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Esta mañana llegamos al sexto capítulo de Efesios por última vez, porque vamos a terminar nuestro estudio de este libro maravilloso. Entiendo, como mencioné la semana pasada, que este es el mensaje 62 o 63 en nuestro estudio de Efesios y pienso de nuevo, como cuando cierro un libro, que hemos pasado más de un año estudiando este libro, que realmente no hemos comenzado a llegar a las riquezas y las profundidades que aquí están; pero Dios realmente ha cambiado nuestras vidas conforme hemos estudiado. Dios ha hecho algunas cosas maravillosas.

Conforme miro hacia atrás, a los temas del libro de Efesios, probablemente en este libro, en más de un año, hemos disfrutado el tiempo más emocionante de nuestra Iglesia. Dios nos ha confrontado en tantas maneras, con tantos pensamientos nuevos; ha hecho algunas cosas dramáticas en medio de nosotros y realmente ahora no llega a un fin, porque simplemente tomamos todo lo que hemos aprendido, tomamos todo lo que Dios ha plantado en nuestros corazones y comenzamos a aplicarlo aquí, conforme comenzamos a vivir nuestras vidas para Su gloria. Un

Entonces, no dejamos el libro de Efesios. Simplemente, tomamos lo que hemos aprendido y comenzamos a dejarlo moverse a través de nosotros para la gloria de Dios, conforme vivimos en este mundo. Pero llegamos en esta mañana a la última sección del libro y tomaremos esta sección como una unidad esta mañana. Y quiero que escuche conforme leo los versículos 18 al 24.

“Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del Evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar. Para que también vosotros sepáis mis asuntos, y lo que hago, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado y fiel ministro en el Señor, el cual envié a vosotros para esto mismo, para que sepáis lo tocante a nosotros, y que consuele vuestros corazones. Paz sea a los hermanos, y amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo. La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable. Amén.”

En el año 1671, nació en Alemania un hombre llamado Johann Burchard Freystein. Él escribió las siguientes palabras de un himno antiguo, y cito: “levántate alma mía a velar y orar. De tu sueño, despierta. No estés inconsciente por el día malo o tomado, porque al enemigo bien lo conocemos. Su cosecha él levanta mientras que el cristiano duerme. Vela en contra de las trampas del diablo, no sea que se encuentre dormido a ti, porque, de hecho, él se esfuerza por engañar y cegarte. Satanás ataca como víctima a aquellos que están durmiendo seguros y no velan. Pero mientras que estás alerta, también ora al Señor de manera incesante. Él te liberará, Él será tu fortaleza y hará que tu fe incremente. Oh Señor, bendice en aflicción y que nada me mueva de la voluntad a servirte a Ti.” Fin de la cita.

Más de 100 años atrás, Charlotte Elliott escribió las palabras de otro himno: “cristiano, no busques aún el reposo. Despójate de tus sueños de comodidad. Tú estás en medio de enemigos, vela y ora. Principados y potestades, sin que los veas, están esperando tus horas en las que no estás alerta. Vela y ora. Vela como si de eso dependiera únicamente todo el día. Ora para que se te envíe ayuda desde arriba. Vela y ora.”

Estos dos himnos apuntan a la realidad de que la victoria sobre Satanás, la victoria sobre sus huestes, la victoria en la batalla en la que estamos involucrados, involucra un compromiso tremendo con la oración. Eso es lo que ambos escritores de los himnos están diciendo.

Y eso es precisamente lo que el apóstol Pablo está diciendo en el capítulo 6, versículo 18. Ahora, él ya explicó la batalla en el capítulo 6, versículos 10 al 13. Y él ya ha explicado de manera muy clara la armadura en los versículos 14 al 17. Y ahora, él trae a la luz el tema de la oración. El versículo 18, comienza “orando en todo tiempo.”

La oración, entonces, se convierte en el tema de conclusión en la carta a los efesios. No se menciona como parte de la armadura del cristiano porque es más que eso. La armadura terminó en el versículo 17 y la oración va por encima de esto. Y además de eso, la oración está en armonía con eso.

Entonces, el apóstol Pablo no está diciendo además de estas cosas, añadan la oración. Sino que más bien, entretejido en esto está la oración. Mientras que estamos poniéndonos el cinto de la veracidad y la coraza de justicia y el calzado del Evangelio de la paz y el casco de la salvación y la espada del Espíritu, a lo largo de todo esto, estamos involucrados con esos elementos, el escudo de la fe, al mismo tiempo estamos involucrados en la oración. Orando en todo tiempo, a lo largo del proceso de armarnos a nosotros mismos, a lo largo de las demandas de la batalla, a lo largo del proceso de que esté en el punto máximo de intensidad o más tranquilo en la batalla, estamos involucrados en la oración. La oración es el aire mismo que respiramos.

Me acuerdo leer acerca del tipo de animal que vive en los lugares oscuros del mar. Ahí en la profundidad del mar, no es un pez, ni un ave realmente, pero vive ahí y puede quedarse en la oscuridad por un período de tiempo, pero después tiene que ascender de regreso a la superficie y volver a inhalar. Y después, regresar de nuevo.

Y así también el creyente, mientras que a lo largo de su vida en todas las vicisitudes y en todo momento de su vida debe ascender, por así decirlo, al trono de Dios para respirar, inhalar del aire de la oración. Y después, y únicamente entonces, él puede existir en la oscuridad del mundo que lo rodea. Y eso es exactamente lo que Pablo está diciendo aquí. La oración es como nuestra respiración. Le he dicho antes que es como respirar. Usted no tiene que pensar para respirar porque el aire ejerce presión en pulmones y lo fuerza a respirar.

Y entonces, como creyentes, no orar es contener su respiración espiritual. Y los resultados, son siempre malos. Mientras que usted vive la vida cristiana, todo el tiempo que se pone la armadura, todo el tiempo que usted pelea, está respirando y respirando y respirando, por así decirlo, en oración. La oración permea todo esto. Pienso en leer El Progreso del Peregrino y cómo Dios le da al cristiano, en esa maravillosa alegoría, un arma llamada “toda oración”. Y la instrucción es que cuando todo lo demás falla, esto causará que usted pueda derrotar a todos los enemigos que enfrenta en el valle de la sombra. Pero la oración realmente es más de lo que Bunyan ve ahí. Es más que un arma adicional. Es la atmósfera en la que se lleva a cabo nuestra vida. Toda nuestra pelea y todo el armarnos a nosotros mismos afecta a todo en ese sentido.

Ahora, el hecho de que concluye en el libro de Efesios es planeado por el Espíritu Santo de Dios. No es por accidente. Nuestro Señor siempre instó a los hombres a orar en Lucas 18:1. Y Él sabe que, en la batalla, cuando la batalla se dificultad, usted puede desmayar. Usted puede cansarse. Usted puede darse por vencido. Usted puede abandonar la pelea si usted no ora.

