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Esta noche regresamos a nuestro estudio del patrón de Dios para los maridos. Estamos hablando del diseño de Dios para el matrimonio y la familia. Y sólo quiero que sepan que no hemos terminado. Vamos a hablar de la crianza de hijos, vamos a hablar de la responsabilidad de los hijos, vamos a tomar inclusive un tiempo para hablar del tema de la soltería y de cómo eso encaja en el orden perfecto de Dios. Hablaremos del tema del divorcio y las segundas nupcias. Y antes de que terminemos, cubriremos temas muy, muy importantes. Pero por ahora, este es el segundo mensaje al hablar de las Escrituras con respecto a los maridos.

Pase en su Biblia a Efesios capítulo 5. Efesios, capítulo 5. Y comenzando en el versículo 25, tenemos instrucción directa para los maridos. Y estaremos viendo ese texto en particular en esta noche. Pero para comenzar, se ha hablado mucho y se ha escrito mucho acerca del impacto trágico del movimiento feminista. Ha impactado de manera negativa a los matrimonios, ha devastado a las familias, ha destruido a las mujeres a nivel individual. Ha creado caos a nivel social, a nivel moral. Y es apropiado asegurarnos de que la gente entienda el impacto trágico del feminismo. Y hemos hecho eso en este estudio en particular hace algunas semanas atrás. De manera clara, es un ataque pecaminoso y satánico en contra del diseño de Dios para la felicidad y la prosperidad de la humanidad.

Pero mientras que estamos hablando de lo que está mal en el área del feminismo, de lo que está mal del lado femenino, no podemos ignorar el fracaso de los hombres, el fracaso en no seguir y cumplir su responsabilidad como Dios la ha diseñado. Ellos también han pervertido su rol, su función, han pervertido la función que Dios ha diseñado para ellos. No hay duda al respecto, de hecho, cuando las cosas salen mal en un equipo deportivo, el entrenador es despedido. Él es el líder y el éxito es su responsabilidad. Cuando baja la utilidad de manera seria en una corporación, se reemplaza el presidente. Cuando las cosas no salen bien en la Iglesia, el consejo busca un nuevo pastor. Esa es la naturaleza del liderazgo. Si las cosas no van bien, usted va al líder. El líder toma la responsabilidad, en últimas, por el éxito y por el fracaso. Y vemos a lo largo de toda nuestra sociedad.

Y ciertamente en el hogar, la responsabilidad termina con el padre, con el marido; y si todo no está bien, la medida más grande de responsabilidad de todo eso bien puede estar en las manos del líder, el padre. Por diseño de Dios y por la voluntad de Dios, expresadas claramente en las Escrituras, el hombre es la cabeza del hogar, él es el líder, él es el que lleva la responsabilidad del éxito del matrimonio, el éxito de la familia y el bienestar de toda persona involucrada en esto.

Entonces, debemos decir lo que debemos decir acerca del movimiento de liberación de las mujeres; y debemos decir y hablar del feminismo y lo que está propagando. Y debemos hablar del ataque satánico en contra de la función apropiada de una mujer. Tampoco podemos ignorar el tema de la responsabilidad masculina, el tema de la liberación masculina, la cual quizás al final es inclusive más devastadora. Me parecería que el feminismo tendría una mayor dificultad de sobrevivir, inclusive tendría más dificultad en ser promovido en un mundo en donde los hombres entendieran su responsabilidad de manera clara.

Y estamos haciendo la pregunta en la actualidad y es una pregunta que todos debemos ponderar: ¿dónde están los maridos fuertes? ¿Dónde están los maridos y padres leales, amorosos, que lideran? ¿Dónde están esos hombres que son la columna vertebral, el marco de estructura sólida en el cual usted puede construir un matrimonio y edificar una familia y edificar una sociedad? Los hombres han desarrollado sus propias metas buscando sus propios logros, viviendo en mundos, en la mayoría de los casos, aislados de manera total de la familia, fuera de la casa, buscando metas personales, activos en su propio mundo de los negocios y pasivos en gran parte en el hogar. Son los que de manera agresiva hacen las cosas en el mundo, resuelven problemas, inventan todo tipo de maneras innovadoras para producir dinero, buscando ser promovidos, buscando el prestigio y el respeto por parte de los extraños en el mundo. Están motivados por alcanzar metas. Y en el hogar, en la mayoría de los casos, parecen ser pasivos, son indiferentes y son irresponsables.

Una mirada a la explicación histórica sociológica de esto nos lleva a una cita de un autor que nos ayuda a entender esto, y cito: “Una serie de acontecimientos históricos, comenzando con la revolución industrial y atravesando por la búsqueda de la independencia estadounidense en el segundo gran avivamiento y culminando en la época victoriana han tenido el resultado neto de desestabilizar a los hombres estadounidenses de la verdadera función de la paternidad y el liderazgo moral en nuestra tierra. En un tiempo, el hombre estadounidense fue la guía que siempre estaba presente en la familia colonial que era cercana. Dejó la familia por la fábrica y el atractivo materialista que trajo la revolución industrial. Los miembros más numerosos y más activos de la Iglesia, los hombres, quienes comúnmente debatían la teología en el centro comercial colonial, con el tiempo se encontraron hablando de prácticas de negocios en la taberna. Los padres, que trabajaron duro en enseñar el valor de la cooperación a sus hijos, con el tiempo le dieron a sus hijos un ejemplo de competencia individual ilimitada. Los hombres, quienes en una ocasión enseñaron a sus hijos el respeto y la obediencia hacia la autoridad piadosa llegaron a actuar viendo la independencia como una virtud nacional. Los hombres, quienes en el pasado tuvieron una mano activa en la educación de sus hijos, relegaron esta responsabilidad a un sistema de escuelas del gobierno dominado por maestras y patrones de aprendizaje femeninos. Una vez, en el pasado, fueron los líderes del progreso social y los hombres estadounidenses llegaron a ver la reforma social y los movimientos de misericordia como el trabajo de las mujeres; y con el tiempo, se convirtieron en los objetos de esa reforma social como el caso de los movimientos tales como la “Unión Cristiana de Mujeres por la Templanza.” A lo largo del curso de 150 años, desde mediados del siglo XVIII a finales del siglo XIX, los hombres estadounidenses salieron de su responsabilidad dada por Dios de tener el liderazgo moral y espiritual de sus hogares, escuelas y escuelas dominicales de la nación.” Fin de la cita.

