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Mateo, capítulo 3, versículos 7 al 12 - los frutos del verdadero arrepentimiento. Los frutos del verdadero arrepentimiento. En nuestro último, estudio conocimos al hombre más grande que jamás vivió. Un hombre llamado Juan el Bautista. En Mateo 11:11, Jesús dijo que entre aquellos que son nacidos de mujer no se ha levantado uno más grande, mayor que Juan el Bautista. Hasta su época, él fue el hombre más grande que jamás vivió.

Mateo presenta a Juan porque Mateo tiene como propósito o intención en su libro, su Evangelio, el presentarnos a Jesús como Rey. Y todos los reyes siempre tuvieron heraldos, personas que anunciaban su llegada, precursores. Personas que venían antes que ellos, que preparaban el camino y anunciaban que el rey estaba a punto de llegar.

Y de manera coherente con el énfasis de Mateo en el hecho de que Jesús es un Rey, encontramos como su presentación, que, como todo Rey, Él tiene un heraldo, Él tiene un proclamador. Él tiene a alguien que está allí proclamando, anunciando que Él viene y está preparando el camino para Él. Entonces, esto encaja de manera hermosa con el propósito de Mateo, el presentar algo de este hombre, Juan el Bautista.

Ahora, en nuestro estudio juntos la última vez, hace dos semanas atrás, señalamos acerca de Juan que hubo ciertas cosas que lo hacían grande. Concluimos nuestro estudio recordando que alguna de las cosas que hicieron que Juan fuera grande son transferibles a nosotros; y potencialmente, podemos exceder la grandeza de Juan. El mismo versículo en Mateo 11:11 que dijo que Juan fue el hombre más grande que jamás vivió también dijo que mayor que Juan es el más pequeño en el Reino. En otras palabras, el Señor nos ha dado a aquellos que estamos de este lado de la cruz cierta grandeza que no le pertenecía a aquellos que estaban de ese lado. Tenemos recursos que ellos no tenían. Y si fuéramos a adoptar a nuestras vidas las cosas que hicieron que Juan fuera grande, seríamos más grandes que Juan.

Y mencioné que hubo por lo menos seis características de Juan que lo hicieron grande. Su obediencia a su llamado, fue lleno del Espíritu, él ejerció dominio propio, fue humilde, él proclamó la Palabra de Dios y ganó a muchas personas al Señor. Ahora, esas fueron las características de un hombre que fue el hombre más grande que jamás vivió. Él tuvo un ministerio de preparación. Él estaba llamando a Israel y él estaba diciendo a Israel que el Rey estaba por venir y era momento de que ellos se arrepintieran. Era momento de que ellos se convirtieran. Y si usted ve de nuevo el versículo 2, recordará su mensaje. “Arrepentíos porque el Reino de los cielos es inminente,” se ha acercado el siguiente acontecimiento. Y el Rey estaba por venir y necesitaban un cambio radical de mente, un cambio radical de corazón, una transformación de vida para prepararse para el Rey y Su Reino.

Y hablamos del hecho de que éste era un mensaje sorprendente para los judíos, una fuerte represión para su religión superficial e hipócrita e inútil. No estaban listos para su Mesías. No estaban listos para Su Reino. No estaban listos para ser parte de ese Reino. De hecho, en este punto en particular, estaban ellos definitivamente fuera. Israel estaba perdida en pecado. Israel era indigna del Rey y, por lo tanto, incapaz de heredar el Reino.

Y la llegada del Rey que había sido esperado durante mucho tiempo debería haber sido buenas nuevas, pero primero, había malas noticias. Y las malas noticias era que no podían recibir el Reino si no podían recibir al Rey debido al pecado en sus vidas. Realmente, este fue un relámpago, porque se veían a sí mismos como hijos de Abraham, hijos del pacto, hijos de las promesas, circuncidados, pueblo de Dios, súbditos del Rey que simplemente habían estado esperando durante siglos a Aquel que iba a venir. Y ahora, cuando Él está por venir, se les dice que no tienen derecho en absoluto de entrar en Su Reino. De hecho, Juan dice: “deben arrepentirse y ser bautizados”.

Y le dije hace dos semanas atrás que el bautismo era el tipo de bautismo que era llevado a cabo en prosélitos gentiles que venían a la fe judía. Y al ofrecer un bautismo, Juan de hecho estaba diciéndoles “ustedes no son mejores que un gentil”. Ustedes están lejos de Dios y no son súbditos de Su Reino y no pueden recibir a su Rey. Entonces, ellos necesitaban hacer lo que cualquier gentil necesitaba hacer. Necesitaban arrepentirse, convertirse y la señal externa de ese lavado interno era ser bautizado. Y entonces, Juan estaba llamando a un cambio fundamental. Él estaba llamando a una transformación tremenda y total. Ellos eran pecaminosos y sucios y necesitaban ser limpiados para estar listos para el Mesías.

Bueno, su ministerio de preparación fue bien recibido. Notará que en el versículo 5 dice: “Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.” Juan estaba preparando al pueblo para la venida del Mesías. Este era un bautismo de preparación. Este era un bautismo que simbolizaba una confesión interna y limpieza de pecados. De hecho, en el libro de los Hechos, en el versículo 4 del capítulo 19 el apóstol Pablo describe el significado del bautismo de Juan. Él dice esto: “Juan de cierto os bautizó con el bautismo de arrepentimiento diciéndole al pueblo que debían creer en aquel que vendría después de él, este es en Cristo Jesús.”

El bautismo de Juan fue un bautismo de conversión y arrepentimiento. Pero no fue la conversión que iba a venir después cuando Cristo viniera, era una preparación para la venida de Cristo. Y cuando Cristo vino, era necesario que ellos creyeran en Él para ser salvos. Es en este sentido quizás que usted lo puede entender. El bautismo de Juan los hizo un verdadero santo del Antiguo Testamento, pero necesitaban cuando Cristo viniera, ser hechos un verdadero santo del Nuevo Testamento. Por ejemplo, en el capítulo 19 de Hechos, el cual le acabo de leer, había algunos discípulos de Juan el Bautista. Y cuando el apóstol Pablo les dijo: ¿en qué bautismo fueron bautizados? Ellos dijeron en el bautismo de Juan. Y después, él les dijo: “pero el bautismo de Juan fue únicamente un bautismo de arrepentimiento. Y deben creer en Aquel que va a venir después de él.” Y entonces, ellos creyeron y de nuevo recibieron a Cristo y fueron bautizados allí en el Espíritu Santo.

Entonces, lo que realmente sucedió en Hechos 19 es que personas que se habían convertido en santos del Antiguo Testamento en el sentido genuino bajo Juan, se volvieron santos del Nuevo Testamento bajo el ministerio del apóstol Pablo, cuando confesaron sus pecados y enderezaron sus corazones delante de Dios bajo Juan, ellos creyeron en el Señor Jesucristo cuando Él llegó. Entonces, eso fue aquello para lo cual Juan los estaba preparando.

Ahora, este hombre era un hombre tremendo. Los otros Evangelios hablan de él. Pero Mateo nos da simplemente una muestra de su predicación en los versículos 7 al 12. Y eso es lo que queremos ver, una muestra de la predicación de Juan. Es una muestra que también está registrada en Lucas, el tercer capítulo. Y es una ilustración fascinante del tipo de hombre que él era. Su poder, su denuedo, su valentía. Todo está aquí.

Ahora, quiero mostrarle cinco elementos. Cinco elementos en la narrativa: la congregación, la confrontación, la condenación, la conflagración y la consolación. No tiene que escribir esto. La congregación, la confrontación, después la condenación, después la conflagración venidera y una palabra final de consolación. Y yo creo que esta porción de las Escrituras es una de las presentaciones más claras de arrepentimiento genuino salvador en todo el Nuevo Testamento.

