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Bueno, como ustedes saben, si han estado con nosotros en las últimas semanas, nos hemos estado esforzando por compartir con ustedes una pequeña serie, como un intermedio en nuestro estudio de Mateo titulado La anatomía de una iglesia y simplemente retroceder y observar nuestro propio cimiento. Muchas veces conforme crece una iglesia, en cierta manera crece como la Torre de Piza que se inclina. Simplemente comienza a inclinarse hacia un lado o el otro y en algún punto a lo largo del proceso necesitamos dejar caer la plomada y asegurarnos que hemos estado edificando de manera derecha a partir de nuestro cimiento. Y eso realmente lo que hemos estado esforzándonos por hacer en esta serie breve. El regresar y hacer algo de arqueología y escarbar y ver nuestro cimiento y descubrir que es lo nos ha hecho distintivo desde el principio, que es aquello con lo que realmente estamos comprometidos.

Tengo un gran deseo por que la iglesia sea lo que Cristo quiere que sea. Ese es mi gran pasión. Esta semana fui entrevistado por un caballero quien es el editor de una revista publicada por Los Navegantes y el título de la revista es Discipulado. Es una buena revista y me preguntó cuál era mi deseo real para la iglesia y le dije, “Mire, yo, para la iglesia, es que la iglesia sea lo que Cristo diseñó que fuera”. Es la pasión de los corazones de nuestros ancianos y yo sé que también se ustedes.  

 Y entonces para mantenernos en el rumbo correcto y para poder retomar las cosas que hemos olvidado y para reafirmar las cosas que hemos recordado, estamos regresando a lo largo de algunos de los elementos básicos de la anatomía de una iglesia. ¿Cuál es el diseño de Dios para la iglesia?

Hace unos años atrás cuando enseñe eclesiología, la doctrina de la iglesia, en el seminario de Talbot, les pedí a los alumnos que leyeran un libro llamado Peregrinos de Dios que olvidan. Ese libro es un libro interesante, escrito por Michael Griffiths de Inglaterra. Y en el libro, entre muchas cosas útiles, él dijo esto, y en cierta manera esto quedó en mi mente, y cito: “Los cristianos, de manera colectiva, parecen estar sufriendo de una amnesia extraña. Una gran proporción de personas que van a la iglesia se han olvidado de qué sirve todo. Semana tras semana asisten a servicios en un edificio especial y viven en una rutina que han honrado por mucho tiempo, una rutina en particular, pero piensan poco en el propósito de lo que están haciendo. ¿Para qué es?  La Biblia habla de la novia de Cristo, pero la iglesia en la actualidad parece ser una Cenicienta en harapos. Esta entre las cenizas, se ha olvidado que ella debe crece hasta ser una dama hermosa.” Él tiene razón en muchas maneras. La iglesia, como la vemos en términos amplios en Estados Unidos, la cual supuestamente debe ser la novia de Cristo, en cierta manera es una Cenicienta en harapos y necesitamos reafirmar los no negociables, los elementos esenciales de la iglesia. Necesitamos regresar a lo que Dios ha diseñado que seamos y eso es lo que estamos esforzándonos por hacer en esta serie breve, en particular. Simplemente regresar a los principios primordiales sobre los cuales la iglesia debe actuar.

No queremos entrar a la situación de evaluar de manera incorrecta. En otras palabras, evaluar la iglesia mediante los términos equivocados, los principios equivocados. Gene Getz señala que esto se hace con frecuencia. Es su libro, La medida de una iglesia describe estas cosas. Y cito: “Algunos dicen que una iglesia madura es una iglesia activa. Evalúan el progreso por el número de reuniones de servicios que tienen cada semana y el número de diferentes tipos de programas que tienen. Algunos dicen que una iglesia madura es una iglesia creciente, siempre en cuando nuevas personas estén viniendo y se queden, creen que solo una iglesia que está madurando. Siempre en cuando los pastores estén creciendo, creen que todo está bien. Algunos dicen que una iglesia madura es una iglesia que da. Siempre cuando la gente este contribuyendo financieramente al programa continúo de la iglesia y patrocinando sus muchos programas, creen que es una iglesia que está madurando. Algunos creen que una iglesia madura es una iglesia que gana almas, dicen que esto es una prueba positiva, cuando la gente está trayendo a otros, cuando podemos contar profesiones regulares de fe y bautismo regulares, entonces seguramente tenemos un iglesia del Nuevo Testamento. Algunos dicen que una iglesia madura es una iglesia que piensa en misioneros, una iglesia que apoya la las misiones por todo el mundo, designando un gran porcentaje de sus presupuesto general al evangelismo a nivel mundial. Algunos dicen que una iglesia madura es una iglesia que no tiene problemas, una iglesia cuya maquinaria esta tan bien aceitada a nivel organizacional con todo grado de regularidad, es una iglesia que está bien sintonizada con descripciones laborales, con días de ocho horas, con descansos para tomar café, y para registrar las tarjetas, todo el mundo hace aquello para lo que se le contrató y de manera eficiente, y hay aun otros que dice una iglesia madura es una iglesia llena del espíritu. Este es la iglesia que es entusiasta y dinámica y tiene mucha emoción, todo el mundo conoce cual son sus dones y los usan de manera regular. Y finalmente algunos dicen que la marca definitiva de madurez es la iglesia grande con miles de personas que vienen el domingo por la mañana a la escuela dominical y van a la iglesia todos los domingos. La madurez para ellos se representa con un personal grande que recibe un sueldo, muchos autobuses que recogen niños, programas múltiples de radio, televisión, una guardería cristiana, una universidad y seminario cristiano, y claro, una imprenta para preparar su propia literatura. Desafortunadamente”, dice Getz, “algunas personas realmente creen que lo que he dicho, de hecho son marcas bíblicas de madurez.”

Bueno, no hay nada de malo con esas cosas, no hay nada de malo con iglesias grandes que crecen, que dan, que ganas almas, que piensan en misiones, que no tienen problemas, que están llenas del espíritu, pero usted podría hacer todo eso y ser una secta. Usted podría hacer todo eso y ser una secta. Ese no es el corazón de una iglesia. Esas no son las entrañas de una iglesia, esa es la razón por la que estamos retrocediendo para dejar la carne y entrar a la anatomía para ver lo que esta tras bambalinas, lo que hay adentro, y como le dije hace unas semanas atrás con tanta frecuencia cuando vienen los pastores aquí, quieren conocer las cosas externas pero queremos hablarles de los que hay adentro, de lo interno. Eso es lo que realmente importa y de eso estamos hablando. No de actividades, estamos hablando básicamente de actitudes. Actitudes, los sistemas de vida que fluyen en el interior de la iglesia. Esos son la clave, esos son la clave.

