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Mateo 3, versículos 7 al 12. Esta es una muestra del tipo de predicación que proclamó el precursor de Jesucristo. Permítame leérsela comenzando en el versículo 7, Mateo 3: “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará Su era; y recogerá Su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.”

Ahora, en estos pocos versículos, encontramos una muestra de la predicación de Juan el Bautista. Y básicamente, su mensaje siempre es el mismo, como nos es indicado en el registro del Evangelio. Es un mensaje que llama al arrepentimiento y no es diferente aquí. Encontramos eso al verlo en el versículo 8, que él llama a que hagan frutos de arrepentimiento. Y en el versículo 2 del capítulo vemos que su mensaje fue “arrepentíos porque el Reino de los cielos se ha acercado.”

Permítame retroceder un poco antes de entrar al texto. Dios le prometió a Su pueblo un Salvador. Todos estamos conscientes de eso. Dios les prometió un Mesías, un Rey. E inclusive a lo largo de la época del declive moral y espiritual de Israel, inclusive a lo largo de la época de la decadencia de Israel, aún a lo largo del tiempo de la disciplina de Israel, el Espíritu Santo continuó través de la boca de los profetas hablando de la venida del Rey, el Mesías, en Cristo. Y la esperanza siempre se mantuvo viva, por lo menos en los corazones del remanente piadoso, conforme el Espíritu Santo usó a hombres como Isaías y Jeremías y Ezequiel y Joel y Zacarías y Malaquías para cantar una y otra vez las canciones del esplendor del Rey y de Su Reino venidero. Inclusive en épocas de decadencia e inclusive en épocas de disciplina, el mensaje todavía estuvo ahí. Y para aquellos que eran piadosos, era oído y era creído y la expectativa llenaba sus corazones.

Esto se llevó a cabo a lo largo de la historia de Israel hasta el gran período de silencio después de Malaquías. El Antiguo Testamento termina con la profecía de Malaquías. Y ese es el fin de la voz profética desde el punto de vista de la historia del pueblo de Dios. Y, de hecho, Malaquías, el último libro del Antiguo Testamento termina de esta manera: “he aquí, os envío a Elías el profeta antes de la venida del gran y terrible día del Señor. Y él convertirá el corazón de los padres a los hijos y el corazón de los hijos a sus padres. No sea que Yo venga e hiera la tierra con una maldición.”

La última declaración del Antiguo Testamento es que iba a venir un hombre que realmente vendría en el Espíritu y poder de Elías y él convertiría a muchos del pueblo de Israel al Señor su Dios y realmente, esta era una profecía de ¿qué hombre? Juan el Bautista. De tal manera que el Antiguo Testamento termina con una declaración acerca de la venida de Juan el Bautista, el Nuevo Testamento también comienza con el ministerio de este hombre. Y en el medio de este período de 400 años de silencio, cuatro largos siglos desde Malaquías a Juan el Bautista, en donde no hubo una voz inspirada por Dios que hablara el mensaje del Mesías, el del Reino venidero de justicia y de paz. Pero, así como repentinamente comenzó el silencio, así repentinamente fue roto por la predicación poderosa y valiente de un profeta en el desierto llamado Juan el Bautista o Juan el Bautizador, cualquiera de los dos está bien.

En el capítulo 3, versículo 1 es presentado de esta manera: “en aquellos días vino Juan el Bautista,” y él rompió el cielo silencioso como un cometa. Él fue la primera voz profética en 400 años y su mensaje fue el mensaje más esperado de cualquier mensaje que jamás pudo ser presentado. Su mensaje era que el Reino de Dios se ha acercado, el Rey está por venir. Aquello para lo cual Israel había esperado, la expectativa del Reino. Aquel a quien esperaban ver, el Rey mismo se acercaba, estaba por llegar. Y hemos aprendido en nuestro estudio que Juan el Bautista fue el Heraldo del rey. Él fue el anunciador, él fue el precursor. Y entonces, lo hemos conocido porque esto encaja con el plan de Mateo. Mateo escribió su Evangelio entero para presentar a Cristo como Rey. Y Mateo sabe bien que todos los reyes tienen un Heraldo. Todos los reyes tienen un anunciador. Todos los reyes tienen un precursor o a alguien que endereza el camino, que prepara las cosas para su llegada. Y como consecuencia, Mateo procede a presentarnos a este Heraldo para que él pueda afirmar desde otro ángulo que Jesucristo de hecho era un Rey. Como cualquier rey, Él tuvo un Heraldo, no sólo cualquier Heraldo, no sólo cualquier precursor, sino que, de acuerdo con Mateo 11:11, Juan el Bautista fue el hombre más grande que había nacido hasta su época. De hecho, un gran hombre.

Entonces, Mateo nos presenta a Juan porque encaja con su tema. Y el mensaje de Juan fue el mensaje de arrepentimiento, el mensaje que era necesitado para preparar a Israel. Porque la tragedia de la situación, como lo hemos visto, era que, aunque el Rey estaba por venir y aunque el Reino era inminente, el pueblo no estaba listo y el pueblo no podía recibir el Reino. Había pecado en Israel. Israel estaba perdido. De hecho, Israel no era diferente que los gentiles en este punto. Y esa es la razón por la que Juan predicó un bautismo, porque el bautismo de hecho era el rito mediante el cual un prosélito gentil atravesaba para convertirse en parte de Israel. Y Juan, de hecho, estaba diciendo “ustedes están afuera, viendo hacia adentro.” Las buenas noticias, el Rey viene. Las malas noticias, no están listos. Necesitan convertirse. Necesitan ser cambiados. La palabra arrepentimiento literalmente es convertirse. Necesitan ser transformados. Necesitan convertir su vida y prepararse para el Rey o no podrán recibir Su Reino.

Y entonces, fueron malas noticias las que Juan predicó antes de que fueran buenas noticias lo que él anunció. Las malas noticias, observe el versículo 2, arrepentíos. Las buenas noticias, el Reino de los cielos se ha acercado. Ése fue el mensaje doble que Juan predicó antes de que el Reino pueda pudiera ser recibido, tenía que haber arrepentimiento. Antes de que ellos pudieran llegar al lugar de bendición y ser parte de lo que Dios había planeado, el Reino, ellos habían llegado al lugar de conversión, transformación. Ellos tenían que llegar al lugar de conversión, de transformación. Un giro de 180°. Alejarse de su pecado, un cambio fundamental en su relación con Dios y la manera en la que ellos estaban viviendo sus vidas tenía que llevarse a cabo.

Y como dije, fue simbolizado por el bautismo. El símbolo de los prosélitos gentiles que entraban al judaísmo. Y realmente, los judíos eran personas que estaban afuera. Este fue un mensaje contundente. Un mensaje que los sacudió. Entonces, el arrepentimiento fue lo que identificó el mensaje de Juan.

Ahora, el arrepentimiento es algo importante. Es una gran, gran verdad bíblica. Y quiero que lo entienda antes de que volvamos a ver su mensaje. El gran teólogo Eric Sauer dijo lo siguiente y creo que es un buen resumen del pensamiento del arrepentimiento. Él dijo esto, y cito: “el arrepentimiento es una acción triple. En el entendimiento significa conocimiento del pecado. En los sentimientos, significa el dolor y la tristeza. Y en la voluntad, significa un cambio de mente.” Fin de la cita. Y los tres tienen que estar ahí. En general, y sígame en este punto porque quiero explorar estos 3 por un momento, en general, entonces, el arrepentimiento involucra en primer lugar la mente. El entendimiento. En segundo lugar, tristeza en las emociones o los sentimientos. Y, en tercer lugar, un cambio de vida. Un cambio de patrón, un giro. Llegar al punto en el que usted ve la verdad en su mente. Y entonces, usted clama con el apóstol Pablo miserable de mí. Y tiene tristeza. Entonces, usted quita toda posibilidad de redención personal y se vuelve y se convierte alguien que depende de manera total de la gracia de Dios.

Sabemos en el Nuevo Testamento que esa redención es presentada como un regalo. Dios ha conseguido redención, dice en Hechos capítulo 5, capítulo 11. La redención es un regalo de acuerdo con 2 Timoteo capítulo 2, versículo 25 en donde la Biblia dice en mansedumbre, instruyendo a aquellos que se oponen por si quizás Dios les conceda arrepentimiento. Es un regalo de Dios. Dios concede este regalo en una medida triple. Veámoslos. Ya los hemos mencionado. Veámoslos de manera específica.

En primer lugar, es la parte intelectual. Y, por cierto, en cada uno de estos, lo intelectual, lo emocional y llamaremos el elemento volitivo del arrepentimiento, tienen una palabra diferente en el Nuevo Testamento. Y es muy interesante. Cada de uno de ellos tiene una palabra diferente de tal manera que son delineados por el Espíritu Santo también.

