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No sé qué tan real es esto, pero alguien me dijo esta semana: “La gente piensa de ti como una máquina de predicación y quizás realmente no sepan lo que hay en tu corazón porque rara vez estás desconectado de un texto”. Y yo dije: “Bueno, este domingo les va a ayudar entonces, porque simplemente voy a compartir mi corazón”.

Nosotros en nuestra serie, en Mateo, normalmente estaremos comenzando el capítulo 21, el cuál comienza la última semana de la vida de Nuestro Señor. Pero antes de que lleguemos a ese clímax glorioso, grandioso del Libro de Mateo, para el cuál todos hemos esperado unos cinco años, incluyéndome a mí mismo, tengo algunas cosas en mi corazón que quiero compartir con ustedes.

Cuando yo me voy y ministro en otros lugares, predico en otros lugares, le hablo a otras personas, paso tiempo en la oración, en la palabra y leo algunos libros y cosas que normalmente me permiten hacerme a un lado, dar un paso hacia atrás de la presión y pensar con claridad. Y cuando estoy aquí es difícil tener el tiempo para hacer eso. Y como resultado de eso el Señor parece hacerme ver ciertas cosas que son necesarias que yo entienda, que yo enfatice en mi propio corazón y vida y que yo comparta con ustedes. Y me preocupa nuestra iglesia y quiero que sepa que esta iglesia es mi vida. Es el corazón y el alma de mi vida. No creo que el ministerio ha llegado a un punto de estancamiento aquí. No creo que ya terminamos. No creo que estamos simplemente tratando de aferrarnos a esto. Creo que acabamos de comenzar y la energía que di en los últimos quince años es solo un preliminar en comparación con la energía que quiero entregar en los próximos, si el Señor se tardara quince años o el tiempo que Él quisiera.

Creo que el futuro todavía está delante de nosotros. Es emocionante, está lleno de gozo y expectativa y hay un potencial tremendo de posibilidades. Pero también creo que estamos en el punto, en nuestra vida de la iglesia, que estamos en un intervalo muy, muy crítico y puede haber un gran futuro para nosotros o puede no haberlo, dependiendo de lo que hagamos con el momento de oportunidad en el que nos encontramos en este momento.

Estaba jugando golf por primera vez en mi verano, el otro día y había esperado durante mucho tiempo el tener tiempo para hacer eso. Inclusive, mientras estaba de vacaciones, normalmente encuentro algunos lugares donde predicar mientras que estoy de vacaciones y toma algo de tiempo. Pero estaba jugando a golf con un pastor y él quería saber acerca de construir una iglesia. Y el tenía en su corazón el construir, el levantar una iglesia y realmente tenía hambre de levantar una iglesia. Había estado en nuestra conferencia de pastores y de hecho había estado aquí dos veces y había predicado yo en su iglesia allí, en la parte este. Y él dijo: “Hombre, realmente quiero ver a Dios hacer eso, quiero que una iglesia se levante” y demás. Y él me estaba preguntando acerca del ministerio y después él dijo: “Sabes, una iglesia como la tuya, ¿cómo es una iglesia tan grande como la tuya y con tantas cosas que están pasando, tantos ministerios y demás, es difícil?”.

La implicación de su pregunta era: “Ahora que estás ahí, ¿en cierta manera descansas?” Y yo le dije: “Déjame decirte algo”. Yo le dije: “Ser parte de edificar, de levantar una iglesia es fácil”, digo, “es como estar en un velero, alguien más está soplando el aire. Tú simplemente estás sentado ahí. Y yo, honestamente, le puedo decir que el crecimiento de Grace Church, los grandes años del crecimiento tan tremendo con el que comenzamos siendo cuatrocientas o quinientas personas y simplemente llegamos y crecimos y crecimos. Y todas estas cosas maravillosas estaban pasando, eso fue fácil”. Digo: “No sabía lo que estaba pasando, para ser honesto con usted. Llegaba aquí cada domingo, simplemente para ver lo que estaba pasando. De hecho, había tanto de lo que Dios estaba haciendo, era tan emocionante. Claro, hubieron principios que aplicamos a partir de la Palabra de Dios y hubieron énfasis, y hubo una motivación para buscar la excelencia y demás, pero esos fueron tiempos de euforia”. Digo: Esos fueron simplemente tiempos de éxtasis”.

A mí me gusta llamar a esos años, “Los años del descubrimiento”. Y llegué aquí, no sabia mucho y todas las semanas llegaba y estudiaba y aprendíamos juntos. Y después les decía lo que la Biblia decía, y todo el mundo decía: “Guau. Eso es lo que la Biblia significa aquí y eso es lo que nos está diciendo a nosotros. Y nos emocionamos por eso”. Y dábamos otro gran paso en términos de nuestro crecimiento y entendimiento espirituales. Y el Señor añadía la iglesia, simplemente seguía así. Realmente, era como una especie de luna de miel prolongada. Y había energía en todos lados, había emoción y entusiasmo y todo el mundo estaba emocionado. Y ni siquiera estábamos haciendo en esos años las cosas que estamos haciendo en la actualidad. Pero nadie jamás esperaba nada.

Y entonces, todo lo que vivimos fue simplemente maravilloso. Y mi meta, honestamente, cuando llegué aquí era simplemente mantener a la gente que ya estaba aquí. Evitar que se fueran. Esa era mi meta elemental. Si tan solo me puedo ir de aquí y no se van, eso va a ser una victoria moral. Nunca tuve una meta de tener esto, esa es la razón por la que he dicho que el versículo en la Biblia que ha llegado a ser el más real y ha estado más fresco en mi entendimiento en los años de ministerio aquí, es Efesios 3-20: “Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que podemos pedir o entender”. He visto a Dios hacer eso.

Pero en esos primeros años, todos estábamos emocionados. Había un éxtasis tremendo, había un sacrificio tremendo. Todo el mundo era parte del crecimiento, juntos. Uno de los miembros del personal me dijo hace un par de semanas atrás, él dijo: “Si ves a la historia, en casi cada área de la vida de la iglesia y en la vida del Pueblo de Dios, en cierta manera ha seguido un patrón muy interesante”. La primera generación pelea por descubrir y establecer la verdad, y eso es lo que hicimos. Digo, el primer flujo de años y descubrimiento y de establecer la verdad, hubo una emoción tremenda. Y después él dijo: “La segunda generación pelea por mantener la verdad y proclamar la verdad”. Y hemos visto eso. Lo establecimos en libros y en cintas. Y hemos comenzado a enviar a hombres a predicarlo en algún otro lugar y a traer a personas aquí y a enseñarles, a enviarles y trabajar con pastores. Y hemos comenzado a querer mantener la verdad y a proclamar la verdad. Y después él dijo: “A la tercera generación podría importarle menos, debido a que no fueron parte de la pelea en ninguno de los dos frentes”. Realmente, no tienen nada en juego, no tienen nada por qué luchar. Lo dan por sentado.

Y hombre, eso me aterra. Eso realmente me da miedo. “Lo más difícil”, le dije a este pastor, “lo más difícil con qué enfrentar en el ministerio es la indiferencia o la apatía. La complacencia”. Usted no puede enfrentarlo. No hay manera de enfrentarlo, fuera de hacer su mejor esfuerzo por enfrentarla al predicar y demás. Y es difícil. Alguien se me acerca y usted sabe, tenemos problemas como cualquier otra iglesia tiene. De hecho tenemos más de ellos, claro, porque tenemos más personas. Si no tuviéramos personas, no tendríamos ningún problema, usted entiende.

Pero cuando alguien se me acerca y dice: “Oh, John, tenemos un verdadero problema. Tenemos un problema real”. Ahora he regresado, he estado fuera he regresado varias veces este verano. Cada vez que regreso, alguien me dice: “Tenemos un problema, tenemos un verdadero problema. ¿Sabe usted lo que ha pasado? Tal y tal está en esta situación”. Y mi respuesta a eso es: “Maravilloso, hombre, eso es emocionante. Tenemos un problema y sabemos cuál es y podemos resolverlo con la verdad de la Palabra de Dios. Eso es maravilloso”. Digo: “Esa es la parte divertida del ministerio”. ¿A quién le gustaría tener una iglesia sin problemas?

