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Esta mañana vamos para prepararnos para nuestro tiempo en torno a la mesa del Señor, a ver el onceavo capítulo de 1 Corintios, en dónde ya hemos estado estudiando la verdad que Dios tiene ahí, y hemos recibido gran beneficio, y normalmente como dije antes, compartimos la mesa del Señor un miércoles, pero debido al hecho de que este es el estudio para esta mañana, no pensamos que sería mala idea compartirlo también en esta mañana y lo hacemos con gran expectativa y gozo.

Comenzamos nuestro estudio el día del Señor pasado, de los versículos 17 al 34, este pasaje tan importante que todos nosotros los que hemos estado en la iglesia por algún período de tiempo conocemos en cierta manera debido al hecho de que habla de la mesa de comunión. Es presentado a la luz de su contexto esta mañana, creo que todos nosotros por lo menos hemos visto los versículos 23 al 26, una y otra vez en el pasado, pero quizás nunca lo hemos visto en su contexto en la situación como existió en Corinto, como existe en la actualidad, y extrayendo algunas verdades prácticas de lo que vemos aquí no solo algo de dirección positiva de esos versículos mismos.

Y entonces, llegamos a la segunda parte de nuestro estudio de la celebración de la cena del Señor, la última vez cubrimos los versículos 17 al 22, y esta mañana queremos ver lo que queda hasta el versículo 34. Pero en un sentido preliminar quiero llevarlo al sexto capítulo de Juan, si pudiera, simplemente para una mirada inicial a un pasaje muy importante que nos va a ayudar en nuestro entendimiento de la cena del Señor, conforme Pablo la explica en el onceavo capítulo de 1 Corintios. Juan 6:51.

En este sexto capítulo entre otras cosas el énfasis primordial se encuentra en el Señor Jesucristo presentándose a sí mismo al pueblo judío como el Pan de Vida. Y habiendo pasado algo de tiempo explicándoles eso, en cierta manera lleva todo a una conclusión comenzando en el versículo 51 en estas palabras, “Yo soy el Pan de Vida que descendió del cielo. Si algún hombre comiere este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo doy es mi carne, el cuál daré para la vida del mundo.”  

Ahora, aquí Jesús dice que Él es pan, y que Él es pan de vida, y que Él descendió del cielo. Una afirmación acerca de su deidad, y si algún hombre come este pan, él recibe vida eterna. Y después Él se refiere al pan como Su carne. Todo esto significa que Dios se volvió carne, encarnado en un cuerpo humano entró al mundo, y cuando los hombres se apropian, esto es lo que significa comer, cuando se apropian de Cristo reciben vida eterna. Él está hablando en términos físicos, pero tiene un mensaje espiritual. Recíbanme, aprópiense de mí. Recíbanme para satisfacer su alma como un hombre toma pan para satisfacer su estómago.

“Los judíos,” versículo 52, “por tanto, discutían entre ellos diciendo: ¿Cómo es que este hombre puede darnos su carne para comer?” Aquí están interpretándolo físicamente. “Entonces Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo, a menos de que comáis la carne del Hijo del Hombre y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.” Dos cosas, a menos de que puedan aceptar la encarnación, y acepten la muerte expiatoria de sangre, nunca tendrán vida eterna.

La vida eterna es cuestión de creer que Dios vino en carne humana, y que Él murió una muerte sustitutiva, expiatoria, sacrificial, por el pecado. Comer la carne significa reconocer y apropiarse de que Cristo es Dios es carne humana. Beber la sangre es aceptar y reconocer y creer y apropiarse de Su muerte sacrificial. En el versículo 54, “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y lo resucitaré en el día postrero, porque mi carne es alimento, mi sangre es bebida, el que come mi carne y bebe mi sangre mora en mí, y yo en él.”   

Ahora, aquí a partir de una metáfora muy física, o figura de dicción, pan, Jesús extrae la apropiación de sí mismo. Él le está diciendo a esos judíos: “A menos de que puedan aceptar el hecho de que soy Dios en carne humana, y acepten el hecho de mi muerte, nunca conocerán la vida eterna.” Comer su carne y beber Su sangre entonces no es literal, es figurado, para referirse a apropiarse de todo lo que Él era y es y ha hecho en la cruz. Ahora, escuche, cuándo usted fue salvo, usted hizo eso.

En un sentido espiritual usted dijo: Yo creo que Jesús es Dios, quien entró en el mundo en carne humana. Yo creo que Jesús derramó Su sangre como un sacrificio por el pecado, expiando por los pecados del mundo.” Y usted se apropió de esto. Cuando usted comparte en la comunión y usted toma el pan, y usted toma la copa, usted está simbolizando externamente esa apropiación espiritual. Conforme usted aceptó la deidad de Cristo y Su muerte sustitutiva sacrificial para usted espiritualmente, en su salvación, usted está declarando eso en el pan y en la copa.

Y entonces, la comunión entonces se vuelve un símbolo de vuestra salvación, del acto de nuestra salvación. Se vuelve una reconfirmación, se vuelve una reafirmación, por así decirlo, se vuelve una re-dedicación con nuestro acto de salvación, de creer y recibir a Cristo. Y entonces, es algo vital que compartimos. Y cómo vimos la última vez, la primera iglesia lo hizo un hábito de vida compartir en la cena del Señor como una señal, como acabo de decir, como un símbolo externo de esa recepción interna. Además, como un memorial. Como un memorial del que vivió y murió por ellos.

En tercer lugar, como una comunión, como una comunión viva, vital con Él. Y vimos eso en 1 Corintios 10:16-18, que cuando participamos de la mesa del Señor, literalmente tenemos comunión con Él. Él está presente, Él está aquí, tenemos comunión con Él. Y además la mesa del Señor es una proclamación, mostramos la muerte del Señor. Y entonces, es una declaración al mundo de que creemos que Jesús fue Dios en carne humana, quién murió una muerte sustitutiva, expiatoria por nosotros. Y, en quinto lugar, la celebración de la comunión es escatológica, es una gran esperanza. Jesús dijo: “Haced esto hasta que lo hagamos juntos de nuevo en el reino.” Y lo estamos haciendo esperando su regreso pronto.