En primer lugar, está lo intelectual. El arrepentimiento comienza cuando hay un conocimiento de pecado, cuando hay un reconocimiento de pecado. Entonces, Juan, como cualquier buen predicador de arrepentimiento, confrontó a la gente con su pecaminosidad. Tenía que haber un entendimiento de pecado involucrando un sentido de culpabilidad personal. Un sentido de contaminación personal, un sentido de desesperanza personal.

Ahora, todas estas tres son ilustradas de manera muy apta en el Salmo 51: tome su Biblia y pase conmigo por un minuto y le voy a mostrar esto. Vemos el elemento intelectual del arrepentimiento en el Salmo 51, versículo 3. Este, por cierto, es el corazón arrepentido de David clamando a Dios después de su pecado terrible con Betsabé y el asesinato de su marido Urías. Él cometió adulterio con Betsabé y después, para eliminar a su marido, él lo metió en una batalla e instruyó a sus soldados a que lo metieran al corazón de la batalla y después, lo dejaran ahí hasta que fuera matado. Y en respuesta a eso, su corazón está quebrantado y se arrepiente. Pero, en primer lugar, está la parte intelectual en el versículo 3. “Porque yo reconozco mis trasgresiones y mi pecado esta siempre delante de mí.” Versículo 7: “purifícame con hisopo y seré limpio. Lávame y seré más blanco que la nieve.” Versículo 11: “no me eches de Tu presencia. No quites Tu Santo Espíritu de mí.”

Ahora, en esos tres versículos hay un reconocimiento del pecado. Versículo 3, de manera explícita. Porque yo reconozco mis trasgresiones. Mi pecado esta siempre delante de mí. Versículos 7 y 11, implícito. El sentido que él necesita ser limpiado, el sentido que él necesita ser purificado, de que hay algo que está mal que Dios lo puede dejar, versículo 11. Que el Espíritu Santo puede serle quitado. Y entonces, hay un reconocimiento. Un reconocimiento del pecado, un reconocimiento de lo que somos delante de Dios. Ése es el principio del arrepentimiento.

La historia cuenta que Lady Huntington fue invitada o más bien invitada, debo decir la duquesa de Birmingham a que viniera a oír a George Whitfield predicar. La duquesa respondió del siguiente modo, y cito: “es monstruoso que se te diga que tienes un corazón tan pecaminoso como los miserables comunes que se arrastran sobre la tierra. Es intensamente ofensivo e insultante.” Fin de la cita. Bueno, lady Huntington fue insultada cuando George Whitfield intentó llamarla que reconociera su pecado y como consecuencia, ella nunca entró al acto de arrepentimiento.

El Señor Moody, después de predicar a los prisioneros en una cárcel de Chicago, los visitó celda por celda. Y en la primera celda, él encontró a dos hombres jugando cartas. Y ellos dijeron: “estamos aquí porque testigos falsos han testificado equivocadamente contra nosotros.” En la segunda celda, el hombre dijo que “el hombre culpable había escapado y yo sólo fui cómplice y estoy aquí.” Y en la tercera celda, sólo en esa celda, el Señor Moody encontró a un hombre que estaba llorando por sus pecados. Y ahí es donde el Señor Moody se detuvo. Como puede ver, el reconocimiento del pecado intelectualmente es donde el arrepentimiento comienza.

Henry Drummond, quien escribió ese pequeño libro maravilloso acerca de La Cosa Más Grande del Mundo en 1 Corintios 13, algunos de ustedes quizás lo han leído, después de oír la confesión de pecadores, en una ocasión, dijo esto, y cito: “estoy cansado de los pecados de estos hombres. ¿Cómo puede Dios tolerarlo?” Fin de la cita. El reconocimiento del pecado es el principio, pero no es el final. Es sólo el principio. El verdadero arrepentimiento involucra más que eso.

Permítame mostrarle por qué digo eso. Un faraón endurecido en Éxodo capítulo 9, versículo 27, dice “he pecado”. Un Balam doblemente cegado en Números 23:34 dijo “he pecado”. Y un Acán lleno de remordimiento en Josué 7:20 dijo: “he pecado”. Un Saúl no sincero en 1 Samuel 15:24 dijo: “he pecado”. Un Judas desesperado, sin esperanza, dijo: “he pecado.” Pero en ninguno de esos casos la Biblia jamás registra que el arrepentimiento verdadero se llevó a cabo, porque el elemento intelectual es únicamente el principio del arrepentimiento, no el final del mismo.

Debe haber, en segundo lugar, lo emocional. Y, como lo dice Eric Sauer, esto es lo que tenemos en los sentimientos. Nosotros vamos de la mente a los sentimientos y se vuelve un reconocimiento no sólo del pecado, sino que el pecado es una abominación a Dios Santo. Y después, ahí hay un sentido abrumador de culpabilidad en las emociones. El Salmo 51 nuevamente, en este Salmo en donde David está enfrentando su pecado, encontramos este elemento en el versículo 1: “Ten misericordia de mí, oh Dios, conforme a Tus misericordias, conforme a la multitud de tus misericordias borra mis trasgresiones. Lávame de mi iniquidad y límpiame de mi pecado.” Y como puede ver, aquí hay un hombre clamando por misericordia y el único hombre que necesita misericordia es un hombre ¿qué es? Culpable.

Como puede ver, los hombres inocentes no necesitan misericordia. La justicia está bien para ellos. Son los hombres culpables que necesitan misericordia. Y David reconoce aquí que él es culpable y que sus emociones han sido conmovidas.

En el versículo 10, “crea en mí un corazón limpio”. Él ve la maldad en su corazón. “Oh Dios, renueva un espíritu recto en mí”. Versículo 14, “líbrame la culpabilidad de sangre”. Y David inclusive sintió la ansiedad y el dolor en su cuerpo físico. Él clama a Dios en medio de este pecado en una angustia terrible en su corazón. De hecho, ahí atrás en el Salmo 32, él dice: “cuando callé por mi pecado, mis huesos envejecieron a través de mi gemir todo el día, día y noche tu mano fue pesada sobre mí. Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Como cuando su lengua se seca, cuando usted sabe que ha hecho algo mal y está enfrentando la prueba, David simplemente se secó. Sus huesos le dolían. Él tuvo respuestas fisiológicas a la emoción de la culpabilidad.

Y vemos que el arrepentimiento involucra no sólo un elemento intelectual, sino un sentido emocional de culpabilidad, de un reconocimiento profundo de que el pecado es contra el Dios Santo y un sentido de tristeza abrumador. Y amados, quiero apresurarme a añadir que todos los elementos verdaderos del arrepentimiento, todos los actos verdaderos del arrepentimiento deben incluir esta característica. Debe estar ahí.

Usted lo tiene en Lucas, capítulo 18 y esta declaración interesante acerca del joven rico. Y cuando él oyó esto, él se entristeció mucho porque era muy rico. Usted dice “hombre, pero eso es bueno, él tenía tristeza.” Sí, pero hay algo que está mal con ese tipo de tristeza. Cuando hablo de, ahora escuche esto, cuando hablo de dolor emocional del pecado me refiero al dolor que viene por la de violación de un Dios santo, no por las consecuencias. Tiene que ser lupe kata theon. Tiene que ser una tristeza dirigida hacia Dios. Tristeza que es meramente un sentido de vergüenza porque todo el mundo descubrió o tristeza que es realmente el temor de las consecuencias, es egoísmo. Y eso está orientado hacia el egoísmo. La verdadera emoción, la verdadera culpabilidad emocional. La verdadera tristeza en el corazón es porque Dios ha sido violado y eso es lo que constituye el verdadero arrepentimiento.

Hay muchos que están tristes porque fueron sorprendidos en su pecado, ¿no es cierto? Hay muchas personas que lamentan que perdieron su reputación. Muchas personas que lamentan que enfrentaron algunas consecuencias. Eso es diferente. Escuche esto: el verdadero arrepentimiento no piensa en las consecuencias, no piensa en la opinión de otra persona y no piensa en justificar su pecado, piensa en que transgredió a Dios. Piensa en que es culpable de manera personal. Entonces, es lupe kata theon. Tristeza hacia Dios. Ése es el punto. Y cuando hay arrepentimiento genuino, habrá este sentido profundo de tristeza dirigido hacia un Dios Santo que ha sido ofendido. Judas, cuando él traicionó a Cristo y fue condenado, dice en Mateo 27:3 que se arrepintió, pero no fue un tipo de arrepentimiento genuino. No fue el tipo correcto. No fue el arrepentimiento que es hacia Dios, ese fue el arrepentimiento que dice “no me gustan las consecuencias” y eso es diferente.

