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Si es tan amable de tomar su Biblia y acompañarme al sexto capítulo de Mateo. Hace un momento, en nuestra adoración, el coro cantó lo que conocemos como la oración del Señor; y ése es el tema de nuestro estudio. Estamos examinando Mateo, capítulo 6, versículos 9 al 15 en estos días y estudiando, en particular, en esta mañana, el versículo 9. La primera frase de esta oración. No obstante, quiero leer la oración entera, para que la tenga en mente conforme la estudiamos en esta mañana. Mateo 6, comenzando en el versículo 9.

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros   perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”

Hay dos actividades espirituales que deben ser una parte incesante de la vida de un creyente. Dos grandes pilares que sostienen al creyente en el asunto de la vida diaria. Una es el estudio de la Palabra de Dios. Dos, la oración. De esta manera, los apóstoles confesaron en Hechos 6:4: “y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra.” La oración es nosotros hablándole a Dios. Estudiar la Palabra es Dios hablándonos a nosotros.

Esas dos cosas son un intercambio vital entre el hombre y Dios. Y entonces, la Biblia habla de que debemos estar incesantemente involucrados en ambas, constantemente, diariamente, alimentándonos de la Palabra de Dios. Constantemente, diariamente respondiendo en comunión con Dios.

De manera clara, remontándonos al Pentateuco, la afirmación de la voluntad de Dios registrando Su ley y dándosela al hombre fue que ese hombre hablaría de la ley cuando se sentara, cuando se pusiera de pie, cuando se acostara, cuando estuviera andando por el camino. El hombre, a través del salmista debía meditar en la ley de Dios día y noche. La ley de Dios, entonces, debía ser el enfoque de sus pensamientos y el tema de su conversación todo el tiempo.

Y así también con la oración. El apóstol Pablo dice “orad sin cesar.” El apóstol Pablo dice: “orando siempre con toda oración y súplica.” El Nuevo Testamento nos dice que debemos estar en toda oración con gratitud, hacer conocidas nuestras peticiones a Dios.” Debemos estar orando en todo tiempo. Debemos estar estudiando la Palabra, recibiéndola, meditándola y entregándola y dándola en todo momento. Esas dos cosas, entonces, se convierten en el elemento de la vida del creyente. Oír a Dios conforme Él habla en Su Palabra y hablándole a Dios en nuestras oraciones.

Ahora, hemos estudiado mucho acerca de recibir la Palabra de Dios en el pasado y lo haremos en el futuro. Pero por ahora, estamos enfocándonos en la oración. La oración, una de esas dos constantes en la vida del creyente.

Se le preguntó a George Mueller, ese gran hombre de oración cuánto tiempo pasaba en oración y su respuesta fue, y cito: “vivo en el Espíritu de la oración. Oro conforme camino, conforme me acuesto y conforme me levanto. Las respuestas siempre están viniendo.” Fin de la cita. Para él, la oración era un estilo de vida.

Nuestro Señor sabe eso. Nuestro Señor sabe que la oración es un estilo de vida. Nuestro Señor aquí se detiene en el medio de Su discurso en el sermón del monte, el cual en particular, compara el estándar falso de religión de los fariseos y los escribas con el estándar verdadero de Dios. Y Él incluye aquí una palabra de instrucción a todos aquellos que nombran Su Nombre para que puedan saber cómo orar.

Las oraciones son muy importantes. Si es un estilo de vida para nosotros, entonces es necesario que nosotros entendamos cómo orar. De hecho, esta misma oración modelo que Él da aquí, es dada también en Lucas con respecto a la pregunta “Señor, enséñanos a orar.” Si la oración es algo que debemos hacer de manera incesante, entonces debemos saber cómo hacerlo de manera apropiada. Y entonces, nuestro Señor nos enseña a orar.

Observe lo que no nos enseña. No nos enseña acerca de la postura de la oración, porque cualquier postura está bien. En la Biblia, la gente oraba de pie, levantando sus manos, sentados, arrodillados, levantando sus ojos, postrados, colocando sus cabezas entre sus rodillas, golpeándose el pecho, viendo el templo, etc., etcétera. No había una postura específica.

Observe que no nos dice nada acerca del lugar de la oración. La gente en la Biblia oraba en una batalla, en una cueva, en un clóset, en un huerto, en un jardín, al lado de una montaña, en el río, junto al mar, en la calle, en la casa de Dios. Primera de Timoteo dice que los hombres oran en todo lugar. En la Biblia, la gente oraba en una cama en un hogar, inclusive en un pez, en el techo de una casa, en una prisión junto al mar, en soledad, en el desierto, en una cruz y demás. Él no nos habla acerca de los tiempos de la oración.

Me acuerdo de un hombre que estaba predicando un sermón a un grupo de ministros y él predicó acerca del por qué la Biblia enseña que las mañanas deben ser para la oración y debemos orar en la mañana. Y examiné mi Biblia y en la Biblia encontré a gente orando en las primeras horas de la mañana, en la mañana, tres veces al día, en la tarde, antes de las comidas, después de las comidas, en la novena ahora, a la hora de acostarse, a la medianoche. Día y noche, en la actualidad, con frecuencia, cuando son jóvenes, cuando son personas de edad, en problemas, diariamente y siempre.

Jesús no nos habla de un momento específico, un lugar específico, una postura específica. Hay algunas personas que cuando oran, sienten que deben tener un manto de oración puesto. El pueblo judío en la actualidad, cuando oran, tienen que vestirse para su oración. Pero cuando usted ve la Biblia, la gente oraba en todo tipo de circunstancias y actitudes. Algunas veces, con cilicio. Algunas veces, sentados sobre cenizas. Algunas veces, rasurándose sus cabezas, golpeándose el pecho, clamando, aplicando polvo a su cabeza. Rasgando su ropa, ayunando, suspirando, gimiendo, clamando a gran voz. Sudando sangre, agonizando, con corazones quebrantados, con espíritus quebrantados, derramando sus corazones, rasgando los corazones, dice la Biblia. Haciendo juramento, ofreciendo un sacrificio, ofreciendo alabanza, cantando canciones, etcétera.

