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Tome su Biblia, si es tan amable, y acompáñeme a Mateo, capítulo 5, versículo 6. Mateo, capítulo 5, versículo 6. Como usted sabe, hemos estado estudiando las bienaventuranzas, hemos estado estudiando el Sermón del Monte. Permítanme leer de los versículos 1 al 6 para prepararnos para lo que viene en el versículo 6. “Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a Él Sus discípulos. Y abriendo Su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.”

Oremos juntos para empezar nuestro estudio en esta noche. Padre, Te damos gracias por esta tremenda verdad que estaremos viendo en esta noche y Padre, deseamos sobre cualquier otra cosa, que el Espíritu Santo nos enseñe. Señor, ayúdanos a entender realmente lo que esto está diciendo. Ayúdanos a escarbar en profundidad en la mina de Tu Verdad y escudriñar profundamente nuestras vidas para ver si respondemos en la manera que debemos. Minístranos Señor conforme consideramos las palabras de Jesucristo en cuyo nombre oramos. Amén.

Al estudiar este Sermón del Monte, Mateo capítulo 5 al 7, estamos estudiando la enseñanza de Jesucristo. El primer gran sermón que nuestro Señor da en el Nuevo Testamento. Ahora, recordará que el tema general de Mateo es presentar a Cristo como Rey. Sólo quiero recordarle eso. Mateo está presentando a Cristo como Rey.

Y entonces, de manera repetida, a lo largo de la primera parte de Mateo como en el resto, él enfatiza algún elemento de la realeza de Cristo. Sea una descendencia real en Su genealogía o sea la adoración de los magos, quienes son los hacedores oficiales de reyes, sea el cumplimiento de las profecías reales del Antiguo Testamento, sea el dominio que tiene sobre Satanás, que lo presenta como un líder, como un gobernador mayor que un rey, inclusive mayor que Satanás, sea lo que sea, la perspectiva de Mateo es presentar a Cristo como Rey.

Ahora, cuando él llega al capítulo 5, él presenta las palabras del Rey o el manifiesto de Su Reino. Las verdades acerca del Reino del Rey. Si de hecho Él es un rey, ¿de qué naturaleza es Su Reino? Bueno, él describe Su Reino en Mateo 5, 6 y 7. Y hemos notado que éste es un Reino espiritual y sus características son características espirituales. Entonces, ésta es una descripción espiritual del Reino del Rey. Y es simplemente otra manera de presentar el hecho de que Jesús es en efecto el Rey.

Y si usted nota al final del Sermón del Monte en Mateo 7, versículo 28, dice: “y sucedió que cuando terminó estas palabras, la gente se admiraba de Su doctrina.” ¿Por qué? “Porque les enseñaba como uno que tenía autoridad y no como los escribas.” No solos fueron Sus palabras las palabras de un rey, sino que Su manera en la que habló, fue la de un rey. Su manera fue la manera de un rey. La manera en la que Él habló fue la manera en la que un rey tuvo autoridad. No necesitó citar a nadie. No necesitó decir: “bueno, quiero que sepan que esto es verdad porque tal y tal dicen que es verdad.” Los rabinos y los escribas siempre necesitaban citar a alguien que fuera famoso. Jesús simplemente lo dijo. No sólo fue la palabra de un Rey, sino que fue la manera de un rey en Su autoridad.

Ahora, conforme vemos al Sermón del Monte, nos damos cuenta que es una presentación maestra de las condiciones para entrar a Su Reino y de las características de aquellos que están en Su Reino. Es un manifiesto del Reino. Es la enseñanza de vivir en el Reino del Rey.

Ahora, comienza con la introducción aquí en los primeros doce versículos. Y Jesús introduce este sermón al decirnos que lo que está buscando es felicidad, lo que Él estaba ofreciendo es bienaventuranza. Cualquier buen predicador sabe que al principio usted tiene que hacer que su audiencia comience a escucharlo. Tiene que decir algo que los enganche.

Y Jesús sabe que el mundo está buscando felicidad, que el mundo quiere conocer bienaventuranza, quiere conocer gozo, quiere tener felicidad, quiere tener significado en la vida y ser gozosos. Y entonces, Él comienza diciendo que les ofrece felicidad.

Pero Su presentación no es exactamente lo que esperaron. Él les estaba ofreciendo felicidad de una manera que nunca antes habían oído en sus vidas. Y como consecuencia, les fascinó. Y para cuando terminó, estaban más que fascinados. Estaban absolutamente asombrados por lo que dijo. Y entonces, nuestro Señor estaba ofreciendo felicidad real, bienaventuranza real; pero es el tipo de bienaventuranza que sólo viene al ser parte de Su Reino. Estas son las verdades de Su Reino.

Y entonces, como dije, expresan tanto una condición necesaria para entrar al Reino como también una característica de aquellos que moran en el Reino. La gente dice: “¿acaso las verdades aquí en las bienaventuranzas son acerca de cómo entra al Reino o de cómo vive en el Reino? Y la respuesta es sí. Todas tienen que ver con cómo usted es cuando entra al Reino y cómo usted será conforme vive en el Reino.

En otras palabras, para entrar al Reino debe ser pobre en espíritu. Y conforme vive en el Reino, usted continúa reconociendo su pobreza espiritual. Para entrar al Reino, usted debe llorar por su pecado. Y conforme continúa viviendo en el Reino como un hijo de Dios, llorará por su pecado. Para entrar al Reino debe venir en mansedumbre, no orgullo. Un hombre orgulloso no puede entrar. Y una vez que usted está en el Reino, la mansedumbre continúa siendo su actitud conforme ve a Dios y conforme Dios se vuelve más y más maravilloso, conforme usted aprende y estudia más. Y para entrar al Reino, usted debe tener hambre y sed de justicia. Y una vez que usted está en el Reino, usted continuará teniendo hambre y sed de justicia, por más de esa misma justicia. Entonces, es ambos una condición para entrar y una característica de vivir en el Reino. Esta es una descripción de entrar y vivir en Su Reino.

Ahora, veamos el versículo 6, este aspecto en particular. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados.” Ahora, esta bienaventuranza habla de un deseo fuerte. Habla de una búsqueda motivadora. Habla de una fuerza apasionada en nuestro interior, una ambición, por así decirlo. Y ambición es una palabra que puede ser usada en un sentido bueno. También puede ser usada en un sentido malo. Hay muchas cosas que la gente busca y se esfuerza por alcanzar y tiene una pasión por tenerlas y tiene ambición por ver su deseo cumplido. Y hay muchos deseos fuertes que son pervertidos que van en el camino equivocado.

Por ejemplo, pienso en Lucifer. Lucifer fue la creación más gloriosa de Dios. Lo más maravilloso que Dios jamás hizo. Y Lucifer tuvo una ambición consumidora, determinada. Él tuvo una pasión que realmente era una fuerza motivadora en su mente. ¿Qué fue? En Isaías 14:13 nos dice cuál fue la pasión de Lucifer, “ascenderé al cielo y exaltaré mi trono sobre las estrellas de Dios. Me sentaré también en el monte de la congregación a los lados del Norte. Ascenderé por encima de las alturas de las nubes, seré semejante al Altísimo.” Su ambición fue ser como Dios. Él tenía hambre. Pero escuche, él tenía hambre de poder. Él tenía una ambición determinada y una pasión consumidora, pero fue por poder. Él tenía hambre de poder. Y en la respuesta de Dios, vemos que Dios dice: “serás llevado hasta las profundidades del Seol, no te das cuenta de tu ambición.”