Ahora, la escena para el sermón es la siguiente: el sermón que Juan predicó, desde el versículo 5 y 6 sabíamos que la gente venía a ver a Juan en multitudes. Estaban emocionados por la venida del Mesías. Muchos de ellos, realmente eran genuinos. Querían corregir sus vidas, realmente querían confesar su pecado, querían arrepentirse y convertirse y prepararse y recibir al Rey y Su Reino. Estaban emocionados por ello. Y vinieron a Juan un remanente piadoso, algunas personas realmente sólidas y honestas. Y estaban escuchando y estaban convirtiéndose y eran bautizados y estaban listos para el Rey. Eran personas sinceras, genuinas, arrepentidas. Pero no todas fueron tan genuinas y no todas fueron tan sinceras. Y no todas fueron tan reales.

Veamos el texto, y, en primer lugar, observe la congregación. Una congregación muy especial. Ahora, en el Evangelio de Lucas, capítulo 3, Lucas nos presenta que estas palabras fueron oídas por la multitud entera. Entonces, el diálogo que se lleva aquí con esta congregación especial no fue sólo con ellas, sino que fue oído por todo el mundo. La multitud entera oyó todo lo que él dijo. Entonces, fue algo bastante devastador.

Pero él se concentra en una congregación específica que se apareció ahí. Versículo 7: “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo,” o para bautismo, esa es la traducción correcta. “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo,” y deténgase ahí. Ahora, aquí se nos presenta a la congregación. Hay una multitud entera y la multitud entera oyó lo que Juan dijo, pero identificada de manera específica por parte del Espíritu Santo a través de Mateo, está la congregación especial de los fariseos y saduceos. Y ellos vienen para el bautismo. El uso del pronombre epi aquí es un uso de propósito. Se refiere a propósito. Ellos vinieron con el propósito de ser bautizados. Ellos iban a meterse en este asunto. Y la respuesta de él a ellos también indica que ellos habían venido para bautizarse, porque él cuestiona la legitimidad de sus deseos. Pero antes de que avancemos, tenemos que descubrir quiénes eran.

Ahora, conforme usted estudia el Nuevo Testamento, los registros del Evangelio, usted constantemente se encuentra con los fariseos y los saduceos. Algunas veces, son designados como los principales sacerdotes y los ancianos, pero normalmente, esas personas o eran fariseos o saduceos. ¿quiénes son? ¿Por qué vinieron? ¿Eran sinceros? ¿Qué era lo que realmente había en su mente? El judaísmo, en su mayoría, en ese entonces, tenía tres sectas pequeñas especiales o grupos dentro del mismo. Tres, que, en cierta manera, tenían un énfasis en particular.

El grupo número uno y el que más conocemos, eran los fariseos. Y eran el grupo más numeroso. El grupo número dos eran los saduceos y el grupo número tres, y sabemos muy poco acerca de ellos a partir del Nuevo Testamento, aunque arqueológicamente hemos descubierto algunas cosas interesantes acerca de ellos. El tercero fueron los esenios. Los esenios. La razón por la que no sabemos mucho de ellos es porque vivían ahí afuera en el desierto y en cierta manera, eran una especie de ermitaños. Fueron ellos los que copiaron las Escrituras que nos dejaron los rollos del mar Muerto. Usted tenía a los fariseos, los saduceos y a los esenios. Y realmente, eran las sectas mejor conocidas o grupos dentro del judaísmo.

Ahora, los que son importantes en el registro del Evangelio, porque eran parte elemental de la vida judía, eran los fariseos y saduceos. Ahora, cuándo ellos entraron a la escena, realmente no lo sabemos. Es muy oscuro. Es muy difícil saber cuándo comenzaron, ninguno de los dos. Pero entremos en el punto en el que los fariseos existían y veamos si podemos reconstruir quiénes eran y de dónde vinieron. Ellos eran sucesores de un grupo conocido como los jasídicos, jasídicos, si quiere escribirlo. Los jasídicos. Ahora, jasídicos quiere decir pío en hebreo, los piadosos, los píos o los santos.

Ahora, le voy a dar un poco más de historia. Usted va a escuchar mucho de esto en Mateo, así que más vale que se acostumbre a esto. Hay un período entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, ¿no es cierto? ¿Se acuerda de ese período de 400 años de silencio profético? Se llama el período inter Testamentario. Ahora, durante ese período, tenemos historia fascinante y tenemos mucha información acerca de esa historia de ese período, debido a algunos de los libros que son llamados los apócrifos. No son libros inspirados, pero son los libros que nos dan un poco de información acerca de la historia. Ahora, durante esos 400 años, los griegos gobernaron en Israel. ¿Está claro? Este fue el tiempo del gran Imperio griego. Y los griegos gobernaron en Israel.

También fue el período de tiempo cuando los judíos realmente se enojaron por la manera en la que los griegos gobernaron. Y usted conoce a un hombre llamado Antíoco Epífanes, quien fue un gobernante griego en Israel quien era un hombre horrible, usted sabe. Ellos entraron ahí y mataron a un cerdo en el altar y le metieron el cerdo a la garganta del sacerdote, lo cual fue algo muy malo que hacer, créame, si usted quería incitar al pueblo judío. La Biblia les había prohibido que comieran cerdo y ellos se burlaron de eso.

Bueno, durante el período del gobierno griego, se levantó ahí en el judaísmo un grupo llamado los jasídicos. Eran los piadosos, los dedicados, los devotos, los consagrados, los espirituales. Y ellos literalmente menospreciaron la cultura griega. Y ellos menospreciaron la costumbre griega. Ellos querían adherirse de manera estricta a los principios del judaísmo. Eran devotos y piadosos y también eran súper patriotas. De hecho, ellos ayudaron ahí en la revolución macabeo en la que Judas macabeo, quien fue un judío y sus hijos, encabezaron una revolución. Hombre, ellos realmente apoyaron esa revuelta. Ellos fueron parte de esa lucha heroica porque al principio de la revolución macabea, realmente fue propagada básicamente por convicción religiosa. Y fue propagada porque en sus corazones, esos judíos sentían que era una profanación de lo sagrado de su religión y de su tierra.

Y entonces, los jasídicos, que eran devotos, personas espirituales piadosas, casi místicas, de hecho, apoyaron la revolución, porque eran tan celosos por el aspecto sagrado de su país.

Por cierto, poco tiempo después la revolución macabea tuvo un nuevo líder llamado Juan Hircano; y él comenzó a pervertir el verdadero motivo y se volvió algo político con él. Él secularizó la revolución. Y en ese punto, los jasídicos se salieron de ella. Ellos perdieron todo interés en ella. De hecho, ellos se opusieron violentamente a los descendientes de aquellos que habían apoyado en la revolución.  

Ahora, los eruditos creen que los fariseos son los descendientes de los jasídicos, que ya para la época de Cristo, este habría sido el grupo de los jasídicos reorganizados, o éstos habrían sido los jasídicos reformados bajo un nuevo nombre. Fariseo es una palabra que significa separatista. Separatista. Y realmente, eran separatistas. Ellos se veían a sí mismos como los más devotos. Solíamos decir que los fariseos estaban buscando un lugar vacante en la Trinidad. Eran tan piadosos y súper espirituales y separados. Ellos se separaron a sí mismos de los paganos, se separaron a si mismos de los publicanos, los recaudadores de impuestos. Se separaron a sí mismos de los pecadores. Se separaron a sí mismos del pueblo judío que inclusive era indiferente a sus causas. Ellos menospreciaban a la gente dentro del judaísmo que no conocía la ley, Juan 7:49 dice. Ellos lo veían con menosprecio. Ellos se separaron a sí mismos de toda persona que no eran lo que ellos eran. Eran los que estaban aislados. Ellos no se querían contaminar, ni manchar al asociarse con alguien o algo que de alguna manera estuviera ceremonialmente impuro.

