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Efesios 4:11 al 16: “Y Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”

Ahora, aquí tenemos un pasaje de las Escrituras el cual, para efectos de un sermón, hemos titulado perfeccionando a los santos. En el Sermón del Monte, Jesús hizo una declaración más bien contundente, estremecedora. Él dijo: “sed pues vosotros perfectos así como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”.

Ahora, eso realmente eleva el estándar muy por encima de lo que podríamos pensar. Nuestro Señor pidió de los judíos perfección. Ahora, esa real declaración realmente en una frase simple da la voluntad de Dios para los hombres. Dios quiere que seamos perfectos. El deseo de Dios, desde la caída del hombre, fue llamar a un pueblo redimido, a un grupo de personas redimidas para que sean perfectas. La perfección de los santos, entonces, es el plan redentor de Dios desde la eternidad pasada.

Ahora, ¿de qué estamos hablando cuando estamos hablando de perfeccionar a los santos? Permítame hacer algunas distinciones claras para comenzar. Hay tres tipos de perfección de las que habla la Biblia. La primera es la que llamamos perfección posicional. Perfección posicional. Esto es que somos perfectos en Cristo delante de Dios. 1 uno de Corintios 2:6, hemos estado viendo en nuestro estudio de 1 Corintios Pablo dice: “hablamos sabiduría entre aquellos que son perfectos.” Y ahí, él hace referencia a creyentes. Cuando usted creyó en Cristo, cuando usted lo recibió, posicionalmente, delante de Dios, a través de la salvación, usted se volvió a los ojos de Dios, perfeccionado en Cristo.

En Colosenses 2:10, las Escrituras dicen “y vosotros estáis completos en Él.” En Hebreos 10:14, el escritor dice: “porque por una sola ofrenda Él ha perfeccionado para siempre a los que son Suyos.” Entonces, desde el punto de vista posicional, esto es nuestra posición delante de Dios, somos hechos perfectos cuando creímos en Jesucristo. Cuando el pecado es pagado y quitado como una barrera entre nosotros, en Cristo somos hechos perfectos. El segundo tipo de perfección en la perfección definitiva. Esto es algo que todavía no hemos experimentado pero que experimentaremos en el futuro. En Hebreos 12:23 se refiere a la iglesia de los primogénitos, los que están escritos en el cielo, Dios, el juez de todos y los espíritus de los hombres justos hechos perfectos. Los espíritus de los hombres justos hechos perfectos. Lo que significa son santos que han sido llevados al cielo.

Ahora, cuando Pablo en Filipenses 3 habla de su muerte y su resurrección, él dice” no que lo haya alcanzado ya,” Filipenses 3:12, “ni que ya sea perfecto.” Él está viendo hacia adelante, hacia su perfección definitiva cuando sea como Cristo. Entonces, hay una perfección posicional, la cual es nuestra ahora. No necesitamos preocuparnos por esa, está hecha.

Hay una perfección definitiva la cual será nuestra en el futuro, por la cual no podemos hacer nada hasta que salgamos de este mundo. Y hay una tercera área de perfección y es la que llamamos perfección experimental. Y esta es la vida práctica día tras día de un creyente. Y éste es el énfasis que el apóstol Pablo quiere hacer en Efesios, capítulo 4. La perfección posicional, eso ya está cubierto. La perfección definitiva, eso será cubierto. En lo que debemos trabajar es en la perfección experimental. Éste es el punto de nuestra vida cristiana en el que nos volvemos perfectos en práctica.

Ahora, observe en el versículo 12, la razón por la que hay evangelistas y pastores maestros, así como hubo apóstoles y profetas es para perfeccionar a los santos. Ahora, observe eso. Esos hombres no podían hacer de su perfección perfecta, sólo Cristo podía hacer eso. Esos hombres no pueden hacerlo perfecto de manera definitiva. Sólo Dios puede hacer eso. Pero somos llamados a llevar a los santos a un tipo de perfección práctica; y de eso es de lo que trata este pasaje.

Ahora, la palabra perfeccionar merece nuestra atención. Es la palabra en griego contarkiso, la palabra de raíz. Significa estar totalmente equipado, crecido de manera plena, maduro, completo, total. Dios no está demandando de nosotros una perfección sin pecado. Si Él estuviera demandando eso, no podríamos cumplir eso y estaríamos en muchos problemas. Dios no está pidiendo que haya una perfección sin pecado. Pero Él está pidiendo una madurez completamente equipada que llegue al máximo nivel, madura, completa, que sea tan parecida a Cristo como sea posible en este mundo.

Dios está pidiendo que maduremos y lleguemos a la semejanza a Cristo, y amados, nada menos que eso satisface a Dios. Los estándares de Dios deben ser absolutos y deben ser elevados y Él, no se conforma con nada menos. Esta es la razón por la que 2 Corintios 7:1 dice: “debemos perfeccionar la santidad.” Ahora, en eso consiste esta época de la Iglesia. Y en eso se concentra en la Iglesia. Y en esto consiste el ministerio. Este es el propósito de la Iglesia, el propósito de su liderazgo consiste en llevar a los creyentes a la perfección.

Ahora, Dios usa muchas cosas para llevarlo a la madurez. Muchas cosas. Una cosa que Él usa, claro, es el Espíritu Santo. Gálatas 3:3 indica que usted habiendo comenzado en el Espíritu no podría nunca ser perfeccionado por la carne; y la implicación ahí es que sólo podría ser hecho perfecto en el Espíritu en el cual usted comenzó.

El Espíritu Santo es la persona divina de la Trinidad involucrada en la madurez de los santos, Gálatas 3:3. Entonces, la obra del Espíritu es madurez, madurar a los santos. Y otra cosa que Dios hace en su vida para traer madurez es que lo lleva a las pruebas. En Santiago 1:2, dice: “tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia; más tenga la paciencia su obra perfecta para que seáis perfectos y cabales sin que os falte cosa alguna.” Dios va a enviar pruebas para hacerlo madurar.

En 1 Pedro 5:10, dice que Dios va a hacerlo sufrir antes de que sea perfecto. Entonces, la obra del Espíritu es hacerlo maduro. La obra de las pruebas y el sufrimiento es hacerlo maduro. Y hay un tercer agente en su madurez y esta es la Palabra de Dios.

En 1 Pedro 2:2, dice: “desead como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada para que por ella crezcáis.” La Palabra de Dios es el agente de la perfección. En 2 Timoteo 3:16 dice “toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, maduro, enteramente preparado para toda buena obra.”

Muy bien, entonces el Espíritu Santo está trabajando en su madurez. Las pruebas y el sufrimiento están trabajando en su madurez. La Palabra de Dios está trabajando en su madurez, para hacerlo maduro.