Y después, estuvo Nabucodonosor. Nabucodonosor, quien fue el rey de Babilonia, el más grande de todos los imperios del mundo. Nabucodonosor, quien fue un monarca como ningún otro después de él. Nabucodonosor, quien gobernó un gran dominio de los hombres. Nabucodonosor, el rey más glorioso de la historia. Y Nabucodonosor tuvo un deseo fuerte. En Daniel, capítulo 4, nos dice de su deseo en el versículo 30. “El rey habló y dijo: ¿no es esta Babilonia la grande que yo he edificado para la casa del Reino por la fuerza de mi poder?”

Si Lucifer tuvo hambre de poder, entonces Nabucodonosor tuvo hambre de alabanza. Entonces, tanta hambre por alabanza tuvo que se alabó a sí mismo y Dios reaccionó. “Oh, Nabucodonosor, tu reino es quitado de ti y te expulsarán de los reinos de los hombres y morarás con las bestias del campo. Y comerás pasto como los bueyes y siete tiempos pasarán sobre ti hasta que sepas que el Altísimo gobierna en el Reino de los hombres.” Lucifer tuvo hambre de poder y Nabucodonosor tuvo hambre de alabanza. Y ninguno de ellos jamás vio el cumplimiento de su ambición.

Hay otro individuo que quisiera mencionarles que tuvo ambición. Hay muchos, pero simplemente les estoy dando una ilustración. Hay muchos, pero en Lucas, capítulo 12, versículo 17, conocemos al necio rico. “El necio rico dijo dentro de sí “¿qué haré, porque no tengo lugar para guardar mis cultivos?” Y él dijo esto haré: derribaré mis graneros y construiré graneros más grandes y ahí guardaré todas mis cosechas y mis bienes.”” No iba a compartirlos con nadie, simplemente nos iba a acumular. “Y diré a mi alma, alma, muchos bienes tienes guardados para muchos, muchos años; regocíjate, come, bebe y descansa.”” Él tuvo ambición. Él tuvo hambre de posesiones. Hambre de posesiones. ¿Y sabe lo que Dios le dijo? “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma. ¿Y de quien serán esas cosas que tú has provisto?”

O, han habido suficientes personas con ambición. Hambrientas de poder, hambrientas de alabanza, hambrientas de posesiones. Podríamos inclusive decir de este hombre, que tenía hambre de placer. Come, bebe, regocíjate. Pero todos fueron necios. Tenían hambre por lo equivocado. No hay nada de malo con la ambición. No hay nada de malo con la pasión. No hay nada de malo con una motivación determinada. No hay nada determinado con un gran deseo si es por lo correcto. Usted pregunta qué es lo correcto. Regrese el versículo 6, ahí está lo correcto. “Felices son los que tienen hambre y sed de justicia.”

Ahora, esta es una afirmación fuerte. El alimento y el agua son necesidades, amados. ¿Se acuerda de eso? Es correcto. Son necesidades. Y así es la justicia. Esa es la primera indicación de esta bienaventuranza. Usted necesita justicia como usted necesita alimento y agua. No está mal tener hambre. No está mal tener sed. Es lo más normal. Es el impulso más normal, común. Es el impulso más necesario y así lo es con la justicia. Nuestra vida física depende del alimento y el agua. Nuestra vida espiritual depende de la justicia. Usted no puede vivir físicamente sin el agua y el alimento y usted nunca vivirá espiritualmente sin la justicia. Piense acerca del aspecto físico y quizás le dará una idea de la intensidad de lo que las palabras de Jesús presentan aquí. Desde que José se reunió con sus hermanos en Egipto en Génesis, el mundo ha sido maldecido con hambre y probablemente aún antes que eso.

El hambre vino a Roma en el año 436 a. C. y causó que miles de personas literalmente se arrojaran al río Tíber y se ahogaran en lugar de morir de hambre. El hambre azotó a Inglaterra en el año 1005 y toda Europa sufrió hambruna en los años 879, 1016 y 1162. Inclusive en el siglo XIX, el siglo pasado, con algunos avances que se han hecho en la tecnología y en el comercio, el hambre paralizó a Rusia, China, India e Irlanda de tal manera que masas de la humanidad murieron. Y en la actualidad, continúa. En la actualidad, en partes de África y partes de la India, miles mueren de malnutrición y las enfermedades que la acompañan. Cientos más de personas perecen en partes de Latinoamérica. El hambre es como la guerra. Es como la pestilencia. Simplemente mata. Simplemente consume.

Y entonces, el alimento y el agua son tan necesarios. Pero todos los horrores que son inimaginables del hambre física palidecen cuando se comparan con el horror del hambre espiritual que es insatisfecho. La sed espiritual que no es satisfecha. Los alimentos físicos son simplemente una probada de un hambre mucho más profunda que enfrenta la humanidad y eso es el hambre espiritual.

Y aquí Jesús está diciendo que lo que un hombre realmente necesita es la justicia. “Y cualquiera que entra a Mi Reino, y cualquiera que vive en Mi Reino tiene un mayor apetito y sed por eso de lo que el hombre tiene, del alimento y el agua.” La gente no salva tiene ambición. Tienen sed y tienen hambre físicamente. Y me imagino que tienen sed y hambre de satisfacción. Pero parecen encontrarla en el lugar equivocado. De hecho, Pedro compara al no salvo con un perro que regresa y lame su propio vómito. Pedro compara al no salvo con un cerdo que regresa y se revuelca en su propio lodo.

Como puede ver, el mundo está tratando de alimentarse de lo que lo nutre. El mundo está tratando de alimentarse de aquello que no puede satisfacer su necesidad. El corazón de toda persona en el mundo, creyente o incrédulo, el corazón de todo hombre jamás creado fue creado con un hambre para Dios.

Pero el hombre trata de satisfacer el hambre por Dios con toda clase de cosas falsas, con la basura, con las algarrobas de los cerdos, como el hijo pródigo. Allí esta, su corazón anhela ser alimentado y él se alimenta del alimento de los cerdos. El perro regresa y lame su vómito. No regresan y anhelan el Pan de la vida. Buscan, lo que las Escrituras dicen, aquello que no es pan. Jesús se ofreció a sí mismo como ese pan. Él sabía que la gente tiene hambre. Él se ofreció a sí mismo como agua. Él sabía que tenían sed.

Jeremías lo dijo vívidamente. Esto es Jeremías 2:13, escuche lo que dice: “me han dejado, la fuente de aguas vivas y se han hecho para sí mismos cisternas,” ¿qué tipo de cisternas?, “cisternas rotas que no pueden contener agua.” En otras palabras, Dios ha hecho al hombre con un hambre y sed de Él, pero el hombre se rehúsa a venir al pozo del agua viva y se construye para sí mismo cisternas rotas que ni siquiera pueden contener el agua.

Es tan triste ver a las personas tener hambre y sed por las cosas equivocadas, hambre y sed de felicidad y significado y satisfacción; e inevitablemente, tratan de llenarse a sí mismos con placeres egoístas, posesiones, poder y alabanza. El hijo pródigo, él anhelaba el placer, él anhelaba poseer. Él anhelaba la popularidad de una vida disoluta, disipada. Pero, acabó con hambre en su alma y finalmente tuvo el buen sentido de recobrar el sentido y decir ¿cuántos siervos en la casa de mi padre tienen pan suficiente y de sobra, y por qué estoy haciendo esto? Y regresó a la casa de su padre y fue recibido con un festín. Y el festín es un retrato de un festín espiritual. El mundo, en su vida disipada trata de llenarse a sí mismo con las algarrobas de los cerdos. Trata de llenarse a sí mismo con los placeres del pecado y termina estando totalmente vacío. Y aquellos que responden al Espíritu de Dios, vienen de regreso corriendo al Padre. Y ahí hay un festín para satisfacer al corazón vacío, para llenar al alma hambrienta, al alma sedienta.

Primera de Juan capítulo 2 advierte que usted no puede encontrar satisfacción en el mundo. “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo.” ¿Que hay en el mundo? Los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida y nada de esto permanece para siempre. Simplemente es viento.