Un sociólogo, Lawrence Fuchs, señala y cito: “El cimiento para el hogar sin padres del siglo XX fue establecido. Al final del siglo XIX, por primera vez, era aceptable, a nivel social y moral que los hombres no estuvieran involucrados con sus familias.” Fin de la cita.

Lo que usted tiene es un legado de la revolución industrial y lo que produjo en un mundo materialista. Lo que usted tiene es la desaparición el marido estadounidense, la desaparición del padre estadounidense. Todo inicialmente por un propósito noble, una mejor vida. Pero el padre dejó el hogar y comenzó a cultivar un mundo completamente independiente de su propia familia, un mundo en donde el cual su propia familia conoce poco de lo que hace, si es que sabe algo. Eso ha causado un cambio sutil - y no tan sutil - radical y devastador.

Ese tipo de cambio está representado en una carta más bien típica que escribió una mujer. Escuche esta carta. “Los niños están en la cama. No hay nada en la tele en esta noche. Le pregunté a mi marido si le importa si apago la tele. El suspira. Conforme me acerco a la tele, mi mente está corriendo. Quizás, esta noche hablaremos. Digo, tener una conversación que consista en algo más que mi pregunta habitual y su respuesta de una palabra - o con mayor precisión, ninguna respuesta, podría añadir; algo que él no se atreve a hacer en el trabajo si quiere seguir ascendiendo por la escalera corporativa.”

Ella continúa. “Silencio. Vivo en un mundo de ruido continuo, pero entre él y yo, hay silencio. ¡Por favor, oh Dios, que él se abra! Comienzo nuevamente, por milésima vez; mi corazón late rápidamente. ¡Oh, cómo puedo expresarlo esta vez! ¿Qué puedo decir esta vez? ¿Qué puedo decir que abra la puerta para simplemente hablar? No tengo que tener una conversación profunda, significativa. Simplemente algo. Conforme abro mi boca,” ella prosigue diciendo, “él se levanta y se va a la recámara. La puerta se cierra detrás de él. La luz que está abajo de la puerta da lugar a la oscuridad y también mi esperanza. Me siento sola en el sofá. Mi corazón comienza a doler. Estoy cansada de estar sola. Estoy casada, he estado casada por años, ¿por qué me siento sola? La tristeza pasa por un cambio lento; y después, con un fervor que se incrementa, me enojo. Estoy enojada. Estoy cansada de vivir con un cobarde. ¿Sabes una cosa?, él me teme. ¿Hostil, dices? Más vale que lo creas. Estoy cansada de vivir en un mundo de hombres pasivos.”

Y ella continúa la carta: “A mis dos hijos les gustan los deportes. Son bastante buenos. Podrían ser mucho mejores si su papá pudiera tomar un poco de su tiempo preciado y jugara un poco con ellos. Lo siento, jugar una vez al año en el picnic de la Iglesia realmente no hace que los niños sean grandes jugadores de béisbol. Pero papá está demasiado ocupado, está en el trabajo, está haciendo deporte en el club, está en su cuatrimotor, está trabajando en el auto, está jugando al golf, está cansado, está mirando una película. Entonces, ¿quién juega con los niños? Yo. Mi marido dice: “No deberías estar jugando deportes de hombres.” Entonces, ¿quién lo hará? Él dice que lo hará, pero no lo hace. Recuerde, él está demasiado ocupado en satisfacerse a sí mismo haciendo lo que a él le gusta hacer. Entonces, mis pobres hijos tienen que ser de segundo nivel en los deportes. Podrían haber sido muy buenos, realmente buenos. Mi hija es una adolescente. Le gustan los niños y ellos la ven, le prestan atención. Ella responde. Y sé lo que viene. Trato de hablar con ella, pero no es a mí a quien quiere; quiere a papá. Sí, a papá. Si él tan solo la abrazara, si se diera cuenta de ella, si hablara con ella. Sólo un poco. Ella no necesitaría tanto a esos niños. Pero no. Entonces, ella busca la atención y el amor; y realmente, no hay nada que pueda hacer. Una mamá no es suficiente. Los hijos necesitan a un padre y no sólo a un cuerpo, una presencia pasiva y callada.”

Y aquí está el golpe fatal: “El padre de mi marido hizo lo mismo. No lo abrazó, no lo llevó a ningún lado; mucho menos vio sus juegos de béisbol. Y él odia a su papá. Ahora, mi marido está haciendo lo mismo.” Y ella continúa con unas cuantas palabras y la carta termina. Ella presenta una escena muy individual, pero no es una rara, ¿verdad? Simplemente se siente como si ese fuera el tipo de cosas que todos sabemos que son experimentadas por las mujeres. Y podemos explicar el problema con los hombres de manera social, históricamente. Y traté de darles algo de eso. Podemos explicarlo a la luz de la revolución industrial y del hecho de que básicamente hemos creado un mundo fuera del hogar y no tenemos muchas alternativas sino ir ahí y vivir en este mundo. Podemos explicar esas cosas sociológicamente, pero realmente esa solo es una fuerza, realmente esa solo es una presión, realmente esa es sólo una expresión de tentación. Realmente no es la explicación. La explicación para la desintegración del liderazgo masculino es el hecho de que los hombres ya no obedecen la Palabra de Dios.

De hecho, a lo largo de nuestra sociedad, la mayoría de los hombres no tiene ni idea de lo que dice; y cuando descubren lo que dice, no les interesa seguirlo. Hay tantos hombres pasivos, indiferentes y débiles en el hogar, quienes están ahí afuera en el mundo y son fuertes y agresivos. Pero cuando hablamos de sus familias, han abandonado su responsabilidad para con sus mujeres, han abandonado su virtud, realmente han abandonado su masculinidad y han abandonado su liderazgo. Por lo tanto, su matrimonio está lejos del ideal y también su familia. Y, ¿qué espera usted más que caos?