Eso no es importante. En cualquier postura, en cualquier momento, en cualquier lugar, en cualquier circunstancia, en cualquier atuendo, la oración es apropiada, porque la oración es un estilo de vida total. La oración es una comunión abierta con Dios que se lleva a cabo en todo momento. Algunas veces, se vuelve más concentrada e intensa que otras veces, pero la oración es un estilo de vida. Y si es un estilo de vida, entonces necesitamos entender cómo orar.

Y eso es precisamente por qué Jesús nos enseña esto aquí. Esta no es una oración que debe ser orada, sino que más bien es como un modelo para toda oración. Realmente, creo que el mensaje más importante que le voy a predicar a usted en esta serie entera, se lo di ese domingo pasado. Si no lo escuchó, necesita escucharlo porque presenta el panorama entero de este concepto en la oración de los discípulos, aquí.

Observe cómo comienza la oración -o cómo comienza el modelo para la oración. Versículo 9: “vosotros podéis oraréis así.” Houtōs oun, en el griego, que literalmente significa: “de esta manera.” O quizás, podríamos traducirlo “siguiendo esta línea”, orarán.” No están diciendo “oren en estas palabras exactas”.

Algunas veces, en el libro de los Hechos, vi unas cuantas veces en donde esto ocurría. La misma frase houtōs oun es usada. Dirá “siguiendo estas líneas,” el Antiguo Testamento dice, y después, parafrasea el Antiguo Testamento. El punto es que la frase houtōs oun no necesariamente significa “estas palabras exactas”. Puede significar eso, pero en muchos casos, tiene referencia al contenido general, siguiendo esta línea.

“Vosotros pueis, oraréis así” no necesariamente en estas palabras exactas. Y creo que la gente que ha tomado esto en su exactitud y que ha recitado esto una y otra vez ha perdido su significado, el cual para nosotros debe ser un bosquejo de esqueleto para toda la definición de la oración. Toda la oración debe seguir el modelo y el patrón dado aquí.

Ahora, en nuestro último estudio señalamos que el enfoque principal de esta oración es que se enfoca en la gloria de Dios. Y eso es apropiado porque es lo que debe hacer toda oración. La oración no es tratar de alinear a Dios con lo que yo necesito. La oración es que yo afirmo la soberanía y majestad de Dios y tomo mi voluntad y la someto a la Suya. Eso es la verdadera oración.

Sabemos que en Juan 14:13-14, nuestro querido Señor dice que cuando pedimos algo en Su nombre, Él nos oye para que el Padre sea glorificado. La oración no es para que usted reciba lo que quiera o para que yo reciba lo que quiero, la oración es para colocar la majestad de Dios en despliegue. Es para que Dios sea glorificado. Toda la oración, entonces, se concentra en Dios y esta oración no es diferente.

Al estudiar las oraciones del Antiguo Testamento -lo cual he estado haciendo en el último par de semanas, para entender cómo el pueblo judío veía la oración- me sorprendió encontrar que inclusive en la circunstancia más profunda, más severa, inclusive en el foso de la desesperación que ni siquiera podríamos imaginarnos, antes de que un verdadero santo de Dios entrara a la oración, con mucha frecuencia adoraba a Dios.

Por ejemplo, estaba leyendo a Jonás. Jonás está en el estómago de un gran pez, en una circunstancia increíble que nunca nadie podría identificarse con él. ¡Hable usted de temor, hable usted de miseria! Ahí está él, en el estómago de un gran pez; y en el capítulo 2 de Jonás él comienza una oración. Y usted pensará que simplemente haría a un lado todas las formalidades y simplemente, se concentraría en “sácame de aquí Dios”. Pero Jonás comienza con un himno maravilloso de adoración y alabanza, porque ningún hombre puede realmente pedirle a Dios algo a menos de que afirme que Dios tiene el derecho soberano de decir sí o no. Esa es la base, nuestra voluntad debe ser traída en sumisión a Él.

Leí Daniel, capítulo 9, y Daniel está en el precipicio del desastre todo el tiempo debido al lugar estratégico en el que él se encuentra en el medio de una sociedad pagana babilónica. Y en la perplejidad que estaba enfrentando, en el momento en el que él se postró a orar y en medio de una situación terrible, él pronuncia su oración; y la oración entera se abre casi ignorando la situación con la afirmación de la majestad de la gloria y la dignidad y la santidad y la naturaleza todopoderosa del soberano Dios.

Avancé un poco en mi estudio y llegué Jeremías 32. Y el querido Jeremías, quien pasó la mayor parte de su vida en frustración, confusión y perplejidad, quien pasó la mayor parte de su vida llorando debido a su corazón quebrantado por su pueblo, comienza a derramar una oración a Dios en el medio de esta perplejidad; y termina no siendo nada más que una recitación de la majestad de Dios, atributo tras atributo, conforme comienza.

¿Por qué hicieron eso? ¿Y por qué comienza “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre, venga Tu reino, hágase Tu voluntad? ¿Y por qué termina “porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria por los siglos? Porque Dios es el enfoque de toda la oración. La oración es para darle a Dios el privilegio de desplegar Su majestad. Es para traer mi vida en armonía con la voluntad de Él.