Ahora, al principio hablamos del esqueleto, ¿no es cierto? Hablamos de lo importante que es que afirmáramos los puntos no negociables, lo que forma la iglesia, lo que es el cimiento. Esas cosas, como un alto concepto de Dios, la prioridad absoluta de las Escrituras, la claridad doctrinal, la santidad personal, la autoridad espiritual. Dijimos que esos son los conceptos no negociables que forman el esqueleto y tenemos que tener esos. Y después de haber establecido el esqueleto en su lugar, dijimos que la iglesia debe tener ciertos sistemas internos. Esto es como un cuerpo, tiene fluyendo dentro de él los sistemas que son subidas y la iglesia debe tener fluyendo a través de ella ciertos sistemas. Estas son actitudes y como puede ver, es lo que generalmente buscamos. No queremos que la iglesia sea mecánica, no queremos que sea rutina externa, un ritual, un desempeño, no sea que oigamos por parte de Dios lo mismo que el pueblo de Israel oyó a través de Amós, el profeta, quien dijo: “Aborrezco, rechazo vuestros festivales, no me deleito en sus asambleas solemnes, aunque me ofrezcan holocaustos, y ofrendase grano, no los voy a aceptar, ni si quiera voy a ver sus ofrendas de paz. Quítenme el ruido de sus canciones, ni siquiera voy a oír el sonido de sus arpas, sino que la justicia corra como las aguas en justicia, como una corriente que siempre fluye.”

Y Oseas dio la misma verdad, él dijo: “¿Que hare contigo, Efraím? ¿Qué hare contigo, Judá? Porque tu lealtad es como una nube de la mañana y como roció que se va temprano. Por tanto los he destrozado por los profetas, los he matado con las palabras de mi boca y los juicios que tienen ustedes son como luz que sale porque me deleito en lealtad más que en sacrificio y en el conocimiento de Dios, más que en holocaustos.” O las palabras de Isaías: “Que son vuestros sacrificios multiplicados para ti”, dice Jehová. “Estoy hastiado de vuestros holocaustos de carneros y de la grosura de vuestros rebaños. No me agrado en la sangre de los bueyes y corderos y cabras, cuando vengan a aparecerse delante de mí, ¿quién demanda esto de ustedes, que pisen mis atrios? No me atraigáis más ofrendas que no valen nada. El incienso me es una abominación. Nueva luna y el día de reposo, el llamado de asambleas, no puedo tolerar la iniquidad en las asambleas solemne, aborrezco los festivales de nuevas lunas de festividades designadas, se han vuelto una carga para mí. Estoy cansado de llevarlas. Cuando levantéis vuestras manos en oración, esconderé mis ojos de vosotros y cuando multipliquéis vuestras oraciones, no escucharé.” En otras palabras, Israel era el culpable de tener una religión externa sin actitudes apropiadas y eso es lo que estamos viendo.

Realmente creo que el corazón y alma del ministerio es establecer ese cimiento de esqueleto y después pasar el resto del tiempo tratando de producir en la gente actitudes de corazón correctas. Eso es lo que hace que la iglesia sea una dama hermosa. Eso es lo que edifica a la iglesia para llegar a la estatura de la plenitud de Cristo. Ahora ya hemos visto varias de estas actitudes internas. Hemos hablado de la obediencia, la humildad, del amor, de la unidad, el servicio, el gozo, la paz y la gratitud. Quiero considerar tres más en esta mañana, y esto no nos va a llevar a terminarlas, pero quiero ver estas tres y creo que son muy, muy importantes. Esta es la número nueve en mi lista. No sé cuál es la suya, pero esta es una actitud muy esencial, llamémosla disciplina personal, disciplina personal, disciplina personal. Oh, que importante es que como cristianos entendamos la necesidad de conformarnos con un estándar divino, vivir la vida disciplinada. ¿Saben lo que es la disciplina personal? Es decirle no al pecado, es decirle no al pecado. Es decirle si a lo bueno, a la justicia. Esa no es una definición demasiado complicada, sin embargo captura la verdad. La vida disciplinada entiende la ley de Dios y le dice no a cualquier cosa que está afuera de los límites de ese estándar.

Ahora permítame ilustrarle esto, abra su Biblia en primera de Corintios, capítulo 9. Primera de Corintios, capitulo 9, versículo 24. Y Pablo retoma una metáfora que es muy conocida por nosotros en esta sociedad deportiva en la que vivimos, es la metáfora de una carrera, algo que todos entendemos. En el versículo 24, él dice: “no sabéis que todos los que corren en una carrera corren” esto es, en una carrera todo el mundo en la carrera corre, eso es bastante claro, pero solo uno recibe el premio. Ahora, en una carrera todo el mundo corre por un premio, corred de tal manera que lo obtengáis. Ahora, usted tiene que correr para ganar el premio, esa es la razón por la que usted está en la carrera. Entonces nosotros, como creyentes, hemos sido llamados a una carrera, por así decirlo, y esa metáfora es usada en varios lugares en las Escrituras. Estamos corriendo una carrera, no solo aquí sino en otras partes de la Palabra de Dios, esa misma imagen se nos presenta y conforme corremos esta carrera, tenemos en mente que estamos corriendo para ganar. Ahora, ¿qué es necesario para alcanzar esa meta? Bueno, el versículo 25 nos ayuda. “Y todo aquel que se esfuerza, compite en los deportes, se controla en todas las cosas.” ¿Qué quiere decir eso? Disciplina personal, disciplina personal. Él se controla a sí mismo y esa es la sustancia de la dedicación para la victoria. Digo, obviamente un hombre no puede meterse en una carrera para ganar. Quien tiene 15 kilos de sobrepeso, quien es una víctima de músculos que se atrofian. Digo, hay una disciplina tremendamente obvia involucrada. Cuando pensamos en las horas y horas diariamente, semana tras semana y mes tras mes y año tras año que los atletas invierten para llegar al nivel de la victoria, es sorprendente.