Realmente, tiene dos alternativas: usted ora o desmaya. No hay término medio. Y entonces, en la batalla de la cual él acaba de hablar, la oración se vuelve vital. Pero es más que tan sólo ese contexto. La razón por la que la oración viene aquí es porque encaja con la conclusión del libro total. La carta entera de Efesios llega a un clímax, a su cúspide y a un pináculo en este punto. Es como si la oración fuera como un crescendo musical en el gran libro de alabanza que es el gran libro de Efesios.

Ahora, permítame mostrarle por qué digo eso. Si usted regresa a Efesios, usted descubrirá, como lo hemos hecho en el tiempo que hemos estudiado, que este libro, más probablemente que cualquier otro libro en la Biblia entera, presenta los recursos de un creyente. En mi mente, no veo otro libro que llegue a su nivel de estatura en términos de la delineación de los recursos que son nuestros al estar en Cristo. Es incomparable en ese sentido. Es un largo catálogo de todo lo que es nuestro como cristianos. Lo que Pedro dice en una frase simple, que tenemos todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, lo que Colosenses 2 dice en esa simple frase simple, “y vosotros estáis completos en Él,” realmente es magnificado y llevado a su máxima plenitud en el libro de Efesios.

Toda nuestra totalidad está aquí. Todos nuestros recursos están aquí. Y la clave de eso está en el capítulo 1, versículo 3: “hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo Jesús.” Y después, él pasa a delinearlos durante seis capítulos. Es un catálogo monumental de todo lo que es nuestro en Cristo. Y nos eleva a grandes alturas.

Comienza, por así decirlo, en los lugares celestiales. Comenzamos en las glorias y nos quedamos ahí durante el libro entero hasta que finalmente llegamos al capítulo 6:18. Y Dios demanda que caigamos sobre nuestras rodillas. Y la oración, entonces, se convierte en la clave, escuche esto, para apropiarnos de los recursos. Todos están ahí y todos son nuestros en Cristo. Pero no podemos simplemente flotar en la gloria, por así decirlo. Tenemos que llegar a la realidad de estar en nuestras rodillas delante de Dios para que estas cosas puedan ser implementadas en nuestras vidas.

Entonces, el libro comienza en los lugares celestiales y termina en sus rodillas, conforme Pablo nos llama a orar. Ahora, usted podría pensar que con un libro con recursos tan tremendos, que la oración no sería tan necesaria. ¿Para qué orar? Por ejemplo, escuche, según el capítulo 1, versículo 3, somos súper bendecidos. Según el capítulo 1, versículos 4 al 6, somos súper amados. Según el capítulo 1, versículo 7, somos perdonados y redimidos. Capítulo 1, versículo 8, dice que se nos ha dado sabiduría. Capítulo 1, versículo 11, dice que somos hechos ricos. Capítulo 1, versículo 13 dice que estamos seguros, estamos sellados con el Espíritu. Capítulo 2, versículos 4 al 6, estamos vivos con nueva vida. Capítulo 2, versículo 7, somos objetos de gracia externa. Capítulo 2, versículo 10, somos la obra maestra de Dios.

Nuevamente, capítulo 2, versículo 10 somos llamados a una vida de buenas obras que Dios hará por medio de nosotros. Capítulo 2, versículos 13 al 18, somos uno con Dios y con el resto de los cristianos. Capítulo 2, versículo 19, somos miembros de la familia íntima de Dios. Capítulo 2, versículo 22, somos la habitación misma del Espíritu Santo. Capítulo 3, versículo 20, somos poderosos más allá de nuestra propia imaginación. Capítulo 3, versículo 21, podemos glorificar a Dios.

¡Qué definición tan increíble de un ser humano! Es sorprendente lo que Dios ha hecho por nosotros, más allá de lo que jamás podemos imaginar. Cuando usted pasa de ahí al cuarto capítulo, continúa. En el capítulo 4, versículo 3, se nos dice que poseemos al Espíritu vivo de Dios en nosotros. En el capítulo 4, versículos 4 al 6, somos miembros del cuerpo de Cristo. En el capítulo 4, versículos 11 al 13, hemos recibido dones y hombres dotados para perfeccionarnos para hacer la obra del ministerio. En el capítulo 4, capítulos versículos 20 al 24, tenemos a Jesucristo para enseñarnos a vivir una vida nueva.

En el capítulo 5, versículos 1 y 2 hemos recibido el amor de Dios para que podamos andar en amor. En el capítulo 5, versículo 8, hemos recibido la luz misma de Dios para que vivamos en la luz. En el capítulo 5, versículos 15 al 17, hemos recibido la sabiduría y la verdad de Dios para que podamos vivir de manera sabia en el mundo. En el capítulo 5, versículo 18, hemos recibido el poder de la plenitud del Espíritu de Dios. En el capítulo 5, versículos 21, hasta el capítulo 6, versículo 9, hemos recibido los recursos para hacer que toda relación humana sea todo lo que Dios siempre quiso que fuera.

Finalmente, en el capítulo 6, versículos 10 al 17, hemos recibido una armadura invulnerable, invencible, fantástica y poderosa en contra de la cual Satanás es indefenso, está indefenso, si la usamos, llevándolo a un clímax en la espada del Espíritu, que es el arma magnifica de la Palabra de Dios que está en la mano de todo creyente.

Ahora, ese es un retrato tremendo, eso es todo lo que es ser un cristiano. Ahora, para cuando usted tiene todo eso en su cabeza y usted reconoce su posición exaltada en Cristo y ve los recursos para vivir la vida cristiana de manera eficaz, y usted sabe que no carece de nada, usted entonces enfrenta un problema de manera inmediata.

Y el problema es lo que usted podría llamar un tipo de doctrina de legalismo. Un problema que puede ser definido en 1 Corintios 10:12: “así que el que piensa estar firme, mire que no caiga.” Usted de hecho se convierte en lo que yo podría llamar un ateo espiritual.

En otras palabras, tiene una creencia plena en Dios sólo que no lo necesita a Él. Y supongo que este sería uno de los peligros más serios en una Iglesia como la nuestra. Estamos tan bien preparados. Tenemos tanto conocimiento. Tenemos tanta información. Tenemos tantos recursos. Entendemos nuestra posición. Conocemos nuestros dones. Hemos visto la bendición de Dios. Hemos tenido tanto éxito y tan poco fracaso.

Entonces, es fácil para nosotros simplemente avanzar y realmente no reconocer a Dios en absoluto. Podemos caer en un pecado terrible de pensar que tenemos toda capacidad en nosotros mismos y perder el sentido de dependencia de Dios.

Creo que debemos orar como un hermano oró, que Dios nos dio de suficiente éxito para conocer que Él está ahí y suficiente fracaso para saber que lo necesitamos de manera desesperada. Tenemos tantas cosas a nuestro favor en nuestra sociedad, en nuestra Iglesia, en nuestras vidas. Hemos visto una bendición tan tremenda por parte de Dios, que es fácil enorgullecernos y reducir todo a cómo hacerlo y a los trucos y programas y estrategias y los métodos. Lo tenemos todo, lo hemos hecho todo y eso es maravilloso. Y todo va muy bien.