Ahora, observe esto. Yo no necesito ayudar al Espíritu Santo, ¿verdad? Él puede cumplir Su propia obra. Él nunca me ha dicho: ‘John, ¿me podías ayudar?’ Él no me necesita, entonces yo no necesito estorbarlo. Y yo no necesito hacerlo sufrir y darle pruebas en su vida. Dios se va encargar de eso. Pero el área en la que estoy involucrado para perfeccionar a los santos es el área de usar la Palabra de Dios para llevarlo a la madurez. Y eso es lo que eso está diciendo.

Él ha dado evangelistas y pastores maestros a fin de madurar a los santos no por sufrimiento y pruebas, sino por el uso de la Palabra. El propósito entonces de todo lo que ocurre en su vida, la palabra, la obra del Espíritu, las pruebas, el sufrimiento, todas estas cosas deben traer madurez práctica y experimental para hacerlo maduro, para hacerlo que crezca completo, esté totalmente equipado.

Al final de la carta a los Hebreos, esta fue la bendición final, versículo 20 en el capítulo 13: “el Dios de paz que trajo de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran Pastor de las ovejas, mediante la sangre del pacto eterno, Él mismo os perfeccione en toda buena obra para que hagáis Su voluntad.” Ésta es la bendición. Pablo le dijo a los Corintios: “sed perfectos.” Ese fue el deseo, esa fue la mitad de la vida práctica del cristiano a través del ministerio del Espíritu, a través de las pruebas, a través del sufrimiento, a través de la palabra.

Ahora, hombres dotados entonces son dados a la Iglesia. Lo dice de manera clara. Dice en el versículo 12: “A fin de perfeccionar a los santos.” Los pastores maestros, los evangelistas, los que fundaron iglesias en tiempos bíblicos fueron los catalizadores para echar a andar la madurez de los santos hasta que el cuerpo entero fuera edificado.

Ahora, en este pasaje encontramos tres características enfatizadas acerca de la perfección. Veámoslas. Número uno es el progreso a la perfección. Número dos es el propósito en la perfección. Número tres es el poder de la perfección. El progreso a la perfección, versículos 11 y 12, muy simple. Algunos apóstoles, algunos profetas, otros evangelistas y pastores maestros. Creemos que eso se refiere a pastores maestros a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

Ahora, notará que hay progreso aquí. Paso número uno es este: los hombres dotados equipan a los santos. La palabra perfeccionar puede ser equipar o madurar, lo que sea. Él dio, dice el versículo 11, ¿quién dio? Cristo dio. ¿Qué dio? Algunos hombres, apóstoles, profetas, evangelistas y pastores maestros. ¿A quién? A la Iglesia. ¿Con que razón? Para perfeccionarla, para hacerla madura. Son trofeos de Su conquista sobre Satanás en la cruz. Son regresados a la Iglesia como dones, con el propósito de madurar y equipar a los santos.

Ahora, nuestras tareas, dadas a nosotros por Dios consisten en traerlos a ustedes, llevarlos a la madurez, llevarlos a un término de madurez, a un individuo totalmente crecido en Cristo y en la Palabra, amados, y nunca menos que eso. La gente me ha preguntado una y otra vez cuál es mi meta en el ministerio. Y casi cada vez que tengo una entrevista con alguien me preguntan cuál es mi meta en el ministerio. Y yo siempre digo que mi meta simplemente es llevar a los santos que Dios me ha dado a la madurez. No me interesa meter a más gente en este edificio de los que alguien más tenga. No estoy atrapado en alguna psicosis de éxito que dice que el éxito está basado en cuántas personas tienes. Eso simplemente no es bíblico.

Mi propósito no es llenar un edificio. Dios no dijo que Él ha dado a algunos evangelistas y pastores maestros para llenar el edificio. Este no es el propósito. Ni siquiera es para salvar a las personas. La obra de un evangelista, amados, no era simplemente traer a la gente a Cristo. No, no. Era llevarlos a la madurez en Cristo. No es un concepto bíblico el que un evangelista es un hombre con 50 sermones y 50 trajes que continuamente está viajando. No. El concepto bíblico de un evangelista es el mismo que el del pastor maestro. Él tiene la misma responsabilidad, la única diferencia es que él iba a áreas en donde Cristo no había sido nombrado. Y nuestra tarea dada por Dios no consiste en llenar un edificio.

Un joven vino a Spurgeon una vez y le dijo que tenía una queja. Que su congregación era demasiado pequeña. Spurgeon dijo ‘bueno, quizás es tan grande como quisieras dar cuenta por ella en el día del juicio.’ Una respuesta bastante buena. No era responsable por cuántos, era responsable por qué tipo. Mi responsabilidad como ministro del Evangelio, como maestro de la Biblia no es presentar un programa. La responsabilidad que yo tengo para con ustedes no es proveer el problema programa social más grande como sea posible en esta Iglesia. Mi responsabilidad para con ustedes no es asegurarme de que sean entretenidos. La tarea que tengo, dicha de una manera simple, es equipar a los santos.

Y amados, los apóstoles de la primera Iglesia entendieron esto. Hombre, lo entendieron de manera total. Simplemente, para darles un vistazo de lo que era esto en sus mentes, escuche lo que Pablo dijo en Colosenses 1:28, refiriéndose a Cristo como el antecedente a la palabra en quien, dice, “Cristo, a quien predicamos, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre y en toda sabiduría, dándole toda la sabiduría de Dios a fin de que presentemos a todo hombre perfecto en Cristo Jesús.” Pablo dijo: la meta de mi ministerio es madurar a los santos para edificarlos no sólo para que dejen de ser una multitud de bebés espirituales que están gritando ahí por todo el mundo, sino ganarlos y edificarlos para que todos maduren.

Hubo un querido Santo de Dios llamado Epafras. En el versículo 12 de Colosenses 4: “él es uno de vosotros, un siervo de Cristo. Siempre laborando fervientemente por todos vosotros en sus oraciones.” ¿Y por qué estaba orando? “Para que seáis perfectos y completos.” Ahora, él sabía cuál era el objetivo del ministerio. Él sabía cuál era la meta del ministerio. Pablo dice, como mencioné antes a los corintios en esta despedida al final de 2 Corintios: “finalmente hermanos, sed perfectos.” Hombre, este es un estándar alto, pero no hay otro estándar. David lo dijo bien. David dijo “estaré satisfecho cuando despierte a Tu semejanza.”

Amados, como ministro de Dios nunca estaré satisfecho hasta que vea a los santos llegar a la madurez. Este es mi llamado. Esta es la razón por la que enseñamos la Palabra de Dios. El llamado a ser evangelista, llamado a ser un pastor maestro no es un llamado a una profesión. Es un llamado a una pasión. Pertenecemos a la Iglesia, no para entretenerla, no para programarla, no para andar por todos lados, para disfrutar de un café y té con sus miembros, ni siquiera para organizarla, sino para llevarla a la madurez, a la perfección, a la madurez espiritual plena. Nada menos que eso, y todas nuestras energías deben estar concentradas en esta área.