Entonces, ésta es una experiencia sagrada, especial, seria, y creo que de adoración en la vida de un creyente. Y tenemos la obligación de tratarla con ese sentido de dignidad y honor como la celebración que merece. Eso es precisamente lo que los corintios no hicieron. Los corintios habían convertido la cena del Señor en una burla. Como vimos en nuestro último estudio, cuando vimos los versículos 17 al 22, habían pervertido la cena del Señor. Y ese fue el punto uno en el bosquejo, y vamos a cubrir los puntos dos y tres si quiere ver ese bosquejo que está en su boletín.

Vimos en la perversión de la cena del Señor, que estaban viniendo a la cena del Señor, borrachos, glotones, que los ricos se estaban llenando de una manera glotona, borracha, y reteniendo de los pobres de tal manera que no tenían nada que comer en la fiesta de amor que precedía a esa época, que cuando venían a la cena del Señor venían odiándose unos a otros, con divisiones y amarguras, y pecado no confesado. Y el resultado de todo eso está en el versículo 20, Pablo dice: “Cuándo se unen, por lo tanto, en un lugar,” aquí está el griego literal, “es imposible que coman la cena del Señor.”

Pueden tener algo que piensan que es la cena del Señor, pero esa es una imposibilidad debido a su actitud. Algunos de ustedes están borrachos, algunos de ustedes están privados, algunos de ustedes son glotones, algunos de ustedes se están odiando unos a otros, hay amargura, hay división, hay divisiones de clases, hay divisiones por puntos de vista teológicos, hay divisiones por toda opinión concebible dentro de la iglesia. No hay comunión real de los creyentes, no hay comunión real con Cristo debido a toda la pecaminosidad. Han profanado y abusado de la cena del Señor, y lo que están haciendo no es la cena del Señor. Lo que quieran llamarlo ustedes, no lo es.

Ahora, a partir de esa afirmación de la perversión de la cena del Señor, Pablo pasa a la segunda área. El propósito de la cena del Señor, comenzando en el versículo 23, el propósito de la cena del Señor comenzando en el versículo 23. Veámoslo. Esta es una presentación hermosa del significado de la cena del Señor. Y si usted ha sido cristiano por algún tiempo, sé que se ha involucrado con oír este pasaje, y quizás algunos lo han memorizado debido a su frecuencia. Bueno, lo que es tan hermoso acerca de esto es que una porción absolutamente, absolutamente hermosa de la Escritura, y está ahí a la mitad de una situación terrible, es como un diamante en medio de la suciedad. Simplemente la situación en Corinto era tan vil, y tan malo, y aquí en medio de esto Pablo presenta esta joya hermosa de la belleza y el propósito de la cena del Señor, aquí en medio de su problema.

Él dice al principio de este pasaje, esto es lo que están haciendo al final. Él dice, ésta es la razón por la que están siendo disciplinados, y él está tratando con los negativos en ambos extremos, pero en la mitad versículos 23 al 26, está la belleza del significado de la cena del Señor. Pablo era un maestro al presentar este tipo de cosas a la mitad de situaciones feas, y él lo hace aquí. Comencemos en el versículo 23: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he entregado.”

Deténgase ahí por un segundo. Yo recibí del Señor lo que también os he entregado. Lo que tengo que decirles no es opinión humana. Lo que tengo que decirles no es mi propia idea. Lo que tengo que decirles no es alguna tradición que ha sido transmitida de hombre a hombre, sino que lo que tengo que decirles los recibí del Señor, y se los entregué. En otras palabras, aquí está una realidad divina.  

Ahora, dice usted: Bueno, ¿acaso no todo lo que Pablo dijo fue inspirado por Dios? Sí. Pero esto es tomado directamente de las afirmaciones de Jesucristo. De hecho, es prácticamente cierto, y creo que usted va a encontrar a muy pocos eruditos conservadores que estarían en desacuerdo con esto. Es prácticamente cierto que 1 Corintios fue escrita antes que cualquiera de los cuatro evangelios, aunque los cuatro evangelios aparecen en su Nuevo Testamento primero en su orden, no lo son en términos de autoría cronológica en ese orden, no fueron escritos sino hasta un período más grande después de esto.

Entonces, aquí está realmente la primera afirmación de Dios impresa o escrita acerca de la cena del Señor. Para un entendimiento pleno de todo esto, usted necesita leer el relato de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, pero aquí está el relato más temprano de la institución de la cena del Señor. Y Pablo dice, fue directamente de las palabras de Jesús, Él mismo la instituyó. Hay dos ordenanzas de la iglesia, comunión y bautismo. Ambas fueron establecidas por el ejemplo de Cristo, y ordenadas, iniciadas también por Él. Y esto no es diferente.

Entonces, él dice: Esto es directo del Señor. Esta es Su cena. Él la ha instituido. Se da cuenta que en el versículo 20 dice, la cena del Señor, es Su cena. Ahora, veamos el versículo 23. “Habiendo recibido del Señor,” esto es, mediante comunicación directa de las palabras mismas que Jesús habló esa noche, él dice, esto es lo que yo recibí, “que el Señor Jesús, la misma noche en la que fue entregado, tomó pan. Y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: Tomad comed, este es mi cuerpo que por vosotros es partido. Haced esto en memoria de mí. De la misma manera, tomó también la copa habiendo cenado y dijo, esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, haced esto todas las veces que la bebiereis en memoria de mí, porque cada vez que comieres este pan, y bebieres esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.”

Ahora, aquí Pablo cita a Jesús. Esta es la razón por la que Él dice, “esta es la palabra del Señor la que les estoy dando.” Él cita a Jesús la noche en la que Él fue entregado, la noche antes de que Él murió. Y creo que es interesante, si usted ve el versículo 23, que él incluye eso, que el Señor Jesús, la noche en la que fue entregado tomó pan. ¿Por qué dice eso él? Bueno, porque él quiere colocarlo en la historia, quiere colocarlo en el contexto histórico, porque eso tiene mucho significado.