¿Y dónde podemos comenzar? ¿Dónde podemos recoger los pedazos de todo esto? Yo creo, que para los hombres cristianos tenemos que comenzar aquí. El corazón de ser el hombre que Dios desea que usted sea es entender la responsabilidad que usted tiene del bienestar físico, emocional y espiritual de su esposa y su familia. Ahí es en donde usted comienza. El liderazgo moral y espiritual tal como también la seguridad emocional y física, la fortaleza y la protección, la provisión y apoyo de por vida, en eso consiste el liderazgo masculino. No es algo místico, es algo muy práctico. Y si vamos a llevar de regreso a los hombres al liderazgo, va a comenzar en el hogar. Va a comenzar cuando los hombres asuman su responsabilidad dada por Dios, hombres cristianos, por el bienestar físico, emocional, espiritual de sus esposas y familias. Y esto es mucho más importante que a que usted tenga algún tipo de éxito en su carrera - inclusive con miras a tener un buen testimonio. Es mucho más importante que usted exprese esta responsabilidad excepcional que usted tiene como hombre, en primer lugar, en su propio hogar.

Ahora, eso, nos lleva de regreso a nuestro texto. Cuando hablamos de hombres que están llenos del Espíritu, cuando hablamos de hombres que son hombres piadosos en un hogar, comenzamos en el versículo 25 con estas palabras: “Maridos, amad a vuestras mujeres.” Ése es el comienzo. Ése es el punto inicial. Versículo 28: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos.” Colosenses, capítulo 3, añade en el versículo 19: “Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas.” Ámenlas sin ninguna mezcla de decepción, frustración o amargura. La palabra clave aquí es “amor.” Es usada seis veces del versículo 25 al 33. Y con esa primera afirmación, viene la responsabilidad del hombre en su mundo: amen a sus esposas.

Ahora, si eso fuera lo único que dijera, podríamos ir en 1000 direcciones diferentes y tratar de entender lo que eso significa. Veo a nuestra sociedad escribiendo canciones interminables acerca de lo que el amor es, conforme tratan de entenderlo. Siempre se expresa como un sentimiento. Normalmente, se expresa como un sentimiento que produce conducta irracional. Sube y baja, luchan con un millón de letras para tratar de entender lo que es el amor. No necesitamos luchar con eso, está aquí. “Maridos, amad a vuestras mujeres.” Y después, el apóstol Pablo explica de manera clara la manera de ese amor. Note, por favor, el versículo 25: “Así como Cristo amó a la iglesia.”

Es el amor de Cristo por la Iglesia que es el modelo del amor del marido hacia su mujer. El amor de Cristo por la Iglesia establece el modelo en su lugar. Ahí en primera de Pedro, si le puedo recordar, 1 Pedro 3:7, véalo por tan sólo un momento, porque quiero incorporar este texto - porque creo que es uno rico. Aquí tiene usted un mandato a los maridos, versículo 7 de Primera de Pedro 3: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” Esto expresa una dimensión de ese amor que es muy muy importante. Su amor significa vivir con su esposa de una manera comprensiva. Entiéndala, esto es, sea considerado, no un dominio áspero, un entendimiento amable, respetuoso. Usted debe entender el plan de Dios y el propósito de Dios para el matrimonio. Usted debe entender las necesidades, deseos, anhelos y frustraciones de su esposa. Usted debe entender las fortalezas y debilidades de su esposa. Y usted debe entender cómo agradar a Dios al honrarla a ella como una cristiana, como una coheredera de la gracia de la vida. Y cuando usted hace eso, hay una gran recompensa. Sus oraciones no son estorbadas.

Entonces, este amor involucra entender, entender todo acerca de ella, tratarla con consideración, traer fortaleza a su debilidad, proveer liderazgo. Pero siendo más específicos en ese amor, regresamos a Efesios capítulo 5; y Pablo dice, en primer lugar, es un amor sacrificial. Observe en el versículo 25: “así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella.” Es un amor que no conoce tiranía alguna, únicamente sacrificio. Es un amor que no se exalta a sí mismo, sino que se humilla a sí mismo. Como es evidenciado por el gran acto de entrega de sí mismo de Jesucristo por pecadores indignos, quienes fueron su esposa escogida. El estándar es establecido, entonces, para este amor que deben tener los maridos. Inclusive si es inmerecido, es dado de manera sacrificial y abundante.

En segundo lugar, vimos la última vez que es un amor purificador. Versículo 26 y 27, Cristo amó a la iglesia lo suficiente como “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.” Usted debe amar a su mujer de tal manera que usted se esfuerza para contribuir a la piedad de ella. Es un amor que sacrifica, es un amor que purifica. En otras palabras, es un amor que la levanta espiritualmente, es un amor espiritualmente benéfico. Tiene el efecto de hacer que ella sea más santa, de llevarla al lugar en el que usted permite que su belleza plena brille.

La belleza de una mujer no es externa, la belleza de una mujer es interna. Es su gloria lo que brilla a través de ella. La obra de Dios en su corazón. El hombre ve la apariencia externa, Dios ve el corazón. La Biblia dice: “Mujeres, no se preocupen por arreglarse afuera, sino que adornen su corazón.” Marido, es su responsabilidad el sacrificarse a sí mismo para satisfacer las necesidades de ella. Su responsabilidad consiste en guiarla para que ella siga incrementando su virtud. Su meta consiste en entregar su vida a favor de ella y guiarla a la piedad y a la virtud para que ella sea santa e irreprensible, así como Cristo se esfuerza en guiar a Su Iglesia.

En tercer lugar, es un amor que se preocupa. Es un amor que cuida. Versículo 28: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.” Ahora, ¿qué significa amar a tu esposa como a tu propio cuerpo? Bueno, es un concepto muy simple. Cuidamos de nuestro propio cuerpo, cuidamos de él. Si está enfermo, nos acostamos para que se mejore. Si tiene hambre, lo alimentamos. Si tiene sed, le damos algo de beber. Si está sucio, lo limpiamos. Cuidamos de él, lo alimentamos, lo cuidamos, le damos ropa, lo confortamos; lo que sea. Y eso es la esencia de esto. El punto aquí es atender la satisfacción de necesidades, estar preocupado por satisfacer cada requisito con gran velocidad, con gran devoción. Somos llamados a tratar a nuestras esposas con la misma preocupación que tenemos por nosotros mismos.