Usted pregunta cómo equipo a los santos. ¿Cómo lo hago? Hay tantos hombres que no parecen estar haciéndolo. Eso es cierto. Hay muchos hombres en el ministerio que están mucho más preocupados con cuántas personas más tienen en lugar de estar preocupados con que estén maduros. Recientemente, estuve una conferencia de pastores y había algunas iglesias enormes representadas ahí, las iglesias más grandes de Estados Unidos de Norteamérica, sus pastores estaban allí. Digo, iglesias monstruosas con flotas y flotas de autobuses, usted sabe. Si usted llega demasiado temprano, usted corre el riesgo de morir por intoxicación de monóxido de carbono, con la flota de autobuses que llegan ahí. Pero no estoy en contra de un ministerio de autobuses. Puede ser muy eficaz. Pero simplemente, eran iglesias enormes de la parte del centro de Estados Unidos y me invitaron a ser uno de los oradores como alternativa. Eso es exactamente lo que dijo el hombre.

Pero bueno, me senté en un panel con tres de estos hombres. Yo era el cuarto en el panel. Y llegó la primera serie de preguntas. Y finalmente un pastor, quizás había 800 a 900 pastores ahí, uno se puso de pie y dijo que le gustaría saber cuáles eran nuestros hábitos en términos de estudio y preparación para nuestro ministerio en el púlpito. Y yo nunca olvidaré las respuestas que estos tres hombres dieron. Y usted los podría conocer si los nombrara. El primero dijo ‘bueno, yo leo la Biblia a diario’. Eso se oye un poco insuficiente. Pero él tenía un hábito de toda su vida de tener sus devociones diariamente.

El segundo hombre contestó que a lo largo de su vida había desarrollado el hábito de leer un buen sermón por semana, lo cual siendo interpretado significa que él se suscribió a la Espada del Señor o alguna otra publicación cristiana. El tercer hombre dijo, nunca olvidaré esto, dijo que no tenía tiempo de estudiar. Que Dios le había dado tantos ministerios y él sólo confiaba en Dios y que cuando se para a hablar, Él le diera las palabras. Buen usted sabe, eso es trágico.

Hubo un hombre ahí que era pastor de una iglesia del sur cuya Iglesia era supuestamente la Iglesia que estaba creciendo más rápida que cualquier otra en términos del porcentaje. Y le iban a dar un título de doctorado honorífico por el crecimiento de su Iglesia. Y así fue. Lo trajeron, le dieron su título de doctor honorífico porque su Iglesia había crecido de tantas personas a tantas otras más. Él estaba ahí y él estaba oyendo. Y yo era el cuarto en el panel y él preguntó cuánto yo estudiaba. No lo podía creer. Yo dije: ‘estudio entre 5 y 7 horas diariamente.’ Y ellos me miraron como pensando que yo era denso. Yo veo a la Iglesia como una escuela en donde las personas necesitan ser educadas para ser maduros, no sólo sermoncillos para cristianillos.

Entonces, este hombre que recibió el doctorado, no sabía esto, pero recibí un llamado de larga distancia unas semanas después y por el teléfono dijo ‘sabes, tu plática y tu sentarte ahí en el panel me impresionaron.’ Él dijo que tenía una Iglesia que estaba creciendo muy rápido, pero él dijo que no tenía la menor idea de cómo enseñar la Biblia. Si lo podía ayudar. Él dijo: ‘soy un hombre que está quebrantado de corazón porque no estoy haciendo lo que Dios quiere que haga.’ Todas nuestras energías deben concentrarse en una cosa: perfeccionar a los santos. ¿Cómo lo vas a hacer?

Permítame mostrarle lo que Pablo le dijo a Timoteo. Segunda de Timoteo 4:1: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en Su manifestación y en Su Reino, que prediques la Palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” Nuestra exhortación debe estar edificada en la doctrina. Debe continuamente existir la enseñanza continua de la doctrina sana. Así es como usted edifica a los santos.

En 1 Timoteo 4:6, Pablo le dijo a Timoteo: “Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.” Dales doctrina. Dales algo que los hará crecer. En 2 Timoteo 2:2, él dijo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” Constantemente reproduciendo creyentes maduros. Y para hacer eso, Pablo dice: “vas a tener que estudiar, “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” Debe haber un compromiso con la enseñanza y enseñar apropiadamente. Enseñar correctamente la Palabra de Dios.

Pablo le dijo a Timoteo de nuevo en 1 Timoteo 4:11: “esto manda y enseña.” Este es tu trabajo. Manda y enseña. Ninguno tenga en poco tu juventud sino sé un ejemplo. En otras palabras, que tu vida respalde tu mensaje. Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. ¿Sabe usted lo que esas tres cosas significan? Lee el texto, explica el texto y aplica el texto. Eso es enseñanza bíblica.

En el Antiguo Testamento lo hicieron, ellos leían el texto y daban el sentido. Explicaban su significado. “No descuides el don que hay en ti. Medita en estas cosas. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina.” Este es el corazón del ministerio.

Y claro, dije que la Palabra es la clave. Toda la Escritura es inspirada y es dada para que los hombres maduren. Esa es la razón por la que Pablo fue a Éfeso y dijo: “no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.” No he retenido nada que fuese útil para ustedes y toda la Escritura es útil. La Palabra es la clave. Éste es el corazón del ministerio, enseñar la Palabra de Dios. No evangelismo constante, evangelismo, evangelismo, evangelismo. Vas a hacer que tu congregación se estanque en la carnalidad. ¡Demasiada leche!

En Colosenses 3:10 dice esto: “vestíos del nuevo hombre que es renovado en cuanto al conocimiento:” los hechos, las verdades, las doctrinas de la Palabra de Dios. De la misma manera, Efesios 4:23 dice: “sino renovaos en el Espíritu de vuestra mente.” La gente nunca va ser capaz de funcionar en base a principios de Dios que no conocen. Es la Palabra de Dios lo que que trae crecimiento.

Cuando tuvieron un reavivamiento en el día de Nehemías, comenzó en el capítulo 8, versículo 1 con estas palabras: “traed el libro.” ¿Alguna vez leyó eso? “Traed el libro.” Tenemos un deber primordial que consiste en enseñar la Palabra de Dios para que ustedes maduren. Mi ministerio y el de cualquier otro es designado por Dios como evangelista o pastor maestro consiste en equipar a los santos. Ése es nuestro ministerio. Y mi tarea nunca ha terminado, siempre y cuando haya un individuo que permanezca en la infancia espiritual.