Entonces, usted comienza con el intelecto y después, se mueve a los sentimientos. Pero no importa qué tan convencida esté la mente por el pecado, y no importa el dolor que enfrenten las emociones, inclusive en el camino correcto, el arrepentimiento genuino nunca sucederá sin la tercera área. Y esa es la volitiva. Intelectual, emocional y volitiva. Tiene que haber un acto de la voluntad. Tiene que haber un cambio de dirección. Con David, él lo reconoció. Él se sintió culpable por ello. Y su culpabilidad fue dirigida hacia Dios. Pero lo que realmente hizo que el arrepentimiento se llevara a cabo fue el hecho de que él llevó a cabo un acto de la voluntad en la cual él dijo “ya no volveré a hacer esto”. Voy a volverme de esto. Él cambió su patrón de vida.

Observe el Salmo 51, versículo 5. “He aquí en maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre. Él reconoce que esto es el pasado, esta es la manera en la que fue. Pero en el versículo 7, él dice: “purifícame con hisopo y seré limpio. Lávame y seré más blanco que la nieve. Se volteó. Voltea a esta depravación. Voltea a esta pecaminosidad. Crea, versículo 10, en mí un corazón limpio Dios, renueva un espíritu recto dentro de mí.

Como puede ver, su voluntad quería un cambio dramático. Esto es vital. Eso es vital. Eso es ilustrado, creo yo en el Nuevo Testamento en muchos casos, uno de los cuales es especialmente significativo: el hijo pródigo. En primer lugar, el hijo pródigo sabía intelectualmente que había hecho algo mal, ¿no es cierto? Y después, él manifestó emociones y comenzó a ver lo que los cerdos comían y comenzó a darse cuenta en qué desastre tan terrible se encontraba. Pero finalmente, fue volitivo en Lucas 15:18. Dijo: haré, me levantaré, diré. Y él dice ¿qué? “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Hazme como uno de tus jornaleros.” Y se levantó y fue a su padre. Ahí estuvo el acto de arrepentimiento genuino consumado. Él se movió en la dirección de Dios.

En Lucas 23:42, usted tiene arrepentimiento genuino cuando el ladrón dice en el versículo 41: “nosotros sufrimos justamente, recibimos lo que merecen nuestras obras.” Él dice: “yo reconozco que soy un pecador. Este hombre no ha hecho nada mal.” Y le dijo a Jesús “Señor”. Y ahí el hombre cambió su lealtad, ¿no es cierto? Durante mucho tiempo, a sí mismo o a Satanás o aquello a lo que había servido como Señor, pero ahora, era Jesús. Señor, acuérdate de mí cuando vengas en Tu Reino. A partir de ahora, quiero ser identificado contigo. Hubo un cambio. Su voluntad fue activada. ¿Y el otro ladrón? No le pasó eso. No fue así.

Ahora como puede ver, una vez que ocurre el arrepentimiento, habrá una respuesta inmediata. Y esto es lo que encontramos observando de nuevo Mateo, capítulo 3 ahora. Esto es lo que encontramos en Mateo capítulo 3 y versículo 8 llamado los frutos de arrepentimiento. Cuando esta transformación real, honesta, legítima, intelectual, emocional, volitiva, este giro, realmente ocurre bajo el poder de Dios como un regalo de Dios. Cuando Dios lleva a cabo este milagro en una vida, habrá fruto. Habrá resultados. Todo el arrepentimiento verdadero dará fruto. El mensaje de Juan entonces es de arrepentimiento verdadero. Y Juan está muy preocupado con certificar a cualquier persona que supuestamente se arrepienta en base a que esa persona manifieste ¿qué cosa? Fruto. Si no está ahí, entonces el arrepentimiento no es válido, porque donde hay arrepentimiento real, habrá resultados reales. Donde hay una vida transformada, donde hay conversión y transformación, debe haber un resultado. Y entonces, el mensaje primordial que Juan usa para confrontar a los fariseos y los saduceos es este.

Ahora, regresemos a Mateo 3 y veamos de nuevo esta confrontación. El mensaje de Juan: arrepentimiento. Tiene que arrepentirse y tiene que ser real y honesto y legítimo y debe manifestarse por los frutos de arrepentimiento. ¿Y sabe usted cuáles son esos frutos de arrepentimiento? Se los vamos a recordar en caso de que usted lo haya olvidado en tan sólo un momento.

Ahora, conforme vemos este sermón, muestra, y ya hemos comenzado a verlo y hemos llegado hasta el versículo 10 y vamos a retomarlo ahí, después de un repaso breve, hemos señalado que, en el mensaje de Juan, encontramos cinco elementos. La congregación, la confrontación, la condenación, la conflagración y la consolación. Juan estaba ahí afuera en el desierto, ¿muy bien? Un hombre increíble vestido con un atuendo hecho de piel de camello, comiendo insectos y miel, viviendo no sólo ahí cuando estaba ministrando, sino que él había vivido ahí a lo largo de su vida esperando este momento. Él era el hombre de Dios. Él había sido apartado. Él no había sido corrompido por el sistema. Y simplemente, por la manera en la que él se veía y por la manera en la que él se vestía y comía, él era una reprensión a la gente que tenía una manera de pensar materialista de su época. Él era el profeta de Dios, ungido por Dios para anunciar la venida del Rey y el pueblo comenzó a venir a él por multitudes desde adentro de la ciudad. Ellos comenzaron a venir en masas. Y con todo el pueblo que estaba viniendo, un día apareció un grupo especial.

Y éste es el punto número uno en nuestro mensaje. Y esta es la congregación. Y vimos quiénes eran. Observe el versículo 7: “al ver que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo…” Juan ve un día y aquí vienen los fariseos y los saduceos, los líderes religiosos. Los dos grupos primordiales del judaísmo: los legalistas y los liberales. Los fariseos siendo los legalistas y los saduceos, siendo los liberales. Ellos venían para ser bautizados. En otras palabras, ellos van a hacer lo que fuera necesario para entrar en este asunto. Ellos querían ser incluidos. Ellos temían que este nuevo movimiento pudiera excluirlos. Si el pueblo estaba metido, ellos iban a estar metidos, porque ellos querían aferrarse a su control sobre la gente. Y también podría ser que ellos sintieron en sus corazones que quizás este hombre era un profeta de Dios y quizás había alguna magia en este asunto y debían entrar en esto. O fuera cual fuere su motivo, no era el correcto.

Y Juan lo sabía desde el principio. Ellos querían ser parte de esto. Eran los ritualistas y los racionalistas, no los realistas. No eran hombres que de manera legítima se estaban arrepintiendo. Eran los farsantes. Y, por cierto, es fascinante que recordemos a partir de nuestro último estudio que eran archienemigos. Lo único en lo que jamás llegaron a estar de acuerdo era lo que necesitaban hacer para salvar su carrera política y también estuvieron de acuerdo en la muerte de Jesucristo. Pero fuera de eso, ellos se despreciaban y se odiaban entre sí. Y estaban en un desacuerdo absoluto.

Pero cuando encontraron un enemigo en común que atentaba contra su poder y su autoridad y su prestigio, realmente se unieron. Y entonces, vinieron como hipócritas. Y nos movemos de la congregación a la confrontación. Juan los confrontó como tales en el versículo 7. Y les dijo: generación de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera? Ustedes son unas víboras, ¿qué es lo que los hizo huir del incendio de los arbustos? ¿Qué es lo que los empujó aquí? ¿Qué fue lo que lo sacó a ustedes víboras de sus agujeros? ¿Qué los que los hizo correr? Legítimamente, ¿están huyendo de la ira de Dios? Y les dije la última vez que esa víbora de la que está hablando aquí es una pequeña víbora que se ve como una vara, como una rama. Y está en el desierto. Está ahí afuera. Y cuando había un fuego en ese entonces en ese pasto seco o cuando un granjero quemaba su campo, esas pequeñas víboras salían arrastrándose rápidamente para huir de las llamas. Y Juan el Bautista está diciendo ¿qué fue lo que los persiguió hasta aquí? ¿Realmente es la ira de Dios? ¿Cuál es su motivo real? ¿Qué es lo que los trajo a ustedes farsantes aquí pretendiendo huir de la ira de Dios? Y Juan realmente desenmascara a estos impostores. ¿Cuál es su motivo real?

Bueno, él sabía que no era arrepentimiento genuino. Y entonces, en los versículos 8 al 10 llegamos en tercer lugar a la condenación. Y dice en el versículo 8: “haced pues frutos dignos de arrepentimiento.” Esta realmente es una condenación. Él realmente está diciendo “ustedes son unos farsantes”. Ustedes salen aquí corriendo como todos los demás, pretendiendo arrepentirse y queriendo bautizarse, identificarse con el Mesías y ser parte de todo esto. Ustedes están corriendo aquí supuestamente huyendo del fuego de la ira venidera. Pero, ¿cuál es su motivo real? Sé que no es arrepentimiento genuino porque si lo fuera, habría frutos de esto. Y no veo eso. Más vale que hagan frutos de arrepentimiento legítimo antes de que puedan legitimar su supuesto acto de arrepentimiento.”