Dice usted, pero él pudo haberlo dicho en la tarde de la Pascua, o lo pudo haber dicho el jueves por la noche antes de la crucifixión. ¿Por qué dice, la misma noche en la que Él fue entregado? Porque el Nuevo Testamento hace algo muy interesante periódicamente, y eso es que presenta lo más glorioso, lo más glorioso, lo más maravilloso en contraste al trasfondo de lo más horrendo, de tal manera que, por contraste, la belleza es visible.

Por ejemplo, en Juan 13, lo que creo que es el pasaje más hermoso acerca del amor en la Biblia, junto a la historia de la cruz, Jesús lavando los pies de los discípulos. Entretejido a lo largo del pasaje en dónde Él lava los pies de los discípulos está el interludio de Judas quién está a punto de salir y traicionarlo. Y usted tiene a Satanás entrando en su corazón ahí a la mitad de todo esto.

Y entonces, el contraste entre el odio de Judas y la inmundicia del diablo, en contraste a la belleza y el amor de Jesús, lo hace aún más maravilloso. En la cruz, en dónde usted tiene a Dios el Hijo, muriendo por los pecados del mundo, alrededor de Él está el odio y la burla, y el rechazo, porque eso lo hace aún más hermoso. Y aquí en medio de la ordenanza más hermosa que el Señor jamás ha dado para la celebración de Su iglesia, en contraste a esto está la crueldad terrible, horrenda, cruel, de una traición. Pero eso le da aún más belleza en contraste a ese trasfondo oscuro.

Ahora, quiero que observe que esta no fue tan solo una noche común y corriente. No fue tan solo la noche en la que Él fue traicionado, no simplemente la noche antes de que Él fue crucificado, fue la Pascua la que estaban comiendo esa noche. Una vez al año los judíos celebraban la Pascua. La Pascua era una fiesta en la que conmemoraban y recordaban todo lo que Dios había hecho al librarlos de Egipto en el pasado.

Habían estado en esclavitud en Egipto por más de cuatrocientos años, recordarán, mediante una serie de plagas, la última de las cuales fue la muerte de los primogénitos. La única manera en el que podían escapar la ejecución del primogénito en sus casas, era matar un cordero, un cordero sin mancha, incidentalmente, del rebaño, tomar la sangre y colocarla ahí en el marco de la puerta. El ángel de muerte vendría y pasaría por alto la casa en dónde la sangre estaba. Esa es la razón por la que es llamada la Pascua.

Y Dios dijo: “Quiero que tengan una fiesta esa noche. Quiero que coman ese cordero. Quiero que coman yerbas amargas. Y quiero que coman pan sin levadura.” Y Él instituyó una fiesta que ha sido establecida desde ese entonces hasta la actualidad, por parte del judaísmo ortodoxo, inclusive algunos conservadores. Entonces, éste fue el punto alto realmente en la historia de la Pascua de Israel. Cómo puede ver, la Pascua para un judío celebraba el poder liberador de Dios. Era Dios como Salvador sacándolos de Egipto, y llevándolos a la tierra prometida. La cruz es equivalente para nosotros, en dónde Él nos saca de la esclavitud al pecado, y nos mete al Reino de Su amado Hijo. Es el mismo paralelo. Es Dios, el Dios liberador, salvador.

Entonces, ésta era la noche para celebrarla, incidentalmente recuerde que siempre Jesús fue crucificado en la Pascua. ¿Sabe por qué? Porque Él fue el sacrificio definitivo de la Pascua, Él fue el sacrificio definitivo de la liberación. Entonces, la noche antes estaban comiendo la cena. Y Lucas 22:7, nos indica que fue de hecho, la cena de la Pascua, no necesita buscarlo, pero puede buscarlo en otra ocasión.

Ahora permítame decirle como era. La Pascua comenzaba con una persona que presidía, puede ser el padre o podía ser un patriarca de la familia, o quien fuera. Pronunciaba una bendición llamada el kiddush, y no soy muy bueno en la pronunciación judía, pero en cierta manera así es llamada. Algunos de ustedes pueden ser mejor en eso, kiddush. Pero esa la bendición por la primera copa. Ahora, habían cuatro copas que eran tomadas o bebidas en la Pascua. Número uno era la kiddush, esa era la copa de bendición. Y siempre era vino tinto, vino rojo. Y claro, eso simbolizaba la sangre del cordero, en la Pascua en Egipto. Y la persona que presidia tomaba la copa y después la pasaba, y todo mundo tomaba y compartía. Eso era seguido por lo que usted en cierta manera llamaba, un entremés. Yerbas amargas mojadas en haroset. Usted tiene que decir, haroset para mejorar ese acento hebreo. Y tomaban las hierbas amargas, y las mojaban en el haroset, lo cual es una salsa de frutas, y se las comían.

Ahora, después de que eso se hacía, en cierta manera eso era preliminar, simplemente abrir el apetito. Después venía una explicación del significado de la Pascua, todavía esto es tradicional. La Pascua era descrita, debían comer un cordero porque era un cordero que Dios había prescrito que debía ser matado y la sangre debía ser rociada en la puerta. El cordero entonces era comido para simbolizar que Dios había pasado por alto a Israel en Egipto. Comían las hierbas amargas porque simbolizaba la amargura de su esclavitud. Comían pan sin levadura porque Israel estaba siendo redimido de Egipto, e iban a estar apresurados y la prisa demandaba que el pan no se echara a perder porque no podían hacer más una vez que estuvieran de viaje. Necesitaban ese tipo de pan sin levadura que se veía como una galleta grande de sal que duraría mucho tiempo.