Dentro de un año, ya habremos visto la olimpiada de 1984 en nuestra ciudad y habremos sido expuestos por todos los medios masivos de comunicación a todas las maravillas del esfuerzo deportivo, a toda la disciplina personal de aquellos que se van a ir con el oro, la plata y el bronce, esas medallas. La victoria en el deporte a nivel mundial demanda un precio increíble. Y no es raro que los atletas como ellos, de ese nivel, entrenen de 6 a 8 horas diarias, durante 5 a 10 años de sus vidas, inclusive más, con una cantidad tremenda de dedicación. Literalmente van más allá del punto del dolor, saben lo que es hablamos del segundo aire, saben lo que es ir más allá del segundo aire. Ellos saben lo que es ir más allá del punto del dolor, e inclusive nos dicen que hay una euforia, que va más allá del dolor, que solo el atleta, el deportista puede experimentar. Y he estado bastante tiempo en el deporte, en mi trasfondo para experimentar algo de esa euforia. Usted habla de una euforia y un sentido increíble de libertad, un sentido increíble de energía que va más allá del punto del dolor. Es difícil explicarle a alguien que nunca ha pagado el precio, en un esfuerzo deportivo, pero Pablo está diciendo: “Miren, yo estoy en una carrera.” Y él está hablando de una carrera espiritual y él dice: “En esa carrera, yo sé que quiero ganar, y para ganar tengo que controlarme a mí mismo.” Entonces él añade: “Corro”, versículo 26, “no de manera incierta.” En otras palabras, realmente sé adónde voy, me mantengo en el curso. Es muy parecido como las palabras de Pablo a Timoteo en segunda de Timoteo 2, en donde dice que un hombre que se involucra en un esfuerzo deportivo, sabe que si va a ganar la corona él debe involucrarse a sí mismo. Y después él usa la palabra nóminos según las reglas. Él tiene que mantenerse dentro la ley, él tiene que mantenerse dentro de los límites, él tiene que mantenerse en el curso, no puede cruzar la línea, no puede salir del círculo, no puede salirse de los limites, no puede dejar la pista. En otras palabras, sea cual sea la conformidad de lo que demande ese acontecimiento, él debe mantenerse dentro de él para alcanzar la victoria.

Y eso es lo que Pablo está diciendo: “Quiero ganar y por ello hago un máximo esfuerzo.” Y el verbo usado aquí para esforzarse, para controlarse incluye disciplina personal, sacrificio personal, esfuerzo grande y eso lo alcanza mediante la disciplina personal e incluye la idea de mantenerse dentro de las reglas. Y después en el versículo 27, todo se une cuando él dice literalmente: “Mantengo mi cuerpo, literalmente lo mantengo bajo control, lo golpeo para se mantenga sumiso, lo sujeto.” Él dice: “No sea que habiendo sido heraldo para otros, predicando para otros, lo cual es mi carrera, yo mismo llegue a ser descalificado por algún pecado.” En otras palabras, no quiero estar pecando y perder la victoria espiritual. Así como un atleta no quiere pecar contra su cuerpo, en contra de su preparación y perder una victoria física. Y estos atletas invierten una cantidad tremenda de esfuerzo.

El lunes pasado estaba hablando con los delfines de Miami, fui a un estudio Bíblico con ellos y los llevé a donde quiero llevarlos ahora, Efesios, capítulo 6. Ya estaban a punto de salir al Coliseo, estaban listos para vestirse con su armadura y perder como terminó, contra los Raiders, y el proceso simplemente para ellos, algunos de sus tobillos y piernas ya estaban preparados y estaban listos para meterse en la batalla y tomé la oportunidad para compartir con ellos el hecho de que habían pasado años de su vida, una cantidad tremenda de tiempo para llegar al clímax de su desempeño atlético, en la cúspide de su desempeño atlético. Ahora ellos se pondrían su armadura, saldrían, estarán en una batalla y lo harían para obtener una corona corruptible, como Pablo dijo en primera de Corintios 9. Lo harían para obtener una corona corruptible, pero les dije que había una guerra mucho más importante que esa. Una guerra espiritual para una corona incorruptible, para una herencia eterna, establecida, guardada en la gloria que nunca se desvanece. Que había una batalla mucho más importante que cualquier juego de futbol americano en toda su vida. Y ahí, para esa guerra una armadura mucho más importante, que todo el equipo que se colocan en los hombros y en el pecho y en los brazos y los cascos y lo que se colocan en las caderas y el resto de cosas que usa. Que había una armadura diferente, una armadura vital si iban a conocer la victoria en la batalla espiritual.

Y les presente el versículo 11 de Efesios 6: “Vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis resistir las maquinaciones del diablo.” Tiene que ponerse su armadura les dije: “No van a poder salir ahí y pelear contra los Raiders de Los Ángeles en sus shorts de gimnasio, así como ustedes no van a poder pelear contra el enemigo de sus almas si no están preparados.” Porque no tenemos lucha, dice el versículo 12 contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en los lugares celestiales. Estamos en una batalla y la batalla realmente no es con los hombres, los hombres solo son instrumentos del mundo demoniaco invisible. La batalla real es con demonios.

Yo conozco eso bien, nunca olvidaré la batalla con la niña poseída por demonios. Una noche Jerry Mitchell y yo lo enfrentamos conforme ella pateaba y aventaba muebles en un cuarto. Y nunca olvidaré que entre al cuarto y la escuché que ella dijo: “Sáquenlo. Cualquier persona pero él, no él, no dejen que él entre.” Y salía de una voz que no era la de ella y me di cuenta que los demonios reconocían quien era, eso es algo aterrador. Cuando ella comenzó a decir, usted sabe, “Él no, él no.” Mi reacción humana fue: “Muy bien, ya me voy.” Pero después comencé a darme cuenta de que si ellos me conocían y no me querían, yo debía estar en el equipo correcto. Y estaba en el poder de Dios contra esa situación y pasamos horas de esfuerzo agonizante ahí, hasta que Dios en su gracia, mediante la confesión de ella de pecado, entró para limpiar y purificar pero desde ese entonces, nunca he dudado acerca de donde está la verdadera batalla. Sé dónde está la batalla real, es una batalla seria a nivel espiritual que es invisible. Los hombres como dije son los instrumentos en las manos de demonios y tenemos que entender la seriedad de la batalla que se lleva a cabo realmente en contra de Cristo y todos los que pertenecen a Cristo.