Entonces, Juan los desafía y los llama al arrepentimiento genuino en el versículo 8. Y después, lee sus mentes en el versículo 9 y dice: “y no penséis decir dentro de vosotros mismos a Abraham tenemos por padre.” No se estén diciendo bueno, ¿ya se te olvidó que somos judíos verdaderos? Somos los hijos de Abraham. ¿Qué quieres decir con conviértete, arrepiéntete, da la vuelta? Porque somos hijos de Abraham, tenemos una garantía en el Reino. Y entramos en esto, la última vez, ¿no es cierto? En cómo pensaban eso. Juan les dice: “escuchen, más vale que no dependan de eso. Y les digo, Dios puede hacer hijos de Abraham de las rocas si Él quiere.” Eso no es algo difícil.

Y creo, implícito, en las piedras, aquí son los gentiles. Si ustedes judíos quieren convertir sus corazones en piedra, entonces Dios va a tomar a las piedras sin vida, a los gentiles y los va convertir en los hijos de Abraham. Entonces, él dice, más vale que no dependan de su descendencia de Abraham. Más vale que no dependan de su hipocresía de justicia personal. Si esto es real y realmente quieren ser bautizados y realmente están huyendo de la ira venidera, la única manera en la que escaparán la ira venidera es que se arrepientan genuinamente y produzcan el fruto genuino de arrepentimiento y no dependan de su linaje para redimirnos.

Y después, la condenación realmente se enfoca en ellos en el versículo 10. Y vamos a retomarlo aquí. Versículo 10: “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.” Ahora, esto es realmente fuerte. Es una declaración fuerte. En esa época, los hombres mantenían viñedos y tenían jardines. Tenían huertos. Y al final de la temporada de cosecha, el que cuidaba el viñedo, el que cuidaba el huerto, revisaba todas sus viñas y todas sus higueras; y las viñas sin fruto y las higueras sin fruto que estaban muertas y no habían producido ninguna vida en absoluto, las cortaba y no perdía su tiempo en ellas. Y entonces, de nuevo, es una ilustración agricultural y Juan retrata a Dios, por así decirlo, está viniendo revisar el árbol, el árbol que tenga el fruto de arrepentimiento que sea visible. Y donde no lo encuentra, Él coloca el hacha, por así decirlo, en la raíz, indicando que el hacha está descansando ahí, esperando llevar a cabo su trabajo de juicio. El árbol sin los frutos de arrepentimiento es cortado y quemado. Obsérvelo en el versículo 10: “todo árbol que no da buen fruto, los frutos de arrepentimiento, es cortado y echado en el fuego.” Esa es precisamente la ilustración utilizada por nuestro Señor en el capítulo 15 de Juan, versículo 6. Si un hombre no permanece en mí, él es echado como rama y se seca y los hombres las recogen y las echan en el fuego y son quemadas.

Ahora, Juan está diciendo esto: miren, ustedes pueden pretender que están huyendo de la ira venidera, ustedes pueden pretender estar huyendo del juicio de Dios, pero si no hay ningún fruto ahí y están dependiendo de su justicia personal, de su arrogancia y su descendencia de Abraham que los salve, ustedes están en muchos problemas porque el hacha ya está colocada en la raíz de su árbol porque no hay fruto. Hay una inminencia aquí. Él dice, obsérvelo, “el hacha esta puesta a la raíz de los árboles ya”. Ahora, él dice, está ahí. Está ahí ahora. El juicio es ahora, es inminente.

Observe algo que es muy interesante: que el juicio en la predicación de Juan y en toda la predicación profética del Antiguo Testamento estaba conectada con la venida del Mesías, así como lo estaba con la salvación. Y ellos no veían ningún espacio grande como lo vemos en la salvación ahora. Y el gran juicio al final del Reino milenario. Ellos no veían todo el espacio ahí. A ellos simplemente se les dijo, como los profetas siempre lo dijeron, que cuando el Mesías venga, el Mesías va a venir para salvación y vendrá para juzgar y lo veían como uno. Ellos lo veían en unísono.

Escuche, en el templo, cuando Jesús fue llevado ahí como un infante en Lucas, capítulo 2, versículo 34, Simeón dijo esto acerca del niño: he aquí, este niño es puesto para la caída y levantamiento de muchos en Israel. Desde el principio, cuando el bebé vino, fue juicio y salvación. Y lo sabían. Esa fue la palabra de los profetas del Antiguo Testamento. Los profetas del Antiguo Testamento veían el tiempo del Mesías como un tiempo de gran bendición maravillosa y salvación. E igualmente, lo veían como un tiempo de juicio grande y maravilloso y no necesariamente veían que habría un gran cambio o un gran espacio entre ambos puntos.

Pienso en Isaías 11, vendrá un retoño de la vara de Isaí, una rama. Y ese es Cristo. Y habla en el versículo 13 inmediatamente que Él va a juzgar; con justicia, juzgará a los pobres, Él reprenderá con equidad para los mansos de la tierra. Él va a herir la tierra con la vara de Su boca y el aliento de Sus labios será usado para matar a los impíos. Hombre, eso es algo diferente que la historia del bebé de Belén, ¿no es cierto? Los profetas lo vieron viniendo en gran juicio. Isaías 61:1 habrá de este Espíritu del Señor, escuche esto: “el Espíritu de Jehová Dios está sobre mí.” Este es Cristo. Una gran profecía de Cristo. Y él inclusive citó este versículo y Él como el cumplimiento de esto. “Porque el Señor me ha ungido para predicar buenas nuevas a los mansos, me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a proclamar libertad a los cautivos. A libertar de la prisión a aquellos que están cautivos. ¡Qué gran realidad! El Mesías va a venir y va a predicar buenas nuevas a los mansos, va a sanar a los quebrantados de corazón, va a proclamar libertad a los cautivos, va a abrir la prisión para aquellos que están encarcelados. Ése es el elemento de salvación. Y el siguiente versículo dice que él proclamará el año aceptable y agradable del Señor. Y el día de la venganza de nuestro Dios. Un día de ira, un día de juicio, iban de la mano.

El profeta Joel en el tercer capítulo de su breve profecía, esencialmente trata con lo mismo. No vamos a tomar el tiempo para verlo. Pero Juan predicó ese mismo mensaje. Él dijo: oye, el Reino se ha acercado, pero el hacha ya está puesta a la raíz del árbol también. Y no puedo evitar sino pensar en unas cuantas semanas atrás en Mateo que tan pronto como ese pequeño bebé llegó, no pasó mucho tiempo después de que otros pequeños bebés fueron matados, hasta que hubo caos en Israel hasta el año 70 d. C. Y el año 70 d. C. vino y la nación entera de Israel fue ahogada en un mar de sangre y la ciudad de Jerusalén literalmente fue apartada del mapa.

Cuando Juan predicó esta palabra, cuando Juan dijo el hacha está puesta a la raíz del árbol, ¿se da cuenta usted de que la destrucción de Jerusalén estaba tan sólo 40 años de distancia y se terminaría todo? Entonces, estaba el juicio inminente. Por cierto, esto es siempre verdad. Siempre hay un juicio inminente porque el momento en el que usted muere, el momento en el que cualquier hombre muere, hay juicio. Oh, no el gran juicio final del gran trono blanco, pero escuche, cuando usted muere sin Jesucristo, en ese momento, usted está excluido de la presencia de Dios para siempre. Y eso es juicio.

Y, además, Dios trae juicio y venganza inclusive en esta vida antes de que morimos. Si usted vive una vida en violación a los principios de Dios, usted sufrirá las consecuencias aquí y ahora. Lea el libro de Proverbios. La médula en el libro de Proverbios es esta: va a ser bueno para los buenos y malo para los malos aquí y después. Esa es la médula en el libro de Proverbios. Bueno para los buenos, malo para los malos ahora y después. El hacha está puesta a la raíz del árbol. Y claro, en últimas, el juicio del gran trono blanco terrible, aterrador. Un juicio aterrador. Entonces, Juan tuvo que decir: el juicio está tan cerca como el Reino está tan cerca. Si el Reino viene, Él no sólo viene para salvar, sino que Él viene para juzgar.

Y siempre es lo mismo. Por lo que usted hace con Jesucristo, usted determina si Él es el Salvador o el juez. Si continúan aferrándose a su ritualismo, los fariseos y si los saduceos continúan aferrados a su racionalismo, su justicia personal. O si piensan que el bautismo de Juan es algún tipo de solución mágica que va a curar algunos de sus problemas. O si están dependiendo de cualquier obra de la carne, o si están dependiendo de algún rito religioso por su propio beneficio externo. O si se están aferrando a su linaje de Abraham o cualquier cosa como esa, el hacha está puesta a la raíz del árbol. Necesitan arrepentirse.

