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Esta mañana de nuevo tenemos el privilegio de regresar al sexto capítulo de Efesios. Efesios, capítulo 6; y continuamos con el estudio de la armadura del cristiano. Estoy seguro que para este punto no nos hemos apurado a lo largo de esto. Y la razón es que esto está lleno de verdades grandes y maravillosas para nosotros. Y consideramos que el Señor nos da un privilegio tremendo al tener la oportunidad de compartirlo con usted debido a que quizás pase mucho tiempo hasta que regrese a Efesios 6, si el Señor quiere. Y queremos hacerlo lo más detallado posible. 

Estamos viendo Efesios 6, versículos 13 al 17. Y conforme cerramos el libro de Efesios, y estamos examinando la guerra del creyente y los recursos que él tiene para la victoria. A manera de introducción esta mañana, quiero responder a una pregunta que siempre surge cuando usted entra a un estudio como el que hemos tenido en las últimas semanas. Hemos estado estudiando a detalle el tema del compromiso. Hemos estado hablando de la dedicación, el compromiso, en cierta manera, el entregarnos a la obediencia para cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas. Hemos hablado del asunto de disciplinarnos a nosotros mismos, de controlar nuestros deseos y conformarnos a los estándares de Cristo. Hemos hablado realmente de ser un soldado, un guerrero y hacer nuestro mejor esfuerzo por causa de Él.

Ahora, esto de manera inmediata nos lleva a otra perspectiva que con frecuencia se presenta en esta área de la vida cristiana. Hay algunas personas que creen que todo este ejercicio y toda esta disciplina y todo este esfuerzo realmente no es lo que Dios está buscando. Y debido a que esa pregunta se presenta, creo que por un momento o dos, en esta mañana, debo responderla.

Hay una afirmación en el Antiguo Testamento hecha en referencia el rey Josafat que dice que la batalla no es tuya, sino que es del Señor. Ahora, esa afirmación se ha convertido en un lema para un grupo de personas que han sido llamados los quietistas. Es el movimiento que básicamente dice que la manera en la que debes vivir la vida cristiana no es mediante disciplina personal, mediante esfuerzo y mediante compromiso, sino que más bien es mediante el rendirte.

Y quizás, has sido expuesto en tu juventud o en algún otro momento, mediante lectura a este concepto de “deja todo y deja a Dios.” De hecho, hay un programa en la actualidad en la televisión, en una estación cristiana llamado “Deja todo y deja a Dios.” Hay una canción llamada “deja todo y deja a Dios” que lleve a cabo Su voluntad maravillosa.

Oímos mucho acerca del tema de descansar, de permanecer en Cristo, de entregarle todo al Señor. Sé que hay una canción contemporánea que dice ‘entrégale todo a Jesús’. Y usted oye a personas decir ‘deja de luchar y deja de esforzarte y cede, y ríndete. Ríndete totalmente, de manera completa. Y yo me acuerdo que oía mucho hablar de esto cuando era joven. Me acuerdo de asistir a campamentos y conferencias. Y en la Universidad en particular a la que asistí, hubo llamados constantes para venir al altar; y los alumnos eran como yo-yos, subían y bajaban tratando de rendirse. De hecho, descubrimos que había muchos de nosotros que estábamos dispuestos a rendirnos, sólo que no sabíamos cómo hacerlo. Parecía como si usted llegaba al punto en donde las lágrimas comenzaban a fluir. Llegaba con sus rodillas al altar, y se rendía. Y tres días después, pecaba. Y después, decía: “bueno, Señor, me rendí. ¿De quién es la culpa?” Entonces, se volvía muy difícil.

La gente que promueve esta manera de pensar usa una ilustración. Dicen que hay un cuarto oscuro. No hay luz en el cuarto, está oscuro. Y la persona está ahí tropezándose con todo, con las lámparas, con las sillas y demás y tratando de hacer lo que está haciendo. Y la razón por la que está oscuro ahí es porque tiene esas persianas que oscurecen totalmente el cuarto. Y afuera, hay luz de sol total. Y el sol está brillando. Pero el hombre adentro está tropezando por todos lados en el cuarto oscuro. Cuando lo único que tiene que hacer es abrir las persianas; y la luz del sol va a inundar de manera automática el cuarto para que pueda ver a dónde va. Y dicen que así es el vivir la vida cristiana. El Señor no quiere que tropieces por todos lados en la oscuridad, simplemente abre la persiana. Siéntate y descansa; y todo va a ser claro.

Hay personas que toman de Juan 15 el concepto de permanecer en Cristo no refiriéndose, dicen ellos, al acto de ser salvos, sino a la idea de rendirse, a la idea de ceder. Quizás cuando usted fue niño fue a un servicio en campamento y oyó hablar a alguien; y quizás lo exhortaron a rendirse a Jesús y a entregarle todo al Señor. Una rendición total y cantaban canciones acerca de esto y se emocionaban. Y cantaban estrofa tras estrofa. Me acuerdo cuando estuve en una convención con 2000 personas en donde cantaron por lo menos veinticinco estrofas de un himno hablando de que la gente se rindiera. Ha tenido esa experiencia, yo la he tenido. He ido a un campamento y vi a un niño que estaba tan frustrado al final de la semana… oímos tantos mensajes de la rendición y este pobre hombre estaba totalmente frustrado tratando de entender cómo rendirse. Decidió que la mejor manera de hacerlo era rendir su tiempo al Señor.

Y entonces, solían aventar una rama al fuego, un emblema de una vida rendida. Y él se levantó y dijo: “quiero entregar mi tiempo al Señor.” Y él tomó su reloj, se lo quitó y lo aventó al fuego. Y usted podía ver la frustración. Y usted sabe, eso no es inteligente. Esa es mala administración, arrojar su reloj al fuego. Eso es no es lo que usted hace para rendirse. Pero él estaba en el punto en el que estaba frustrado. Él había oído de dedicación, re dedicación, consagración, re consagración; y estaba trabajando duro en esto. Es sorprendente cuántos malos entendidos hay acerca de estos términos.