Entonces, todo esto es explicado en la Pascua después de que las hierbas iniciales eran comidas y el vino, y después cantaban. ¿Y qué cantaban? Cantaban el Hallel, de lo cual obtenemos Aleluya, Aleluya. El Hallel es el Salmo 113 al 118. Y comenzaban cantando el 113, o el 113 y el 114, esos eran los himnos de apertura que cantaban después del significado de la Pascua. Ahora después que habían cantado un par de los salmos, tomaban entonces la segunda copa, la copa número dos. Después de la copa número dos, el líder tomaba el pan sin levadura, ese es digamos la especie de galleta grande, plana, el pan sin levadura, y él bendecía a Dios, él lo partía y se lo pasaba a todo mundo.

Y después comenzaba la comida. Le dije la semana pasada que las comidas siempre comenzaban cuando el anfitrión partía el pan, y después la comida de la Pascua era comida. Cuando la comida de la Pascua se acababa, oraba el anfitrión y después tomaba la tercera copa. De nuevo una copa de vino, oraba, y tomaban de ella. Después de eso cantaban el resto del Hallel, Salmo 115 al 118. Esa es la razón por la que los discípulos la noche, recuerde usted, en la que se instituyó la cena del Señor, dice que después de que habían, ¿qué? cantando un himno, salieron. Estaban cantando el resto del Hallel, eso era tradicional. Y después de que habían cantado todo eso, antes de que fueran despedidos, la cuarta copa era tomada, y esto era para celebrar el reino venidero.

Entonces, ahí estaban. Si usted estudia los evangelios con eso en mente, usted puede identificar detalle por detalle lo que estaban haciendo en cada punto en la cena del Señor, la Pascua. En algún punto a lo largo del proceso. En el punto de que el pan sin levadura era partido antes de la cena, Jesús tomó ese pan que simbolizaba el Éxodo, lo partió y dijo: “Este pan es mí,” ¿qué? “cuerpo.” Después de la comida Él tomó esa tercera copa, sabemos que fue después de la comida porque dice, “después de que habían cenado.” No significa, después de que Él había tomado primero, significa después de cenar. Él tomó esa tercera copa y dijo: Esta copa que para ustedes ha representado la sangre del cordero en la Pascua, ya no representa eso, esta copa es mi sangre la cuál es derramada por vosotros.”

Y mediante eso Jesús transformó la Pascua en la cena del Señor. Él dijo: Ahora, cuando quieran recordar, no deben recordar el Éxodo, no deben recordar Egipto, ya más. No deben recordar la Pascua cuando piensan en el Dios Salvador. Cuando piensen en Dios como libertador, deben recordar Mi muerte. La Pascua fue algo muy importante que Dios hizo para sacarlos de Egipto y en últimas llevarlos a Caná. Mi muerte va a sacarlos de la esclavitud a Satanás, y en últimas los va a llevar al cielo. La Pascua proveyó para ustedes únicamente una liberación física, Mi muerte proveerá para ustedes una liberación eterna y espiritual. Y cuando quiera un punto de contacto para Dios, como Salvador, para Dios como Libertador, no va a ser la fiesta de la Pascua, va a ser la cena del Señor.

Y entonces Jesús tomó esta hermosa fiesta de la Pascua, y la noche antes de que Él murió la convirtió en Su propia cena. Y ahora cuando nos reunimos no es para celebrar a Dios como el gran Libertador por lo que Él hizo en Egipto, sino que es Dios, el gran Dios Libertador, Salvador por lo que Él hizo en la cruz. ¿Lo ve? Se llevó a cabo una transformación. Ahora, quiero que observe algo, la iglesia católica romana, y creo que inclusive la postura de consustanciación de la iglesia luterana y demás, dice: “Este es mi cuerpo,” versículo 24, y el versículo 25, “este es el nuevo testamento en mi sangre.”

Y debido a un mal entendimiento del significado de estín, del verbo ser en el griego, han decidido que eso tiene que ser literalmente el cuerpo, y la sangre de Cristo, o en un sentido muy físico, o en una especie de sentido espiritual extraño. Eso no es lo que él está diciendo. La palabra, el verbo ser, estín, o sea cual sea la forma que quiera, singular o plural, frecuentemente es usada para significar, representa. Este cuerpo no es Su cuerpo, representa Su cuerpo. Esta copa no es Su sangre, representa Su sangre. Cuándo Jesús dijo en Juan 10, “Yo soy la puerta,” Él quiso decir, Yo, como un salvador y pastor de las ovejas represento una puerta al rebaño. Él literalmente no era una puerta.

En Mateo 13, cuando Él dio la parábola del trigo y la cizaña, Él dijo: el campo es el mundo. Él realmente no quiso decir que el campo es el mundo, en la parábola Él quiso decir que el campo representa al mundo. Y Él dijo: Las semillas buenas son los hijos de Dios, y la semilla mala son los hijos del maligno. Y claro, el mundo es y son en esos casos, simplemente significan representan. Es usada en un sentido figurado, metafórico.

Entonces aquí, esto representa mi cuerpo, este pan, Él dijo. Y ésta copa representa mi sangre. No era Su sangre, Su sangre todavía estaba en Sus venas cuando Él dijo eso. No era Su cuerpo, Su cuerpo todavía estaba sentado ahí cuando Él dijo eso. Entonces, no estamos hablando de cosas literales. Recuerde, eso es exactamente lo que los judíos pensaron en Juan 6. ¿Cómo vamos a comer su carne? No hay suficiente de Él para comérnoslo, pensaron. Entonces él dice, Pablo en el versículo 23, que el Señor Jesús tomó pan, y cuando Él había dado gracias, y eso es “eucaresteo,” en el griego, del cual obtiene usted la eucaristía, Él dio gracias, Él lo rompió y eso es para que todos compartieran de un pan en común. Él dijo: Tomad, comed. Esto representa mi cuerpo que es por vosotros. Esto representa mi cuerpo.

¿Qué quieres decir con eso Señor? El cuerpo para la mente judía representaba el hombre entero, el hombre total. La vida encarnada, total de Cristo. Este pan representa todo lo que Yo soy como Dios encarnado. El misterio de la encarnación está ahí. Desde el día en el que Él nació, hasta el día en el que Él murió, inclusive cuando Él resucitó, toda la encarnación está resumida en el término cuerpo. Dios en carne humana. Recuerden que Yo me volví hombre y sufrí, y fui rechazado y fui menospreciado y en últimas morí por ustedes. Pero todo, no solo Su muerte, en el pan no solo está Su muerte sino que toda Su encarnación. Éste es mi cuerpo, representa Mi cuerpo que es por vosotros. 