En Hechos 17:30, el apóstol Pablo predicó que Dios manda a todos los hombres en todo lugar a ¿qué? Que se arrepientan. La otra alternativa es que el hacha está puesta a la raíz del árbol marcado para destrucción inminente. Esa destrucción podría venir mañana si usted muere. Podría venir mañana en la consecuencia del pecado que entró en su vida e inclusive si usted está vivo. Creo que gran parte del desastre y sufrimiento y el dolor y la tristeza del mundo es la consecuencia inevitable del pecado. O vendrá en un tiempo futuro cuando Jesús regrese. Y en últimas, vendrá en el juicio del gran trono blanco. Pero es inminente.

Bueno, aquí no nos dice lo que ellos dijeron. Aquí no nos dice cuál fue su reacción. Pero de nuevo, ése no es el punto de Mateo. El punto de Mateo simplemente presentar al Heraldo del Rey, simplemente presentar al Rey. Lucas nos dice lo que pasó. Lucas nos da el mismo sermón nada más que él llena los espacios de lo que sucedió. Y en el relato de Lucas en el capítulo 3, usted tiene que pasar ahí, veamos lo que pasó. Después de la condenación, primero estuvo la confrontación conforme él le habló a esta congregación única. Después, vino está condenación penetrante. ¿Y cuál fue la reacción? ¿Quiere oír algo sorprendente? Lucas lo registra. Escuche: no hubo reacción en absoluto por parte de los fariseos y los saduceos. Nada. Ninguna. No hubo reacción. Mateo lo registra. No hubo reacción en absoluto por parte de ellos, pero alguien reaccionó. Créame. Versículo 9 de Lucas 3. Aquí está el mismo versículo. Y ahora también el hacha está puesta a la raíz de los árboles. Todo árbol, por tanto, que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Y el pueblo le preguntó diciendo: ¿qué haremos entonces?

Como puede ver, el mensaje ni siquiera era para ellos. Pero ellos eran los que estaban doliéndose por su pecado. Ellos eran los que tenían miedo. Ellos eran los que querían enderezar su vida. Y esa es la diferencia entre el arrepentimiento verdadero y el arrepentimiento falso. A los que realmente les preocupaba, ellos fueron los que dijeron ¿qué haremos? Y hasta donde sabemos, los fariseos y los saduceos no dijeron nada. Y él dijo muéstrenme, enséñenme el fruto del arrepentimiento. Muéstrenme el fruto. Realmente, fue lo que dijo. El que tiene dos túnicas, de una. El que no tiene, ninguna. El que tiene comida, dele a alguien que no tiene. Y los publicanos vinieron y dijeron qué tenemos que hacer. Y él dijo no tomen más de lo que deben tomar.

En otras palabras, es un estilo de vida que es honesto y recto y amoroso. Y los soldados dijeron: “¿y qué haremos? Y él dijo: no lastimen a nadie y no mientan y estén contentos con su sueldo. Ahora, no es que así es como usted se vuelve la persona regenerada. No es que así usted se coloca en una posición correcta delante de Dios. Este es el resultado de estar en una relación correcta con Dios. Pero como puede ver, hubo algunas personas que realmente se preocuparon. Eran los genuinos, no los fariseos y los saduceos. Ellos continuaron con la máscara aún hasta la crucifixión de Jesucristo. El pueblo, ellos querían los frutos del verdadero arrepentimiento manifestados. Y hubo un remanente de personas bautizadas por Juan que estaban listas para la venida del Mesías.

Entonces, vemos la congregación, la confrontación, la condenación. Y, en cuarto lugar, y este realmente es el corazón del pasaje en términos de enseñar doctrinas, la conflagración. Eso significa fuego. Ahora, observe esto, veámoslo. Juan expresa el resultado definitivo de la condenación en términos de fuego. Y al final del versículo 10, las últimas palabras, “y echado en el fuego.” Al final del versículo 11: “y con fuego. Versículo 12, “cuyo aventador”. Hablaremos de lo que significa esa palabra en un momento. Su aventador está en su mano y limpiará su era y recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. El versículo 10 termina con fuego. El versículo 11 termina con fuego. El versículo 12 termina con fuego. Esa es la conflagración que viene en respuesta a la condenación.

Ahora, el fuego es un símbolo bíblico del juicio divino o de castigo divino. Y no podemos tomar el tiempo para cubrir todo elemento de esto. Pero en Génesis 19:24, por ejemplo, dice que el Señor hizo que lloviera en Sodoma y en Gomorra fuego y azufre de parte de Jehová desde el cielo. Ahora, aquí hay una buena ilustración del fuego como un emblema y un símbolo de juicio. Fue fuego literal en Números 16:35 dice acerca de aquellos que habían prostituido al sacerdocio “y salió un fuego de parte de Jehová y consumió a los 250 hombres que ofrecieron incienso.” Algún tipo de fuego simplemente, los devoró. Deuteronomio 4:24 identifica este concepto entonces, con Dios. “Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor.” Deuteronomio 4:24, Él es fuego consumidor. Deuteronomio 32:22, “porque un fuego es encendido en mi ira y quemará hasta los más bajos del Seol y consumirá a la tierra con su incienso y encenderá el cimiento de los montes.”

Ahora, quiero decirle algo, cuando Dios se enoje, habrá fuego. Eso es lo que está diciendo. Y una, y otra y otra vez vemos esto a lo largo del Antiguo Testamento. Otra más que también le puedo dar: Jeremías 4:4: “circuncidaos vosotros mismos al Señor y quitaos el prepucio de su corazón.” En otras palabras, que su religión sea interna. “Vosotros, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén, no sea que Mi furia venga como fuego y queme de tal manera que nadie la pueda apagar debido a la maldad de sus obras.”

Entonces, usted puede ver que el fuego manifiesta a Dios en juicio. Es una manera en la cual Dios define Su acto de juicio. En Malaquías, simplemente como una palabra que concluye el Antiguo Testamento, termina con una palabra acerca de fuego. En el capítulo 4, versículo 1, el último capítulo del Antiguo Testamento, “he aquí viene el día que quemará como un horno y todos los arrogantes sí, y todos los que hacen impiedad, serán hojarasca. Y el día que vendrá los quemará.” Y el Señor dice que Él no va a dejar raíz ni rama.

Y usted encuentra lo mismo inclusive en el Nuevo Testamento: fuego. Jesús habló de esto. En Mateo 5:22 Él dijo: “tú, necio, estás en peligro del fuego del infierno.” Mateo 5:29: “si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti, porque es mejor perder uno de tus miembros y no que no todo tu cuerpo sea echado al infierno. Ese es Jesús el que está hablando. Y de nuevo, ahí la palabra infierno es gehenna. El gehenna de fuego.

Observe Marcos 9:43. Y después iremos a Marcos y luego, a Lucas. Marcos 9:43 de nuevo, simplemente para mostrarle este énfasis en el Nuevo Testamento. “Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala porque es mejor para ti entrar en la vida manco que teniendo dos manos, ir al infierno, al fuego que nunca se apagará, en donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga”. Y aquí usted tiene la idea de este fuego que nunca puede apagarse.

En Marcos 9:47 de nuevo habla acerca de sacar un ojo en lugar de tener dos ojos y ser echado al fuego del infierno. Y en el versículo 48 vuelve a decir “en donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga”. Y en Lucas, usted tiene la misma situación. Lucas 3:17, “la hojarasca será quemada con fuego que nunca se acaba apagará.” Entonces, de manera repetida en el Antiguo Testamento y de manera repetida en el Nuevo Testamento el fuego está conectado con el juicio. Y eso es algo que debemos mantener en mente.

Están en peligro de fuego eterno, del infierno, del gehenna, del juicio, de la condenación. Esto es serio. Juan no está simplemente diciendo ‘hombre, sino hacen esto, van a perderse de la vida abundante. Hombre, si no hacen esto, nunca conocerán la paz y la felicidad. Si siguen viviendo de la manera en la que están viviendo, realmente no van a tener gozo. Realmente, no van a tener una imagen personal positiva.’ Él está diciendo: si ustedes continúan viviendo de la manera en la que ustedes viven, ustedes van a arder en el infierno. Esa es la consecuencia. Y no hay manera de apagar ese fuego.

Jesús lo dijo. No hay manera. Todo árbol, Mateo 7:19, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Todo árbol. Nadie se escapa. Escuche: si Satanás, quien es tan poderoso, inteligente y astuto no se va a escapar de ser arrojado al lago de fuego, ¿qué lo hace pensar a usted que algún hombre podría escaparse?