Por eso digo que nunca, nunca le he pedido a Dios que me dé más gente en esta Iglesia. Nunca. Nunca le he pedido a Dios que traiga más gente a esta Iglesia. Nunca lo haría. No he hecho discípulos de los que están aquí. Muchos de ustedes todavía no son maduros. Y es bastante aterrador ser responsable por ustedes. Hebreos 13 dice que tengo que darle cuentas a Dios por cómo trabajo. Por eso, Santiago 3:1, ‘dice dejen de ser muchos de ustedes maestros sabiendo que recibirán mayor condenación.’ Es una responsabilidad seria. Pero les digo que es una responsabilidad seria estar dándole de comer papilla a la gente todo el tiempo. Estar dirigiendo mal a las personas hacia programas sociales y todo tipo de actividades de la Iglesia y nunca enseñarles las cosas de la Palabra de Dios. Creo que los hombres van a dar cuentas por eso, porque creo que cualquier cosa que no sea un compromiso total con enseñar la Palabra de Dios, de llevar a los santos a la madurez, es una prostitución del ministerio. Esa es una declaración fuerte, pero lo creo. Podemos estar tan preocupados con tener bancas vacías.

Una dama vino a nuestra Iglesia y dijo que había dejado su Iglesia. Y yo le pregunté por qué se había ido. Y siempre me molesta, usted sabe, cuando la gente de la Iglesia porque manifiesta que quizás hay un problema o con la persona o con la Iglesia; y ambos son de mucha preocupación para Dios. Y le pregunté por qué se fue. Y ella contestó que porque tuvieron un concurso en donde pagaban $0.50 por cada persona que usted invitara y le pedían a las personas que se formaran en la mañana y le entregaban el dinero a las personas que traían a la gente que estaba sentada. ¿Le gustaría usted que le pusiera un precio de $0.50?

Si vamos a madurar a los santos, entonces tenemos que estar en la misma frecuencia apostólica y entonces tendremos que sentir la misma pasión que Pablo sintió. Tenemos que estar cautivados por su corazón. Esa fue su carga. Cuando él le escribió a los tesalonicenses en 1 Tesalonicenses 3:10 esto fue lo que dijo” noche y día orando continuamente para que viéramos Su rostro,” ahora observe esto, “noche y día este hombre oró para que podamos completar lo que falta en vuestra fe.”

Él tenía un objetivo: madurez, llevar a la gente a la madurez. Ahora, eso es lo que significa equipar a los santos, edificarlos, hacerlos estar completos y usted sólo va a ser completado conforme aprende la Palabra de Dios, conforme echa raíces en su vida, entonces en primer lugar, su mente debe ser renovada y después, su conducta responde en su mente.

Pero hay otro pensamiento. De regreso Efesios, capítulo 4, en donde dice “a fin de perfeccionar a los santos,” esto también puede significar algo diferente. Ahí se encuentra el pensamiento en la palabra que se puede referir a unir a muchos miembros dislocados. Así es como es utilizada en 1 Corintios 1:10. Él dice: “no quiero ver divisiones entre ustedes. Quiero que estén perfectamente unidos unos con otros teniendo una misma mente y un mismo parecer.” Y él dijo antes que él quiere que hablen lo mismo.

Ahora observe esto, perfeccionar a los santos significa dos cosas: una, llevar a los creyentes individuales a la madurez. Dos, unir a todos estos creyentes individuales en un grupo en armonía, unir a los miembros dislocados, unir a los santos, la vida del cuerpo de Cristo, el ministerio de los dones espirituales, las responsabilidades de comunión, de compartir, el orar unos por otros, el servirse unos a otros, el ministrar nuestros dones unos a otros, el restaurarnos unos a otros, el confesar nuestras ofensas unos a otros, el perdonarnos unos a otros, el amonestarnos unos a otros, el orar unos por otros; toda esta unidad es parte de perfeccionar al cuerpo total de Cristo.

Entonces, no es sólo buscar el traer a un individuo a la madurez, sino traer el cuerpo entero de Cristo a la madurez. Y creo que Pedro puede servir como ilustración.

Usted sabe, hay varias cosas que tienen que estar en el corazón de un hombre para hacerlo querer hacer esto. Una, es una preocupación por esta prioridad. Y a menos de que esta preocupación esté ahí, simplemente no sucede. En 2 Pedro 1:12, Pedro dice: “Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente.” Sí creo que es apropiado mientras que yo esté aquí en este tabernáculo el recordarles estas cosas. Pedro estaba comprometido con su madurez al punto en el que hizo seguir repitiendo las cosas de ellos ya conocían. Olvidamos, ¿no es cierto? Olvidamos. Yo continuamente olvido. Lo sigo haciendo, lo sigo haciendo, continuaré haciéndolo, versículo 15, para que después de que esté muerto ustedes nunca olviden estas verdades.

Cuando Pablo iba a dejar a los ancianos efesios en Hechos 20:36-38, ellos cayeron al piso y Pablo con ellos y lloraron y estos hombres estaban ahí abrazados a su cuello y lloraban y se aferraban a su cuello. ¿Por qué? Porque él les había dado la palabra y ellos nunca lo olvidaron. Y ellos nunca olvidaron lo que él les enseñó. Pedro sabía esto. Él sabía que esta era la prioridad. Y él dice lo he dicho, lo he dicho y lo he dicho y lo he dicho tanto y les he dado los principios con tanta frecuencia que los van a recordar cuando esté muerto.

Así me siento yo. Si algo me fuera a pasar, lo cual ustedes saben que eso sería parte del plan de Dios, oraría que ustedes recordaran algunas de las cosas que ustedes han aprendido porque las hemos repetido tantas veces. Es una responsabilidad seria. Y tiene que haber ese sentido de preocupación por cumplir con esa responsabilidad. Y tiene que haber un sentido de urgencia por llegar a la prioridad. Y Pedro dice ‘quiero hacer lo que importa’.

Drew Pearson relató una historia muy interesante que surgió de la guerra árabe-israelí. Fue cuando Lyndon B. Johnson era presidente y él estaba leyendo el periódico un día y leyó una historia escrita por Smith Hempstone. Una historia bastante patética acerca de cómo 50,000 soldados egipcios y prisioneros fueron liberados y perdidos en el Sinaí. Y estaban muriéndose de verdad. Cincuenta mil. Hempstone estaba volando en el desierto del Sinaí con un coronel israelí que reportó ver a egipcios con sus manos levantadas en sus cabezas en una señal universal de desesperanza. El coronel dijo que les daría todo lo que tuvieran, sus vidas, sus mujeres por una cantimplora de agua. Inmediatamente, el presidente ordenó a la fuerza aérea norteamericana a que llevaran aviones desde la base aérea de Wheeler de Libia, muy cerca del Sinaí, para que pudieran arrojarles grandes contenedores de agua y alimento a los 50,000 que estaban perdidos en el desierto. Y después, los burócratas entraron.

