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Oremos juntos conforme comenzamos con nuestro estudio en esta noche: Padre, te damos gracias por la comunión que has provisto en Cristo. Te damos gracias por lo rico y refrescante, lo satisfactorio y motivador. Lo emocionante y lleno de esperanza es conocerte y tener comunión en Tu cuerpo. Te damos gracias en esta noche por el testimonio de que nos amas y el testimonio de que vienes a llevarnos para estar contigo.

Señor, sabemos que todo eso está basado en una gran realidad y es que realmente te conocemos, que realmente somos redimidos, que realmente somos nuevas criaturas, que realmente somos salvos, nacidos de nuevo, regenerados. Realmente creemos que, verdaderamente, te hemos reconocido a ti, Jesucristo, como Señor y Salvador. Oramos porque conforme examinamos la realidad de nuestra fe, la realidad de la verdadera justicia, que nos ayudes a entender de la manera más clara posible lo que nos estás diciendo. Bendice nuestra comunión entorno a Tu palabra, en el nombre de Cristo, Amén.

Vamos a estar estudiando Mateo 5: 17 al 20, de nuevo, en esta noche. Pero, para comenzar, quiero que veamos Lucas 18, versículos 9 al 14. Lucas 18, versículos 9 al 14, este pasaje va a servir como un comienzo apropiado para nuestro estudio de esta noche, conforme estudiamos Cristo y la Ley de Mateo 5: 17 al 20. Esta es parte de nuestro estudio Cristo y la Ley de Mateo 5: 17 al 20, pero nuestros pensamientos pueden ser preparados al examinar Lucas 18, y noten la Parábola que nuestro Señor da. A unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los otros, dio también esta Parábola. Ahora, tenemos que detenernos aquí por un momento. Aquí hay algunas personas que confiaban en sí mismas como justas, justicia personal, la religión del mérito humano. Entonces, a esas personas, Jesús les contó esta historia: “Dos hombres subieron al Templo a orar. Uno era fariseo, el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera ‘Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano. Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano’”. Ahora, ahí hay un ejercicio de futilidad llevado a cabo por un hombre que se exaltaba a sí mismo como religioso. Como fariseo se consideraba como la persona más religiosa en su sociedad. En su propia mente él estaba convencido de que era la realidad. Él estaba agradeciendo a Dios porque no era como otras personas. Que iba más allá de las conductas de otras personas y ayunaba dos veces por semana. Por cierto, el Antiguo Testamento demandaba un ayuno al año, entonces, ayunar dos veces por semana, sería unas ciento tres veces más de lo que necesitaba ayunar.

“Por otro lado, el publicano”, versículo 13, “estando lejos -no quería aún alzar los ojos al cielo-, sino que se golpeaba el pecho diciendo: ‘Dios, sé propicio a mí, pecador’”. Ahí está el contraste. El hombre menos estimado en la sociedad judía era un publicano porque era un judío que trabajaba para Roma. Él recaudaba impuestos de su propia nación. Él había sido contratado por Roma. Él era el traidor definitivo, consumado y menospreciado por su sociedad. Él había buscado el dinero. Él había dejado su lealtad y nacionalismo, inclusive a su religión –por así decirlo- por motivos financieros. Este está en una esquina, golpeándose el pecho diciendo: ‘Dios, sé propicio a mí, pecador’. Y, en el versículo 14 Jesús presentó el punto de la historia: “Os digo que este descendió a sus casa justificado antes que el otro porque cualquiera que se enaltece será humillado y el que se humilla, será enaltecido”.

Esta es la historia de cómo el hombre malo que fue al cielo y el buen hombre que fue al infierno. Sirve como un comienzo apropiado a lo que vamos a ver en Mateo 5, porque en este pasaje tenemos una situación muy parecida. Ahora, la persona promedio que lee el relato de Lucas 18 no lo entendería, realmente, porque la mayoría de la gente cree que las personas buenas se van al cielo y las personas malas se van al infierno. El hombre que se está ahí, encogiendo de vergüenza en la esquina, golpeándose el pecho y diciendo: ‘Dios, sé propicio a mí, pecador’ está admitiendo que, realmente, va camino al Infierno.

Por otro lado, alguien que no extorsiona, alguien que no comete adulterio, alguien que ayuna dos veces por semana y da diezmos de todo lo que posee, es una persona súper religiosa que, ciertamente, va camino al cielo. La mayoría de la gente en la sociedad humana cree si usted es lo suficientemente bueno, va a llegar ahí y, si usted es malo, no va a llegar ahí. Pero Jesús contó una historia en Lucas 18 que dijo exactamente lo opuesto. Y él profundizó en Mateo 5 -observe- el versículo 17: “No penséis que he venido para abrogar la Ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el Reino de los Cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el Reino de los Cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos”. Este es nuestro versículo para la noche.

Lo que Jesús está diciendo aquí es que si usted va a entrar al cielo, tiene que ser mejor que los escribas y los fariseos. A lo largo de mi vida le he preguntado a mucha gente: ‘¿cómo llegas al cielo?’ y dicen: ‘siendo bueno’. Le dije a una persona en una ocasión: ‘¿qué tan bueno debe ser?’, él dijo: ‘muy bueno’, y yo le dije: ‘‘¿qué tan bueno es muy bueno?’ y él dijo: ‘es muy muy bueno’. Pero, lo mejor de la gente en la sociedad de Israel, lo mejor de lo mejor, de ninguna manera iba a entrar al Reino de los Cielos en base a su bondad, y, lo peor, en la sociedad de Israel, un publicano, un traidor, se fue a casa justificado. Lo cual, presenta la pregunta: ‘¿qué tan bueno necesita ser usted para llegar al cielo?’, ‘¿cuál es el criterio?’. Eso es precisamente lo que Jesús está intentando enseñar aquí. Este es un texto maravilloso y es tan rico, tan importante, que, únicamente, hemos empezado a rascar la superficie.