¿Y sabe una cosa? Quizás nuestro matrimonio va bien, nuestros hijos están bien, todo está bien en nuestra Iglesia, todo es maravilloso y nos volvemos ateos espirituales. Simplemente, no dependemos de Dios. Y ese tipo de oración profunda que anhela clamar a Dios desde nuestros corazones, simplemente no está ahí.

Tenemos algunos queridos amigos, Pedro y Lilian Marevus, con quienes hemos estado muchas veces cuando están en Estados Unidos, con quienes hemos compartido mucha comunión rica mientras que estuvimos ministrando en Nicaragua. En la última semana, con las peleas terribles y matanzas que están sucediendo en Nicaragua, estas queridas personas han tenido que huir del país, han tenido que tomar lo que pudieron y han tenido que salir. Tienen una pequeña planta ahí. Y hacían cosméticos. Tenían su propio negocio. Y el gobierno, claro, demandó que la usara para producir algún tipo de municiones. Y los rebeldes dijeron que, si lo hacían, los matarían a todos. Y entonces, estaban atrapados. Y tuvieron que huir por sus vidas. Y dudo seriamente si han tenido mucho problemas en pensar por algo por qué orar. Perdieron todo. Todo. Su hogar, todo. Tienen que comenzar desde abajo. Sus hijos están siendo educados en Estados Unidos. Y entiendo que van a tener que llevarlos a todos de regreso al hogar porque ellos ya no tienen dinero para apoyarlos. Pero, vamos tan bien algunas veces que perdemos la perspectiva. Y

 creo que algunas veces, si la perdemos, Dios puede traer cosas a nuestras vidas para ayudarnos a recuperarla. Y eso es lo que Pablo está diciendo. Lo tienen todo, pero aun así, todo depende de Él. Es como un entrenador de fútbol americano. Un jugador de fútbol americano profesional ha dominado sus técnicas. Para cuando llega a las filas del fútbol americano profesional, él sabe lo que está haciendo. Él sabe exactamente lo que está haciendo. Él entiende cómo jugar en su posición. Él entiende el fútbol americano. Él está entrenado. Él tiene las habilidades y el equipo, el talento, todo.

Y, sin embargo, ese hombre grande, quien ha dominado la profesión en la que está, quien conoce todo detalle, tiene que escuchar a un pequeño hombre que está al lado de él con una tabla, diciéndole cada movimiento que tiene que realizar. He oído a algunos de los hombres de los Dallas Cowboys, que éste es el discurso típico que Tom Landry les da cuando los Dallas han perdido. Él entra al vestuario y les dice: “caballeros, le dije cómo ganar el partido. No hicieron lo que yo les dije que hicieran, entonces perdieron.” Y él se da la vuelta y se va.

Ahora, usted puede tener todo el talento y todos los recursos y todo el entrenamiento y toda la capacidad innata, pero si usted no hace lo que Dios le manda hacer a usted, usted pierde. Eso es esencialmente lo que Pablo está diciendo. No crean que debido a que tienen todos estos recursos y debido a que tienen toda esta historia de Cristo y han llegado a ser este ser en Cristo, que puede volverse un ateo espiritual y vivir como si no necesitaran a Dios. No puede ser hecho. La armadura no es mecánica y la armadura no es mágica. Necesita a Dios. Dios infunde en la armadura y Dios infunde en nuestros recursos Su poder y Su energía.

Y entonces, ahí existe el peligro latente que los cristianos que tienen un conocimiento de doctrina y algún tipo de historia de éxito y algún entendimiento bastante eficaz de los principios espirituales prácticos puede volverse satisfechos y no necesitan una oración constante, apasionada, que rasga su corazón. Y eso es una tragedia.

Esa es la razón por la que esta epístola comienza en los lugares celestiales y termina en sus rodillas. Porque todo eso depende de la oración. Quizás, usted ve su vida y dice: “¿sabes una cosa?, conozco tanto.” Y algunos de ustedes que han salido del seminario ven su vida y dicen: “conozco tanto pero no veo mucho pasando en mi vida.” Bueno, usted piensa en la armadura. Usted piensa en los recursos. No son ni mágicos ni mecánicos. No lo son. Dependen de la oración. El alma del hombre se mueve en la presencia de Dios. Ahora, eso es lo que Pablo quiere que veamos. Y entonces, veámoslo. Vamos a cubrir todos estos versículos. Créalo o no. Alguien se me acercó después de que acabé en el primer servicio y su boca estaba abierta. Dijeron que no pensaban que iba a cubrir tantos versículos. “Estoy sorprendido.” Pero los vamos a cubrir. Vamos a saltarnos los últimos cuatro.

En primer lugar, quiero que vea la instrucción general del versículo 18. La instrucción general, versículo 18, notará que hay cuatro ‘todos’. “Orando en todo tiempo y súplica en el Espíritu. Y velando en ello con toda oración y súplica por todos los santos.”

Ahora, aquí usted tiene los cuatro ‘todos de la oración’. Cuatro veces, ‘todo’ es enfatizado. Esto es tan maravilloso. Cada parte se viste de oración. La oración permea todo lo que somos y todo lo que hacemos. Es el elemento que abarca toda nuestra vida. Esa es la razón por la que digo que es el aire que respiramos. No hay momento en nuestra vida en el que no debemos estar orando.

Veamos en primer lugar la frecuencia de la oración. Tomaremos todos estos ‘todos’ uno a la vez. La frecuencia de la oración, versículo 18. Orando en todo tiempo. ¿Cuándo debemos orar? En todo tiempo. Ahora, algunos de ustedes han salido de trasfondos en donde oraban leyendo de un libro de oración o donde usted oraba en algún momento específico del día. ¿Sabe una cosa? El pueblo judío solía orar en ciertas ocasiones. Inclusive, en el libro de los Hechos, cuando se reunía la primera Iglesia, ‘se reunían para las oraciones’, dice. Realmente, esto lo arrastraron de su judaísmo. Los tiempos establecidos del día para las oraciones.

Pero el Nuevo Testamento, el nuevo pacto y el nacimiento de la Iglesia trajeron una nueva era. Y esto es que debe haber una característica constante en la oración. No debemos ya orar en momentos específicos del día. Debemos estar orando en todo tiempo, en toda ocasión, en todo momento. Jesús nos dio indicación de que esto estaba por venir cuando dijo en Lucas 21:36: “velad por tanto y orad siempre.” En todo tiempo. Y los apóstoles lo dijeron en Hechos 6:4.

“Pero nosotros nos entregaremos a la oración.” Nos entregaremos continuamente. No sólo a esas oraciones pre escritas, sino a toda oración. Se dijo de Cornelio en Hechos 10 que él era un hombre devoto y oraba a Dios siempre. En Romanos 12:12 dice: “continúen siendo dirigente en la oración.” En Colosenses 4:2, continúen en oración. En Filipenses 4:6, en toda oración y súplica. Y resumiéndolo, en 1 Tesalonicenses 5:17: “orad sin cesar.” Segunda de Timoteo 1:3, el apóstol Pablo indicó que él hacía eso. A Timoteo le escribió “sin cesar, me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día.” Tenemos que orar siempre. En Hechos 12, encontramos a la Iglesia orando constantemente. Y aunque su oración fue algo débil en la fe, Dios la respondió de tal manera que hay un patrón de orar en todo tiempo.

