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Isaías capítulo 40. Conforme preparamos nuestros corazones para hacer de esta temporada navideña lo más significativo, quiero que nos concentremos en esta frase misma en el versículo 5: “Y la gloria de Jehová será revelada”. Ahora, si usted me conoce, usted sabe que la gloria de Dios y la gloria del Señor, es un tema tremendamente importante y urgente en mi propio ministerio de enseñanza. Hablo de esto con frecuencia, porque la Biblia habla de esto con frecuencia. Y usted podría pensar que quizás estamos forzando este tema tan, tan amado en el asunto de la Navidad, pero no es el caso en absoluto, porque la palabra de Isaías, en el capítulo 40, versículo 5: “Y la gloria de Jehová será revelada”, es de hecho, la historia de la Navidad. Es el mensaje de Navidad. El nacimiento de Cristo fue la revelación de la gloria del Señor, tal como Isaías lo había prometido.

El concepto entero de la gloria del Señor rodea la escena de la Navidad. En el nacimiento de Cristo, la Biblia dice que los ángeles demandaron dicho enfoque, conforme gritaron: “Gloria a Dios en las alturas”. En Lucas 2:9, dice que los pastores, al encontrarse con el ángel, instantáneamente estuvieron conscientes de que “la gloria del Señor se manifestó a su alrededor, y tuvieron mucho miedo”. Entonces, la gloria del Señor fue el enfoque angelical en el nacimiento de Cristo. La gloria del Señor fue el aura que invadió la escena. No está impuesta en la historia navideña; sino que es la historia de la Navidad.

Ahora, vea por un momento junto conmigo el capítulo 40 de Isaías. Permítame tan solo darle un trasfondo breve para que entienda la importancia de estas palabras. El libro de Isaías se divide en tres partes. Los primeros 35 capítulos son capítulos de condenación oscura y juicio; capítulos en los que Dios habla palabras de ira, venganza, condenación y juicio, no sólo sobre Su pueblo Israel, sino también sobre las otras naciones. Aquí y allá, la oscuridad y lo sombrío es traspasado con una luz de misericordia y un brillo de gracia, conforme el juicio de Dios siempre es templado con Su amor, pero primordialmente, los 35 capítulos son de juicio no mitigado.

La segunda sección está en los capítulos 36 a 39. Esa pequeña sección a la mitad realmente es el corazón de la profecía. Es el trasfondo histórico en Israel que trajo el mensaje del libro. En estos capítulos, el profeta describe la situación, los asuntos en su propia época, y por qué Dios debe traer juicio. Entonces, realmente, aunque son distintos, en una manera, debido a que son históricos, encajan en el tema de los primeros 35, y podemos decir que durante 39 capítulos usted tiene juicio en Isaías. Pero no terminó ahí. Gracias a Dios porque no terminó ahí. Porque para el pueblo de Dios vendría otro día, y los capítulos 40 a 66 presentan eso.

Esa es la sección de la salvación, y en esa sección se presenta al Mesías, el siervo sufriente de Isaías 53. Observe cómo comienza la sección, en el versículo 1 del capítulo 40. Después de 39 capítulos de juicio, usted lee esto: “‘Consolaos, consolaos, pueblo mío', dice vuestro Dios. 'Habladle tiernamente a Jerusalén. Y clamad a ella, que se ha cumplido su juicio, que su iniquidad ha sido perdonada; porque ella ha recibido de la mano del Señor el doble por todos sus pecados'“. Un mensaje de consuelo diciendo que la salvación está por venir, la iniquidad es perdonada; la disciplina se acabó. Este es el mensaje de esperanza. Este es el mensaje de gloria. Este es el amanecer de un día nuevo. Esta es la luz al final del túnel, la estrella de la mañana que señala el fin de la oscuridad de la noche. La salvación está por venir.

Con ese tema, procedemos al versículo 3. Y el profeta nos lleva aún más a la llegada de este amanecer de un día nuevo. Comienza con: “Voz del que clama en el desierto: ‘Preparad el camino de Jehová, enderezad en el desierto camino para nuestro Dios’”. Y cuando usted llega al Nuevo Testamento, y usted lee el tercer capítulo de Mateo y el tercer versículo, usted encuentra que esa es una profecía cumplida por Juan el Bautista. El consuelo, el perdón, la salvación, el amanecer de un día nuevo sería presentado por este hombre clamando en el desierto, Juan el Bautista.

Él no estaba preparando un camino físico, sino una carretera que llegara a los corazones de los hombres, una entrada a los corazones de los hombres. Todo valle exaltado, todo monte y montaña serían bajado: lo torcido sería enderezado, y lo áspero hecho plano. Él estaba haciendo las cosas correctas en las vidas y en los corazones de los hombres para la llegada de su Salvador. Ese fue su ministerio. Y él hizo esas cosas al predicar arrepentimiento, y la confesión de pecado, y el bautismo que habló de un corazón que fue lavado. Entonces, vino Juan el Bautista proclamando la llegada de la salvación.

Después, versículo 5, después de Juan el Bautista: “La gloria del Señor será revelada”. Y en últimas, en el resplandor final de la gloria, “toda carne verá junta”; y esto es verdad debido a que “la boca de Jehová lo ha hablado”. Y el versículo 8 dice: “Sécase la hierba, marchítase la flor; pero la palabra de nuestro Dios permanecerá para siempre”. Si Dios lo dice, eso lo cierra. Hay un día de salvación. Juan el Bautista lo presentará. Él va a preparar los corazones de los hombres suavizando los lugares ásperos. Y después, la gloria del Señor será revelada. Y después, el profeta, sin ver la época de la iglesia, se salta hasta la plenitud de la gloria refulgente del Reino, cuando toda carne vea junta.