Y en el Departamento de Estado se decidió que la Cruz Roja internacional en Ginebra tenía que ser consultada. Se necesitaba un permiso para volar sobre el Sinaí y nadie podía entender quién iba a dar este permiso. La Cruz Roja de retrasó, finalmente llegó con una respuesta neutral, de regreso a los burócratas que decidieron que era demasiado peligroso, demasiado difícil encontrar a los hombres. La idea fue abandonada y sólo Dios sabe cuántos fallecieron. Eso es triste.

Pero les voy a decir algo, no es tan triste como las Iglesias que frecuentemente y de manera indiferente están concentradas en programas, quienes están atoradas en comités mientras que la gente se va al infierno. Usted nunca podrá ser satisfecho simplemente con funcionar. Usted sólo podrá encontrar satisfacción con ganar gente a Jesús y llevarlos a la madurez. Tiene que haber esa preocupación. Debemos operar en base a prioridades.

Y el trabajo es simple, escuche: equipar a los santos para que lleven el agua de vida a la gente sedienta. Eso es todo. No haga todo el evangelismo aquí. Equipe a los santos a que haganla obra. Este es el pulso del corazón del ministerio.

Muy bien, vayamos a la segunda característica. Primero vemos en el progreso a la perfección a los hombres dotados equipando a los santos. En segundo lugar, ahora observe esto, los santos hacen la obra del ministerio. A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio. Ahora, ¿quién hace el ministerio? Los santos. Muchas personas creen que el pastor tiene que hacer todo. Y eso no es lo que la Biblia enseña. Los hombres dotados no hacen la obra del ministerio. Se concentran en la Palabra. Ellos perfeccionan a los santos y los santos hacen la obra de servirse unos a otros.

En Hechos 6, usted se acuerda, que las viudas griegas no estaban recibiendo una porción adecuada de la comida estaba distribuyendo. Entonces, estaban reportando ahí a Jerusalén. ‘No estamos recibiendo lo que debemos recibir. Están favoreciendo a las viudas judías en Jerusalén.’ Entonces, los apóstoles dijeron ‘miren, no podemos aquí enredarnos con eso. Escojan a algunas personas para que hagan eso. Nosotros nos entregaremos continuamente a ¿Qué? Al estudio de la Palabra y la oración. Busquen a algunos santos para que lleven a cabo ese ministerio. Nuestra tarea consiste en equipar a los santos para la obra del ministerio y después, ellos lo harán.’

La palabra ministerio es diakonia, servicio práctico, ministerios espirituales. Todo cristiano debe ministrar espiritualmente. Todos ustedes tienen dones espirituales, ¿no es cierto? Todo creyente los tiene. Todos tienen llamados, administraciones en las cuales el Espíritu Santo preferiría verlo funcionar a usted. Cada uno de nosotros es llamado a servir. En Romanos 12, Pablo dice “si tienes un don úsalo.” ¿Alguna vez he leído eso en los versículos 3 al 8? Si tiene el don de profecía, profetice; si tiene el don de dar, de. Sea cual sea su don, úselo, ministre.

Al final de la primera carta de Pedro en el capítulo 4, cerca del final, él dice en el versículo 10: “cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros. Como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” Dios le ha dado un don, usted es un administrador de él, lo cual significa que usted no es el dueño. Usted sólo lo administra para Dios y si usted tiene ese don, úselo.

Si usted va a hablar, hable los oráculos o las palabras de Dios. Si usted va a ministrar, minístrelo conforme a la capacidad que Dios le da. Y ahí le da a usted las dos áreas de dones. Los dones de habla y los dones de ministerio. Sean cuales sean los que usted tenga, en la categoría que sea, si usted sabe cuáles son, úselos. Si usted no sabe cuáles son, descubra cuáles son y úselos. En esto consiste todo.

Todo cristiano tiene una tarea espiritual. Algunas personas no están sirviendo. No tienen ministerio. Estamos tratando de equiparlo para que usted esté capacitado para servir eficazmente. Yo creo durante toda semana, todo cristiano debe estar involucrado en ministerio, servicio de espiritual al cuerpo de Cristo. Sus dones no son para usted. Son para alguien más. Y si usted no los ministra, entonces alguien más no se beneficia. Usted sabe, si usted se remonta en la historia y estudia el libro de los Hechos, descubrirá que el cristianismo comenzó como un movimiento de laicos, ¿sabe eso? No había ningún profesional. Todos eran laicos sirviéndose unos a otros, testificando al mundo. Y de alguna manera, degeneró hasta que se convirtió en una especie de personas profesionales que están en el púlpito, financiados por espectadores laicos; y así es en la actualidad.

Y ahora, en cierta manera, eso es visto como una profesión y usted recibe un título al principio de su nombre y tiene algo especial para sus placas y recibe algún tipo de beneficio fiscal si está en este tipo de asunto y recibe una especie de cuello especial y es parte de una profesión. Y cuando una Iglesia quiere que alguien algo, normalmente salen y contratan a alguien para que lo haga.

No pasa una sola semana en la que alguien no me llame y me diga que necesitan que alguien haga esto y necesitan que alguien que haga aquello en nuestra Iglesia. Y necesitan que alguien haga esto otro. ¿Saben ustedes lo que yo siempre les respondo? ‘Bueno, ¿por qué no se fijas y ves si ya tienes a alguien que te ayude?’ Esta es la manera de hacerlo. Créame, no pueden preparar a sus propios líderes dentro de la Iglesia; ahora, puede haber ocasiones en que necesiten a alguien más. Pero si usted realmente no puede preparar a su liderazgo dentro de su iglesia, usted no está involucrado en perfeccionar a los santos. Vamos a equipar a los santos y como resultado de eso, ellos van a hacer el ministerio.

Entonces, limitar el ministerio a un grupo de personas selectas con títulos realmente estanca a la iglesia, estanca la causa del evangelismo en el mundo y le roba a los santos sus ministerios y estanca el verdadero crecimiento de la Iglesia. De hecho, McDonald dice que la distinción entre el clero y los laicos no es escritural y quizás el estorbo más grande para el esparcimiento del Evangelio. No hay tal distinción bíblicamente, ninguna. Simplemente, yo soy uno de ustedes. Resulto tener ciertos dones. Resulto manifestar ciertos dones de cierta manera, eso es todo. No soy diferente de ustedes. Yo tengo que visitar enfermos de la manera en la que usted también tiene que visitar enfermos. Yo tengo que trabajar y discipular a nuevos cristianos de la misma manera en la que usted tiene que hacerlo. Darle seguimiento a personas con problemas, consejería espiritual, oración, provisión física, mostrar amor, alcanzar a personas con el Evangelio. Ese no es mi trabajo, ese es su trabajo. Es todo el servicio de un cristiano y la Iglesia, es el lugar de preparación para llevar a los santos a la madurez en donde pueden ellos recibir preparación espiritual y puedan salir y ministrar. Nuestra tarea consiste en desarrollar a santos equipados bien preparados y verlos servir.