La palabra ‘partir,’ no, simplemente no aparece en los mejores manuscritos. De hecho, si usted lee con cuidado Juan 19, dice, que los soldados vinieron después de que Jesús estaba en la cruz, y se dieron cuenta de que Él ya estaba muerto y entonces no rompieron Sus piernas para que la Escritura se cumpliese que dijo: Y no, ¿qué? se quebrará un hueso de Él. Decimos, la sangre derramada y el cuerpo quebrado. No, el cuerpo nunca fue quebrado. Ni un hueso en Su cuerpo fue jamás quebrado. Este es mi cuerpo que es por vosotros.

Las dos palabras más hermosas en ese versículo son las dos palabras, por vosotros. Por vosotros. Él está diciendo, miren, que esto les recuerde, que esto represente el hecho que Dios se volvió un hombre por ustedes. ¿Por qué es que Dios encarnó? ¿para sí mismo? No. Para ustedes. ¿Por qué es que Jesús vino a este mundo y sufrió lo que sufrió? Por usted. ¿Por qué sufrió el odio, y la burla, el menosprecio, y las tramas de todas las personas que simplemente no podían tolerarlo? ¿Por qué pasó todo eso? ¿Por qué fue al Huerto? Noche, tras noche, tras noche derramó Su corazón en angustia. ¿Por qué sudó grandes gotas de sangre? ¿Por qué murió en la cruz? Por usted. Esa es la razón. Por usted. Este es mi cuerpo que vosotros es. Por usted. Que Dios tan increíblemente lleno de gracia, magnánimo, amoroso, misericordioso. Por usted.

Dice usted: Pero no lo merezco. Tiene razón. Todavía es para usted. Pero no lo quiero. Todavía es para usted. Si usted no escoge recibirlo ese es su problema, pero es para usted. Como puede ver, Jesús dijo: Miren, es para ustedes. Se van a acordar de eso. Todo lo que he hecho es para ustedes. Toda la vida de sufrimiento y angustia me prepara para ser un Sumo Sacerdote que entiende, que tiene empatía por ustedes para que puedan venir a Mí, puedan apoyarse en Mí, puedan oírme decir: Sí, entiendo, he estado ahí por ustedes. No necesito esto. Esto es por ustedes. Mi cuerpo es dado por ustedes.

La encarnación entera, amados, fue por ustedes. La razón por la que Él murió fue por ustedes. Él murió como un sustituto por ustedes. Él vivió para que Él fuera alguien que fuera compasivo por ustedes. Es correcto. Entonces, Él dice en respuesta a eso, van a hacer esto en memoria de Mí. Digo, debido a que Yo he hecho todo esto por ustedes, ¿podrían hacer algo por Mí? Usted tendría que decir: Sí, Señor, ¿qué? ¿Harían esto simplemente en memoria de Mí? Sabe una cosa, a veces me pregunto acerca del fondo más simple de la obediencia entre los cristianos. Estaba hablando con algunos cristianos recientemente y dije: Bueno, con éste individuo en particular, yo dije: ¿Hace cuánto tiempo pasó desde que has tenido comunión, la mesa del Señor? Oh, creo que cómo año y medio. Yo dije: Ese es un pecado, ese es un pecado. Eso es desobediencia.

Observe el versículo 24, Jesús dijo: “Haced esto.” ¿Lo escuchó? Haced esto. Ahora, o usted lo hace o no. Y si lo hace es obediente, y si no lo hace es, ¿qué? desobediencia. Háganlo. Dice usted: Pero, no lo tienes aquí lo suficiente. Entonces, hágalo en otro lugar. Hágalo en su casa. Hágalo en su estudio bíblico. Hágalo en su grupo de oración. Hágalo. Haced esto, Él dijo. Eso es bastante simple. Dijo Él, ¿hazlo en la iglesia? Dijo Él, ¿hazlo el domingo por la mañana? No. Él dijo: Haced esto. Haced esto. ¿Por qué? En memoria de Mí.

No sé si podemos entender la palabra memoria, de manera correcta, porque pensamos en recordar como algo, oh sí, me acuerdo. Uy, y pasó en el pasado. Los hebreos no pensaban en memoria de esa manera. Para un hebreo, recordar o tener memoria, ahora, atención, significaba traer a la plenitud de la mente consciente, la presencia del que usted estaba recordando. No es nada más, “Oh, sí, me acuerdo de eso. Eso sí, eso pasaba, usted sabe. Pasó unos dos mil años atrás. Él murió en la cruz. Me acuerdo. Estoy recordando Señor.”

No. Es remontarse ahí a ese acontecimiento y traer todo a la presencia de tal manera que estoy viviendo en la presencia consciente de Jesucristo. Cuando un hebreo se acordaba significaba para él que su mente total y alma y corazón estaban llenos de la consciencia de la realidad del que él recordaba. Jesús está diciendo esto: Y cuando lo hagas, que esté Yo presente en tu mente, consciente. No solo en Mi muerte por ti, sino Mi vivir por ti, Mi encarnación entera. ¿Vas a tener comunión con eso en tu mente, tu mente consciente?

Cómo puede ver, usted puede venir y beber de la copa y comer del pan, y si su mente está a un millón de kilómetros de distancia, usted ni siquiera ha recordado al Señor, sin importar lo que usted hizo. Hasta que usted haya hecho a un lado las otras cosas en su mente, y esté Él en su presencia consciente. Él dice: Tomen este pan, y cómanlo. Y háganlo, trayéndome a la consciencia de su mente, todo lo que he hecho por ustedes Mi vida entera. Después de todo, fue por ustedes, ¿van a tener comunión con esa realidad?