¿Me permite ilustrar eso a partir del Salmo 86? Y hay muchos lugares adonde podríamos ir para ilustrar esto. Pero me encanta esto. Esto es tan específico, el Salmo 86. El salmista está por ofrecer una oración. Él va a orar a Dios y él está buscando la misericordia de Dios y el amor de Dios y la compasión de Dios y la ternura de Dios a favor de él. Comenzando en el versículo 6: “da oído, Jehová a mi oración y presta atención a la voz de mis súplicas, en el día de mi tribulación a Ti clamaré, porque Tú me responderás.”

Ahora, el salmista está en el medio de problemas. Esta es una oración de David. Su corazón está cargado. Hay una tremenda ansiedad en su Espíritu. Y él se acerca a Dios a orar. Pero observe esto: en primer lugar, él dice en el versículo 8: “entre los dioses no hay nadie como Tú, oh Jehová.” Él no comienza con una petición, él comienza con una afirmación de la majestad y la naturaleza de Dios como el único Dios. “Ni hay obras como Tus obras.” Él exalta a Dios por quien Él es y por lo que ha hecho. “Todas las naciones a quienes Tú has hecho, vendrán y Te adorarán, oh Jehová, y glorificarán Tu nombre.” Él dice: “el mundo entero debería estar postrándose en frente de Ti. “Porque tú eres grande,” versículo 10 “y haces cosas maravillosas, solo Tú eres Dios”.

Ahora, ¿se da cuenta usted? Esta es la oración típica del santo del Antiguo Testamento, quien sabía en qué consistía la oración. La oración tenía que ver con atribuirle a Dios el lugar que Él merece. Y después, traer mi voluntad en sumisión a la Suya. Y eso es lo que él exactamente hace en el versículo 11 de manera hermosa: “enséñame Tu camino Jehová y andaré en Tu verdad.”

Deténgase ahí por un momento. Note que ni siquiera menciona todavía la repetición que hay en su corazón. Él ni siquiera lo menciona. Él dice simplemente: ‘en primer lugar, quiero reconocer que Tú eres Dios y Tú tienes un derecho de hacer lo que Tú quieras. En segundo lugar, quiero reconocer que yo me someto a Tu camino y a Tu voluntad.’ Y esta afirmación magnífica al final del versículo 11, ‘une mi corazón para que tema Tu nombre. Has mi corazón uno con Tu corazón.’ Eso es oración.

La oración es simplemente inclinar y someterse de manera sumisa a la voluntad de Dios.

Después, en el versículo 12 sin importar lo que sucede, “te alabaré oh Jehová mi Dios, con todo mi corazón y glorificaré Tu nombre para siempre.” Ahora, eso es oración. Eso es oración. Y usted no puede separarla de la alabanza. Colocar a Dios en Su lugar apropiado como soberano y traer nuestras vidas de manera sumisa con Su voluntad.

Ahora, con eso me en mente regrese a Mateo 6. Y eso fue una breve mirada al tema de la oración, conforme contemplamos la naturaleza y persona de Dios. Cubrimos eso en gran detalle la última vez.

Pero observe de nuevo cómo he bosquejado esta oración, si es tan al amable. De manera muy, muy simple, esta oración, toda faceta, toda afirmación llena de verdad breve, se enfoca en Dios. Cada una de ellas. ‘Padre nuestro que estás en los cielos,’ esa es la paternidad de Dios. ‘Santificado sea tu nombre,’ esa es la prioridad de Dios. ‘Venga Tu reino,’ ese es el programa de Dios. ‘Hágase Tu voluntad,’ ese es el propósito de Dios. ‘El pan nuestro de cada día dánoslo hoy.’ Esa es la provisión de Dios. ‘Y perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores,’ ese es el perdón de Dios. ‘Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal,’ esa es la protección de Dios. ‘Porque Tuyo es el reino el poder y la gloria por los siglos de los siglos, amén.’ Esa es la preeminencia de Dios.

Toda frase habla de Dios. La oración, entonces, es para colocar a Dios en Su lugar infinito, majestuoso.

Veamos la primera: la paternidad de Dios. ‘Padre nuestro, que estás en los cielos.’

¿Saben una cosa, amados? Podría pasar semanas hablando de esta frase. Literalmente, me abre tanto. Estos son los sermones más difíciles de predicar, cuando hay tanto que podría ser dicho y uno no sabe qué escoger y qué dejar afuera. Pero simplemente, observe esa frase.

‘Padre nuestro que estas en los cielos.’ Esa es la invocación que comienza la oración. Si usted piensa en esto, probablemente, ese sea el término más común que usamos en nuestras oraciones “Padre, Padre, Padre” una y otra vez, de manera apropiada. Porque este es el patrón que Jesús establece. La oración comienza con un reconocimiento de que Dios es nuestro Padre. ¡Tremenda verdad en ese pensamiento! Dios es nuestro Padre.

Ahora, ¿qué es lo que eso le dice a usted? Bueno, permítame comenzar con la palabra “nuestro” tiene referencia gente creyente. Y entonces, el hecho negativo de “nuestro Padre” es que es un golpe mortal en contra de la enseñanza liberal de la Paternidad de Dios y la hermandad del hombre.

Durante años, los liberales han enseñado lo que es de la paternidad universal de Dios. Dios es el Padre de toda persona. Todos somos hijos de Dios y todos somos hermanos. Bueno, sólo hay un sentido en el que eso es verdad. Y sólo un sentido. Y eso es todo. Y eso es en el sentido de la creación. Eso es en el sentido de la creación. Sólo somos hijos de Dios universalmente, porque hemos sido creados por Dios.

Malaquías 2:10: “¿acaso no tenemos todos un Padre? ¿Acaso no nos creó un Dios?” En el sentido de que Dios nos ha creado, somos uno. Hechos 17, Pablo dice: “todos somos simiente Suya.” Y eso él se lo dice a los filósofos en el Areópago. En un sentido de creación, sí, Dios es nuestro Padre. En un sentido de relación, no. No lo es.