Entonces, en el principio, pregúntese a usted mismo a medida que comenzamos nuestro estudio: ¿de qué tengo hambre? ¿Poder, alabanza, posesiones, placer? ¿Está alimentándose a sí mismo de las algarrobas de los cerdos? ¿Es usted como el perro que lame su propio vómito? ¿El cerdo que se revuelca en su propio lodo? ¿O está buscando la única fuente verdadera? Porque la respuesta que usted de a esa pregunta determinará si usted está en el Reino o no. ¿De qué tiene hambre? El hambre bendita. Los bienaventurados tienen hambre y sed de justicia. Buscan la justicia. Aquellos que están en Su Reino tienen hambre y sed de justicia.

Ahora, hagamos algunas preguntas claves, así como lo hemos hecho para cada una de las bienaventuranzas. Pregunta número uno: ¿cómo es que esta bienaventuranza encaja con las otras? ¿Cómo encaja con las otras?

Bueno, note, en primer lugar, que en el versículo 3 dice “bienaventurados los pobres en espíritu.” Hablamos del hecho de que eso significa moralmente en bancarrota. Esto es el reconocimiento de que usted está privado de cualquier cosa justa. Esto es el reconocimiento de que, ante Dios, usted está totalmente desnudo y vacío. Sin nada. Este es el reconocimiento de que cuando usted ha sumado todo lo que tiene en su vida, suma cero. Este es el reconocimiento que usted no puede ayudarse a sí mismo. Usted no tiene esperanza. Usted es pecaminoso.

Y eso es seguido por la siguiente: “bienaventurados los que lloran.” Y esta es la respuesta a ese reconocimiento. Cuando usted se ve a sí mismo y está quebrantado en su espíritu, usted quiere llorar. Y aquí está la tristeza que viene por la bancarrota moral. Y después, está la mansedumbre. Y la mansedumbre dice: “mírame, en comparación a Dios, no soy nada.” Y la mansedumbre es humildad y cuando usted ve su pecado y usted está quebrantado y llora, usted va a adoptar un lugar de mansedumbre ante Dios. Y en su mansedumbre ante Dios, reconoce que la única esperanza que usted tiene de jamás conocer la justicia es buscarla de la mano de Él. Y entonces, usted llega a la cuarta bienaventuranza. Usted tiene hambre y sed por lo que usted sabe que usted no tiene por sí solo.

Entonces, la progresión es simple. Martin Lloyd Jones escribe, y cito: “esta bienaventuranza sigue, lógicamente, a las anteriores. Es una afirmación a la cual llegan las demás. Es la conclusión lógica a la que llegan. Es algo por lo que todos debemos estar profundamente agradecidos con Dios. No conozco una mejor prueba que alguien se pueda aplicar a sí mismo o a sí misma en todo este asunto de la profesión cristiana que un versículo como este. Si este versículo es para usted una de las afirmaciones más benditas de las Escrituras en su totalidad, usted puede tener la seguridad de que usted es cristiano. Si no es así, más vale que examine de nuevo sus cimientos.” Fin de la cita. Porque si usted ha sido quebrantado en su espíritu y está abrumado con su pecaminosidad y llora por su pecaminosidad y después, mira hacia arriba para reconocer la santidad de Dios, la respuesta debe ser que usted tiene hambre y sed por aquello que Él tiene que usted necesita.

Y si usted no tiene hambre y sed de justicia, usted no es un ciudadano del Reino de Dios. Nuestra sociedad persigue todo lo equivocado. ¿Se da cuenta? Persiguen el dinero, el materialismo, la fama, la popularidad, el placer. Normalmente, todo eso por la avaricia. No necesidad. Pero todo eso es lo equivocado. ¿Y sabe qué es lo triste? Aunque los Estados Unidos nos concede la búsqueda de la felicidad, la gente no la encuentra porque define a la felicidad de un modo equivocado. La felicidad es dinero. La felicidad es placer. La felicidad es tener cosas materiales. Aquí dice “felicidad es quebrantamiento. Felicidad es lloro. Felicidad es mansedumbre. Felicidad es tener hambre y sed de justicia.”

Pero notará la respuesta a cada una de ellas. Regrese al versículo 3: “de ellos es el Reino de los cielos. Recibirán consolación. Recibirán la tierra por heredad. Serán saciados.” ¿No es eso fabuloso? Si usted resume todo eso, ¿sabe lo que obtiene? Obtiene todo lo que hay. Usted está lleno, usted hereda la tierra, usted es consolado, usted hereda el Reino de los cielos. Eso es fabuloso.

En otras palabras, en la condición de Dios, todo va a hacer suyo. Y aquí está el punto: el mundo está como loco tratando de adquirir cosas materiales. De ganar dinero, de ganar todo esto. Pero si vinieran al Reino de Dios en Sus términos, lo recibirían todo al final de cualquier manera. ¿Verdad? Ese es el punto entero. Ustedes se están rompiendo el cuello por tratar de alcanzar lo que Dios les quiere dar, ¿se da cuenta? Y cómo va, conforme trata de alcanzarlo, usted nunca lo alcanzará. Pero si viene conforme a las condiciones de Dios, en donde usted no trata de obtenerlo, usted lo va a recibir. En otras palabras, está disponible como un regalo. Nada más que usted no se lo puede ganar.

Entonces, Jesús está preguntando por qué están trabajando tan duro para obtener todo eso. Los judíos, hombres, estaban trabajando por traer el Reino. Estaban haciendo su máximo esfuerzo por estar confortados, por encontrar consuelo en una situación muy difícil. Y querían heredar la tierra con tanto deseo, podían probarlo. Y estaban tratando de llenar su vida de significado. Y estaban buscándolo todo de la manera equivocada. Y el Señor simplemente les dice “les voy a dar todo lo que quieren. Les voy a dar el Reino. Les voy a dar consuelo actual. Voy a llenar sus vidas con todo lo que necesitan para satisfacerlos. Les voy a dar la tierra entera. Pueden tener todo esto si tan sólo vienen según Mis condiciones: quebrantamiento, lloro, mansedumbre, hambre y sed de justicia.” Y creo que quizás la clave de todo esto es este pensamiento de mansedumbre, porque la persona mansa es la persona que está quebrantada por su pecado y busca el regalo de Dios. No hay orgullo. Él simplemente busca el regalo de Dios.

Y todo ejemplo de mansedumbre, escuche esto, en todo ejemplo de mansedumbre en la Biblia el motivo siempre fue que el individuo conocía las promesas de Dios. Lo voy a decir de nuevo. En todo ejemplo de mansedumbre en la Biblia, el motivo subyacente siempre fue que el individuo conocía la promesa de Dios. Por ejemplo, tome a Abraham. La semana pasada le dije, hace dos semanas atrás, le dije que Abraham era manso, porque cuando Lot y él iban a decidir quién se quedaba con la tierra, él dijo ‘Lot, toma lo que quieras.’ Él fue manso. ¿Pero usted sabe lo que él sabía en su mente? Dios le había prometido todo de todos modos. A él no le importaba si Lot tenía un poco de manera temporal.

Como puede ver, la mansedumbre siempre puede tomar su lugar porque sabe que al final, todo le pertenece a él. ¿Se acuerda de David? David no levantó su espada contra Saúl. Se acuerda que le dije que él podría haber matado a Saúl, pero en lugar de esto simplemente cortó su túnica. ¿Por qué? Porque David sabía que él era el rey y de cualquier manera iba a recibirlo todo, ¿por qué se iba a preocupar?