Pero enfoquémonos, si podemos, tan sólo en esa primera parte del versículo 5: “La gloria de Jehová será revelada”. ¿Qué significa eso? ¿Qué tipo de nombre es este? ¿Qué tipo de título es este? ¿Qué tipo de pensamiento es este? ¿Cuál es la verdad que se encierra el mensaje del Espíritu de Dios aquí? Permítame darle simplemente esto para comenzar: la gloria del Señor es la expresión de la persona de Dios. Es cualquier manifestación de la esencia de Dios, cualquier manifestación de Sus atributos en el mundo, en el universo, es Su gloria. En otras palabras, la gloria es para Dios lo que el brillo es para el sol. La gloria es para Dios lo que mojado es para el agua. La gloria es lo que el calor es para el fuego. En otras palabras, es la emanación, es la radiación, es el brillo, es el producto de Su presencia, es la revelación de Sí mismo. Cuando Dios se descubre a Sí mismo, es la manifestación de Su gloria. Eso realmente se refiere a Su presencia.

Ahora, sabemos que todo lo que existe en el universo es una manifestación de la gloria de Dios, porque todas las cosas fueron hechas por Él. Y todo lo que existe, entonces, de alguna manera, es un resultado de Su naturaleza; y, por lo tanto, proyecta Su persona. Los cielos declaran la gloria de Dios. La bestia del campo le da gloria a Él. Todo lo que Él hizo habla de Su naturaleza. Todo lo que Él hizo habla de Su esencia, de tal manera que todas las cosas creadas y todas las cosas que existen son revelaciones de la gloria de Dios. Son descubrimientos de Su persona. Usted ve Su gloria en la flor más pequeña. Usted ve Su gloria en la mariposa. Usted ve Su gloria en un árbol. Usted ve Su gloria en el cielo. Usted ve Su gloria en todo. Todos son puntos de referencia de Su naturaleza.

Ahora, Moisés, habiendo visto todo eso, quería más. En Éxodo 33, él le dijo a Dios: “Muéstrame Tu gloria”. No era como si nunca hubiera visto nada de eso; es que quería ver más de ella. Y Dios le dijo: “Ningún hombre me verá y vivirá. No te puedo mostrar la plenitud de mi gloria o de lo contrario serías consumido, pero te voy a permitir ver mis espaldas”. Lo metió en una roca y le reveló algo de Su gloria. Y entonces, hubo ocasiones cuando más allá de la revelación general de Su creación, más allá de Su gloria manifestada en lo que vemos en la naturaleza, más allá de eso, Dios dio algunas revelaciones muy especiales de Su gloria. Ese día a Moisés, cuando él fue metido en la roca; más adelante, al pueblo cuando él descendió del monte y la gloria de Dios estaba siendo reflejada en su rostro.

Dios dio algunas manifestaciones especiales de Su gloria. En el huerto, por ejemplo, Adán y Eva caminaron y hablaron con Dios en el fresco del día. Su presencia estuvo ahí en una nube de luz y vieron Su gloria. En Levítico, capítulo 9 y versículo 6, Moisés le dijo al pueblo que la gloria del Señor les iba a aparecer, y así fue. Cuando estuvieron en el desierto, en Éxodo, capítulo 16, Dios los estaba alimentando con maná; y conforme el maná vino y fue provisto para ellos, la Biblia dice que la gloria del Señor fue vista.

En el monte Sinaí, cuando Moisés subió a tener comunión con Dios, la gloria del Señor cubrió el monte y cubrió a Moisés, de tal manera que el pueblo no podía ver ni a Dios ni a Moisés, Éxodo 24:15. Encontramos que en Éxodo, capítulo 40, al término del tabernáculo, la gloria del Señor llenó la tienda de la congregación. Y en Levítico, capítulo 9, cuando el sacerdocio inició y el ministerio sacerdotal definido, primero fue apartado para Dios, en ese inicio del sacerdocio, la gloria del Señor fue vista. En Números 14, versículo 10, cuando el pueblo había llegado a Cades-barnea, y en lugar de entrar a la tierra prometida por fe, comenzaron a murmurar, y quejarse y rebelarse, la Biblia dice que la gloria del Señor apareció.

Más adelante, después de que Dios había establecido el sacerdocio, hubo tres hombres, Coré, Datán y Abiram, que decidieron que ellos asumirían para sí mismos la función sacerdotal, y contaminaron ese cargo santo y se abrió el suelo y se los tragó, según Números 16. Y dice en el versículo 19, que la gloria del Señor apareció. En el mismo capítulo más adelante, cuando el pueblo se rebeló en contra de Moisés y Aarón, la gloria del Señor se manifestó, y dice que amenazó con consumirlos en un momento. En sus viajes en el desierto, según el capítulo 20 de Números, tuvieron sed en Meriba. Y en medio de su sed, Moisés y Aarón cayeron postrados delante del Señor para orar a su favor de ellos, y la gloria del Señor estuvo ahí.