Me acuerdo cuando estábamos ahí en el centro familiar antes de que tuviéramos este auditorio. El coro estaba cantando y me había ido atrás porque alguien quería que escuchara un nuevo sistema de micrófonos o algo así. Y estaba ahí atrás, en la puerta de atrás durante una canción del coro. Una dama entró por la puerta y traía a un perro con una cadena, algo que no pasa con mucha frecuencia. No tenemos una regla acerca de eso, porque es algo raro. Pero el ujier se quedó ahí de pie. Y yo estaba viendo esto pasar. Y el perro, yo admito que estaba vestido de manera apropiada. Traía un suéter y un collar y era muy elegante y entró por la puerta y pensé que me iba a quedar de pie y ver cómo el ujier iba a manejar la situación.

Bueno, fue obvio desde el principio que esta mujer no tenía todo a su favor. Algo andaba mal con ella. Había algunas cosas que no estaban bien con ella. Pero bueno, llegó con el perro encadenado y el ujier, como que pestañeó dos veces y la vio. Y finalmente, se le acercó y le dijo: “usted no puede meter a su perro, señora.” A lo cual ella respondió: “está bien, Señor. Está muy bien. Vamos al cuarto de oración porque el acaba de re dedicar su vida.” Y claro, mi sonrisa se convirtió en un ahogo. Y claro, como un bautista en mi vida antigua, usted sabe que yo fui criado en una Iglesia Bautista, mi primera reacción fue “¿cómo sabes que el perro fue salvo para comenzar?” Usted sabe.

Pero bueno, el punto es que la señora obviamente no tenía todo a su favor. Pero lo importante aquí es una palabra: re dedicar. No tiene más significado para esa mujer que algo de lo que usted hace con su perro, llevar a su perro al cuarto de oración. No sé cómo eso se le metió en la mente. Pero esta es una ilustración más bien rara del mal entendimiento del término.

Quizás, usted es como algunas personas que conozco que suben y bajan por pasillos a lo largo de su niñez y en su juventud tratando de rendirse. Bueno, eso no es raro. No es raro en absoluto. De hecho, solía haber este himno antiguo que decía algo así: “santidad por fe en Jesús, no por mi esfuerzo.” Bueno, ‘deja todo y deja a Dios’ significa algo así como que usted no hace nada. C.H.A. Trumbull, quien solía descender este sistema, dijo: “cuando usted está totalmente rendido,” escuche esto, “nunca, ni siquiera experimentará tentación. Porque será derrotada por Cristo antes de que tenga tiempo de meterlo a usted en una pelea.”

Bueno, si eso es verdad, entonces cómo es cuando usted peca, ¿a quién le echa la culpa? Debe ser la culpa de Cristo, lo cual es algo aterrador de pensar. Porque eso no sería verdad. Rendirse es quizás ilustrado de manera apta en un libro llamado ‘El secreto del cristiano de una vida feliz’ escrito por Hannah Smith. En este libro, ella dice esto: “¿qué puede ser dicho acerca de la parte del hombre en esta gran obra, sino que él debe rendirse de manera continua? Pero cuando llegamos al lado de Dios en este tema, lo que quizás no se ha dicho son las maneras múltiples y maravillosas en las que Él lleva a cabo la obra que se le encomienda. Es aquí donde viene el crecimiento.” En otras palabras, lo que ella está diciendo que si usted quiere crecer espiritualmente no hagan nada más que rendirse, deje que Él haga todo. Ella lo ilustra: “la masa de arcilla nunca podría llegar a ser un vaso hermoso si quedara ahí en el foso de la arcilla durante miles de años. Pero cuando es colocado en las manos de un alfarero hábil, crece rápidamente conforme es moldeado en la forma en la que el alfarero quiere que sea. Y de la misma manera, el alma abandonada a la obra del Alfarero celestial es formada en un vaso debajo del agua santificada y apta para el uso del Amo, del Maestro.”

Ahora, todo se oye muy bien. Pero si usted no es nada más que un pedazo de arcilla en las manos de un alfarero y él está haciendo lo que él quiere que usted sea, ¿cómo es que usted va a salir de ahí para pecar? ¿Acaso la arcilla de pronto dice ‘mira, ya terminé con esto’ y se sale de la mano del alfarero para hacer lo que quiere hacer? Es algo difícil francamente para la ilustración. En un momento, Hannah Smith tiene al cristiano como un pedazo de arcilla suave y al siguiente momento, la arcilla ha salido de las manos del alfarero y está haciendo lo que quiere.

Pero el punto es este: debe haber más en la vida cristiana que un enfoque en el que usted no hace nada. La Biblia nunca enseña este enfoque. La Biblia simplemente no enseña que todo lo que tiene que hacer en algún punto en su vida es rendirse. La Biblia no enseña eso en absoluto. Hay muchos, muchos cristianos que han tratado, y tratado, y tratado interesado. Y nunca olvidaré la ilustración de un hombre que me dijo que estaba en una Iglesia en donde llamaban a la gente hacer esto y a hacer aquello. Y pasó al frente, ahí pasó y caminó por el pasillo, se hincó en el frente del pasillo; y comenzó a orar y orar para rendirse y orar para rendirse y orar para rendirse. Y el pastor lo vio en el medio de todo esto y finalmente le dijo: “órelo hermano, ore por ello.” Y le dijo a todo el mundo en la audiencia que oraran por él. Y finalmente, el hombre se levantó y dijo en voz alta ‘no puedo’. Y se salió por la parte de atrás. Bueno, eso es mucha frustración. No sé qué estaban tratando de hacer, pero ese es el tipo de frustración que viene cuando usted trata de rendirse y usted no entiende que hay otras cosas involucradas.

Ahora, estoy de acuerdo que debemos depender del recurso de Dios. Estoy de acuerdo con que debemos depender de la energía de Dios, del poder de Dios y de la fortaleza de Dios. Pero no es bíblico pensar que lo único que hacemos es simplemente sentarnos ahí. Y entonces, quizás algunas personas han tenido un problema con el énfasis que estoy haciendo en el compromiso, en la disciplina personal y en la vida cristiana, en sujetar su carne para la fortaleza de Dios. Pero no debe tener problemas, porque eso es lo que la Biblia enseña.

Por ejemplo, versículo 10, regresemos a nuestro texto. Vea si usted encuentra ahí la palabra rendir. Usted está en la batalla con el enemigo. “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de Su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.”

