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Si es tan amable en esta mañana, tome su Biblia y acompáñeme a Mateo capítulo 6. Estamos comenzando un estudio de la oración de los discípulos en Mateo 6:9 al 15. Realmente, la oración llega hasta el versículo 13; y los versículos 14 y 15 son un epílogo de la oración para explicar un elemento de la misma. Pero este será nuestro estudio durante las próximas semanas. Usted no puede estudiar esto, la oración de los discípulos, comúnmente conocida como la oración del Señor, de manera apresurada. No es posible que usted la estudie en una semana. Y esta mañana trataré de decirle por qué.

Para muchas personas, esta oración es algo que simplemente han recitado. Y al limitarla a eso, usted pierde el punto entero porque es infinitamente más que eso. Normalmente, en un sermón, tomaríamos un texto de las Escrituras, desarrollaríamos un bosquejo y predicaríamos este texto. Pero en esta mañana, quiero darle una perspectiva panorámica de la oración de los discípulos. La razón por la que quiero hacer esto es porque realmente creo que es algo tan esencial. Realmente, creo que para cuando terminemos de estudiar esto en las próximas semanas, será una experiencia que cambiará nuestras vidas. Va a hacer en nuestra vida de oración, lo que creo que las bienaventuranzas harán en el área de nuestro compromiso y consagración. Es monumental en términos de su capacidad de instrucción.

Ahora, al comenzar la serie de la oración de los discípulos, creo que necesitamos tenerla en mente. Así que permítame leerla hasta el versículo 13: “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”

Ahora, al enfrentar esta porción tremenda de las Escrituras, nos encontramos con uno de los temas más vitales de toda la vida cristiana. Enfrentamos el tema de la oración. Se ha discutido mucho, se ha hablado mucho, se ha enseñado mucho. Y sin embargo, es vital; y quizás ha sido malentendido en muchos casos. El creyente debe aprender a orar para experimentar la plenitud de comunión con Dios, para abrir las puertas del cielo, para conocer la plenitud de la bendición de Dios, necesitamos saber cómo orar.

Este maravilloso modelo de oración nos enseñará a hacer eso. Y, claro, creo que todos estamos conscientes de lo importante que es la oración. El apóstol Pablo dijo “orad sin cesar”. Orad sin cesar. Ore y nunca deje de orar. Ahora, algo que consume tanto a la experiencia cristiana, debe ser comprendido. Si no sabemos cómo orar, si no sabemos por qué orar, entonces no nos ayuda mucho el seguir orando. No obstante, si sabemos por qué orar y cómo orar, entonces orar sin cesar tiene una importancia tremenda.

Ahora recuerde que en esta sección en particular del Sermón del Monte, Mateo está presentando al rey como lo hace en todo su Evangelio. Y aquí en los capítulos 5 al 7, el Rey está presentando los estándares de Su Reino. Ahora, Él da el estándar de Su Reino en contraste a los supuestos estándares del día. Los judíos del día de Jesús habían desarrollado un sistema que ellos consideraban apropiado para llevarlos al Reino; pero no era así.

Y particularmente, Jesús está concentrándose en sus actividades religiosas en el capítulo 6. En el capítulo 5 dijo que su teología no era la adecuada. Más tarde, en el capítulo 6, la perspectiva del mundo material no era adecuada. Y aquí Él dice que su vida religiosa no es adecuada; y Él toma tres ilustraciones: sus limosnas, sus oraciones y su ayuno. Sus limosnas no son apropiadas. Sus oraciones no son apropiadas y su ayuno no es apropiado.

Y Él entonces usa eso como un contexto para reafirmar cuál es el verdadero estándar de Dios. Entonces, estos realmente son los estándares del Reino. Estas son las condiciones de ser un hijo del Rey. Esta es la manera en la que un verdadero hijo del Rey vive, no como los judíos de ese entonces, sino como Jesús señala aquí al afirmar el estándar de Dios.

Ahora, permítame tan sólo decir que las tres que Él usa aquí al discutir su actividad de religiosa: el dar, el orar y el ayunar; el énfasis mayor se concentra en la oración, porque la oración es más importante. Dar es importante, pero usted va a dar de manera apropiada únicamente cuando usted dé a partir de una comunión constante con Dios, sólo cuando usted está respondiendo a Dios, sólo cuando su corazón está lleno de gratitud. Sólo cuando usted está dando a partir de la vitalidad de una vida personal que vive en comunión con Dios. Y el ayuno no tiene significado fuera de la oración.

Entonces, el concepto de la oración es muy, muy elemental para todo lo que usted da y todo lo que ayuna. Y esa es la razón por la que cuando el Señor selecciona tres áreas de la vida religiosa: el dar, el orar y el ayunar, Él se concentra en la mayor parte de lo que Él dice, en el tema de la oración.

Es algo muy esencial. De hecho, Martin Lloyd Jones lo ha expresado en estas palabras: “el hombre se encuentra en su mejor estado y en su estado más elevado cuando está de rodillas cara a cara con Dios.” Eso es verdad. Jesús entonces, está desafiando a la religión de Su día y Él está diciendo de hecho: “sus oraciones, así como cuando ustedes dan y cuando ustedes ayunan, son sub estándares.”

Ahora usted dirá ‘bueno esa la gente del Antiguo Testamento. Esos son los judíos en los días de Jesús. ¿Qué mensaje tiene esto para nosotros?” Escuche. En el caso de nuestro día, nuestra religión, en muchos, muchos casos es simplemente tan sub estándar y está tan sujeta y es tan inadecuada como lo fue la de los judíos en los días de Jesús. Se da mucho para gloria personal. Se ayuna mucho para llamar la atención a nuestra supuesta santidad. Y se ora mucho de una manera que es pretenciosa. Se ora mucho que no reconoce los estándares básicos bíblicos divinos para la verdadera oración. De hecho, el apóstol Pablo dijo en Romanos 8:26 -y él dijo esto acerca de la Iglesia, él dijo esto acerca de personas de este lado de la cruz, del lado en el que vivimos. Él dijo: “no sabemos orar como debiéramos.”