Jesús dijo en Juan 8:44 a los líderes judíos: “vosotros sois de vuestro padre el diablo.” En 1 Juan capítulo 3, Juan caracteriza de manera clara a dos familias: los hijos de Dios y los hijos del diablo. Los hijos de Dios no continúan cometiendo pecado, los hijos del diablo, sí. Y entonces, él presenta la distinción clara entre las dos familias.

El apóstol Pablo presenta una distinción clara entre los hijos de luz y los hijos de las tinieblas. No hay simplemente una familia de la humanidad bajo una paternidad universal de Dios. Hay dos familias en el mundo: los hijos de Dios y los hijos del diablo.

Jesús presenta esto de manera abundantemente clara. No hay manera de evadir esto. Pedro dice en 2 Pedro 1:4 que sólo aquellos que creen han sido hechos participantes de la naturaleza divina. Sólo aquellos de nosotros que hemos nacido de nuevo, hemos nacido en la familia de Dios. Y sólo a aquellos que Le recibieron, les dio potestad o derecho de ser llamados hijos de Dios, Juan 1:12. Hay dos familias. Y entonces, la afirmación misma de Jesús, “Padre nuestro” elimina a un mundo de gente incrédula.

Hay un lado positivo en esto. No sólo en la eliminación de eso, sino que en lo positivo, es “Padre nuestro” es una afirmación de una intimidad con Dios que es maravillosa. Porque como puede ver, para la mayoría del mundo, los dioses y o el dios que adoraban era un ser muy distante, remoto y temeroso.

Tristemente, había una distancia sorprendente inclusive en la manera de pensar judía en el día de Jesús. El judío del Antiguo Testamento, el santo de Dios en el Antiguo Testamento entendía algo de la Paternidad de Dios. No hay duda al respecto. Él entendía que Dios era el Padre. Creo que ellos lo entendían más en un sentido más nacional de lo que lo entendían en un sentido personal. Creo que lo entendían mejor en términos de que Dios cuidaba en general de la nación de Israel, de lo que llegaron a entenderlo en términos de la intimidad, en una relación con Dios como un padre personal.

No creo que fue sino hasta que Jesús vino que los hombres realmente entendieron la intimidad de Dios. Y creo que eso es ilustrado de manera vívida cuando Felipe le dice a Jesús: “muéstranos al Padre.” Y Jesús le dice: “has estado conmigo tanto tiempo Felipe y, ¿no sabes que si me has visto a Mí, has visto al Padre?”

Y creo que fue Jesús quien nos trajo la intimidad de eso. Pero en el Antiguo Testamento, el judío del Antiguo Testamento, realmente entendía a Dios como padre más en un sentido nacional que en un sentido personal. Y conforme pasó el tiempo y usted llega al tiempo de Jesús, ellos habían perdido el concepto de Dios como Padre. Dios se volvió más y más remoto. Y no creo que sea que Dios se movió, creo que ellos se movieron conforme se alejaron de la religión verdadera, conforme se alejaron de la verdadera adoración y redefinieron su sistema para tolerar la pecaminosidad, se aislaron del lado paternal de Dios.

Por lo tanto, ellos asumieron que Dios estaba remoto e inclusive dejaron de usar los nombres de Dios. Se volvió blasfemo inclusive mencionar el nombre de Dios. Habían desarrollado una distancia inmensa. Ellos habían perdido el sentido de la paternidad de Dios. Inclusive en un sentido nacional que habían conocido en el pasado. Y entonces, cuando nuestro querido Señor pronuncia el término “Padre nuestro,” es algo sorprendente para ellos, los despierta a algo que habían perdido hace mucho tiempo en el pasado. Les presenta un nuevo tipo de intimidad que nunca siquiera habían llegado a entender. “Padre nuestro.”

Permítame llevarlo de regreso y mostrarle lo que los judíos en el Antiguo Testamento veían cuando pensaban en eso. Ellos sabían que Dios era un padre. Ellos entendían algo de lo que eso significaba. Por ejemplo, en Isaías 64, usted tiene una afirmación que Isaías hizo acerca del pueblo de Dios, el pueblo de Israel que había pecado de manera terrible en el versículo 5. Él dice “porque hemos pecado”; “porque hemos pecado.” Después, en el versículo 6 él los describe en términos muy vívidos “porque todos somos como algo inmundo. Y todas nuestras justicias como trapos de inmundicia. Y todos nos desgastamos como una hoja y nuestras iniquidades, como el viento nos han llevado.” Isaías dice “Dios, somos un desastre. Somos un pueblo pecaminoso. Nos hemos alejado mucho de aquello que es la conducta apropiada.”

En el versículo 7, dice: “y ni siquiera hay uno que invoque Tu Nombre, ninguno que te busque, porque Tú has escondido Tu rostro de nosotros y nos has consumido debido a nuestras iniquidades. “Dios, nos sentimos perdidos, nos sentimos aislados. Somos tan malos. Ni siquiera ya Te buscamos. Ni siquiera ya Te podemos encontrar.” Esa es una situación bastante desesperada.

¿Y a qué, entonces, apela Isaías? Versículo 8, de manera hermosa, él dice: “pero ahora, oh Jehová, Tú eres nuestro Padre.” Deténgase ahí.

Como puede ver, él reafirma la realidad confortante de que Dios es un padre; y los padres, cuidan de sus hijos. Como puede ver, ellos entendían eso. Ellos entendían algo del concepto de Dios como un padre, aunque somos pecaminosos, todavía eres nuestro Padre.