Hombre, usted sabe, es emocionante cuando usted ve el Nuevo Testamento y ve que eso sucede. Usted comienza con un hombre como Felipe. Comienza siendo un diácono y termina siendo un evangelista. Puede ver su madurez. Nosotros creemos aquí en Grace Community Church que debemos desarrollar nuestro propio liderazgo. Creemos que esto es lo que Dios quiere que hagamos. Cuando comenzamos por primera vez y cuando vine por primera vez a Grace, había un puñado de personas, personas fieles que estaban trabajando y vimos hacia el futuro. No sabíamos hacia dónde esto iba. No teníamos idea de lo que Dios iba a hacer. Yo no tenía ni idea. Fue la primera Iglesia que yo jamás había pastoreado. No sabía qué esperar ni tampoco muchas otras personas; pero yo sabía una cosa y lo que yo sabía era que quería que los santos hicieran la obra del ministerio. Y yo quería madurar a los santos para que ellos crecieran y llegaran a una más plenitud de ministerio. Hoy en nuestro personal tenemos a 23 o 24 personas y todos han salido de nuestra congregación, personas que han madurado, crecido y han probado ser fieles en el ministerio. Dios los ha llevado al lugar en donde ahora son sus maestros y sus líderes y sus siervos.

Cuando los santos equipados, amados, van a hacer la obra del ministerio. Si una Iglesia está teniendo problemas en hacer que su congregación funcione es porque la gente no está madurando. Ahora, podría ser pecado en sus vidas, pero podría ser una falla en no tener un ambiente de maduración. Si usted está enseñando la Palabra de Dios continuamente y usted la vive por ejemplo como también como por precepto, usted produce una atmósfera en la cual el crecimiento ocurre. Es como un invernadero. Y las cosas crecen y cuando crecen, comienzan a reproducirse. ¿Sabía usted que los adultos tienen bebés, no los bebés? Los bebés no tienen bebés, los adultos sí. Los santos maduros se reproducen. Los santos maduros son eficaces.

Muy bien, entonces perfeccionamos a los santos. Los santos van a desarrollar ministerios y créanme, hemos visto eso aquí. Es absolutamente emocionante ver los ministerios que se han desarrollado aquí. Me acuerdo cuando comenzó por primera vez nuestro ministerio de cintas. Un hombre se me acercó y me dijo que necesitábamos un ministerio de cintas. Y yo le dije que lo comenzara. Y así fue. Alguien se me acercó no hace mucho tiempo atrás, la señora Hall y me dijo que” necesitamos un ministerio para atender a la gente que está convaleciente. ¿Qué debo hacer?” Y yo le dije “si Dios lo ha puesto en su corazón, hágalo.” Y ella lo hizo. Y ahora hay todo tipo de gente ayudando.

Una de las cosas hermosas acerca de nuestra pequeña escuela dominical bíblica hace unas semanas atrás es que trajeron a los hermanos que no podían venir a la Iglesia por motivos de enfermedad de los hospitales en donde estaban convaleciendo en donde les han estado ministrando a ellos y organizaron un programa para ellos en el que los niños estuvieron involucrados. Y los niños hicieron sus pequeñas manualidades para regalárselas a estas personas. Bueno, ese es un ministerio que salió a partir de alguien que ha madurado y que quiso usar sus dones. Así debe ser. Yo no tengo que iniciar programas. Yo no he comenzado ningún programa.

Les conté de una ocasión en la que traté de comenzar un programa en Grace y fue rechazado de manera unánime; y me di por vencido. Y eso fue en el primer mes que estaba aquí. Y tenía este programa maravilloso. Y rápidamente, ellos lo rechazaron. Salí de ahí como perro con la cola entre las patas y pensé ‘bueno, debe haber otra manera.’ Y decidí que ya no iba a tratar ningún otro programa y que trataría de motivar a gente para que guíe esos programas y los lleve a cabo. Simplemente, voy a esperar hasta que la gente sea motivada por el Espíritu Santo.

Cuando era niño fui al circo, nunca lo olvidaré. Había un hombre ahí que tenía unos 10 palos y 10 platos. ¿Alguna vez ha visto eso? Un hombre trata de estar girando el plato en el palo y sigue corriendo al final porque uno empieza a caerse. Y usted sabe, esta es una ilustración perfecta de muchos pastores. Así es. Digo, han pasado horas desarrollando cómo mantener ese plato ahí en el palo. Hombre, quieren que ese bebé salga, quieren que eso salga y quieren encontrar algún plato que pueda girar en su palo; y entonces, gira por un rato y terminan así, motivando al hermano tal y tal. Y para ese entonces, ya al hermano se le está acabando la gasolina. Y se le acaba porque la motivación para hacer esas cosas no es interna. Fue algún tipo de obligación externa porque el pastor se los pidió. Cuánto mejor es sentarse y trabajar en madurar a los santos y dejarlos que ellos desarrollen sus propios ministerios. ¡Es emocionante! Y después, usted ve lo que Dios quiere hacer a través de las vidas de las personas y les da la libertad de expresarlo, la libertad de hacer lo que quieren hacer conforme Dios los dirige.

Ahora, la tercera cosa en el progreso es esto: los hombres dotados equipan a los santos, los santos hacen la obra del ministerio y la tercera cosa que sucede, el cuerpo es edificado. Al final del versículo 12: “para la edificación del cuerpo de Cristo.” Cuando todos cumplimos con nuestra parte, la Iglesia entera madura. El cuerpo entero madura. Cuando ministrarnos unos a otros, cuando servimos unos a otros, cuando usamos nuestros dones unos hacia otros, entonces el cuerpo entero crece para madurar y la voluntad de Dios es cumplida.

Ahora eso, amados, en el progreso de la perfección. Queremos una Iglesia madura, ¿no es cierto? ¿No queremos una Iglesia que esté en este mundo y representó a Jesucristo? Va a venir si equipamos a los santos y si los santos hacen la obra del ministerio y entonces, el cuerpo va a ser edificado y Cristo va a ser visible. Ese es el progreso a la perfección.

Número dos, los propósitos de la perfección, los propósitos de la perfección. Estos no son sólo propósitos, sino resultados. Porque donde hay propósitos divinos, también habrán resultados divinos. Lo que Dios quiere hacer, Él lo cumple. El primero, el primer resultado propósito es el versículo 13: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe.” La unidad de la fe. Dios quiere a una Iglesia unida. Dios quiere una Iglesia madura, trabajando, sirviendo, unida.