En otras palabras, la base es la promesa de Dios. Y una vez que creemos la promesa de Dios, no tenemos que tratar tan duro por obtener todo esto. Yo leo mi Biblia de esta manera, Dios dice: “MacArthur, eres Mi hijo, vas a heredar la tierra.” Entonces, ¿por qué voy a pasar mi tiempo entero ahora tratando de obtenerla? No tiene sentido. De cualquier modo, será mía. No me molesta que mientras tanto otras personas la tomen prestada por un tiempo. Todo va a regresar a mí de acuerdo a Su promesa.

Como puede ver, esta es la motivación de fondo que tiene que reconocer. Esta es la base entera de la motivación en el Sermón del Monte. Usted entra al Reino de Dios y usted sabe que, de cualquier manera, es de usted. Sólo puede volverse suya de la mano de Dios. Y más adelante, se vuelve la motivación para otras cosas. Si usted ve el versículo 40 de Mateo 5: “Si un hombre lo demanda a usted en la ley y le quita su túnica, que tome también lo demás.” ¿Por qué? Porque usted va a tener todo lo que necesita en el Reino. ¿Qué le importa? “y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.”

Escuche, no se aferre a las cosas del mundo. No trate de ser posesivo. No trate de aferrarse a todo. De cualquier manera, todo va a ser de usted. Entonces, compártalo. Ahora, como puede ver, con ese tipo de corazón, con este tipo de espíritu, usted puede tener la ambición correcta. Si usted está diciendo ‘mira, todo lo que quiero Dios es Tu justicia, todo lo que quiero es ser manso ante Ti, todo lo que quiero es tener Tu Reino en Tus términos,” y usted sabe que Su promesa es que al final usted va a heredar todo. Todo.

De hecho, el apóstol Pablo inclusive les dijo a los corintios: “todas las cosas son vuestras,” ¿no es cierto?, “y ustedes de Cristo y Cristo es de Dios.” Todo es de ustedes de todos modos. Todo de ustedes. Y entonces, aquí estaban esos judíos, y hombre, estaban tratando de tener el Reino, estaban tratando de tomar la tierra, estaban tratando de ser consolados en una situación difícil. Estaban tratando de llenar sus vidas y estaban trabajando como locos por hacerlo. Y el Señor dijo “si tan sólo vienen en Mis términos, les voy a dar todo.”

Él también lo dijo de esta manera en el capítulo 6, versículo 33. Escuche esto: “Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Como puede ver, todo es de usted de cualquier manera en los términos de Dios.

Entonces, decimos “felices los hambrientos”. Hay dolor en el versículo 3, quebrantamiento en espíritu. Hay dolor en el versículo 4, lloro. Hay dolor en el versículo 5, mansedumbre, la muerte de uno mismo. Eso es un suicidio, es doloroso. Pero ahí está el consuelo en el versículo 6. Hambre y sed. Ésa es la solución. Usted llega al lugar en el que empieza buscar a Dios. Es algo negativo al principio. Le duele mucho. Usted ve su pecado y comienza a moverse hacia Dios. Comienza a tener hambre y sed de justicia.

Entonces, ésta es la razón por la que está bienaventuranza encaja aquí, porque tiene sentido. Usted toma a un hombre quebrantado por el pecado, toma una mujer quebrantada por el pecado, mansa ante un Dios Santo, sabiendo que no tiene nada que pueda hacer en sí mismo para ganarse o heredar algo, quien entonces busca en un hambre y sed por aquello que sólo Dios puede dar. ¿Lo ve?

Tomemos la segunda pregunta: ¿qué significa tener hambre y sed? Ya hemos hecho referencia a esto. Tiene que ver con deseo. Por cierto, un deseo grande, intenso: la fuerza de las palabras de Cristo aquí simplemente es poderosa, particularmente en esa cultura. Quizás no tanto en nuestra cultura porque no sabemos lo que es tener hambre. No sabemos lo que es tener sed. Y entonces, no entendemos de esto. Cuando usted piensa en tener sed, usted piensa bueno, salió, corrió un poco y tiene sed. Usted no sabe lo que es estar en medio de un hambre, de una sequía en donde no ha tenido agua por días. Cuando usted piensa en hambre, digo, es la una de la tarde y usted comía a las 12:15, usted está acostumbrado a comer a las 12:15, no sabe lo que es tener hambre. Usted no sabe lo que es tener hambre, pero la idea de desesperación.

Hay un libro interesante escrito por Major V. Gilbert titulado La Última Cruzada; y en una publicación del año 1966 en la revista Cristiana Nacional, E. M. Blaiklock relató la historia que Major Gilbert cuenta en su libro, La Última Cruzada. Y el libro es acerca de la liberación británica de Palestina en la Primera Guerra Mundial. Si usted recuerda, el general Allenby fue parte de la Liberación de Palestina en la Primera Guerra Mundial y Blaiklock cuenta la historia acerca de Major Gilbert. Esto es lo que dice: “manejando desde Beerseba, una fuerza combinada de soldados australianos británicos y soldados de Nueva Zelandia, venían por la parte de atrás presionando a la retirada turca en el desierto árido. El ataque se encontraba lejos de la caravana de los camellos que llevaba agua.”

En otras palabras, se adelantaron tanto a su agua, que estaban separados. “Las botellas de agua estaban vacías, el sol brillaba con crueldad en un cielo en donde las aves de rapiña estaban a la espera. Nuestras cabezas dolían,” escribe el Major Gilbert, “nuestros ojos estaban rojos y nos veíamos bien. Nuestras lenguas comenzaron a inflamarse. Nuestros labios cobraron un torno negro morado y comenzando a romperse.” Aquellos que se salieron de la columna nunca volvieron a ser vistos, pero la fuerza desesperada se esforzó para proseguir hasta Seria.

En Seria había pozos de agua y si no hubieran podido llegar para cuando cayera la noche, miles habrían muerto de sed. Y entonces, ese día peleamos,” escribe Major Gilbert, “como pelean los hombres por sus vidas. Entramos a la estación de Seria sobre los talones de los turcos que se retiraban. Los primeros objetos que vimos fueron grandes cisternas de piedra llenas de agua cristalina, clara, fresca. Y en el aire de la noche, el sonido del agua corriendo en los tanques podía oírse de manera distintiva, enloqueciéndonos conforme nos acercábamos. Sin embargo, ningún hombre murmuró cuando se dieron órdenes para que los batallones llegaran de frente a las cisternas.”

Él describe las exigentes prioridades: los heridos, aquellos que estaban de guardia, y después, compañía por compañía. Tomó cuatro horas antes de que el último hombre bebiera agua. Y durante todo este tiempo, habían estado a unos metros de un pequeño muro detrás del cual había miles de galones de agua. “Yo creo,” concluye Major Gilbert, “que todos aprendimos nuestra primera lección bíblica en la marcha de Beerseba a los pozos de Seria. Si así fuera nuestra sed por Dios y por la justicia por Su voluntad en nuestra vida, un deseo consumidor, preocupante, que nos consumía a todos, cuán ricos seríamos en el fruto del Espíritu.” Fin de la cita.

Esto es lo que Jesús está tratando de decir. Él está hablando del hambre y la sed a personas que entendían lo que significaba. Los verbos griegos simplemente son poderosos. Peinōntes significa estar necesitado, sufrir hambre. Tiene la idea de un hambre profunda, no sólo superficial. La palabra dipsaō, sufrir sed. De nuevo, conlleva la idea de una sed genuina. Y aquí están ellos, los impulsos más fuertes en la esfera natural. Y, por cierto, ellos están en un presente participio continuo. Los que están teniendo hambre, los que están teniendo sed. Es algo continuo.