Él dijo dos cosas ahí: no sabemos por qué orar y no sabemos cómo debemos orar por aquello por lo que no sabemos orar. No sabemos cómo o qué en nuestras oraciones. Entonces, “el Espíritu Santo hace intercesión por nosotros.” En otras palabras, Dios siempre está ayudando nuestras oraciones porque no sabemos cómo orar o por qué orar.

Entonces, tenemos el mismo problema. Muchos que ni siquiera son cristianos, oran. Ese tipo de oración no es muy diferente de la de los escribas y fariseos, inadecuada y una oración sub estándar. Entonces, nuestro Señor en Su corrección al dar y en Su corrección al ayunar, se concentra en actividades religiosas muy específicas. Pero nunca lo hace de un modo tan fuerte como lo hace en su categoría de la oración. La mayoría de los versículos en esta sección se dedican al tema de la oración. Y lo que nuestro Señor está haciendo es afirmar la necesidad de orar de una manera adecuada. Él dice con respecto al dar: “no lo hagan de esta manera. No lo hagan de aquella manera. No lo hagan de este modo.” Con respecto al ayuno, dice: “no lo hagan de esta manera. No lo hagan de esa manera. Y no lo hagan de esta manera.” Pero con respecto a la oración, Él dice: “no lo hagan de esta manera. No lo hagan de esa manera. Sino, háganlo de esta manera.” Este es el único en el que Él da una descripción detallada de cómo debemos orar.

No hay mucha discusión acerca de cómo debemos dar en este capítulo. No hay mucha discusión acerca de cómo debemos ayunar, simplemente se toca de manera ligera. Pero cómo debemos ayunar -escúcheme- es de manera total, general, específica y detallada cubierto en esta oración simple de 66 palabras breves. Es una obra maestra absoluta de la mente infinita de un Dios sabio, quien de alguna manera puede incluir la totalidad de todo elemento concebible en la oración y reducirlo a un patrón simple para la oración. Es la economía de palabras que solo Dios mismo, con Su mente infinita, podía llegar a diseñar.

Este patrón en particular para la oración de manera absoluta me asombra. Y entre más estudié esto esta semana, más frustrado terminé. Normalmente, cuando llego a un pasaje, diseño un pequeño bosquejo y a partir de ahí, lo sigo. Pero éste, lo estudié de una manera y después, lo estudié de otra manera y después, de otro modo y después, de otro modo; y me pareció que hay una cantidad infinita de posibilidades de ver este increíble patrón de oración. Es una tragedia absoluta que la gente en la iglesia conoce esto como algo que usted incluye al final de una oración en un servicio de adoración. Y eso está muy lejos de Su intención.

Ahora, quiero dar un paso más hacia adelante al introducir esto: creo que hay dos pruebas definitivas de espiritualidad verdadera. Hay dos pruebas definitivas de espiritualidad verdadera. Uno es el estudio de la Palabra de Dios y dos es la oración. Esas son las dos pruebas definitivas de espiritualidad verdadera. Y yo creo, en lo personal, y creo que la Biblia apoya esto, que el estudio de la Palabra de Dios viene primero. ¿Por qué? Porque ni siquiera sabemos cómo orar a menos de que sepamos lo que la Biblia enseña acerca de Dios, acerca de la voluntad de Dios, acerca de nuestras vidas y acerca de nuestros problemas.

Por lo tanto, es el estudio de la Palabra de Dios lo que da luz a una vida de oración significativa. Usted no puede orar en un vacío. No es virtuoso decir bueno, tal y tal nunca estudia la Biblia, pero ora todo el tiempo. Bueno, si estudiara la Biblia un poco, quizás podría reducir un poco el tiempo que necesita orar, porque eliminaría muchas cosas superfluas. Cuando Jesús dio un modelo de oración lo hizo de manera muy, muy breve. Y no es qué tan larga es, su oración. Es si su oración toca todos los elementos que son vitales y necesarios. Y francamente, usted lo puede hacer con 66 palabras o usted puede hacerlo durante toda la noche siempre y cuando toque todos estos elementos.

Pero el estudio de la Palabra de Dios viene primero. Permítame mostrarle lo que quiero decir. Hay personas que le ruegan a Dios a que les dé el Espíritu Santo. Ya tienen al Espíritu Santo. Hay personas que le ruegan a Cristo que les de fortaleza. La Biblia dice que usted “todo lo pueden Cristo que lo fortalece.” He oído a personas que se ponen de pie y dicen “Señor, quédate con nosotros”. Y la Biblia dice “he aquí, Yo estoy con vosotros todos los días.” Hay personas que le ruegan a Dios por amor, porque puedan amar a alguien. La Biblia dice que el amor de Cristo ha sido derramado en su corazón. No lo necesita. Simplemente, necesita expresarlo.

Lo que estoy diciendo es que a menos de que entendamos la verdad de la Palabra de Dios, usted realmente no sabe cómo orar. Entonces, las dos pruebas definitivas de madurez espiritual o de espiritualidad son el estudio de la Palabra de Dios y como un corolario, la oración, la oración que está guiada por una comprensión de la Verdad de Dios. Y cuando estudiamos la Palabra de Dios y descubrimos la Verdad de Dios, descubrimos también la condición verdadera de nuestros propios corazones, la verdadera condición de nuestras propias vidas espirituales y eso nos motiva a la oración privada, personal, cuando abrimos nuestros corazones a Dios.

En mi vida, nada me motiva a tener comunión con Dios tanto como el abrir Su Palabra. Ahora, nuestro Señor conocía el lugar de la oración. La Biblia dice que Jesús, con mucha frecuencia, se levantaba muy de mañana y se iba al monte a orar. La Biblia indica que en las tardes, Él iba a la parte de atrás de Jerusalén, al otro lado del torrente de Cedrón, ascendía un poco al monte de los olivos y ahí tenía comunión con Su Padre. Y oraba con frecuencia con el Padre toda la noche.