Versículo 25, “De la misma manera, por igual, después de la cena, él tomó la copa.” Esa es la razón por la que dijimos que esta es la tercera copa. Se había comido ya la cena, la cena de la Pascua. Él dijo: Esta copa es el nuevo pacto, diatheke, que es siempre traducido pacto, excepto quizás por un lugar en Hebreos 9, debe ser traducido de otra manera. Pero con esa excepción, es pacto, este es el nuevo pacto, o la nueva promesa en Mi sangre. Haced esto cada vez que lo bebiereis, en memoria de mí.

Ahora, aquí Él toma la copa y Él dice, esto representa el Nuevo Pacto en Mi sangre. El Antiguo Pacto fue ratificado por la sangre de, ¿qué? animales. El Nuevo Pacto es ratificado por la sangre de Cristo. Sabe una cosa, cuando usted firma un documento, usted lo ratifica. El presidente firma una ley, y se implementa. Cuando alguien le envía una póliza de seguro, o algunos papeles legales, o algún documento para vender una casa, o lo que sea, usted toma una pluma con tinta y con fluido, con tinta usted ratifica la promesa. Le prometen darle un producto y usted promete darles dinero, lo que sea. Prometen una póliza de seguro para que lo proteja a usted, y usted promete pagarles cuando lo que esa protección cuesta. Hay un pacto ratificado mediante fluido, mediante pluma.

En el Antiguo Testamento Dios le dijo a Israel, los voy a guiar a la tierra prometida, voy a pasar por alto su casa y no voy a ejecutar a sus primogénitos, si ustedes firman en la línea. ¿Y con qué firmaron? La sangre de un cordero en el marco de la puerta, y ese fue el fluido que ratificó la promesa. Dios, has Tú parte y nosotros haremos la nuestra. Y a lo largo de todo el Antiguo Testamento Dios continúa diciendo, tiene que ratificar la promesa en sangre, y sacrificaron animal tras animal, tras animal, tras animal, de tal manera que la sangre fluyó por la tierra de Israel a lo largo de toda su historia, conforme el pueblo continuó renovando la promesa, una y otra, y otra, y otra vez.

Y, de hecho, cuando los pactos eran establecidos en el este, en el antiguo este, no eran hechos al firmar su nombre ahí en la parte de abajo. Un animal era matado y la sangre era rociada en ambas partes, ambos eran rociados en sangre, como una señal de que usted iba a guardar su promesa. Un pacto, ratificado por sangre. Y Jesús dice: Hay un nuevo pacto. Dios está haciendo una nueva promesa.

¿Sabe cuál es esa promesa? Ya no es la antigua de la ley. Ya no es la antigua de que usted tiene que hacer este sacrificio, y este sacrificio, y aquel. Es una promesa totalmente nueva, aquí está. Voy a perdonar todos sus pecados, por siempre. Y eso era nuevo. Tenían que hacer sacrificios continuamente. Voy a hacer un sacrificio para siempre, y ese será Cristo. Y su único sacrificio, y su única ratificación por sangre, terminará el sistema sacrificial para siempre. Esa es una nueva promesa.

Dios dice: Les voy a dar promesa total para siempre. Les voy dar vida eterna para siempre, mediante la sangre de Cristo. Y fue como si en la cruz, Jesús estaba tomando su sangre y estaba firmando en la línea. Ese es el Nuevo Pacto, la sangre de Cristo. No la sangre de un cordero en un marco, en dónde Dios dice los voy a sacar de la tierra y los voy a llevar a la Tierra Prometida. Eso es temporal, y no es permanente, pero la sangre del Nuevo Pacto, en dónde Dios dice: Los voy a llevar al cielo, y voy a perdonar su pecado para siempre e incondicionalmente debido a Jesucristo, ese es el Nuevo Pacto.

Y entonces, Él dice, “La copa representa el nuevo pacto.” Ya no necesita usted regresar a la sangre de la Pascua. Regrese a la sangre de la cruz. Los hebreos, claro, repetidamente, repetidamente, repetidamente, derramaron esa sangre, repetidamente, una y otra, y otra vez y constantemente estaban diciendo: Lo siento Dios, me vuelvo a obligar a Tu promesa. He pecado de nuevo, por favor vuélveme a perdonar, aquí está mi sacrificio de nuevo, quiero obedecerte de nuevo, etc., etc. Pero una vez venimos en el nombre de la sangre de Jesucristo, y nos obligamos con esa promesa.

Pero sabe una cosa, cada vez después de eso, a lo largo de nuestras vidas que celebramos la mesa del Señor, estamos re-afirmando esa promesa. ¿No es cierto? Estamos tomando la copa y estamos diciendo, externamente renuevo mi compromiso, mi parte del acuerdo de salvación. Dice usted: ¿Y cuál es mi parte? Dios dice: Te voy a salvar. Te voy a dar vida eterna, te voy a perdonar tus pecados para siempre, si tú haces una cosa. ¿Qué es? Cree. Cuándo usted toma la copa usted está diciendo: Creo. Renuevo ese compromiso. Refresco ese voto. Reafirmo ese compromiso.

Y Jesús dijo: Haz eso. Dice usted: ¿Con qué frecuencia? Con frecuencia. Cada vez que la bebáis. Bueno, ¿con qué frecuencia debo beberla? Versículo 26, “Cada vez que comáis este pan, y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis.” Le voy a decir con qué frecuencia lo hace. ¿Con qué frecuencia le gustaría a usted proclamar la muerte de Cristo? ¿Con qué frecuencia le gustaría declarar su muerte? ¿Con qué frecuencia le gustaría a usted tener comunión con Su muerte? ¿Con qué frecuencia quiere usted reafirmar ese compromiso? Con esa frecuencia. Y cuándo lo hagas, recuerda mi muerte, recuérdame en la plenitud, la totalidad de lo que esa memoria significa, recuerda mi muerte.