Permítame decirlo, si lo puedo resumir en un sentido, que los judíos en el Antiguo Testamento vieron en la paternidad de Dios cinco cosas básicas. No sé si estas cinco son exhaustivas, simplemente son lo que yo vi.

Número uno, ellos reconocían que Dios era un padre en términos de que Él les dio a luz. Ellos vieron el hecho de que Dios los engendró como un acto paternal. En 1 Crónicas, dice de Él que Él es el Dios de Israel, nuestro Padre. Ése es un título. El Dios de Israel, nuestro Padre. En otras palabras, el que ha engendrado a la nación.

En segundo lugar, en el concepto de padre, los judíos vieron la cercanía de Dios. Un padre es uno que está en una relación familiar. Un padre no es un tío, un primo, o un amigo, o un vecino; un padre es una relación filial. Y entonces, vieron en el término padre algo de cercanía.

Para ver una ilustración de esto, no voy a tomar el tiempo para verlo, lea el Salmo 68. Es realmente sorprendente. En el Salmo 68 está esta discusión de Dios y Su poder y habla de que Dios está en un monte alto. Y habla de que Dios está montado sobre las nubes. Y habla de Sus carros; son 20,000. Y Sus carros son los ángeles. Y Dios está volando por el cielo y ascendiendo en los grandes montes de la santidad. Y después, sale de eso y dice: “y Él es un Padre a los que no tienen padre.” Y Él nos coloca en una familia. ¿No es eso maravilloso? Ellos conocían la majestad de Dios. Ellos entendían algo de la distancia de Dios; pero ellos sabían que Él era un Padre a los que no tenían padres. Y que Dios había colocado a las personas en una familia. Entonces, veían Su cercanía.

En tercer lugar, yo creo que los judíos, al ver el concepto de Dios como padre vieron Su gracia amorosa. Un padre es perdonador, un padre es tierno de corazón, un padre es misericordioso, un padre, muestra gracia a sus hijos. Y de esta manera, dijeron en el Salmo 103: “como el padre se compadece de sus hijos, así Jehová se compadece de los que le temen.” Él es como un padre misericordioso. Él es como un padre que condesciende, lleno de gracia, gentil y amable. Tan lleno de gracia, tan considerado. Así es como veían a Dios.

En cuarto lugar, yo creo que los judíos del Antiguo Testamento vieron la paternidad de Dios en términos de Su guía. Como un padre guía a sus hijos, ¿no es cierto? Él los guía, les muestra por qué dirección debe caminar, les da sabiduría e instrucción. Así es como ellos lo veían. En Jeremías 31:9 dice: “ellos vendrán llorando, ellos vendrán con súplicas y Yo los guiaré: Yo haré que caminen junto a los ríos de agua en un río derecho, en los cuales no tropezarán porque Yo soy un padre a Israel.” Él dice Yo los guiaré, Yo los guiaré junto a un río. Yo los llevaré por un camino derecho. Yo me aseguraré de que no caigan ¿por qué? Porque Yo soy su Padre y un padre guía, un padre ama, un padre se queda cerca, y un padre engendra como usted puede ver.

Pero todo esto no sentimentalizaron a Dios, porque hay una quinta cosa que vieron. Ellos tenían que ver que debido a que Dios era su padre, tenían que obedecerlo. Ésa era su parte. Dios engendraría, Dios estaría cerca, Dios mostraría gracia, Dios también los guiaría y ellos debían responder en obediencia.

En Deuteronomio capítulo 32, hay una afirmación simple que reitera esto y podríamos ver otras Escrituras, pero simplemente veamos esta. Ellos se corrompieron a sí mismos, eran pecaminosos, y la Palabra viene, “¿no demanda esto Jehová, oh pueblo insensato y necio? ¿No es Él vuestro Padre quien os ha traído? ¿Pueden tratar a vuestro padre con desobediencia, con falta de respeto?” Entonces, ellos no entendieron a Él como padre, quizás en un sentido más general. Pero de todos modos, ellos lo comprendieron como un padre que los engendró, amoroso, que estaba cerca de ellos, que los guiaba, que los entrenaba, los preparaba en la obediencia. Y tenían la responsabilidad de obedecer. Éste es un concepto judío.

¿Y sabe una cosa? Más adelante, en el sermón del monte, regresando a Mateo 7:7, Jesús reitera este concepto. Él dice en el capítulo 7, versículo 7: “pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pide recibe, y el que busca halla y al que llama, se le abrirá.” ¿Por qué? ¿Por qué hará Dios esto? ¿Por qué Dios va a oírlo a usted cuando pida? ¿Por qué Dios va a abrir cuando toque? ¿Por qué Dios va a ayudarle cuando busque? ¿Por qué? Porque Dios es así.

Y Él continuó en el versículo 9: “¿qué hombre hay de vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” De nuevo se les presenta el hecho de que Dios es un padre benévolo, cuidadoso, amoroso, así como un padre en el mundo cuida de las necesidades de sus hijos.

Pero creo que ellos tenían un sentido de distancia conforme regresamos a lo que Jesús dice en el capítulo 6, que les había llevado a perder este sentido de intimidad. Creo que lo único que les quedaba era el concepto pagano. ¿Sabe una cosa?, los griegos llamaban a Zeus ‘padre Zeus’. Y en conexión con el padre Zeus, el término llegó a significar ‘señor’ o ‘gobernante’. Perdió toda su intimidad. No quedó nada de intimidad.

Y por cierto, Zeus era un dios bastante corrupto. Simplemente quiero que sepa eso. Había un dios amable llamado Prometeo. Y Prometeo vio al mundo, según la leyenda griega, y Prometeo dijo que no había fuego en el mundo. Y los hombres tenían frío en la noche y los fuegos no sólo eran vuelos para mantenerlos calientes, sino que eran buenos para muchas cosas: para palomitas y malvaviscos y comunión y cosas así.