Y después, en el versículo 12 realmente cristaliza la verdad porque retrata a una era. Es una imagen fascinante. “Su aventador está en su mano.” Ahora, el aventador aquí es una pala. No es una pala como la que usted piensa como una pala. Literalmente, significa una pala. Es una pala para aventar. Es una cosa plana grande. Notará que usted tiene el piso mencionado en el versículo 12 y la limpieza y la pala y esto es lo que sucedía. Esta es una era. Después de la cosecha, todavía estamos lidiando con una serie de metáforas agriculturales aquí. Este era el estilo de vida de Juan ahí en el desierto. Había una era y la era era el piso y era algo único. Ellos tomaban un lugar duro en un campo normalmente donde había una cama de roca y ellos la mojaban y la mojaban y la mojaban y la empacaban y le empacaban y la comprimían hasta que simplemente estaba muy, muy dura. Le daban forma como de un plato de tal manera que estaba más profundo en la parte del medio y después, se volvía no tan profunda - como si fuera un plato hondo. Y después, alrededor, por la parte de afuera, lo que hacían era que apilaban rocas para que actuaran como una especie de un pequeño muro para mantener el grano adentro. Y luego, cuando la cosecha terminaba, tomaban estas pilas, montón por montón del grano o lo que fuera y lo aventaban ahí a la era, esa parte del piso que habían hecho. Y después, ahí había un buey o bueyes dependiendo del tamaño de la era y ese buey o bueyes, lo que hacía era que caminaban alrededor de la era arrastrando grandes pedazos de madera pesados sobre el grano que actuaba como un separador que separaba el grano del resto de la paja y la suciedad y el polvo y todo lo que se había pegado al grano. Normalmente, 30 a 50 pies en diámetro varios metros, eran suficiente para que hubiera una sola era, un solo suelo para llevar a cabo este procedimiento. Y algunas veces, había muchos de ellos.

Ahora, lo que finalmente quedaba era el grano duro. Y entonces, había algo de la cubierta crujiente que estaba ahí sobre el grano y la suciedad y la tierra y pedazos de paja y demás que tenían que ser separados. Y entonces, el granjero, o quien fuera que estuviera haciendo esto, tomaba esta pala plana y normalmente, conforme leía acerca de esto, descubrí que ellos construían esta era en un lugar prominente, si había montañas o montes ahí alrededor, donde el viento podía soplar fácilmente o en un lugar grande, esto es en un campo plano grande en la costa de Sharon.

Y las brisas mediterráneas, particularmente en una época del año, soplaban en una cierta época en la tarde. Y entonces, tomaban esta pala y levantaban todo eso y lo aventaban al aire y el grano caía y la paja y el polvo y la tierra y el resto era llevado por el viento. Sólo el grano caía. A esto se le llamaba limpiar la era. Y esto lo dejaba sólo con el grano o el trigo. Montón por montón, pasaban por todo el proceso. Y conforme la brisa mediterránea venía de mayo a septiembre, a lo largo de la época de la cosecha, ellos atravesaban por este proceso y los granos más pesados caían directamente en este pisto, en el suelo.

Y aquí encontramos al Señor Jesucristo y Él tiene Su era. Su modifica al que viene después de mí que es más poderoso que yo. Y éste es Cristo. Y Él tiene Su pala y está aventando estas cosas en el aire y el trigo cae ahí directamente en el suelo y es recogido ahí en el granero. Y el resto lo hace a un lado, lo recoge y lo quema en un fuego que nunca se apaga. Por cierto, éste es un retrato del juicio final. Y en el juicio final Cristo supervisa el proyecto entero, pero de hecho es llevado a cabo por los ángeles. Los ángeles de hecho llevan a cabo la limpieza. Los ángeles son los que de hecho llevan a cabo la separación. Los ángeles son aquellos a quienes se les asigna esta responsabilidad única. Y veremos esto más adelante conforme estudiamos el libro de Mateo.

Entonces, en la segunda venida de Jesucristo, Él va a venir en juicio y Él la va a separar. El grano bueno -ahora observe esto- el grano bueno se va a granero. ¿Cuál es el granero? Adivine. El cielo. El cielo es el granero. El trigo se va a granero. Y la paja se va al fuego. ¿Y qué es el fuego? El infierno, muy simple. El cielo y el infierno. El grano bueno se almacena en el granero al cielo al Reino. Y los piadosos, los que se arrepientan, son el grano bueno. Son el trigo. Los piadosos que manifiestan el fruto de arrepentimiento son el grano bueno, el trigo. Los verdaderos hijos del Reino son el grano bueno. Y el resto, es paja.

De hecho, ahí atrás en el Salmo 1 el salmista dijo esto: los impíos no son así, no así los malos, sino son como tamo que arrebata el viento. Y entonces, vemos este terrible retrato de juicio. Conflagración. El cielo por un lado y el infierno del otro. Y entonces, Juan los confronta condenándolos y advirtiéndoles del fuego de la venganza de Dios sino manifiestan los frutos de arrepentimiento.

Amados, todo lo que les puedo decir es que el mismo mensaje es una realidad en la actualidad. Todavía es vigente. Jesús vino como un Salvador o juez para ofrecer el cielo o el infierno, bendición o maldición. Y usted es o trigo que va a ser recogido en el granero o usted es paja que va a ser quemada con fuego que nunca se apagará. Y usted va a tomar la decisión en base a que usted produce o no los frutos de arrepentimiento que manifiestan que usted en su mente está consciente de su pecado, que en sus emociones ha reconocido culpabilidad personal y en su voluntad ha invocado al Señor Jesucristo, le ha pedido que cambie la manera en la que usted ha sido. Si eso ha ocurrido en su vida, si el verdadero arrepentimiento y la conversión han ocurrido en su vida, usted es trigo y usted será recogido para el granero.

Y después, Juan -tenemos que terminar con esto- no sólo tiene un mensaje de conflagración para una congregación condenada y confrontada, sino que finalmente un mensaje de consolación, versículo 11. Tiene que haber un positivo y está aquí. Hay esperanza. La salvación es ofrecida aquí, de hecho, inclusive en el versículo 8. El versículo 8, él está rogando a ellos, aunque en cierta manera, es una especie de reprensión. Y aunque los exhibe de manera condenadora. Ahí hay una posibilidad cuando les dice “haced frutos dignos de arrepentimiento”. De cualquiera manera, es una oferta. Ellos pueden responder. Hay una invitación ahí. Y después, en el versículo 10 él dice de manera semejante, “todo árbol que no da buen fruto es cortado.” Y la implicación ahí es que usted podría dar buen fruto.

Entonces, tiene una invitación en el versículo 8 y una potencial en el versículo 10. E inclusive hay una promesa en el versículo 12. Él va a recoger Su trigo en el granero. Usted puede venir y puede hacer buen fruto. Puede ir al Reino. Ya en cierta manera ha presentado aquí un elemento positivo. Usted puede ser parte del trigo preciado para el cual Cristo ahora está preparando un lugar de acuerdo con Juan 14. Para que Él pueda regresar y recibirnos para Él mismo. Él va a regresar a la era y va a recoger el grano, el trigo y se lo va a llevar para que este con Él.

Pero el versículo 11 es muy específico acerca de la consolación. Y él da pistas en el versículo 8, 10 y el 12 y las enfoca en Cristo en el versículo 11. Y él dice: “yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento, pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo. Él los bautizará en Espíritu Santo y fuego.” Ahora, este es un versículo maravilloso que demanda nuestra concentración conforme concluimos. Tres bautismos son mencionados. Obsérvelos. En primer lugar, el bautismo de Juan de arrepentimiento. En segundo lugar, el bautismo con el Espíritu Santo por Jesucristo. Y, en tercer lugar, el bautismo con fuego. El primero, el bautismo de Juan de arrepentimiento fue en preparación para la venida de Cristo, ¿verdad? Fue el bautismo de un prosélito gentil. Fue decirle a Israel ‘ustedes están afuera’. Tienen que estar en una relación correcta con Dios antes de que puedan entrar al Reino. Antes de que puedan recibir al Rey, necesita haber preparación.

El segundo, Juan dice: “el que viene detrás de mí los bautizará con el Espíritu Santo.” Esto fue en conexión con la venida de Cristo. Cristo vino, estableció Su Iglesia, bautizó a la Iglesia en el Espíritu Santo y el tercero será el resultado de Su regreso. El bautismo de fuego. El bautismo de Juan, ¿por qué? Sólo fue una preparación. Simplemente una preparación. Recordará en Hechos 19:4, después, dijo Pablo, “de cierto Juan lo bautizó con bautismo de arrepentimiento diciendo al pueblo que debían creer en el que venía después de él, esto es en Cristo Jesús.” Él simplemente los estaba preparando. Ellos estaban bautizándose como símbolo de una limpieza interna, conforme confesaban sus pecados y establecían una relación de armonía con Dios para que estuvieran listos cuando el Mesías llegara. Esto no fue el bautismo cristiano. Esto fue pre cristiano. Este fue un acto de fe y arrepentimiento del Antiguo Testamento.