Los discípulos vieron en Jesús un compromiso tremendo con la oración. Y probablemente, eso es lo que motivó a algunos de ellos a que dijeran en Lucas 11:1: “Señor, enséñanos a orar.” Y cuando se hace esa pregunta en Lucas 11:1, Jesús les repite este mismo modelo de oración que está aquí en Mateo 6. Pero ese es un incidente diferente, pero básicamente, les da el mismo modelo.

Y quizás aquí, conforme Jesús está hablando, y Él dice: “no quiero que oren como los fariseos, haciéndolo delante de los hombres; no quiero que oren de manera repetitiva, vana, como los paganos; y no quiero que oren pensando que están informándole a Dios, ‘Dios tengo que decirte algunas cosas que realmente necesitas saber.’ Realmente no quiero que oren así.”

Jesús sabe que en sus mentes estarán diciendo ‘bueno, entonces enséñanos cómo orar. Si no debemos hacerlo así, entonces, ¿cómo debemos hacerlo? Entonces el Señor les dice a ellos, presuponiendo la pregunta, versículo 9, “vosotros, pues, oraréis así.” Así es como quiero que oren. No así, sino de esta manera. Y entonces, el Señor toca la gran necesidad para orar de manera apropiada.

Amados, esto viene en un tiempo maravilloso en medio del manifiesto del Rey, en un gran tiempo en el corazón del Sermón del Monte, presentándonos para todos los tiempos y que el entendimiento de la oración es vital para un ciudadano del Reino. Para aquellos que siguen al Rey, la oración es una parte muy esencial.

Ahora, yo creo que esto debió haberlos sacudido de modo muy fuerte. Porque los judíos le habían dado un lugar de prioridad a la oración. Pero en el proceso del tiempo, ellos habían abandonado la pureza de la oración genuina y ellos habían dejado la verdadera oración a cambio de los ejercicios religiosos, ritualistas, rutinarios que tenían. Tenían sus pequeñas fórmulas, tenían pequeñas oraciones ya concebidas que oraban en tiempos específicos. Y todo esto había reemplazado para el día de Jesús la realidad de la oración genuina.

Pero esa fue una realidad que conocieron una vez en el pasado. Dios les había dado eso. Permítame compartir con usted entonces algo de la perspectiva histórica judía acerca de la oración.

La gente dice que esto de la oración es algo nuevo. Realmente, no. No de manera total. No fue así. Simplemente, es una reafirmación de algo muy antiguo. Y eso encaja en el Sermón del Monte, ¿no es cierto? Porque en el sermón del monte en el capítulo 5, versículo 17, cuando Jesús comenzó en esta discusión entera aquí en el capítulo 5, 6 y 7, Él dijo “miren, no he venido a quitar nada del Antiguo Testamento. No vengo a añadir nada al Antiguo Testamento. Vengo a afirmar el Antiguo Testamento. De hecho, ni una jota ni una tilde será quitada de la ley. Estoy aquí para recordarles de la pureza de lo que Dios quiere.” Y cuando hablamos de la oración, Él les afirma a ellos cosas que ellos deberían haber sabido bien y que deberían haber estado incorporado en sus oraciones.

Permítame tan sólo darle algo de la perspectiva de los judíos en términos históricos acerca de la oración. Los judíos creían que tenían un derecho a orar. Los judíos del Antiguo Testamento creían que tenían el derecho de venir a Dios. Esta era una parte muy importante de su experiencia en la vida. Continuamente, deseaban venir a Dios, escuchen, porque creían que Dios quería que estuvieran ahí. No veían a Dios como los paganos vienen en temor y temblor. No venían a Dios en pánico. Venían a Dios porque realmente creían que Dios quería que vinieran.

De hecho, el rabino dijo esto. “El santo anhela las oraciones de los justos.” El Salmo 145:18 dice: “cercano está Jehová a todos los que le invocan.” Salmo 91:15: “cuando él me invoqué, Yo le responderé, dice Jehová.” En otras palabras, la Palabra de Dios reveló que Dios quería oír el temor de sus corazones, ningún judío, ningún judío verdadero, con un Espíritu recto jamás dudo la prioridad de Dios para la oración.

Los rabinos creían que la oración no sólo era comunicación, sino que era un arma poderosa, que en cierta manera el liberaba el poder de Dios. En el Salmo 65:2, encontramos un versículo interesante. Dice: “Oh Tú que oyes la oración,” y después procede a decir, “a Ti vendrá toda carne.” Pero la idea aquí es que los judíos dijeron “Oh Tú que oyes la oración.” Ellos creían que Dios oía sus oraciones. Ahora, no estoy seguro de que la gente que adoraba a Baal creyera eso, ¿o usted si cree eso?

Digo, habrían tenido que estar gritándole a Baal y nunca nada sucedió con Elías. Y Elías les seguía diciendo ‘bueno, creo que se durmió. Grítenle más fuerte.’ Ah, no, Dios está de vacaciones. Y sacaron cosas y estaban rompiéndose la ropa y cortándose sus cuerpos y sangrando por todos lados. No creo que realmente pensaran que su Dios estaba interesado y ése es el motivo por el que ellos tenían una repetición interminable. Esa es la razón por la que estaban tratando de llamar la atención a su Dioses, porque realmente irritaban a sus dioses para que ellos respondieran. Pero los judíos no creyeran eso. O, Tú, que oyes la oración.

El Midrash es un comentario judío de la subsecciones del Antiguo Testamento y el Midrash, el comentario judío de ese versículo en el Salmo 65 dice esto: “un rey humano puede escuchar a dos o tres personas a la vez, pero no puede escuchar a más. Dios no es así ya que todos los hombres pueden orar a Él y Él oye a todos de manera simultánea. Los oídos de los hombres quedan satisfechos con oír, pero los oídos de Dios, nunca están satisfechos. Él nunca se cansa por las oraciones de los hombres.” Ahora, ese es su comentario acerca de ese versículo. Dios quiere que vengan, no importa cuántos. Él puede filtrarlos a todos y nunca se cansa. Él espera con gusto que usted venga.