En 1 Reyes 8:11, dice que cuando terminaron el templo, la gloria del Señor vino y lo llenó. Cuando ofrecieron la primera ofrenda, 2 Crónicas, capítulo 7, versículo 1, la gloria del Señor fue vista, y el pueblo cayó y adoró. Entonces, como puede ver, Dios no sólo reveló Su gloria en la creación, sino que reveló Su gloria en maneras muy especiales, en la Shekinah. Ahora, le digo que conforme leo estas cosas una y otra vez, todas las apariciones de la gloria de Dios tienen en ellas cierta cantidad de misterio. No importa cuántas veces lo cubra usted, y cuántas veces piense en esto, conectado con la gloria de Dios, hay cierta cantidad de un misterio maravilloso, una nube, una columna de fuego, luz refulgente. Es muy difícil para nosotros entender cómo debe haber sido esto.

Sólo hay un lugar al que podemos acudir en el Antiguo Testamento para tener una descripción de esto; está en el primer capítulo de Ezequiel. ¿Sería tan amable de ver conmigo eso por un momento? Ezequiel, capítulo 1. Ezequiel, bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos da la única descripción de lo que era ver la Shekinah, y simplemente para darle una idea de lo que él dice, permítanme cubrir este texto. Simplemente, escuche. Ezequiel 1, versículo 4: “Y miré, y he aquí venía del norte un viento tempestuoso, y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor, y en medio del fuego algo que parecía como bronce refulgente, y en medio de ella la figura de cuatro seres vivientes. Y esta era su apariencia: había en ellos semejanza de hombre. Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas”. Por cierto, esto tiene que ver, creo yo, con el hecho de que los ángeles atienden la Shekinah.

“Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies como planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de bronce muy bruñido. Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de hombre; y sus caras y sus alas por los cuatro lados. Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían cuando andaban, sino que cada uno caminaba derecho hacia adelante. Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila.

“Así eran sus caras. Y tenían sus alas extendidas por encima, cada uno dos, las cuales se juntaban; y las otras dos cubrían sus cuerpos. Y cada uno caminaba derecho hacia adelante; hacia donde el espíritu les movía que anduviesen, andaban, y cuando andaban, no se volvían. Cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su aspecto era como de carbones de fuego encendidos, como visión de hachones encendidos que andaba entre los seres vivientes; y el fuego resplandecía, y del fuego salían relámpagos. Y los seres vivientes corrían y volvían a semejanza de relámpagos”. ¿Lo entendió? ¿Está claro? Voy a leer más.

“Mientras yo miraba los seres vivientes, he aquí una rueda sobre la tierra junto a los seres vivientes, a los cuatro lados. El aspecto de las ruedas y su obra era semejante al color del crisólito”, esa es una piedra preciosa. “Y las cuatro tenían una misma semejanza; su apariencia y su obra eran como rueda en medio de rueda. Cuando andaban, se movían hacia sus cuatro costados; no se volvían cuando andaban. Y sus aros eran altos y espantosos, y llenos de ojos alrededor en las cuatro. Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban. Hacia donde el espíritu les movía que anduviesen, andaban; hacia donde les movía el espíritu que anduviesen, las ruedas también se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas”.

Francamente, no mejora. Simplemente, sigue así y sigue así. Usted llega al versículo 26: “Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él. Y vi apariencia como de bronce refulgente, como apariencia de fuego dentro de ella en derredor, desde el aspecto de sus lomos para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía como fuego, y que tenía resplandor alrededor. Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor”, deténgase ahí.

Dice usted: “Ten misericordia, MacArthur, ayúdame. Estoy perdido desde hace mucho”. Escuche, la gente me ha preguntado por años: “¿Qué significa todo eso?” Se lo voy a decir de manera muy simple: no tengo ni la menor idea, y creo que ese es el punto. Ezequiel realmente hizo lo mejor que pudo, pero él estaba tratando de escribir lo indescriptible. Él estaba tratando, como un hombre dijo, de descifrar lo inescrutable. Él estaba tratando de decirnos algo que era imposible de comunicar. Él vio la gloria del Señor; eso es lo que dice en el versículo 28, a la mitad del versículo: “Esta fue la visión de semejanza de la gloria de Jehová”. Digo, hice mi mejor esfuerzo, pero simplemente no les puedo dar más, es demasiado misterioso, es demasiado. En el mejor de los casos, él hizo un buen esfuerzo. Él vio la gloria del Señor más adelante en el capítulo 3. Él vio la gloria del Señor más adelante en el capítulo 8, capítulo 9, capítulo 10. La vio, la vio, la vio y todavía tuvo este misterio increíble.

“Ahora, viene un día”, dice el profeta Habacuc, “cuando la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”. Pero hasta ese día de conocimiento pleno, estamos tratando con percepción limitada. Realmente, no entendemos. Y Ezequiel pudo y no pudo describirlo, y entre más sigue, más nos enredamos. La creación reveló la gloria de Dios, y más allá de eso, la Shekinah, esas apariciones tan especiales de gloria revelaron Su gloria. Pero incluso con esas, hay misterio. Había misterio. Si lo único que tuviéramos fuera eso, nuestro entendimiento de la gloria de Dios estaría envuelto en confusión. Sin embargo, Dios quiere que lo conozcamos, y quiere que lo percibamos y quiere que entendamos Su revelación de Sí mismo. ¿Cómo podemos llegar a conocerlo si eso es lo único que tenemos?

Bueno, afortunadamente Isaías viene, e Isaías dice esto: “La gloria de Jehová será” –¿Qué? – “revelada”. Viene un descubrimiento más grande, una revelación más completa. Veamos cómo es que el Nuevo Testamento habla de su cumplimiento. Hebreos, capítulo 1. Y Hebreos, capítulo 1 es otro texto que trata con la historia verdadera de Navidad. La historia verdadera de Navidad. Versículo 1, Hebreos 1: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas”. Y usted puede detenerse ahí.