Y como usted puede ver, lo que sucedió es que todo comenzó en cierta manera bien con los jasídicos, pero ya cuando llegamos a los fariseos reorganizados, ellos pervirtieron todo, y no había nada de vida interna que quedara. No había una devoción real, no había una consagración real, no había una piedad real. Todo era algo externo, farsante, para presentarse por encima de todos los demás como las personas realmente súper espirituales. Ellos, literalmente, eran los fanáticos de la justicia propia. Ellos se aislaron, Lucas 7:39 nos dice, de todos los pecadores. Y ellos trataron de condenar a Jesús por acercarse a los pecadores, ¿se acuerda de eso? Ellos lo confrontaron por estar cerca de los borrachos y los pecadores y cualquier tipo de personas como esas. Ellos trataron de forzar a Jesús para que entrara en ese tipo de justicia personal fanática.

Los historiadores nos dicen que cuando ellos regresaban del mercado, desde el lugar comercial, inmediatamente llevaban a cabo una serie de lavamientos. Antes de que comieran algo, Marcos 7, versículo 4, ellos llevaban a cabo estos lavamientos porque temían que se hubieran topado con alguien mientras que estaban ahí, en el centro comercial, quien era una persona inmunda.

Ahora, ya para el tiempo de Cristo el concepto entero del patriotismo se había acabado. Ellos habían partido su patriotismo, eso se fue en cierta manera con los jasídicos. Esos perdieron su verdadera piedad. Ellos no eran nada más que hipócritas, farsantes. Ellos tendrían una influencia que ya no merecían y que abusaban de manera dañina enseñoreándose de la gente. Y Jesús, realmente los atacó. Usted sabe, Jesús no condena a la gente. Él condena el pecado en los Evangelios. Pero sólo hubo una persona, un grupo de personas que Él realmente condenó con palabras punzantes y fueron los farsantes religiosos de su época. Él perdonó a personas que fueron sorprendidas en adulterio, Él enfrentó el pecado, nunca condenó a pecadores hasta que llegó a los farsantes religiosos y Él los confrontó. De hecho, Su último mensaje en Mateo 23, ahí Él desató una tormenta de condenación contra ellos. Y entonces, eran los farsantes espirituales. Eran muchos de ellos y era muy popular. Bueno, si usted entraba al grupo de los fariseos, usted se volvía alguien espiritual.

Ahora, por otro lado, estaban los saduceos y no sabemos de dónde viene la palabra. Hay todo tipo de posibilidades. Quizás, la mejor sería el hecho de que en el Antiguo Testamento, en 1 Samuel, hubo un sumo sacerdote llamado Sadoc. La Septuaginta Sadoc. Y algunos creen que ellos adoptaron su nombre de Sadoc y de ahí obtuvieron la palabra saduceo porque básicamente eran de la clase sumo sacerdotal. No sabemos si eso es verdad. Eso es una buena suposición, me imagino. Pero eran lo opuesto a los fariseos porque eran los que hacían concesiones. A ellos en particular, no les importaba que se metiera, se infiltrara, la cultura griega. Poco les importaban a ellos las costumbres griegas. Ellos eran los que buscaban estar trabajando en armonía con Roma y buscaban obtener todo lo que podían obtener de ella. Los sumos sacerdotes en la época de Jesús eran saduceos, eran los que hacían concesiones. Ellos no creían en ninguna resurrección y entonces, ellos no tenían que preocuparse por cómo vivían porque no había ninguna consecuencia. Ellos, usted sabe, simplemente, ellos disfrutaban de la vida. Y eso era todo. Para ellos, todo era el aquí y ahora y saque el mayor provecho que puedas, disfrútalo mientras que puertas.

Y entonces, ellos lo hacían todo lo que podían políticamente para asegurarse de que realmente disfrutaran de lo que Roma les podía ofrecer. Y ellos jugaban el juego político para poder entrar en las posiciones de poder. Ellos eran pocos en número, extremadamente ricos. Eran un grupo sacerdotal. Y el sumo sacerdote, por cierto, casi es un sinónimo, cuando usted ve eso en la Biblia, el término sumo sacerdote o principales sacerdotes, es casi sinónimo de saduceo. A ellos, lo que más les preocupaba era producir dinero. Y ellos estaban a cargo de las franquicias del templo. Usted pregunta ¿qué? O, sí. Ellos tenían un negocio enorme en el templo. Cuando cierta fiesta venía, de hecho, a lo largo del año entero, cuando la gente llegaba, peregrinos de otros países para hacer sacrificios, lo primero que tenían que hacer era cambiar su dinero porque tenían que comprar animales para el sacrificio.

Y en el templo, ellos vendían todo. Las palomas y las cabras y las ovejas, todo lo vendían ahí. Ellos proveían todo y cuando esos peregrinos ingresaban al templo, ellos tenían que cambiar su dinero primero para poder comprar cosas en Jerusalén. Y el lugar en el que usted cambiaba su dinero era en el templo. Y claro, ellos cargaban un interés exorbitante para que alguien cambiara el dinero.

Y después, lo que hacían era que se daban la vuelta e iban a comprar los animales. Y pagaban precios increíbles por los animales. Y los saduceos se estaban enriqueciendo más y más y más. Y esa es la razón por la que Jesús entró con un látigo y lo limpió. Y cuando Él limpió eso, esto es cuando Él hizo que los saduceos se volvieron contra Él, porque Él les estaba tocando su negocio. Y esa es la razón por la que gente como Anás y Caifás lo odiaban durante el resto del tiempo que Él vivió y ministró, hasta que finalmente lo llevaron a la cruz. En entonces eran ricos, eran políticos, eran influyentes y muchos de ellos, estaban en el Sanedrín. Ellos buscaban la armonía con Roma. El fariseo era mucho más popular con el pueblo porque el fariseo en cierta manera, de manera mínima, era patriota, mientras que los saduceos eran odiados por el pueblo en su mayoría porque ellos eran amables con sus conquistadores.

Ahora, las diferencias primordiales en el fariseo y el saduceo son éstas; y se las voy a dar de manera muy simple: la primera está Hechos 23, versículo 6. Aquí es donde encontramos la primera diferencia y es en teología básica. Hechos 23. Ahora, cuando Pablo percibió que una parte del grupo eran saduceos y la otra eran fariseos, hombre, él sabía que estaba en una posición muy buena. Él sabía cómo comenzar ahí un problema. Entonces, él clamó “varones y hombres, yo soy fariseo, el hijo de un fariseo, de la esperanza y la resurrección de los muertos se me cuestiona.”

Hombre, realmente él le dio al clavo, porque a los fariseos les preocupaba mucho la resurrección. A ellos les gustaba esa idea. Escuche: un fariseo literalmente vivía para la resurrección. Pasaba su vida entera asegurándose de que guardara todo aspecto minúsculo de la ley, esperando que algún día, cuando todo terminara, hombre, él pudiera estar en la resurrección glorificado. Escuche, esos hombres vivían para resurrección. Escuche, ellos decían no a todo en esta vida para que pudieran hacer que Dios los viera con buenos ojos para que entonces, él pudiera decirle sí a todo en la vida venidera. Usted no vive de la manera en la que ellos vivían a menos de que supiera que usted iba a recibir beneficios después. Ellos vivían a la luz de regla, tras regla, tras regla, esperando llegar al mundo venidero. Por otro lado, los saduceos ni siquiera creían en la resurrección. Y entonces, simplemente vivían mientras ellos podían. Y entonces, cuando Pablo se pone de pie y dice “yo soy fariseo de fariseos que espera en la resurrección,” él realmente causó una división entre ambos y realmente obtuvo lo que quiso.

Versículo 7, “y cuando él dijo eso, hubo una disensión entre los fariseos y los saduceos.” Él los metió en un argumento teológico y la multitud estaba dividida porque los saduceos dicen que no hay resurrección. Bueno, de cualquier manera, ellos dijeron no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu, pero los fariseos confiesan ambos. Entonces, se metieron realmente en un debate teológico. Ellos no creían en ninguna resurrección, no creían en nada espiritual. No creían en ángeles.

En otras palabras, ellos creían que todo era aquí y ahora en el mundo físico y eso era todo. Y entonces, se metieron en esta gran pelea. Ellos contendieron fuertemente, dice en el versículo 9. Entonces, las diferencias primordiales eran religiosas. En primer lugar, ellos diferían acerca de la eternidad, el futuro.