Permítanme recordarles el enfoque de los versículos 17 al 20 para que entiendan el significado del versículo 20 en su contexto. Jesús vino y estaba enseñando y Su enseñanza era extremadamente paradójica. Su enseñanza era radical y muy diferente a la de todos los maestros de su época. Los rabinos, los líderes, los fariseos, los saduceos, los escribas, eran muy diferentes. Ellos siempre estaban concentrándose con lo externo y Él siempre estaba hablando de lo interno. Él era tan diferente que la gente pensaba que Él, simplemente, debía ser otro revolucionario. Simplemente, otro incendiario que había venido a lo largo de la historia y trae una nueva Revelación. Simplemente, otro predicador itinerante, alguien que pretendía ser un Mesías, como tantos, y Su mensaje se oía más bien como una perversión del Antiguo Testamento. Y, debido a que este era un concepto más bien popular, Jesús pensó que era necesario aclarar Su relación con el Antiguo Testamento, la Ley de Moisés, las Escrituras. Y, en este pasaje Él empieza a mostrar la doctrina de Su Reino.

Habiendo establecido que Él es Rey, en los primeros cuatro capítulos, Él se lanza a este sermón. En este sermón Él quiere que sepan que Su mensaje no es nada nuevo, no es un cambio dramático. Él no está rechazando el Antiguo Testamento, dándoles algo que anulara, que invalidara, que abrogara el Antiguo Testamento, sino que más bien Él aclara que tiene un compromiso total con la Revelación del Antiguo Testamento. Y, al decir en el versículo 20, que la verdadera justicia excede la de los escribas y fariseos, Él simplemente está diciendo: ‘los escribas y fariseos no han vivido al nivel del estándar del Antiguo Testamento. No es un nuevo estándar, ni siquiera han vivido conforme al antiguo’. Entonces, en estos maravillosos versículos Jesús nos asegura de que Él está totalmente comprometido con el Antiguo Testamento. Está totalmente comprometido con interpretarlo correctamente. Está totalmente comprometido con todo, hasta las mismas palabras -versículo 18-. Él está totalmente comprometido con él, de tal manera que obedecerlo es la Bendición y desobedecerlo es la Maldición, de acuerdo con el versículo 19.

Entonces, Él, de ninguna manera es incoherente con el Antiguo Testamento. Él no está violando el Antiguo Testamento. Él lo está cumpliendo. En estos cuatro versículos Él da cuatro grandes Verdades acerca del Antiguo Testamento. En el versículo 17 la preeminencia de la Ley. Les dije, algunas semanas atrás, que lo que Él quiso decir con eso es que, todavía, es lo preeminente, no hay nada como ello. Su autor es Dios, fue afirmado por los profetas, fue cumplido por Él. Es la fuente más elevada de Revelación en la Existencia que existe. Es la única, preeminente sobre cualquier otro libro que jamás ha sido escrito. Entonces, Él estableció en el versículo 18 la preeminencia de la Ley. Él no había venido a destruirla, en ninguna manera, sino a cumplirla.

En segundo lugar, el versículo 18 presenta la permanencia de la Ley. Él vino a mostrar que la Ley no pasaría, nadie podría venir y abrogarla. Tenía que ser cumplida en todo sentido y Él -de hecho- era el que estaba en el proceso de cumplirla. Recuerden que cuando Cristo vino, la primera vez, comenzó a cumplir la Ley. Él todavía la está cumpliendo y la cumplirá, inclusive, en Su segunda venida. Entonces, hablamos de la preeminencia de la Ley. Es la más alta y la mejor. Hablamos de la permanencia de la Ley. Será cumplida y, hasta que sea cumplida, ni una “jota” ni una tilde será quitada de la misma. Y eso -por cierto- es la perspectiva de Cristo de las Escrituras. Toda ella, hasta las letras mismas, son la Palabra de autoridad de Dios y nunca será hecha a un lado sino que, más bien, será cumplida. Él es el que la está cumpliendo.

En tercer lugar, en nuestro último estudio, hablamos de la pertinencia de la Ley. Discutimos su preeminencia, su permanencia y su pertinencia. En el versículo 19 Él dice que esta Ley preeminente y permanente obliga a los corazones de los hombres. Entonces, en el versículo 19 Él dice: “Cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el Reino de los Cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el Reino de los Cielos”. Es tan preeminente, es tan permanente y es obligatorio que nosotros lo obedezcamos aún en sus partes más pequeñas -aún en sus partes más pequeñas-. Cristo dice que cualquier persona que quita el filo, la Ley filosa de Dios, la Ley Santa de Dios, de la Palabra Santa de Dios y enseña a otros un sentido diluido de obediencia o un conjunto de principios diluidos, será llamado el más pequeño en el Reino. Pero, el que la toma tal como es y la obedece será el más grande. La preeminencia, la permanencia y la pertinencia de las Escrituras llevó, finalmente, en el versículo 20 al propósito. ¿Por qué Dios dio las Escrituras?, ¿por qué una Ley preeminente, permanente, pertinente?, ¿por qué Dios nos da esta increíble declaración de verdad?, ¿por qué nos da todos estos estándares?, ¿cuál es el propósito?

El versículo 20 nos lo da realmente al no decirlo sino al implicarlo: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos”. El propósito de la Ley de Dios era mostrarle que usted tenía que tener más justicia de la que usted podría producir por usted mismo. Ese es el punto. Ese es el propósito. Gálatas 3:24 la expresa con esta declaración -por tanto, escuche esto-: “la Ley fue nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, para que pudiésemos ser justificados por la fe”. La Ley fue el ayo o el tutor para traernos a Cristo. La Ley fue el estándar, la norma perfecta la cual nos mostraría nuestro pecado. Ese fue su propósito. La Ley fue para mostrarnos que no podíamos hacerlo por nosotros mismos, que, inclusive, los mejores, los escribas y los fariseos, con toda su religiosidad, con todas sus ceremonias y rituales no podían ganar la justicia que demandaba entrar al Reino.

En otras palabras, si lo quiere oír de manera simple. La Ley fue dada con el propósito de frustrarnos, de mostrarnos lo inadecuados que somos. La Ley no fue dada para decirnos lo bueno que éramos sino para mostrarnos lo corruptos que somos. Y, esta es la razón por la que el hombre en la esquina, Lucas 18, se está golpeando el pecho y diciendo: ‘Dios, sé propicio a mí, pecador’, se fue a su casa justificado porque él respondió a lo que la Ley de Dios buscaba mostrarle: que él era un pecador, mientras que el otro hombre era tan justo, se creía tan bueno por sí mismo, que no vio todo el significado de la Ley de Dios porque nunca respondió a ella de la manera en la que Dios quería que respondiera.