Digo: “Si usted encuentra una iglesia”, yo le digo a los pastores jóvenes esto todo el tiempo, “si encuentras una iglesia sin problemas, no vayas ahí. Vas a echarla a perder”. Digo: “Qué cosa tan maravillosa es tener problemas porque los problemas pueden ser resueltos con la aplicación de la verdad divina”. Entonces, me emociona eso. Pero la complacencia, la indiferencia, la apatía, eso rompe el corazón. Y pensar que podemos nosotros producir una generación de personas, que ni siquiera fueron parte de la lucha, y quienes dan todo por sentado. Simplemente, entran y se apilan y se sientan. Y están ahí, en el perímetro exterior, y dicen: “Bueno, todo está aquí. Simplemente lo damos por sentado. Siempre estará aquí”.

Y debido a que no conocieron cuál fue el precio, ni siquiera pueden probar el dulce sabor de la victoria. Ni siquiera saben lo que es haber enfrentado la batalla entera. Digo: “Usted sólo tiene un oportunidad en la vida”. Y yo lo veo como si Dios me ha dado la oportunidad más grande, más maravillosa, emocionante que tengo. Me ha colocado aquí y no creo que todavía ha terminado. Pero lo que yo temo es que personas que no fueron parte del proceso de edificar, y el proceso de luchar, y descubrir, y establecerlo todo, establecer el cimiento, y hacer que todo empezara a moverse, y venir aquí, y no puedan valorar lo que Dios ha hecho.

Y me acuerdo de un pasaje, me gustaría que abrieran su Biblia, Deuteronomio, capítulo 6. Creo que ahí hay una buena ilustración, un pasaje escrito para nuestro ejemplo de esta misma situación. Claro que Dios, en su gracia maravillosa, escogió a su pueblo, Israel; en su misericordia lo sacó de la esclavitud, los colocó en la tierra prometida. Literalmente los inundó con gracia y bendición divinas en abundancia. Y Él dice, en el versículo 3 de Deuteronomio 6: “Oye, pues, oh Israel, y guarda esto, para que te vaya bien y para que aumentes poderosamente, como Jehová el Dios de tus padres te ha prometido en la Tierra, que fluye con leche y miel”.

Él dice: “Más vale que guardes los mandamientos, más vale que seas leal a al Fe. “Oye, Israel”, versículo 4, “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas”. Lo primero que Él dice es: “Mira, si vas a ser fiel a la Fe, tienes que amar a Dios con todo tu corazón, alma y fuerzas”. Ama a Dios. Ama a Dios. Ama a Dios más de lo que amas al mundo. Ama a Dios más de lo que amas tu carro nuevo, tu casa nueva, tu trabajo, tu dinero, tu guardarropa, cualquier cosa, cualquier persona, cualquier lugar.

He estado leyendo esta semana pasada un clásico acerca de amar a Dios, escrito por Bernard de Clairvaux. Me redarguye profundamente. Profundamente. Él dice: “Tengo tres deseos en mi alma: acordarme de Dios, contemplar a Dios y amar a Dios”. Es un clamor bastante distante de algunos de nosotros. Si se nos preguntara que listáramos los tres grandes deseos de nuestra alma, me pregunto si estos serían. Acordarnos de Dios en todas las cosas, contemplar a Dios en todo momento y amar a Dios.

Y entonces Él dice: “Comienza con el interior”. Te coloco en una tierra con leche y miel, te coloco en el mejor lugar de bendición y vas a tener que meterlo en tu interior, un compromiso con amar a Dios. Después Él pasa al exterior, en el versículo 6: “Estas palabras que yo te mando hoy, estarán en tu corazón; y las enseñarás a tus hijos”. No solo en tu corazón, sino en tus labios, enséñaselas a tus hijos. “Habla de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te levantes, cuando te acuestes”.

¿Cómo es tu conversación? ¿Habla usted de la Piedad? ¿Habla usted acerca de Dios? ¿Habla usted acerca de Cristo? ¿Habla del espíritu Santo? ¿Habla de la Biblia? ¿Habla de la Virtud? ¿Habla usted de cosas que son buenas y honestas y puras? Digo, ¿usted va en un viaje con alguien durante el fin de semana y nunca habla acerca de Dios? ¿Nunca habla acerca de cosas espirituales? ¿Nunca habla acerca de cosas por las que usted va a rendir cuentas en términos de obediencia? Digo, ¿dónde está su conversación?

Como puede ver, si nos vamos a aferrar a estas cosas, tenemos que amar a Dios con todo nuestro corazón. También tenemos que hablar acerca de esto todo el tiempo, de tal manera que estimule nuestras mentes. Y necesitamos estar expuestos a eso. Yo creo que una razón por la que Dios ha levantado la radio cristiana en la actualidad, y ministerios de cintas y CD’s, es porque es la única manera en la que yo conozco en cierta manera de resistir el ataque de impiedad que enfrenta a la gente a través de la radio y la televisión.

Dígame un día en el que usted no era bombardeado en la sociedad por toda esa basura. Usted simplemente se iba a casa, hablaba con las personas, las personas que vivían ahí. Ahora usted tiene al mundo entero hablándole a usted. Vendiéndole filosofía impía desde todo ángulo posible. Y difícilmente puede llegar usted de domingo a domingo sin caer en términos de su propio compromiso espiritual.

Y entonces, el Señor ha levantado recursos. Debemos estar sepultados en ese tipo de cosas hasta que cultivemos una mente pura. Necesitamos hablar de esto todo el tiempo. ¿Es de eso de lo que usted habla? ¿Es esa su conversación? Digo, está bien hablando de los Dodgers de vez en cuando, pero no es lo que importa y lo demás no importa. Y después en el versículo 8, Él dice que hagan algo más. Que coloquen recordatorios. “Átalos como señal en tu mano, y colócalos entre tus ojos; y escríbelos en los postes de tu casa, y en tus puertas”.

En otras palabras, Él dice: “Motiva, estimula tu memoria con algunos símbolos”. Digo, yo creo que los hogares cristianos y oficinas y  lo que sea, en donde quiera que estemos, necesitemos tener recordatorios para estimular nuestras memorias, para recordar las cosas en las que debemos estar pensando. Todas esas cosas, simplemente eran maneras en las que estimulaban su mente. Y recordar. Y hacerlos que recordaran las cosas con las que deberían estar comprometidos. Necesitamos tener esas cosas también para recordarnos de lo que olvidamos.

Entonces, comienza en el corazón y sale de los labios y debe ser estimulados en nuestras mentes mediante señales y símbolos. Dice usted, ¿por qué todo esto? Le voy a decir por qué. Porque será “cuando Jehová tu Dios sea traído a la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob darles, con buenas y grandes en ciudades que tú no construiste, y casas llenas de cosas buenas, que tú no llenaste, y fosos buenos que tú no escarbaste, y vides y árboles de olivo que tú no plantaste. Cuando tú hayas comido y estés saciado, entonces cuidado con que no te olvides de Jehová, quien te trajo aquí”.

Digo, la tendencia es que cuando usted no ha sido parte del proceso, usted da por sentado y se acostumbra a los resultados. Y creo que yo temo que algunos de nosotros, inclusive que hemos sido parte del proceso, podamos olvidar ese proceso. Podamos olvidar la mano de Dios, la manera en la que vimos a Dios moverse. Y muchas veces nuevas personas simplemente llegan, ustedes ni siquiera saben qué precio se pagó. Ustedes ni siquiera entienden el sacrificio de tiempo, y talento, y esfuerzo, y dinero que la gente hizo.

Me acuerdo de una pareja joven, que en el lugar de ir a su luna de miel, quisieron dar lo que tenían para su luna de miel. Digo, esa es simplemente una de miles de miles de ilustraciones. Pero algunas personas simplemente quieren entrar y todo está ahí, todo se hace bien, todo está bien hecho. Lo que sucede es que si cosas pequeñas salen mal, realmente adoptan una actitud quisquillosa. Y no entienden en donde está la verdadera batalla. Y no entienden la verdadera lucha y lo que realmente importa. Y se preocupan por el resto de las cosas. Es como un hombre que dijo en una ocasión: “Están volviendo a arreglar las sillas sobre la cubierta del Titanic”.