Ahora, los maestros judíos dieron un paso inclusive más adelante. Ellos enseñaron que la oración debería ser constante, constante, constante. Ellos estaban tratando de enseñarle al pueblo a evitar el orar sólo cuando usted se desesperaba, como la gente que piensa que la oración es un paracaídas. A usted le está gusto que esté ahí y espera que nunca tenga que usarla. Querían que la gente orara todo el tiempo. Y entonces, el Talmud dice esto. Escuche. Estas son las enseñanzas judías. “Honre al médico antes de que necesite verlo.” Esa es una buena palabra. Dice: “el santo dice ‘así como es mi responsabilidad causar la lluvia y que caiga el rocío y hacer que las plantas crezcan y sustentar al hombre, así también ustedes tienen la responsabilidad de orar delante de mí y alabarme de acuerdo con mis obras. Ustedes no dirán ‘yo estoy en prosperidad, ¿por qué entonces oraré? Pero cuando venga el infortunio, entonces vendré y suplicaré.’ No, antes de que venga el infortunio, prepárese y ore.”

Entonces, los judíos están diciendo que la oración no es un tipo de apelación de emergencia. La oración es una conversación inquebrantable, edificada en torno a una comunión viva y amorosa con Dios. Tenían razón, ¿se dan cuenta? Tenían la perspectiva correcta. La oración era comunión, inquebrantable. La oración era un Dios que realmente quería oírlos, que realmente se preocupaba y cuya mente no estaba distraída por multitudes de oraciones. Y eso es verdad.

Además, permítame decirle algo más acerca de la perspectiva histórica de las oraciones judías. Ellos creían que la oración debía incorporar ciertos elementos. Número uno -y le voy a dar una lista de ocho de estas.

Número uno, ellos pensaban que la oración debía incorporar el amor y alabanza, que cuando usted iba a Dios, debía haber un sentido de su dignidad y una oración y alabanza amorosas. Y sacaron esto de los Salmos. El salmista dice en el Salmo 34:2: “bendeciré a Jehová en todo tiempo. Su alabanza estará de continuo en mi boca.” De manera incesante, le voy a ofrecer alabanza, adoración amorosa de Dios.

En el Salmo 51:17: “Jehová, abre mis labios y mi boca anunciará Tu alabanza.” Ellos creían que el amor y la alabanza eran parte de su expresión de oración.

En segundo lugar, ellos pensaban que la oración debía incorporar gratitud. En Jonás, por ejemplo, Jonás dice: “Ofreceré sacrificio a Ti con la voz de gratitud.” Parte de la oración era ofrecimiento de gratitud, de gratitud profunda. De hecho, hay muchos los versículos de esto en el Antiguo Testamento. Pero los rabinos lo resumieron en un pensamiento muy hermoso. Ellos dijeron esto: “Todas las oraciones algún día serán discontinuadas. Excepto por las oraciones de gratitud. Tenían razón, ¿no es cierto? Cuando el día venga en el que ya no tengamos nada más que pedir, tendremos todo por qué estar agradecidos. Y entonces, sus oraciones incorporaban gratitud.

En tercer lugar, el pueblo judío creía que sus oraciones debían incorporar un sentido de la santidad de Dios. Un sentido del asombro, un sentido de reverencia. No entraban corriendo, con prisa a la presencia de Dios de manera ligera. No trataban a Dios como si fuera un hombre. Se acercaban con mucha reverencia. Ellos se daban cuenta de que cuando entraban a la oración, venían a estar cara a cara con Dios. Veo con Isaías en el capítulo 6, conforme viene desde la perspectiva de Dios, que él ha visto, este retrato tremendo de Dios alto y sublime en Su trono, con Su gloria llenando el templo y los ángeles, los serafines, congregados en torno a Él. Y él viene a la presencia de Dios en un asombro santo. Y todo lo que Él puede decir es: “soy hombre de labios inmundos y vivo en medio de un pueblo de labios inmundos y he visto al Señor.” Un sentido de asombro, un sentido de santidad.

Y usted encuentra esto en muchas de las oraciones de David, que antes de que él pueda llegar al lugar de la petición, él afirma la naturaleza, la esencia, la majestad y la santidad de Dios. Y entonces, era parte de las oraciones judías que esto se llevara a cabo. De hecho, el rabino Simón solía enseñar que en la oración, un hombre debe verse a sí mismo cara a cara con la Shejiná.

Otra cosa, los judíos pensaban que en sus oraciones debía haber un deseo patente de obedecer a Dios, que usted no oraba a menos de que su corazón realmente estuviera bien delante de Dios. Usted no iba a Dios en alguna forma ritual, acercándose de alguna manera superficial, en donde usted realmente no estaba comprometido con responder a esa comunión en obediencia. El Salmo 119 en su totalidad afirma esto una y otra y otra vez en todos esos versículos. Simplemente, continúa diciendo cosas como “mi lengua cantará de Tu Palabra porque Tus mandamientos son rectos.”

En otras palabras, había esa afirmación de que la respuesta a Dios era apropiada. Usted no iba corriendo a Dios y diciendo ‘bueno Dios, Te estoy hablando. Y si las cosas salen como yo creo, entonces te voy a seguir.’ No había condiciones en el corazón de un verdadero judío, él iba con un espíritu de obediencia, deseando agradar a Dios, deseando decir ‘oh, Dios, lo que Tú quieras en esta situación, yo responderé.’

Y entonces, el amor y la alabanza, la gratitud, un reconocimiento de la santidad de Dios, un deseo de agradar y obedecer a Dios, todos estos eran elementos de las verdaderas oraciones judía.