Solía preguntarme lo que esto significaba porque mi vida estaba llena de tantas cosas. Aparentemente, no había manera en la que pudiera orar en todo tiempo. Y obviamente, usted no puede andar corriendo por todos lados con su pequeña libreta de oración leyendo oraciones todo el día, ¿verdad? Usted ve a Israel y usted ve a esas personas judías delante del muro de los lamentos, hora tras hora, repitiendo sus oraciones. Quizás usted viene de un trasfondo de la Iglesia Católica en donde usted pasa por una serie de cuentas una y otra y otra y otra vez, momento tras momento, ninguna de esas cosas es lo que significa ‘orando en todo tiempo’.

No es sólo andar por todos lados repitiendo ciertas fórmulas o repetición vana. Es simplemente vivir su vida en la conciencia de Dios. Es que su vida entera se levanta a Dios en comunión y en comunicación. Veo mi propia vida y solía preguntarme “¿cómo puedo orar en todo tiempo?” Y descubro las pocas veces en mi vida cuando no estoy consciente de Dios. Todo lo que veo y todo lo que experimento en mi vida simplemente se convierte en una oración. Esto es, es algo que comparto con mi mejor amigo. Es algo que instantáneamente se comunica con Dios. Si me veo tentado, inmediatamente esa tentación se convierte en una oración. “Señor, Tú sabes lo que estoy enfrentando. Ayúdame en esto”. Si veo algo bueno, mi primer pensamiento es “Dios, Tú eres la fuente de toda buena dádiva y todo don perfecto. Gracias por eso.” Si veo algo malo, digo: “oh Dios, que la maldad no reine. Oh Dios, corrígelo.” Si veo a alguien sin Jesucristo y tengo la oportunidad de conocerlos, mi primera respuesta es: “oh Dios, siempre es tan triste que no Te conocen. Tráelos a Ti mismo.” Si veo problema, digo “Dios, Tú eres el libertador”.

En otras palabras, la vida se convierte en una oración ascendente. Todos sus pensamientos, todas sus obras y todas sus circunstancias se vuelven en una causa o punto de comunicación con Dios. Así es como debemos vivir, ¿se da cuenta?

Eso es lo que significa poner la mira en las cosas de arriba. Eso es lo que significa pensar en Cristo. Que Su presencia consciente esté en la mente de usted de tal manera que todo se convierta en una oración. Toda su vida y todos sus pensamientos.

Y creo que realmente ése es el punto entero de la vida cristiana, ¿se da cuenta? Como puede ver, la razón por la que Dios lo salvó a usted fue para tener comunión. ¿Sabía usted eso? Él lo salvó para tener comunión. Eso es lo que dice Primera de Juan. “Lo que hemos visto y oído os lo declaramos.” ¿Por qué declara el Evangelio? Para que tengáis comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con Su Hijo Jesucristo.

Dios lo salvó para tener comunión. Él quiere tener comunión; y no hay una mayor expresión de comunión que la oración. Esto es cuando usted tiene comunión con Dios. Y si usted ha sido salvo y no tiene comunión con Él, usted está negándole el propósito para el cual Él lo salvó a usted. Usted le está negando el propósito para el cual Él lo redimió. Usted fue salvo para entrar en comunión con Él. Y entonces, debemos orar continuamente.

La palabra de raíz en Colosenses 4:2, continuar en la oración es la raíz kartereō. Significa ser constante. Ser continuo. Es usado de Moisés cuando dice que él soportó en Hebreos 11:27. El término es usado en su intensidad en Colosenses con una preposición añadida enfrente del mismo. Significa ser intenso, aguantar ahí en oración constante. La idea no es sólo algún tipo de orar de vez en cuando al Señor, sino una vida entera de estar luchando, perseverando, por asuntos profundos.

¿Y sabe una cosa? Es simplemente una manera de vivir cuando su corazón está abierto a Dios. La oración constante, fuerte, apasionada, persistente, valiente, aferrándose y sin dejarlo hasta que usted es bendecido.

¿Sabe usted cómo nuestro Señor da dos ilustraciones en Lucas 11 y en Lucas 18? Él habla en una parte del juez injusto y de la mujer que seguía viniendo y rogando, y rogando y rogando y finalmente, el juez injusto hizo lo que ella quería. Y el Señor está diciendo que, si un juez injusto le va a dar algo a una mujer persistente, ¿qué cree usted que Dios le dará a Sus propios hijos si persisten?

Y más adelante, se acuerda del hombre que toca y toca la puerta; y el hombre dice “esta tienda está cerrada. Vete a dormir. Estoy en la cama con mi esposa y mis hijos. No voy a salir.” Y el hombre toca, y toca y finalmente, el otro sale y dice “muy bien, te voy a dar pan.” Lo que Jesús está diciendo es que el hombre que está durmiendo, que está ya metido en la cama va a venir y le va a dar pan a alguien que está tocando a su puerta, ¿qué creen que un Padre amoroso le dará a Su hijo que tiene necesidad?

Y el punto en ambas es que siguieron persistiendo y recibieron lo que quisieron. Y Dios está diciendo que, si eres persistente y fiel en tus oraciones y oras de manera inoportuna, Él oirá y responderá. Entonces, la vida debe ser un ejercicio constante de oración.

¡Oh amados, pueden conocer tanto y nunca pensar en Dios! En lo único en lo que piensan es en las cosas que han aprendido. Y el propósito entero de lo que han aprendido es acercarlos a la presencia de Dios. Veremos más de esto en un minuto.

En primer lugar, entonces, la frecuencia de la oración: en todo tiempo, siempre. Lo que usted ve en la vida asciende a Dios en una oración porque la comunión está tan abierta.

En segundo lugar, no sólo vemos la frecuencia de la oración, sino que el segundo “todo” nos muestra la variedad de la oración. “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica.” Toda oración y súplica. La palabra oración. Una palabra simple. De manera general, simplemente significa peticiones. Proseuchē, oración en general. Conversación. La palabra súplica, deēsis, significa un específico. Entonces, ahí está el área general de oración. Oramos de manera más general. Oramos de manera específica.

Pero noten que estamos en toda oración y súplica. Debemos estar orando en todo tiempo. ¿Qué significa en toda oración y súplica? Simplemente todo tipo de cosas. Eso es todo. Ahí hay diferentes maneras de orar. Algunas personas creen que la única manera en la que usted ora es de rodillas. Algunas personas creen que el único modo en el que usted puede orar es con sus manos levantadas. Otros piensan que deben tener sus manos dobladas así o de esta manera. Algunas personas creen que tiene que orar a partir de un libro de oración, usar un libro de oración o se le tienen que decir qué oraciones repetir. Escuche. Él dice: “oren en todo tiempo con todo tipo de oraciones.”