Y Prometeo vio al mundo y dijo que no era bueno que el hombre no tuviera fuego. Y entonces, Prometeo le dio al mundo fuego. Y el padre Zeus se enojó tanto con Prometeo que tomó a Prometeo y lo llevó a la mitad del mar Adriático. Encontró una roca que estaba saliendo del agua y encadenó a Prometeo a esa roca y lo dejó ahí, en medio del calor terrible del día y la sed del día y el frío de la noche. Y constantemente, le quitó, creo que una especie de ave con sus garras hizo esto, continuamente le quitaba, le arrancaba su hígado. Y Prometeo, según la leyenda, siempre terminaba con un nuevo hígado. Y entonces, siempre se le hacía lo mismo. Los griegos dijeron que eso era lo que el padre Zeus piensa acerca de algo bueno para la gente.

Ahora, ése es el contexto de este día. Padre no significaba nada. Había perdido su significado. Y para los fariseos y para los escribas, pensar en Dios como un padre era un pensamiento muy vacío. No significaba nada más que un señor o un dios o un gobernante o un rey. Y Jesús lo usa de una nueva manera. Jesús inserta en esto algo rico, algo especial, algo íntimo. No sólo en la palabra que Él usa, como veremos, sino la manera en la que el trajo a Dios a los hombres. ¿No es cierto? Jesús hizo esa intimidad posible.

Por cierto, cuando Jesús oró, siempre utilizó la palabra ‘Padre’; más de 70 veces la palabra ‘Padre’. Él siempre la usa. Sólo en una oración que Él oró no uso la palabra ‘Padre’. ¿Sabe usted qué oración fue ésa? “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Sólo al llevar el pecado fue Él separado del Padre. Y sólo entonces Él no dijo “Padre”. El resto de las veces, la intimidad de esa relación fue expresada y sólo en ese momento temporal, cuando fue quebrantada al llevar Él el pecado, Él se dirigió a Dios de otra manera.

Escuche, cuando usted va a Dios y le dice “Padre”, no está hablando del padre de alguien más, alguna persona benevolente que quiere regalarle algo. No estamos hablando de alguna deidad que está desinteresada y es un padre únicamente en el sentido de su liderazgo. Estamos hablando de alguien benévolo, amoroso, alguien que está involucrado de manera personal. Alguien que es absolutamente íntimo.

Permítame profundizar un poco más. Estudié un poco esta semana las filosofías de la época y descubrí algunas cosas interesantes. Había dos filosofías primordiales que existían en el tiempo de Cristo en el mundo grecorromano. Son conocidos como los estoicos y los epicúreos. Ha leído usted de ellos, ¿verdad? Los estoicos tenían un atributo esencial para los dioses. Ellos decían que el mayor atributo primordial de un Dios es apatheia. De esta palabra obtenemos la palabra ‘apático’. Ahora, apatheia para el griego es esencial en la capacidad de experimentar cualquier sentimiento.

Ahora, los griegos dijeron esto. Si una persona puede sentir amor, puede ser lastimada. Si una persona puede sentir gozo, puede sentir tristeza. Si una persona puede sentirse contenta, puede sentirse infeliz. Por lo tanto, los dioses no sienten nada o de lo contrario, podrían ser lastimados. Entonces, ellos escogen ser totalmente personas que no tienen pasiones, no tienen emociones, incapaces de tener algún sentimiento. Son apáticos e indiferentes. Ésa es la perspectiva histórica de los dioses. Totalmente carentes de emoción, pasión, indiferentes.

Los epicúreos tenían una idea un poco diferente. Ellos dijeron que la cualidad suprema de las deidades es ataraxia. Ataraxia es un término que significa “serenidad total, calma total, paz perfecta.” Ahora, ellos dijeron que si los dioses se involucraban en asuntos humanos, perdían su tranquilidad, ¿verdad? Perdían su calma. Si se involucran en el desastre en el mundo, nunca podrán mantener su serenidad. Por lo tanto, los dioses están distantes. Y ellos tenían los que en la actualidad llamaríamos una perspectiva deísta, que hay un poder que está ahí arriba y echa a andar todo y después, se aleja porque no quiere involucrarse.

Entonces, los estoicos decían que Dios es absolutamente apático e indiferente y los epicúreos dijeron que Dios está absolutamente distante, totalmente desinteresado y aislado de toda condición humana. Así es como ellos pensaban de sus dioses, aunque usaban el término ‘padre’.

Ahora, ¿qué hay acerca del día moderno? Es un poco diferente. James Stewart citó dos líneas de un poema escrito por Thomas Hardy. Thomas Hardy dijo esto. Él dijo “la oración es inútil, porque no hay nadie a quien orar excepto,” y aquí está la cita, “esa cosa soñadora, oscura, torpe que gira la manivela de esta presentación aburrida.” Fin de la cita. Para Thomas Hardy, Dios era algo que estaba soñando, torpe, oscuro. Voltaire dijo: “la vida es una mala broma. Que caiga el telón, la farsa se acabó.” Fin de la cita.

H. G. Wells, en una de sus novelas, pintó un retrato de un hombre derrotado por el estrés y la tensión de la vida moderna. Y el hombre estaba muriendo; y un hombre muy santo le dijo que su única esperanza era comunión en Dios. Y él preguntó: “¡qué! -dijo el hombre-¿pensar en Ése, allá arriba, en relación conmigo? Más fácil me parecería refrescarme el gaznate con la Vía Láctea o estrechar las manos con las estrellas!”