Ahora, usted no lee nada ahí acerca de rendirse. Usted lee ahí acerca de disciplina. Usted lee ahí acerca de compromiso. Esa es la idea. La vida cristiana es una guerra. Y si usted fuera a Hebreos capítulo 12, descubriría que la vida cristiana es una carrera. Y si fuera a 1 Corintios 9 descubriría que la vida cristiana es una pelea. Debemos, como dice Tito 3:8, “ser cuidadosos en aplicarnos a buenas obras.” Santiago 4, 1 Pedro 5, “debemos resistir al diablo”. Primera de Corintios 9, “debemos golpear a nuestro cuerpo para sujetarlo”. Efesios, capítulo 5, “debemos andar cuidadosamente.” Filipenses, capítulo 3, “debemos proseguir al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” Segunda de Corintios 7:1, “debemos limpiarnos de toda inmundicia de la carne perfeccionando la santidad en el temor de Dios.”

Ahora escuche, es demasiado simplista decir que todo lo que se necesita en la vida cristiana es algún tipo de actitud en la que usted simplemente se desmaya y dice “muy bien, Dios, Tú hazlo.” Eso es demasiado simple. Por un lado, eso es lo que están diciendo los quietistas. Y se les opuso un grupo de llamado los pietistas que eran los legalistas diciendo “todo lo tiene que hacer en la carne.” Y el equilibrio está en el medio. Sí, dependemos de la fuerza de Dios. Sí, descansamos en Su poder. Sí, permanecemos en la vid. Sí, dependemos de un recurso divino. Sí, no soy yo, sino Cristo; pero, por otro lado, debe haber en mente en la vida cristiana un nivel tremendo de compromiso. Un nivel de dominio propio y de disciplina personal. Debe haber en la vida cristiana una dedicación de nuestras vidas diariamente a pelear contra Satanás con toda la energía que tenemos. Es demasiado simple tan sólo decir “ríndete y eso es todo”.

Permítame mostrarle el equilibrio al llevarlo a 2 Pedro capítulo 1. En 2 Pedro capítulo 1, versículo 3 leemos esto: “como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder mediante el conocimiento de Aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia.” Ahora escuche esto, Dios nos ha llamado a gloria y virtud. Y para equiparnos para eso Su poder divino nos ha dado todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad.

Escuche, como cristiano, usted no carece de ningún recurso necesario. Usted tiene todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad. ¿De dónde lo sacó? Mediante el conocimiento de Él. Cuando usted un llegó a conocerlo en la salvación, Él le dio todo lo que necesita. Entonces, el recurso divino está ahí. Él lo llama poder divino en el versículo 3. Tenemos poder divino. Tenemos eso disponible.

Ahora, mediante ese poder divino, el versículo 4 dice: “por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas.” Tremendas promesas. Tremendo poder. Y después, nos volvemos participantes. Tenemos poder, promesa y participación de la naturaleza divina misma.

Ahora, esta es la parte de Dios. Dios dice: “aquí está Mi poder, aquí está Mi promesa. Participa de Mi naturaleza misma.” Es un recurso magnánimo tremendo para vivir la vida cristiana.” ¿Acaso sólo decimos ‘amén y ahora sólo voy a rendirme a eso’? ‘Voy a dejar todo y dejar a Dios. Voy a entregárselo todo a Jesús. No voy a hacer nada.’ ¡No! Porque usted llega inmediatamente después de esto al versículo 5. Y el versículo 5 dice: “vosotros también,” vosotros también, poniendo toda diligencia, trabaja. Sé diligente. Sé disciplinado. “Añadid a vuestra fe, virtud, a la virtud, conocimiento, al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, paciencia, a la paciencia, piedad y, a la piedad, afecto fraternal y al afecto fraternal, amor.” En otras palabras, tú concéntrate en trabajar. Y amados, eso no es tan simple como caminar por un pasillo y hacer un acto de rendición. Eso es parte de su vida. Debe haber un compromiso con el Señorío de Cristo. Debe haber un reconocimiento de Su poder y recurso en su vida. Pero no termina ahí. Comienza ahí.

En Romanos 6, hay un ceder de usted, sí. Hay un ceder de usted en Romanos 6. Pero también hay un hacer morir o un matar de las obras de la carne. Entonces, no es tan simple como eso. Y esa es la razón por la que no vacilamos en proclamar las verdades de Efesios 6. Hay un equilibrio.

Regrese, si es tan amable, por un momento, a Filipenses capítulo 2. Y ahí volverá a ver el equilibrio. Filipenses, capítulo 2, versículo 12: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor,” y la palabra obedecer es la palabra clave en el versículo. Usted se ocupa de su salvación en una vida de obediencia porque el versículo 13 dice: “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por Su buena voluntad.” Usted tiene a Dios operando en usted Su voluntad. Y Él opera en su obediencia. Esa es la idea. Dios opera en usted con Su voluntad. Usted lo opera mediante la obediencia. Ahí está el equilibrio. Dios está operando y usted está operando.

Se observe Colosenses capítulo 1, versículo 29, quizás el versículo más claro en esto. Colosenses 1:29 presenta de manera hermosa este equilibrio: “para lo cual también trabajo. Esto es trabajo duro, luchando según la potencia de Él, la cual actúa poderosamente en mí.” ¿Lo ve? Yo trabajo y Dios trabaja. Esa es la razón por la que digo que es demasiado simplista, simplemente estar tocando el tambor para el concepto de la rendición. Debe haber un compromiso en mi vida con la disciplina personal, con la obediencia dirigente.

De hecho, si usted adopta la postura de ‘déjelo todo y dije a Dios,’ ¿qué es lo que usted hará con todas las exhortaciones del Nuevo Testamento? ¿Qué significan? Si todo es el Señor, entonces deberían haber sido dirigidas a Él, no a mí.

No, no. Hay un equilibrio entre ceder al Señorío de Cristo y una disciplina total y compromiso en mi propia vida para seguir en obediencia. Ahora, en 2 Corintios, simplemente una palabra más que mostrarle, capítulo 6, versículo 4: “antes bien, nos recomendamos en todo,” todo lo que queremos hacer es recomendarnos o demostrar que somos los ministros de Dios, queremos que el mundo sepa “como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos, en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra.”

Ahora, ¿nota algo maravilloso en esto? Hay una mezcla fenomenal de cosas. Paciencia, es esa actitud personal. Tribulaciones, necesidades, angustias, azotes, cárceles, tumultos, trabajos, desvelos, ayunos, pureza, ciencia, longanimidad, bondad. Todas esas son las cosas que yo debo producir en mi vida. Pero debo atender a esas cosas. ¿Y cuál es la fuente? Por el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, la cual es la Biblia y por el poder de Dios y por la armadura de justicia. Esas son las cosas que Dios nos da. La mezcla perfecta de los dos. Entonces, dependemos de Dios si hacemos nuestro mejor esfuerzo. Ésa es la idea.