Y algunas veces, la gente me dice cosas insignificantes y mi respuesta interior, y no siempre lo digo, algunas veces lo digo, es: “¿A quién le importa? No me importa eso. ¿Por qué me importa esto?” Y dicen: “Oh, oh”. Concentrémonos en lo que realmente importa. ¿Por qué la gente quiere molestarse con cosas que no son esenciales? Adelante con el Reino. Algunas personas pasan su vida entera distrayéndose con cosas triviales. Cosas insignificantes, no entienden. Y creo que el niño de la apatía es la crítica. Y es tan fácil, como usted sabe. Llego al punto en el que usted da todo pos sentado, y se acostumbra, y se vuelve indiferente a todo eso. Y después comienza a criticarlo. Y todas las imperfecciones que puede ver.

Y usted sabe, como Tomás Hardy, él decía que él tenía un amigo que podía llegar a cualquier prado hermoso y encontrar de manera inmediata el montón de estiércol. Bueno, esa es una perspectiva. Esa es una perspectiva que usted no debe tener. Yo sé que Dios nos ha dado gente maravillosa. Y nosotros somos la iglesia más rica en el mundo en términos de la gente tan maravillosa que Dios nos ha dado. Y bendecimos a Dios por eso. Pero también se que hay muchas personas que sólo vienen cuando es cómodo. Los conozco, algunos de ustedes solo vienen cuando es cómodo. Fue cómodo hoy, entonces vino. Si no fuera cómodo, no hubiera venido.

Y usted ve a la iglesia como ve todo lo demás en la vida. Si satisface alguna necesidad que usted tiene, entonces usted va. SI usted puede encontrar algo que sirva a su necesidad mejor, usted va ahí. Digo, si usted cree que es mejor salirse, se sale. Si está bien ir a la iglesia, usted va a la iglesia. Para algunas personas es la menor de las alternativas cuando el presupuesto está bajo en el fin de semana. Para otras personas, vienen cuando quieren. No ven ninguna necesidad real para el compromiso y el domingo por la noche es simplemente en lo que nunca se van a involucrar. Ellos creen que un sermón a la semana es suficiente. Y si usted cree que eso es verdad, necesita doscientos sermones por lo menos esta semana. Quizás, en cierta manera, para sacarlo de su complacencia, de su satisfacción.

Como alguien dijo, creo que fue Kierkegaard quien dijo: “La gente cree que el predicador es un actor y supuestamente deben venir y ser sus críticos”. Lo que ellos no saben es que ellos son los actores y él es el que los está motivando, recordándoles sus frases perdidas. Entonces, es bastante fácil para nosotros llegar al punto en el que, usted sabe, vivimos en un mundo en el que todo es para usted. Digo, usted hace lo que quiere. Las cosas salen como a usted le gusta. Todo llega a usted, todo llega a usted. Inclusive nuestro mundo, llamado cristiano, promueve el mismo tipo de manera de pensar.

Y entonces, usted va a la iglesia y si tiene algo que ofrecer, usted se aparece. Usted no entiende la lealtad de apoyar al pastor cuando está ahí. O al hombre de Dios que está hablando. Y me preocupo, porque algunas veces cuando otros están hablando, cuando yo no estoy aquí, y la gente dice: “Bueno, es sólo tal y tal hablando. Vámonos. No vamos a ir”. Y usted entiende, claro, lo que eso le dice esa persona. No es tan ciego, no son torpes. Ellos entienden lo que eso significa. Y eso las expresa, ¿sólo eres tú, verdad? Y en cierta manera, ese es el tipo de actitud que da lugar a la complacencia en una iglesia, a la indiferencia. Y eso es lo que puede matar a un gran ministerio.

Como puede ver, ahí es en donde estaba Éfeso. Dejaron su primer amor y necesitaban ser motivados a recordar cómo era antes. ¿Han olvidado cómo era? Y entonces le dije a este pastor: “Levantar una iglesia es fácil. Es tratar de enfrentar con la grande, lo que es difícil. Es tratar de evitar que la gente se vuelva indiferente, apática, que de todo por sentado y no entiendan lo que tienen”.

Digo, la enseñanza aquí es tan buena y la música aquí es tan maravillosa, tan gloriosa. Simplemente, nos acostumbramos. Y la gente trabaja tan duro por cuidar de nuestros niños y enseñar a nuestros pequeños. Y todas las cosas que hacen. Y entonces es tan fácil para nosotros acostumbrarnos a todo y ni siquiera orar como debiéramos. Digo, ¿ora por mí regularmente? Algunas personas me dicen con mucha frecuencia, me encanta cuando la gente me dice: “Yo lloro por ti todo el tiempo”.

Yo me aferro a eso, porque usted no entiende, esto es una batalla. Yo sé, yo soy una máquina de predicación. Me paro y empiezo y aquí sale todo. Y ustedes lo evalúan del uno al diez, quizás. Y de vez en cuando uno es lo suficientemente bueno para mantenerlo regresando por otro, buscando otro bueno. Y está bien, yo entiendo eso. Pero ¿ora usted? ¿Qué hay acerca de los otros? ¿Ora por ellos también, los otros que enseñan y predican aquí? ¿Los otros que guían y sirven?

Digo, algunas personas son prontas para criticar y no tan prontas para orar. ¿Y qué hay aquellos de ustedes en liderazgo? ¿Están orando por las personas a las que guían? ¿O pensamos que todo está hecho tan bien que no necesitamos ya a Dios? Como puede ver, usted no entiende la batalla. Usted no entiende la batalla. Usted sólo ve el resultado. Y todo se ve tan fácil. Usted no entiende las lágrimas y el trabajo. Usted no entiende cómo los que estamos en liderazgo, en la iglesia, tenemos que unirnos unos a otros algunas veces para apoyarnos mutuamente, porque llega a ser muy difícil, muy doloroso.

Y sólo quiero que recuerde que necesitamos que usted se aparte de esto. Necesitamos que esté totalmente comprometido. Necesitamos que ore. Necesitamos que use sus dones, que sirva. Pensé en esto, creo de manera más fuerte, mediante una carta que recibí escrita por un pastor joven. Y quiero compartirla con usted. Realmente, es lo que motivó que simplemente le hablara de mi corazón esta semana y probablemente también la próxima semana. Pero mi gran gozo en el ministerio es ver a los jóvenes salir al ministerio.

Recibí una carta de uno que está pensando en salir y realmente quebrantó mi corazón. Y esto es lo que él dijo, y cito: “Le escribo esta carta por varias razones. Y aunque no nos hemos conocido personalmente, he leído algunos de sus libros y lo he oído por la radio varias veces. Permítame explicarle mi gran preocupación. Una que no he podido corregir y una que me está llevando a considerar dejar el ministerio. Quizás sus consejos los va a usar el Señor para darme algo de luz”.

“En primer ligar, mi posición. Firmemente creo que el liderazgo de la iglesia debe ser el mejor. No sólo en sus propias vidas espirituales, a nivel personal, sino también al establecer el ejemplo para la gente a la que guía. Ahora, me apresuro a añadir que no estoy hablando de perfección o de ningún tipo de súper humano. Simplemente una relación viva, creciente, personal con Nuestro Señor. Firmemente creo en eso. Si los líderes de la iglesia no presentan un estilo de vida de compromiso y dedicación a Su Señor, y al cuerpo local, aquellos que siguen tampoco lo van a hacer”.

“El problema, Pastor MacArthur, dos tercios de nuestros líderes elegidos asisten sólo a un servicio por semana. De nuevo, no estoy hablando de tener que estar ahí presente cada vez que se abren las puertas. Pero yo reo que fuera de situaciones imprevistas, enfermedades y vacaciones, yo creo que el liderazgo de la iglesia debe hacer un esfuerzo doble por estar presente en los servicios. Si no hay ninguna otra razón que alentar a los Santos y al pastor”.

“Me parece difícil en extremo el creer que el liderazgo apropiado, eso puede ser provisto cuando los líderes no pasan suficiente tiempo con su congregación como para saber dónde están sus heridas y temores. Yo voy a juntas y encuentro que, por mucho, la mayoría del tiempo se pasan asuntos que no tienen relación directa con las necesidades y heridas de la gente. Yo creo que debido a esto nuestra iglesia ha llegado a estancarse. Lo cuál es equivalente a retroceder en lugar de avanzar”.