Entonces, este, realmente, es el tema de Su sermón entero en Mateo 5 al 7 y es justicia verdadera. El Antiguo Testamento es la fuente de la verdadera justicia. El Antiguo Testamento da el estándar absoluto, entonces, este gran sermón, de las Bienaventuranzas hasta la ilustración final, en el capítulo 7, de las casas construidas sobre la arena y roca, es un sermón maestro acerca de las verdades justas que gobiernan la relación de un hombre con Dios, debido a que había un sistema falso en existencia en ese entonces y Jesús quería que supiera la gente, desde el principio, cuál era el estándar de justicia que Él demandaba, que Dios demandaba y no estaba disponible a ellos bajo el sistema actual. Usted oyó a la gente que fue bautizada en esta noche y dijo que por años y años de sus vidas eran parte de un sistema. Ellos habían ido a la iglesia y, algunos de ellos, estaban compartiendo lo fieles que habían sido en eso. Habían ido a la iglesia, semana tras semana, habían estado involucrados en todo el ritual y la ceremonia y demás, pero nunca conocieron la realidad. Y eso es verdad, y eso puede sucederle a usted en cualquier iglesia en donde usted sustituye la forma por la sustancia.

Entonces, la Ley vino con el propósito de mostrarnos que los mejores hombres entre nosotros no podían entrar al Reino de Dios. Los mejores hombres, las mejores personas no podían dar el ancho, las personas más amables, los mejores, los más nobles, los más religiosos, si estaban dependiendo de su bondad, serían excluidos del Reino. Si su justicia no excede la de los escribas y fariseos no puede entrar al Reino, ni siquiera puede ser parte del Reino. Este es el estándar de la verdadera justicia. Regrese, por un momento a Mateo 5:3 y recordemos dónde comenzó todo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Claro que, el sistema religioso de la época no era ser pobre de espíritu sino ser orgulloso, jactancioso, arrogante, sintiendo que habían llegado al nivel espiritual que debían llegar. Y esta es la antítesis misma de esta: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”. Estas personas no estaban llorando, estaban tocando la trompeta de su autosuficiencia,  estaban dándose palmadas en la espalda en lugar de llorar en la esquina como el hombre en Lucas 18. Estaban desfilando ante Dios, anunciándole su grandeza. Y claro que el versículo 5 dice: “Bienaventurados los mansos […]”, eran todo menos mansos, eran orgullosos. Versículo 6 dice: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia […]”, ellos no tenían hambre y sed de justicia, ellos pensaban que ya lo tenían. “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos recibirán misericordia”, ellos no estaban en el hábito de mostrarle misericordia a nadie, eran crueles. “Bienaventurados los puros, los limpios de corazón […]”, ellos no eran puros de corazón, limpios… eran blancos por fuera y, por dentro, eran corruptos, viles, sucios… “Bienaventurados los pacificadores […]”, ellos no hacían la paz, ellos quitaban la paz. Ellos se establecían por encima de cualquier otra persona y creaban división entre la gente… y así sigue. Y en los versículos 13 al 16 niegan la sal de la tierra y la luz del mundo.

Y entonces, Jesús, como pueden ver, contra el sistema de su época, en contra del legalismo de la ora, que decía que un hombre llega al cielo, llega al Reino en base a su propia bondad y Jesús entra y dice: ‘No, es base al reconocimiento de su propia condición miserable. La Ley no fue establecida para que ustedes mostraran lo bueno que eran. Es establecida para mostrar lo malo que son debido a su incapacidad de guardarla’. Y ellos pensaban que eran tan buenos. Debió haber habido algo malo con la Ley, entonces, cambiaron la Ley y terminaron inventando una serie de tradiciones rabínicas para que pudieran vivir en línea con ellas. Entonces, en base al concepto teológico de que somos buenos, ellos habían acomodado el estándar a su vida mientras que el pecador, ahí en la esquina golpeándose el pecho, aceptó un estándar divino y vio que no llegaba al estándar. Y Jesús dijo: ‘yo soy un Rey y yo tengo una declaración y no es diferente al Antiguo Testamento. Es el estándar del Antiguo Testamento, la Ley de Dios hasta la más pequeña letra y nada de esto ha sido abrogado y demanda una justicia que ustedes nunca podrían alcanzar’.

Y quiero responder algunas preguntas respecto vemos el versículo 20 y vamos a tener un retrato bastante claro. Pregunta número uno: ‘¿quiénes eran los escribas y fariseos?’ Si necesitamos una justicia que excede a la de ellos, debemos saber quiénes eran. Escribas, gramateon, de donde obtenemos la palabra gramática, gramatical. Simplemente, eran los que trataban con las palabras de la Ley, la interpretación de la Ley, el registro de la Ley. Ellos escribían la Ley, estudiaban la Ley, eran autoridades en la Ley, eruditos de la Ley. Ellos eran los que luchaban con los puntos finos de la Ley. Por cierto, habían escribas entre los saduceos, quienes eran los teológicos liberales y habían escribas entre los fariseos quienes eran los teológicos conservadores. El trabajo de los escribas simplemente consistía en copiar la Ley, estudiarla obtener el texto básico de la Ley, interpretarlo y demás. Estos escribas, más adelante, se convirtieron en los rabinos -llegaron a ser conocidos como rabinos-, realmente eran los precursores de los rabinos. El término escriba se refiere a una función: eran los escribas oficiales. Y, por cierto, en Israel habían dos tipos de escribas: estaban los escribas civiles y estaban los escribas ceremoniales. Los escribas civiles escribían los asuntos del gobierno, eran como los notarios y se encargaban de los deberes civiles. Esdras 4:8 habla de uno de ellos llamado Simsai. Además, estaban, también, los escribas ceremoniales o eclesiásticos y siempre estaban involucrados en estudiar las Escrituras y explicarlas y determinan lo que decían y demás. Eran los intérpretes de la Ley de Moisés, y, originalmente, vinieron de la tribu de Leví. Ellos, literalmente, entregaron sus vidas enteras al estudio del Antiguo Testamento y, lo que es sorprendente, es que llegaron a las conclusiones equivocadas.