Ahora, regresemos a Efesios 6 con eso en mente. Lo que estoy tratando de decirles, amados, es que Efesios 6 no contradice a la Biblia en ningún otro punto. Y la gente que quizás le ha enseñado en su trasfondo que lo único que necesitaba hacer es rendirse no ha entendido el punto. Hay mucho más en la vida cristiana que eso.

¿Sabe una cosa? Solían, de hecho, decir que la única manera en la que usted podía crecer en la vida cristiana es mediante esa rendición total en donde usted no hace nada. Mientras que la Biblia dice que usted crece al actuar de una manera obediente, en un compromiso de disciplina personal con Jesucristo, que es un tema de esfuerzo diario. Usted no crece al no hacer nada. Usted crece mediante el esfuerzo máximo.

Ahora, veamos la armadura nuevamente. Y entonces, no titubeamos el vestirnos de ella. Espero que esto aclare el punto. Estamos en una batalla y esta batalla que debe ser ganada demanda nuestro mayor esfuerzo. Y entonces, primero debemos tener el cinto de la Verdad y después, la coraza de justicia y después el calzado del Evangelio de la paz. Y después, el escudo de la fe. Y después, en el versículo 17, debemos tomar el yelmo de la salvación.

Y ahí nos detuvimos la última vez. ¿Qué significa eso? ¿Qué el casco de la salvación? La última vez le dijimos que eso no significa ser salvo. Escuche, usted no tendría el cinto de la Verdad, y no tendría la coraza de justicia, y no tendría el calzado del Evangelio de la paz y no tendría el escudo de la fe sino fuera salvo. Esta semana oí a un hombre hablando en la televisión acerca de esto y él dijo que el casco de la salvación significa ser salvo. Eso no significa ser salvo. Usted no es salvo en quinto lugar. En primer lugar, usted es salvo. Y como dije la semana pasada, fuimos salvos en el capítulo 2. Éste es el capítulo 6. Y ya hemos sido salvos por cuatro capítulos. El casco de la salvación es algo diferente que tan sólo el simple acto de gracia salvadora. Ya estamos en el ejército. Eso da por sentado que ya somos salvos.

¿Qué es? Le dije que la salvación tiene tres dimensiones: pasada, presente y futura. Ahora escuche: ésa es la única definición de la salvación que la Biblia comprende. No hay otro tipo de salvación fuera de una salvación de tres dimensiones. Pasada, presente, futura. La Biblia no conoce nada de una salvación que sólo es válida en el pasado. La Biblia no conoce nada de una salvación es sólo es válida en el presente. La Biblia no conoce nada de una salvación para la cual usted tiene que esperar para ver si usted la va a recibir en el futuro.

La Biblia sólo conoce una salvación de tres dimensiones: pasada, presente, futura. Hemos sido salvos, estamos siendo salvos y seremos salvos. El pasado: justificación, lo cual resulta en santificación y promete glorificación. La salvación sólo es vista bíblicamente en estos tres términos. Todos reunidos en uno. El pasado, fuimos salvos de la paga del pecado. El presente, estamos siendo salvos del poder del pecado. En el futuro, seremos salvos de la presencia del pecado. Entonces, debe ver la salvación en esas tres dimensiones.

Ahora, la dimensión de la que Pablo habla específicamente aquí es la futura. El casco de la salvación no es algo que tiene que ver con el pasado. No es algo que ni siquiera tiene que ver con el presente, en un sentido. Es algo que tiene que ver con el futuro. Y eso es lo que él está diciendo. Usted puede estar seguro de su salvación en el futuro. Y eso se convierte en una protección en contra de la espada grande que Satanás usa.

La última vez le dije que él tiene una espada grande, ancha, la palabra griega es una rhomphaia. Y tiene dos orillas. Una orilla es el desánimo y la otra orilla es la duda. Y Satanás quiere pegarle a usted con el desánimo y la duda. Y la protección que usted tiene es el casco de la salvación. El yelmo de la salvación. Cuando usted se desanime, recuerde que está por venir un día glorioso. Cuando usted se desanime, recuerde que está por venir una celebración de victoria. Cuando usted se desanime y quiera cansarse de hacer el bien, recuerde que usted va a cosechar si usted no desmaya. Recuerde que algún día, va a venir una recompensa. Recuerde que vendrá un día de coronación. Algún día, Jesús lo va a enfrentar a usted y le dirá: “bien, buen siervo y fiel.” Y recuerde que ese día está por venir. Y cuando Satanás quiere pegarle con el desánimo porque en la batalla lo cansa, porque usted se cansa, porque la lucha es interminable, recuerde que viene un día de victoria. Hay una meta final. Hay una pistola al final. El reloj va a acabar y estaremos de frente cara a cara con Jesucristo en ese momento glorioso.

Y entonces, así es el casco de la salvación. Confianza en el futuro, como Pablo lo llama en 1 de Tesalonicenses 5, el yelmo de la esperanza de la salvación. Pero el casco nos da la fortaleza para continuar en el presente. Nos da la fortaleza para continuar en el presente aun cuando las cosas se ponen difíciles. Hay una meta final, hay una recompensa gloriosa. Hay un fin en mente. Viene un día de coronación. Habrá un momento en el que dejemos este velo de lágrimas y entremos en la presencia de Jesucristo y nuestra carne sea hecha a un lado. Ya no habrá más pecado, no habrá más lucha y no habrá más guerra y no habrá más batalla. Viviremos en un universo glorioso nuevo. Está por venir y será disfrutado de manera plena en base al nivel más elevado de compromiso ahora.

Entonces, lo que estamos diciendo es que cuando Satanás quiere afectarlo a usted con desánimo en la batalla, reconozca que viene un día de victoria y no se rinda. Habiendo hecho todo, esté firme.