Y después, venía otro, él dijo, más poderoso que yo, más poderoso que yo, superior en poder, superior en posición, superior en bautismo. Todo lo que puedo hacer es bautizar con agua. Sólo puedo lidiar, dijo Juan, en símbolos, pero Él lidiará, Él tratará con realidades y Él los bautizará con el Espíritu Santo.

No es sorprendente que usted oiga a Juan decir en un Juan 3:28: “ustedes mismos dan testimonio de mí, de que yo dije que no soy el Cristo, sino que yo fui enviado antes de Él. Aquel que tiene a la esposa es el esposo, pero el amigo del esposo que está de pie y lo oye se regocija mucho por la voz del esposo. Este es mi gozo, por tanto, es cumplido. Es necesario que Él crezca y yo,” ¿qué? “Mengüe.” Él dijo: ‘yo no soy, es Él, es Él. Yo sólo soy el amigo del esposo. Y yo no soy el esposo. Yo sólo soy el amigo.’

Y después, la humildad de Juan es vista de una manera tan hermosa. “El que viene tras de mi cuyo calzado yo no soy digno de llevar es más poderoso que yo.” Literalmente, yo no soy apto para cargar sus sandalias. La palabra en el griego para calzado significa aquello que es atado abajo y simplemente, es una referencia. Solían hacer una suela para la parte de abajo del pie de madera o de piel y simplemente, colocaban esa piel en la parte de abajo del pie y la amarraban simplemente al tobillo y al pie. Los beduinos, en la actualidad, pueden llevar una sandalia así hecha de piel de oveja.

De todas las cosas que un esclavo tenía que hacer, el esclavo más bajo en la jerarquía, la tarea más baja de todas era cargar las sandalias de su amo. Cuando el amo llegaba al hogar, le quitaba sus sandalias, le lavaba los pies, y se llevaba sus sandalias. Esa era la tarea más baja que cualquier esclavo tenía que hacer. De hecho, cuando los discípulos encontraron con Él en el aposento alto la noche antes de que Jesús fuera capturado y llevado, ellos no estaban dispuestos a hacerlo el uno hacia el otro. Eso era demasiado bajo. Y después, estaban peleando acerca de quién iba a ser el más grande en el Reino. Y finalmente, Jesús se tuvo que levantar y hacerlo él mismo.

Y aquí, Juan dice: “yo ni siquiera soy digno de cargas Sus sandalias sucias. Ni siquiera puedo llegar a ese nivel tan alto.” Él está tan por encima de mí. Y es importante que él dijera eso porque en Lucas 3 encontramos a gente que le decía: “¿es este el Cristo? ¿Tú eres el Cristo?” Y hombre, no quería que se confundieran en esto. “Ni siquiera soy digno de lavar Sus pies y llevarme Su calzado. Este los bautizará con el Espíritu Santo.” Esta gran, gran verdad. Aquí está la profecía inicial del bautismo del Espíritu Santo. Que el Mesías taparía de manera total a Juan. En cuanto a su habilidad, Él sería más poderoso. En cuanto su persona, Él sería más digno. En cuanto a Su trabajo, Su obra, Él sería mayor. Y entre Juan el Bautista y Jesucristo había una diferencia de capacidades tan grande como lo sería entre lo finito y lo infinito. Entre lo eterno y lo temporal.

Y Juan dijo: “yo ni siquiera soy digno de cargar Su calzado. Él los bautizará con el Espíritu Santo.” Y así fue, ¿no es cierto? Jesús dijo: “Yo no les puedo enviar al Espíritu Santo hasta que regrese al cielo, pero cuando Yo vaya al cielo, enviaré al Espíritu.” Y lo hizo. Él prometió eso esta última noche con Sus discípulos en Juan capítulo 14 y en adelante. Y Él envió al Espíritu Santo. El Espíritu Santo vino en el día de Pentecostés y bautizó a esos creyentes. Cristo literalmente los bautizó con el Espíritu Santo colocándolos en el cuerpo de Cristo. Primera de Corintios define esto. Primera de Corintios 13 dice: “porque por un sólo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo.” Todos los creyentes son colocados en el cuerpo de Cristo. El bautismo del Espíritu Santo toma al creyente y lo coloca en Cristo. Es lo unificador. Es el acto mediante el cual somos fusionados con Jesucristo. Es el acto mediante el cual somos fusionados con todos los demás creyentes, aquello de lo que estábamos hablando en esta mañana.

Este debió ser un mensaje maravilloso para estas personas porque, como usted puede ver, habían estado esperando al Espíritu Santo. Ellos conocían la profecía de Joel de que Él vendría, el Mesías vendría y Él derramaría el Espíritu en toda carne. Ezequiel dijo: “viene un día cuando Dios va a venir, el Señor va a venir y Él va a quitar el corazón de piedra y les va a dar un corazón de carne”. Y después, Dios dijo: “y colocaré Mi Espíritu dentro de ustedes,” Ezequiel 36.

Esa es la razón por la que cuando Jesús le dijo a Nicodemo “debes nacer de agua y de Espíritu,” Nicodemo sabía exactamente lo que quiso decir. Él quiso decir Ezequiel 36. El agua y el Espíritu ahí no se refieren a nacimiento físico y nacimiento espiritual, se refiere a la tremenda profecía de Ezequiel 36. Ellos estaban esperando al Mesías y ellos sabían que el Mesías traería a Su Espíritu. Isaías 11 profetizó un Espíritu con poder múltiple. Y ellos estaban esperando esto, la venida del Espíritu. Y él dice: “no seré yo, sino Cristo el que vendrá y Él los bautizará con Su Espíritu. Él los sumergirá en el poder y la persona del Espíritu de Dios.”

 Entonces, el anuncio de Juan aquí es profético y sucedió en Hechos, capítulo 2. Y a partir de ese entonces, la profecía de Jesús se volvió verdad. Jesús dijo: “el Espíritu ahora está con ustedes,” pero en Juan 14:17, “Él estará” ¿qué? “En ustedes”. El Espíritu de Dios vino a morar en todo creyente. Entonces, dice Juan, esto va más allá de cualquier cosa que yo pudiera hacer. Lo mío es sólo preparatorio. Y amados, cuando nos convertimos en cristianos, en el momento en el que somos salvos, Dios nos ha concedido en Jesucristo que seamos un regalo. Y Cristo ha determinado que, con este regalo, Él nos concede el Espíritu Santo. Todo creyente es un regalo del Padre al Hijo. Y a cada uno de esos creyentes, el Hijo les concede el Espíritu. Somos colocados en una fusión con Él y el cuerpo de Cristo.

Pero después, hubo otro bautismo. Obsérvelo al final del versículo 11. Dice “y fuego.” Y fuego. ¿A qué se refiere esto? Esa es la verdadera pregunta aquí. Cerraremos al considerarla por tan sólo un momento. Algunas personas dicen: “no, eso es Pentecostés, esto es Pentecostés. Lo tiene usted todo aquí en Hechos 2, bautismo del Espíritu ahí. Y dice sobre toda persona aparecieron como lenguas de fuego. Y entonces, dicen lenguas como de fuego. Ese es el cumplimiento de eso.” Bueno, tengo varios problemas con eso. Número uno, no dice que fue fuego en Pentecostés. Dice que sólo fueron lenguas. Pero en cuanto a su apariencia, se veían como fuego. Lenguas como de fuego, como una pequeña flama, pero era una lengua, no fuego. Aquí no dice que Él los bautizará con el Espíritu Santo y con una lengua que se ve como fuego. Pero eso es lo que sucedió en Pentecostés.

Y, por cierto, yo también añadiría que en Hechos 1:5 Jesús no habló “y fuego”. Cuando Él les dijo que el Padre iba a derramar el Espíritu, Él no dijo “y fuego”. Él nunca hizo esa profecía cuando se refirió a Pentecostés. Y en el bautismo del Espíritu en el caso de Cornelio, no hubo lenguas de fuego como esas. Sin embargo, Pedro, en Hechos 11:16 declara de manera específica que lo que sucedió con Cornelio fue un cumplimiento de la promesa del Salvador. No creo que podemos ligar este fuego con las lenguas que se ven como fuego en Pentecostés, aunque eso sería algo natural que hacer si usted realmente no lo estudiara de manera exhaustiva. Jesús, cuando habló de Pentecostés, cuando Él habló específicamente de Pentecostés, nunca habló de este fuego.