“Dios habló”, ese es el tema y el verbo. Dios habló, el autodescubrimiento de Dios. Él lo hizo “en tiempos diferentes, y de maneras diferentes”. Eso es lo que esos dos términos significan. En tiempos diferentes y en maneras diferentes, Dios se reveló a Si mismo. Primordialmente, ahora subraye esto, “a los padres”, esto es, a los ancestros históricos de la nación de Israel, los hombres piadosos del pasado, “Él les hablo por los profetas”.

Ahora, piense conmigo. Resumamos lo que hemos aprendido hasta ahora. Dios no permaneció en silencio. Dios no permaneció invisible. Dios no se mantuvo escondido en las nubes de la oscuridad, sino que Él brilló la luz de gloria. En primer lugar, Él brilló la luz de gloria en la creación. Y después, Él brilló la luz de gloria en la Shekinah, esas maneras tan especiales en las que Él invadió la vida del pueblo en el Antiguo Testamento.

Pero de la manera más maravillosa, y más definida, y más útil, Él se descubrió a Sí mismo más allá de Su creación, y más allá de Su Shekinah en la Palabra de Dios revelada a los profetas, de tal manera que la revelación más grande en el tiempo pasado no es la visión de la Shekinah, no es en la totalidad de la creación, es en el entendimiento del Antiguo Testamento, porque esa es la palabra hablada por los profetas. Dice en el versículo 7 de Amós 3: “Jehová Dios no hará nada, sino que revelará su secreto a sus siervos, los profetas”. Él se ha descubierto a Sí mismo mediante los profetas en los escritos del Antiguo Testamento.

Ahora escuche: la creación y la Shekinah son limitadas. La palabra escrita le da contenido a la creación. Le da contenido a la Shekinah. Incluso, podríamos tomar las palabras de Job. Cuando Job contempla al Dios que se revela a Sí mismo en la creación, él dice esto: “He aquí”, Job 26:14, “estos no son más que los bordes de Sus caminos: ¿y qué pequeño es el murmullo que oímos de Él?”. Como puede ver, Dios sólo murmulla en Su creación. Dios sólo murmulla en Su Shekinah. Pero Él habla en Su Palabra, y en el Antiguo Testamento, versículo 1, Él habló. No un murmullo, sino en voz completa. ¿Pero sabe una cosa? Incluso eso estuvo lleno de misterio, ¿sabía usted eso?

Dudo si en algún momento hubo un tiempo en el Antiguo Testamento un hombre más piadoso que Daniel. Él realmente sabía lo que era orar. Él sabía lo que era caminar con Dios. Él sabía lo que era vivir una vida de obediencia. Él tuvo un sentido de historia. Él vivió más de 90 años, y vio a Dios operando a lo largo de todos esos años. Él tuvo revelaciones de Dios que no fueron igualadas por nadie más. Él vio el futuro como nadie más en el Antiguo Testamento lo vio. Un hombre increíble. Dado todo lo que se le dio en su relación personal con Dios, dado todo lo que se le dio mediante revelación divina, dados todos esos factores, al fin de Daniel capítulo 12, versículo 8, él dice esto: “Oí, pero no entendí”. ¿No entendiste, Daniel? ¿No entendiste? No, como puede ver, así es.

Si lo único que tuviera fuera la creación, tendría un murmullo. Si todo lo que tuviera fuera Shekinah, todavía tendría un murmullo. Si tuviera el Antiguo Testamento, tendría a Dios hablando a voz completa, pero incluso en ese punto, habría misterio. Esa es la razón por la que 1 Pedro 1:10 al 12 dice que los profetas del Antiguo Testamento escudriñaron lo que escribieron, para ver qué persona o a qué tiempo se referían. Pero no les fue revelado, dice Pedro, sino a nosotros. Esa es la razón por la que, en Hebreos 11:39 al 40, dice que no fueron perfeccionados sin nosotros. El término no vino sino hasta lo mejor, el cual es el nuevo pacto. Entonces, con todo lo que tenían, todavía había misterio; la plenitud todavía no estaba ahí. No recibieron el retrato más genuino, verdadero, completo de lo que Dios realmente era.

La Creación ayudó. La Shekinah ayudó. La palabra ayudó. Pero hubo algo incompleto en todo eso hasta el versículo 2, Hebreos 1: “En estos postreros días nos ha hablado”. ¿Y cómo habló esta vez? “Por el” –¿qué?– “Hijo”. Ahora, eso es Dios gritando. Si Él murmulla en Su Shekinah, y Él habla en el Antiguo Testamento, Él grita en Su Hijo. Usted no se puede confundir. Es inequívoco. Él es Dios, y usted ve todo de Dios manifiesto en eso: juicio, su justicia, su amor, su sabiduría, su poder, su omnisciencia. Es todo de Él conforme le vemos caminando por el mundo, cumpliendo con su obra, viviendo su vida. La plenitud de Dios es vista como nunca jamás había sido vista ahora en Jesucristo.

Y esa es la razón por la que 2 Corintios 1:20, hace una afirmación monumental que debería recordar y debería subrayar en su Biblia: “Todas las promesas de Dios en Él” –esto es, en Cristo– “son sí, y en Él Amén, para la gloria de Dios”. Todo de la gloria de Dios es “sí” y “amén” en Cristo. Él se vuelve esa revelación completa de la gloria del Señor. Observe el versículo 2 por un momento. Dice: “En estos postreros días”. ¿Cuáles son los postreros días? Ese es un término que se refiere al período mesiánico. Los últimos días o los postreros días, comenzaron cuando el Señor Jesús vino.