Y traté de compartir con usted en la última vez que, si no hubiera un elemento futuro de la salvación, las otras dos partes no tendrían sentido. Si yo fui salvo y estoy siendo salvo, pero no hay futuro, ¿por qué seguiría haciendo esto? ¿Por qué debo pelear tan duro si no hay futuro? Si no hay esperanza de una plenitud y un elemento final de salvación, ¿por qué hacer todo este esfuerzo? Permítame ilustrarle esto en Primera de Corintios 15:32. Y esto es muy apto a partir de la experiencia de Pablo. Pablo dice en este versículo, 1 Corintios 15:32: “si, según los hombres, o estrictamente de una manera humana, he peleado con bestias en Éfeso, ¿de qué me sirve si los muertos no resucitan? Comamos y bebamos por que mañana moriremos.” Escuche, si no hay futuro en esto, olvídelo. Si tengo que ir a Éfeso y la cosa se pone tan difícil ahí, y la persecución es tan severa que tengo que pelear con bestias salvajes, ¿de qué me va a servir si no hay resurrección? ¿Qué tipo de salvación es ésta que no va a ningún lugar? ¿Creen que me voy a jugar la vida por una multitud de animales salvajes? ¿Creen que voy a enfrentar a una multitud de paganos hostiles con el Evangelio de Cristo si no hay resurrección, si no hay elemento futuro de salvación? Yo me rendiría en este momento, tiraría la toalla y me iría. Y diría que se acabó. Ésa es la idea. Él está diciendo “¿qué tipo de salvación sería si no tuviera un futuro?” No tendría poder en absoluto que me hiciera pelear la batalla en la actualidad.

Observe 2 Corintios capítulo 4, versículo 6: “porque Dios quien mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” Ahora, lo que ese versículo significa es que Dios nos ha hecho luces en el mundo. Dios ha colocado a Cristo en nuestros corazones para irradiarlo al mundo y, por lo tanto, versículo 7, tenemos este tesoro. ¿Cuál es el tesoro? Es la luz de Dios en nuestras vidas. Tenemos estos vasos de barro, estos cuerpos. Y la excelencia del poder es de Dios, no es de nosotros. Tenemos poder divino en la morada de Cristo.

¿Y qué sucede? Muy bien, llevamos a Cristo al mundo. Tenemos el poder y la luz está ahí. Salimos y ¿cuáles son los resultados? Versículo 8: “estamos atribulados en todo mas no angustiados, en apuros. Mas no desesperados, perseguidos, mas no desamparados. Derribados, pero no destruidos, llevando en el cuerpo siempre y por todas partes la muerte de Jesús.” Versículo 11: “porque nosotros que vivimos siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús.” Ahora vea eso, él dice: “así es como debemos ministrar por Cristo.” Una gran carrera en que entrar, ¿verdad? Adondequiera que vamos hay aflicción, estamos derribados, llevando en nuestro cuerpo la muerte del Señor, siempre al filo de la muerte, alguien quiere quitarnos la vida. Así es como vivimos día tras día. Día tras día, confrontando a un mundo hostil, impío. Usted podría preguntarle: “bueno, ¿por qué te molestas, Pablo? ¿Por qué te molestas? El versículo 14 dice por qué se molesta. “Sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús a nosotros también nos resucitará con Jesús y nos presentará juntamente con vosotros.”

Ahora escuche, lo que sostuvo a Pablo en el nivel de compromiso que tuvo fue que algún día él sería resucitado a la gloria con Cristo, ¿se da cuenta? De tal manera que la dimensión futura de la salvación se convierte en una fuerza poderosa al vivir la vida ahora. Oiga, ¿sabe una cosa?, voy a estar cara a cara con Jesucristo algún día. Voy a estar cara a cara con un registro de lo que he hecho para servirle. Y lo amo lo suficiente, tengo suficiente deseo como para conocer la plenitud de la vida eterna y todo lo que puede darme, como para que yo entregue todo lo que puedo dar mientras que Dios me dé aliento en este pequeño respiro de lágrimas en esta pequeña vida que es sólo neblina que aparece por un poco de tiempo y se desvanece. Quiero aprovechar al máximo estos pocos años para que pueda experimentar la plenitud de la glorificación en la eternidad con Cristo para siempre. Y la razón por la que no quiero cansarme en hacer el bien es porque sé que cosecharé una recompensa gloriosa si no desmayo aquí. Ese es el caso de la salvación.

Entonces, cuando Satanás viene en contra de mí y quiere desanimarme y dice: “¿por qué no dejas de predicar por un tiempo y descansas? Tómate un tiempo de descanso. Oh, no, no le des tanto tiempo y dedicación al estudio, simplemente piensa en algunas cosas. Cuéntales historias simpáticas, anécdotas. No notarán la diferencia. Simplemente, disfrútalo.” Y a veces me afligen las cosas en las que yo inclusive trabajo duro y Satanás dice: “Oh, el ministerio es muy desalentador, la gente no te valora. Tú sabes, la Iglesia no es como quieres que sea. O no está haciendo las cosas que tú quieres que haga. Simplemente, date por vencido.” Y usted aguanta ahí porque usted sabe que el día de coronación está por venir. Usted sabe que el día de rendición de cuentas está por venir. Usted sabe que ese día en el cual usted será como Jesucristo está por venir y usted hace su máximo esfuerzo porque es una certeza que ese día está por venir.

Eso es lo que movió a Pablo. Eso es lo que debe motivarnos. Él dijo: “he peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe.” ¿Por qué Pablo? Porque me espera una corona de justicia la cual el Señor, el juez justo, me dará mí y no sólo a mí sino también a los que aman Su venida. Y lo hago porque se lo que está por venir. Y entonces, cuando Satanás viene con la espada de desánimo y la orilla del desánimo en contra de nuestras vidas, nos aferramos y estamos protegidos por la confianza de que la salvación que Dios prometió va a cumplirse.

Hay una segunda cosa y es que Satanás tiene otra orilla en su espada. No es desánimo, es duda. Y quizás la duda es el desánimo definitivo. ¿Sabe usted que Satanás quiere que dude de su salvación? Bueno, realmente es bueno en eso. La mayoría de la gente sufre de eso en algún punto de su vida cristiana al principio. Ahora, si usted crece en el Señor y llega al punto en el que quizás ya no duda, ninguno de nosotros es totalmente invulnerable a las tentaciones de Satanás en ese punto. Pero Satanás quiere venir después de que usted acaba de hacer algo que es pecaminoso y decirle: “tú no eres cristiano, no puedes ser cristiano, ¿por qué el Señor te va a salvar? No eres lo suficientemente bueno. No mereces ser salvo. ¿Cómo sabes que realmente lo tomaste de en serio cuando lo hiciste? Más vale que lo vuelvas a intentar a ver si funciona mejor.” Satanás realmente ataca a la gente en esa área.