Y, por cierto, si usted va a estar orando todo el tiempo, usted tiene que tener todo tipo de oración porque usted nunca estará en la misma posición. Usted puede orar de manera pública o privada. Usted puede orar de manera verbal o en silencio. Usted puede orar con un volumen bajo o un volumen alto. De manera deliberada, planeada o espontánea. Puede haber peticiones o gratitud, confesiones y humillaciones. Alabanza. Usted puede estar de rodillas, de pie, levantando las manos, postrado. Él simplemente está diciendo oren todo el tiempo de toda manera.

Y esa es una buena indicación de que él significa simplemente ‘oren a lo largo de la vida entera’. Algunas veces, bueno, normalmente toda noche me arrodillo y oro con nuestros hijos. Y nos arrodillamos. Melinda se acuesta. El resto de nosotros nos arrodillamos y oramos. Después, me voy a la cama algunas veces y estoy acostado y con mi cabeza simplemente viendo el techo y simplemente oro. Y en la mañana, despierto sin haber dicho amén.

Oro cuando estoy caminando. Me acuerdo cuando estaba en la universidad y estaba aprendiendo cómo predicar, solían llevarnos en un auto. Cinco de nosotros nos amontonábamos en un auto y entrábamos; y nos llevaban a diferentes lugares y ciudades y estaciones de autobuses para que predicáramos. Y me llevaron ahí a la estación de Greyhound y decían: “ahí está tu estación. Tú, predica. Regresaremos en dos horas.” Yo predicaba un sermón y después, tomaba un descanso de 15 minutos e iba a testificar; y luego, predicaba otro sermón.

Y eso es algo aterrador para un joven. Pero les digo, todavía me aterra. No lo haría ahora, pero, de cualquier manera, me llevaban ahí y orábamos. Íbamos orando conforme nos llevaban en el auto. Recuerdo la primera vez que hicimos esto, pensé que era algo extraño. El hombre que iba manejando iba a orando y él nos cerraba sus ojos. Entre más pensaba en esto, más me gustaba, obviamente. Un testimonio vivo del hecho que es una buena manera de orar si usted está manejando.

Pero bueno, usted puede orar mientras que maneja a auto. De hecho, Bill Clutterham me dijo esta mañana que su esposa puede saber cuándo está orando cuando maneja, porque él reduce la velocidad más, y más y más; y entre más se acerca a Dios, más sensible se vuelve al límite de velocidad.

Pero bueno, usted puede orar en todo tiempo y en toda circunstancia y en cualquier situación en la que esté; y eso es exactamente lo que Pablo está diciendo. Nunca, habiendo considerado todos los recursos infinitos que son suyos en Cristo, piense ni por un momento que usted no depende en todo momento del poder de Dios, porque depende de Él. Que todo se convierta en oración.

Y entonces, Pablo le dice a Timoteo en 1 Timoteo 2:8: “quiero que los hombres oren en todo lugar.” Si usted estudia las oraciones de la Biblia, usted encontrará que hay todo tipo de oraciones y todo tipo de posiciones en todo tipo de momento. Es un estilo de vida. Un soldado está orando en todo momento, de tal manera que lo que él enfrente en la batalla, inclusive si es un ataque sorpresa, él está listo. Él tiene un tipo de vida que está totalmente abierto Dios.

Escuche, me acuerdo que asistí a una conferencia de pastores con algunos de los pastores de la Iglesia y un hombre se puso de pie y predicó acerca del hecho de que debemos orar en la mañana. Y digo, él predicó: “debemos orar en la mañana.” Y él fue a todo pasaje como yo lo hice esta mañana, Salmo 63: “de mañana te buscaré, oh Dios.” Y él habló acerca de los hombres que oraban en la mañana; y aquí estaban en la mañana. Y debemos orar en la mañana. Fue un gran sermón. Y mientras que él estuvo predicando, estuve buscando todas las Escrituras que hablaban de orar en la noche y en la tarde y demás. Digo, él tenía un buen punto. Debemos orar en la mañana, pero no a expensas de cualquier otro momento. Inclusive el Salmo 55:17 dice: “de noche, de mañana y en la tarde oraré.” Y Daniel oró tres veces al día. Y Jesús, Lucas 6:2 dice: “Él siguió toda la noche en oración.” Y 1 Timoteo 5:5 dice que “las viudas oran noche y día”. Es un estilo de vida.

La oración, en un sentido, amados, es más importante que el conocimiento, es una buena palabra para nosotros aquí. En un sentido, es un elemento más importante que el conocimiento. Martín Lloyd Jones dice “nuestra posición definitiva como cristianos es aprobada por la naturaleza de nuestra vida de oración.” Usted puede tener mucho conocimiento, inclusive, usted puede ser un alumno del seminario o un egresado del seminario, un ministro, pastor o misionero, maestro de Biblia. Pero su vida de oración va a ser una medida, un monitor de cuán realmente profundo es su conocimiento de Dios y su relación con Él.

¿Por qué digo eso? Por esta razón, escuche: la teología, escuche, en últimas es el conocimiento de Dios, ¿verdad? La teología es el conocimiento de Dios. Entonces, entre más teología conozco, más conozco acerca de Dios. Y entre más conozco acerca de Dios, más debo verme motivado, como dijo el salmista, para seguirlo de cerca. Y si yo digo que tengo todo este conocimiento, pero no me veo motivado a estar en Su presencia todas mis horas conscientes, entonces es cuestionable el efecto que este conocimiento ha tenido en mi vida.

“A fin de conocerte, el único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien Tú has enviado y a quien yo estudio.” Es que yo quiero aprender la palabra para poder conocer a Dios. Y entre más lo conozco, más quiero estar en Su presencia. Y si usted conoce todo eso, pero usted no tiene hambre y sed de estar en Su presencia y su vida no es una comunicación abierta con Él en todo momento consciente, entonces es cuestionable que su teología haya tenido el efecto apropiado. Vemos, entonces, que debemos orar en todo tiempo, con todo tipo de oración conforme nuestras vidas están abiertas a Dios.

Como dije, Él quiere que lo conozcamos porque la comunión es el resultado final. ¿Usted tiene est comunión? ¿Es su vida una oración constante? Oh, qué cosa tan purificadora es esa.

En tercer lugar, no sólo vemos la frecuencia de la oración y el tipo de la oración y la variedad de la oración, sino la manera de la oración en tercer lugar. Él dice: “velando en todo tiempo con toda perseverancia y súplica.” En otras palabras, debemos velar con toda perseverancia. Y de nuevo, usted ve la idea de perseverancia, de ser fiel, de aguantar, de continuar perseverar. Orando continuamente mientras que está velando.

La oración es estar alerta ante los asuntos, alerta a lo que está pasando. Jesús dijo: “velad y orad” muchas veces. Primera de Pedro 4:7: “velar y orar”. Usted no puede orar apropiadamente a menos de que vea lo que está pasando. Cuando usted llegue al punto en el que su corazón está lleno de oración será porque usted ve tantas cosas que están pasando.