Y entonces, les digo amados, esta no es la única, la condición del que entra, pero esta es la condición del que está en el Reino. Y sabe una cosa, lo voy a decir de esta manera: cuando vine a Jesucristo, tuve hambre y sed de justicia, tuve hambre y sed de Su justicia. Y ahora que lo conozco, tengo más hambre y sed por ello, ¿no es cierto? Eso es lo que está diciendo. De hecho, Lenski, el gran comentarista, dice, y cito: “esta hambre y sed se incrementan en el acto mismo de estar satisfechos.” Fin de la cita. Lucas añade una nota a esto. Lucas tiene un pasaje paralelo y él añade la palabra ahora. “Bienaventurados los que tienen hambre ahora.” Es un presente, es algo continuo. Y es un estilo de vida momento a momento. Cuando usted se convierte en cristiano, usted no se detiene.

Escuche, mire su vida. Si usted no tiene hambre y sed de justicia, hay dudas acerca de si usted siquiera está en el Reino. Permítame darle un ejemplo: Moisés. Moisés había visto a Dios. Moisés, cuando estuvo en el desierto durante 40 años, Dios lo llamó. Y él fue y vio a Dios en una zarza ardiente. Él había visto a Dios. Él había visto la Shekhiná de Dios, por así decirlo, ardiendo en la zarza. Y Dios le dijo: “quítate el calzado, Moisés. Está pisando suelo Santo.” Y más adelante, cuando Dios regresó a guiar a Israel y a sacarlo de esta tierra, él vio a Dios. Él vio la mano de Dios en los milagros de las plagas. Él vio a Dios cuando Dios partió el Mar Rojo y permitió que todos pasaran por ahí y después, ahogó a todo el ejército egipcio. Él vio a Dios conforme se movieron guiados por este resplandor Shekhiná de Dios en los cielos. Él vio a Dios. Él sabía lo que era tener hambre de Dios y ser saciado.

Pero, ¿sabe una cosa? En obediencia al mandato de Dios, él construyó un tabernáculo. Y cuando el tabernáculo fue terminado, la gloria de Dios vino a ese lugar porque Moisés le dijo: “Dios, quiero ver Tu gloria.” Usted podría decir “Moisés, por favor. Es suficiente. Realmente, has visto muchas cosas.” Y Moisés dijo, pero no lo suficiente. Dios lo llevó ahí arriba al monte y Dios le mostró un dedo de flama que escribió la ley de Dios en las tablas de piedra al lado de un monte.

Y cuando Moisés descendió, no fue suficiente. Y él dijo: “muéstrame Tu gloria.” Y cuando él descendió, él estaba encendido. Y conforme la gloria comenzó a desvanecerse, él regresó al monte y él volvió a ver la gloria de Dios; y después, descendió. Y después, él regresó. Nunca fue suficiente. Nunca fue suficiente. “Te ruego,” dice él en Éxodo 33:18, “Te ruego, muéstrame Tu gloria.”

Como puede ver, ésta es la vida de un hijo del Reino. Como puede ver, él nunca está satisfecho. Siempre hay una insatisfacción en la misma satisfacción. Siempre el hambre por más. Pienso en David. David, el hombre según el corazón de Dios. David, quien caminó en comunión cercana con Dios. David, quien escribió el Salmo: “Jehová es mi pastor, nada me faltará. Junto a aguas de reposo me pastoreará. Junto a pastos verdes me hará descansar. Su vara y su cayado me infundirán aliento.” Él había conocido a Dios. Él había conocido a Dios en su vida. Dios lo había protegido. Dios había cuidado de él. Dios lo había guiado. Dios lo había dirigido. El celo por la causa de Dios lo había consumido. El dolor que sentía Dios, él lo sentía. Él conocía a Dios en la intimidad. Usted dice ‘Oh, ahí hay un hombre que conocía Dios. Un hombre de quien los salmos fluyeron como agua de un arroyo.’ En el Salmo 73, él dice: “oh Dios, Tú eres mi Dios.” Pero no se detiene ahí. Él dijo “de mañana te buscaré. Mi alma tiene sed de Ti. Mi carne que anhela en una tierra seca y árida, en donde no hay agua,” ¿se da cuenta?

Ahora, lo que él está diciendo, como puede ver, es que el hambre y la sed nunca disminuyen en un verdadero hijo del Reino. Es un estilo de vida. Observe al apóstol Pablo. El apóstol Pablo en Filipenses, capítulo 3, ¿por qué Pablo? Tú has conocido todo lo que hay por conocer. Digo, tú en tu vida entera tuviste visiones personales de Jesucristo comenzando en el camino a Damasco y después, estuviste en la cárcel en Jerusalén y después, por favor, Pablo fue llevado al tercer cielo para ver cosas demasiado maravillosas para contemplar. Pablo, ¿qué más puede ser dicho? Pablo, tú que escribes toda la teología. Tú que has escrito las grandes expresiones de verdad que hay en el Nuevo Testamento, ¿qué más podrías querer? Y dice en Filipenses 3 que el clamor de su corazón es ‘Oh, a fin de conocerle.’ ¿Se da cuenta? ‘Y el poder de Su resurrección. Y la participación de Sus padecimientos.’ Nunca es suficiente. Nunca es suficiente.

Claro, él conocía la ley, dice en el versículo 6.’ Yo conocí de justicia de la ley. Pero lo tengo todo por basura, estiércol. Simplemente, quiero conocer a Dios.’ Y usted oye a Pedro quien clama: “antes bien creced en la gracia y creced en el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo.” Nunca es suficiente, ¿verdad? El Señor Darby, ese gran hombre de Dios quien fue tan responsable en los primeros días del movimiento de los hermanos dijo esto: “tener hambre no es suficiente. Realmente debo estar muriendo de hambre para conocer qué hay en el corazón de Dios hacia mí. Cuando el hijo pródigo tuvo hambre, fue a alimentarse de las algarrobas. Pero cuando estaba muriéndose de hambre, él fue con su padre.” Fin la cita. Sí, de eso está hablando Jesús, del tipo de desesperación que sólo Dios puede satisfacer.

Esta mañana se me acercó una señora y dijo: “¿sabe una cosa?, estoy tratando de compartir con mi amiga. Y mi amiga vino al estudio bíblico, pero ahora mi amiga no quiere venir al estudio bíblico. Ella quiere ser religiosa pero simplemente no quiere comprometerse.” Y le dije que ella realmente no tiene suficiente hambre. No es sino hasta que la gente tiene verdadera hambre y sed de justicia que la gente busca la satisfacción que Dios puede dar.

En Lucas 1:53, la Biblia dice: “Él llenó a los hambrientos de buenas cosas, pero a los ricos los envió vacíos.” La gente que tenía todo lo que necesitaba, se fue vacía. Y entonces, vemos por qué esta bienaventuranza se encuentra en este lugar; y vemos lo que significa tener hambre y sed. Es algo tremendamente intenso y no conoce fin. No conoce fin. Yo creo en mi vida que tengo más hambre de la justicia de Dios de lo que jamás lo tuve. Y yo creo que mañana tendré más hambre de la que tengo hoy. Y hasta el día en el que vea a Jesucristo, será un hambre que no disminuye.

Tercera pregunta: ¿Qué es esto por lo que tenemos hambre? ¿Qué es esta justicia? Amós dijo que las personas en este mundo buscan el polvo de la tierra. Eso es bastante torpe, pero así es. El mundo simplemente busca el polvo de la tierra. Usted dice: “bueno, ¿por qué debemos tener hambre?” Bueno, algunas personas dirían felicidad. Y creo que de eso tiene muchas veces hambre el mundo. La gente realmente quiere felicidad. La busca. Simplemente, quieren la felicidad. Y si tan sólo pudieran estar felices, estarían bien.

