de Filipenses 2: “porque por la obra de Cristo, él estuvo cerca de la muerte, sin importarle su vida para proveer la falta de servicio de ustedes hacia mí.” Este hombre sirvió al Señor y no pensó en su propia vida. El griego literal, parabola, él aventó los dados, él se jugó la vida. Él apostó que Dios estaba a cargo de su vida y él podía hacer cualquier cosa, inclusive cuando él estaba a punto de morir por su enfermedad. Él tuvo una enfermedad fatal. Y él continuó ministrando, porque él estuvo expuesto a apostar que Dios estaba en control de su vida y que él no iba a morir ni una milésima de segundo antes de lo que Dios había determinado. ¡Oh, me gusta eso!

La gente dice: “Oh, no debes excederte. Debemos comer, dormir y ejercitarnos de manera apropiada. No te excedas.” ¿Y sabe una cosa? Cuántas personas se acurrucan en sus comodidades. “Oh, hay un poco de dolor aquí, mejor no hago eso.” “Bueno, no sé si debo hacerlo en este momento.” “Oh, estamos cuidándonos de manera excesiva.” Nunca conocí a nadie que muriera por trabajar excesivamente en el servicio de Cristo quien no muriera en el tiempo de Dios. En el tiempo de Dios.

Usted debe arriesgar todo para que usted cumpla su ministerio. Y después, cuando termine, usted pueda irse y estar con el Señor. Esa fue la pasión de Pablo. Él dice: “yo no voy a preocuparme por lo que me hagan. Yo simplemente voy a terminar el trabajo. Cuando acabe, me voy a ir. Voy a acabar de predicar.”

Oh, amados, él vio a su ministerio en las perspectivas correctas. Servicio hacia el Señor, enseñar a la Iglesia, evangelismo a los perdidos y sacrificio hacia sí mismo. Bueno, él concluye con estas palabras y las veremos en mayor detalle de la semana próxima. Pero en el versículo 25, “Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el Reino de Dios,” eso significa todo acerca del gobierno de Dios en el mundo, “verá más mi rostro.” Él dice: “bueno, este es el adiós, hombres.” “Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos;” he cumplido mi responsabilidad, he declarado la verdad. Lo que ellos hagan con ella, es problema de ellos.

Y vamos a entrar en eso a detalle la próxima vez. “porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.” Cumplí mi ministerio hasta el máximo nivel con ustedes. La responsabilidad es de ustedes.

Escuchen, y quiero decirles algo, es emocionante pensar en que usted puede llegar al final de su vida y decir: “he cumplido mi ministerio.” O es emocionante pensar en que puede llegar al final de cierto tiempo y cierto lugar como Pablo aquí y ponerse de pie ante una congregación de personas o líderes y decir: “miren, me voy y lo que les pase, depende de ustedes porque yo les di la verdad.” Y sabe una cosa, eso es lo que un pastor debería decir y sólo Dios sabe, algún día yo podré decirles eso a ustedes: “me voy, pero me voy sabiendo que les he dado la Verdad. Ahora, lo que ustedes hagan depende de ustedes.”

Realmente, eso es lo que Pablo está diciendo. Pero la única manera en la que usted podrá decir eso en su ministerio es cuando usted lo vea de manera correcta hacia Dios, de manera correcta hacia la Iglesia, de manera correcta hacia el mundo y de manera correcta hacia usted mismo. Oremos.

Padre, gracias por las verdades que hemos aprendido acerca de Pablo. Sabemos que cuando él llegó al cielo, él oyó: “bien, buen siervo y fiel”. Porque eso es lo que él fue. Gracias Padre por lo que él nos dio por precepto y por lo que él nos dio por ejemplo. Ayúdanos a ser ministros fieles, administradores que entreguen a la casa las cosas de los misterios de Dios que son necesarios, todo lo que es útil. Ayúdanos también a ser evangelistas para los perdidos, predicando arrepentimiento para con Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo. Ayúdanos a vernos a nosotros mismos en términos de sacrificio, dispuestos a hacernos a un lado y a colocar nuestra propia comodidad y nuestra preservación personal en el último lugar de la lista. Ayúdanos a tomar la única vida que es breve, la única de las que tenemos que parpadea y usarla por causa de Jesús. Oramos en Su Nombre, amén.

 

 

 

 

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