Además, y de la mano con el concepto de la santidad, las oraciones judías incorporaban un sentido de confesión de pecado. Confesión de pecado. Cuando iban a Dios, ellos sabían que eran inmundos y tenían que ser limpiados. Había este sentido de ir a la presencia de Dios como una persona inmunda como dijo Isaías. David tantas veces tuvo que corregir sus pecados antes de que pudiera llegar a la presencia de Dios.

En el Salmo 26:6, un versículo maravilloso, “lavaré mis manos en inocencia y entonces, iré a Tu altar, oh Jehová.” No estoy viniendo a Tu presencia hasta que haya limpiado mi vida, hasta que haya enfrentado mi pecado. Y así es como debe ser la oración. Es correcto. ¿Quién ascenderá a la presencia del Señor? ¿Quién ascenderá Su monte santo? El que tiene manos limpias y un ¿qué? Corazón puro. ¿Quién tiene el derecho de entrar a Su presencia sino aquel que ha sido limpiado, el que ha enfrentado su pecado? Y el rabino dijo: “cuando usted llore por su pecado, Dios oye sus oraciones.” El rabino dijo: “la puerta de las lágrimas nunca está cerrada.” El rabino dice: “si usted no le puede traer nada más a Dios, tráigale sus lágrimas y Él oirá.”

Los judíos creían que la oración de los justos volvería el corazón de Dios. Y Santiago lo dijo, Santiago dice: “la oración eficaz del justo puede mucho.” Los judíos solían decir que la oración de un corazón puro voltea la ira de Dios como un trinche hace girar al grano. Ellos creían que usted literalmente podía convertir la ira en misericordia con un corazón puro. Y entonces, la confesión de pecado era parte de su oración.

Además, ellos creían que la oración no debía ser egoísta. Los judíos tenían un sentido de comunidad que no creo que realmente entendamos. Ellos tenían un sentido de lo nacional. Ellos eran una teocracia gobernada por Dios y la nación era esencial. Yo creo que el hecho mismo de que Israel todavía exista como nación y que todavía son el pueblo judío puro, le muestra en la actualidad la manera tan vital en la que ellos se han aferrado a la preservación de esa identidad nacional. Pero ellos creían en la comunidad. Sus oraciones incluían a todos. No se aislaban como individuos.

Por ejemplo, los rabinos tenían una oración muy interesante. Esto es lo que oraban: ‘no oigas oh Señor, la oración del viajero. Ahora, eso es interesante. “No oigas, oh Señor, la oración del viajero.” Ahora, ¿qué es aquello por lo que usted ora cuando va de vacaciones? Que haya buen clima, ¿no es cierto? “Señor, ya me voy. No dejes que llueva, que nieve o lo que sea. Simplemente, danos buen clima. Voy de viaje.” Y en esos días iban a pie. Y cuando ellos iban a un viaje, el viajero oraba por buen clima, que Dios le diera buen cielo, que Dios le diera un viaje fácil. El rabino dijo: “Señor, no oigas esa oración, porque ese es un hombre que va en un viaje.” Él puede estar orando por un buen clima y todo el mundo en esa parte del planeta sabe que sus cultivos necesitan lluvia. Señor, no hagas algo por alguien que echa a perder lo que necesita ser hecho para la mayoría.

Ahora, esa es una gran perspectiva en la oración porque la mayoría de nosotros venimos al Señor con muchos pronombres personales yo, yo, yo, mi, mi, mi, mío, mío, mío. Y hacemos estas oraciones aisladas: “Señor, haz esto para mí, Señor tengo que tener esto, Señor mi necesidades son estas. Señor, tengo este problema.” Y no sabemos lo que es incluir todo. Y Dios está en el cielo y Él tiene un plan maestro para Su Reino y todo encaja bien. Y algunas veces, tenemos que sacrificar en nuestras propias mentes lo que podría parecer mejor para nosotros, porque Dios tiene un plan más grande para todos, ¿no es cierto? No siempre tenemos esa perspectiva. Y entonces, cuando los judíos van a orar, un verdadero judío creyente en el Antiguo Testamento y decía: “Señor, haz lo que extienda Tu causa entre Tu pueblo, no lo que yo quiero a nivel personal.”

Hemos desarrollado una mentalidad en la oración centrada en nosotros mismos, inclusive en la actualidad en la Iglesia, que no es bíblica; en donde realmente estamos preocupados por nosotros mismos. Nos hemos aislado nosotros mismos, no nos comunicamos. No sobrellevamos los unos las cargas de los otros. No compartimos en la manera en la que debiéramos. Y como consecuencia, en nuestras oraciones, van por este camino muy estrecho y necesitamos aprender a orar como oraban de una manera abnegada. Haz lo que es mejor para todos.

Y les voy a decir una cosa, ésa es la razón por la que usted no encuentra pronombres personales en singular en esta oración en Mateo 6. Siempre dice “Padre nuestro, nuestro pan, nuestras deudas, nuestros deudores.” ¿Por qué? Porque la verdadera oración incluye a la comunidad de la fe. Nunca es de un individuo para que se satisfaga sus propias necesidades sin importar cómo afectan a los demás. La oración debía ser abnegada.

Otro pensamiento, los judíos creían que los elementos de su oración incluían amor y alabanza, gratitud, reconocimiento de la santidad de Dios, un deseo por agradar y obedecer a Dios, confesión de pecado y un corazón puro, una carencia de egoísmo; y después, perseverancia. Ellos creían que usted simplemente debía continuar orando. No rendirse. Simplemente, aguantar. El apóstol Pablo oraba porque el Señor le quitara un aguijón en la carne. Él no lo hizo y entonces, oró de nuevo. Él no lo hizo, entonces él oró una tercera vez. Perseverancia.

Después del pecado del becerro de oro, Moisés, después de que la gente había adorado al becerro de oro, la Biblia nos dice -creo que está en el capítulo 9 de Deuteronomio- que Moisés oró por su pueblo, el pecado de Israel, cuarenta días seguidos. Eso es perseverancia. Los judíos creían eso.