Ahora, la gente dice, en la actualidad, todas estas personas que están en otros sistemas de religión que dicen ser cristianos: liberales, sectas y los demás, ellos estudian la Biblia. Bueno, también los escribas estudiaron la Biblia y llegaron a las respuestas equivocadas. Y, también, los saduceos y los fariseos. Todos llegaron a las respuestas equivocadas. Entonces, no le sorprenda si eso suceda en la actualidad. A menos de que su corazón esté bien y usted sea verdaderamente redimido y usted esté siendo instruido por el Espíritu de Dios, va a llegar a una conclusión humana aunque esté usando la Palabra Divina. Los escribas pasaban su vida entera en el texto del Antiguo Testamento, eran los eruditos oficiales.

Ahora, ¿qué hay acerca de los fariseos? Bueno, los fariseos no tenían una función en una secta. Dentro del judaísmo, habían varias sectas: estaba la secta de los Zelotes, y, los Zelotes, básicamente, eran los radicales políticos. Estaban los Esenios, eran, en cierta manera, los aislados, los hippies de la época de Cristo. Vivían ahí, en la comunidad de Qumrán en la orilla del mar Muerto, ahí en muchas cuevas. Eran los tipos de personas que eran antisociales, que estaban alejados de la sociedad. Entonces, por un lado, están los radicales políticos que estaban tratando de derrocar a Roma, que andaban por todos lados apuñalando romanos y haciendo todo tipo de cosas, en cierta manera, tras bambalinas, y, después estaban los esenios, una orden mística, casi monástica, que estaba ahí metida, en la orilla del mar Muerto cerca de nadie. Y, después, en el flujo de la sociedad habían otros dos grupos: los saduceos y los fariseos.

Ahora, fariseo viene de una raíz de palabra que significa separarse. Eran los separatistas. Los súper legalistas fundamentales de su época. Ellos se separaban a sí mismos de todo. Se separaban a sí mismos de todos los gentiles. No podían acercarse a uno, no querían ser contaminados. Se separaron a sí mismos de cualquier judío que vivía con menos preocupación de la que ellos tenían hacia la Ley. Entonces, los fariseos, en cierta manera, se elevaron a sí mismos, por encima de la sociedad judía como un grupo súper élite que sabían y pensaban que solo ellos era lo que realmente era caminar con Dios. Se habían convencido a sí mismos de que, realmente, eran los más importantes, los verdaderos hombres espirituales. Los fariseos diferían de los escribas en que, realmente, no estudiaban la Ley como lo hacía un erudito, simplemente, desarrollaron, a partir de la Ley, un sistema de ritual, desarrollaron una secta. Entonces, los escribas podían ser saduceos o fariseos, no necesariamente tenían que identificarse con alguno de los dos grupos. Los fariseos tomaron la palabra de Dios y desarrollaron un sistema rígido ceremonial, ritualista, no tanto basado en la Ley de Moisés como en la tradición. El problema era que, realmente, no podían guardar la Ley de Moisés. Entonces, como dije hace un momento, si usted cree que es justo y no puede guardar el estándar, entonces, cambia el estándar o la norma para acomodar su justicia.

Eso es lo que toda persona en el mundo que no conoce hace. Si tiene un concepto de la vida después de la muerte o algún concepto del cielo y el inferno, inventa un sistema que pueda guardar y después, de esta manera, se convence de que es lo suficientemente bueno para llegar al cielo. Una mujer estaba dando su testimonio en esta noche y ella dijo: ‘yo decidí que podía hacer cualquier cosa en el área del pecado si lo hiciera con moderación. Entonces, Dios entendería y podría ir al cielo’. Como puede ver, eso es lo que la gente hace. No pueden vivir conforme al estándar bíblico y entonces, arrastra el estándar, lo rebajan a niveles donde ellos puedan guardarlo y se convencen a sí mismos, en sus mentes, y tratan de probarse a sí mismo que están bien. Pero, la realidad es que si usted cree que el estándar de la Palabra de Dios es absolutamente verdadero y usted sabe que no puede vivir conforme a ese estándar, se va a volver loco de culpabilidad. Entonces, tiene que rebajar el estándar y eso es, exactamente, lo que los fariseos hicieron.

Los fariseos desarrollaron una serie de códigos, una codificación de reglas que ellos mismos, al menos, trataban de guardar. Hacían lo mejor que podían con eso y se convencieron a sí mismos de que Dios no tenía ninguna otra persona mejor que ellos en el mundo. Entonces, si alguien podía estar en el cielo, podrían ser ellos. De hecho, los judíos solían tener un dicho: “Si solo dos personas van a ir al cielo, uno va a ser escriba y el otro un fariseo”. Digo, no podía ser uno mejor que ellos. El hombre promedio en las calles en esta época de la historia decía: ‘Yo no puedo ser tan bueno como un fariseo. Yo no puedo ser como un escriba’. Digo, esos hombres estudian el Antiguo Testamento día y noche, día y noche. Tienen reglas para cada mitad de cabello y cada punto fino ha sido memorizado y conocen todo, de hecho, la mayoría de los escribas podían recitar, de manera literal, el texto entero del Antiguo Testamento porque lo habían copiado tantas veces- y, el ciudadano promedio decía: ‘no hay manera. No puedo hacer eso’. Y, después, veían al fariseo y decían: ‘yo no puedo vivir así. Yo no puedo guardar todas esas reglas. Yo nunca llegaré al cielo. Estas personas son tan santas. Su vida entera está entregada a la búsqueda religiosa, moral, espiritual’. Pero nuestro Señor dice: ‘No van a entrar’. Y, se pueden imaginar el shock del versículo 20 porque Jesús no habla en términos generales. En la actualidad, sería como decir esto: ‘a menos de que su justicia exceda la de esta o aquella organización y literalmente, se refiriera a sistemas de manera específica’-, fue un shock, porque estas personas eran respetadas, pero ese era el estándar.