En segundo lugar, ellos tenían una perspectiva diferente de las Escrituras. Esto es muy interesante. Los fariseos reconocían, ahora escuche esto, dos normas o dos estándares de verdad divina. Dos estándares. Una era el Antiguo Testamento y la segunda era la tradición oral. Y en ese sentido, era muy parecidos a ¿qué Iglesia en la actualidad? La Iglesia católico romana en donde usted tiene a las Escrituras, más la tradición. Ellos creían que las Escrituras, esa era una manera en la que usted recibía la revelación de Dios y, en segundo lugar, mediante la tradición oral. Y hombre, ellos habían añadido a las Escrituras la tradición oral por parte de los rabinos a lo largo de los siglos para inventar sus leyes y sus códigos. Y esa es la razón por la que cuando Jesús los confrontó en Mateo 15, Él dijo “ustedes han destruido la ley de Dios con su tradición.” Pero ellos creían en dos fuentes.

Los saduceos, por otro lado, creían en sólo una. Y, de hecho, ellos creían que sólo las Escrituras, no la tradición, no la tradición oral, ellos rechazaban todo eso. Todas esas ceremonias que habían sido añadidas al Antiguo Testamento y voy a dar un paso más hacia adelante, ellos creían en sólo los cinco libros de Moisés, que esos eran los únicos que eran los que eran superiores, de tal manera que eso colocaba al Pentateuco por encima inclusive del Antiguo Testamento. Ellos pensaban que el Antiguo Testamento era importante, pero los cinco libros de Moisés fueron aún más importantes. Entonces, ahí había una diferencia.

Y después, en tercer lugar, había una diferencia. En primer lugar, entonces, en su perspectiva del futuro, había una diferencia en su perspectiva de las Escrituras y en tercer lugar había una diferencia en perspectiva de la soberanía y el libre albedrío. Lo voy a decir de esta manera: los esenios eran calvinistas duros. No hubo ningún calvinista en esos días porque Calvino todavía no había nacido. Pero los esenios eran el grupo de soberanía fuerte, sin libertad, usted no tiene ninguna opción. Todo está así, y así y así. Dios lo estableció y nadie va a recibir nada con nada, ninguna libertad.

Por otro lado, los saduceos rechazaron de manera total un decreto Divino y eran los arminianos antiguos. Ellos dijeron “todo es opcional para todos.” Dios simplemente está diciendo ‘hombre, yo espero que estas personas hagan esto y esto…’ y las personas que estaban en la mitad del camino eran los fariseos. Ellos creían en el decreto divino y la libertad del hombre. Entonces, este simplemente es otro lugar en donde ellos diferían. Ellos querían aferrarse a un decreto, los fariseos y los saduceos, en absoluto.

Bueno, eso en cierta manera le da algo de distinción. Y esa es la razón por la que es tan sorprendente. Ahora, escuche esto: ¿se da cuenta que lo largo de la historia de los fariseos y los saduceos ellos nunca tuvieron nada en común fuera de su odio mutuo en contra de Jesucristo? Es sorprendente. Eso es lo que los unió. Y una vez que Jesucristo entró a la escena, inclusive cuando Su precursor entró a la escena, Juan el Bautista, ellos se unieron porque vieron a alguien y un mensaje que era la una amenaza a su seguridad.

Por cierto, los saduceos se desvanecieron de la existencia en el año 70 d. C., cuando vino la destrucción del templo, los saduceos, simplemente, desaparecieron. Los fariseos regresaron poco después y básicamente, son responsables por un rediseño de lo que hoy en día se conoce como el judaísmo reconstituido. Son los que en cierta manera lo volvieron a unir después de la destrucción del templo.

Ahora, permítame resumirlo. El fariseo era un ritualista. El saduceo era un racionalista. El fariseo era un formalista y el saduceo era un pensador libre. El fariseo era un separatista y el saduceo era un escéptico. El fariseo era alguien que era común y corriente y el saduceo era un aristócrata. Entonces, en términos de lo que eran en la vida, había diferencias. En términos de lo que ellos creían, había una diferencia. En términos de su enfoque a la religión, había una diferencia.

Pero quiero que entienda algo muy importante. Aunque ellos diferían, ellos estaban en acuerdo perfecto en una cosa y esa cosa era ésta: que usted, por sus propias obras, usted puede ganarse lo que usted quiera. ¿Se da cuenta? Para el saduceo, hombre, todo es aquí y ahora. Y entonces, aprovéchalo al máximo mientras puedas. Para el fariseo, todo está en la vida después de la muerte. Pero la manera en la que usted lo recibe es trabajar como loco aquí con esfuerzo personal.

Entonces, usted tiene los saduceos trabajando fuerte aquí y ahora y tiene a los fariseos trabajando duro para obtenerlo después. Y en eso, ellos estaban de acuerdo, que lo que usted recibía, usted lo recibía mediante el esfuerzo personal, al ganárselo. Entonces, la religión para ellos era el externalismo, el esfuerzo personal. Y de pronto, aquí viene Juan el Bautista. Y Juan el Bautista está ahí y está diciendo: ¿saben lo que realmente importa? Su corazón. Lo que está adentro importa. Y hombre, ahí terminó todo. Ellos se pegaron con la pared. Su énfasis estaba fuera, el énfasis de Juan era el interior. El énfasis de ellos estaba por fuera y el énfasis de Jesús estaba adentro. Y Jesús les dijo: afuera todos son ustedes sepulcros blanqueados. Y por dentro, están llenos de ¿qué? De huesos de hombres muertos. Apestan. Sepulcros blanqueados, sepulcros blanqueados. ¿Se da cuenta? Jesús exhibió a los fariseos por su externalismo.

En Mateo, permítame leerle Mateo 23:23: “¡ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas porque diezmáis la menta, el eneldo y el comino!” ¿Saben lo que es eso? Hierbas y plantas y semillas. Hombres, ellos tenían 10 semillas, ellos quitaban una pequeña semilla en la ofrenda. Realmente, era muy quisquillosos. Pero Él dice: ya han hecho a un lado los asuntos más importantes de la ley como la justicia, la misericordia y la fe. Ustedes son muy buenos en las semillas, pero son terribles en la justicia, misericordia y la fe. Ustedes solo se concentran en lo externo. Ya ciegos, que coláis el mosquito y se tragan el camello. Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas. Ustedes limpian lo de afuera del vaso y el plato, pero por dentro están llenos de impiedad.

Hombre, realmente Jesús los confrontó. E hizo lo mismo con los saduceos, con un látigo, cuando los expulsó del templo. Y Él se volvió enemigo de ambos grupos. Ellos odiaban a Jesús, lo despreciaban. Y de acuerdo con Mateo 27:18, la Biblia dice que lo envidiaban. Tenían celos de Él. Y finalmente, ellos mostraron su verdadera unidad. Escuche, permítame decirle algo, y le enseñé esto en Gálatas y se lo recuerdo aquí: sólo hay dos religiones en el mundo - la religión de mérito Divino y la religión de mérito humano. Eso es todo. Sólo hay dos religiones. La religión de mérito Divino dice que Dios hizo todo - simplemente, créalo y recíbalo. Y la religión del mérito humano, la cual dice que usted tiene que hacer algo o todo. Y los fariseos y los saduceos, aunque diferían en su teología en cosas como esta, ambas eran parte de la religión del mérito humano. Y escuche, esa es una religión que ha sido promovida por Satanás desde la caída. Lo mismo. Es lo mismo. Y finalmente, estuvieron de acuerdo porque ellos eran instrumentos del diablo. Pero tenían que estar en línea con la religión del mérito humano juntos para pelear contra la religión del mérito Divino representada por Jesucristo. Y Él vino y se redujo eso.