Finalmente, un elemento de sus oraciones era humildad. Humildad. Un verdadero judío venía a orar, escuche esto, para someterse a sí mismo a la voluntad de Dios. La ilustración más grande de esto, del corazón del judío más genuino que jamás vivió es la oración misma de Jesús en el huerto. Cuando Él hizo a un lado lo que parecía para Él ser lo más cómodo y dijo “mas no se haga Mi voluntad sino la Tuya.”

Ése es el corazón de la oración más verdadera. “Señor, estoy aquí para hacer Tu voluntad. Quiero alinearme con eso.” Escuche, la oración no es pedirle a Dios que haga mi voluntad. Es colocarme a mí mismo bajo Su voluntad. Es conformarme a Su voluntad y es pedirle que haga Su voluntad y me dé la gracia para disfrutarla.

Ahora, todos esos elementos eran parte de la vida de oración tradicional de un verdadero judío. Y ellos tomaban muy en serio su oración. De hecho, los judíos solían describir la oración, tenían una palabra, la palabra es kawanna, K-A-W-A-N-N-A o algo así al transliterarla. Pero kawanna, y esta palabra en particular en el hebreo es una palabra que es difícil de traducir, tiene que ver con la idea de intensidad o de gran emoción o la idea de gran devoción. Es la idea de compromiso. Es el corazón puro que está totalmente comprometido con la oración que rasga el corazón. Y los judíos decían que todos estos elementos pertenecen a la oración, pero no de manera superficial. Oh, no. Con un gran compromiso y una gran intensidad y una gran concentración y una gran devoción. De hecho, el rabino Ammí dijo que un hombre no podía venir a la presencia de Dios a menos de que trajera su corazón en sus manos. Y entonces, oraban y tenían un gran legado de la oración. Esa es la historia de la perspectiva de la oración judía.

Pero algo salió mal. Y llegamos en segundo lugar a la hipocresía de la perspectiva de la oración judía. Se volvió hipócrita y en el versículo 5, nuestro Señor dijo que oraban para ser vistos por los hombres. Eran farsantes. Ya no me están hablando a Mí. Son egoístas y están tratando de obtener cosas para sus propios fines. Y están tratando de hacer un despliegue público. Y tienen estas repeticiones vanas como la gente pagana, pensando que voy a hacer algo porque estoy tan cansado de oírlos hacer lo mismo. Y lo voy a hacer para callarlos.

Y entonces, tenían este orgullo inimaginable, versículo 8, pensando que tienen que informarme acerca de cosas. Sus oraciones se echaron a perder. Y entonces, nuestro Señor viene en el versículo 9 y dice: “permítame reafirmarles cómo es la oración correcta.” Y entonces, lo que usted tiene en los versículos 9 al 13 es realmente a Jesús reiterando los ingredientes de la oración que le acabo de dar a partir de la tradición judía. Él no dice nada totalmente nuevo, aunque da nueva riqueza a todo lo que dice. Él lo lleva más allá de lo que jamás se había presentado, pero es la misma verdad básica y necesitamos esto en la actualidad, amados. Porque en muchos casos, no sabemos cómo orar mejor de lo que ellos oraban. Y entonces, estudiar este maravilloso modelo de oración va a ser una gran experiencia.

Permítame tan sólo añadir otro comentario al margen. Perdemos el objetivo. Usted lo sabe, aunque el Señor nos da la instrucción de cómo orar aquí, nos equivocamos en tantas cosas obvias. En lugar de tomar esta oración y usarla para aprender a orar, simplemente la repetimos. Y puedo recordar en mi vida y usted también, simplemente repetir esta oración. Ése no es el punto.

La gente dice ‘bueno, creemos que esta es una oración que debe ser repetida’. No, no creo eso. Yo creo que está bien recitarla, así como está bien leer cualquier parte de la Biblia. Pero no es una oración que debe ser recitada. Le voy a dar varias razones.

Razón número uno, esta oración es registrada dos veces en las Escrituras. Una vez en Mateo 6, otra vez en Lucas 11; y difiere en ambos lugares. Es sustancialmente la misma, pero las palabras son diferentes. Si el Señor nos estuviera dando una oración que debe ser memorizada y recitada, Él no nos habría dado palabras diferentes en las dos veces que las dio, ¿verdad? En una, Él dice “perdónanos nuestras deudas” y en la otra, dice “perdónanos nuestras transgresiones,” por ejemplo. En otras palabras, si fuera algo rutinario, que debería ser recitado, por lo menos la habría dado en el mismo modo.

En segundo lugar, en Lucas 11 ellos dijeron enséñanos a orar. Ellos no dijeron enséñanos una oración. Una cosa es tener un libro de oración y abrirlo y leer una oración. Es algo distinto saber cómo orar. El Señor no les estaba dando una oración, les estaba enseñando cómo orar. Por cierto, ¿no sería algo torpe si en el versículo 7 dice “cuando oren, no uséis vanas repeticiones como los paganos,” y después, inmediatamente seguir esto al darnos una oración que debemos repetir? Eso sería totalmente ridículo. Es repetición vana lo que Él está tratando de evitar.

Además, permítame decir esto, no hay ocasión en todo el Nuevo Testamento -Evangelios, hechos o epístolas en donde esta oración jamás sea repetida por nadie. No es una oración que debe ser convertida en un ritual. Es un modelo para toda oración que usted jamás ore acerca de lo que usted ore. Es un esqueleto sobre el cual usted debe colocar la carne, los huesos. Por ejemplo, si tengo enfrente de mí algunas notas de sermón. Ahora, ése no es un sermón; esas son simplemente algunas notas. Si viniera aquí y simplemente le leyera las notas, acabaría en 10 minutos y ustedes no sabrían mucho. Ése no es el punto.

Es un esqueleto. Tengo que colocarle carne y huesos. Tengo que darle vida. Y lo que Jesús está dando aquí es un bosquejo de oración. Eso es todo. Aquí están los elementos básicos de la oración. Es simplemente como un bosquejo. Usted tiene que desarrollar esto en una expresión significativa en toda dicha situación diferente.