Ese es un período largo de postreros días. Todavía estamos en él 2.000 años después. Juan dijo: “Hijitos míos, este es el último tiempo”. El Nuevo Testamento dice: “Él ha aparecido una vez al fin del siglo”. El último tiempo, el fin del siglo, los últimos días, comenzaron cuando el Mesías vino. Fueron los últimos días de revelación, porque el canon, el testamento, el texto fue completado entonces. Fue la última vez en la que Dios habló hasta que Él vuelva a hablar en Su reino. Entonces, después de que Dios había dado el murmullo, y la voz audible, Él gritó en Su Hijo; y el Nuevo Testamento nos da esa revelación.

Hay un comentario interesante que solo le quiero hacer para aquellos de ustedes que ven el texto quizás más de cerca. Dice en griego: “Él nos ha hablado mediante naturaleza-Hijo”. La palabra “Su” no está ahí. “Por Hijo”, “por naturaleza” de Hijo. En otras palabras, el artículo está ausente. En el pasado, Él habló mediante naturaleza de profeta o Él habló mediante profetas. Ahora, Él habla mediante naturaleza de hijo. Y el énfasis, entonces, no es tanto en la persona del Hijo como en la cualidad de ser un Hijo. En otras palabras, ser un Hijo es mejor que ser un profeta. Él está enfatizando la calidad o la naturaleza del término. Él ha elevado la calidad de su vocero. Y eso encaja en el texto de Hebreos porque el libro entero de Hebreos, básicamente, compara a Cristo con todo lo demás.

Él es mayor que los profetas. Él es mayor que los ángeles. Él es mayor que los sacerdotes. Él es mayor que Moisés, mayor que Aarón, mayor que Melquisedec, y sigue, y sigue y sigue. Su pacto es un pacto mejor y demás. Y entonces, Él habla mediante naturaleza de Hijo. Él habla en el Hijo viviente, el Señor Jesucristo. Después, él sigue en los versículos 2 y 3, y eso es lo único que vamos a ver, para señalar algunas de las características de este Hijo. Pero quiero que observe el versículo 3: “El cual, siendo el resplandor de su gloria”. ¿Quién es Jesucristo? Él es la gloria del Señor. Eso es lo que él está diciendo aquí. Él es la radiación inefable de Dios. Él es el brillo de Dios. Esa es la razón por la que dice en Juan 1:14: “Aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como la del unigénito del Padre”.

La frase “siendo el brillo de Su gloria” es muy simple. El brillo es la palabra ἀπαύγασμα (apaugasma); significa “radiación”. Significa “enviar luz” o “producir brillo”. Simplemente, está diciendo que es el brillo de Dios. Así como la radiación del sol alcanza la tierra para alumbrarnos, para calentarnos, para darnos vida y crecimiento, así también en Cristo percibimos la calidez y la radiación de la luz gloriosa de Dios tocando los corazones de los hombres. El brillo del sol es de la misma naturaleza que el sol. Es tan antiguo como el sol, y nunca el sol existió sin su brillo. El brillo del sol no puede ser separado del sol, sin embargo, es distinto.

Y entonces, Cristo es Dios, y, sin embargo, es distinto. Él es Dios, sin embargo, es la manifestación de Dios. Él es la gloria del Señor, quien grita la realidad de Dios, la cual sólo se presenta en murmullo y se habló en tiempos pasados. Él es el Hijo de justicia, que se levanta con sanidad en Sus rayos. La ilustración más vívida de esto se encuentra en un texto conocido en Mateo 17, dice: “Y después de seis días, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y Juan, su hermano, y los llevó a un monte alto en privado, y él fue transformado, transfigurado delante de ellos. Su rostro brillaba como el sol, y su atuendo era blanco como la luz”. Y ahí, Él está mostrando Su gloria. Ahí está, en ese monte, ese día, revelando Su gloria. Él quería que supieran quien era Él. Y a partir de una nube que lo rodeaba vino una voz: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; ¡a él, oíd!”. Y ahí de pie estaban Moisés y Elías, y esa fue una realidad maravillosa.

¿Por qué estaba pasando esto? Para convencer a los discípulos sin lugar a dudas quién era Él: la voz de Dios, el brillo inefable de gloria Shekinah. Y después, la presencia de Moisés y Elías, ¿por qué? Moisés de la ley, Elías de los profetas, y Cristo estuvo ahí con ellos, los voceros de Dios más grandes del Antiguo Testamento. Debían entender que Jesús estaba catalogado como la voz de Dios. Moisés y Elías, que habían comenzado las dos eras de milagros en el Antiguo Testamento, y ahora Cristo, comenzaría la tercera. Moisés y Elías, ambos, dejaron este mundo envueltos en misterio. La muerte de Moisés, una única y extraña. Elías, llevado. Cristo, quien murió una muerte única, y después, resucitó para ser llevado. Los paralelos siguen y siguen.

Pero cuando vieron la gloria, y oyeron la voz de Dios, y vieron la presencia de Moisés y Elías, fue una afirmación sin lugar a dudas del hecho de que Jesús no sólo era la voz de Dios, sino que Él era Dios mismo. Esa es la razón por la que más adelante en el ministerio de Pedro, conforme escribe 2 Pedro, capítulo 1, versículos 16 al 19, él dice: “No les hemos predicado fábulas inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad cuando estuvimos con Él en el monte santo. Sabemos de qué hablamos; vimos su gloria”. Se volvió el punto de su confianza. Y entonces, Jesús fue la gloria de Dios. De regreso a Hebreos 1. Usted ve el pesebre, y usted no solo ve un bebé. Usted ve el pesebre, y usted no sólo ve a un niño. Si no que usted ve la gloria de Dios, la gloria del Señor, en carne humana.