“He traído esto a nuestro consejo varias veces y para ser honesto, ni siquiera todos ellos son fieles en su asistencia. Y he expresado mi preocupación sin resultado en absoluto. De nuevo, no estoy hablando de hombres y mujeres que simplemente no pueden cumplir con esto. Sino de aquellos que pueden pero no lo hacen. Recibo mis respuestas normales. Mi agenda está llena, estoy demasiado ocupado, estoy demasiado cansado al final del día. O ni siquiera presentan una excusa. Pero estas son las mismas personas que no temen recordarme con frecuencia que son el poder de la iglesia y sucede con frecuencia”.

“Pastor, he llegado al lugar e donde estoy. Si esto continúa en siguiente año, estoy listo para resignarme del pastorado. ¿Cómo es posible que un pastor dirija su rebaño, establezca los programas necesarios, desarrolle liderazgo espiritual si ni siquiera puede hacer que tenga a alguien que le apoye? Estoy abierto a su consejo. Yo creo que nuestra iglesia tiene muchas posibilidades, pero mientras que seamos tibios, el Señor no nos bendecirá. O nos usará”.

Esa carta podría haber sido escrita por miles de pastores diferentes. Porque eso es tan común, el volverse apático ante las cosas buenas que Dios nos ha dado. Y no quiero que ustedes hagan eso. No quiero que sean apáticos ante las bendiciones que Dios nos ha dado. No quiero que se olviden del Señor. Quiero que continúen temiendo Su nombre. Vayan conmigo por un momento al 2 Pedro, capítulo 1. Y simplemente les voy a decir en dónde estoy con las palabras de Pedro, en el versículo 12.

2 Pedro, 1-12: “Por tanto”, Pedro dice escribiéndole a su congregación en un sentido, “no voy a descuidar”, y puedo entender eso. A usted se le da una oportunidad por parte de Dios y usted no quiere echarla a perder. Es un llamado Santo, un alto llamado, un gran privilegio por el cual usted va a rendir cuentas. Por el cual usted es responsable. Pero él dice: “No quiero descuidar mi llamada”. Y entonces, “no voy a descuidar el traer siempre estas cosas a vuestra memoria”. Y estoy aquí, el día de hoy, para hacer lo mismo. No voy a decir nada nuevo. Voy a decir algunas cosas que son antiguas, viejas, que ustedes necesitan recordar. Él dice: “Quiero que se acuerden de estas cosas. Aunque ustedes las conocen y están establecidos en la verdad actual”, yo sé que ustedes las conocen. Simplemente, necesitan ser recordados. Simplemente, necesitan algo que estimule su memoria.

“Y voy a continuar haciendo esto. Mientras que esté en este cuerpo. Entonces, para que cuando me vaya de este cuerpo, este tabernáculo terrenal”, versículo 15, versículo 15 dice: “Ustedes se acuerden aún después de que yo esté muerto”. Hay cierta virtud en estar  repitiendo las mismas cosas elementales que no pueden ser olvidadas. Y eso es lo que me gustaría hacer. Simplemente, compartir mi corazón hablándoles de cosas que ustedes ya conocen.

Muchos pastores llegan aquí para descubrir, para tratar de entender por qué nuestra iglesia crece. Y qué es lo que estamos haciendo. Y normalmente vienen, esperando copiar algún programa que puedan llevar con ellos y aplicar en su propia iglesia. Y vienen a nuestra conferencia de pastores. Vamos a tener una en octubre. Espero que sean parte de ella. Vamos a tener a doscientos cincuenta pastores nuevos aquí. Y desean conocer lo que Dios está haciendo. Y normalmente vienen pensando que pueden copiar métodos, herramientas, programas, ideas, y llevarlos de regreso, implementarlos en su iglesia. Lo cuál sería como venir a un gran cuerpo y simplemente llevarse la piel con ellos.

Digo, están viendo cómo la carne se manifiesta en nuestro ministerio. Lo que no entienden es todo lo que hay a nivel interno. Y entonces, cuando vienen a al conferencia de pastores tratamos de enseñarles que hay muchas cosas que están debajo de la superficie que no ven, que son parte del cimiento para hacer que todo lo demás tenga sentido. Usted, cuando ve a un ministerio funcionando, operando. Se ve lo que está frente a usted. Pero lo que debe entender es que lo que está tras bambalinas, es lo que no puede ver.

Y entonces, me gustaría tomar una analogía del Apóstol Pablo, la analogía de un cuerpo. Y creo que podemos llamar a esto la anatomía de una iglesia. Pero creo que el cuerpo puede ser visto en cuatro características. Esto no es clínico, esto es simplemente para efectos de nuestra analogía. Huesos o esqueleto, sistemas internos, músculos y carne. Y una iglesia tiene que entenderse a sí misma de esa manera. Tiene que haber un marco, un esqueleto. Tiene que haber sistemas internos, a lo cuál yo llamo el flujo de ciertas actitudes. Y después, tiene que haber músculo, lo cuál es ciertos tipos de funciones que hacemos y después se manifiesta en la forma de nuestro ministerio.

Pero la forma no es suficiente. Usted no nada más puede reproducir o copiar la forma sin el resto. No va a vivir. No va a mantenerse en pie. No va a funcionar. Entonces, quiero que regresemos y comenzar desde el principio. Y esto es lo que yo creo que Cristo quiere que sea nuestra iglesia. Estamos comprometidos con esto. Y hemos estado comprometidos con esto desde el principio mismo. Y todavía estamos comprometidos con esto. Y el futuro es aún mayor del presente, por mucho, si realmente nos apegamos a estas verdades.

Digo, podemos ver a nuestro alrededor y decir: “Oye, esto está lleno. Escuche, estamos listos para construir un balcón. Tenemos la estructura para hacerlo. Estamos listos para levantarnos tan pronto como percibamos que hay necesidad de hacerlo”. Y debe haber una necesidad para ello. Tenemos un millón de personas aquí, en este pequeño valle, y en cualquier domingo dado. Inclusive, veinte mil de ellos están en una iglesia a donde van a oír la verdad. Y eso nos deja con muchos que no van a una iglesia, ¿verdad? ¿Quizás novecientos ochenta mil?

Podemos tener alguna perspectiva tendenciosa cuando pensamos que todo ya se ha hecho. Tenemos a personas aquí, a la vuelta de la esquina, quienes nunca han estado en la puerta de este lugar. Y queremos hacer lo que necesitamos hacer en el futuro, porque Dios nos ha dado el cimiento. No queremos decir: “Oye, construimos el cimiento.  ¿No este un cimiento hermoso?” Queremos continuar y terminar con la casa.

Entonces, pasando a esa metáfora paulina familiar, conocida, y tomándola, si puedo sacarla de su patrón bíblico, quiero hablar en primer lugar del esqueleto. Y creo que eso es de lo único que vamos a hablar en esta mañana. Simplemente eso, el esqueleto. Para que el cuerpo funcione y el cuerpo opere, tiene que tener un esqueleto. Tiene que tener estructura, tiene que tener forma. Es el esqueleto lo que proveé la estructura básica, la forma para el cuerpo. Ahora, yo creo que hay ciertas verdades, a nivel esqueleto, con las que debemos estar comprometidos. Estas son verdades no negociables. Estas son verdades inalterables. Son invariables. Estas son cosas en las que no vamos a hacer concesiones de ninguna manera y estas son verdades elementales a nivel esqueleto. Y yo creo que la iglesia debe estar comprometida con estas cosas.

Y cuando digo eso, amados, me refiero a ustedes. Usted, la iglesia es usted. No estoy hablando de alguna cosa nebulosa, estoy hablando de usted. Y, obviamente, estoy también hablando de mí. Permítame explicarle lo que yo creo que son los asuntos no negociables a nivel esqueleto.

En primer lugar, un alto concepto de Dios. Un alto concepto de Dios. Ahora, podría remontarme a todos los años, al pasado, y traer todo tipo de cosas que hemos tratado de enseñar acerca de esto. Pero voy a estimular su memoria, simplemente en algunas de estas cosas, y voy a hablar de algunas cosas generales. Es absolutamente esencial que la iglesia se perciba a sí misma como una institución para la gloria de Dios. ¿Entiende eso?