Ahora, se dará cuenta de que no es solo una comunión, sino que es una proclamación, en el versículo 26, usted está mostrando la muerte del Señor al mundo, la está proclamando. El mundo ve la comunión y dice: ¿qué están diciendo? Y alguien dice: Bueno, así es como celebran la muerte de Jesús. Eso es correcto. Y la proclamamos y la proclamamos, y la proclamamos al mundo.

Si usted está aquí esta mañana y nunca ha recibido a Jesucristo, y se ha apropiado de Su muerte, nunca ha creído que Él es Dios encarnado, que Él murió una muerte sustitutiva, expiatoria por usted, entonces puede oír el mensaje que sale de esta mesa esta mañana, y comprometerse con Cristo. He oído de un par de personas que ya han recibido a Cristo en el primer servicio, porque el mensaje fue proclamado. Proclamamos aquí. También como dije antes, es escatológica, hasta que el venga, dice en el versículo 26. Nos mantiene viendo hacia adelante, hasta el día en el que lo hagamos con Él.

Entonces, no es una cosa simple venir a la mesa, recordamos lo que Cristo ha hecho. Y después, nos acordamos de Él en una presencia consciente, y refrescamos nuestro pacto y compromiso con Él, y tenemos comunión con el Señor viviente. Proclamamos el evangelio, y esperamos Su regreso. Todo esto en esta mesa. Este es un lugar especial. Y cuando venimos a ella, Pablo dice más vale que vengamos con actitudes especiales.

Veamos, número tres, la preparación para la cena del Señor. Y vamos a ver rápidamente esto, la preparación para la cena del Señor, versículo 27. “Por tanto, todo aquel que comiere de este pan, y bebiera de esta copa del Señor,” anaxios, o “indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor.” Él dice: Miren, es serio. Es importante. Si usted trata esto fuera de lo normal, como si fuera algo normal, usted se vuelve literalmente esa es la palabra ‘culpable’, responsable del cuerpo y de la sangre del Señor.” Si usted viene a esta mesa mal, de manera equivocada, usted es culpable de ella.

Ahora, ¿qué quieres decir, ‘de manera indigna’, John? Bueno, le voy a decir cómo puede venir usted de manera indigna. Los corintios lo hicieron, usted puede venir aquí está la manera en la que usted puede tratar la mesa del Señor de manera indigna. Número uno, al ignorarla en lugar de obedecerla. Simplemente al no hacerlo. Usted está diciendo: es irrelevante. No importa, no es importante. ¿Es correcto? No. Eso está mal. Eso es indigno por parte de usted e indigno hacia Él.

En segundo lugar, usted puede tratar la mesa del Señor indignamente, al hacerla una actuación en lugar de algo significativo, simplemente al hacerlo en lugar de entenderla. Le voy a decir otra manera en la que usted puede pervertir la mesa y venir indignamente, es al hacerla algo salvador, en lugar de algo en lo que usted tiene comunión, al pensar que le salva a usted hacerlo, en lugar de entender que únicamente hace que usted haga un compromiso fresco y tenga una comunión fresca con Cristo.

Otra manera en la que usted puede venir indignamente es al tratarla como una ceremonia en lugar de una experiencia personal. Y otra manera en la que usted puede venir indignamente es al tratarla a la ligera en lugar de tratarla seriamente. Si usted viene a esta mesa con alguna amargura hacia otro cristiano, en la manera en la que sea, con algún pecado no confesado, viviendo en algún tipo de pecado del que usted no se quiere arrepentir, y no quiere dejar. Si usted viene con algo menos que un pensamiento más sublime acerca de Dios, Cristo y el Espíritu Santo y la Palabra de Dios, si usted viene con algo menos que un amor total hacia los hermanos y hermanas en el cuerpo de Cristo, usted viene a esta mesa indignamente.

Y dice usted, ¿cuál es el resultado? Mire. Usted es culpable del cuerpo y la sangre del Señor. Dice usted: John, ¿qué quieres decir que soy culpable del cuerpo y la sangre del Señor? Usted contrae culpabilidad en referencia a Cristo. Usted literalmente está tratándolo de una manera indigna, y se vuelve culpable de ese tipo de maltrato. Usted está tratando la totalidad de la vida y muerte de Cristo indignamente, y usted va a ser culpable de eso. En otras palabras, Dios dice: Eres culpable de eso. Se vuelve culpable, es responsable.

Por ejemplo, un hombre que pisa una bandera, no solo pisa la bandera, él insulta a su país, se vuelve culpable de deshonrar a una nación. Y alguien que pisa con los pies de indiferencia o pecaminosidad el cuerpo y la sangre, como son representados en los elementos de la comunión, es culpable de deshonrar, burlarse, tratar con indiferencia e hipocresía, a la persona misma de Jesucristo. La manera en la que ustedes tratan esta mesa amados, es como ustedes están tratando a Jesús. Eso es lo que él está diciendo. Y eso me dice que es un encuentro muy real con Cristo aquí. De hecho, es tan real, que no reconocer la realidad y seriedad de esto, trae juicio.

Entonces, ¿qué hace usted? Versículo 28. “Examínese cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba de la copa.” La evaluación personal del hombre. Vea su corazón. Hay algo ahí que no debería estar ahí, la palabra aquí en el griego significa, una auto-evaluación rigurosa. Su vida, sus motivos, su actitud hacia el Señor, su actitud hacia la cena del Señor, su actitud hacia otros cristianos, asegúrese de que no es descuidado, no lo toma a la ligera, que no es indiferente, que no está entreteniendo el pecado, que no está siendo alguien que no se arrepiente, que se está burlando. Todo eso.

Y cuándo se haya examinado a sí mismo, entonces coma del pan y beba de la copa. Evaluación primero, ¿por qué? Porque el que come y bebe indignamente, come y bebe krima, en el griego. Debe ser traducido ‘disciplina’, no condenación. Esa es la peor traducción que jamás he leído de eso. Significa, ‘disciplina’. Katakrima significa condenación. Esa es usada en el versículo 32. Krima es una palabra menos intensa, significa disciplina.