Hombre, lo que siempre me sorprende es la cantidad de entretenimiento que tenemos en nuestra sociedad. Ahora, no estoy en contra de Disneylandia y Knott’s Berry Farm y Magic Mountain y quién sabe lo demás y todos los juegos que juega la gente. Pero nuestra vida está tan llena de entretenimiento tratando de hacer que la gente esté feliz. Entretenimiento. Y sabe una cosa, es como un hombre con una enfermedad dolorosa y que simplemente quiere ser aliviado de su dolor, pero no quiere molestarse con la enfermedad. ¿Sabe una cosa? Si va al doctor y el doctor le dice “bueno, puedo aliviar su dolor, le daré una inyección, muchas píldoras,” pero si hace eso, es un mal doctor. Él no hizo nada por diagnosticar y curar la enfermedad.

Y como ve, el mundo tiene una enfermedad, pero quiere eliminar el dolor con felicidad, pero nunca quiere enfrentar la enfermedad, ¿se da cuenta? Y por esto el mundo tiene hambre y sed de felicidad.

¿Y quiere saber algo más? Eso inclusive es verdad en la Iglesia. Conozco a muchas personas que son cristianas y lo que realmente quieren es felicidad. Usted pregunta qué quiero decir con esto. Están buscando algún tipo de éxtasis. Creo que éste es el caso del movimiento carismático. Quieren una felicidad santa, lo llamo así. Quieren una experiencia. Quieren una droga Santa, lo llamo así. Quieren una experiencia y quieren un éxtasis espiritual, quieren un sentimiento. Y hay muchas personas que están buscando un seminario y van a una conferencia o a un consejero para tratar de encontrar algún éxtasis espiritual. Y eso no es lo que buscaban, ¿se da cuenta? Usted sólo está tratando de encontrar felicidad. La gente dice ‘bueno, soy tan miserable en mi hogar, tengo que encontrar algo. ¿Cómo puedo ser feliz?’ No, no, eso no es lo que usted debe buscar.

La felicidad es una consecuencia. “Felices son los que tienen hambre y sed de justicia.” Usted quiere ser feliz, viene como una consecuencia de la justicia. No es ninguna droga Santa, no es alguna experiencia. No es eso. Dikaiosunē, justicia, justificación, estar en una posición correcta con Dios.

¿Y qué estoy diciendo? Escuche, simple, la única felicidad real en la vida es estar bien con Dios. Eso es todo. La única felicidad real en la vida es estar en una relación correcta con Dios. Y creo que esto apunta a dos cosas. En primer lugar, salvación y, en segundo lugar, santificación. En primer lugar, salvación y, en segundo lugar, santificación.

Hablemos de salvación por un momento. Alguien que tiene hambre y sed de justicia, en primer lugar, busca salvación. La justicia que viene cuando usted cree, la justicia que le es dada a usted en Cristo, ve su pecado, ve su rebelión. Se ve a sí mismo separado de un Dios Santo. Él está quebrantado. Llora. Es manso y anhela tanto restaurarse con Dios. Quiere perdón y por eso tiene hambre y sed de la justicia que viene en la salvación. Es un deseo de liberarse de uno mismo. Es un deseo por ser liberado del pecado, su poder, su presencia y su paga. Y esto es lo que inicia la salvación.

En muchos pasajes del Antiguo Testamento, y no vamos a tomar el tiempo en esta noche para entrar en ellos, pero en muchos pasajes del Antiguo Testamento, la justicia es sinónimo de salvación. Un profeta en particular presenta este paralelo y ése es Isaías. Isaías, de manera repetida, equipara la justicia con la salvación y eso es verdad. Si usted tiene hambre y sed de justicia, es en el momento de salvación que usted la recibe. E Isaías presenta este punto, particularmente en el capítulo 45, 46, 51, 56 y 61 hacia el final de su libro cuando llega al elemento de salvación. Y en estos capítulos finales, Isaías ve a la justicia como ese regalo de Dios que viene en la salvación.

Entonces, ¿qué decimos? Podemos colocar a la salvación como una palabra que sustituye. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de salvación.” ¿Quiere ser feliz? Tenga hambre de salvación, tenga hambre de ser salvo, tenga hambre de que la sangre de Cristo limpie su pecado. Tenga hambre de que la justicia de Cristo sea aplicada a usted. Tenga hambre de que su pecado sea perdonado.

Y cuando un hombre abandona toda la esperanza de salvarse a sí mismo y abandona toda la esperanza de su propia justicia personal y comienza a tener hambre por una salvación que sólo puede venir de las manos de Dios, entonces, va a conocer la felicidad. Y aquí es donde los judíos, como puede ver, se atoraron. Querían tratar de ganarse su propia salvación por sus propias obras. Y lo que Jesús les dice es literalmente revolucionario. No lo tienen. Y ellos estaban diciendo ya estamos llenos de justicia. Y Él decía: “hasta que estén boca arriba teniendo hambre y sed de justicia que ustedes no pueden adquirir, nunca conocerán lo que es ser feliz.”

Ahora, permítame decirlo de manera simple: la felicidad le pertenece a los santos. Eso es lo que Él está diciendo. Si usted es infeliz en su vida en algún punto, usted es impío. Jesús les estaba hablando a los judíos que pensaban que eran justos. Para ellos, la santidad era una conformidad a las reglas, hacer algo externo. Pero no era algo externo. Ese es el motivo por el cual Jesús dijo “porque os digo que, si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y fariseos, nunca entrarán en el Reino.” Su justicia no era suficiente. Las bienaventuranzas tomaron lo externo, lo destrozaron y los forzaron a mirar hacia el interior. Y cuando usted tiene hambre y sed de salvación, entonces será saciado.

Pero hay un segundo elemento. Creo que también implica santificación. No creo que una vez que usted es salvo, deja de tener hambre y sed de justicia, como dije. Entonces, tiene hambre y sed de santificación con una santificación que se incrementa.

Amados, no sé cómo expresar esto de una manera tan fuerte como lo siento. Espero que en su vida esté esta hambre, hambre que nunca se detiene. Los deseos de ser más y más como Cristo. Esta es una marca de un cristiano. Usted continúa teniendo hambre, usted continúa teniendo sed por desear el tener más virtud, una pureza mayor, más semejanza a Cristo. Usted nunca llega al lugar en el que dice ‘ya llegué’, ésa es la actitud más nauseabunda, terrible, asquerosa que hay. Tanto por personas no regeneradas que dicen que ya se salvaron a ellos mismos como por cristianos que piensan que han llegado al máximo nivel. Los hijos del Reino nunca dejan de tener hambre.

Pablo lo dice en Filipenses 1:9: “oro porque vuestro amor abunde más y más.” ¿Se da cuenta? Usted no ha terminado. No importa cuánto usted ame, usted debe amar más. No importa cuánto usted ore, debe orar más. No importa cuánto usted obedezca, usted debe obedecer más. No importa cuánto usted piense como Cristo, usted debe pensar como Cristo más. Éste debería ser su deseo consumidor, infinito, “bienaventurados los que continuamente tienen hambre y sed.” La palabra ahora, dice Lucas. Ahora están haciendo esto.

Y quiero demostrar una verdad que creo que realmente es rica aquí, que le muestra la totalidad de lo que usted está buscando. No es que estamos buscando sólo partes de justicia. Estamos buscando toda la justicia que hay. ¿Escuchó eso? Estamos buscando la totalidad de la justicia, el ser como Cristo. Permítame mostrarle porque esto es importante. En el idioma griego, verbos como hambre y sed normalmente son seguidos en el caso genitivo expresados por el pronombre de. Y esto es lo que en griego se llama el genitivo partitivo. Sígame, esto es fascinante. De tal manera que un griego diría ‘teniendo hambre y teniendo sed’; y después, el añadiría el caso genitivo. Ellos tienen casos para indicar significado. Y él lo traduciría así ‘yo tengo hambre por de alimento. Yo tengo sed por de agua.’ Y el genitivo partitivo simplemente significa que delinea él quiere parte de eso. Por ejemplo, él nunca diría tengo hambre de alimento, porque para él, eso representaría toda la comida o el alimento que existe. Él tiene que tener un caso que lo limite. El genitivo partitivo significa tengo hambre ‘por de alimento’. En otras palabras, no quiero toda la comida del mundo, sólo quiero algo de comida. Él nunca diría ‘tengo sed de agua. No toda el agua del mundo.’ El diría tengo ‘sed por de agua.’ Tengo sed por de agua, una parte de agua, suficiente para mi ser. Esto es normal. Esta es la expresión normal que usa el griego en este idioma.