Hagamos la segunda pregunta: ¿cuál era la naturaleza de su justicia?, ¿cuál era la naturaleza de la justicia de los escribas y fariseos? Si vamos a entender que la verdadera justicia- y que debe ser más elevada que la de ellos, ¿cuál era la de ellos? La pregunta podría ser así: ¿de qué dependían ellos para su salvación? Y usted conoce la respuesta. ¿De qué dependía un escriba fariseo? Estaba dependiendo del sistema externo de mérito humano: ‘¡mira lo que he hecho! ¡Yo no hago eso, yo hago esto! Yo ayuno dos veces por semana. Yo doy diezmos de todo lo que poseo y demás. Somos santos. Por fuera hemos desarrollado un sistema entero’. Permítame darle varios pensamientos. En primer lugar, su justicia era externa, de hecho, era solo externa. Una observación externa de la Ley. Ellos no se involucraban en adulterio, en homicidio, en asesinato, en idolatría… pero tenían muchos pensamientos impuros y corruptos y ellos codiciaban como locos y odiaban con furia y estaban fríos en sus corazones hacia Dios. El interior estaba echado a perder, pero por fuera lo podían mantener. Y, esa es la razón por la que el  Señor, conforme avanza, Él ilustra la farsa de su religión externa. Él decía en el versículo 21: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; pero yo os digo que si alguno se enoja, será culpable de juicio”. Versículo 27: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”. Versículo 33: “Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás […] Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera […]”. En otras palabras, han estado viviendo un sistema de reglas externas, pero yo les digo que lo que Dios quiere ver es lo que está dentro. Eso es lo que estaremos estudiando en las próximas semanas.

Nunca les preocupó lo interno, solo les preocupaba lo externo. Observen Mateo 23:25. Estaremos regresando a Mateo 23 más adelante porque tanto de lo que estamos viendo es un paralelo de lo que está ahí. Esto nos da un buen retrato de la naturaleza externa de su religión. Dice: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia”. En otras palabras, están muy bien por fuera, pero no hacen nada con lo de adentro. “¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad”. Esto es algo bastante directo, ¿no es cierto? Están podridos por dentro, aunque han limpiado lo de afuera.

Observaban de manera minuciosa las ceremonias y era muy importante para ellos. Y su sistema entero era superficial. Mire, examine su corazón en esta área. Es muy fácil involucrarse en un tipo de religión superficial. Es muy fácil enredarse en oraciones, la Biblia, asistir a la iglesia, asistir a un estudio bíblico… pero no hay nada por dentro. La vida no puede ser superficial. Estas personas tenían todo por fuera pero no por dentro y esa es la razón por la que cuando le dicen: ‘¿cuál es el más grande mandamiento?’, Él no les dio algo externo, les dijo: ‘Amen al Señor su Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerzas’. Este es el primer y más grande mandamiento y en Romanos 13, el apóstol Pablo dijo: “si tan solo guardas un mandamiento, vas a poder guardarlos todos porque es interno si guardas ese mandamiento. Regrese a Mateo 23:1: “Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos”. Tenían una posición de autoridad. Eran los que enseñaban la Ley de Moisés: “Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen”. En otras palabras, cuando se sientan en la silla de Moisés y les predican la Ley de Moisés háganlo. Era como un dicho que aún, si un asno habla la verdad, responde a ella, pero, por otro lado, si un ángel del cielo dice algo que no es verdad, no escuche, Gálatas 1. En otras palabras, si oyen la Ley de Moisés de labios de ellos, obedézcanla, escuchen lo que dicen, pero, al final del versículo 3 dice: “pero no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres […]”. En otras palabras, cuando hablen la Ley de Moisés, háganla pero no imiten su vida “dicen y no hacen”. Por cierto, Jesús comenzó Su sermón con ocho Bienaventuranzas dirigidas primordialmente a los fariseos. Y concluyó Su mensaje a ellos en Mateo 23 con ocho ayes que vendrían sobre ellos, una por cada Bienaventuranzas a las que no respondieron.

Entonces, los escribas y los fariseos están trabajando duro brillando por fuera y no haciendo nada con el interior. Y esta es la razón por la que nuestro Señor los confronta como hipócritas de justicia personal. En Lucas 16:15, las Escrituras dicen de manera semejante: “Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es de alta estima entre los hombres, es una abominación a los ojos de Dios”. En otras palabras, tienen una gran reputación religiosa pero Dios conoce su corazón. Lo que los hombres tienen en alta estima acerca de ustedes es una abominación a Dios porque todo es hipocresía externa.

Entonces, estas personas estaban tratando, como muchos lo han hecho, de elevarse a sí mismos por su propio esfuerzo, pero no puede ser hecho. En Gálatas 2:16 dice: “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley […]” y, al final del versículo: “no por las obras de la ley” y, de nuevo: “porque por las obras de la ley ninguna carne será justificada”. Usted no puede ser justificado por la Ley o la carne. Es imposible. Entonces, todos sus esfuerzos externos eran infructuosos e inútiles.

En segundo lugar, al entender la naturaleza de su justicia, no solo era externa, sino parcial. Versículo 23 de Mateo 23: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!” -ahora escucha esto-, “porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino”, esas son hierbas, algún tipo de planta y semillas, cosas insignificantes. Ustedes diezman sus cosas insignificantes. Se concentran hasta en lo más minúsculo en esas áreas externas pero: “dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”. En otras palabras, ustedes coláis el mosquito y tragáis el camello. En esa época, cuando querían tomar algo tenían una especie de malla, de filtro, para quitarle los insectos. Y estaban quitando los pequeños insectos de las cosas pero tragándose al camello entero.

El punto que Él está enseñando aquí es que les preocupaba mucho las cosas pequeñas, las cosas externas, pero ignoraban la justicia, la misericordia y la fe. Imagínese, era parcial. Solo se ajustaban a sí mismos, a lo que ellos podían hacer y nada más. Era una religión ritualista, diseñada para que ellos pudieran guardarla. Ellos tenían sus pequeñas tradiciones. De hecho, reemplazaron la Ley de Dios por ellas. Y, al guardar sus tradiciones, que ellos habían inventado. Decidieron que estaban sirviendo a Dios. En Marcos 7:7 Jesús dice: “Pues en vano me adoran, enseñando como mandamientos doctrinas de hombres. Porque haciendo a un lado el mandamiento de Dios, se aferran a la tradición de los hombres así como al lavamiento de los platos y de los vasos y muchas otras cosas que hacen y ustedes rechazan el mandato de Dios para guardar su tradición”. Imagínese. Abandonaron la Ley de Dios, que no podían guardar, inventaron la suya y se convencieron a sí mismo de que eran espirituales. Su justicia era externa, parcial y, en tercer lugar, había sido redefinida.