Y Jesús inclusive los condenó juntos, como también los condenó de manera separada. Y en Mateo 16, versículo 6, Jesús dijo: guardaos y tengan cuidado de la levadura de los fariseos y de los saduceos. Cuidado con su naturaleza farsante, son malos. ¿Sabe una cosa? En la actualidad tenemos fariseos y saduceos. Tenemos ritualistas y racionalistas, ¿no es cierto? Los ritualistas son los legalistas, los racionalistas son los liberales. Los ritualistas son las personas que nos dicen que, si podemos contar suficientes cuentas, seremos salvos. Los ritualistas son las personas que nos dicen que, si tan sólo hacemos ciertas ceremonias por fuera, estamos bien.

Y los racionalistas son los que nos dicen bueno, la Biblia realmente no es la Palabra de Dios. Y usted en cierta manera sólo tiene que ‘sentir’ a Dios en su propia manera personal. Y Jesús realmente no es Dios encarnado, Él simplemente fue un hombre bueno que debemos seguir. Y mientras que pueden diferir dramáticamente, los legalistas dicen ‘tienes que hacer las cosas que las reglas dicen’. El liberal dice ‘oye, hombre, lo que está en tu cabeza está bien.’ Y aunque difieran mucho, ambos son la religión de mérito humano. Sea por hacerlo o por pensarlo, es el esfuerzo del hombre. Es lo mismo. Es lo mismo.

Y, por cierto, y cuando vienen a Juan, regresemos a Mateo 3, probablemente debemos hablar de Mateo 3, puesto que es nuestro texto. Mateo 3, y me enredo en todo esto, pero en Mateo 3 encontramos algo muy interesante en el griego. Pero cuando Él ve a muchos de los fariseos y los saduceos, lo que me parece interesante en esto es que en el griego ahí hay dos nombres, pero sólo un artículo. Y me parece que Juan en cierta manera está señalando el hecho de que Él los vio como un grupo. Es algo así como si estuviera diciendo “y cuando Él vio a los fariseos y saduceos,” simplemente son como un grupo, una clase de farsantes religiosos. Una clase de personas que están enredadas en la religión del mérito humano. En un caso, era obtenlo ahora, en otro caso, espéralo después. Pero en ambos casos, eran lo mismo.

Usted dice: “bueno, si están tan mal y ellos creen lo que creen con su mérito humano, ¿por qué vienen a ser bautizados?” Buena pregunta. ¿Por qué vienen a ser bautizados? ¿Qué quieren de Juan? Bueno, ¿sabe una cosa? La Biblia no nos dice por qué vinieron. Pero le voy a dar algunas razones en las que pensé.

En primer lugar, pudieron haber venido porque eran curiosos. Digo, si la ciudad entera de Jerusalén salió ahí, usted sabe que van a salir. Y es sorprendente que ellos se dieron cuenta que era una amenaza también para ellos, ¿verdad? De lo contrario, no se habrían unido. O por lo menos podemos asumir que estaban unidos porque aparecen juntos de manera tan frecuente después de esto. Y creo que también la Biblia nos dice, usted sabe, que todos los hombres perciben que Juan el Bautista era un profeta. Y creo que ellos se sintieron intimidados por la población que pensaba que este hombre era un profeta de Dios. Y quizás, inclusive ellos tenían unas verdaderas preguntas porque había habido un silencio profético durante 400 años. Quizás, ellos pensaron que la gente estaba bien. Quizás, el hombre es un profeta. Ciertamente, no podemos quedarnos aquí y quedarnos como ignorantes mientras que todo el mundo en la ciudad está saliendo a ver qué es lo que estaba pasando. Tenemos que saber quién es este hombre. Y entonces, bajo la presión de la curiosidad y bajo la presión de la gente que está creyendo que él es un profeta, ellos se aparecen.

Y también tengo otra cosa. Creo que quizás ellos pensaron que, si no se unían a la gente, podrían haberse quedado afuera y entonces la gente habría sabido algo que ellos no sabían y hubieran perdido su influencia. Y creo que también ellos probablemente querían meterse al movimiento para que pudieran llegar a la cima y apoderarse. Escuche, eso es algo antiguo. Tenemos eso en el cristianismo en la actualidad. Encontramos a todo tipo de persona que está a cargo de iglesias y a cargo de organizaciones en el cristianismo que no son cristianos. Satanás mete a esas personas ahí. El apóstol Pablo nos dijo eso. “Cuidado, porque cuando yo me vaya, lobos rapaces entrarán sin perdonar al rebaño.” Cuidado con los falsos maestros, cuidado con los falsos apóstoles, cuidado con la gente que quiere entrar y que quiere apoderarse de la Iglesia, líderes falsos. Ellos querían entrar, este era un movimiento que iba a hacer una diferencia. Si este era un movimiento que iba a cautivar a la gente, entonces ellos estaban dispuestos a inclinarse para conquistar. Ahora, usted puede ver que todas eran las razones equivocadas. No había arrepentimiento real. No había confesión real de pecado. No había una espiritualidad honesta. No había una búsqueda real de Dios. No había una tristeza genuina que despedazaba el corazón. No había deseo porque un corazón pecaminoso se volviera justo para prepararse para el Rey venidero y Su Reino. Eran tan arrogantes y eran personas que estaban tan involucradas en la justicia personal que se exaltaban a sí mismas y creían que eran los exaltados en el Reino. Y simplemente, podían venir como eran y sin arrepentirse. No hubo conversión alguna, ni transformación. Simplemente, eran hipócritas engañosos. Simplemente, salieron caminando, preocupados por sus propias cosas y se encontraron con Juan y no sé qué es lo que supieron de este hombre, pero estoy seguro que ellos no recibieron lo que esperaban.

Entonces, pasamos de la congregación a la confrontación. Observe lo que sucede. ¡Qué saludo! Cuando él los vio venir por el bautismo, ellos iban a llevar a cabo su farsa, como puede ver. Ellos estaban ahí en una actuación, iban a ser bautizados, iban a hacer que todos pensaran que realmente eran parte de todo esto y quedarse en una posición de liderazgo en la comunidad. Si todo el mundo lo está haciendo, vamos a hacerlo también. Aquí estamos, ¿no es cierto? Digo, eso pasa el día de hoy, ¿no es cierto? Digo, si usted va a nacer de nuevo y va a ser parte de esto, bueno, nazca de nuevo. Y después, lo que se necesite para hacer esto, usted lo hace, ¿se da cuenta? Si nacer de nuevo lo va a hacer que usted sea elegido, hombre, entonces nazca de nuevo, lo que se necesite. Y entonces, eso es exactamente lo que pasa aquí. No queremos quedarnos afuera. Tenemos que entrar, ser parte de esto y mantener nuestro control. Y entonces, pasamos de la congregación a la confrontación. Y el buen Juan el Bautista los clava con un relámpago y les dijo: “generación de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera?”

Ahora, ese es un enfoque muy directo. Hombre, eso está muy lejos de decir “damas y caballeros, aquí vienen nuestros líderes estimados.” ¡Oh, generación de víboras! ¿Quién los trajo aquí? Los hijos, orgullosos de Abrahán, los líderes honrados de la nación y él dice “generación de víboras”. ¿Y sabe una cosa? Al Señor le gustó ese título para ellos porque Él lo usó mucho. Se volvió algo bastante común. Jesús les dijo en Mateo 12:34 generación de víboras. Y después, en Mateo 23:33 Jesús les vuelve a decir generación de víboras. Hombre, esto es bastante fuerte. ¿Qué quiso decir con esto? Bueno, él exhibe en una expresión el pecado grande y fatal que los caracterizaba. Él los condena instantáneamente como farsantes religiosos.

Permítame decirle por qué. Víboras, echidna, es una palabra griega interesante. Se refiere a una víbora del desierto pequeña, venenosa, muy conocida por Juan el Bautista. Y esa víbora era tan engañosa, se veía como una rama muerta o un pequeño palo, una pequeña vara y se quedaba inmóvil hasta que alguien comenzaba a recoger varas para quemarlas en el fuego y ¡fuhh! Y eso es exactamente lo que sucedió en Mileto en Hechos 28, usted recuerda, en el versículo 3, ahí con la fogata. Y Pablo estaba ahí en el fuego y eso se veía como una vara. Y mordió a Pablo en Hechos 28. Esa era la víbora, engañosa. Atacaban de manera repentina y metían sus dientes y liberaban su veneno.