Entonces tenemos que vestirnos de la armadura dice, para poder resistir. Tenemos que estar listos para este esfuerzo. Y simplemente quiero señalar dos elementos en el versículo 14. En primer lugar, habiendo ceñido vuestros lomos con la verdad, el soldado romano ni siquiera habría pensado en entrar en la batalla con su túnica, simplemente como su tela ahí volando por todos lados en un combate mano a mano por la vida y la muerte. Él se habría vuelto alguien muy vulnerable, él habría sido jalado fácilmente o su ropa se habría metido en su camino y habría hecho que esto llevara a su propia muerte. Y entonces él se habría colocado un cinto y habría hecho que toda la ropa estuviera justa, para que no estuviera suelta, sino que estuviera pegada a su cuerpo y el Apóstol dice: “Ese es el cinto de la veracidad o la sinceridad.” ¿Realmente es compromiso de lo que está hablando? Él está hablando de disciplina personal, él está hablando de la persona que va a la batalla, que toma en serio la batalla, que haga que todos los cabos sueltos de su vida estén justos, que no tome a la ligera esto. Digo, si usted va a hacer lo que necesita ser hecho, realmente creo en este asunto de la disciplina personal que nosotros como cristianos necesitamos amarrar los cabos sueltos de nuestra vida. Necesitamos comenzar a decir: “Aquí está el camino estrecho, aquí está el camino por el que Dios quiere que caminemos, y por aquí caminaremos.” Y no es fácil, porque a lo largo del camino hay voces que nos están llamando a desviarnos, y si amamos el placer más de lo que amamos a Dios, si amamos la satisfacción personal más de lo que amamos a Dios en cualquier punto del proceso, entonces nos vamos a salir del camino y no habremos ejercido disciplina personal y entraremos en el pecado.

Entonces usted vea al Apóstol diciendo: “Esto es una guerra y más vale que lo tome en serio, más vale que jale su túnica, más vale que la mantenga justa en un acto de verdadero compromiso con la victoria.” Y después él pasa a hablar de la coraza de justicia. Un soldado romano usaba una placa sobre su pecho para proteger sus órganos vitales, y obviamente si no tenía esto, él era tremendamente vulnerable a una flecha que pudiera entrar a su pecho, a un cuchillo que pudiera ser metido en él de manera fatal. Él creía que su armadura, y la armadura es justicia o santidad, hacer lo que es correcto, disciplina personal a la Ley de Dios o de lo contario somos vulnerables. Estamos en una carrera para ganar y tenemos que disciplinarnos para ganar y tenemos que vivir una vida que es vivir en obediencia a la voluntad de Dios, en un asunto de pureza.

Eso es a lo que Pablo nos está llamando, él lo dice de otra manera en segundo de Corintios 7-1, él dice: “Teniendo pues, estas promesas es como si estuviera diciendo, ‘Dios les ha dado tanto, amados’.” Dios les ha tanto que ustedes como mis hijos e hijas dice el Señor Dios todopoderoso en el capítulo 6, versículo 18, digo, todo lo que es nuestro en ser hijos e hijas de Dios, viendo que tenemos todas estas cosas, amados, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Digo, pongámonos el cinto, pongámonos la coraza y corramos la carrera para ganar esto, mantengamos las reglas y mantengámonos dentro de los límites, hagamos un esfuerzo de todo corazón entero. Me entristece cuando veo a cristianos indisciplinados, me entristece cuando veo a cristianos que tienen tantos cabos sueltos en su vida. Claro, hay una línea de obediencia, pero siempre se salen de ella y lo entienden. No solo no están comprometidos con ello. Pablo lo dice de otra manera al final de Filipenses, en el último capítulo. En el capítulo 4, versículo 8. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si hay algo digno de alabanza que, en esto pensad, escuche, su disciplina personal es una cuestión de donde coloca su mente, en donde coloca su mente, en donde coloca sus pensamientos porque, ¿cuál es su pensamiento en su corazón? Que, tal es él. Y una vida pura y una vida disciplinada es alcanzada mediante una vida que está saturada por la palabra de Dios.

Como puede ver la razón por la que le enseñamos y le damos la Palabra de Dios, es para que esté ahí adentro y cuando usted es confrontado con la tentación, el espíritu de Dios puede llevarlo de regreso a esa palabra que está implantada ahí. La razón por la que usted debe leer las Escrituras y meditar en las Escrituras es para que la Palabra resida en su corazón. Y después como David dijo: “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar.” Y entonces su pensamiento debe estar controlado por la Palabra de Dios, la Palabra de Cristo, “amor en abundancia en vosotros”, dice Colosenses 3. Entonces esa es la fuente de disciplina personal. Después demanda un compromiso por parte de usted y me preocupa esto. Me preocupa que en el cristianismo en nuestra época haya una falta de disciplina. Dios no ha cambiado su estándar, Dios no ha cambiado el camino estrecho, no ha cambiado en absoluto. La Ley de Dios no se ha abierto más de lo que se abrió cuando originalmente Dios la dio y el estándar de obediencia es el mismo, pero los cristianos tienden a ampliarlo para sí mismo y han creado una tolerancia artificial y hemos escuchado a las sirenas del mundo llamándonos a salirnos del camino. Y es trágico.