Y como dije en Hechos 11, Pedro dijo que lo que le sucedió a Cornelio, en donde usted no tiene ese fuego o esa apariencia de lenguas indicadas en absoluto, Pedro dijo que ese fue un cumplimiento específico de la promesa del Salvador. Entonces, Su promesa que se relaciona con Pentecostés no incluyó fuego.

Ahora, hay otras personas que dicen que el fuego aquí -y esto fue, recuerdo, esta fue la postura de G. Campbell Morgan, dijo que aquí hay otras personas que dicen que esta es limpieza espiritual. Que cuando Él nos bautiza con el Espíritu Santo, hay un fuego que nos limpia y nos purifica.

Bueno, esa es una buena adivinanza en el mejor de los casos, porque nada en el contexto nos diría eso. Esa simplemente es una adivinanza pura, porque no hay nada en el contexto que apunte a eso. Eso sería simple conjetura. Y yo pensé también en esto, ¿cómo usted podría usted nacer con agua y del Espíritu y al mismo tiempo con fuego. El agua simplemente extinguiría al fuego. Pero, de cualquier manera, mi postura, creo que es mejor ve esto como un juicio separado de fuego. Creo que se refiere a sumergir a los hombres en juicio divino de fuego. Cuando Él viene, Él los bautizará con el Espíritu Santo y fuego.

Ahora, ya vimos, escuche esto, que en las Escrituras el fuego habla del juicio de Dios. Puede ser usado en un sentido refinador, pero habla primordialmente del juicio de Dios y la ira. Estos son bautizos distintos. El anterior, del Espíritu Santo pertenece a todos los creyentes. El último, a todos los incrédulos. El anterior, a aquellos con arrepentimiento verdadero, y el último, a aquellos sin arrepentimiento. Y esto, amados, creo yo que encaja con el uso del contexto del fuego en el pasaje. Si fuego significa juicio, fuego en el versículo 10. Y el fuego significa juicio, fuego en el versículo 12, realmente sería estirar el punto que el fuego significara algo diferente en el versículo que se encuentra entre estos y que el Espíritu Santo hicieron comentario acerca de esto para mostrarnos que significa algo diferente. Encaja con el contexto.

Usted tiene tres oraciones paralelas en los versículos 10, 11 y 12. Cada una de ellas termina en fuego. Y en cada caso el fuego sería lo mismo. No habría razón para hacer ninguna diferencia -fuego de juicio. Y, por cierto, inclusive en Lucas, capítulo 3, versículo 16, Lucas también incluye “y fuego”. Y él incluye “y fuego” porque él tiene las otras imágenes que Mateo tiene, el quemar a los árboles no fructíferos y el quemar al trigo. Por otro lado, Marcos, en Marcos 1:8 y Juan en Juan 1:33 y Hechos 1 y Hechos 11 en donde las imágenes no son usadas - esto es no es usada la paja y los árboles no son usados - en ninguno de los casos, el fuego es presentado. Entonces, el fuego únicamente aparece en el registro del Evangelio y en el libro de Hechos y en pasajes en donde hay otros indicadores que indican qué significa el fuego, lo cual es importante para nosotros al interpretarlo.

Ahora, en las otras dos imágenes, en la imagen en el versículo 10 al cortar el árbol y en el versículo 12, al quemar la paja, dos clases de personas son presentadas. El destino de cada uno de ellos es presentado de manera separada. Buen fruto y sin fruto, cortado y quemado, versículo 12. Trigo y paja, recogido y quemado. Y aquí es lo mismo. Aquellos que creen en el Señor Jesucristo, bautizados con el Espíritu Santo; aquellos que rechazan, con fuego. Con fuego.

Escuche. Había sido predicho por parte de Malaquías que el Mesías purificaría a la nación. Él lo predijo. Él predijo que cuando Él viniera vendría con fuego y que Él purificaría. Pero escúcheme, escuche Malaquías 3:1: “he aquí enviaré a Mi mensajero,” este es Cristo que está por venir, “él preparará el camino delante de Mí,” este es Juan el Bautista, “y el Señor a quien buscan repentinamente vendrá a su templo, inclusive el mensajero del pacto.” Ahora escuche, ¿qué sucede cuando Él viene? ¿Quién permanecerá en el día de Su venida? ¿Y quién permanecerá en pie cuando Él aparezca?

Escuche esto. ¿Se acuerda de esto del Mesías? Porque Él es un fuego ¿qué? Refinador. Y Él se sentará como un refinador y purificador de plata, purificará los hijos de Leví, los purificará como oro y plata. Ahora, esto nos dice que Él va a venir a purificar a las naciones. Pero, ¿cómo? ¿Simplemente al quitar la escoria, simplemente al limpiarlos un poco? No. El capítulo 4 nos dice cómo, versículos 1 al 3. “El día vendrá que arderá como un horno y todos los orgullosos, sí, y todos los que hacen impiedad, serán paja. El día vendrá y los quemará.” En otras palabras, no es simplemente purificación. Esto es consumirlos, los va a quemar, ¿se da cuenta? El fuego predicho en el 3 es descrito en el 4 de Malaquías como aquello que quema. Consume a los impíos como hojarasca.

Y amados, Juan el Bautista 400 años después retomó el punto en donde Malaquías lo dejó y dice: “Israel, Él viene y viene para salvación y viene para bautizarlos con el Espíritu, pero si le dicen no a Él, Él vendrá con el bautismo de fuego, así como Malaquías lo dijo 400 años atrás.”

Para enfaticemos esto al partir. Está la consolación de que viene Uno que bautizará con el Espíritu Santo. El Rey viene y el Rey va a responder al que, versículo 8, haga frutos de arrepentimiento. El Rey va a responder al que da buen fruto, versículo 10. El Rey va a responder al trigo para que sea recogido y colocado en el granero y va a bautizar a aquellos en el Espíritu Santo y con el Espíritu Santo. Ese es el heraldo de Juan. Ese es el mensaje. Y la descripción es suya y mía para que escojamos. Nadie puede tomarla en nuestro lugar. Debemos tomarla por nosotros mismos.

Escuche, Jesús dijo: “Yo vengo a enviar fuego sobre la tierra,” Lucas 12:49. Simplemente escuche. “Yo vengo a enviar fuego sobre la tierra. ¿Y qué si ya esté avivado? Pero tengo un bautismo con el cual seré bautizado y ¿cómo seré detenido hasta que lo cumpla? ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? Os digo no, sino más bien división. Porque a partir de ahora, habrá cinco en una casa divididos, tres contra dos y dos contra tres. El padre estará dividido en contra del hijo y el hijo contra el padre. La madre contra la hija, la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.” Usted pregunta qué es lo que está diciendo. Él está diciendo que Jesús vino a hacer una diferencia.

Jesús vino para ser un fuego, como también un Salvador. Y va a haber división algunas veces, aún en una misma casa, ahí en una familia. En la villa, en Bedford, John Bunyan oyó la voz de Aquel a quien serviría en el futuro. Y de pronto, él se preparó para enfrentar la eternidad, porque la voz le dijo esto: “dejarás tus pecados e irás al cielo o te aferrarás a tus pecados e irás al infierno.” Esa es precisamente la pregunta que Juan el Bautista utilizó para enfrentar a los fariseos y a los saduceos; y la pregunta es la misma el día de hoy. Oremos.

Gracias Padre, gracias en esta noche de nuevo por una palabra clara del Espíritu Santo a través de las páginas de las Escrituras. Te honramos como el Dios que habla la Verdad. Y sabemos que cuando Tú hablas acerca del cielo, es verdad. Y cuando Tú hablas acerca del infierno, es verdad. Sabemos que Tú pides ver el fruto del verdadero arrepentimiento. La manifestación que es real.

Padre, oro en esta noche que Tú te muevas en los corazones de aquellos de nosotros que estamos aquí, particularmente aquellos que no conocen a Cristo. Aquellos que nunca han comprometido, nunca han entregado su vida a Él. Que nunca se han arrepentido verdaderamente. Que vean su pecaminosidad en contraste al fondo de un Dios Santo, que sientan la culpabilidad y la mancha personal y lo horrendo que es ese pecado. Y después, vuelvan su voluntad a Jesucristo y le pidan que los perdone y que controle su vida. Padre, que hagan eso en esta noche. Que esta sea la noche cuando pasen ellos de la muerte a la vida, cuando el hacha que ha estado ahí colocada a la raíz del árbol sea levantada y llevada a otro lugar, porque el árbol de pronto da nueva vida. Cuando aquello que se veía como paja, repentina y milagrosamente ha sido transformado en trigo que será recogido y llevado al granero. Cuando en ese lugar en donde el fruto del arrepentimiento estaba ausente, florece.

Esto oramos, Padre, porque la Palabra de Dios dice que no quieres que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Que nadie se vaya de este lugar sin cumplir ese deseo Tuyo. Amén.

 

 

 

 

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