Si usted come y bebe indignamente, usted va a comer y beber disciplina para usted mismo, porque no está discerniendo el cuerpo del Señor. En otras palabras, no está tratando la realidad de Cristo con seriedad, dignidad, y pureza y santidad. Usted no ve la seriedad y lo sagrado que es la cena del Señor, teniendo comunión con el cuerpo y la sangre de la Persona misma de Jesucristo, y lo trata con pecaminosidad, entonces literalmente es culpable de deshonrarlo, se vuelve culpable y responsable para ser disciplinado. Y usted va a ser disciplinado porque no ha pensado seriamente en lo que está haciendo. Usted no ha discernido el significado e importancia del cuerpo del Señor.

Ahora, a algunos les gustaría incluir en el término el cuerpo del Señor, también a la iglesia. Usted no está considerando seriamente a la iglesia, el cuerpo colectivo de Cristo. Eso puede estar latente aquí, pero en el texto la palabra cuerpo, siempre se refiere al cuerpo en sí del Señor. Y el resultado de ese tipo de disciplina, ¿qué hace? ¿cómo es que Dios nos disciplina? Bueno, en Corinto esto es lo que Él hizo, versículo 30, “debido a esto hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros. Y muchos duermen.” Y duermen es una metáfora para muerte.

El Señor dijo: Debido al abuso de los corintios de la mesa del Señor, algunos de ellos se habían debilitado. Algunos de ellos estaban un poco enfermos, algunos de ellos estaban muy enfermos, y algunos de ellos Dios los había matado. E incidentalmente el griego dice, un número suficiente estaban muertos. Y no se a cuantos Dios mató en Corinto, pero un buen número. ¿Por qué los mató? ¿Qué mal cometieron? La maldad de venir a la mesa del Señor de una manera irreverente. Usted tiene una pequeña idea en esto de la seriedad.

Yo en lo personal creo que Ananías y Safira que fueron ejecutados por el Señor debido a su pecado, probablemente fueron matados y ejecutados en un servicio de comunión. Eso sería muy, muy fuerte, ¿no es cierto? Probablemente cayeron muertos en un servicio de comunión porque eso es lo que la primera iglesia hacía cuando se reunía. Y no estoy seguro de que eso no es verdad en el caso de algunos cristianos que hoy día están débiles, otros enfermos y algunos inclusive han muerto debido a como han tratado la mesa del Señor, con indiferencia, pecaminosidad, lo que sea.

Ahora, él dice en el 31, aquí está el remedio. “Si se juzgaran a sí mismos, no serían juzgados.” Si se examinaran a sí mismos, no terminarían siendo disciplinados. La evaluación personal lo lleva de regreso al versículo 28, revise su corazón, revise sus motivos. Los corintios estaban siendo disciplinados por Dios, porque no se examinaban a sí mismos, no limpiaban su propia vida. En el versículo 32 él incluye un hermoso versículo, un versículo fantástico. Me gustaría que tuviéramos más tiempo, pero tenemos que apurarnos.

Pero alguien ahora va a decir: Hombre, esto es demasiado, hermano. No puedo oír esto. Voy a venir a la mesa y algo está mal y se acabó. Digo, ah, voy a terminar en el infierno. Digo, ¿qué está pasando? Me encanta esto. “Pero cuando somos juzgados,” él dice, “somos disciplinados por el Señor, para que no seamos Katakrima con el mundo.” Somos disciplinados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo. ¿quiere oír algo? Ningún cristiano, en ningún momento, bajo ninguna circunstancia jamás será condenado con el mundo.

La gente dice: Oh, ¿significa esto que voy a perder mi salvación? ¿significa que estoy perdido? No. Usted nunca será condenado con el mundo, porque corto de eso usted será, ¿qué? disciplinado por el Señor. Lo peor que podría pasarle a un cristiano sería la disciplina definitiva. Y, ¿qué es eso? Llevarlo a usted al cielo. Lo ve, eso no es tan malo. El punto del versículo, un versículo tremendo, el punto del versículo es: Mira, estamos siendo disciplinados por el Señor para que no seamos condenados con el mundo. Dice usted: Pero quizás el Señor no me va a disciplinar. “A quien el Señor ama, Él disciplina, y Él azota a todo hijo.” Todo cristiano está bajo la mano de disciplina del Señor, lo cual evita que él llegue a ser condenado con el mundo. ¿No es eso una gran verdad?

Entonces, no tenemos ese temor definitivo. No sé usted, yo preferiría estar con salud, feliz, y vivo por un rato. Entonces, quiero revisarme cuando vengo a la mesa del Señor.

Entonces, él cierra en el versículo 33 y 34 al decir, “Miren, hermanos, corrijan esa fiesta de amor. Cuando se congreguen esperen el uno al otro.” ¿Se acuerda de la semana pasada? “No se llenen antes de que los pobres lleguen y no haya nada para ellos.

Si tienen hambre vayan entonces a casa y coman, para que no vengan, no se congreguen y sean disciplinados. Y el resto de los problemas voy a corregirlos cuando venga.” No sé cuál fue el resto de los problemas, pero usted puede imaginárselo. Todo esto amado, simplemente para decir que Dios toma muy, muy en serio como se trata la mesa del Señor. Conforme nos reunimos en torno a ella esta mañana, confío en que usted se va a examinar, va a examinar su corazón como yo también examino el mío. Oremos.

Vamos a pedirle a nuestros diáconos que vengan conforme oramos y nos preparamos para servir. Padre, gracias por hablarnos a nuestros corazones, a mi corazón. Sé que hay algunos en medio de nosotros esta mañana que no conocen a Jesucristo como salvador, que no pueden participar a menos de que lo conozcan. Y oh, Padre, oro porque en estos momentos Tú abras sus corazones a Ti, que en este momento digan: Señor Jesús, quiero aceptar Tú encarnación, y Tú muerte sacrificial por mí. Hay otros cristianos Señor que no pueden participar debido a pecado no confesado, no arrepentido, y amargura o lo que sea. Que lo confiesen ahora.

Que examinemos nuestros corazones y así comamos y bebamos en el nombre de Jesús. Amén.

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