Este mes, a principios de mes tuve la oportunidad de ir a Oregón, me llevé a Chris Mueller nuestro pastor de secundaria conmigo, y fuimos a hablarles a 3000 hombres ahí en el bosque. Tuvimos un gran tiempo, Dios bendijo el tiempo. Algunos hombres vinieron a Cristo otros fueron alentados en la fe y también para un compromiso mayor. Maravilloso, 3 días maravillosos y Chris y yo hablamos de muchas cosas camino allá. Él me contó algunas cosas que realmente me sorprendieron al trabajar con jóvenes de secundaria, que nos podrían ayudar a colocar el dedo en donde realmente estamos en nuestra sociedad cristiana. Por ejemplo, él hizo una pequeña encuesta en nuestro campamento de secundaria este verano. Tomó 54 jóvenes de secundaria y descubrió que 9 de los 54 nunca habían visto una película de clasificación R, para adultos; 45 sí. Él tomó a jóvenes, hombres de primero de secundaria y de 35 jóvenes de primero de secundaria, 25 habían visto una película para adultos. Estos son alrededor de 12 años de edad. Veintiséis habían estado leyendo, a un grado u otro, revistas pornográficas y 24 de esos 34, van a escuelas cristianas. Y él me dijo cuántos de ellos en su casa tienen televisión y han visto ahí en la televisión en su casa, en los canales de películas, toda la basura que viene con ello. Y realmente me molestó eso, realmente me molestó. Permítame decirle algo, usted no puede exponer a un niño de primero de secundaria a una película de adultos sin que tenga un impacto devastador en su vida, o en la de ella. No hay manera en la que una mente de primero de secundaria pueda digerir eso sin tener respuestas negativas. Usted no puede ver a personas desnudas de más de 6 metros de altura sin recordar esas imágenes. Y si usted cree que puede, usted tiene metida su cabeza en la arena tanto y si cree que su joven de secundaria puede enfrentar eso, usted está mal, necesita ayuda. Si usted le permite a su joven de secundaria que vaya a una película para adultos, usted está contribuyendo a su pecado, usted está metiendo en sus mentes cosas que no pueden digerir, usted les está permitiendo sentarse en casa y ver suciedad en la televisión.

No le sorprenda después si no tienen interés en las cosas de Dios, y no diga: “Bueno, lo llevamos a la iglesia todo el tiempo.” Es devastador. Permítame decirle otra cosa, si usted va a una película para adultos, usted está contribuyendo a su propia pecaminosidad, dice usted: “Bueno, es arte.” No, no es arte, es basura. Simplemente basura. Dice usted: “Bueno, tiene cierto valor social.” Digo, es un comentario acerca de nuestra cultura, claro, ¿usted no cree que va a ser promovido de esa manera? ¿De qué otra manera usted puede atraer a personas buenas, morales y contribuir a la destrucción de su pensamiento? Digo, ¿no hay lugar en la vida de un cristiano para las groserías que inclusive salen de una película para todo público, mucho menos la desnudez que sale de esas cosas sucias que llaman películas para adultos? Y si usted va, ¿sabe por qué va? Usted va porque ha sido aspirado de tal manera por el mundo que usted es una víctima, no solo de lo que usted ve cuando se sienta ahí, sino que usted es una víctima de su técnica de publicidad que lo llevó a usted para comenzar.

Y hablo de una manera fuerte en esto porque tengo una convicción tan fuerte en mi corazón que usted no puede esperar. Cultivar un pensamiento piadoso en personas que están viendo imágenes enormes e imágenes incesantes de basura o que están siendo promovidas a través de esas revistas, putrefactas, sucias. Usted no lo puede hacer, no podemos pelear con eso. Y padre, usted necesita establecer un ejemplo. Dice usted: “Bueno, nunca voy a dejar que los míos vayan, los voy a llevar.” Dios lo ayude si usted hace eso. Dice: “Bueno, no sé lo que él hace.” Eso es peor que todo. Más vale que sepa porque esa pequeña vida es una administración que Dios le ha dado a usted y Jesús le dio a usted esa pequeña vida. Y si usted está permitiendo que su hijo esté expuesto a esa basura, usted va a rendir cuentas por eso. Digo, 45 de 54 niños, jóvenes de secundaria, han estado en una película de adultos. Es sorprendente.

Dice: “Bueno, no puedo evitar lo que mi hijo hace.” O más vale que lo evite, y más vale que usted nunca vaya a una de esas cosas, más vale que usted nunca vaya a una de esas supuestamente buenas, donde hay groserías. Lo único que hace es que simplemente continuar rebajando, simplemente ataca el estándar, ataca el estándar, ataca el estándar, ataca. Y lo mismo con la música, simplemente continua atacando, atacando hasta que finalmente nuestro compromiso rígido con la pureza es devastado y está sucediendo de manera subliminal. No me voy a exponer a eso porque quiero aferrarme a la perspectiva de Dios de las cosas no del mundo. Y hay un sentido en el que usted tiene que aislarse a sí mismo. Dice usted: “Bueno, no sabes lo que está pasando.” Es correcto y no me importa. No tengo idea de lo que está pasando, nunca he estado en una película de adultos y nunca y nunca pretendo ir a una, y ni siquiera estoy interesado en ir a ver una película para todo público, ni nada más. Digo, para mí o es caricaturas o me olvido de todo, ¿me entiende? No estoy interesado en exponer mi mente a la basura del mundo. ¿Por qué voy a hacer eso?

Entristece mi corazón pensar que los niños pequeños digo, eso no ayuda a un adolescente. Eso no ayuda a un joven adolescente al tratar de enfrentar las luchas de la vida y desarrollar ideas sexuales e identidad, exponerlos a ese tipo de cosas. Y no estoy hablando de algún legalismo, estoy hablando de pecados, simplemente pecado horrendo. Digo: ¿qué más podría hacer el mundo el mundo que desfilar frente a los jóvenes suciedad? Y lo están haciendo en este momento, lo están haciendo de la manera en la que pueden. Este es un momento, amados, parar vivir de manera disciplinada. Este es un momento para vivir una vida disciplinada, este es un momento para dejar de ser una víctima, dejar de desviarse del camino por el que vamos. De dejar de escuchar las sirenas que están gritando: “Ven aquí, ven aquí. Te vamos a hacer feliz, te vamos a dar placer.” No hay lugar para eso.

Y le voy a decir algo, si usted va a esas cosas, entonces no me importa con qué frecuencia este en la iglesia. Usted todavía no ha entregado de manera plena, su vida al compromiso al que Dios lo llama. No lo ha hecho. En ese momento usted se ha abandonado a si mismo del camino disciplinado de la obediencia y si usted está rechazando esto en su pequeña mente, eso me muestra que usted está en la batalla y que está perdiendo, está perdiendo. Y ni siquiera es cuestión de que tan malo es porque supuestamente debemos pensar, no en las cosas que están mal, sino en las cosas que son, ¿qué? Buenas.