Cada vez que Jesús hizo un milagro, cada vez que él curó a un cojo o le dio vista al ciego, o le dio voz al mudo, cada vez que él perdonó los pecados, Dios estaba revelando Su gloria. Observe que también dice en el versículo 3, que Él fue: “La imagen misma de Su sustancia”. La palabra es χαρακτήρ (charakter), de la cual obtenemos carácter. Básicamente, es una palabra clásica en griego, y significa una herramienta para grabar; un sello, un molde, una marca que es hecha por un sello. Tiene la idea de una copia o imagen o reproducción, y él está diciendo que Cristo es la imagen de Dios. Él es la imagen expresa de Dios. Él es el carácter de Dios revelado. Es la marca de Dios en la sociedad humana. Es el sello de Dios en carne humana.

Pablo, en 2 Corintios 4:4, y en Colosenses 1:15, dice: “Cristo es la imagen de Dios” y usa una palabra diferente; la palabra es εἰκών (eikon), lo cual significa una reproducción exacta, una imagen exacta o una copia precisa. Entonces, sea χαρακτήρ (charakter) o ya sea εἰκών (eikon), Jesús es el sello de Dios, la marca de Dios, la imagen de Dios, la reproducción de Dios, la copia precisa de Dios. Y quiero apresurarme a añadir que esas palabras, incluso en el mejor de los casos, se quedan cortas de la realidad de la verdad, porque es imposible expresar que Él es la esencia misma de Dios de cualquier manera análoga sin perder algo. Creo que es mejor expresado en Colosenses 2:9, en donde Pablo dice: “En Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad”, la afirmación más grande de la deidad de Cristo.

Y después, para apoyar eso, el escritor nos da las virtudes de Cristo. Número uno, su herencia, versículo 2: “A quien constituyó heredero de todo”. El ser Hijo demanda ser heredero. Salmo 2: “Haré que sus enemigos sean estrado de sus pies”. Salmo 2: “He puesto mi Rey en el monte santo de Sion”. El Salmo 2 es en donde el Padre afirma el derecho del Hijo de gobernar. Colosenses 1: “Todas las cosas fueron hechas por Él y para Él”. Todo en última regresa para pertenecerle a Él. “Porque de Él, y por Él, y para Él son todas las cosas, a Él sea la gloria por los siglos. Amén”, Romanos 11:36. En Apocalipsis 5, se acuerda la escena, Juan ve el trono de Dios, y es momento de tomar de regreso la posesión de la tierra, y ellos claman, “¿Quién es digno de tomar el rollo”, el título de propiedad de la tierra, “y abrirlo?”. Y ven por todo el cielo y en todos lados, y a nadie encuentran. 

Y finalmente, viene el Cordero, el León de la tribu de Judá, el Señor Jesucristo y Él puede tomar el rollo. ¿Por qué? Porque Él es el heredero legítimo de la tierra. Y Él abre el rollo, y comenzando en el capítulo 6, son rotos los sellos, y Él vuelve a tomar posesión de la tierra para establecer Su Reino. Él es el que tiene el derecho de gobernar. Él es a quien se le da la herencia por parte de Dios. Y lo que es maravilloso reconocer es que Este que viene en humillación y condecención heredará todas las cosas. Entonces, en primer lugar, vemos Su herencia.

En segundo lugar, Su inicio. Al final del versículo 2: “Por quien asimismo hizo el universo”. Cristo no sólo lo recibirá en el final, sino que Él es la fuente de su origen en el comienzo. Él lo inició todo “mediante”, la palabra “por”, significa “mediante” día, a través de, “todas las cosas fueron hechas por Él; y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho”, Juan 1:3 dice. Él puede crear, Él creó. Y solo Dios puede hacer eso.

Quiero señalar algo muy interesante. La palabra para “mundo” ahí, “mundo” no es κόσμος (kosmos); no está hablando de los mundos físicos únicamente. Va mucho más allá de eso.

La palabra es αἰών (aion), y significa “épocas”. Significa edades. Escuche: no es que Él sólo creó los mundos físicos y las cosas físicas que existen en el universo; es que Él creó los conceptos en los que las cosas físicas pueden existir. Lo lleva a usted un paso más allá de lo físico. Él creó el tiempo, y el espacio, y la fuerza, y la energía y la materia. Él creó las cosas de las cuales la creación física está hecha. Él lo hizo todo. Entonces vemos Su herencia, Su inicio.

En tercer lugar: vemos Su influencia. En el versículo 3 dice esto: “Quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”. Esa es Su influencia. Él mantiene todo junto. Es Su influencia. Es Él, el que hace que el átomo se mueva en su órbita apropiada, el bloque de construcción de todas las cosas. Es Su poder. Por cierto, el verbo ahí tiene que ver con una acción presente continua de mantener. Él continuamente mantiene todas las cosas juntas. Este universo se desintegraría y terminaría hecho pedazos si no fuera por Su poder que mantiene todo. ¿Sabe usted que, si la rotación de la tierra se redujera un poquito, nos congelaríamos y nos quemaríamos de manera alterna? ¿O sabía usted que el sol tiene una temperatura en la superficie de 12.000 grados Fahrenheit y si estuviéramos un poco más cerca o un poco más lejos, nos congelaríamos o nos quemaríamos?