Haré una pequeña declaración acerca de esto, voy a explicar esto brevemente. Como dije antes, se estaban inventando sus propias reglas y, lo que terminaban haciendo era redefinir todo: ‘sí, eso es lo que Dios dijo, pero lo que Él quiso decir era esto”. Y, entonces, le daban un nuevo significado. Simplemente la redefinían en términos de su propia comprensión tomando algo externo y haciéndolo interno. Y lo redefinieron e hicieron un sistema que podían mantener. Pero claro, ahí de regreso inclusive en Levítico 11:44, las Escrituras dicen: “Porque yo soy Jehová vuestro Dios; sed santos porque yo soy santo” y Pedro lo retomó en primero de Pedro 1:15 y dijo: “sed santos porque yo soy santo”. Sin embargo, ¿qué dijeron ellos?: “Te doy gracias porque no soy como los otros hombres” y procedieron a recitar su propia santidad. ¡El estándar de santidad era Dios! Observen Mateo 5:48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Las Escrituras les estaban diciendo: ‘tienen que ser tan santos como Dios, tan perfectos como Dios’, pero ellos sabían que no podían ser si ellos tomaban la Biblia de manera literal, tal cual, y lo que hicieron fue redefinirla para acomodar su propia impiedad rebajando el estándar.

En cuarto lugar, no solo su justicia era externa, parcial, redefinida sino que estaba centrada en sí mismos. Centrada en sí mismos. Ellos ganaron o adquirieron su propia justicia por sí mismos. Lo hicieron por sí mismos. Ellos manifestaron una falta de insatisfacción, no estaban insatisfechos y la verdadera santidad siempre emana de la insatisfacción. Cuando usted está insatisfecho con su vida, llora por su pecado, está encogiéndose, buscando esconderse como un mendigo allí en una esquina, en un rincón, teniendo hambre y sed de una justicia que usted sabe que no puede alcanzar. Entonces, eso es justicia verdadera. Pero ellos sabían que eran justos. Ellos habían inventado su propia justicia por sí mismos, entonces, sabemos que estaba centrada en sí mismos. No necesitaban que Dios los hiciera justos porque ya eran justos. De esto habla Pablo cuando dijo: “porque, por desgracia sois salvos por medio de la fe, no por obras”, pues es donde Dios- para que nadie se gloríe. Ellos se jactaban porque tenían su propia justicia. Y aquí estaban: los escribas y fariseos con una justicia que era externa, parcial, había sido redefinida y estaba centrada en sí mismos.

Y ahora llegamos a una tercera pregunta: ¿cuál es la naturaleza de la justicia que Cristo demanda? Ya le di la respuesta. El demanda una santidad absoluta. Perfección absoluta. Justicia interna y externa. En el Salmo 45:13 hay una ilustración interesante. La hija del rey dice: “es toda gloriosa por dentro y su atuendo ha sido hecho de oro”. Dios quiere que usted sea todo glorioso por dentro y que sea oro puro por fuera. Es como dijo de los fariseos: “hagan lo que ellos hacen, está bien, pero no sean por dentro lo que ellos son”. Guarden la Ley de Dios por fuera pero sean gloriosos por dentro. El estándar de justicia que Cristo establece es justicia absoluta. Escuchen amados, el hombre mira lo que está delante de sus ojos pero Dios ve el corazón. Primero de Samuel 16:7 dice que la verdadera justicia está por dentro y tiene que satisfacer el estándar. Dice usted: ‘¿qué tan bueno debo ser para llegar al cielo?’ Usted tiene que ser tan bueno como Dios. ‘¿Qué tan perfecto tengo que ser para entrar a Su Reino?’ Tan perfecto como Él es. ‘¿Qué tan santo tengo que ser para entrar al Reino?’ Tan santo como Dios es Santo, así de santo. Dice usted: ‘oye,  no importa qué tan religioso soy, no lo puedo hacer por mí mismo. No puedo ser tan santo, tan justo, tan perfecto como Dios’.

Y eso nos lleva a una cuarta pregunta: ¿cómo se obtiene ese tipo de justicia?, ¿en dónde obtiene usted eso?,  ¿dónde lo adquiere? No lo puedo hacer por mí mismo. No puedo ser así de justo por mí mismo. Y eso es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: ‘os dijo que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y los fariseos”, dice usted: ’no puedo ser más justo que un escriba o fariseo por mí mismo. ¿Cómo voy a obtener esa justicia?’ Bueno, tengo una maravillosa historia que contarle. Regrese a Gálatas 2:16 donde dice: “sabiendo que un hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo, así también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la ley, porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado”. ¿Cómo, entonces, somos justificados? Por fe en Cristo. ¿Cómo, entonces, somos hechos justos? Por fe en Cristo. Eso, amados -y quiero que entienda usted esto-, ese es el mensaje del Apóstol Pablo. Romanos 2:21 dice: “Pero ahora, la justicia de Dios es aparte de la ley”. Usted no puede alcanzar la justicia de Dios ni tratar, en su propia carne, debe tratar de guardar la Ley, está en el siguiente versículo cuando dice: “la justicia de Dios es por fe en Jesucristo”. A todos los que creen ¿no es eso maravilloso? Dice usted: ‘¿dónde obtengo ese tipo de justicia?’ Por fe en Jesucristo.