Anoche estaba orando inclusive con mi esposa. Estábamos hablando acerca del hecho de que hoy día es difícil orar, no porque usted no sepa por qué orar, sino porque hay tantas cosas con las que estamos siendo inundados. Sabe una cosa, vivimos en un día de comunicación tremenda. Recibo correo de radio oyentes, personas que escuchan las cintas, personas en el campo misionero, de todos lados. La Iglesia es tan grande. Hay tantas necesidades. La hoja de oración que sale el miércoles por la noche simplemente inunda mi mente, hay tantas cosas.

Y algunas veces, simplemente digo: “Señor Dios, ni siquiera sé qué decirte fuera de leer la lista de oración.” Digo, no puedo, solía tener una lista de oración y escribir cosas y simplemente, se volvió algo monstruoso. Todavía lo hago, pero simplemente es monstruoso, ni siquiera puedo comenzar.

Escuchen, si orara sin cesar, no podría orar por todas las cosas que están en mi corazón. Pero tengo que seguir velando y tengo que estar alerta para poder ver las cosas que son necesarias. Quiero orar de manera específica porque Dios entonces responde de manera específica. Y después, le voy a dar a Él gloria específica. Eso es Juan 14:13 y 14: “todo lo que pidiereis en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado.” Como puede ver, Dios responde a la oración para desplegar Su poder. Si usted no ora de manera específica, Él no puede desplegarse a sí mismo.

Le conté una vez acerca de Marcy. Ella cuando era pequeña solía orar diciendo: “Dios bendice a todo el mundo.” Y yo le decía: “Marcy, no puedes orar así. Dios no puede hacer eso. Él no puede hacer ¡pam! mundo. ¿Te sientes mejor? Eso es demasiado grande. Necesitas orar de manera específica.” Y nuestros hijos se han adaptado a eso y ahora oramos de manera específica. Y Dios responde de manera específica y Le damos la gloria.

Velen. Estén alertas. ¿Sabe lo que está pasando con la gente alrededor suyo? Por cierto, el término velar nos dice que debemos estar viendo hacia fuera, en vez de estar viendo hacia dentro. Conocemos nuestros propios problemas. Ahí no es donde tenemos que pasar nuestro tiempo en oración. Necesitamos pasar nuestro tiempo en oración con otras personas. Viendo, alerta, viendo sus necesidades. Y lesvoy a decir lo que esto mata. Al egoísmo.

Francamente, le voy a dar una ilustración simple. La mayoría de nosotros realmente nunca tomamos en serio la oración hasta que algo sucede en nuestras propias vidas, algo problemático. Estamos diez veces más preocupados por nuestros propios problemas que por los problemas de cualquier otra persona. Y eso muestra cómo vivimos centrados en nosotros mismos.

¿Puede perderse a sí mismo en las necesidades de otros como las del querido por todo Pablo? ¿Podría decir “he orado por ti noche y día con lágrimas”? ¿Alguna vez ha orado noche y día por alguien con lágrimas? Quizás haya llorado un poco por sus propios problemas, pero dudo que muchos de nosotros hayamos hecho eso por los problemas de alguien más. Eso muestra el orgullo del corazón humano, inclusive de un creyente regenerado. Debemos estar proskarterēsis, esto es perseverando de manera continua, velando y orando, estando alerta a las necesidades de otros.

Y, por cierto, aquí puedo añadir, que vaya más allá de lo físico. ¿Sabe una cosa?, oramos por el reumatismo de la tía Marta, los problemas del corazón de alguien y por la pierna rota de alguien y por la cirugía de alguien. Y eso no me molesta, pero francamente, en mi lista de oración esas cosas están en la parte de abajo.

Lo que me preocupa es la batalla espiritual, es la guerra. ¿Y están los creyentes ganando la batalla? Lo físico, en un sentido, aunque es material, es inmaterial. Lo que hace que mi corazón esté preocupado es alguien que no está viendo victoria en su vida. Alguien que no está viendo a Dios llevar a cabo Su obra poderosa. Alguien que no sabe que tiene que ver la liberación del poder del Espíritu de Dios. Eso preocupa mi corazón. Estoy orando por la extensión del Reino de Dios y las vidas de Su pueblo. Estoy orando porque almas sean ganadas a Jesucristo. Es muy difícil para mí el colocar en la parte de arriba de mi lista lo físico, aunque reconozco que es una necesidad y que tiene un efecto tremendo en nuestras vidas espirituales, eso es secundario.

Lo que Pablo está diciendo es esto: miren, aquí está la guerra y es debido a la guerra que debemos orar. No es fácil que usted gane la batalla. Y entonces, oro por ustedes. Oro, de vez en cuando, por las cosas físicas de la gente, pero más que esto, oro porque Dios le de victoria a usted. Oro porque usted gane la batalla en contra del enemigo.

Realmente, no me importa lo que sucederá a mí cuerpo físico o al suyo siempre y cuando podamos ganar la victoria para la gloria de Dios, ¿amén? Ésa es la batalla. Ése es el punto. Entonces, nos concentramos en lo que es más necesario. Entonces, Pablo, cuando hace una petición aquí, él no dice: “Oh, oren por mí, estoy en la cárcel. Oh, oren por mí, tengo esta cadena que en esta lastimando. Oren por mi pierna derecha.” ¡No! Lo que él dice es: “oren porque se me de valentía para que me sea dada palabra para hablar el misterio del Evangelio.” En otras palabras, “oren por mí, para que cuando Satanás me tiente a cerrar mi boca, yo gane sobre la tentación y hable el Evangelio.” Oren por que gane la batalla.

Oh, amados, tenemos que estar involucrados en súplica unos por otros de manera persistente, mientras que velamos y vemos cuáles son las necesidades, ¿realmente conoce las necesidades de la gente que lo rodea a usted? ¿Conoce las necesidades espirituales de su cónyuge, de hijos, de sus amigos, de sus vecinos, de la gente en su estudio bíblico, de la gente que usted conoce? ¿Realmente ora por ellos conforme ellos pelean la batalla? Algunas veces, lo único que hacemos es orar cuando viene el desastre. Y quizás un poco de oración preventiva podría haber ayudado.

Entonces, vemos la frecuencia de la oración: en todo tiempo. La variedad de la oración: con toda oración y súplica. La cuestión de la oración: velando con toda perseverancia. Y finalmente, los objetos indirectos de la oración, orando en todo tiempo por todos los santos, dice al final del versículo 18.

Esto ha llevado a nuestro último punto. Debemos orar el uno por el otro. ¿Sabe una cosa?, no nos dice que debemos orar por nosotros mismos. Esa no es la prioridad. Yo simplemente tengo un compromiso personal en mi propia vida y no quiero imponerlo en nadie, pero no oro por mí mismo. Difícilmente puedo orar por todas las cosas que son necesarias. Y nunca he encontrado la necesidad de orar por mí. Reconozco que tengo necesidades y le pido al Señor por cosas pecaminosas y confieso cosas en mi vida. ¿Pero concentrarme en mí? Mejor me concentro en ser obediente en este punto. Confío en las Escrituras y oro por otros en lugar de orar por mí mismo. Soy cubierto porque otros oran por mí.