Ahora, lo que me fascinó conforme estudié esto es que, en este pasaje, ese uso normal del griego es abandonado. Usted habría pensado que diría “bienaventurados los que tienen hambre y sed por de justicia.” Pero no lo dice. Deja fuera el caso genitivo en su totalidad, lo cual es una expresión normal en griego y lo presenta en caso acusativo y se convierte en un objeto directo sin aclaraciones. “Tengo hambre y sed de justicia, toda la que hay.” Es una verdad tremenda.

Y nunca estamos satisfechos. Porque nunca importa cuánta justicia tengamos, por la gracia de Dios, nunca tenemos toda la que hay, ¿no es cierto? Y entonces el hambre y la sed continúan. Y nosotros clamamos con David: “yo estaré satisfecho cuando despierte a Tu semejanza y no estaré satisfecho hasta que lo haga.” Y, por cierto, aquí está el artículo definido. Continuamente y ahora tienen hambre y sed de ‘la’ justicia. ¿Qué es ‘la’ justicia? La justicia de Dios.

Entonces, comienza con salvación y continúa con la santificación; y usted nunca puede estar satisfecho con parte de ello. Sólo puede estar satisfecho con toda ella. Con toda ella. Me fascina también. Tantas cosas aquí que ni siquiera puedo aclarar mi mente, usted sabe, para difícilmente continuar. Me cautiva el hambre y sed de justicia, es presentado en lugar de poseer justicia. ¿No es eso maravilloso? Como puede ver, los judíos pensarían que Él diría “bienaventurados los que poseen justicia.” Y ellos habrían dicho, ‘muy bien, somos nosotros. Todo la poseemos.’ Y Él literalmente los despedazó. “Bienaventurados son aquellos que tienen hambre y sed de justicia.”

En otras palabras, la gente que cree que la tiene no es bienaventurada. La gente que sabe que no la tiene, lo son. ¿No es eso maravilloso? Justo cuando usted piensa que usted es justo, usted está en la situación más desesperada que jamás ha estado.

No, Él bendice a aquellos que tienen hambre y tienen sed y en esta misma bendición está el pensamiento de que usted nunca puede estar satisfecho. Alguien dijo: “esta es una sed que ningún arroyo terrenal puede satisfacer. Un hambre que debe ser alimentada de Cristo o morir.” Yo la llamo falta de contentamiento divino.

Entonces, nosotros vemos cómo esta bienaventuranza encaja, lo que significa tener hambre y sed y el objeto. ¿Cuál es el resultado? Veamos. En primer lugar, Él dice “bienaventurados” y al final, Él dice que serán ¿qué? Saciados. La palabra saciados es una súper palabra. Podríamos pasar mucho tiempo hablando de ella. Básicamente es una palabra usada para alimentar a un algún animal. Es una palabra usada para alimentar a un animal. Significa estar totalmente satisfecho. Serán saciados. Dios quiere que estemos felices y satisfechos. ¿Satisfechos de qué? Bueno, ¿de qué tenemos hambre? ¿De qué tenemos hambre? Hambre y sed de justicia deben ser satisfechas, ¿no es ésta una fabulosa paradoja? Usted es satisfecho, pero nunca está satisfecho. ¿No es eso maravilloso? Usted tiene hambre y sed y está satisfecho, pero nunca está realmente satisfecho.

Quizás es de esta manera: ¿alguna vez ha disfrutado de ese gran pastel que hace su esposa? Digo, el mejor. Mi esposa hace un excelente pastel de limón, especial. Y siempre quedo tan satisfecho cuando como ese pastel. Pero siempre quiero más. Normalmente estoy lleno, porque es después de la cena, pero siempre quiero más. Porque el sabor y la satisfacción de lo que ya he comido me hace querer más. Y entonces, estoy satisfecho, pero estoy insatisfecho. Y así es con la justicia. Somos llenos y estamos saciados, y el estar saciados es tan dulce y tan rico y tan lleno que queremos más.

La palabra saciados podríamos rastrearla a lo largo del Nuevo Testamento. Es una palabra tan fabulosa. Es usada en muchas maneras. Estaba pensando aquí en Santiago 2:16, “y uno de vosotros le dice,” aquí está un hermano o hermana que esta privado, “y le dicen id en paz, sed calentados y saciados.” Ahora, aquí está la palabra de satisfecho. Simplemente, lleno de comida, una palabra usada acerca de la comida. Con comida. Y claro, eso es de lo que Jesús está hablando. De comida espiritual. Y, por cierto, la palabra saciados es una palabra fuerte, chortazō en el griego. Es una palabra muy fuerte. Es una palabra que realmente significa lleno. Y es algo maravilloso el saber. Y creo que esto es tan maravilloso que como cristianos, cuando buscamos la justicia de Dios, Él la concede. ¿Y sabe una cosa? La primera vez que usted buscó la justicia en la salvación, usted la obtuvo. Y después, día tras día, cuando usted  buscó Su justicia, cuando usted buscó hacer Su voluntad, cumplir lo que Dios quiere, obedecer, vivir Su justicia, Él concedió este deseo. Él lo llena a usted.

Salmo 107:9, me encanta, dice: “Él satisface al alma que anhela y llena el alma hambrienta de bondad.” ¿No es eso maravilloso? “Él satisface al alma que anhela y llena el alma hambrienta de bondad,” Salmo 107:9. En el Salmo 34:10: “pero los que buscan a Jehová no les faltará ninguna cosa buena. ¿Y qué dice en el Salmo 23:1? “Nada le faltará, Mi copa está rebozando.”

Jeremías 31, en el versículo 14 dice: “Mi pueblo será satisfecho con Mi bondad, dijo Jehová.” ¿No es eso maravilloso? Mi pueblo será satisfecho con mi bondad, dijo Jehová. Jesús dijo en Juan 4 a la mujer en el foso “si bebieres de esta agua,” ¿qué?, “Nunca tendrás sed jamás.” En Juan 6 Él dijo: “Yo soy el pan de vida. Come de este pan y nunca volverás a tener hambre.”

Escuche, Jesús satisface. Sin embargo, hay una insatisfacción bendita que sin embargo quiere más y más y más y sólo será satisfecha cuando veamos a Jesucristo. Entonces, Jesús está diciendo esto: usted puede distinguir a una persona del Reino. Tiene una ambición consumidora. No de poder o de placer, no de posesiones o alabanzas, sino de justicia. Entonces, vemos dónde encaja esto. Lo que significa, el objeto y los resultados. Le voy a hacer una pregunta final. Una pregunta personal. Usted dice: ‘John, ¿cómo sé si realmente tengo hambre y sed de justicia? Le voy a dar una prueba. Ahora escuche. ¿Cómo sabe?

Permítame hacerle algunas preguntas. Número uno, así es como usted puede saberlo: ¿está insatisfecho consigo mismo? ¿Está insatisfecho consigo mismo? Hágase esa pregunta. Thomas Watson, ese gran puritano dijo:  el que tiene más necesidad de justicia es el que menos la quiere.” ¿Está profundamente insatisfecho? ¿Se encuentra a sí mismo en Romanos 7 todo el tiempo diciendo ‘O, miserable de mí, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte’? ¿O usted piensa que es tan Santo que el resto de la gente está mal y usted está bien? ¿Está insatisfecho consigo mismo? Si hay algún sentido de satisfacción en usted, yo me pregunto si usted sabe lo que es tener hambre y sed de justicia.