Bueno, permítame llevarlo a una segunda actitud que quiero tocar en esta mañana, esta es la actitud de rendición de cuentas, rendición de cuentas. Y simplemente quiero regresar a lo elemental en esta, es necesario que le enseñemos a la iglesia que tiene que existir en rendición de cuentas. En otras palabras, todos rendimos cuentas unos a otros. Esto es, nos debemos preocupar unos por otros. No por el color de la alfombra, ni por el tapiz o como este programa va o ese programa va o si nos gusta esto o aquello. Nos debemos preocupar unos por otros. Vaya a Mateo 7 por un momento. Permítame ver si puedo refrescar su mente acerca de lo que es la rendición de cuentas. En Mateo 7 simplemente quiero mencionar dos versículos, versículos 3 y 4 dice: “¿Y por qué ves la paja o el palillo por así decirlo, que está en el ojo de tu hermano? ¿Estas preocupado por esto, este palillo en el ojo de tu hermano?” ¿A qué se refiere eso? Bueno, es algún pecado, alguna falla, algo que está mal y debes estar preocupado. Pero dice: “¿Por qué estas preocupado por eso y no estas preocupado por esa viga enorme en tu propio ojo?” Versículo 4. O como le dirás a tu hermano, permíteme sacar el palillo de tu ojo y aquí tiene una viga en tu propio ojo. Digo, hay una hipérbola aquí, esto es ridículo. Si estuviera en una caricatura nos reiríamos, es torpe. Pero lo que está diciendo es: “Mira, ¿cómo puedes hacer lo que necesitas hacer por tu hermano si tu vida no está en orden?”

Ahora esto nos apunta algo muy importante, tenemos una responsabilidad unos a otros, de cuidar de esas cosas que están en el ojo unos de otros. Tenemos una responsabilidad de enfrentar el pecado unos en otros. Pero antes de que podamos hacer eso, ¿qué tenemos que hacer? Enfrentar nuestro propio pecado. Ahora, yo creo que la rendición de cuentas en la iglesia es algo muy importante. Yo creo que todos debemos cuidar unos de otros, pero antes de que yo pueda cuidarlo a usted, yo tengo que limpiar mi vida. Y entonces la rendición de cuentas tiene un efecto inverso. Cuando yo me doy cuenta de que mi responsabilidad consiste en cuidar de usted, entonces voy a asegurarme de que mi vida está bien. Ahora, permítame expresarlo de manera práctica, ¿Usted conoce a alguien que no viene ya a la iglesia? Piense por un rato y probablemente conoce a alguien. ¿Usted conoce a alguien que vino aquí por un tiempo y ya no viene? Tiene la responsabilidad de acercarse a esa persona y decirle: “Mira, estas dejando de congregarte, necesitas estar con el pueblo de Dios, necesitas estar menos comprometido con producir dinero, la maldición de hacer tesoros en la tierra y más comprometido con estar comprometido con estar con el pueblo de Dios.” Dice usted: “Bueno, ¿quién soy yo para hacer eso? Tengo problemas en mi propia vida.” Ese es el punto, limpie su vida, saque la viga de su propio ojo y entonces vaya y haga eso. Esa es la razón por la que digo que la rendición de cuentas es una realidad en la que usted purifica su propia vida, ¿se da cuenta? Conforme me preocupo por otras personas, yo como resultado tengo que estar preocupado conmigo mismo, porque no puedo enfrentarlo a usted hasta que haya enfrentado mi vida.

Gálatas 6 dice: “Mira, si un hermano es sorprendido en alguna falta, ustedes, qué los que son espirituales, restauradle.” Entonces si él está en un estado de desobediencia se va a necesitar a alguien que está caminando en obediencia para ayudarle. Entonces antes de que usted pueda ayudarle tiene que ayudarse a sí mismo. Mientras que usted tenga personas en relaciones de rendición de cuentas mutuas, esto tiene un efecto auto purificador. Muéstreme usted una iglesia en donde la gente no se le enseñe a cuidar de que otros caigan en pecado, en donde no se les enseñe a restaurar a otros, y le voy a enseñar una iglesia en donde la gente tampoco está expuesta a su propio pecado y pueden esconderlo y cubrirlo con mayor facilidad. Debe haber una rendición de cuentas y cuando yo le rindo cuentas a usted, yo me rindo cuentas a mí mismo y esto es tan, tan importante, esto es necesario.

Ahora vayamos a Mateo 18 y veamos como esto funciona. Si me he quitado la viga de mi propio ojo, ¿qué debo hacer con usted cuando usted cae en pecado? Muy bien, versículo 15 de Mateo 18. ¿Usted recuerda que lo estudiamos hace algunos meses atrás? Dice: “Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tu y el solos.” Entonces si él peca, usted va con él. Así lo hace. Una iglesia debe tener ese tipo de rendición de cuentas, digo, si usted conoce a alguien, por ejemplo, que tiene un negocio y sabe que no están haciendo algo que es correcto, no están tratando bien a sus empleados, no están tratando bien a sus socios, están siendo deshonestos en su negocio, tiene la obligación delante de Dios como su hijo, de ir con esa persona, quien es Cristiana, y decirle: “Estas en pecado”.  Y lo hace amorosamente. No puede decir: “No puedo hacer eso, tengo mis pecados”, entonces más vale que enderece sus problemas. Dice usted: “Bueno eso va a tomar mucho tiempo”. No, siempre cuando sea una oración de confesión. Y con un corazón puro y un espíritu amoroso, usted va con ese individuo y confronta ese pecado. Si usted conoce alguien que no está bien, que no está siendo fiel a su cónyuge en el matrimonio o padres que no están siendo fieles con sus hijos, haciendo lo que debieran, o hijos que no están haciendo lo que debieran hacer con sus padres, si usted conoce alguien que está fuera de línea en cual manera en la iglesia, su responsabilidad consiste en ir en amor a esa persona, y como puede ver, eso es algo que lo purifica también a usted. Lo que eso hace es que me purifica antes de que pueda ir. En segundo lugar, si todos comenzamos a hacer eso, entonces todo el mundo va a ver su vida y va decir, “Hombre, me tengo que asegurar de que mi vida este bien”. La iglesia realmente debe tener rendición de cuentas. Así debe ser. No importa quien sea. Digo, en Gálatas, capitulo 2, Pablo fue con Pedro y lo resistió cara a cara. Dice en el versículo 11 al 14: “Porque era de ser reprendido. Y lo confronté en público, realmente digo en público porque está en la Biblia y todo el mundo lo sabía. Nadie está exento. Pero los ancianos o aquellos que realmente están en una posición elevada son reprendidos ante otros para que los otros teman.”