Ahora, observe ahí en el versículo 31, compare este versículo, muy importante. “Por esto,” está citando ahí obviamente Génesis 2, “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.” Simplemente incluyo esto en este punto porque quiero mencionar algo. Cuando usted se casó, se volvió uno. Se volvió uno. Entonces, en un sentido, ambos son un cuerpo. Entonces, de regreso en el versículo 28 cuando él dice ‘deben amar a sus mujeres como sus mismos cuerpos,’ debe recordar esto: cuando usted se casaron, se volvieron un cuerpo. Y si las necesidades de ella son satisfechas, las necesidades de usted son satisfechas. Si las necesidades de ella no están satisfechas, créame, las necesidades de usted tampoco estarán satisfechas. Usted debe cuidar de ella como usted cuida de usted mismo. Porque son uno en una unidad indivisible, ¿no es cierto? Cuando se casaron, se volvieron una carne. Si usted quiere verdadera felicidad en su matrimonio, cuide de su esposa y todas las necesidades de ella con la misma devoción que usted cuida de usted porque son inseparables.

Tenemos un pequeño letrero que cuelga en la cocina - no sé quién nos lo dio - es un buen recordatorio. Dice: “Si mamá no está contenta, nadie está contento.” Y le voy a decir algo en este momento. Eso es para usted. Si usted quiere ser un marido feliz, usted debe tener una esposa feliz, ¿verdad? Si usted quiere ser un marido satisfecho, debe tener una esposa satisfecha. Si usted quiere verdadera felicidad en su matrimonio, entonces trátela como se trata a sí mismo. Podría usted mejorar eso un poco y decir esto: “Debido a que ella es cristiana, recuerde que no es sólo una con usted, sino que también es una con Cristo.” Tenga cuidado en cómo la trata.

¿Se acuerda de Mateo 18? Uno de estos pequeños que cree en Mí, si lo llevan a pecar, si la lleva a pecar, será mejor que se colgara usted una piedra de molino y se ahogara en las profundidades del mar. Si usted causa que su cónyuge peque, es mejor que estuviera muerto. Usted debe llevarla a la santidad. En ese mismo capítulo 18, Jesús dice “Deben recibir a estos pequeños en Mi Nombre y me reciben a Mí.” No deben menospreciarlos, no debe tratarlos de manera irrespetuosa. Debe cuidar de ellos, protegerlos. Esta es una responsabilidad que inclusive se multiplica. En el matrimonio, ella es una con ustedes, caballeros. En la salvación, ella es una con Cristo. Por lo tanto, están ligados con Él. Están ligados a Él. Él viene a usted a través de ella. La manera en la que usted la trata es como usted lo trata a Él. Si usted no ama a su esposa de una manera que se preocupa por ella y cuida de ella, usted no va a saber cómo cuidar de usted mismo de manera y apropiada porque usted va a ser miserable. Usted será miserable.

Entonces, versículo 28, debemos amar a nuestras esposas como nuestro propio cuerpo. Y así es exactamente como Cristo amó a su Iglesia - al final del versículo 29 “como también Cristo a la Iglesia.” Versículo 29 dice: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,” y ella es su carne, ustedes son una carne. Y usted debe cuidar de ella como de usted mismo. Así es como Cristo cuida de Su Iglesia. Él satisface las necesidades de Su Iglesia. En Juan 14, versículos 13 y 14 leemos esto: “Todo lo que pidáis en Mi Nombre” dijo Jesús, “eso haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Todo lo que pidiereis en Mi Nombre, lo haré.” Ahí está el Señor Jesús diciéndole a los Suyos que Él satisfará sus necesidades. Se repite de nuevo en palabras diferentes en Filipenses 4:19: “Mi Dios suplirá entonces todas sus necesidades de acuerdo a Sus riquezas en la gloria en Cristo Jesús.” Dios va a satisfacer todas sus necesidades a través de Cristo Jesús. Dios dice “buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia y todas estas cosas os serán añadidas.” Él satisface todas nuestras necesidades, no todos nuestros deseos, sino todas nuestras necesidades.

Caballeros, somos los proveedores, somos los protectores, somos conservadores, los recursos para nuestras esposas y nuestras familias; y ésa es nuestra responsabilidad. Y cuando sus necesidades son satisfechas y cuidamos de ellas como cuidamos de nosotros mismos, entonces, tenemos el tipo de relación que Dios quiere que tengamos.

Regresando Efesios capítulo 5, versículo 29, hicimos un breve comentario sobre esto. Quiero ser un poco más específico. Pablo dice: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne.” Y no es normal aborrecerse a sí mismo. Usted cuida de usted mismo, eso es normal. Usted cuida de usted mismo con gran preocupación y gran cuidado. Y esa es precisamente la manera en la que usted debe cuidar de que su cónyuge. Nadie aborreció a su propia carne; usted la sustenta y la cuida como también Cristo a la Iglesia.

Entonces, si usted quiere que su matrimonio sea bendecido, debe cuidar de su esposa. Cuando usted sabe que ella tiene una necesidad, usted busca satisfacerla. Cuando usted sabe que ella tiene un anhelo secreto en su corazón y ciertamente es razonable y va a añadir a su virtud y a su bienestar y a su felicidad y a su habilidad de cumplir con su función, usted hace lo que puede por satisfacer esa necesidad. Algo está seriamente mal cuando un hombre ve a su esposa como a una cocinera y alguien que lava su ropa y que cuida de sus hijos y como una compañera de sexo; y eso es todo. Algo está seriamente mal cuando él la coloca a ella en el lugar de la que gana el pan. Ella es un tesoro que Dios le dio a usted, el cual debe cuidar, debe sustentarla, cuidarla para que sea su ayuda amorosa para satisfacer su necesidad de compañerismo, para satisfacer el deseo físico, para satisfacer el amor y el compañerismo y la amistad y producir hijos en un hogar.

Observe esos dos términos en el versículo 29: “sustenta y cuida”. Sustenta significa alimentar, ektrephō. Es una palabra utilizada primordialmente para criar hijos. Es utilizada en el capítulo 6, versículo 4 en donde dice “criadlos”. Pensamos acerca de alimentar, criar a nuestros hijos, ¿pero pensamos eso con respecto a nuestras esposas? Creo que la mayoría de los esposos simplemente no consideran esa responsabilidad, ven a la esposa como responsable de los hijos y salen a vivir en su propio mundo. Somos responsables de cuidar de ella para que ella,, en su función maravillosa pueda de manera eficaz criar a los hijos conforme ella tiene la oportunidad de hacerlo.