Y hay personas, como usted sabe, que van a ciertas iglesias en donde enseñan que usted puede perder su salvación. Viven constantemente en el temor. La gente pregunta: “¿vives en la seguridad eterna?” En un sentido, eso es lo que la Biblia está diciendo aquí. En lo que yo no creo es en la inseguridad eterna. Pero hay algunas personas que viven en eso todo el tiempo. Simplemente, viven en un estado constante de inseguridad. Y a algunas personas se les dice que nunca sabrán si son salvos hasta que enfrenten al Señor. ¿Se puede imaginar vivir así? Toda su vida pensando ¿voy a llegar p no voy a llegar? Oh, me estoy acercando… ¿Voy a llegar o no? ¡Qué existencia tan horrible! Eso no sería nada de “estas cosas os he escrito para que vuestro gozo sea cumplido”. Usted tendría que decir que el Nuevo Testamento tendría que decir “estas cosas os he escrito para que sean miserables”. No podría ser feliz sabiendo que esto es como una adivinanza.

Después, hay otras personas que creen que cada vez que usted peca, usted pierde su salvación. Nunca olvidaré a un hombre en la televisión en el canal 40, al cual le hicieron algunas preguntas y alguien llamó y le dijo: “si pecas siendo cristiano y se te olvida confesarlo antes del rapto, pecas, el rapto viene y no has tenido tiempo para confesar, ¿qué pasa?” Él dijo: “te vas al infierno.” Ahora, ¿se puede imaginar vivir bajo ese tipo de temor?

Satanás quiere que nosotros tengamos temor de que no tenemos salvación. Él quiere que dudemos de la salvación. ¿Sabe por qué? Porque él quiere que dudemos de la promesa de Dios. Él quiere que creamos que Dios no guarda Su palabra. Él quiere que creamos que la salvación no es para siempre, que Dios no puede sostenernos. Él quiere que neguemos el poder de Dios, que neguemos al recurso de Dios, que neguemos que Dios puede sostenernos, que neguemos que Dios habla la verdad. Y todas estas cosas son negaciones simples de esto.

Entonces, Satanás viene contra nosotros, nos hace dudar. ¿Cómo reaccionamos a esto? El casco de la salvación es que, si usted tiene una salvación pasada, hermano, hermana, si usted tiene una salvación pasada, usted también tiene una futura, ¿verdad? Porque no hay otro tipo de salvación vista en la Biblia. No hay otro tipo. Pero la totalidad de lo que incluye justificación, santificación, glorificación. A quien Él llamó, Él justificó. A quien Él justificó, Él glorificó. Y no hay nadie que se pierda.

Ahora, permítame mostrarle esto a medida que regresamos en la Biblia a Juan, capítulo 6. Sólo quiero que quede en claro este punto y después, lo dejó irse. Y entraremos en la espada la próxima vez. Pero en Juan, capítulo 6, un pasaje muy, muy importante en el versículo 37. “Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí. Y el que a Mí viene, no le echaré fuera.” Ahora, lo que el Señor dice es que, si usted viene a Él, Él no lo va a echar afuera. Y no lo va a echar significa bajo ninguna circunstancia. No hay circunstancia en la existencia del universo por la cual Cristo deseche a alguien que viene a Él. Eso es lo que Él está diciendo. Si usted viene a Él, bajo ninguna circunstancia, bajo ninguna condición, en ningún caso, Él lo va a echar fuera. ¿Por qué? Porque los únicos que vienen a Él son los que el Padre da, ¿se da cuenta?

Y si Dios le entrega a usted a Cristo, entonces usted tiene el decreto de Dios de la salvación eterna. Y usted tiene la respuesta de Cristo a la salvación eterna y no hay manera de perder. El Padre, entonces, simplemente para darle una ilustración de lo que Él está diciendo, el Padre está recompensando al Hijo. El Hijo ha hecho bien al ir a la cruz y cumplir la redención. Entonces, el Padre le da a Él regalos. Y los regalos son preciados. Son las almas de los hombres. Usted y yo, que conocemos a Cristo, somos los regalos del Padre al Hijo, muestras del amor del Padre. Y el Padre ama tanto al Hijo que le entrega este tipo de regalos. Y de la misma manera, el Hijo ama tanto al Padre que Él se aferra a esos regalos tan preciados. Todo lo que el Padre le da, vendrá a Él. Y cuando vienen, bajo ninguna circunstancia los voy a echar fuera. ¿Por qué? No es debido usted. No es debido a usted en absoluto. Usted ni siquiera entra aquí en el escenario. Es porque el Hijo ama al Padre demasiado como para perder a alguien que fue un regalo de amor del Padre al Hijo, ¿se da cuenta? Todo se encierra en la Trinidad.

Ahora, observe el siguiente versículo, 38, “porque Yo descendí del cielo no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” Este fue el plan del Padre desde siempre. El plan entero del Padre fue redimir a algunas personas, entregárselas al Hijo y que el Hijo las guardara. Ése es el plan entero. “Y esta es la voluntad del Padre que me envió.” ¿Cuál es Su voluntad? “Que de todo lo que Él me ha dado, no pierda Yo a nadie, sino que lo resucite en el día postrero.” ¿A cuántos pierde Jesús? A ninguno, a ninguno, a ninguno. No hay pérdida en el decreto del Padre, el regalo al Hijo y la resolución del día postrero.

Entonces, usted tiene justificación, santificación, glorificación. Pasado, presente, futuro. Sin pérdida. Entonces, la Biblia enseña que Dios tiene un concejo que no puede ser cambiado, un llamado que no puede ser revocado. Una herencia que no puede ser contaminada. Un cimiento que no puede ser quebrantado. Un sello que no puede ser sacudido. Una vida que no puede perecer.

Ahora, pase a Juan 10, versículo 27 por un momento. Ahora, aquí hay siete hebras en la cuerda que nos amarra eternamente a Cristo. Siete grandes razones por las que usted mantiene la salvación. Siete verdades grandes. Número uno, versículo 27: “Mis ovejas.” Mis ovejas. Deténgase ahí. ¿Usted es oveja de quién? Usted es la oveja de Cristo. Ahora escuche, si usted en la oveja de Cristo, es el deber de Él como pastor cuidar de usted y protegerlo a usted. Si Él lo pierde a usted, esto de hecho es una mancha, una falla en Su capacidad como pastor. ¿Entendió eso? Si usted es Su oveja, y el pastor debe cuidar de las ovejas, entonces el hecho de que alguien se pierda refleja la virtud y calidad del pastor.