¡Oh, es tan maravilloso cuando oramos por otros! Una vez conocí a un hombre que me dijo “¿sabes una cosa? Tú ministerio me ha bendecido. Voy a orar por ti durante seis meses.” Pensé que eso fue simpático. ¿Qué tengo que hacer para que hubiera orado por mí durante un año? Pero después, conforme comencé a pensar en eso, pensé bueno, este es un compromiso que él ha hecho. Que Dios bendiga su corazón por hacer este compromiso. Él va a orar por mí y yo voy a orar por él. Porque durante estos seis meses que supe que él estaba orando por mí, sentí la responsabilidad de orar por él, porque si algo le pasaba a él, él dejaba de orar por mí, ¿se da cuenta?

Entonces, así es como el cuerpo crece en amor. Así es como nos volvemos uno, cuando no tenemos que esperar a nuestros problemas para orar, sino cuando estamos perdidos en las necesidades de otros. Entonces, aprendemos a orar al orar por otros. Esta es la vida de oración del cuerpo.

El apóstol Pablo lo ilustra tan bien. Él siempre oró por el resto de la gente. Primera de Samuel 12:23, que Dios me guarde que deba pecar contra Jehová al dejar de orar por vosotros. No se preocupe por usted, usted ore por alguien más, alguien más ora por usted y todo el mundo es cubierto, ¿verdad? Cuando una parte del cuerpo físico está enferma, el resto del cuerpo la compensa de manera directa e indirecta y así es en la oración. Oren unos por otros. Un dedo enfermo no puede ayudar que a sí mismo. El resto del cuerpo tiene que bombear vida nueva a ese dedo. A ese dedo herido. Esa parte de su anatomía que está lastimada por lo que tiene que ser apoyada por el resto. No puede ayudarse a sí misma por su debilidad. Y así es que debemos orar unos por otros, para estar preocupados por eso.

¿Sabe una cosa? Antes de que estallara la guerra civil española en Barcelona y Madrid y otras partes de España, había clínicas psicológicas que habían surgido por toda España. Y había muchas personas neuróticas, según los historiadores. Y todos estos neuróticos estaban recibiendo una serie de tratamientos para su neurosis. Eran atendidos de manera regular por los psiquiatras y demás. Y había mucha gente que recibía consulta. Este historiador dijo, de manera interesante, que hicieron un estudio psicológico y sociológico de los efectos de la guerra civil española. Y todas esas personas que tenían problemas personales y preocupaciones y ansiedades y tentaciones y estaban involucradas en psiquiatría y psicoanálisis todo esto, tan pronto como la guerra civil vino, uno de los primeros efectos más impactante de la guerra fue que virtualmente vacío toda las clínicas psicológicas y psiquiátricas en España. ¡Qué interesante!

Un escritor dijo que estas personas neuróticas repentinamente fueron curadas por una ansiedad mayor. La ansiedad por su vida entera, fuera que sus hogares todavía estuvieran ahí, fuera que sus maridos todavía estuvieran vivos, fuera que sus hijos fueran asesinados. Sus ansiedades mayores se deshicieron de las menores. Al tener que prestarle atención al problema mayor, olvidaron sus propios problemas menores.

¿Quiere ser una persona saludable? Entonces, piérdase a sí mismo en las cosas reales que importan. Las batallas espirituales de otras personas. Piérdase a mismo en una oración consumidora por el Reino de Dios. Y no tendrá problemas con su ansiedad insignificante. Entiendo que lo mismo pasó en Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial. Un temor mayor expulsó a temor menor.

Creo que es necesario para nosotros aprender eso. Una de las razones por las que tenemos una sociedad tan enferma, llena de gente que es un manojo de nervios, gente que anda por todos lados con todo tipo de dolores psico-inducidos y problemas es porque simplemente estamos tan centrados en nosotros mismos.

Realmente, yo me considero como una persona algo paciente. Uso el algo simplemente porque algunas personas no estarían de acuerdo con esto. Pero sabe una cosa, una de las cosas que es difícil tolerar para mí son personas que simplemente están totalmente consumidas con sus propios problemas ya que ésta es una manifestación tan clara de estar centrados en sí mismos.

Pero eso es opuesto al concepto de la vida cristiana. Debemos estar tan perdidos en las necesidades de otros que el yo se desvanece. Que sus pequeñas ansiedades den lugar a ansiedades mayores, las batallas espirituales de otros.

Bueno, hay un pensamiento final en este versículo 18 y es este: Cuando usted lo ha dicho todo: la frecuencia de la oración, en todo tiempo; la variedad de la oración, en toda oración; la manera de la oración, velando para que conozca las necesidades con toda perseverancia; los objetos indirectos de la oración, todos los santos. Pero el pensamiento que permea todo está en la mitad del versículo. Debemos orar “en el Espíritu,” en el Espíritu.

Ahora, por favor amados, esto no tiene nada que ver con hablar en lenguas. Cada vez que oigo eso, simplemente es como que alguien rasguña el pizarrón con sus uñas. Usted no puede meter las lenguas en este versículo. En Judas 20 dice: “orando en el Espíritu Santo”. No está hablando de algún tipo de éxtasis. No está hablando de algún idioma extático. Orando en el Espíritu es lo mismo que orar en el nombre de Cristo. Es orar en coherencia con quien Él es y cuál Su voluntad es. Aprenda a orar en armonía con el Espíritu. Que sus oraciones sean un dueto con el que vive para interceder perpetuamente por usted. Usted sabe que Romanos 8:23 dice: “no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu hace intercesión por nosotros con gemidos indecibles.” Y Dios “conoce la mente del Espíritu,” y Él oye y responde.

Escuche, mientras que usted vive la vida cristiana, el Espíritu de Dios dentro de usted ora a favor de usted. Y Él siempre ora la oración correcta. Y Él siempre recibe la respuesta correcta. Por eso el versículo 28 dice que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. Ese no es un accidente. Eso es porque el Espíritu está orando. Y orar en el Espíritu es simplemente alinear su propia oración de manera coherente con la mente y la voluntad del Espíritu.

Usted pregunta cómo hago esto. Simplemente, al andar en la plenitud del Espíritu. Conforme su vida está llena del Espíritu, conforme usted anda en el Espíritu, en obediencia al Espíritu, conforme usted está caminando de cerca detrás del Señor, conforme usted está teniendo comunión constante en Su presencia, el Espíritu de Dios va a gobernar sus pensamientos de tal manera que sus oraciones estarán en armonía con el Espíritu de Dios. Eso es orar en el Espíritu. Qué cosa tan tremenda es saber que yo puedo unirme en mis oraciones con el Espíritu de Dios, que puedo clamar de las profundidades de mi corazón debido a la presencia del Espíritu del Padre que mora en mí, que dice “Abba, Padre”. Y sé que Dios oye y responde.