Después, la palabra “cuida” literalmente significa - es una palabra hermosa - calentar con el calor corporal. A veces se traduce derretir. Significa suavizar. Es usada de una madre pájaro que simplemente acerca a sus pequeños bebés y las mantiene cálidas en sus alas, bajo sus plumas. Significa proveer un nido, calidez, seguridad, suavizarla para llevarla a un espíritu afable y apacible, apoyarla, cuidar de ella. Y quiero decirle, es bastante desafiante en el mundo en el que vivimos en la actualidad, cuando las mujeres son creadas para ser duras, para ser fuertes e independientes. Se necesita a un gran hombre, se necesita una gran cantidad de liderazgo espiritual para suavizar a una mujer, para proveer calor a una mujer, para derretirla para que llegue a ser una mujer con un espíritu afable y apacible, para proveer un nido y seguridad y fortaleza y calidez.

Ella no es la que sustenta. Ella no es la proveedora. Usted debe hacer eso. Esa es la responsabilidad del hombre. Y si un hombre no hace eso, de acuerdo con 1 Timoteo 5:8, él ha negado la fe y es peor que un incrédulo. A lo largo de la Escritura, el hombre es siempre el proveedor así como Cristo es el proveedor para Su Iglesia. Esa es la clave. Nosotros no proveemos nada. La Iglesia no provee nada. Simplemente recibimos la provisión, la protección, la preservación de Cristo, Su cuidado, Su sustento, Él viene a nosotros - en un sentido, es muy unilateral. Caballeros, debemos proveer eso en nuestros hogares. Usted dirá que entonces tendrá que sacrificar su carrera para hacer eso. Entonces, sacrifíquela. Quizás no puede subir tan rápido y tan lejos por la escalera corporativa y laboral como a usted le gustaría, pero al final, será recompensado de una manera tan rica en la bendición de su hogar que cualquier sacrificio por tener eso habrá valido la pena. Cristo provee todo para nosotros, para sustentarnos, para cuidarnos, para calentarnos, para proveer la seguridad para nosotros.

Pensando, por ejemplo, en un momento, en la maldición de Génesis 3. La mujer fue maldecida, dolor al dar a luz a los hijos. El hombre fue maldecido. ¿Recuerda cómo fue él maldecido? Él iba a ser maldecido al ganarse la vida. ¿Recuerda eso? Hasta ese punto, como usted sabe, ellos podían comer cualquier cosa, no tenían que trabajar, no había que arar la tierra, no había que cosechar nada, usted simplemente caminaba y recogía todo. No había necesidad de sembrar, simplemente se reciclaba a sí mismo en ese mundo hermoso, pre caída, perfecto. Y había abundancia de todo; y lo único que tenía que hacer era estirar la mano y tomarlo. Y después, ¿qué sucedió? El hombre pecó y el suelo fue maldecido, él iba a tener que proveer para su mujer y su familia mediante el trabajo duro.

Esa fue la maldición, que la tierra ya no iba a dar sus productos de una manera fácil. Él iba a tener que trabajar duro para poder proveer. Y la mujer iba a tener dolor al dar a luz a los hijos. Y ella iba a tener que luchar con su deseo de guiar y estar a cargo y someterse a sí misma. Me parece fascinante eso porque la maldición fue un golpe directo contra la responsabilidad específica que Dios les dio a los hombres y a las mujeres. La responsabilidad específica del hombre era ser un proveedor y ahí es donde la maldición le pegó. Y esa provisión es difícil de obtener. Y una mujer, su responsabilidad, tener hijos y someterse; y ella fue maldecida exactamente en esa área a través del dolor de dar a luz a los hijos y la lucha de la sumisión. No es fácil. Y no estoy diciendo que es fácil. De hecho, es tan difícil que creo que todo sólo puede ser satisfecho, cumplido por el poder del Espíritu de Dios en una vida transformada.

Entonces, el marido debe cuidar de su mujer así como Cristo cuida de Su Iglesia - versículo 30 - “porque somos miembros de Su cuerpo.” Él lo hace porque somos uno con Él. Nosotros necesitamos hacerlo con nuestras esposas porque somos uno con ellas. Ése es el punto. Nosotros somos el cuerpo de Cristo y ella es nuestro cuerpo. Así como Cristo, quien es un cuerpo con Su Iglesia, cuida de Su Iglesia, así el marido, quien es un cuerpo con su esposa, cuida de su esposa. El que está unido al Señor un espíritu es con Él, dice 1 Corintios 6:17. El que está unido al Señor es un espíritu. Y Él cuida de nosotros porque nosotros somos uno con Él. Y ése es un retrato de cómo debemos cuidar de nuestras esposas, porque ellas son una con nosotros. De hecho, la gente que viola esto, caballeros, permítame decirles: cuando ustedes no hacen esto, realmente están cometiendo una especie de suicidio; porque una vez que están casados con esa mujer, hay una relación de una carne. Y si ese matrimonio es destruido, algo en usted es destruido. Es perdonable; pero no es reparable. La gracia de Dios es sorprendente. Trae perdón completo para nuestros fracasos, pero no necesariamente usted puede volver a pegar los pedazos. Las cicatrices estarán ahí. Siempre.

Entonces, el modelo para amar a sus esposas, caballeros es este: deben amarlas como Cristo amó a la iglesia. ¿Cómo es que Él ama a Su Iglesia? Al entregar Su vida por ella, al buscar Su santidad y al cuidar de ella de tal manera que todas sus necesidades están satisfechas. Es un amor sacrificial, purificador y que cuida.

En cuarto lugar: es un amor inquebrantable. Un amor inquebrantable. Versículo 31 - y aquí está una cita de Génesis 2:24, también citado por nuestro Señor en Mateo 19:5: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.” Este fue el diseño original de Dios antes de la caída. Esta es una unión entre un hombre y una mujer dejando a su familia, creando una nueva unión, con una identidad única que es llamada una relación de una carne. Ahora, ¿qué significa una carne? La referencia primordial es a la unión sexual, porque la unión sexual es lo que da lugar a la evidencia más obvia de que los dos se han vuelto uno, se han convertido uno, lo cual es el nacimiento de un hijo que lleva la genética de ambos padres. Ese hijo es el emblema verdadero de la unidad de una unión física.