Ahora, él no sólo los llama víboras, sino que los llama generación de víboras porque simplemente eran producto de personas que los precedieron. Realmente, habló del pecado de sus padres. Pero eran hipócritas mortales. Ellos estaban envenenando a una nación entera con su engaño fatal. Ellos se presentaban como si fuera personas que no hacían daño a nadie, pero eran venenosas. Y, por cierto, era apropiado que los llamara víboras porque aquel en quien encontraban su origen, su propio líder, no era nada más que una víbora misma.

¿Y quién era esa persona? Satanás. Apocalipsis, capítulo 12, versículo 9 y Apocalipsis, capítulo 20, versículo 2 Satanás es visto como una serpiente. Él es una serpiente en el huerto. Juan 8, él es un engañador. Él es un mentiroso. Y entonces, él los llama venenosos, víboras venosas engañosas.

Y después, él les dice esto, esto es simplemente increíble, él les dice: ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera? Y esto encaja con las víboras. Juan conocía muy bien el desierto. Y básicamente, en el desierto, si usted estuviera ahí en el día de hoy, usted vería esto. En lugares en el desierto había pasto, había césped que no era muy grande, muy largo, y estaba muy seco y usted ve partes de esto, quizás queda parte ahí de una cosecha, pero algunas veces está creciendo por ahí. Quizás el agua del Jordán permitió que hubiera algo de crecimiento y después, conforme viene el calor del verano, el Jordán se vuelve algo más estrecho, se seca. Y está muy seco. Y de vez en cuando, ahí en el desierto, así como Juan bien lo sabía, usted ve estos pequeños arbustos con espinas que no tienen agua. Están en una situación de sequedad extrema. Y algunas veces, un incendio en el desierto vendría. Y cuando había algún incendio en el desierto, se extendía como un río de flamas por ese pasto seco. Y esos pequeños arbustos con espinas e invariablemente, y esto es todavía una realidad, enfrente de este muro de fuego, salían corriendo estas pequeñas víboras y otros pequeños escorpiones y criaturas del desierto que estaban huyendo para guardar su vida.

De hecho, lo mismo sucedía cuando un campo era quemado. En la actualidad, en Norteamérica, todavía quemamos campos después del cultivo. Ellos hacían lo mismo en ese entonces. Durante el tiempo en el que el grano estaba creciendo, las víboras se escondían en el grano. Y vivían ahí. Y después, de pronto, venía la época de cosecha y podían soportar la cosecha y después, venía el incendio de ese campo. Y si el campo estaba haciendo quemado, usted veía a estas pequeñas víboras que salían huyendo por el desierto enfrente del fuego.

Y entonces, Juan el Bautista enfrenta a las víboras y les dice ¿qué les hizo huir para encontrar seguridad ante los fuegos del juicio? ¿Ve usted aquí la escena? Esto es vívido. Él ve a estas personas huyendo de enfrente de la flama. Es como si les preguntara ¿quién los trajo ustedes, víboras? ¿Quién los sacó de sus agujeros? Hombre, realmente es fuerte. Esta es una confrontación fuerte. ¿Qué los sacó de sus agujeros? ¿Qué fuego los hizo que se movieran?

Y usted sabe, en su propia mente y en su propio corazón él sabía qué fuego era. Era el fuego del juicio de Dios, el cual está a punto de tocar. Pero eso no fue realmente lo que los movió. Ellos no fueron movidos por el fuego del juicio de Dios. Ellos fueron sacados de sus agujeros por Satanás. El diablo los había empujado ahí para que pudieran presentar ahí su hipocresía. Y así como las víboras que están huyendo delante de un fuego, ellos estaban huyendo y saliendo ahí como si fueran perseguidos por Satanás. Ellos deberían haber estado corriendo ahí para huir de la vida de Dios con un arrepentimiento real.

Observe la frase al final: ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera? Y ahí Juan amarra todo. Fue la ira venidera de la que él estaba hablando. Por cierto, la palabra ira ocurre 300 veces en el Antiguo Testamento y muchas veces en el Nuevo Testamento se refiere al juicio de Dios. ¿Quién les advirtió acerca del juicio de Dios? Y en su hipocresía, usted sabe, ellos hubieran podido pensar: “oh, vamos con todos los demás,” ustedes saben. Pero realmente no estaban huyendo del juicio de Dios porque realmente nunca lo habían enfrentado. Y entonces, él los condena. Esta es una confrontación. Dice ustedes son unas víboras, unos farsantes. ¿Quién realmente hizo que ustedes salieran ahí pretendiendo huir de la ira venidera? ¿Quién realmente los sacó aquí? Claro, la respuesta era Satanás. Entonces, vemos la congregación y la confrontación.

Ahora, vea usted la condenación, versículo 8. Y aquí Juan les abre lo que tiene que suceder. Él vio la farsa. Él los vio pretendiendo estar huyendo de la ira venidera, por así decirlo, huyendo para prepararse para el Mesías y él dice ‘ustedes son unos farsantes, ¿quién los envió a hacer esto?’ Y él reconoció su farsa y entonces, les presenta una declaración verdadera, una manera en la que pueden probar que realmente son genuinos.

Versículo 8: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.” Escuche, si realmente está huyendo de la ira venidera, si ustedes realmente son víboras que están huyendo delante del fuego, permítanme ver el fruto de su verdadero arrepentimiento. Enséñenme que es genuino. ¿Y cuáles son los frutos de arrepentimiento? Una vida transformada. Ése es el fruto de arrepentimiento. En Hechos 26:20 dice el apóstol Pablo respondiendo al rey Agripa acerca de su ministerio, dijo que él iba por todo Damasco, Jerusalén, las fronteras de Judea y después a los gentiles para que se arrepintieran y se volvieran a Dios. Y ahora escuche esto, “e hicieran obras dignas de arrepentimiento.”

Usted tiene al fruto de arrepentimiento ahí. Usted tiene las obras de arrepentimiento en Hechos 26. ¿Cuáles son? Observe Lucas 3, se las voy a mostrar, el mismo discurso de Juan como se registra Lucas. “Permítanme ver la legitimidad de su arrepentimiento. ¿Realmente están huyendo de la ira venidera? Permítanme ver el fruto. Y lo puede ver en el versículo 7 dice: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?” Versículo 8: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.” ¿Cuáles son? Pase al versículo 11, versículo 10. “Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.” Ahora, eso es bastante simple, ¿no es cierto?

Ahora, usted puede regresar a Mateo. Lo que está diciendo ahí es que debe haber un cambio en su estilo de vida. Deje de hacer lo que solía hacer. Haga cosas justas, no cosas injustas. Sea amoroso y amable y comparta. Él les dice a los fariseos y saduceos: “si ustedes tienen dos túnicas, denle una alguien. Y si tienen comida, dénsela a alguien que tiene hambre. Permítanme ver algo en su vida.” Eso es exactamente lo que Santiago dice. La fe sin obras es ¿qué? Muerta. Usted nunca probará el verdadero arrepentimiento a menos de que el fruto del arrepentimiento y la obra de arrepentimiento sea visible. El verdadero arrepentimiento manifestará una vida cambiada. Y hay una pequeña palabra hermosa aquí, “haced pues frutos dignos de arrepentimiento”. Esa palabra griega que significa del mismo peso. En otras palabras, debe haber obras que son del mismo peso con el arrepentimiento para que pueda saber si es legítimo.

Y esto no era una realidad en ellos. Y él lo sabía y ellos lo sabían y todo el mundo que los rodeaba lo sabía. Y entonces, él los confronta. Si ustedes vienen aquí con arrepentimiento genuino, veámoslo entonces. Veamos su vida cambiada. Eso es lo que he estado diciendo durante tantos meses y creo que en los últimos dos años lo he estado diciendo. Cuando todas estas personas vienen aquí dicen: “ya nací de nuevo,” y lo único que puedo oír es a Juan diciendo “muy bien, entonces muéstrame los frutos del arrepentimiento.” Muéstrenmelos. Ése es el mensaje.