De tal manera que el requisito que permea todas nuestras oraciones es que debemos orar en el Espíritu. De hecho, Zacarías 12:10 llama al Espíritu Santo el Espíritu de súplica, el Espíritu de súplica. No es diferente que orar en el nombre de Jesús. De hecho, el Espíritu Santo es llamado el Espíritu de Su Hijo, el Espíritu de Su Hijo.

Y entonces, amados, debemos orar. Nuestras vidas deben estar abiertas, tener comunión. ¿Y sabe una cosa? Esto nos cura. ¡Oh, qué cosa tan saludable es esta! Entonces, la frecuencia, la variedad, la manera, los objetos indirectos, todos operan la gloria de Dios y para nuestro gozo conforme oramos.

Y después, Pablo cierra con una ilustración específica. Simplemente, se la voy a leer. Es simple. ¿Quiere algo específico por qué orar? ¿Por qué debo orar, Pablo? Versículo 19, orad, “… por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del Evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.” Él dice: ‘yo soy una ilustración. Oren por mí. No por mis necesidades físicas, sino por mi batalla, mi guerra. Oren porque Dios me permita ser valiente, ser directo, y que me dé una palabra.’

Ahora, este es el modelo, amados. La guerra estaba ahí. Pablo estaba enfrentando al enemigo cara a cara, conforme era un prisionero en Roma. Los embajadores tenían una inmunidad diplomática, pero no este embajador. Él estaba encadenado donde él estaba. Él estaba encadenado y ahí estaba. Él dice: “oh, la batalla es dura. Usted sabe, algunas veces y quiero renunciar. Algunas veces, pienso que estoy perdiendo mi valentía. Oren por mí, porque Dios me dé palabra.”

Yo voy a seguir sus pasos. Quiero decirle oren por el predicador. La gente pregunta por qué necesitan orar por nosotros, ¿orar por Pablo? ¿Quién necesita orar por Pablo? Digo, él tiene todo. Debemos orar por la gente en la periferia; simplemente recuerde que, si el hombre en la cabeza cae, muchas personas van con él. Y Pablo estaba consciente del hecho de que el resto era tan fuerte como su líder y su patrón lo era. Oren por mí, dice él, para que pueda ser valiente en lo que digo y que en mi valentía también pueda reunir a otros en torno a mí y para que ellos también tengan valentía.

Y usted sabe que cuando escribió la carta a los filipenses después de esto, él escribió y dijo: “¡Oh!, lo que me ha sucedido en la cárcel les ha dado mayor valentía a otros.” ¿Se da cuenta? Entonces, conforme oraron por él, él se volvió un ejemplo más fuerte y ayudó a otros. “Oren por mí,” él dice.

Y el punto que quiero que usted entienda es que él quería que oraran porque una batalla espiritual fuera ganada, para que él no perdiera valentía y su denuedo. Usted dice: ‘bueno, me gustaría orar por otras personas, pero no tengo ninguna información.’ Y esa es la razón por la que Pablo añadió los versículos 21 y 22. Él dice: “Para que también vosotros sepáis mis asuntos, y lo que hago, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado y fiel ministro en el Señor, el cual envié a vosotros para esto mismo, para que sepáis lo tocante a nosotros,” yo no espero que oren por mí si no tiene ninguna información.

Entonces, voy a enviar a mi buen amigo Tíquico. Por cierto, un querido amigo de Pablo mencionado cinco veces en el Nuevo Testamento, quien es el que entrega la carta de los Efesios y también trae palabra acerca de Pablo. Estaban preocupados. No sabían qué estaba pasando en su vida. No sabían cómo iban las cosas en la prisión. Querían oír. Él dice ‘lo estoy enviando para que les de esta información, para que puedan realmente orar de manera inteligente.’ El versículo 22, “al cual envié a vosotros para esto mismo, para que sepáis lo tocante a nosotros y que consuele vuestros corazones.” Él les va a decir que estoy bien. Él les va a decir dónde está la batalla y puedan orar.

Escuchen amados, si vamos a orar, oremos por cosas espirituales y abramos nuestras vidas unos a otros para que tengamos algo porque orar, ¿verdad? Tenemos que comunicarnos, tenemos que compartir la lucha, compartir la batalla, compartir las victorias para que podamos llevar los unos las cargas de los otros. ¡Qué lección de la oración! Debemos estar conscientes de Dios, ser abnegados, estar velando, llenos del Espíritu, siendo persistentes, personas valientes, buscando únicamente la gloria de Dios en nuestras oraciones.

Y yo creo que conforme vivimos ese tipo de vida y oramos ese tipo de oraciones, seremos más y más conformados a la imagen de Jesucristo. Y conforme oramos unos por otros, el cuerpo será edificado y Él será glorificado. Y ése es el clímax de la carta.

Pablo cierra con una bendición a la cual no añado nada. “Paz sea a los hermanos, y amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo. La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable. Amén.” Oremos.

Un Santo de Dios, hace muchos años atrás, oró de esta manera. Quiero hacerla nuestra oración en esta mañana. “Oh, Señor, en la oración llegó al mundo eterno. Y en ese océano amplio, mi alma triunfa sobre todos los males en las costas de la mortalidad. El tiempo, con sus recreaciones y decepciones crueles nunca parece ser tan inconsiderado como en ese entonces. En la oración, oh Dios, me veo a mí mismo como nada. Hallo que mi corazón Te busca a Ti con intensidad y con una sed profunda por vivir contigo. Benditos sean los vientos fuertes del Espíritu, que aceleran mi camino a la nueva Jerusalén. En la oración, todas las cosas aquí abajo se desvanecen y nada parece importante más que la santidad de corazón y la salvación de otros.”

“En la oración, todas mis preocupaciones mundanas y temores y ansiedades desaparecen y son tan pequeñas y en tamaño como una nube de viento. En la oración, mi alma exalta internamente con pensamientos de lo que Tú estás haciendo por Tu Iglesia. Y anhelo que Tú tengas un mayor nombre de los pecadores regresando a Ti. En la oración, soy elevado por encima de los disgustos y adulaciones de la vida para probar los gozos celestiales. Entrando al mundo externo, puedo entregarme a mí mismo a Ti con todo mi corazón para siempre. En oración, puedo colocar todas mis preocupaciones en Tus manos para que estén de manera total a Tu disposición sin tener voluntad o interés propio. En la oración, puedo interceder por mis amigos, ministros, pecadores, la Iglesia, Tu Reino con la mayor libertad, la esperanza más brillante como un hijo a su padre y como una amante con su amado. Y entonces, oh Dios, ayúdame a orar siempre y a nunca cesar.”

Padre, añado a esa oración la mía. Que seamos personas de oración, nunca satisfechos con nosotros mismos, nunca arrogantes, sabiendo que todo nuestro conocimiento y todo el registro del pasado de Tu bendición no debe llevarnos más que a la plenitud de comunión que viene cuando nuestra vida es comunicación abierta contigo. Oh, que sigamos de cerca Tus pasos. Que vivamos como si nuestra vida misma fuera ofrecida como una oración. Y Te damos gracias, en nombre de Cristo, por un propósito como éste. Amén.

 

 

 

 

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