¿Sabe usted que nuestro globo está inclinado exactamente a 23 grados, y si no estuviera en ese ángulo exacto, los vapores del océano se moverían hacia el norte y hacia el sur y acumularían continentes masivos de hielo? ¿Sabía usted que si la Luna no permaneciera en su distancia exacta de la Tierra, las mareas de los océanos inundarían la tierra dos veces diariamente? ¿Sabe usted que si el océano se resbalara tan sólo unos centímetros de profundidad más allá de donde está, el dióxido de carbono y el oxígeno de la atmósfera de la tierra sería completamente absorbido y no podría existir la vida vegetal?

¿Sabía usted que, si la atmósfera no permaneciera constante en la tierra, sino que se adelgazara, millones de meteoros que se queman de manera inofensiva en el espacio golpearían la tierra, en una lluvia de bombas que nos devastaría a todos? ¿Quién mantiene el equilibrio delicado? ¿Lo mantiene operando todo? El Hijo; la gloria del Señor. Con frecuencia pienso en eso: que cuando Él estaba caminando por el mundo en Su cuerpo humano, y Él estaba pasando por todas las cosas que un hombre pasa, al mismo tiempo, Él estaba manteniendo el universo entero. Entonces vemos Su herencia, Su inicio, Su influencia.

En cuarto lugar, vemos Su intervención. En el versículo 3. Me encanta esto: “Habiendo efectuado por medio de sí mismo” -vuelvo a decir eso- “habiendo efectuado por medio de sí mismo la purificación de nuestros pecados”. ¿Sabe usted que lo hizo por medio de sí mismo?” Usted debe saber eso. “Lo hizo por medio de sí mismo”. Por medio de sí mismo, Él efectuó la purificación de nuestros pecados. Ahora, amados, eso es poder –por medio de sí mismo. Una obra más grande que la creación, una obra más grande que la providencia, manteniendo, fue la obra de la purificación. Él efectuó la purificación. Él limpió nuestros pecados. Y ese se vuelve en el gran tema resonante del libro de Hebreos conforme usted avanza.

Él dice en 7:27, el escritor de Hebreos: “Quien no necesita diariamente, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificio, primero por sus propios pecados, y después por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez, cuando se ofreció a Sí mismo”. Él purificó nuestros pecados. Esa fue su intervención en el desastre humano. Y por un momento breve, la gloria partió. Por un momento breve, la Shekinah regreso. Por un momento breve, el brillo se volvió oscuridad. Y la oscuridad misma, Jesús la resistió, lo rodeó, pero Él lo hizo por nosotros. Y no terminó ahí. Vemos su herencia, su inicio, su influencia, su intervención.

Finalmente, Su instalación: cuando Él acabó, “se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”. La Majestad en las alturas simplemente es un nombre para Dios. Él es la Majestad en las alturas. Su diestra es el lugar de honor, el lugar de bendición, el lugar de poder. Él se sentó. ¿Por qué se sentó? Acabó. ¿Quiere saber algo interesante? En el templo y en el tabernáculo no había lugar para sentarse. Usted lee la descripción del tabernáculo, usted lee la descripción del templo, no había dónde sentarse en ningún lugar ¿Por qué? Porque un sacerdote nunca terminaba y entonces, nunca se sentaba. Sacrificio, sacrificio, sacrificio por millones, y nunca se sentaban porque nunca, jamás hubo una obra terminada. Jesús hizo un sacrificio, y cuando terminó, Él se sentó. Él se sentó. Se acabó. No había nada más que hacer. Él terminó y se sentó. Hebreos 10:12, qué gran versículo: “Pero este hombre” - esto es Cristo - “después de que Él había ofrecido un sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios”.

Amados, este es el mensaje de Navidad. Dios ha venido al mundo, y nos concentramos en su deidad. Este es Dios. ¿Por qué se le dio la diestra? Cuatro razones: En primer lugar, la diestra fue un lugar de honor. Filipenses 2 dice que: “Dios le exaltó hasta lo sumo, y le ha dado un nombre que es sobre todo nombre”. La diestra es un lugar de honor. Él se sentó ahí porque Él debe ser honrado. En segundo lugar, es el lugar de gobierno. Primera de Pedro 3:22 dice que Dios lo exaltó a Su diestra e hizo que los ángeles, y autoridades y potestades fueran sujetas a Él. Es el lugar de honor, es el lugar de gobierno. En tercer lugar, es el lugar de descanso. Se sentó porque terminó. En cuarto lugar, es el lugar de intercesión. Él está a la diestra de Dios, Romanos 8:34 nos dice de manera maravillosa: “Haciendo intercesión por nosotros”. Y entonces, Él tomó Su lugar a la diestra.

Ahora, ¿qué estoy diciendo? Esto: El profeta dijo la gloria del Señor será revelada. El escritor de Hebreos dice que el Hijo es el brillo de su gloria. El mensaje de Navidad es que Dios vino al mundo en toda Su gloria, y lo que era sólo un murmullo o en la palabra, una voz audible, se vuelve un grito. Y algún día en el futuro, conforme usted lee el libro de Apocalipsis, cuando Él regrese en Su gloria refulgente, lo cual - me encanta - Jesús lo llama “gran gloria” - cuando Él regrese en gloria de la segunda venida, la Biblia dice que el grito será incluso más fuerte, de tal manera que toda voz en el universo clamará, y gritará y cantará Sus alabanzas.