Ahora observe esto. Observe esto. Conforme todo creyente es edificado, hay una madurez creciente. El cuerpo entero se vuelve maduro y es uno. Y usted puede tratar todo lo que quiera por producir unidad. Usted puede luchar por crear unidad, hacer todo el esfuerzo que pueda; y nunca va a alcanzarla mientras usted tenga inmadurez. Pablo se lo dijo a los corintios: “ustedes son bebés. Son carnales. ¿No hay divisiones entre ustedes?” Siempre habrá división en donde hay infancia espiritual. Siempre habrá división en donde no hay madurez.

Entonces, cuando maduramos a los santos, viene la unidad. Los santos maduros son uno. Es algo que rompe en nuestro corazón cuando no se lleva a cabo ese proceso de maduración, porque entonces la Iglesia es fracturada y hay divisiones y hay grupos y está desconectada y el testimonio para el mundo es trágico.

Se me acercó esta mañana una joven que me dijo que estaba de visita. Su corazón está roto por las divisiones en su Iglesia. Me preguntaba qué debe hacer. Ella dijo que el pastor ha perdido todo compromiso con la doctrina y él está enseñando a enseñar de una manera superficial. Bueno, no hay nada que ella pueda hacer fuera de acercarse a él, porque si no existe la enseñanza sana de la Palabra para llevar a cabo la madurez, nunca existirá la unidad de la fe. Pero si está ahí y el cuerpo crece habrá una unidad que se manifestará en gozo para los creyentes y testimonio para el mundo.

En segundo lugar, en este propósito, él dice: “no sólo queremos que lleguen a la unidad de la fe por sino del conocimiento del Hijo de Dios.” Ahora, esto no es conocimiento básico. Esta es una familiaridad experimental personal profunda con Cristo. Queremos que realmente conozcan a Cristo. Queremos que realmente maduren al punto de que pueden explorar las profundidades de quien Él es. Pablo oró en Filipenses 3: “a fin de conocerle.” Él no quiso decir de manera superficial, él quiso decir de manera profunda.

Cuando los hombres dotados equipan a los santos, y los santos llevan a cabo la obra del ministerio y el cuerpo es edificado, habrá una unidad sobrenatural y habrá una comunión íntima experimental profunda personal con el Hijo de Dios. Es como Efesios 3:17, en donde dice: “oro porque Cristo se establezca y se siente en casa en su vida.” Katoikeso. Cristo se puede establecer y estar en casa en su vida; comunión íntima, profunda. Un cuerpo aprendiendo, un cuerpo sirviendo, la madurez llevará a la unidad y va a estar profundamente involucrado con Jesucristo.

Amados, ustedes que son maduros, ¿no reconocen cuánto más gozo es conocer a Cristo ahora de que cuando creyeron por primera vez? ¿Cuánto más satisfactorio es haber explorado las profundidades de todo lo que Él significa para usted? Esto es lo que Pablo está diciendo. Los resultados: unidad y conocimiento profundo del Hijo de Dios.

Otra razón, una tercera, “a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” El tercer resultado de la perfección es que nos volvamos como Cristo. Cuando maduramos, el cuerpo es edificado, somos uno, tenemos un conocimiento profundo de Cristo, nos encontramos a nosotros mismos siendo como Él, volviéndolos como Él. De hecho, en 2 Corintios 3:18 dice “conforme vemos Su gloria somos cambiados a Su imagen por el Espíritu Santo.” Entonces, entre más profundo nuestro conocimiento de Cristo es, más penetramos en quien es, mas somos transformados en Su misma imagen. Y note lo que dice en el versículo 3: “un varón perfecto.” La meta de todo creyente, la meta del cuerpo entero es ser maduro, llegar al crecimiento completo para que toda la Iglesia pueda representar un Cristo lo totalmente crecido. Nos ven a nosotros y evalúan a Cristo.

Dios no está satisfecho con que la gente solo vaya a la Iglesia. Él no está satisfecho porque sean personas decentes, respetables. Él demanda que sean hombres espirituales que han llegado a la etapa adulta espiritual, robustos, vibrantes, fuertes, que sean la imagen de Cristo y que la Iglesia de manera colectiva sea la estatura de la plenitud de Cristo. Usted mida la estatura de Cristo. Usted evalúe la plenitud de Cristo y usted sabrá lo que Dios quiere que Su Iglesia sea. Nada menos que eso. Nosotros debemos ser tan perfectos como Cristo. Ése es el deseo de Dios. Esa es nuestra meta.

Ahora, hay un cuarto resultado cuando el progreso es seguido. Versículo 14: “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error.” Lo que él quiere ver en nosotros como resultado de la perfección es unidad experimental, una comunión profunda permanente con Cristo, semejanza a Cristo y observe esto, el conocimiento de la sana doctrina. Cuando la Iglesia es madurada, entonces no estarán siendo arrastrados por doctrina falsa.

Observe el versículo 14. ¿Quiénes son los que realmente son llevados por doquiera de todo viento de doctrina? Los niños. Los niños. Son ingenuos, no disciernen. Me acuerdo en una ocasión estaba predicando acerca de este tema, y dije, me acuerdo cuando Matt era un pequeño niño y él estaba ahí arrastrándose en el piso. Él estaba gateando. No discernía. No sabía lo que era bueno para él y lo que era malo. Digo, simplemente se metía cosas en la boca y algodón en su boca y se metía clips y se metía alfileres y tachuelas; cualquier cosa que pudiera encontrar. Él no conocía la diferencia. Alguien se me acercó al final y dijo: ‘hombre, tu esposa debe ser una muy buena ama de casa.’ Entonces, ya no uso esa ilustración. Mi esposa es una buena ama de casa. Estábamos visitando a unos amigos.

Los niños no hacen ninguna distinción. No distinguen. Usted le pregunta a un niño qué quiere para cenar y si le da lo que quisiera, lo mataría en unos cuantos años. Cacahuates, helado, dulces, etcétera. Lo que usted tiene que hacer es asegurarse de que coma espinaca. Como puede ver, no puede entender, no puede discernir. Él es llevado por doquiera por todo viento de doctrina. Por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error.

Nuestro Señor quiere que estemos nutridos en las palabras de sana doctrina. Eso es parte de esto. Cuando la Palabra permanece en usted, usted es equipado. Usted es como 1 Juan 2:14 dice: “sois fuertes porque la Palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno.” Y muchos cristianos son arrastrados por la falsa doctrina porque son bebés, porque son infantes.

 

Satanás es inteligente. Observe la palabra estratagema. La estratagema de hombres, kubeia, literalmente significa jugar a los dados, trucos humanos, engañadores que atrapan a la gente. Eso significa un engaño de trucos. Ellos esperan engañar. ¿Sabe qué es eso? Eso es tramar un engaño. Esa es una definición hermosa de las sectas, hermosa. Walter Martin dice ¿no es asombroso que alguien que ha estudiado 90 días con los testigos de Jehová pueda desarticular al cristiano promedio en 30 minutos? Los cristianos deben ser fuertes para estar seguros de que están a salvo de la inestabilidad y la ingenuidad y la única manera en la que usted los va a proteger de la sana doctrina es dándoles la doctrina verdadera para que sepan quiénes son.