Ahora, ellos sabían lo que era el verdadero arrepentimiento. Usted dice “bueno, quizás ellos no sabían.” Oh, sí, lo sabían. Escuche, esos son judíos conocían el arrepentimiento. Ellos lo saben de adentro hacia afuera y de cabeza. El arrepentimiento era parte de su vida, era central para su manera de pensar. Era un elemento central en su teología, central en el Antiguo Testamento. G. F. Moore escribió, y cito: “que Dios de manera plena y libre quita el pecado de un penitente es una doctrina cardinal del judaísmo.” Fin de la cita. Los rabinos mismos lo dijeron, y cito, “grande es el arrepentimiento porque trae sanidad en el mundo. Grande es el arrepentimiento porque alcanza al trono de Dios. La ley fue creada 2000 años antes de la creación, dijeron los rabinos. Pero el arrepentimiento fue creado antes de eso, dijeron ellos. Los rabinos dijeron, y cito: “un hombre puede disparar una flecha por unos cuantos metros pero el arrepentimiento alcanza el trono de Dios. Y para los judíos, decían los rabinos, el arrepentimiento es el camino a Dios.” Fin de la cita. Y de nuevo, Moore lo dice, y cito, “el significado transparente primordial del arrepentimiento en el judaísmo siempre ha sido un cambio en la actitud de un hombre hacia Dios y en su conducta, una reforma moral y religiosa del individuo.” Fin de la cita. Ellos sabían todo eso. Ellos sabían lo que era el verdadero arrepentimiento.

Maimónides, ese gran erudito judío de la época medieval define al arrepentimiento en términos judaicos tradicionales con estas palabras, y cito: “¿qué es el arrepentimiento? El arrepentimiento es el que pecador deja su pecado. Lo saca de sus pensamientos y resuelve de manera plena en su mente que nunca lo volverá a hacer.” Fin de la cita. Siempre habían tenido esa perspectiva.

El Antiguo Testamento estaba literalmente cargado de palabras llamando al judío al arrepentimiento, a cambiar su vida, eliminar el pecado y el lugar del pecado, establecer la justicia. Jeremías, capítulo 33, versículo 18. Y le estoy mostrando esto para que sepa que eran responsables, ellos sabían. Bueno, probablemente es Ezequiel 33:18. Sabía que era uno de los dos. Sí. “Cuando el justo se vuelve de su justicia y comete iniquidad, él morirá por ella. Pero si el impío se vuelve de su impiedad y hace aquello que es justo y recto, él vivirá por ello.” Escuche, ellos sabían cuál era el estándar de Dios. Nunca hubo duda al respecto. Volverse del pecado y volverse a Dios. Óseas 14:1: “oh Israel, regresa al Señor tu Dios porque tú has que has caído por tu iniquidad. Toma contigo palabras y vuélvete al Señor. Dile quita toda la iniquidad y recíbenos en gracia.” Eso era parte de su historia entera.

La pequeña profecía de Jonás, ese maravilloso registro, en el capítulo 3, versículo 10: “y Dios vio sus obras, que se volvieron de su maldad, de su mal camino. Y Dios se arrepintió de la maldad que Él había dicho que haría en contra de ellos y no lo hizo.” ¿Quiere saber algo maravilloso acerca de ese versículo? Dice que Dios vio sus ¿qué? Sus obras. ¿Sabe usted que Dios evalúa el arrepentimiento? Escúcheme. ¿Sabe usted cómo Dios evalúa el arrepentimiento? ¿Por qué? Sus obras, su fruto. No dice que Dios leyó sus pensamientos. No dice que Dios oyó sus oraciones. Dice que Dios vio sus obras. De hecho, los maestros judíos solían enseñar que uno de los versículos más importantes en el Antiguo Testamento era Isaías, capítulo 1, porque en el versículo 16 había nueve normas de arrepentimiento. Lávense ustedes mismos, límpiense, quiten la maldad de sus obras delante de mis ojos, dejen de hacer maldad, aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia, alivien al oprimido. Juzguen a los huérfanos, ruegan por las viudas. Eso es algo fabuloso.

Como puede ver, así es como todo comienza. Primero usted se lava a sí mismo y después, se limpia y quita la maldad delante de sus ojos y deja de hacer maldad. Y después, aprende a hacer lo que está bien. Y después, busca la justicia. Y como puede ver, comienza desde adentro. Y después, se manifiesta afuera. Y después, usted alivia al oprimido, juzga al huérfano y ruega por la viuda y todo se alinea en obras, las cosas que usted hace para manifestarlo.

Escuche, los judíos conocían el arrepentimiento. Ellos lo conocían no como una tristeza sentimental sino como una verdadera transformación divina. Ellos lo sabían. Ellos sabían lo que era y ellos sabían que eran farsantes. Los fariseos y los saduceos deberían haber conocido los frutos del arrepentimiento. Ellos deberían haber conocido las obras del arrepentimiento. Y entonces, Juan el Bautista les dice haced pues frutos dignos de arrepentimiento. Si ustedes están realmente aquí buscando ser bautizados, entonces veámoslo. Veámoslo.

El arrepentimiento, decían los rabinos, es como un mar. Un hombre puede bañarse en el en cualquier hora. ¿Y sabe usted una cosa? No pude evitar pensar, conforme veía este versículo, ¿se da cuenta de que el versículo 8 es de hecho una invitación? Mientras que es una condena, también es una invitación. Él dice “por favor, les estoy dando la oportunidad. Hagan frutos signos de arrepentimiento.” Los rabinos solían enseñar que las puertas del arrepentimiento nunca se cierran. Así es la misericordia de Dios, que Él recibe inclusive el arrepentimiento secreto. El rabino Eleazar dijo, y estoy citando, “es el camino del mundo cuando un hombre ha insultado a su prójimo en público, y después de un tiempo busca reconciliarse con el que los otros dicen tú me insultas públicamente ¿y ahora quieres reconciliarte conmigo entre tú y yo solos? Ve y trae al hombre en cuya presencia tú me insultaste y me reconciliaré contigo.” Pero Dios no es así. Un hombre puede estar de pie y blasfemar en un lugar público al Santo y el Santo le dice: “arrepiéntete entre nosotros dos solos y te recibiré.” Fin de la cita.

Nunca olvidaré una ocasión en mi vida cuando pasaron años después de que un hombre que estaba en el ministerio públicamente condenó a otro hombre en el ministerio y se extendió esto. No le voy a mencionar quién es, pero usted sabría. Simplemente, lo condenó de este fin del país al otro. El hombre que fue condenado se fue con el otro hombre y dijo: “si te he ofendido, lo siento. ¿Aceptarías mi arrepentimiento y me darías tu perdón?” Y el hombre, lo oí salir de sus propios labios, le dijo “yo le dije a ese hombre tú hiciste un problema público de esto, debes presentar un arrepentimiento público antes de que te perdone.” Eso es lo opuesto de la manera en la que Dios opera. ¿No le da gusto a usted esto? Los rabinos siempre pensaron que Dios tomaría a un hombre sin importar lo que él hubiera hecho en un lugar público, si él se arrepentía, Dios lo perdonaba en privado si nunca nadie lo supiera. Él no tenía que regresar y corregir todo.

Y entonces, estos fariseos y saduceos, ellos lo sabían esto. El arrepentimiento les fue extendido, la oportunidad estaba ahí, estaba disponible. Pero Juan fue más allá de eso porque él sabía que ellos no se arrepentirían. Él sabía lo que estaban pensando. Él dijo: “y no penséis decir dentro de vosotros mismos.” Ahora, ¿no le molesta a usted cuando alguien le lee la mente? ¡Hombre! “y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.” ¡Ustedes tienen a Abraham como padre! Dios puede darle un hijo a Abraham de una roca. Ustedes no son tan importantes. Al decir esto, él está diciendo “dejen de depender de su linaje de Abraham como un pasaporte al cielo.”