¿Siente un dolor constante, siempre quedándose corto? ¿Es usted como Esaú, quien cuando regresó de cazar dice en Génesis que casi estaba muerto de hambre? Pregúntese a usted mismo. ¿Está usted insatisfecho con usted mismo? Ese es un síntoma de alguien que tiene hambre y sed de justicia. Y no importa cuán buenos parezcan, todavía están insatisfechos.

En segundo lugar, ¿lo externo lo satisface usted? Pregúntese eso. ¿Se da cuenta de que las cosas influencian cómo usted siente? ¿Siente que las cosas van mejor en su vida si tan sólo compra algo nuevo? ¿Satisface su apetito con lo que está mal y luego pierde ese apetito? Escuche esto: un hambre de justicia quedará satisfecha con nada más. Usted le puede traer a un hombre hambriento flores, le puede traer a un hombre hambriento música hermosa, usted puede platicar de manera agradable con un hombre hambriento, pero lo único que quiere es alimento. Usted le puede llevar a una persona sedienta una melodía o una rosa, pero lo que él quiere es agua. Y uno que tiene hambre y sed de justicia no puede ni quiere quedarse satisfecho con nada más.

Permítame hacerle una tercera pregunta: ¿tiene un gran apetito por la Palabra de Dios? Sabe una cosa, no es agradable ver a un hombre hambriento, cuando finalmente tiene comida. ¿Se da cuenta? ¿Cuál es nuestra comida? ¿En dónde encontramos la justicia de Dios? Aquí están las reglas, la obediencia que trae justicia en estas palabras. Jeremías dijo ‘Tus palabras fueron halladas y yo las comí.’ Se las comió, ¿se da cuenta? Si usted está teniendo hambre y sed de justicia, usted tendrá un apetito tan grande por la Palabra que se la va a devorar. Nunca he visto a alguien que le ruegue a un hombre hambriento comer. ¿Usted sí? Venga aquí, por favor, estudie su Biblia. Oh, me encantaría que leyera su Biblia. Oh, si tan sólo leyera su Biblia.

Bueno, si usted no está teniendo hambre y sed de justicia, usted no está operando como un hijo del Reino debería operar. Quizás es un hijo del Rey, simplemente está siendo pecaminoso. Quizás ni siquiera es un hijo del Reino, pero está perdiendo la felicidad en cualquiera de las dos condiciones. Pregúntese. ¿Tiene un gran apetito por la palabra?

Cuarta pregunta: ¿acaso las cosas de Dios le son dulces? ¿Acaso las cosas de Dios le son dulces? Algunos de ustedes sabrán de qué estoy hablando, algunos no. Pero escuche esto, es tan bello, Proverbios 27:7. Simplemente escuche esto. “Para el alma hambrienta, todo lo amargo es dulce.” ¿Escuchó eso? Para el alma hambrienta, todo lo amargo es dulce. Sabe una cosa, yo puedo identificar a alguien hambriento y sediento por justicia porque cuando Dios trae devastación a su vida, ellos están llenos y satisfechos porque saben que es de Dios, a pesar de que está en el dolor. ¿Escuchó eso? Hay algunas personas, que sólo pueden regocijarse cuando cosas buenas suceden. Y cuando las cosas difíciles suceden, no pueden, eso no le gusta. Bueno, no tienen hambre y sed de justicia. Están buscando la felicidad de manera superficial.

Escuche, Thomas Watson dice: “el que tiene hambre y sed de justicia puede alimentarse en la mirra del Evangelio como también de la miel.” “Para el alma hambrienta, todo lo amargo es dulce.” Algunos de nosotros sabemos lo que es que Dios nos reprenda. Algunos de nosotros sabemos lo que es tener pruebas profundas. Algunos de nosotros sabemos lo que es tener dolor y ansiedad y cargas y problemas. ¿Y sabe una cosa? Puedo decirle a partir de la experiencia personal en medio de eso, es tan dulce como las situaciones buenas. Es tan dulce como los momentos buenos porque para el alma hambrienta, todo lo amargo es dulce porque Dios está en ello. Y Dios está cumpliendo Sus propósitos. Y Dios nos está haciendo más justos.

Finalmente, pregúntese si su hambre o sed es incondicional. ¿Es incondicional? Si realmente tiene hambre y sed de justicia, será incondicional. Usted pregunta qué quiero decir con eso. Bueno, se acuerda usted del joven rico que vino y dijo que quería saber cómo entrar al Reino. Y el Señor le preguntó ¿en serio? ¿Estás dispuesto a vender todo lo que tienes y dárselo a los pobres? No. Pero tenía hambre y su hambre fue condicional y nunca fue satisfecha. ¿Qué hay acerca de las suya? Usted dice: “Oh, quiero a Cristo y mi pecado. Cristo y mi orgullo. Cristo y mi relación ilícita. Cristo y mi mentira en la escuela. Cristo y mi mentira en mis negocios. Cristo y mi avaricia. Cristo y materialismo. Cristo y, Cristo y.…” Entonces, usted no tiene hambre y sed de justicia. Un hombre hambriento no quiere alimento y un nuevo traje. Un hombre hambriento no quiere alimento y un nuevo par de zapatos. No le importa el traje y los zapatos. Simplemente, dele el alimento y el agua. El Salmo 119:20 dice: “mi alma desfallece por el anhelo que tiene por Tus juicios.

¿Cómo le fue en la prueba? ¿Es usted una persona que tiene hambre y sed de justicia? Oh, Isaías dijo en Isaías 26:9, “con mi alma Te he deseado en la noche. Sí, con mi espíritu dentro de mí Te buscaré temprano.” ¿Se da cuenta? David tuvo sed de Dios temprano. Las vírgenes sabias tenían su aceite antes de que el novio viniera. Tuvieron sed, se prepararon temprano. ¿Y sabe usted qué? Hay algunas personas que van a tener sed demasiado tarde. Y serán como el hombre rico, en Lucas 16:24, dirán ‘Oh, envía a alguien que pueda mojar la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.’ Y finalmente, tendrán sed cuando no haya remedio. Tenga sed ahora y sea saciado. Oremos.

Padre, gracias por nuestra comunión en esta noche. Gracias por hablarnos en Tu palabra y gracias por cómo el Espíritu Santo toma estas verdades y las aplica y nos rodea de ellas en donde estamos y las aplica a nosotros. Dios, no queremos evadirlas e imponérselas a alguien más. Queremos enfrentarlas en nuestra vida. Haznos aquellos que tienen hambre y sed de justicia. Y si en esta noche en nuestra comunión puede haber algunos que nunca han tenido hambre y sed de salvación, que este sea el momento. Por Tu Espíritu, rompe la esclavitud al pecado. Quizás han ido quebrantados en Espíritu, han llorado y tienen sed. Quebrántalos en su espíritu, que lloren, que tengan mansedumbre y que busquen la justicia que tuvo sólo Tú puedes dar. Y que sepan que, sin esa justicia, ningún hombre puede ver a Dios.

Y Padre, hay algunos que necesitan buscar justicia en la santificación. Algunos de nosotros nos volvemos tan arrogantes y estamos tan satisfechos que pensamos que lo tenemos todo. Ayúdanos a conocer esa hambre y sed que nunca termina. Ayúdanos a vivir con corazones hambrientos para conocer todo lo que hay por conocer. Para ser todo lo que debemos ser hasta que finalmente seamos como Cristo cuando lo veamos cara a cara. Te damos la alabanza en el nombre de Cristo. Amén.

 

 

 

 

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