En el cuarto capítulo de Romanos, versículo 3, Él dice: “Abraham creyó a Dios y le fue contado a él por justicia”. ¿Qué tan justo tuvo que ser Abraham? Tan justo, tan santo como Dios. Dice usted: ‘bueno, Abraham, no va a llegar, porque él cometió mucho pecado’. Tiene razón. Entonces, ¿cómo es posible que él alcanzó esa naturaleza justa? Lo dicen en Romanos: “creyó a Dios y le fue contado por justicia”. Qué cosa tan fantástica. En Romanos 5:17 lo vuelve a decir: “porque si por la ofensa de un hombre la muerte reinó a través de uno, mucho más aquellos que reciban la abundancia de la gracia y del don, la dádiva de justicia reinarán en la vida a través de uno, Jesucristo”. El regalo de justicia, la dádiva de justicia, ¿no es eso maravilloso? El don. No lo puede ganar, es un don, es un regalo. Si usted está tratando de alcanzar su propia justicia va a terminar perdido para siempre. Si usted quiere estirarse y tomar, recibir, el regalo gratuito por fe en Jesucristo, su justicia le es ofrecida a usted. Qué pensamiento tan tremendo. Romanos 5:21 dice: “así como el pecado reinó en muerte, así también para que la gracia reinara a través de la justicia a vida eterna a través de Jesucristo Nuestro Señor”. Escuche, la única manera en la que usted pueda ser lo suficientemente justo como para entrar al cielo es por el Señor Jesucristo, imputándole su propia justicia. Es un regalo de Él que usted nunca podría ganarse. Y, en Romanos 8:4 dice: “mediante Cristo la justicia de la Ley es cumplida en nosotros”.

Es un concepto tremendo. Si usted no está contento con oír esto, entonces, usted está contento acerca de la verdad más grande en toda Biblia, en lo que a nosotros concierne: que Dios ha establecido un estándar que nosotros nunca podremos alcanzar y después nos ha dado el cumplimiento de ese estándar como un regalo simplemente al confiar en Jesucristo, al creer en Él. Por otro lado, los judíos de acuerdo con Romanos 10:3 son ignorantes de la justicia de Dios, ignorantes del estándar y ellos buscan establecer su propia justicia y no se han sometido a la justicia de Dios. ¿Cuál es esa? Cristo. ¿Quién es el fin de la Ley para justicia? Todo aquel que cree. Si usted quiere saber de qué habla Romanos 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10, están hablando de cómo obtener una justicia que es inalcanzable al recibirla como un regalo a través de creer en Jesucristo. Así es como usted obtiene la justicia que se requiere. Primera Corintios 1:30 dice: “pero más por Él estáis vosotros en Cristo Jesús, quién nos ha sido hecho por Dios sabiduría y justicia”. Cuando Dios ve a John MacArthur me ve tan justo como Él es. Cuando Él me ve, Él me ve tan santo como Él es. Cuando Él me ve, Él me ve tan perfecto como Él es porque, debido a Jesucristo, porque cuando confío en Él me ha imputado su propia justicia y estoy tan puro como Cristo, tan libre de pecado como Cristo. Esa es mi posición delante de Dios.

¿Qué tan bueno tiene que ser un hombre para llegar al cielo? Tiene que ser tan bueno como Dios. Y, ¿cómo llega usted a ser tan bueno como Dios? Solo de una manera: Dios le tiene que dar a usted su bondad. ¿Cómo es que Dios le da a usted su bondad? Cuando usted acepta a Jesucristo como Señor y Salvador la Biblia dice que la justicia de Cristo le es imputada a usted. Qué pensamiento tan fabuloso. Entonces, hacemos la pregunta: ¿quiénes eran los escribas y fariseos?, ¿cuál era la naturaleza de su justicia?, ¿cuál es la naturaleza de la justicia que Cristo demanda? Y, ¿cómo esa justicia se vuelve nuestra? y después, la última pregunta, ¿cuál es el resultado para aquellos que no obtiene esta justicia? ¿Qué le pasa a esas personas que, ni siquiera, reciben este regalo de justicia? ¿Quiénes, de manera muy religiosa se vuelven locos por entrar? Ellos pasan su información de puerta en puerta.

Siempre pienso en esto cuando veo a los mormomes y testigos de Jehová y todas estas sectas… hombre, están trabajando hasta volverse locos para entrar al Reino y se están esforzando con todas sus fuerzas por obtener su propia justicia. Ellos han dicho que Jesucristo no es Dios y, de esta manera, no solo han denigrado su persona sino que han quitado, abrogado y anulado sobre la Cruz y en la tumba abierta. Sin Cristo como Dios, sin una muerte sustitutiva por parte del Dios-Hombre y sin una resurrección literal-corporal del Dios-Hombre no hay justicia alcanzable para los hombres. Y, entonces, estas personas, están trabajando para llegar al nivel más profundo que podemos imaginar del infierno y eso es, precisamente, lo que está pasando. Nuestro Señor dice en Mateo 5 de manera muy simple: “porque os digo que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y fariseos no entraréis en el Reino de los Cielos”. A menos de que su justicia exceda, una justicia que es externa, parcial, redefinida y centrada en usted mismo, de ninguna manera entrará en el Reino de los Cielos. No importa qué tan religioso sea, qué tan bueno sea, usted será excluido del Reino de Dios. Y creo que eso es, exactamente, lo que Él está diciendo en este sermón: ‘Este es el estándar de justicia. Ustedes alcanzan el estándar mediante la fe en Mí y entrarán en Mi Reino’. Si ustedes tratan de hacerlo por ustedes mismos y ser tan religiosos como quieran, nunca llegarán ahí. El Reino les es fuera de la bendición de Dios ahora y para siempre y nunca entrarán en esa esfera fuera de la fe en Cristo.

Más adelante, Mateo 7, él señala estas dos posibilidades. Él dice: “Entrad por la puerta estrecha porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por ella”. ¿Sabe usted que hay muchas personas que creen que van por el camino al cielo? Creen que el camino ancho aquí, no es el camino al infierno sino el camino al cielo. Creen que el camino ancho va camino al cielo y están en ese camino. Todas son religiosas, dicen. Hay muchos que van por ese camino. Y los muchos que van ahí son definidos en el versículo 21: “No todo el que me dice ‘¡Señor!, ¡Señor’, entrará en el Reino de los Cielos. Ellos van a decir ‘¡Señor!, ¡Señor!, todos hemos llegado. Somos religiosos’. Son los muchos, de acuerdo con el versículo 22, los mismos muchos con el versículo 13: ‘¡Señor!, ¡Señor!, profetizamos, echamos fuera demonios, hicimos muchos milagros’ y Jesús les dice: ‘Nunca os conocí, apartaos de Mí, hacedores de maldad’ y Él procede a ilustrar como el hecho es que ellos habían construido una casa religiosa pero la construyeron en la arena y cuando las aguas del juicio vienen, su casa religiosa va a ser demolida y serán condenados al infierno para siempre.