Y amados, esta oración cubre todo. Es asombrosa. Entre más estudié esto, más frustrado llegué a estar. Regresé aquí el sábado porque había tantas cosas en mi cabeza y normalmente, trato de terminar el viernes para que pueda tener el sábado para meditar en ello. Y estuve aquí el sábado. Me fui a casa el sábado a la noche. Y me metí a la cama y repasé esto y simplemente, seguía inundando mi cerebro. Me levanté esta mañana y de nuevo, estaba ahí. Me sentí como que había tanto en mi cabeza, porque hay tantas maneras en las que usted puede ver esta oración. Simplemente, es más y más grande, incluye más y más cosas y entre más lo estudié. Nos enseña tanto acerca de la oración.

Permítame darle algunos enfoques y lo que voy hacer es simplemente verlo como un diamante. Voy a ver una faceta y otra y otra y otra rápidamente. Entonces, sea paciente. Este es un modelo para toda oración jamás orada. Este es el esqueleto en el cual usted puede colgar toda oración para todo lo que usted ora. Este es el modelo para toda la oración. Si usted memoriza esta oración, la mete en su cabeza y simplemente, sigue su bosquejo sin importar por qué usted esté orando, usted tendrá confianza de que usted está orando en la manera en la que Jesús le enseñó a orar. Esto es tremendo.

Por ejemplo, una manera de ver esta oración es ver que desarrolla la relación que tenemos con Dios. Y la enfoca desde diferentes ángulos, lo cual es asombroso. Por ejemplo, dice: “Padre Nuestro”. Lo que significa que tenemos una relación de padre e hijo con Dios. Dice “santificado sea Tu nombre”. Tenemos una relación de deidad y adorador con Dios. Dice “venga Tu reino.” Tenemos una relación de soberano y súbdito con Dios. Dice “hágase Tu voluntad.” Tenemos una relación de amo y siervo con Dios. Dice “danos hoy nuestro pan de cada día.” Tenemos una relación de benefactor y beneficiario con Dios. Dice “perdónanos nuestras deudas.” Tenemos una relación de Salvador- pecador con Dios. Dice “no nos metas en tentación.” Tenemos una relación de guía y peregrino con Dios. Podríamos estudiar a esta oración simplemente de esa manera. ¿Cómo muestra nuestra relación con Dios?

Permítame verla de otra manera. Define el Espíritu en el que debemos orar. ¿Cuál debe ser nuestra actitud cuando oramos? En primer lugar dice ‘nuestro’, ese es un espíritu abnegado. Después dice ‘Padre ’, ese es un espíritu familiar. Después dice ‘santificado sea Tu nombre’, un espíritu reverente. ‘Venga Tu reino’, un espíritu leal. ‘Hágase Tu voluntad’, un espíritu sumiso. ‘Danos hoy nuestro pan de cada día’, un espíritu de dependencia. ‘Perdónanos nuestras deudas’, un espíritu penitente. ‘No nos metas en tentación’, un espíritu humilde. ‘Tuyo es el Reino’, un espíritu de confianza. ‘Y el poder’, un espíritu triunfal. ‘Y la gloria’, un espíritu que exalta.”

Esta oración podría ser simplemente dividida en tres elementos y luego, tres elementos más. Los primeros tres tienen que ver con Dios. El segundo grupo de tres, con el hombre. Los primeros tres, la gloria de Dios. El segundo grupo de tres, la necesidad del hombre. Los primeros tres, la gloria de Dios. Santificado sea Tu nombre, venga Tu reino, hágase Tu voluntad. Ésa es la gloria de Dios.

El segundo grupo de tres, la necesidad del hombre. Danos hoy nuestro pan de cada día y perdónanos nuestras deudas y no nos metas en tentación. Como puede ver, el punto es este: el primer lugar, cuando usted ora, coloca a Dios en su lugar correcto, ¿lo ve?

Después, todo lo demás fluye de esto. Toda oración debe comenzar con la naturaleza de Dios “santificado sea Tu nombre, venga Tu Reino, hágase Tu voluntad.” Y después, ¿qué sigue? Dios está en Su lugar supremo y cuando Dios es primero, la oración tiene sentido.

Otra manera en la que la podríamos ver, las primeras tres muestran el propósito en la oración. ¿Cuál es el propósito? Número uno, santificar el nombre de Dios. Número dos, traer Su Reino. Número tres, hacer Su voluntad. Ése es el propósito de la oración. Oh Dios, vengo a Ti para que Tu nombre sea santificado. Para que Tu Reino venga, para que Tu voluntad sea cumplida.

¿Y cuál es el medio? ¿Cuál es el medio mediante el cual Su nombre es santificado, Su Reino es levantado y Su voluntad es hecha? En primer lugar, danos hoy nuestro pan de cada día. Eso es provisión. En segundo lugar, al perdonar nuestros pecados. Eso es perdón. En tercer lugar, al no meternos en tentación. Eso es protección. Conforme Dios provee, perdona y protege, como consecuencia Él es exaltado en Su gloria, en Su reino y en Su voluntad.

Otra manera de verlo. En primer lugar, Dios es un Padre. Padre Nuestro, santificado sea Tu nombre. Después Él es un Rey, venga Tu Reino. Después, Él es un amo. Hágase Tu voluntad. Como Padre, versículo 11, Él nos da nuestro pan de cada día. Él es la fuente. Como un rey, Él perdona nuestras deudas y nos perdona. Como un amo, Él no nos mete en tentación. Los elementos, las maravillas, las bellezas de este modelo de oración en particular son casi infinitos. Sólo la mente de Dios podría haber concebido pensamientos tan increíbles que fueran comprimidos en esta pequeña sección de la Escritura. Ningún hombre jamás podría haberlo hecho.