Hay una segunda hebra que nos amarra o liga a Cristo: “Mis ovejas oyen Mi voz y Yo las conozco y me siguen.” Escuche, siguen a Cristo, Sus ovejas, sin excepción alguna. No van a escuchar a extraños. Sólo lo escuchan a Él. Los cristianos verdaderos son entonces guardados por el poder del gran pastor. Ésa es la hebra número uno.

En segundo lugar, seguirán. Eso es lo que Él dice: “seguirán.” Pueden tropezar en pecado, pero estarán ahí.

En tercer lugar, versículo 28, “Yo les doy vida eterna”. Ahora, ¿la vida eterna cuánto tiempo dura? Para siempre. Es vida eterna. Para hablar de ella como final es una contradicción en términos. La vida eterna es eterna.

Entonces, estamos seguros por la naturaleza del Pastor. Estamos seguros por la naturaleza del Pastor conforme siguen. Y estamos seguros por la definición misma del regalo de la vida eterna. Es para siempre. Además, es un regalo. Y yo les doy vida eterna. Usted no hizo nada para ganársela. Usted no puede hacer nada para guardarla. Es un regalo.

En quinto lugar, otra hebra que nos mantiene seguros con Cristo es que Él dice: “y nunca perecerán.” Si un cristiano llegara a perecer, entonces Cristo no dijo la Verdad. Si Cristo no dijo la Verdad, entonces deshágase de su Biblia, olvídese del cristianismo. Todo está equivocado. Además, el cristianismo dice “y ninguno puede sacarlos de la mano de Mi Padre.” No hay poder en el universo que sea más fuerte que Dios.

Y si Dios quiere mantenernos seguros, así va a ser. Nadie puede sacarnos de la mano del Padre. Y, además, Él añade en el versículo 29: “Mi Padre que me las dio es mayor que todos y nadie puede sacarlos de la mano de Mi Padre.” Observe el versículo 28, Él dice ‘Mi mano’. Versículo 29, Él dice ‘la mano de Mi Padre’. Protección doble.

Ahora, lo que le estoy tratando de mostrarle en estos dos pasajes en Juan es que Jesús mismo, por Sus propias palabras confirma el hecho de que una salvación pasada incluye una futura también. La vida eterna es simplemente eso. Nunca perece, nunca falla. Nunca pierden ninguna de ellas. Así es como Jesús habló de eso. No es sorprendente que cuando usted llega a Romanos 8, versículo 38, el apóstol Pablo dice: “por lo cual estoy persuadido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús nuestro Señor.” Pablo está diciendo que no hay nada en el universo ahora o en el futuro que jamás pueda separar a un creyente de Cristo.

En Filipenses, capítulo 1, versículo 6, dice: “estando persuadido de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, esa es la parte pasada de la salvación. Él la comenzó. “La perfeccionará” ese es el presente, “hasta el día de Jesucristo.” Ese es el futuro. Los tres elementos de la salvación se encuentran en el mismo versículo.

Y quiero cerrar nuestro estudio en esta mañana al pedirle que me acompaña al libro de Judas, el penúltimo libro en el Nuevo Testamento. Y quiero compartir con usted simplemente dos versículos aquí que son tremendamente poderosos. Permítame tan sólo decir esto a manera de perspectiva general de Judas.

El libro de Judas trata con la apostasía o una partida de la fe. Está preocupado primordialmente con la naturaleza vil de los falsos profetas y los falsos maestros. Habla en el versículo 4 acerca de ciertas personas que se han infiltrado, básicamente ordenados para la condenación, hombres impíos que han convertido la gracia de Dios en lujuria. Habla de soñadores sucios en el versículo 8. Habla de profetas que profetizan por motivos de avaricia en el versículo 11. Estas manchas, llamadas manchas en el versículo 12, nubes sin agua, árboles sin fruto, doblemente muertos, arrancados por las raíces, olas salvajes del mar, estrellas errantes para quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas para siempre. Murmuradores, quejumbrosos, simplemente seres impíos, sensuales, horrendos. Estos son los apóstatas. Y aquí esta este pequeño grupo de cristianos, por así decirlo, en el medio de una edad apóstata, no diferente de la nuestra en la actualidad. De hecho, estoy trabajando ahora en un libro que se llama Cómo Sobrevivir en los Días de la Apostasía. Y está básicamente basado en Judas.

Pero el concepto aquí es que, en medio de la enseñanza falsa, vil, mala, la corrupción de la Iglesia, la corrupción del cimiento, por así decirlo. Hay un grupo pequeño de creyentes que podría estar pensando ‘hombre, realmente a lo mejor nos va a arrastrar esto. ¿Qué nos va a suceder?’ Ven que todo va hacia abajo como nuestra sociedad con el liberalismo, la neo ortodoxia y toda la basura que viene en el nombre del cristianismo que parece estarse vendiendo por todos lados. Y nosotros preguntamos: ‘¿qué hay de nosotros? ¿Seremos arrastrados por todo esto?’ Y entonces al comienzo de Judas, versículo 1 y al final de Judas, versículos 24 y 25 Judas reitera el hecho de que no tenemos que temer. No importa qué tan malo el día se ponga, no importa qué tan mal esté el mundo que nos rodea, Judas, siervo de Jesucristo, hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre y guardados en Jesucristo.” Mejor traducido: “guardados por Jesucristo” en el caso dativo. Él dice en medio de toda la corrupción que los rodea, han sido apartados por Dios y guardados por Jesucristo. Tēreō es el verbo griego. Significa guardar, velar, mantener y preservar. Es inclusive usado fuera de la Biblia para hablar de algo que es garantizado. Cuando usted fue salvado, a usted se le dio una garantía.

La Biblia habla acerca del hecho de que se nos han dado la arras del Espíritu. Y las arras significa un anillo de compromiso. Un enganche, una garantía. Cuando usted fue salvo, Dios le dio a usted el Espíritu Santo como una garantía de que algún día usted será glorificado en la presencia de Dios. Inclusive, en los tiempos más difíciles. ¿Sabe una cosa? Jesús oró: “Padre, oro porque los guardes, a los que me has dado. Que los guardes del maligno.” En Juan 17:11 y 15; y la oración de Jesús será respondida. El Padre guardará al creyente. Y eso es lo que Él está diciendo ahí. Ustedes no sólo son santificados. Ustedes son guardados por Jesucristo. Ése es el casco de la salvación.