¿Qué nos dice esto a nosotros? Permítame pedirle que vea 2 Corintios 3 y cerraremos. Versículo 10: “Porque aun lo que fue glorioso no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. Ahora, escuche lo que ese versículo significa. El Antiguo Testamento, las apariciones de la Shekinah, el texto del Antiguo Testamento, el antiguo pacto fue glorioso. Es verdad. “Porque aun lo que fue glorioso” se refiere al Antiguo Testamento, la economía antigua, el pacto antiguo, las apariciones Shekinah fue hecho glorioso. “Pero no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente”. En otras palabras, el nuevo descubrimiento de gloria en el Cristo encarnado y el nuevo pacto acerca de Él, es mucho más glorioso que el antiguo no parece glorioso en absoluto. No tiene gloria cuando es comparado con la gloria que sobrepasa todo; gran pensamiento.

Entonces, esa revelación de la gloria en el Nuevo Testamento excede por mucho cualquier cosa en el pasado. Y esa es la razón por la que decimos que Dios grita en la persona de Cristo. Pero, ¿qué nos dice a nosotros? Versículo 18: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta” –esto es el velo es quitado, las cosas que eran misteriosas, que nos afligían, que eran confusas. Ya no somos como Ezequiel. Se acabó. El velo es quitado. “Mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor”. ¿Y quién es? Es Cristo. Y conforme lo vemos, y lo vemos, y lo vemos, “somos cambiados a la misma imagen de un nivel de gloria al siguiente, por el Espíritu del Señor”. En otras palabras, literalmente nos volvemos como Él conforme lo vemos.

Ahora, todos nosotros como creyentes estamos en este proceso. Estamos viendo Su gloria, y siendo transformados a Su imagen en el proceso. ¿Se acuerda usted de la historia del “Patito Feo”? Estoy seguro de que probablemente se acuerda. Permítame refrescar su memoria. Él era más raro y menos atractivo que los patos junto a los que creció, y entonces, se burlaban de sus diferencias. Huyendo de su abuso, él buscó abrigo en un hogar cuyas mascotas eran un pollo y un gato. Él también fue rechazado ahí, porque él no podía poner huevos como una gallina y él no podía hacer ruidos como un gato. “Simplemente, no me entienden”, les dijo él; pero él sólo fue tratado con burla. Después, un día, él vio a los cisnes llenos de gracia y elegantes, las aves más hermosas que él jamás había visto, y un sentimiento extraño vino sobre él.

Él empezó a brincar en el agua. Él estiró su cuello tratando de seguir el vuelo de ellos. Y él gritó tan fuerte que le asustó. Cuando finalmente los perdió de vista, él se volvió a hundir al fondo del agua y, cuando volvió a subir, él no sabía qué había pasado. No tenía idea de cómo se llamaban esas aves o adónde iban. Él sólo sabía que le encantaban como nada que él antes había visto. Otro invierno vino, con todas sus luchas, y finalmente la primavera derritió el hielo de los estanques. Y conforme el patito feo estaba nadando, él vio otra vez dos de esas aves hermosas. Nadaron directo hacia él, y entre más se acercaron, más se asustaron. Y después, cuando esa belleza estaba al frente de él, él inclinó su cabeza en humildad y cubrió su rostro con sus alas.

Pero cuando él inclinó su cabeza, vio su propio reflejo en el agua por primera vez y, en un asombro que lo dejó sin palabras, él vio que también era un cisne. Descubriendo lentamente sus alas al quitarlas de su rostro, él levantó su cabeza del tanque. Él no la levantó con orgullo y en alto, como lo haría un avestruz, sino humildemente como un cisne inclinado un poco, en una expresión de gratitud. Después, él nadó junto con sus colegas cisnes. Quizás, podemos ver en eso una analogía. Quizás su experiencia es parecida a esa. Piense conmigo. Su primer mirada a Cristo en fe podría ser como el patito feo que vio por primera vez a los cisnes. Usted tiene un sentido abrumador de lo feo que es usted, sin embargo, hay algo irresistible en Cristo que hace que su corazón se voltee.

Sabemos que el patito feo no sabía lo que estaba pasando cuando él vio a los cisnes. Él respondió desde lo más profundo de su ser, porque él era un cisne y fue hecho para ser un cisne. Y de manera semejante, podemos responder a Cristo. En la profundidad de nosotros mismos, realmente no sabemos por qué respondemos así, pero es porque eso es lo que fuimos diseñados para ser. Y después un día, conforme enfrentamos humildad en nuestra condición fea, conforme vemos el espejo, vemos que nos estamos volviendo eso hermoso que anhelamos ser. Y con humildad en nuestro caminar y gratitud en nuestros corazones, vivimos nuestras vidas ante Dios.

Escuche: Dios quiere transformarlo a Su propia imagen, de un nivel de gloria al siguiente.

Me parece sorprendente percibir que el Señor Jesucristo es la gloria del Señor revelada a nosotros. Es más sorprendente revelar que Él es la gloria del Señor revelada por nosotros. Y lo que es más sorprendente de todo es entender que Él es la gloria de Dios revelada en nosotros. “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. ¡Hombre! La mayoría de la gente se va a perder la Navidad. Se la van a perder. Se van a perder a Jesucristo. Se van a perder la gloria del Señor. Espero que usted no. Espero que usted se enfoque en Él, para que usted se vuelva aquello para lo que fue creado: usted, radiando esa misma gloria.

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