Ahora, eso es tan elemental que simplemente parece que ni siquiera tendría que decirse. Pero yo creo que la iglesia, en general en nuestro país, a descendido de ese nivel para convertirse en una iglesia que sirve para ayudar a los hombres. Y la iglesia cree que su meta consiste en ayudar a que la gente se sienta mejor acerca de sí misma. A jugar juegos psicológicos con ellos. A reglar, a parchear sus matrimonios, a darles placebos, usted sabe. Como parchear un matrimonio. Como Marabel Morgan dijo: “Para colocarse ropa interior negra, una rosa en sus dientes y meterse abajo de la mesa del comedor y guiñarle el ojo a su marido”. Ese tipo de cosas.

Digo, si usted tienen un matrimonio que está mal, usted puede hacer eso y todavía tener un matrimonio que está mal. Porque hay algunos cimientos bíblicos y hay algunas relaciones con Dios que se demandan entre personas, si es que van a tener relaciones correctas las unas con las otras. Y ese tipo de placebo realmente no son la respuesta. Pero hemos reducido la iglesia, desde un cuerpo, un organismo que tiene como meta conocer y glorificar a Dios, a una organización que tienen como objetivo hace que la gente se sienta mejor acerca de sí misma. Y ese no es el punto.

Si usted conoce de manera correcta a Dios, en últimas, va a afectarlo a usted y usted va a estar mucho mejor. La respuesta a todo en su vida es conocer a Dios, ¿verdad? Claro, el Señor es el principio de toda la sabiduría. Y cuando usted tiene una relación correcta con Dios, y usted toma en serio a Dios, y usted está en una relación correcta con Dios, entonces el resto de las cosas van a estar en su lugar correcto. Eso no quiere decir que no nos preocupan las necesidades de la gente. Nos preocupan, como también a Dios le preocupa. Como también a Cristo le preocupa.

Pero lo que quiere decir es que hay un equilibrio. Y todo comienza con un alto concepto de Dios. Debemos tomar a Dios seriamente. Como lo he dicho antes, algunas veces me gustaría que Dios matara a algunas personas durante la ofrenda. No me gustaría mucho que pasara eso, pero por que quizás yo sería la persona, pero digo, alguna manera dramática para ilustrar que Dios debe ser tomado seriamente.

Decimos: “Oh, sabes una cosa, alguien se muere o algo pasó. ¿Cómo es que Dios permitió que eso pasara?” Escuche, amigo. Esa ni siquiera es la pregunta. La pregunta es: ¿Qué es lo que usted y yo estamos haciendo vivos? Un Dios santo debería habernos matado hace mucho tiempo atrás. Ese es el punto. Y debido a que Dios es un Dios de gracia, no hay razón para que usted y yo seamos apáticos e indiferentes. Debemos tomar a Dios seriamente.

Yo me indigno en términos justos contra estos predicadores y demás, quienes arrastran a Dios, lo sacan de Su trono y lo convierten en algún tipo de siervo para los hombres. Quien tienen que hacer todas las cosas que demandan los hombres. Esta es una época irreverente, es irreverente. No sabe cómo adorar. Inclusive, lo que llama adoración, básicamente en muchos casos es simplemente inducir un sentimiento de calidez. Y creen que eso es adoración.

Conocen muy poco acerca de Dios. Y como dije, el hacer acerca de adoración, somos demasiadas Martas y no hay suficientes Marías. Estamos ocupados sirviendo todo el tiempo y no sabemos lo que es postrarnos y lavar los pies de Jesús. No sabemos lo que es temblar ante la Palabra de Dios. No sabemos lo que es tener una confrontación asombrosa con un Dios infinitamente Santo, que nos deja quebrantados por nuestra propia pecaminosidad y por lo tanto, útiles para Él, para la Gloria de Él.

Queremos sentirnos bien acerca de nosotros mismos. Queremos sentirnos bien. Queremos tener todo lo que necesitamos, que todos nuestros problemas sean resueltos. Y se nos vende una bolsa de psicología religiosa que se llama la iglesia. Escuche, realmente voy a dar un paso más hacia adelante y decir, podría profundizar y decir que usted puede tomar el noventa por ciento de todos los libros que se escriben en la actualidad y sepultarlos en el mar y no perderíamos nada. Porque simplemente son una multitud de placebos que atacan a nivel superficial los problemas que no pueden resolver.

Yo me remoto a la historia, a épocas cuando la iglesia era santa. Cuando tenían muy pocas cosas que leer. Pero las cosas que leían les decían cómo tener una relación con Dios. Tenemos millones de cosas que no parecen resolver el problema. Me sorprendió recientemente- me contaron en Moody, en la última conferenciad e pastores, que hicieron una encuesta de los pastores y dijeron: “¿En qué área necesita más ayuda que cualquier otra en su vida?” Y la respuesta fue: “La familia”. Y yo dije: “Espera un momento. No puede ser. ¿Me quieres decir que con todas las cosas que están allá afuera, todavía necesitas más cosas acerca de cómo  ayudar a familias?” No es eso. No es que usted necesita más material, es que con todo lo que se ha dicho, la gente no toma a Dios seriamente.

Entonces, no caminan  según sus leyes y se meten en los problemas en los que están. Y entonces, continuamos levantando a Dios. Esa es la razón por la que tuvimos la serie acerca de adoración y el libro ya se público. Y espero que lea el libro. Realmente lo espero, espero que lo lea. Y yo conozco a algunos de ustedes que dicen: “Lo compré, lo compré”. Yo sé. Espero que lo lea.

Sabe una cosa, Santiago lo dice: “Acercaos a Dios,” en Santiago 4-8, “y Él”, ¿qué?, “se acercará a vosotros”. Ahora, ¿qué podría ser mejor que eso? ¿Le gustaría vivir su vida con Dios cerca de usted? ¿Le gustaría eso? Bueno, claro. Usted se acerca a Dios y Él se acercará a usted. Die usted: “Sí, pero cuando usted se acerca a Dios, hombre, es algo que me pone nervioso”. Claro. Esa es la razón por la que él dice en la siguiente frase: “Pecadores, limpiad las manos”. Entre más se acerca usted a Dios, más ve usted su pecado, ¿verdad? “Humíllese a sí mismo, lloren. Vuestra risa se convierta en tristeza y demás”. Y ahí, cuando usted está hecho pedazos, dice: “El Señor lo levantará”.

Pero tomamos a Dios seriamente, y creemos que debe ser exaltado y levantado y no vamos a tener una iglesia centrada en el hombre. Queremos alcanzar a toda persona en el amor de Cristo, en el amor de Dios. Pero Dios va a ser el enfoque de nuestra adoración, de nuestra vida. Y no vemos la Biblia, por lo tanto, como un lugar en donde usted encuentra pequeñas fórmulas para resolver todos sus problemas. La vemos como un libro que revela a Dios. Revela a Dios.

Hay una segunda verdad no negociable. Y fluye de la primera, y esa es la autoridad absoluta de las escrituras. La autoridad absoluta de las escrituras. No vamos a hacer concesiones en este punto. La Biblia está siendo atacada de manera constante. El otro día leí una evaluación de un nuevo libro escrito por Louis Smith, en el Seminario de Fuller, en el cual él dice que está perfectamente bien si dos hombres homosexuales tienen una relación y eso está dentro de la tolerancia de Dios. Y si usted quiere aferrarse a esa perspectiva, lo único que tiene que hacer es eliminar la Biblia. Es muy, muy cómodo.

Y si usted es un profesor en un seminario, me parece algo incoherente el estar preparando a jóvenes para administrar la palabra de Dios mientras que usted la niega. Pero ahí es donde estamos. Ahora, ese es un ataque frontal. Yo creo que hay carismáticos que están atacando la Biblia al añadir todas sus visiones y todas sus revelaciones y todas la demás cosas como hemos compartido con ustedes en el pasado.

Y ellos, Jesús les está diciendo esto y Jesús les está diciendo aquello. Y Dios les está hablando por aquí y por allá. Y tienen todo este material que están apilando. Y de pronto, de manera sutil, han atacado la Biblia porque ya no es la única autoridad. Y les puede haber dicho: “Pero un hombre dice que Jesús viene al baño y le coloca el brazo en su hombro”, y dice él, “mientras me estoy rasurando”. Y mi respuesta a eso en mi mente fue: “¿Continúas rasurándote?” Porque si continúas rasurándote no es Jesús. Porque si el Dios Santo viniera al baño mientras que tú te estás rasurando, te matarías a ti mismo porque te habrías pegado tan fuerte en el suelo de la impresión.