Digo, recibí una carta esta semana, alguien quien me señaló algo en mi propia vida, un acto irresponsable en mi propia vida, algo que debería haber hecho y no lo hice, y me lo señaló. Y les escribí y les pedí perdón y les agradecí por señalármelo. Como puede ver, yo quiero saber eso tanto como usted quiere saberlo, pero si usted no me lo dice, entonces no me ayuda. Porque sigo cometiendo los mismos errores, sigo fallando, sigo cayendo en la misma trampa, una y otra vez, hasta que usted me confronte con eso. La iglesia debe tener ese tipo de rendición de cuentas y estoy hablando de rendición de cuentas en este nivel, donde realmente importa. A nivel de pureza. Marido, usted tiene que ayudarla a su esposa; esposa, usted tiene que ayudarle a su marido. No está bien que usted tolere su pecaminosidad. De manera amorosa, deben ser confrontados de manera amorosa, y usted debe ir. ¿Qué si no escuchan? Bueno, el versículo 16 dice: “Tomen dos personas con usted, una o dos personas, y si todavía no contestan, entonces dígale a toda la iglesia.” ¿Y que sucede cuando le dice a toda la iglesia? La iglesia entera los busca.

La última comunión mencionamos tres nombres de personas que han caído en pecado, y le dijimos a la iglesia entera. Me pregunto cuántos de nosotros hemos ido o hemos escrito una carta o tarjeta, quizás hemos llamado a la oficina de la iglesia y hemos conseguido la dirección para que podamos mandarle una palabra, de la Palabra del Señor, para animarlos, para que salgan de ese pecado. Esa es nuestra responsabilidad, rendición de cuentas, y mantiene a la iglesia pura. Es algo que lleva a purificarnos unos a otros. Me acuerdo cuando estuvimos aquí por primera vez comprometidos con hacer esto, cuando llegamos a Grace Church, y dos pastores me dijeron: “Vas a destrozar el lugar, MacArthur”. “Este es mi primer pastorado.” “Correcto.” Y dijeron: “No sabes lo que estás haciendo. No puede ser una iglesia y hacer eso, que todo el mundo esté buscando el pecado del resto de la gente. No puedes hacer eso. Lo vas a destrozar.” Yo dije: “Bueno, volvamos a hacer porque la Biblia lo dice y después dejaremos que Dios decida lo que le pasa. Mi trabajo no es tratar de construir la iglesia. Cristo dijo que Él edificaría la iglesia, yo no voy a competir con Él, ese no es me trabajo. Mi trabajo es tratar de hacer lo que pueda hacer para asegurarme de que la gente en la iglesia entienda lo que la Palabra de Dios dice y la viva. Después veremos adonde lleva Dios a la iglesia.”

Y en esos primeros años tuve una maravillosa ilustración, tuve una esposa me llamó y me dijo: “Mi esposo me acaba de dejar, se acaba de ir con otra mujer”. Yo dije: “¿Conoces el nombre de la mujer?” “Si, está por aquí. Va a vivir con ella en este momento. Dejó a su hogar y a sus hijos”. Le dije: “¿Cuál es el nombre de la mujer?” Me dijo el nombre y entonces fui al directorio telefónico, busque el nombre, encontré el número telefónico, llame y él respondió el teléfono. Yo le dije: “Habla John aquí en la iglesia” y fue un shock, digo, realmente le sorprendió. Y le dije, le dije que lo estaba llamando en el nombre de Cristo, usted sabe, llamándolo a la obediencia, a que se salía de ese lugar antes de que cometería un pecado en contra del Señor y su esposa y su iglesia y se fuera a casa. Y poco tiempo después él dijo que se iría. Y su esposa me llamó y dijo que él estaba ahí y el siguiente domingo cuando él me vio, me abrazó y me dijo: “Gracias, no querría estar ahí. Fui tentado, pensé que a nadie le importaba.”

Como puede ver, no lo aisló en absoluto sino que lo trajo de regreso porque eso es lo que necesitábamos. Como puede ver por un cristiano, eso no es lo que queremos hacer, ¿verdad? “Las cosas que quiero hacer”, dice Pablo, “no las hago. Las cosas que no quiero hacer, las hago. Es la carne.” Entonces la rendición de cuentas no es invadir la personalidad privada de alguien. Es ayudarlos en su batalla con su propia pecaminosidad, ¿se da cuenta? Debemos estar preocupados con la rendición de cuentas, esa es la razón por la que venimos a la mesa del Señor, como usted sabe, para corregir nuestras vidas, para sacar las vigas de nuestros ojos, para que podamos ayudar a otras personas, para que podamos restaurar a otros en amor, para que podamos estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras. Se reduce a los unos a otros de las Escrituras; digo, debemos exhortarnos unos a otros, reprendernos unos a otros, orar unos por otros, amar unos por otros, enseñarnos unos a otros, edificarnos, amonestarnos, todos los unos a otros, están por todos lados. Orar unos por otros, esa es la vida de la iglesia. Eso es lo que fluye en la vida de la iglesia.

Uno final, muy breve. Usted no puede enfrentar esto sin el siguiente: y eso es perdón. La iglesia no puede sobrevivir a menos de que haya perdón. Esa es otra actitud necesaria, porque somos humanos y fallamos. Digo, así es. Yo fallo y todo el mundo falla y vamos a fallar, pero si usted no puede perdonar y no puede perdonar particularmente el que le falla a usted o peca contra usted, entonces tiene un cáncer en usted y hay un cáncer en el cuerpo de Cristo. En Mateo, regrese al 6 por un momento, y voy a refrescarle la memoria con la oración de los discípulos, versículo 12: “y perdónanos nuestras deudas. Y todo pecado es una deuda que le debemos a Dios, que solo puede ser pagada por el sacrifico perfecto de Cristo. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” En otras palabras, perdónanos como también nosotros perdonamos a otros. Porque si vosotros les perdonáis a los hombres vuestras ofensas, vuestro Padre Celestial también nos perdonará. Pero si no les perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro padre os perdonará vuestras ofensas. En otras palabras, si usted no perdona, él no va a perdonar.