No necesita escuchar las dudas de Satanás: ‘oh, más vale que te asegures que es un cristiano para comenzar.’ Si usted está tambaleándose en ese punto, no puede tener ninguna confianza. Si usted no tiene confianza alguna, número uno, quizás no sea cristiano en absoluto. Pero número dos, quizás sea un cristiano que está siendo atacado severamente por Satanás; y más vale que se ponga el casco de la salvación.

Pase al versículo 24 de Judas. Y aquí esta lo mismo de nuevo, nada más que con mayor detalle. “Y Aquel que es poderoso para guardaros sin caída.” ¿No es eso maravilloso? La palabra poderoso. Él es lo suficientemente poderoso para guardarlo de caer. No es nada más que Cristo no quiere que caiga, sino que Él tiene la capacidad de prevenirlo, ¿se da cuenta? Él tiene la capacidad de prevenirlo. Y Él es poderoso para presentarlo sin mancha, amōmos, sin mancha. Y, por cierto, amōmos se usa en 1 Pedro 1:18 y 19 para referirse a Cristo. Él puede guardarlo de que usted tropiece. Guardarlo de caer y presentarlo tan puro como Cristo es puro, algún día en la presencia de Dios Padre. Ése es el poder protector de Cristo.

Es una seguridad tremenda, tremenda. Y la palabra aquí, que está hablando de presentarlo no es tēreō, la misma que la primera de guardarlo, sino que es phulassō lo cual significa segura en el medio de un ataque. Entonces, sin importar lo que todas las huestes del infierno le hagan a usted, Cristo es lo suficientemente poderoso como para guardarlo y presentarlo amōmos, tan irreprensible como Jesucristo en la presencia de Dios. No es sorprendente que el salmista dijera con confianza: “ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida.” Él lo sabía. Y en últimas, moraré, ¿en dónde? En la casa de Jehová para siempre.” Todos los días.

Como puede ver, él sabía que la salvación que Dios le dio era una salvación pasada, presente y futura. Ciertamente, él dijo, el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida y en últimas, moraré en la casa de Jehová todos los días. En 1 Tesalonicenses, capítulo 5, versículo 23, Pablo dice en una bendición gloriosa: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” Y me encanta esto, “fiel es el que os llama, el cual también lo hará.” ¡Que cosa tan grande! Tan maravillosa.

Pablo dice en esta gran bendición, preservados, irreprensibles y fiel es el que os llama el cual también lo hará. No. No aceptamos los ataques de duda que Satanás trae contra nosotros. Nuestra armadura es la confianza de que nuestra salvación es futura así como también presente y pasada. Y Cristo nos sostiene en el poder de Su propia mano. En Hebreos 6:16 al 19, la Biblia dice que hay dos cosas, dos cosas inmutables, dos cosas incambiables: la promesa de Cristo y el juramento de Cristo que anclan el alma del creyente para siempre. Hebreos 6:16 al 19.

Y entonces, es esa confianza que nos hace defendernos en contra de los ataques de Satanás. Amados, cuando él venga con desánimo, cuando él venga con duda, recuerde con certeza que está por venir un día de gloria. Está por venir un día de victoria y pelee la buena batalla, tenga confianza en la salvación que Dios le dio a usted. Y sepa que usted estará ahí para el día de la coronación. Y en el himno maravilloso, el cimiento de la Iglesia, el escritor dice: “en el medio de la tribulación y la aflicción y el tumulto de sus guerras, ella espera la consumación de la paz para siempre, con la visión gloriosa de sus ojos anhelantes hasta que sea entonces bendecida y la gran Iglesia victoriosa se vuelva la Iglesia descansando.” Algún día vendrá el descanso. Pero no ahora. Estamos en la batalla. Tenemos que pelear la batalla. El descanso viene más adelante cuando la victoria haya sido nuestra.

Otro himno, y usted lo conoce bien, dice: “estad por Cristo firmes. Estad por Cristo firmes. La lucha no será larga. En el día de hoy, hay ruido de batalla, al día siguiente, la canción victoriosa. Aquel que venciere, la corona de vida será suya. El Rey de gloria con él reinará eternamente.” Y terminó con las palabras de John Bunyan, “ningún enemigo puede atemorizar su Espíritu. Él sabe que al final la vida heredará. Él no tome lo que los hombres dicen. Él trabajará día y noche para ser un soldado.” El querido John Bunyan fue arrojado a la cárcel de Bedford; y ahí fue donde él determinó que pelearía y nunca se cansaría. Él no sentiría los golpes del desánimo y la duda; y en esa época en la cárcel, él miró hacia adelante, hacia el día en donde estaría con Jesucristo. Y en lo peor de las circunstancias, él produjo lo más grandioso que jamás produjo en su vida, El Progreso del Peregrino. No se rinda, no deje que Satanás lo haga víctima del desánimo y la duda, porque usted ganará al final. Mantenga el casco puesto.

Oremos. Padre, Te damos gracias por nuestro tiempo en esta mañana. Habla a todos nuestros corazones. Mientras que sus cabezas están inclinadas por tan sólo un momento, a mi derecha en la parte de adelante, está nuestro cuarto de oración. Y quizás, mientras que usted está meditando, quizás Dios lo está llamando a un compromiso de algún tipo. Quizás usted no lo conoce a Cristo, quizás usted lo conoce, pero no está viviendo para Él. Quizás usted está buscando una iglesia. Quizás usted tiene preguntas que necesitan respuesta. En lugar de irse, después de que oremos en unos segundos, venga al frente a mi derecha, ahí en las puertas dobles de madera y permita que un consejero ore con usted. Hay material gratuito, alguien con quien hablar, con quien orar. Su vida puede ser cambiada hoy. Lo estaremos esperando aquí adelante y lo alentamos a que venga.

Padre, oramos para que Tú traigas a aquellos que quieres que vengan esta mañana. Y Señor, trae en esta noche a aquellos que necesitan oír Tu palabra en el tema del divorcio también. Gracias por este gran día, Señor. Ayúdanos a pelear la batalla fielmente para que la victoria sea Tuya y la gloria y el honor Tuyos, en el nombre de Jesús. Amén. Que Dios los bendiga.

 

 

 

 

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