Hombre, esto realmente fue un shock para ellos. ¿Se da cuenta usted de que los judíos ortodoxos creían que eran salvos por el hecho de que eran judíos? Estoy seguro que usted sabe eso. Los rabinos decían, y cito: “todos los israelitas tienen parte en el mundo venidero.” Fin de la cita. Ellos lo creían. Ellos hablaban acerca de, escuche esto, ellos hablaban acerca de beneficiarse de los méritos de los padres. De que disfrutaban de los méritos derivados de los padres. Ellos tenían su propio tesoro judío de méritos.

Otra cosa que los rabinos enseñaban era que Abraham estaba sentado en las puertas del infierno para que cualquier israelita que resultaba estar ahí, simplemente por azar, por así decirlo, que Abraham simplemente lo rechazaba y hacía que diera la vuelta y no entrara al infierno. Ellos decían que eran los méritos de Abraham lo que capacitaba a las naves para viajar con seguridad por los mares y que era debido a los méritos de Abraham que la lluvia descendía sobre la tierra. Y que fue gracias a los méritos de Abraham lo que capacitó a Moisés el entrar al cielo y recibir la ley. Y que fue debido a los méritos de Abraham que la oración de David fue oída. Inclusive, para los impíos, estos méritos eran suficientes. Ellos dijeron: “si tus hijos fueran meros cuerpos muertos sin vasos sanguíneos o huesos, tus méritos, oh Abraham, serían suficientes para ellos.” Ese es simplemente el espíritu que Juan está reprendiendo. Una persona degenerada no puede reclamar la salvación en base a pasado heroico. Un hijo malo no puede rogar en base a los méritos de un padre santo. Ellos estaban tratando de aferrarse a su nacionalidad. Ellos estaban totalmente equivocados.

Y más adelante, cuando confrontaron a Jesús, la situación empeoró, porque ellos dijeron “somos los hijos de Abraham, Tú no nos puedes hablar así.” Abraham es nuestro padre. Y Jesús respondió y les dijo que, “si ustedes fueran los hijos de Abraham, ustedes harían las obras de Abraham.” ¿Se da cuenta? Y regresamos al asunto de las obras, el fruto de arrepentimiento. “Pero ahora ustedes me buscan matar, un hombre que les ha hablado la verdad que yo oí de Dios.” Y Abraham no hizo esto. Y después, él les dijo: “francamente, ustedes son de su padre ¿qué? El diablo.” Él es su padre, no Abraham. Ningún mérito religioso, ningún nacimiento va a librarlos.

¿Y sabe algo que me parece muy interesante? ¿Sabe usted que el hombre rico en el infierno en la historia que Jesús contó acerca del hombre rico y Lázaro -se acuerda usted de eso? El hombre rico fue el infierno, el hombre rico era un hombre cuyo padre era Abraham, eso es correcto. Su padre era Abraham. Y le voy a decir algo más, él inclusive oyó a Abraham llamarlo “hijo” y eso no le ayudó para nada. Él reconoció a Abraham como padre. Y Abraham lo reconoció como hijo y no le ayudó para nada. Ningún mérito religioso funciona.

Y los fariseos y saduceos que fueron confrontados por Juan se dirigían al infierno porque estaban dependiendo de su descendencia de Abraham para obtener seguridad eterna. Eran judíos y eran tan arrogantes. Y entonces, él les dice “Dios puede tomar estas piedras y hacer hijos para Abraham de ellas.” ¡Qué declaración!

Como puede ver, esto minimiza la importancia de ser un hijo de Abraham. Pero más allá de eso, escuche esto, es una declaración simbólica, creo yo. Si estos judíos, escuche esto, si estos judíos al convertir sus corazones en piedra, al resistir la gracia convertidora de Dios, si ellos querían hacer eso, si ellos querían convertir sus corazones en piedra, entonces Dios tomaría las piedras sin vida, inútiles, cosas muertas, y las convertiría en sus hijos. Y yo creo que esas piedras son símbolos de los gentiles. Si usted quiere convertirlas en rocas muertas sin vida e inútiles, yo voy a tomar a los gentiles muertos, sin vida, inútiles y los voy a convertir en hijos.

Y en el capítulo 8, versículo 10, Jesús dijo lo mismo. Él conoció a siervo de un centurión que era gentil - y Él escucho y se maravilló y dijo: “de cierto os digo que no he encontrado una fe tan grande en Israel.” Nunca he conocido a un hijo así. Y aquí hay una roca que puedo convertir en un hijo. “Y yo les digo que muchos, esto es gentiles, vendrán del este y el occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. Pero los hijos del Reino, los judíos, serán echados en las tinieblas de afuera. Y habrá lloro y crujir de dientes.” Si Dios encuentra a un hijo que se ha convertido en una roca, Él encontrará una roca a partir de la cual Él pueda hacer un hijo. Y entonces Juan los confronta y los condena.

Y entonces en el versículo 10, y simplemente lo leeremos y vamos a retomar nuestro estudio aquí la próxima vez, él dice “y ya también el hacha esta puesta a la raíz de los árboles.” En otras palabras, el hombre que va a derribar el árbol tiene ya su hacha junto al árbol para destruirlo. Y ahora, él realmente se vuelve serio y vamos a cubrir eso la próxima vez.

Permítame preguntarle esto conforme cerramos. ¿En que está confiando usted? ¿En que está confiando usted para su salvación? Los fariseos confiaban en sus obras, su justicia personal. Eran buenos. Ellos guardaban todas las reglas religiosas. Los saduceos, ellos simplemente iban a disfrutar de la vida mientras que pudieran. Ellos no se preocupaban por el futuro. Todo era aquí y ahora. Pero juntos, eran arrogantes porque pensaban que habían heredado el Reino. Después de todo, eran hijos de Abraham. Y usted sabe, oigo eso de gente el día de hoy, sólo que lo dicen de esta manera: “¿por qué?, si yo básicamente soy bueno, Dios nunca me haría eso o me enviaría al infierno. Él nunca haría eso.” Y el hacha ya está puesta a la raíz de su árbol porque ellos nunca han hecho frutos de arrepentimiento. Un fruto que manifiesta conversión genuina, confesando pecado y reconociendo a Jesús como Rey. Oremos.

Padre, gracias de nuevo en esta noche por una palabra clara a nosotros acerca del arrepentimiento. Puede haber algunas personas aquí en esta noche, estoy seguro que las hay; las hay a quienes el mensaje de Juan les es muy importante. ¿Qué está haciendo usted aquí? ¿Qué está haciendo usted aquí? ¿Quién lo trajo a usted aquí? ¿Quién lo sacó del fuego de juicio si usted es un engañador porque nunca ha hecho frutos de arrepentimiento real? Probablemente, hay algunas personas aquí que están en esta Iglesia en esta noche, que quizás son parte de esta Iglesia, que parecen ser algo que no son, que parecen estar corriendo hacia Dios, huyendo de Su ira, que parecen ser parte de Su pueblo, huyendo de su pecado y juicio a Él. Pero el hecho o la realidad es que no lo son porque no hay evidencia, no hay fruto de arrepentimiento. No hay nada de esa vida piadosa que manifiesta la verdadera conversión.

Padre, oro porque es tu lleves a cabo una obra en sus corazones, toques a personas para que sean verdaderamente convertidos. Pienso en lo que Pablo dijo, que debemos examinarnos a nosotros mismos para asegurarnos de que realmente seamos salvos. Y la manera de ver esto es en la manifestación del fruto. Por aquellos, Padre, que están aquí en esta noche que quizás no te conozcan, oro que en esta noche abran su corazón, vengan con una fe arrepentida confesando su pecado, no dependiendo de sus propias obras, de su propia bondad, de su propio esfuerzo personal, inclusive, que dejen de depender en padres cristianos quizás un legado, una herencia. Sino que vengan corriendo delante del fuego del juicio, buscando genuinamente la gracia de la salvación. Oramos todo esto en el nombre de Cristo. Amén.

 

 

 

 

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