Ahora esto no está hablando de perdón redentor eterno, esto está hablando de perdón temporal paternal, el perdón redentor eterno es nuestro en Cristo. Pero ese perdón paternal temporal para el aquí y el ahora, ese tipo de perdón que mantiene limpias las líneas de la comunión, abiertas y puras y benditas, solo viene a nosotros sí perdonamos a otros. Entonces si usted no perdona a alguien, no me importa lo que le hayan hecho a usted, si usted no los perdona entonces tiene un cáncer en usted. Y yo creo que un corazón no perdonador es la razón por la que hay tanta tragedia, de hecho yo creo que el cuerpo se contagia de las enfermedades del alma y hay muchas personas que pueden estar muertas, quizás muertas de hecho o que tengan un cáncer real porque tuvieron un espíritu no perdonador. No estoy actuando o hablando en términos clínicos, simplemente sé que el cuerpo se contagia de las enfermedades de la mente y la culpabilidad es la enfermedad más severa de todas. Y un corazón no perdonador produce sentimientos amargos, amargos, amargos y también culpabilidad.

Entonces si usted quiere ser perdonado diariamente por el Señor para conocer la comunión clara, limpia, pura, dulce, que quiere que tengamos en esta vida, va a ser porque usted también perdonó a otros. Y hombre, ¿quién es usted para no perdonar, verdad? ¿Quién es usted para no perdonar? Se acuerda usted de la parábola en Mateo 18 del hombre que debía 10000 talentos y él vino y dijo: “No los tengo, no tengo nada que pagar”, y el hombre dijo: “Te perdono todo.” Y después salió y encontró un hombre que le debía 18 dólares y lo estranguló y lo aventó a la cárcel y dijo: “Quédate ahí hasta que me pagues.” Y el Señor estaba diciendo: “¿quién eres tú, a quién se te ha perdonado una deuda inestimable, imposible de pagar y no vas a perdona a alguien más 18 dólares?”

En Efesios 4-32: “Antes bien sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonadnos unos a otros así como Dios os ha perdonado en Cristo.” Escuche, debemos perdonar porque se nos ha perdonado. Se nos ha perdonado tanto, ¿podemos perdonar tan poco? O la iglesia necesita estar llena de personas perdonadoras, porque vamos a fallar, realmente vamos a fallar. Digo, yo voy a hacer cosas que puedan irritar a personas y otras personas van a hacer cosas que van a irritar a otros. Va a tener un problema quizás con alguien en la iglesia o algo, pero si usted puede perdonar usted está libre de eso. Usted está libre de la esclavitud, de esa amargura y está libre para ser perdonado y conocer la bendición de Dios. Pero si usted alberga un corazón no perdonador, usted tiene amargura. ¿Quién necesita eso? El perdón es algo tan hermoso. Entonces disciplina personal en mi vida, rendición de cuentas con otros y cuando pecan quiero estar ahí para levantarlos y también quiero perdonarlos. Inclusive si han pecado contra mí, aun contra mí. Y cuando usted tiene una iglesia que no perdona, usted tiene problemas terribles, problemas terribles.

Por cierto, solo la gente humilde perdona, ¿se acuerda de eso? Solo la gente humilde que no es tan orgullosa como para decir: “Hombre, me hiciste eso, nadie me hace eso a mí.” Pero personas que se humillan y dicen: “Hombre, tú eres más importante que yo, de cualquier manera yo quiero amarte en el amor del perdón.” Pues no hay más para la próxima vez.

Oremos. Padre, te damos gracia por lo que hemos aprendido acerca de las actitudes que quieres en Tu iglesia, obediencia, humildad, amor, unidad, servicio, gozo, paz, gratitud, disciplina personal, rendición de cuentas, perdón. Cosas hermosas que esta iglesia se ha caracterizada por estas cosas. Es un lugar tan maravilloso, personas tan maravillosas, vemos estas cosas en ellos. Gracias, Señor, por el perdón dulce que todos hemos disfrutado en esta congregación. Por la rendición de cuentas maravillosa que se manifiesta de una manera tan maravillosa. Y la disciplina personal que vemos en tantas vidas. Gracias, Padre, por su ejemplo, su patrón. Pero, Padre, simplemente recuérdanos estas cosas y la necesidad de continuar siendo fieles. Y por aquellos que quizás han visto todo esto como un deporte de espectadores, que compras un boleto y ves lo que pasa, Señor, aléjalos de eso. Que conozcan que estas son actitudes que Tú deseas, actitudes correctas fluyendo en medio de la congregación. Y que el espíritu de Dios sea liberado para cumplir el propósito Santo del Salvador para su pueblo redimido. Para que ninguno de nosotros exista en la orilla, sino que esté en el centro, conforme Tú edificas Tu iglesia para Tu gloria. Tan solo por un momento, si es tan amable, mantenga su cabeza inclinada antes de que cerremos y permítame tan solo decir que este sería un tiempo apropiado para que todos nosotros hagamos una oración de compromiso real con el Señor. Un tiempo para decirle: “Padre, deseo disciplinar mi vida. Hago un pacto Contigo en este momento para ser obediente. A pensar en cosas que son puras, a caminar por el camino estrecho y vivir una vida de disciplina personal, pura. A entrar en el área de la rendición de cuentas y ministrar y ser objeto del ministerio de otros. A ser un perdonador.” ¿Puede hacer ese pacto con Dios en su corazón?

Usted ha escuchado a John Mac Arthur, maestro Bíblico de Gracia a Vosotros. Para más información y acceso gratuito a todos los mensajes de John, así como una lista de libros incluyendo La Biblia de estudio, visite la página web en gracia.org. Gracia a Vosotros y el Pastor John Mac Arthur se reservan toda protección y el derecho de autor bajo la ley que esté vigente. La información de derechos de autor está disponible en gracia.org, que incluye instrucciones para limitar la duplicación de este archivo digital. Gracia a Vosotros es una organización sin fines de lucro, dedicada a desarrollar recursos desde las enseñanzas del Pastor John Mac Arthur, las cuales ofrecen la verdad de las Escrituras. Por otra parte, estimado oyente, su apoyo en oración y sus donaciones al ministerio nos ayudan a lograr este propósito para equipar a miles de personas de habla hispana. Si desea hacer una donación u ofrenda puede hacerlo utilizando su tarjeta Visa, MasterCard, Discovery o American Express. Si vive en Estados Unidos o Puerto Rico puede llamarnos al 1-866-5gracia. Esto es 1-866-547-2242 o desde cualquier otro lugar ingresando a nuestra página web en gracia.org. Y de antemano, gracias por su apoyo.

 

 

 

 

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