Es algo terrible el confrontarse con un Dios infinitamente santo. Y después, ese tipo de torpeza y reciben estos pequeños mensajes especiales por parte de Dios. Escuche, nos vamos a aferrar a la Palabra de Dios como la autoridad absoluta. La Biblia siempre está siendo atacada. El peor ataque viene por parte de personas que dicen que la creen y no saben lo que enseña. ¿No diría usted eso? Ese es el peor de todos. Ese es el ataque más sutil que existe. Pero hay personas por todo Estados Unidos quienes dicen: “Yo creo en la Biblia de tapa a tapa”. No la conocen. Punto.

Simplemente, creen lo que no conocen, lo cuál es la cúspide de la ignorancia. Jesús dijo: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Escuche, esa es la razón por la que soy un predicador expositivo. Si vamos a ser alimentados por toda palabra que sale de la boca de Dios, entonces debemos estudiar toda palabra. Y no creo que la predicación ha perdido eso. Y ahora la predicación es todo tipo de cosas diferentes. No enseñar la Palabra de Dios. Y tenemos que regresar a eso. Y tenemos que mantenernos en donde estamos. Necesitamos enseñar. Necesitamos enseñar toda palabra, toda palabra. Y si usted no tiene apetito por esto, no va a cambiar la manera en la que nosotros lo hacemos.

Dice usted: “Bueno, yo sé, no necesitamos otro sermón. Nos gustaría tener comunión”. Bueno, está bien, espero que encuentre algo de comunión. Simplemente vamos a continuar dándole la palabra, simplemente vamos a continuar alimentándole la palabra, porque sabemos que eso lo hace crecer. La comunión es importante, todo eso es muy importante, pero no como reemplazo para la Palabra de Dios. De hecho, si usted quiere conocer la verdad, yo encuentro que la comunión más dulce, más pura, la mejor y más gratificante siempre, se encuentra entorno a las escrituras. Siempre entorno a las escrituras.

La prioridad absoluta de la Palabra de Dios. Ahí es donde está mi corazón. Espero que ahí esté también el suyo. Y le voy a decir una cosa, dice usted: “Bueno, ya conocemos tanto, se nos ha enseñado por tanto tiempo”. Escuche, esa es la cúspide del orgullo, el decir eso. Digo, el proceso de descubrimiento nunca termina, nunca termina. Para mí no termina y lo he dicho en el pasado, el gran gozo de mi ministerio de predicación no es la predicación, la predicación es la parte de trabajo, el gozo está en la parte del descubrimiento. Entrar ahí y descubrir cosas que nunca antes había visto, nunca antes había conocido, nunca antes había entendido de manera plena. Y eso me casa cada semana de mi vida.

Ahora, esa es una aventura que nadie debe perder. Me acuerdo de un pastor, me dijo cuando estaba ahí, en Michigan, en una ocasión, y él dijo: “Bueno”, él dijo, “yo sólo pastoreo dos años en un lugar y después me voy”. Y yo le dije: “¿En serio?”. Él dijo: “¿Lo has estado haciendo por mucho tiempo? ¿Sí? Yo estuve dos años aquí, dos años aquí, dos años aquí, dos años aquí”. Y yo le pregunté: “¿Por qué?”. Él dijo: “Tengo cincuenta y dos sermones. Los predico dos veces y me voy”. “Eso es algo interesante”, yo le dije. “¿Qué hay acerca de todo el consejo de Dios?”. “No lo doy todo, simplemente la parte que creo que es importante”. “Oh, yo creo que toda palabra que sale de la boca de Dios es importante”. Eso es un “no negociable”.

En tercer lugar, y esto de nuevo fluye del segundo, doctrina sana. Usted comienza con un alto concepto de Dios, y si usted hace un compromiso con Dios, entonces se va a tener que apegar a Su revelación, Su palabra. Si usted hace un compromiso con Su palabra, usted va a aferrarse a lo que enseña y eso es doctrina. Doctrina sana. ¿Y saben una cosa amados? En el área doctrinal en el cristianismo, la gente es muy imprecisa, la gente es imprecisa. Hay sermoncitos para cristiancitos. Usted sabe, cosas útiles, agradables de oír, pequeñas.

No sé cuál es el propósito definitivo que cumplen, pero son agradables y algunas veces son interesantes y algunas veces lo hacen sentir sentimental a usted. Y siente sentimientos cálidos, si se siente triste o lo que sea. O se siente motivado y demás. Pero no hay doctrina sana. En otras palabras, nadie está gritando la verdad acerca de Dios, la verdad acerca de la vida, la muerte, el Cielo, el Infierno. La verdad acerca del hombre, el pecado, Cristo, los ángeles, el Espíritu Santo, la posesión del creyente, la carne, el mundo, lo que sea.

Digo, denme algo a lo que me puedo aferrar, denme una verdad. Esta es la razón por la que siempre hemos hablado de principalizar el texto. Usted toma un texto, usted descubre lo que significa y usted descubre lo que dice y después ve lo que significa. Usted extrae del mismo una verdad divina, y usted establece esa verdad en las mentes de las personas al repetir esa verdad en diez maneras diferentes. En caso de que usted no sabe, eso es lo que yo hago cuando predico. Lo llevo a lo largo del pasaje, extraigo una verdad divina y le hablo a usted de esa verdad en diez maneras diferentes.

A partir de este pasaje, este pasaje que se compara con este, y este pasaje con el otro pasaje y demás. Hasta que en su mente hay una verdad, una verdad sólida. Entendí eso cuando fui joven porque mi padre me dio una Biblia cuando salí de preparatoria. Y en la parte de enfrente me alentó a leer 1 y 2 Timoteo, y lo hice. Y continuamente oía a Pablo diciéndole a Timoteo: “Enseña doctrina sana, enseña doctrina sana, enseña doctrina sana”. Nutre tu propio corazón y comunícaselo a tu congregación. Doctrina sana.

Hubo un día cuando los pastores eran teólogos. Ahora no lo sé. Pienso del hecho cuando Dick y yo regresamos al congreso de Narrancy, en Chicago. No lo sé. Fue creo que hace un año atrás, ¿verdad Dick? Y habían tres pastores, creo, de cien eruditos. Bueno, cuatro incluyéndote a ti. Cuatro. Y noventa y seis hombres de universidades y seminarios. Y cuando reúnen a personas para discutir la Biblia, ni siquiera piensan en pastores. Y eso no necesariamente es un reflejo de que no hay ninguno. Simplemente, que no saben en dónde buscar a personas que puedan tratar con las escrituras.

Y francamente, ni siquiera yo sé por qué estábamos ahí. Pero creo que hemos perdido eso. Esa claridad doctrinal y ese aspecto distintivo en la predicación que realmente pertenece al púlpito. La gente necesita respuestas, respuestas sólidas de la Palabra de Dios. Nosotros, simplemente para efectos de curiosidad. Escribí una carta hace un par de semanas atrás a todos los diferentes ministerios que sabemos que están en la radio y les hice una pregunta. Respondemos a preguntas bíblicas todo el tiempo. Hicimos una pregunta simplemente para ver cómo respondían a preguntas. Una pregunta se envió y todo el mundo nos respondió con una respuesta diferente.

Entonces, si usted hubiera buscado consejería de todos estos ministerios, cada uno de ellos le habría dado a usted una respuesta diferente. Ahora, eso realmente es triste en un sentido. Hay tanta confusión acerca de las cosas que deberían ser, y de hecho, son claras en la Palabra de Dios. Estamos comprometidos con extraer algunas conclusiones bíblicas. Me acuerdo cuando estudiamos el Libro de Efesios, a principios del ministerio aquí, y establecimos la posición del creyente en Cristo, lo cuál fue parte del cimiento de esta iglesia.