Entonces, el propósito de nuestro Señor aquí es tener un cuerpo de creyentes que conoce la Palabra, que permanece firme, que no es llevado por el viento de todos los vientos falsos y le digo que realmente están soplando vientos.

Finalmente, llegamos al último, el clímax, y el propósito: evangelismo. Un cuerpo edificado, unido, semejante a Cristo, fuerte, maduro va a vivir la verdad en amor ante el mundo con un profundo efecto evangelístico. Observe el versículo 15: “sino hablando la verdad en amor.” Deténgase ahí. Amados, uno de los propósitos de la madurez es que hablemos la verdad en amor. La gente dice: “bueno, tú sabes, el tipo de iglesia del que estás hablando es el tipo que no sale y gana almas.” No creo eso ni por un minuto. Yo creo que gente madura va a ministrar y evangelizar. Yo creo que esa es la consecuencia de su madurez. Lo creo.

Yo creo que la gente que es edificada en la fe, va a estar mejor capacitada para comunicar el Evangelio. Va a tener un motivo más fuerte para hacer eso. Van a tomar el ministerio que le pertenece a ellos. Le digo algo: cristianos inmaduros que están peleando, que están involucrados en divisiones no presentan una plataforma de credibilidad para el evangelismo. ¿O sí?

Bunion dijo “cuando todos sus atuendos sean blancos, el mundo entonces los considerará de Él.” Hind dijo “muéstreme una vida redimida y quizás crea en Su redentor.” Y lo que él está diciendo aquí es que podemos hablar la verdad en amor. Cuando somos maduros, la verdad va a salir en amor. Debemos hablar en amor. Me gusta el hecho de que debemos hablar la verdad en amor, ¿a usted no le gusta? Amorosamente.

Hay dos grandes enemigos de un evangelismo exitoso. Dos grandes enemigos del evangelismo: número uno, no hablar la Verdad. Ése es un gran enemigo al evangelismo, dejar la verdad. El segundo es indiferencia hacia la gente, una indiferencia fría hacia la gente en donde a usted no le importa.

Entonces, él dice “los santos maduros hablarán la Verdad y se van a preocupar.” Lo van a hacer en amor. Eso es evangelismo y ése es el resultado de una Iglesia creciente. Observe Hechos 2 en su mente. ¿Recuerda el pasaje? La Iglesia nació ahí. Tres mil personas entraron a la Iglesia el primer día. Se reunieron para orar, para tener comunión, partimiento del pan, comunión y la doctrina de los apóstoles. Iban de casa en casa y de casa en casa rompiendo pan y compartiendo y enseñando. No dice que llevaron a cabo ningún tipo de evangelismo. Simplemente, estaban creciendo y creciendo; y dice: “el Señor añadía a la Iglesia cada día.” Y usted avanza más adelante en el libro de los Hechos y ellos estaban exhortando y estaban enseñando la Palabra y el Señor multiplicaba la Iglesia. El evangelismo es un resultado de la madurez. Entonces, es muy importante seguir el patrón de Dios para hacerlo a la manera de Dios.

Ahora, vemos la progresión para la Iglesia. Obsérvela. Los hombres dotados equipan a los santos, los santos llevan a cabo la obra del ministerio, el cuerpo es edificado, los resultados de un cuerpo que ha madurado son: unidad, comunión profunda con Cristo, semejanza a Cristo, el conocimiento de sana doctrina y un evangelismo dinámico, amoroso que se preocupa por el mundo.

Ahora, para concluir, Pablo presenta verdades que hacen que todo esto sea cerrado, el poder de la perfección, el poder. Versículo 15, “crezcamos en todo en Aquel que es la cabeza,” esto es Cristo, “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”

Esto significa resumen lo siguiente: en últimas, es Cristo el que es la cabeza de quien todo el cuerpo funciona. El poder para todo esto no es nuestro, sino ¿de quién? Cristo. Todas las partes se unen debido a Su poder. Toda operación eficaz de cada parte se debe a Su poder. El incremento del cuerpo es debido a Su poder, la edificación del cuerpo en amor debido a Su poder. ¿De quién? ¿A quien se refiere ese quién? Versículo 15: Cristo.

El énfasis ha estado nosotros, concentrándose en nuestro esfuerzo, nuestro servicio, nuestra tarea, nuestra responsabilidad; pero aquí él regresa al verdadero punto, a la verdadera fuente, Cristo. Si vamos a edificar la iglesia con Cristo de la manera en la que Él lo está haciendo para que Él sea honrado, las Escrituras sean cumplidas y créanme, conoceremos la plenitud y el fruto como Dios diseñó que fuera para la Iglesia. Oremos.

Estamos agradecidos, Padre, por esta palabra clara en esta noche. Hablamos con valentía porque este es un texto valiente. No es opinión humana. Yo no daría mi opinión, Padre, sino sólo Tu Palabra. No queremos ser no amorosos hacia aquellos que no conocen esta verdad, aunque queremos exhortarlos y aquellos que la conocen, pero la desobedecen, queremos amonestarnos como hermanos.

Dios, amamos a Tu Iglesia. Amamos lo que Jesús ama. Él amó la Iglesia lo suficiente como para derramar Su sangre por ella. La amamos. Queremos que sea todo lo que Tú quieres que sea. Nuestros corazones están quebrantados y entristecidos porque está tan lejos de la meta de la perfección. Y entonces, nos preocupa.

Padre, sabemos que no podemos hacer todo; pero podemos hacer todo lo que tenemos fortaleza de hacer en Tu poder, para hacer de esta asamblea local todo lo que Tú quieres que sea. Guárdanos del maligno. Mantennos humildes. Nunca nos dejes caer en una actitud de jactancia como si conociéramos todo; sino que en nuestra humildad que tengamos la confianza de que ésta es la verdad. Y que hablemos con valentía a aquellos que necesitan conocer. Padre, que todo querido santo, todo hijo Tuyo que ha sido lavado en sangre acepte la responsabilidad del ministerio que Tú has dado.

Dios, ayúdame y a todos los demás que enseñan y guían, a todos los ancianos y líderes de esta Iglesia. Dios, ayuda a cada uno de ellos a ser fiel a este alto llamado de equipar a los santos. Que discipulemos hombres que a su vez puedan reproducirse. Ayúdanos a ser también reproductores. Te damos gracias porque todo esto es debido al Cristo glorioso, porque el poder es Suyo y no hablaríamos nada que Él no ha hecho. En Su Nombre bendito, amén.

 

 

 

 

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