Por otro lado, dice en el versículo 14: “Entrad por la puerta estrecha porque estrecha es la puerta y ancho el camino que lleva a la vida y pocos son los que la hallan”. ¿Saben lo que está diciendo ahí? Él está diciendo: ‘hay muchas personas religiosas pero hay pocas personas regeneradas’. Eso es lo que está diciendo. Examine su vida, ¿realmente es justo o solo es un ritual? ¿Realmente conoce usted a Jesucristo o está dependiendo de su propia bondad? Jesús dijo: ‘no, yo no estoy haciendo a un lado la Ley de Dios, yo voy a sostener en alto la Ley de Dios, voy a purificarla, voy a limpiarla de todas las inmundicias de la corrupción humana, restablecer su preeminencia, su permanencia, su pertinencia y voy a reiterar que su propósito consiste en mostrarle que usted es un pecador y, cuando usted convierta ese estándar en uno que usted puede guardar por usted mismo, usted lo ha rebajado al punto que lo va a excluir para siempre del Reino. Ellos habían desarrollado una religión de mérito humano que no iba a hacer nada más que condenarlos.

Escuche, usted no puede inventar su propio estándar. Cuando enseñé el libro de Gálatas les conté una ilustración. Imagínese que va a un juego de fútbol y los boletos cuestan cinco dólares y usted llega a la puerta y, de manera furiosa, dice: ‘yo conozco a estos dos equipos bien y ninguno de ellos vale cinco dólares, solo voy a pagar dos dólares y ya’. Y el hombre de la puerta le va a decir: ‘mira, salte de la puerta, por favor, deja que alguien más venga. Los boletos cuestan cinco dólares’. No importa cuánto se aferre al punto de vista: que son equipos malos… no importa cuánto trate de convencer usted al que está allí, en la puerta, a él no le interesan sus argumentos, o paga usted los cinco dólares y entra o se va a casa y olvida esto. ¿Por qué? Porque usted no tiene la posición de fijar los precios. Usted, simplemente, está en la posición de responder al estándar y Dios ha establecido el estándar, y Dios no quiere que la gente llegue a negociar con Él. El estándar es fe en Jesucristo, es el cielo de Dios, Él establece los términos y lo único que usted puede hacer es responder, o entra en Sus términos, o se queda fuera. Una vez hubo un fariseo que probó el sistema de los fariseos.

Este hombre era un súper fariseo, escúchenlo en Filipenses 3:4. Su nombre es Pablo: ‘porque yo también tengo de qué confiar en la carne. Si alguien cree que tiene de qué confiar en la carne, yo más’. Él dice: ‘si quieren hablar de religión centrada en uno mismo, de lo bueno que un hombre es en su propia carne, yo soy lo mejor’. Él dice: ‘yo fui circuncidado el octavo día’. Era israelita, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos. Con respecto a la Ley, fariseo. Con respecto a celo, perseguidor de la iglesia. Con respecto a la justicia que es en la Ley, irreprensible. Dice usted: ‘hombre, estás muy bien, ¡Qué credenciales!, seguro que puedes entrar’. Versículo 7… pero, ¿cuántas cosas eran para mi ganancia? Las he estimado como pérdida, literalmente estiércol por Cristo y sí, de hecho, yo, todo lo tengo por pérdida, por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús Señor mío. Versículo 9: “a fin de ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, la cual es de la Ley, sino la que es mediante la fe en Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”. Pablo dice: “yo soy una ilustración viva. Un fariseo que tenía todas las credenciales pero la consideré estiércol para poder obtener a Cristo y tener Su justica”. Amados, en eso consiste la salvación. ¿Es eso lo que usted cree?, o, ¿está usted entre aquellos que están pasando sus vidas tratando de acumular su derecho de entrar al cielo? Uno de los grandes himnos lo dice de esta manera: “Nada en mi mano traigo/ simplemente a Tu cruz me aferro/ Desnudo vengo a ti buscando ropa/ Inútil buscando/ mirando a ti para recibir gracia/ Como ave vuelo a la fuente/ Límpiame, Salvador, o muere/ Roca de las edades hecha para mí/ Permíteme esconderme en ti”.

Oremos. Sé que la mayoría de ustedes esta noche aquí son cristianos. Ustedes aman al Señor Jesucristo. Algunos de ustedes quizás, nunca le han entregado su vida a Él, están dependiendo de su propia justicia, pero es infructuoso. Clame usted a Él, roca de las edades hecha para mí, permíteme esconderme en ti. Nada en mis manos traigo, simplemente a Tu cruz me aferro. Desnudo vengo a ti para ser vestido, inútil, buscándote para recibir gracia. Como ave vuelo a la fuente. Lávame Salvador o moriré. Si usted clama a Dios, Dios lo lavará, Dios lo limpiará, le dará una justicia que usted nunca puede alcanzar, una justicia para ahora y para siempre.

Padre, oramos en este momento que todos nosotros nos examinemos, examinemos nuestros corazones y aquellos de nosotros que encuentren la confirmación que, verdaderamente, tenemos Tu justicia, te ofrezcamos gratitud. Señor, para aquellos que tienen dudas o preguntas si poseen o no la justicia de Cristo, si realmente han recibido el regalo de la justicia que le es dada a aquellos que creen, Señor. Oramos en esta noche que, con un mano vacía, tiren para recibir el regalo trayendo nada de sí mismos, buscando ninguna grandeza personal, no ofreciendo las obras de la carne, sino como mendigos, buscando con una mano vacía recibir el regalo de la justicia. Que ellos reciban la abundancia que tú das y Dios, que nadie se vaya de este lugar en esta noche que no haya recibido la justicia de Cristo que hace que nuestra posición delante de ti sea tan santa como Tú mismo eres santo. ¡Qué regalo! ¡Qué agradecidos estamos! Para la Gloria de  Cristo, oramos. Amén.

Y, de antemano, gracias por su apoyo.

 


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