Y el otro día yo estaba con mi entrenador de futbol americano de preparatoria. No lo había visto por mucho tiempo, fuera de una vez cuando él vino a la iglesia. Y él sigue con el Señor. Y ha enseñado la Palabra de Dios. Es un hombre maravilloso. Y estábamos recordando algunas de las cosas torpes que pasaron cuando jugábamos futbol en preparatoria y me dijo: “¿Sabes una cosa John?”. Él dijo: “Tú estableces en concreto, en mi vida, mientras que yo estoy vivo, estableces un entendimiento de la posición del creyente. Porque escuché las cintas de Efesios, capítulo 1, una y otra, y otra, y otra vez y después las enseñé año tras año, tras año a nuestros jóvenes”. Él dijo: “El entendimiento sólido de la doctrina de la posición del creyente en Jesucristo ha provisto el cimiento para mi vida entera”.

Y bueno, como puede ver, yo no me estoy reconociendo a mí mismo. Ese es el Libro de Efesios. Ese es el Espíritu Santo. Pero lo que estoy diciendo es que ese es el tipo de principios sobre el cual la gente establece su vida. Doctrina sana, sólida, sana. Y yo creo que debemos enseñar la Palabra de Dios y enseñarla con principios que son verdades divinas, que son parte del cimiento para la vida muy esenciales.

Así que, si usted quiere conocer algo de los ángeles, debemos tener verdad que es concreta y clara acerca de los ángeles. Si quieres saber acerca de los demonios, entonces debemos poder establecer lo que la Biblia enseña acerca de eso y por ello siempre estamos estableciendo contenido sólido.

Un cuarto elemento no negociable. Y usted conoce estas cosas, simplemente quiero que las recuerde. Un cuarto es santidad personal. Santidad personal. Me temo que todos somos víctimas de una sociedad absolutamente impía. Digo, simplemente gimo en medio de la sociedad en la que vivimos. La inmundicia, la suciedad, la basura que está siendo producida de manera interminable, no sólo a nivel filosófico, que corrompe la mente, que la aleja de Dios, sino las cosas inmorales. Simplemente, un mar que parece como si fuera un caño que está roto. Simplemente, de hecho el caño no solo está roto, está completamente despedazado y está inundando todo lugar.

No sé si esto es nuevo o no, pero siempre he tenido un problema con la música contemporánea, porque yo creo – No solo odio el estilo mismo, sino que tengo problemas con básicamente las insinuaciones sexuales de las palabras que son tan viles, impías. Y usted trate alguna vez de decirle esto a los niños: “Bueno, no entiendes, tú eres un hombre ya viejo. Qué sabes tú. Y tú no entiendes en dónde estamos, y las palabras están bien, y yo las tomo como quiero, y bla, bla, bla”.

Bueno, recientemente aprehendí a uno de estos ahí, en la televisión, uno de estos canales de música, de video. Y eso para mí cerró el asunto. Y cuando tocaron ese tipo de música, implementaron esa música en el área visual y esa inmundicia, es en primer lugar los tonos sexuales que simplemente son abiertos. Son descarados. Y en segundo lugar, está totalmente desconectado de cualquier forma de la realidad, lo cuál es divorciar a la gente de un razonamiento claro, saludable, lógico, y un entendimiento de la realidad. Es como tratar de inducir a una persona en un estado de control mediante drogas. Totalmente desconectado.

Vi una multitud de cosas absurdas, totalmente desconectadas, sin rima, sin razón, sin conexiones lógicas, entre lo que estaba pasando. De hecho, fue todo totalmente ridículo. Digo, yo puedo tener cuarenta y tres años de edad, pero no estoy en una situación en la que no pienso con coherencia. Y si usted coloca eso en términos visuales, y eso es lo que usted ve, eso es basura. Y después tiene una generación entera de personas, usted sabe, inundada por esto.

Escuche, tenemos que comenzar a trazar algunas líneas cuando hablamos de santidad personal y ser cuidadosos, en dónde nos exponemos a nosotros mismos y a nuestros hijos y a la gente que nos rodea. Usted no puede ir entrando y saliendo al cine y viendo cualquier cosas que sus ojos pueden ver. Y leyendo basura y exponiéndose a todo eso y no pagar un precio.

Simplemente, me impresionó eso y simplemente me dije a mí mismo: “¿Ahí es en donde estamos en nuestra sociedad?”. Yo no voy a ver películas, yo no veo ese tipo de cosas. Entonces, esto para mí me sacudió. ¿Ahí es en donde está nuestra sociedad? ¿Es esto lo que está pasando en las mentes caóticas de niños que están inundando sus celebros de eso? Creo que somos llamados a una pureza de vida y creo que no podemos negociar eso. No hay concesiones ahí. Ninguna. No vamos a hacer concesiones en eso y queremos implementar esa pureza, esa santidad, ese estándar de santidad.

2 Corintios 7, siempre viene a mi mente: “Así que, amados, teniendo estas promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. Queremos implementar eso. Esa es la razón por la que implementamos la disciplina en la iglesia. Esa es la razón por la que si alguien peca, tenemos que ir a ellos. Ustedes tienen que ir a ellos, yo tengo que ir a ellos. Tenemos que hacerlo. Tenemos que hacerlo.

Recibí una carta de alguien, y él me escribió y dijo: “Quiero decirte una cosa. Una de las personas de tu iglesia, de tu personal de la iglesia, es tal y tal, e hizo esto, e hizo aquello, e hizo aquello”. Y él me estaba hablando aquí de una de las personas que trabaja en la iglesia. Y yo le respondí, le dije: “Querido amigo, si tienes algo contra un hermano, acércate a ese hermano, no lo calumnies, no calumnies a ese hermano en frente de mí. Yo no acepto lo que acabas de decir. Tú te acercas si tienes el problema, tú lo resuelves. Y si eso está resuelto, yo ni siquiera necesito saber de ello. Pero no acuses a un colaborador de Jesucristo con el que ni siquiera has hablado”.

Bueno, él me respondió con una carta hermosa y confesó el pecado que había cometido. Y preguntó, me pidió que si lo podía perdonar. Y me dijo que había aprendido una lección para su vida. Bueno, eso está bien. Y que él debía resolver eso con el hermano. Que piensa que lo ha ofendido. No estoy ni siquiera seguro de que hubo una ofensa. Pero si usted cree que eso es ser duro, eso es simplemente ser bíblico. Simplemente, queremos que la iglesia sea pura, ¿verdad?

Y entonces, queremos enfrentar ese tipo de cosas en amor, claro, en amor. Por ejemplo, usted toma el área de santidad personal y usted puede ver cuánto hemos perdido en esa área. Digo, ¿qué hay acerca de nuestra vida de oración que cultiva esa santidad? ¿Cómo es? ¿Qué hay acerca de la Palabra de Dios? ¿Qué hay acerca de ayunar, de meditar? ¿Cuándo se sienta usted y medita en la Palabra de Dios? ¿Cuándo hace usted eso?

Dice usted: “Bueno, yo soy anciano. Yo soy un diácono. Yo preparo un estudio bíblico”. No. ¿Cuándo se sienta usted y medita en la Palabra de Dios? ¿Cuándo medita por un periodo de tiempo prolongado acercándose a Dios en un momento de oración que se extiende más allá de un momento? ¿En dónde estamos en términos de santidad? ¿En dónde estamos en términos de comunión real con el Dios vivo?

Como puede ver, no es sólo líderes. Son líderes. Soy yo y todo el resto del liderazgo, pero también ustedes. Digo, no solo podemos sentarnos y vivir vidas cristianas medio comprometidas y esperar que la obra de Dios se lleve a cabo a la manera de Dios. Bueno, solo hay una final. Y le voy a dar esta brevemente. Autoridad espiritual. Autoridad espiritual. Yo creo, con todo mi corazón, que una iglesia debe entender que haya una autoridad. Yo creo, con todo mi corazón, que una iglesia debe entender que hay autoridad sobre esas personas en esa iglesia y esa autoridad es Cristo, quien es la cabeza, quien media su liderazgo a través de ancianos piadosos. Eso es simplemente lo que la Biblia dice.

Digo, yo no inventé eso. La iglesia presbiteriana no inventó eso. Eso es lo que la Biblia dice. Que ancianos gobiernan sobre ustedes en el Señor. Es así de simple, tienen autoridad. Ahora, eso puede ser abusado. Hay hombres que se meten en ese asiento, en esa posición de autoridad y usan esa autoridad como si la autoridad se la diera la posición o su propia personalidad. Y no es así. Es la autoridad de la Palabra de Dios en las manos de un hombre piadoso.