De regreso en 1 Corintios 6:16, Pablo dice: “¿No sabéis que el que se une a una ramera un cuerpo es con ella?” Oh, entonces esa unidad es cuando usted une sexualmente - eso es correcto; después dice en ese mismo versículo, 1 Corintios 6:16 “Porque él dice que los dos serán una sola carne.” Usted se vuelve una carne en la relación física. Ahí es cuando usted comparte la vida. Cuando la vida del hombre es compartida con la vida de la mujer, en la intimidad de esa relación física, esa es una carne. Inclusive un hombre que se une con una ramera se vuelve una carne con ella. No es algún tipo de unión matrimonial mística, no es algún tipo de unión emocional, espiritual. Es la unión que se lleva a cabo el primer lugar a nivel físico y va más allá de eso. Involucra todo en nuestra vida. Las emociones, ciertamente entran en juego. Se vuelve única y personal, pero comienza con esa relación física.

Entonces, de nuevo en Efesios, el diseño de Dios como se indica en Génesis es que un hombre y una mujer dejen a sus respectivas familias y se unan, aferrándose el uno al otro y entren en una unión física. Se vuelven una carne y se aferran el uno al otro. Esta unidad es íntima, única y personal. Esta unidad es especial. La identidad espiritual es perdida. ¿Escuchó eso? La identidad espiritual es perdida. Usted se vuelve una nueva persona realmente fusionada con su cónyuge de por vida. “Lo que Dios unió no lo separe el hombre.” Esa es la razón por la que Dios aborrece el divorcio, porque el divorcio divide esa relación indisoluble, indivisible.

Note, si es tan amable, la palabra ‘dejará’ en el versículo 31. Es una palabra muy intensa. Es otro de esos verbos con una preposición adelante, kataleipō. Significa dejar atrás, significa abandonar -literalmente, dejar. Y claro, tenemos que darle consejo acerca de eso muchas veces a parejas jóvenes, quienes han comenzado a unirse pero olvidaron dejar, lo cual es muy útil. La palabra unirse, proskollaō, significa pegarse. Se han unido para pegarse, unidad de unión física, lo cual incorpora unidad de mente, unidad de propósito, unidad de corazón, unidad de emoción. Y usted entra en esta relación privada, magnífica, íntima, personal.

Inclusive me sorprenden todos estos libros que se han escrito acerca de cómo expresar su relación física. Ciertamente, en algún punto, se ha diseminado suficiente información y si no ha sido así, ciertamente puede descubrir de manera más bien rápida lo que debe suceder en la dimensión física. Y cuando en cierta manera usted desfila todo esto, lo abarata, la belleza magnífica de la intimidad pertenece a la cama matrimonial. Hebreos 13:4 es tan hermoso. Dice: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla.” Usted también puede traducir eso en un modo indicativo: la cama matrimonial no está contaminada, pero a los fornicarios y a los adúlteros, Dios los juzgará.

Hay algo maravilloso acerca de esa cama matrimonial, acerca de esa unión, algo personal e íntimo y privado y magnífico conforme dos personas se unen en una relación que en sí misma es la unión perfecta y privada y especial que ellos comparten. Es una unión inquebrantable. Esa es la razón por la que la Biblia condena el divorcio. Esa es la razón por la que en Malaquías dice “Dios habló y dijo “Yo aborrezco el repudio al divorcio.”” Malaquías 2:16: “Jehová, el Dios de Israel, dice que Él aborrece el divorcio.” Dios odia cualquier cosa que rompe esta unión. ¿Y qué es lo que ataca a esta unión? El pecado. ¡Claro!

Usted dice: “Bueno, yo quiero mantener mi matrimonio unido; pero ¡hombre!, es un hombre difícil con quien vivir.” Un hombre podría decir “me encantaría mantener también este matrimonio unido pero no sé si puedo vivir con esta mujer.” Y de hecho, ha habido hombres que me han dicho - y no sólo unos cuantos sino varios – “¿qué pasaría si me divorciara de mi esposa sin causa bíblica?” Bueno, mi respuesta siempre ha sido “Bueno, yo no sé. Sé que estás en violación directa de las Escrituras y sé que Dios no bendecirá eso. Y hay una suposición razonable de que Dios te va a disciplinar y podrías encontrarte bajo una seria disciplina que Dios traiga a tu vida.” Y ha habido hombres que me han dicho, no sólo en unas cuantas veces, “Muy bien, lo voy a recibir. Preferiría colocarme bajo la disciplina de Dios que vivir con esta mujer.” En serio. Lo han dicho.

¿Y sabe lo que eso me indica? Que han llegado a un punto en el que o son tan pecaminosos en sus propias vidas que ellos mismos están mal y han aislado a esa mujer o quizás lo más probable es que han dejado de entender cómo perdonar. ¿Sabe lo que sucede? No sé se necesita mucho para llegar a ese punto; simplemente se necesita un patrón continuo de no perdonar y simplemente, se acumula. Simplemente, se acumula.

¿Cuantas veces lo perdona a usted el Señor? ¿Todo el día, cada día? ¿Y Su amor nunca cambia y Su amor nunca decrece; y usted todavía es Su novia escogida, Su esposa escogida y todavía lo va a llevar a usted a la gloria? ¿Cuántas veces debemos perdonarnos el uno al otro? Pedro preguntó eso, ¿no es cierto en Mateo 18? “¿Cuántas veces tengo que perdonar? ¿Siete veces?” Jesús dijo “setenta veces siete”. Setenta veces siete.

Entonces, usted debe amar a su esposa con un amor sacrificial. Usted debe amar a su esposa con un amor que purifica. Usted debe amar a su esposa con un amor que cuidar de ella, que la sustenta y la cuida. Y usted ama a su esposa con un amor inquebrantable que continúa perdonando y perdonando y perdonando y perdonando. ¿Puede un hombre deshacerse de su esposa? Puedo responder a esa pregunta con otra pregunta. ¿Puede Cristo deshacerse de Su Iglesia?

Y en este punto, sería apropiado hacerles una advertencia a los jóvenes: escojan cuidadosamente, es de por vida. Escojan sabiamente, es de por vida. Usted dice ‘me pone nervioso’. ¡Debería ponerle nervioso! Entonces, usted preguntará cual es la clave para escoger sabiamente. Es simple. Sé llenó del Espíritu, camina de una manera piadosa para que tu mente esté sintonizada con la voluntad de Dios. Esa la razón por la que cuando las parejas jóvenes vienen a pedir consejería aquí, lo primero que le preguntamos cuando quieren casarse y vienen a pedir consejería prematrimonial es: ¿están involucrados físicamente? Porque si lo están, están en una condición pecaminosa. Y las personas que están en una condición pecaminosa no pueden discernir la voluntad de Dios, ¿verdad? Entonces, tienen que separarse y vivir una vida piadosa para que puedan comprender la mente del Espíritu y la voluntad de Dios pueda ser expresada a través de sus vidas; entonces sabrán. Siempre les digo a los jóvenes “no se preocupen por encontrar a la persona correcta, preocúpense por ser la persona correcta. Y si son la persona correcta, entonces la persona que Dios tiene para ustedes va a reconocerlos.”