El estoico ve a su Dios sin emociones, el epicúreo ve a su Dios totalmente distante, el filósofo moderno de a Dios como la cosa oscura, soñadora, torpe, que gira la manivela de la presentación aburrida. Inclusive el judío de la época de Jesús ve a Dios como un padre, sólo en un sentido pasado, remoto, distante, desvanecido, con poco significado.

A toda esa confusión, Jesús simplemente pronuncia sin explicación dos palabras: “Padre nuestro.” “Padre nuestro.” Y al hacer esto, abre una verdad que nos lleva a nuevas dimensiones de significado. El término en el griego es pater. Jesús no usa ese término. Jesús habló arameo cuando Él habló, a pesar de que la Biblia fue escrita en griego. Hay poca duda en mi mente que Él utilizó el término Abba, ya que Abba el término familiar. Abba era el término de cercanía usado por un niño pequeño para hablar a su padre. De hecho, el talmud dice que lo primero que ellos aprendían era a decir Abba e ima.

Eso se oye como los niños pequeños, ¿no es cierto? Yo no sé cómo sus hijos empezaron a llamarlo a usted cuando comenzaron a hablar. Pero se les ocurrieron algunas cosas simpáticas en nuestra casa. Casi un sonido no estructurado, sin significado, en el momento en el que un niño pequeño comienza a hablarle a sus padres.

En Marcos 14:36 dice que Jesús dijo “Abba, padre, quita esta copa de mí.” En el principio, y al final de Su ministerio y a lo largo de Su ministerio creo que Abba fue Su término. Significa ‘papito’. En Romanos 8:15 y en Gálatas 4:6, la Biblia dice que podemos clamar Abba, padre.

No venimos a Dios como un padre en términos de lo que los judíos solían pensar. Simplemente, como alguna deidad responsable de la nación entera. No venimos a Dios como algo indiferente, alejado. Venimos a Dios como un padre íntimo. Usamos el término Abba. Esta es una respuesta al escepticismo moderno. Esta es la respuesta a la confusión de los fariseos. Esta es la respuesta a los filósofos.

Permítame cerrar nuestros pensamientos esta mañana al resumir esto. ¿Qué significa que Dios es nuestro Padre? ¿Qué significa que podemos ir a Él como Padre? Escuche esto. Número uno, significa el fin del temor. Significa el fin del temor. Los misioneros nos dicen que uno de los regalos más grandes que el cristianismo trae a la sociedad pagana es la certeza de que Dios es un padre amoroso, que se preocupa, porque la gente pagana vive bajo el temor de sus dioses.

Si usted ha leído el libro Los Señores de la Tierra usted conoce el temor increíble, inconcebible que esas personas enfrentaron antes de que fueran liberadas por la fe en Cristo. Esto ha sido repetido miles de veces alrededor del mundo, conforme las religiones falsas han vivido bajo un temor absoluto hasta que llegan a conocer al Padre amoroso a través del Hijo amoroso. Ellos creen en dioses. Sus mundos literalmente están llenos de dioses que son celosos, hostiles, que están enojados, que se vengan y viven en temor absoluto de estos dioses. Esa es la razón por la que es tan maravilloso cuando Jesús dice “Padre nuestro”, termina el temor. Usted no tiene que temer a Dios. Él es su padre a través de Cristo.

En segundo lugar, yo creo que Dios como padre hace a un lado el asunto de la esperanza. Esperanza. ¿Sabe una cosa?, el mundo es hostil. Hay leyes de hierro en este mundo que cuando usted quebranta esas leyes, usted lo hace jugándose la vida. Usted ve que las consecuencias vienen y la paga del pecado es la muerte. No es sorprendente que Voltaire dijo que la vida es una broma mala. No es sorprendente que él dijo que los hombres son necios, hundiéndose en un mar de lodo. Él no tenía esperanza. Todo estaba desintegrándose. Eso es porque él no tenía un padre amoroso.

Me acuerdo que cuando era un pequeño niño, mi padre me puso en una de esquina y dijo: “espérame. Voy a regresar por ti.” Y él no venía, y no venía; y oscureció y oscureció cada vez más. Y yo estaba solo en la esquina, en el rincón. Finalmente, él tuvo un problema con el automóvil y regresó horas y horas, después de que las tiendan habían cerrado. Y yo estaba ahí de pie en la oscuridad. Claro, él me abrazó y me preguntó si estaba molesto. No me acuerdo todos los detalles. Simplemente recuerdo que le dije: “no. No estoy molesto porque tú me dijiste que regresarías y yo estaba aquí esperándote.” Ese es el amor de un hijo por el padre. Eso es esperanza. Pero en medio de un mundo hostil que se está desintegrando, Dios es nuestro Padre y Él va a encargarse de lo que necesitamos.

En tercer lugar, creo que hace a un lado el tema de la soledad. Si Dios es un padre, entonces eso es algo que la gente solitaria necesita conocer, ¿verdad? El corazón conoce la soledad. El corazón conoce la amargura, la pérdida de la dignidad personal, la pérdida de esperanza. Todos sufrimos de compasión, autocompasión. Necesitamos desesperadamente respeto. ¿En dónde encontraremos esto? ¿Hay alguien que nos conozca como somos y nos ame por eso? ¿Hay alguien que puede levantarnos y darnos valor? ¿Hay alguien que puede hacernos sentir como si tuviéramos a un amigo?

Dios puede. Él es nuestro Padre. Él es nuestro Padre. Él dijo: “he aquí, Yo estoy con vosotros todos los días. Yo soy un amigo que está más cercano que un hermano.” La paternidad de Dios resuelve el asunto de la soledad.