En otras palabras, yo no tengo autoridad alguna para decirles: “Escuchen, quiero que construyan ese edificio ahí”. O: “Escuchen, quiero más vacaciones o que me aumenten el salario o demando que estas paredes se pinten de verde, porque yo tengo autoridad”. Yo no tengo ninguna autoridad sobre la pintura. Yo no tengo autoridad sobre esas cosas. La única autoridad que tengo es de hablar y aplicar la Palabra de Dios, ¿verdad?

Y cuando un hombre se sale de eso, él lo viola. Pero cuando viene a la Palabra de Dios, ahí hay autoridad. Ahí hay autoridad. Hombre, algunas personas están paranoicas por esto. Cuando estuve en Nueva York este verano, un hombre me dio un proyecto de veinticinco páginas y él me dijo: “Creo que te va a interesar leer esto”. Me dio este proyecto de veinticinco páginas y el título era “La herejía del Macarthurismo”. Y ni siquiera estaba hablando en general. “La herejía del MacArthurismo”.

Y entonces, quería ver cómo era yo un hereje. Y entonces, comencé. En primer lugar, cuidado con John MacArthur porque a nivel superficial, él parece ser un buen hombre. Pero aquí están los hechos. Uno: Él es anti-evangelismo. Dos: Él es anti-misiones. Y después de unas diez cosas, la última era: Él cree en ancianos. Eso es lo más letal de todo. ¿Se dan cuenta? Como si yo hubiera inventado a los ancianos como un hereje.

La realidad del asunto es que algunas personas simplemente no quieren estar bajo autoridad espiritual. Y quizás a favor de ellos, podríamos decir que en cierta manera son tendenciosos en su entendimiento de eso, porque algunos han abusado esa autoridad. Pero la iglesia debe entender, amados, que Dios le ha dado a la iglesia hombres piadosos que tienen la autoridad de representar a Jesucristo mediante el ejemplo y precepto en esa iglesia. Y la iglesia, de manera amorosa, debe someterse a su liderazgo y no van a ser perfectos, no van a ser perfectos.

Escuche, oramos constantemente de que seamos lo más cercanos a eso que podamos. Pero sabemos que va a haber fallas. Alguien dijo: “La única diferencia con los cristianos en su ejército es que le disparan a sus heridos”. Apuntando o queriendo decir que cuando alguien hace algo mal en el cuerpo cristiano, algunas veces son atacados de manera más bien cruel. No está mal hacer algo malo, esto es, está mal hacer algo malo, pero en últimas no es un desastre hacer algo malo cuando usted lo confiesa y sigue adelante. El problema es cuando usted continúa en eso.

Y entonces, cuando algo es hecho, que no es todo lo que debe ser, vamos a ser los primeros en querer saber eso y seguir adelante, glorificando al Señor. Pero tenemos que entender que en la iglesia se han establecido algunos, que son nuestros líderes. Y en 1 Tesalonicenses 5, dice que: “Debemos honrar a esas personas. Tenerlos en alta estima por causa de su amor. Amarlos y tenerlo en mucha estima y amor por causa de su obra”.

Y en Hebreos 13 dice: “Sométanse a ellos, porque ellos velan por vuestras almas. Sigan su ejemplo”. Y tenemos una pluralidad de líderes aquí. Yo simplemente soy uno de ellos. Dice usted: “Bueno, ¿cómo es que tú eres el hombre que siempre predica?”. Bueno, eso es simplemente como los dones se manifiestan. Digo: “¿Usted tuvo a doce apóstoles, verdad?”. Pero en cada lista de ellos, y hay cuatro listas, Mateo, Marcos, Lucas y Hechos. Y en toda lista, Pedro es siempre es nombrado primero. Y él siempre era el vocero.

Y así era. No quiere decir que él era mejor que alguien más. De hecho, si la verdad fuera conocida, probablemente es pero que muchos de ellos o la mayoría de ellos. Pero él tenía los dones en esa área y hay variación de dones. Pedro y Juan viajaron juntos. ¿Cree usted que Juan tuvo algo que decir? Piénselo. Él escribió Apocalipsis, 1, 2, 3 Juan, el Evangelio de Juan. Y sin duda alguna, con su intimidad con Jesucristo pudo haber dado grandes cosas. Pero cada vez que él está con Pedro, durante doce capítulos, él nunca abre su boca. ¿Por qué? Porque Pedro tuvo el don más fuerte. Vamos a llamarlo así, excepcional, en términos de hablar.

Cuando usted llega a Pablo y Bernabé, sabemos que Bernabé fue un gran maestro y un gran orador, y probablemente el que guió a la iglesia hasta que Pablo llegó. Pero cuando él y Pablo viajaron, inclusive los paganos dijeron que Pablo era el orador principal. Entonces, hay variaciones en los dones. Pero en la totalidad, hay una igualdad de autoridad espiritual y liderazgo dado a aquellos que la Biblia llama ancianos o pastores supervisores. Tenemos que entender eso. Y esta iglesia siempre va a estar bajo el cuidado de esas personas. Siempre.

Entonces, ¿qué hemos dicho? Si la iglesia va a ser el cuerpo de Cristo, tiene que tener la estructura correcta. Tiene que tener un alto concepto de Dios y esa debe ser su búsqueda. Conocerlo, conocerlo, conocerlo. Y al buscar conocerlo, debe tener un alto concepto de las Escrituras. Porque ese el lugar, el único lugar en donde Él puede ser conocido. Y entonces, vamos a tener ese alto concepto de las Escrituras y vamos a estar comprometidos con la claridad doctrinal, la doctrina sana, la santidad personal. Y vamos a someter nuestras almas al cuidado de aquellos que están sobre nosotros, que cuidan de nosotros en el Señor, en la autoridad espiritual.

Yo le digo a estos pastores esto todo el tiempo: “Si ustedes no tienen estas cinco cosas en su iglesia, el resto que van a tener van a ser cosas a corto plazo, superficiales, porque estas son cosas fundamentales”. Y yo les digo esto también: “Como pueden ver, caballeros, ustedes no pueden producir esto, ustedes no pueden implementar esto en dieciocho meses”. La permanencia promedio de un pastor ahora en una iglesia es 2.6 años. Dos años, seis meses. No lo puede hacer. Toma años establecer este tipo de cimiento y eso es simplemente el esqueleto.

Ni siquiera hemos hablado de los sistemas internos, y los músculos, y después la carne. Y quiero que sepa que yo sólo tengo una vida que vivir. Y yo creo que el espíritu de Dios quiere que la viva y la entregue en este lugar. Y no podría estar más feliz. Para mí la aventura apenas está comenzando. Y no estoy diciendo: “Oye, tenemos esto enorme y ahora dispersémonos y veamos aquí y allá, y hagamos todo esto”. No señor. Esta es la pasión de mi corazón, esta iglesia.

Y yo creo que Dios tienen un gran futuro para nosotros si podemos ver en dónde está la verdadera guerra. Que estemos comprometidos con las cosas que son los elementos del cimiento, y eso significa ustedes. Ustedes, como un individuo. Usted, usted es nuestra esperanza. Inclinémonos en oración.

Padre, realmente hemos tocado algunas cosas muy importantes. Quizás no siempre tan importantes para nosotros, pero deben serlo porque son las cosas más importantes para ti. Porque son importantes para ti. Tú eres Dios, y tu palabra es importante. Y lo que enseña es importante. Y la santidad es importante, porque eso es lo que Tú deseas. Y la autoridad espiritual es importante, porque Tú deseas gobernar en tu propia iglesia. En tu propio reino. Porque Tú eres el rey. Ayúdanos a considerar como algo importante lo que Tú consideras importante, y no pasar nuestro tiempo entero en cosas triviales, que no importan. O peor aún, volvernos apáticos o indiferentes porque nos hemos entregado a este mundo, porque nos hemos acostumbrado a las cosas que has hecho porque no fuimos parte de la batalla.

O quizás, Señor, fuimos parte de la batalla pero en cierta manera nos retiramos. Métenos de regreso ahí, Padre. Lleva a cabo una obra en mi corazón y en todo corazón que sea para tu Gloria.

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