Ahora, ¿qué es lo que buscan? Permítanme darles algunas sugerencias. Esto para algunos de ustedes que no están casados y saben que es de por vida. En primer lugar, investigue la reputación de alguien. Proverbios 22:1 dice “el buen nombre mejor que riquezas.” Investigue la reputación de alguien. Un buen nombre es mejor que las riquezas. Trate de evitar un proyecto de reclamo y espere hasta que el Espíritu de Dios haya hecho eso. Oye, todos somos proyectos de reclamación, ¿no es cierto? Pero permita que el Espíritu de Dios haga eso antes de que comiencen el paso uno. La idea del matrimonio no es para llevarlo o llevarla a Cristo.

En segundo lugar, “engañosa es la gracia y vana la hermosura; pero la mujer que teme a Jehová, ella será lavada.” Encuentre a alguien que adora al Señor de corazón. Busca la reputación, busca un corazón adorador, escucha lo que ellos dicen porque de la abundancia del corazón ¿qué? Habla la boca. ¿Cómo es la conversación? Pueden examinar a sus amigos. ¿Con que tipo de gente están? ¿Personas superficiales? ¿Personas profundas? ¿Personas piadosas? Primera de Corintios 15:33 dice que las malas compañías corrompen las buenas costumbres. Y revise su guardarropa. Usted preguntará “¿en serio?” ¡Claro! Revise su guardarropa, porque las mujeres piadosas no están tan preocupadas por el arreglo externo del cuerpo como lo están con el adorno interno. Y cuando llaman la atención a sí mismas, llaman la atención a su virtud. Bueno, hemos dicho suficiente en este punto.

La manera del amor en nuestro pasaje aquí: sacrificial, purificador, cuidadoso e inquebrantable. Hablemos del motivo. ¿Qué nos debe motivar a amar así? Versículo 32: “Grande es este misterio mas yo digo esto respecto de Cristo y de la Iglesia.” ¿Por qué debo amar así a esta mujer? ¿Por qué debo amarla de manera sacrificial? ¿Por qué debo amarla del modo que la voy a llevar a la santidad y debo preocuparme por ella? ¿Por qué debo comprometerme a mí mismo con un amor inquebrantable, lo cual significa que la perdono de manera incesante y nunca me amargo? ¿El motivo? Debido a la naturaleza sagrada del matrimonio. Ése es el punto. Debido a lo sagrado que es el matrimonio. El matrimonio no es sólo el matrimonio; el matrimonio es un misterio. Un matrimonio de cristianos es un retrato de Cristo y Su Iglesia. Este misterio es grande. Y usted necesita tratar al matrimonio con reverencia y asombro porque el matrimonio es un símbolo sagrado de la relación de Cristo con Su Iglesia.

Y después, una palabra final. El versículo 33 simplemente repasa todo. “Por lo demás, cada uno de vosotros, ame también a su vez mujer como a sí mismo y la mujer respete a su marido.”

No es difícil entender esto. Pero usted no lo puede cumplir fuera de estar lleno del Espíritu. Un tiene que regresar, no es cierto, de regreso en este texto al versículo 18, a ser lleno del Espíritu, un corazón lleno de canción y gozo, agradecido por todo, una actitud de sumisión.

Como puede ver, donde el Espíritu de Dios está en control, esto puede ser una realidad. El compromiso de dos personas con estar controladas por el Espíritu Santo, llenos de adoración y gratitud, comprometidos con someterse el uno al otro en amor humilde, le voy a decir una cosa, eso va a traer romance. Eso va a traer la primavera a un matrimonio y lo va a mantener ahí.

Muchos matrimonios se desmoronan después de que los hijos se van. ¿Lo ha anotado? Muchos de ellos. Y supongo que solía preguntarme cómo sería el matrimonio cuando no los estaba usted persiguiendo por todos lados, cuando su vida entera aparentemente no estaba enfocada en ellos. Y sabe una cosa, en esos primeros años, el control es el punto. Simplemente haga que esos hijos estén controlados. La obediencia, alinearlos, ayúdelos a aprender a cómo pensar, cómo actuar y cómo reaccionar y cómo someterse, cómo obedecer; y trabaje duro en eso. Después, se van a la escuela y es tarea durante años y años. Y esté enfocado en la tarea todas las noches y proyectos y proyectos… y ‘Papá, ¿me puedes ayudar con esto?, ¿me podrías explicar esto? No entiendo esto. ¿Podrías ayudarme a dibujar esto? Papá, ¿podrías hablar con la maestra, saqué una mala nota en esto? No comprendo.’ Y su vida entera está enfocada simplemente en todos lados.

Y después, en la liga infantil y son los juegos de fútbol o lo que sea; y le digo, lecciones de piano y después tiene que ir a algún lugar para comprar la ropa a todos estos hijos. Y esto continúa. ¿Y sabe usted una cosa?, su vida entera está enfocada en eso. Y después, llegan a la edad en la que tienen amigos y todos vienen a su casa. Y ahora, tiene que analizar a todos esos amigos y decir: ‘¿sabes una cosa?, no creo que esta persona sea realmente una buena influencia. La energía invertida en simplemente coordinar esto, por no decir nada del servicio de taxi que va de la mano con esto. Su vida entera simplemente está enfocada en todos estos hijos.

Y ustedes - después llega una edad en la que comienza a pensar acerca de las relaciones serias y realmente la cosa se pone seria. Se lo digo. Ahora, yo realmente tenía a mis hijos preparados cuando llegaron al punto en el que ya iban a escoger. ¿Y sabe usted cómo sabían a quién escoger? Bueno, ellos amaban a su mamá; y ella era en cierta manera el estándar. Pero las niñas, yo fui muy protector. Lo confieso. Digo, usted pasa su vida entera protegiendo a su hija, ¿no es cierto? Simplemente la protege, la protege; y después, ella un día se va a casar con un hombre y simplemente dice ‘aquí está’. Y no sólo tuve que decir eso, ¡tuve que pronunciarlos marido y mujer! Digo, ese es un momento bastante traumático.

