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Qué gozo es de nuevo en esta mañana llevarlo a Mateo, capítulo 6, en nuestro estudio de la Palabra de Dios! Mateo, capítulo 6, estudiando la oración de los discípulos en los versículos 9 al 13. Me gustaría que me siguiera conforme vuelvo a leer este maravilloso patrón para la oración conforme entramos en este estudio en esta mañana.

Mateo 6, comenzando en el versículo 9: “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu Nombre.  Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”

La mayoría de la gente se enfoca en la oración únicamente en respuesta o en referencia a cómo funciona. No para lo que es. Tendemos a ser muy pragmáticos. La oración para nosotros se ha convertido en un medio para alcanzar un fin y ese fin, normalmente, es uno egoísta. Una persona dijo: los hombres normalmente acumulan sus oraciones como los marineros con sus bombas cuando hay una gotera en el barco. Esto generalmente es verdad. La oración es una especie de último recurso. Es algo así como un paracaídas espiritual. A usted le da gusto que esté ahí y espera nunca tener que usarla. La oración tiene una manera de verse desde una perspectiva equivocada, porque la vemos a nuestra manera en lugar de verla a la manera de Dios.

Pero como hemos estado estudiando en nuestro estudio de la oración de los discípulos dada aquí por nuestro Señor como un modelo para todas las oraciones, la oración no es primordialmente para nosotros, es para Dios. La oración no es tanto para adquirir para nosotros lo que pensamos que necesitamos, como lo es para darle a Dios una oportunidad de manifestar Su gloria. La oración es para Dios sólo de manera secundaria y como una consecuencia, es para nosotros.

Si nunca obtuviéramos nada de la oración fuera de la comunión con Dios, eso es lo que la oración realmente es. Eso sería suficiente para hacer de la oración algo constante. Imagine la realidad de que cuando usted ora, entra al lugar mismo del trono mismo de Dios y tiene comunión con el Dios vivo del universo. Y usted ha entendido un regalo tan maravilloso, que si eso fuera lo único que usted puede obtener de la oración, sería suficiente para motivarnos a orar constantemente.

Crisóstomo, uno de los primeros padres de la Iglesia, ha dicho de manera hermosa, y cito: “un monarca investido en capacidades maravillosas es mucho menos ilustre que alguien que ruega, adornado y honrado por la comunión con su Dios, considera qué privilegio es cuando los ángeles se presentan y los arcángeles están ahí, donde los querubines y los serafines rodean con su fulgor el trono de Dios que un mortal pueda acercarse con una confianza sin refreno y conversar con el Soberano del cielo, ¡oh, qué honor jamás se ha conferido a alguien así!

¡Cuán invaluable es el privilegio de entrar al lugar en donde está el trono de Dios rodeado de las huestes de Sus ángeles celestiales para tener comunión en simplicidad y con la atención de Aquel que está entregado nosotros!

Si la oración no fuera más que esto, sería suficiente para acercarnos a hacerlo sin cesar, pero la oración es más que eso. La oración es más que tan sólo el privilegio de tener comunión con Dios. La oración es la oportunidad para que Dios despliegue Su gloria. La oración le da a Dios un medio mediante el cual Él puede demostrar quién Él es. Un santo de la antigüedad lo expresó de esta manera, y creo que se dice de manera hermosa: “la verdadera oración trae a la mente la contemplación inmediata de la naturaleza de Dios y la mantiene ahí hasta que el alma del creyente ha sido impresionada de manera apropiada.” Permítame volverla a leer “la verdadera oración lleva a la mente a la contemplación inmediata de la naturaleza de Dios y la mantiene ahí hasta que el alma del creyente ha sido impresionada de manera apropiada.”

La oración es para dejarle impresionado con Dios mucho más de lo que impresiona a Dios con sus necesidades. Usted no ora porque usted quiere que Dios crea que usted es tanto y usted no ora para obtener lo que pueda obtener o para hacer que Dios le de lo que usted quiere, usted ora más bien para permitir que Dios se manifieste a sí mismo.

Esta es la razón por la que regresamos a nuestro versículo clave en Juan 14: 13, Jesús dijo “si pidiereis algo en Mi nombre lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” ¿Por qué es que Dios va a oír su oración y responderá? Para que el Padre pueda ser glorificado. La oración es siempre, y en primer lugar y sobre cualquier otra cosa, un reconocimiento de la gloria majestuosa de Dios y un acto de sumisión a la misma. Todas nuestras peticiones, todas nuestras pasiones, todas nuestras súplicas, todas nuestras necesidades, todas nuestras pruebas, nuestros problemas, todos están sujetos.

Regrese de nuevo a la oración: a Su nombre, versículo 9; y a Su reino, versículo 10; y a Su voluntad, versículo 10. Toda la oración comienza ahí. Después, usted tiene en el versículo 11 ‘danos,’ versículo 12; ‘perdónanos,’ versículo 13, ‘guíanos’. Pero el dar, el perdonar, el guiar para nosotros viene únicamente cuando Dios es colocado en el lugar previo. La verdadera adoración comienza con Dios. La verdadera adoración es olvidarse de uno mismo y glorificarlo a Él.