En cuarto lugar, creo que esta frase aquí resuelve el tema del egoísmo. Obsérvelo nuevamente. Dice ‘Padre nuestro ’, no padre mío, sino ‘Padre nuestro’. Y Jesús enseña, como le dijera semana pasada -y simplemente lo menciono porque lo cubrimos la semana pasada-que la oración es algo que no es egoísta. Incluye a la comunidad entera de la fe, siempre. De hecho, no hay un solo pronombre personal en singular en toda esta oración. Cuando usted ore, no ore centrado en usted mismo. Ore con sus brazos abrazando a todo el mundo. Efesios 6:18 dice: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica” - escuche esto- “por todos los santos.” Ore por todo el mundo.

¿Y sabe una cosa?, si usted se enfoca simplemente en usted mismo, usted no entiende lo que dice aquí. Él no es su padre, no es mi padre, Él es nuestro Padre. El uso mismo de la palabra “nuestro” termina todo reclamo de exclusividad.

En quinto lugar, Dios como padre resuelve el tema de los recursos porque dice “Padre nuestro que estás” ¿dónde? “en el cielo.” Escuche. Cuando usted va a su padre al buscar recursos, usted no dice ‘oh, Señor, sé que no hay mucho que encontrar en el mundo.’ Escuche, él no está buscando los recursos en el mundo. Él los trae desde el cielo. Yo creo que esto añade una dimensión que simplemente nos saca de nuestros problemas. “Padre nuestro que estás en el cielo.” Él tiene todos los recursos en la esfera sobrenatural a Su disposición. Todo lo que el cielo es, todo lo que significa en Efesios “ser bendecidos en los lugares celestiales con toda bendición espiritual” está disponible en Él. Él es un Padre amoroso que tiene todos los recursos del cielo.

Arthur Pink dice, y cito: “si Dios está en el cielo, entonces la oración necesita ser algo del corazón y no de los labios, porque ninguna voz física en la tierra puede rasgar los cielos.” Fin de la cita. Si Dios está en los cielos, entonces nuestras almas deben estar distanciadas de la tierra. Si oramos a Dios en el cielo, entonces la fe debe ser llevar con alas nuestras peticiones.

Quiere usted satisfacción? Dios la tiene a su disposición. ¿Quiere usted justicia? Dios la tiene en los lugares celestiales. Paz, comunión, conocimiento, victoria, denuedo; esta todo ahí. Yo oro a un Padre que tiene recursos absolutamente eternos. ¡Oh, que gran pensamiento!

En sexto lugar, ver a Dios como Padre resuelve el asunto de la obediencia. Solía haber un compromiso con obedecer a su padre. No sé si exista en la actualidad. Era tan importante que en el Antiguo Testamento Dios dijo ‘si encuentran a un hijo o desobediente, apedréenlo. Porque quiero que el mundo sepa que deben obedecer a sus padres porque ese es un retrato de cómo deben responder a Dios, su Padre.’ Y eso resuelve el asunto de la obediencia. Mis hijos deben obedecerme y yo soy un padre indigno. Debemos obedecerlo a Él; y Él es un Padre infinitamente digno.

El punto de la paternidad de Dios se reduce al hecho de que debemos obedecer. Jesús obedeció al Padre. Él dijo: “no vine a hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” Él dijo: “Mi comida es hacer la voluntad del Padre. Mas no se haga mi voluntad sino la Tuya.” Si Él pudo asignarse a sí mismo un lugar de sumisión en la perfección, ciertamente podemos someternos en nuestra imperfección.

Finalmente, resuelve el asunto de la sabiduría. Si Dios es el Padre, entonces Él es infinitamente más sabio que nosotros. ¿Se acuerda usted del antiguo programa de televisión “Padre, ¿sabe lo que es mejor?”? Eso nunca volverá a ser transmitido. Eso nunca volverá a ser transmitido. Pero el Padre si sabe. Y regresamos adonde comenzamos, sumisos a Su voluntad, porque es lo mejor.

Ahora escuche, ¿qué sucede cuando usted sabe que Dios es su padre? En primer lugar, quita el temor. En segundo lugar, provee esperanza. En tercer lugar, termina con la soledad. En cuarto lugar, termina el egoísmo porque Él es Padre nuestro. En quinto lugar, provee recursos celestiales infinitos porque Él es nuestro Padre que está en los cielos. En sexto lugar, demanda obediencia. Y en séptimo lugar, declara sabiduría.

Entonces, comenzar una oración “Padre nuestro que estás en los cielos,” es indicar mi disposición, mi prontitud a venir como un hijo amado a un Padre amoroso, a recibir todo lo que Su amor puede darme. Ahora, cuando usted ore, ¿orará usted de esta manera? Inclinémonos juntos en oración.

Señor, cada vez que digo “Padre Nuestro” sé que no estoy perdido en la multitud. Cada vez que digo eso, yo sé que Tú estás ahí. Yo sé que Tú estás ahí quitando mi temor, proveyendo esperanza, quitando la soledad, quitando el egoísmo, proveyendo recursos celestiales vastos e infinitos, llamando a mi obediencia y afirmando Tu sabiduría absoluta. ¡Oh, que cosa es tenerte como un Padre!

En todas nuestras oraciones, querido Señor, que vengamos con un profundo sentido de gratitud porque Tú eres nuestro Padre a quien podremos decirle papá, papito, Abba, en intimidad porque Tú te preocupas. Tú no sólo nos hiciste súbditos de Tu Reino. Tú no sólo nos hiciste siervos de Tú voluntad. Tú no sólo nos llamaste “amigos”. Tú nos hiciste hijos e hijas, Tus hijos; y nos dijiste que Te llamáramos “Padre”. Gracias. Y que nosotros seamos hijos obedientes, que nosotros, que somos Tus hijos, vivamos y caminemos como deben caminar Tus hijos. Para Tu gloria en el nombre de Cristo, amén.

 

 

 

 

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