Y después, su vida simplemente está enfocada en esto y quiere llevarlos al lugar correcto y llevarlos al cónyuge correcto; y usted después quiere ayudarlos conforme atraviesan por ese proceso de entender todo eso; y llevarlos al estudio correcto y que puedan acabar la escuela y de pronto, ya no están. Ya se fueron. Y he visto a algunos aparentemente siervos nobles del Señor, inclusive en el ministerio, cuya vida entera colapsa frente a ellos en este punto. Cuando la realidad es que usted debería entrar a su segunda luna de miel cuando ellos ya se han ido. Deberían mirarse el uno al otro y decir ‘¡hombre!, habíamos estado esperando mucho tiempo para llegar aquí.’

Y le tengo que decir, usted lo sabe, es la mejor temporada de nuestra vida en nuestra casa. ¿Y sabe una cosa? Estuvo bien cuando se fueron, pero ¿sabe lo que pasó? ¡Ya regresaron! Nada más que ahora regresaron con niños pequeños y estamos diciendo, en las palabras famosa de Yogi Berra, es déjà vu otra vez. ¿Entiende?

Usted invierte una cantidad inmensa de tiempo y energía en nuestro mundo complejo y es tan diverso y hay cierta distancia en todas estas actividades de nuestros hijos. Los llevamos aquí, los llevamos allá, los llevamos aquí, los llevamos allá. No está ayudando a la cohesión de esa familia, ¿o sí? El papá está por acá, un hijo está por allá, otro está por allá, otro está por aquí. Y están todos esparcidos. ¿Desayunamos juntos? Quizás. ¿Cenamos juntos? Difícilmente. Están por todos lados. Toda esta energía diversificada; y cuando todo eso se acaba, un marido y una mujer tienen que enfrentarse el uno al otro y ver si ahí hay algo. Y puede ser el mejor de los tiempos. Así es como Dios lo diseñó.

Si no ha llevado una lista de las ofensas, si no existe una lista así, si usted es tan bueno en perdonar pecados y fallas tal como Dios es en perdonar los suyos, si usted ha cultivado un amor sacrificial con esa esposa, un amor purificador, un amor que cuida de ella, un amor inquebrantable, usted será recompensado. Ella será recompensada. Puede ser y debe ser el mejor de los tiempos de su vida.

Es triste cuando eso declina, ¿no es cierto? Hace muchos años atrás leí un artículo en una edición de Sábado por la Noche titulado “Las siete etapas del resfriado de los casados”.

Etapa uno, primer año de matrimonio: “Mi amor, estoy tan preocupado por ti. Estornudaste y no sabemos a dónde va a llegar esto. Te voy a meter en el hospital hoy para que te hagan una revisión general y tengas algo de descanso. Sé que la comida es mala en el hospital, entonces voy a llevarte la comida. Ya me puse de acuerdo con el administrador del piso.”

Segundo año: “Escúchame, amor, simplemente no me gusta esa tos y ya le hablé al doctor para que venga aquí. Ahora, pórtate como una niña buena y métete en la cama. ¿Por favor?”

Tercer año: “Quizás es mejor que te acuestes, mi amor. Nada mejor que un poco de descanso cuando no te sientes bien. ¿Tienes algo de sopa?”

Cuarto año: “Mira mi amor, sé sensata. Después de que le des de comer a los niños y laves los trastes, más vale que te acuestes.”

Quinto año: “¿Por qué no te tomas un par de aspirinas?”

Sexto año: “Por favor, ¡deja de estornudar! Me vas a contagiar neumonía.”

Séptimo año: “¿Sabes una cosa?, si tan sólo te hicieras unas gárgaras, no estarías aquí tosiendo como una foca.”

Bueno, ¿tiene que ser así? No en el plan de Dios. Billy Sunday dijo: “Caballeros, traten de alabar a su esposa aún si a ella le asusta.”

La dignidad no es el asunto. No es el punto con Cristo. Él es tierno, sensible, perdonador hacia nosotros. Estamos hablando de un ideal divino y no es demasiado tarde para nosotros, no importa cuál sea la condición de nuestros matrimonios. Y caballeros, comenzará con ustedes, cuando ustedes amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia, a Su Iglesia. Y Él ama a Su Iglesia. Ahí es donde comienza la reconstrucción de todo esto. Y eso va a suceder cuando usted comience a regresar adonde necesita estar en su propia vida espiritual. Sacar la basura de su vida, regresar a la Palabra de Dios, regresar a vivir una vida obediente. Enfocarse en donde debe estar, en Cristo; y después, en esa pequeña familia que Dios le ha dado como un pedazo de Su Reino para que usted los discipule. Y entregue su corazón ahí y observe cómo Dios recompensa eso. Oremos.

Padre, es tan maravilloso ser llevados de regreso a la Palabra y tener un cimiento sobre el cual edificar. Y Señor, sé que hay muchos que pueden sentir cierta tristeza porque hemos estado hablando de un ideal divino y quizás muchos ya lo han perdido. Algunos quizás vienen de divorcios y matrimonios que están mal y algunos están luchando en este momento. Y Señor, sabemos que no es un asunto de perdón. Tú perdonas, entendemos eso. Tú perdonas. Y algunas veces hay hombres que han tratado de hacer lo que está bien y pensaron que se casaban con una cristiana; pero no fue así. Y fue Cristo contra Satanás en el hogar. Algunas veces, fue una esposa que simplemente decidió vivir un estilo de vida inicuo, que se involucró en pecado y despedazó los mejores intentos del marido. Lo que sea. Sabemos que Tú perdonas. Ése no es el punto. El único punto es, Señor, que donde estemos en este momento, regresemos a ser los hombres que quieres que seamos. Olvida el pasado, comienza ahora. Señor, pedimos Tu gracia, Tu fortaleza, Tu sabiduría para que podamos ser lo que Tú quieres que seamos como maridos y mujeres. Y como maridos, podamos amar a nuestras mujeres y las mujeres respeten a sus maridos.

¡Oh Señor, danos hogares llenos de gozo porque hemos seguido el patrón presentado para nosotros en Tu poder y por Tu gracia, para la gloria de nuestro Salvador! Amén.

 

 

 

 

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