Escuchen, amados, la oración nunca es un intento por inclinar la voluntad de Dios a mi deseo. La oración es para inclinarme a mí para encajar con la voluntad de Dios. Cuando yo reconozco que Dios es soberano y cuando yo digo “Dios, dame el pan diario de cada día sólo si esto santifica Tu nombre; Dios, que mis pecados sean perdonados sólo si eso exalta Tu Reino; y Dios, no me metas en tentación, si eso permite que Tú seas el amo en mi vida.” Porque en todas las cosas, cuando todo ha terminado, el propósito de toda esta oración se encuentra al final del versículo 13: “porque Tuyo es el Reino y el poder y la gloria por los siglos.” Ése es el punto.

Vea tan solo los últimos tres elementos: el pan, provisión; el perdón, perdón; y la guía y el no meter en tentación, protección. Y usted ahí encuentra las tres dimensiones de la vida. Nuestro plan diario, presente. Nuestras deudas, pecados del pasado. Y no nos metas, eso es el futuro. Esta pequeña oración incluye la provisión de sustento de Dios en el pasado, el presente y el futuro. Pan, eso es físico. Perdón, eso es mental, y alivia la angustia de la culpabilidad y el no meternos en tentación es espirituales es el mantenimiento de la vida espiritual. Sea que usted esté hablando del pasado, presente, futuro; sea que usted esté hablando de físico, mental o espiritual; sea de lo que sea que usted esté hablando, está aquí. Está aquí.

Por cierto, todas las peticiones en este versículo están en el modo imperativo en el griego, lo cual significa que hay una intensidad, una intensidad tremenda en ellas. Hay una brevedad fantástica en toda frase, pero es algo intenso: “venga Tu Reino, hágase Tu voluntad.” No hay elementos que aclaren estas peticiones. Todo en esta oración, amados, busca glorificar a Dios. Busca exaltar Su nombre, busca exaltar Su santidad.

Y quiero decirle en este momento que ése es el propósito de toda la oración. Si usted cree que la oración es para usted, usted no entiende lo que es la oración. Usted no lo entiende. Esa es la razón por la que estamos en tantos problemas. Estamos orando por nosotros mismos. No consideramos la comunidad entera de la fe y no consideramos la voluntad completa de Dios en los parámetros de Su propio Reino. Samuel Zwemmer escribe acerca de esta oración estas palabras, y cito: “todo deseo posible del corazón que ora está contenido en esto. Contiene al mundo entero de requisitos espirituales. Combina en lenguaje simple toda promesa divina, toda tristeza y deseo humano y todo anhelo cristiano por el bienestar de otros.” Fin de la cita.

La oración se enfoca en Dios. Escuche. En Juan 14 Jesús dijo “cualquier cosa que pidáis en Mi Nombre lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” La razón por la que usted ora y la razón por la que Dios responde es para desplegarse a sí mismo, para desplegar Su gloria. Eso es todo. Cuando usted ora por alguien que no es salvo, y vienen a Jesucristo, no es para usted que usted lo hizo. Es para mostrarle el poder de la salvación. Cuando usted tiene una necesidad física y ora y Dios satisface esa necesidad, no es para que usted tenga lo que usted quiere, es para que usted sepa que Dios satisface necesidades.

Su gloria es lo que importa. Entonces, cuando usted ora, recuerde que no está informándole a Dios, Él ya conoce todo. Usted no está forzando a Dios, usted no está irritándolo, usted no está manipulándolo. Lo que usted está haciendo es someterse a Su soberanía.

Y ésa es la afirmación de la oración de los discípulos. Así es como debemos verlo. Comienza con “Padre Nuestro que estás en los cielos”, adorando a Dios. Termina con “porque Tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos”, adorando a Dios. Y en el medio, todo tiene que ver con Dios.

“Padre nuestro que estás en los cielos,” ésa es la paternidad de Dios. “Santificado sea Tu nombre,” esa es la prioridad de Dios. “Venga Tu Reino,” ese es el programa de Dios. “Hágase Tu voluntad,” ese es el propósito de Dios. “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” Esa es la provisión de Dios. “Y perdónanos nuestras deudas,” ese es el perdón de Dios. “Y no nos metas en tentación,” esa es la protección de Dios. “Y Tuyo es el Reino, el poder y la gloria por los siglos,” esa es la preeminencia de Dios. Y toda la oración, Jesús está diciendo, no es para ponerse de pie en las calles y en las esquinas de las calles para orar, para ser oído por los hombres, para recibir la gloria para usted mismo, sino que toda la oración es a manera de contraste absoluto, para traer gloria a Dios.

Ahora, amados, si usted no obtiene ningún provecho más de este mensaje que lo suficiente como para cambiar su vida de oración, eso es suficiente. Si usted ni siquiera obtuvo ese provecho, no ha estado escuchando porque lo dije en unas cincuenta maneras diferentes. Así que oremos juntos.

Padre, no tuvimos tiempo quizás para llegar tan lejos como pensábamos que íbamos a llegar el día de hoy, pero confiamos en que llegamos hasta donde Tú quisiste. Señor, nos sometemos a Ti. Oh, bendecimos Tu Nombre Santo, Padre. Es tan glorioso morar contigo en Tu Reino y saber que algún día conoceremos la plenitud de ese Reino cuando entremos en Tu presencia bendita para siempre.

Padre, te damos gracias porque nuestra vida de oración puede ser abnegada, porque puede ser humilde, que puede ser lo que debe ser y que al ser así, podamos darte la gloria que Tú mereces. Y sabemos que la Biblia nos ha dicho que si Te glorificamos, Tú llenarás nuestros corazones de gozo, que nuestro mayor gozo no está en tener las cosas para nosotros mismos, sino en glorificarte a Ti. Que conozcamos el corazón de David que dijo “A Jehová he puesto siempre delante de mí, por tanto se gozó mi corazón.” Danos el gozo del corazón que sabe que todas nuestras oraciones han sido para Tu gloria. Que condicionemos todo lo que pedimos a Tu gloria. Hazlo para Tu propia gloria. Hazlo para la extensión de Tu Reino. Hazlo como una expresión de Tu voluntad, para que Tuyo sea el Reino y el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

 

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