Desafortunadamente, la mayoría de la gente piensa en la oración por un esfuerzo por llevar a Dios a que se alivie con sus propios deseos; y este es un movimiento muy predominante en la Iglesia en la actualidad. La gente está reclamando cosas de Dios, imponiendo demandas a lo que Dios tiene que hacer, entrando en la presencia de Dios afirmando que Dios debe hacer esto.

He estado escuchando a dos particularmente en la televisión. Y hay muchos otros, pero estos dos particularmente parecen estar guiando el desfile. Estos dos parecen salir del mismo molde en el que interpretan de manera inadecuada las Escrituras, le dicen a la gente que demande cosas de Dios. Por su fe, ellos demandan que Dios haga esto y demandan que Dios haga aquello. Uno de ellos estaba diciendo la otra noche que si usted es un cristiano lleno del Espíritu, usted nunca debe conocer un día de enfermedad en su vida entera. Usted demanda eso de Dios mediante su fe y Él lo mantiene a usted con salud. Este tipo de manera de pensar es simplemente una extensión de lo que ha sido una manera común de ver la oración. Nada más que ahora, es algo desenfrenado y es que la oración tiene que ver únicamente con demandar cosas de Dios en base a las condiciones de usted. Y sea que nos guste admitirlo o no, en muchos casos ésa es la manera en la que oramos.

Por cierto, no es nada nuevo. Le tengo que mostrar una ilustración de Génesis simplemente para mostrarle lo antiguo que es este tipo de oración. En Génesis 28, versículo 20, Jacob hizo un voto. Él es un patriarca ahora. Él hizo un voto ahora y él está diciendo que aquí está su voto y está diciendo al Señor: ‘si Dios estuviera conmigo y me guardara en este camino que voy,’ en otras palabras, si Dios está conmigo y va a hacer lo que yo quiera y me diera algo para comer y vestido para vestir, para que regrese a la casa de mi padre en paz, ‘entonces, el Señor será mi Dios.’

Ahora, ¿le gusta a usted eso como una oración condicional? Dios, ¿me quieres a mí a Tu lado? Haz lo que te pido. Y esta piedra, la cual levanto como pilar, será la casa de Dios y de todo lo que Tú me des, ciertamente yo te daré el diezmo. Inclusive te voy a diezmar, te voy a dar dinero si Tú haces lo que yo te pido. Este no fue un voto espiritual, este fue un voto carnal. Dios, Tú haz lo que yo te digo que hagas; y entonces, te voy a dejar que seas mi Dios. Así es como usted no debe orar. Usted no está en el lugar previo de la oración. Usted no va a Dios en oración demandando algo. Mandándole algo a Dios, afirmando que todo lo que usted dice lo debe tener. Eso no es verdad. Oigo la promesa de esta persona todo el tiempo. Si usted tan sólo creyera que lo tiene, lo tendrá. Eso es basura. Eso no es verdad. Eso es jugar juegos con la mente de la gente. Jugar juegos, peor aún, con la soberanía de Dios.

La oración tiene como su propósito la exaltación de Dios, el colocar a Dios en Su lugar apropiado, la manifestación de Su majestad y Su voluntad soberana. Y nosotros traemos los otros aspectos en línea con eso. La oración es para Dios. Ésta es la razón por la que hemos bosquejado la oración de esta manera: “Padre nuestro que estás en los cielos”, esa es la paternidad de Dios. “Santificado sea Tu Nombre,” esta es la prioridad de Dios. “Venga Tu Reino,” ese es el programa de Dios. “Hágase Tu voluntad”, ese es el propósito de Dios. “El pan nuestro de cada día”, esa es la provisión de Dios. “Y perdónanos nuestras deudas”, este es el perdón de Dios. “Y no nos metas en tentación”, esa es la protección de Dios. “Porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos, amén.” La preeminencia de Dios. La oración modero entera se enfoca en Dios.

Y de manera precisa, enfrenta el asunto que enfrentó Jesús cuando la presentó, ya que los fariseos y los escribas y la gente judía que seguía la enseñanza de ellos habían tomado a la oración de lo que Dios quiso que fuera - un vehículo para desplegarse a sí mismo - y la habían convertido en un ejercicio tradicional pervertido por los hombres mediante el cual ellos atraían la atención a sí mismos. Ellos usaban sus oraciones de manera hipócrita para mostrar lo espirituales que eran. Ellos suponían que en sus oraciones ellos estaban informándole a Dios de cosas que Él no sabía, por lo menos parece ser implícito en el texto previo.

Y ellos, de hecho, entraron en repeticiones vanas como lo hicieron los paganos, como si pudieran manipular a Dios para hacer que Él les diera lo que ellos demandaban. Ellos habían creado un tipo de oración que era ilegítimo, pervertido, sub estándar y no escritural.

Jesús, entonces, al confrontarlos aquí corrige la situación. En el capítulo 6, Jesús dijo “sus limosnas no son según el estándar de Dios.” Él dice su ayuno no es según el estándar de Dios. Y aquí, en esta sección, su oración no es según el estándar de Dios. Ahora, permítame corregirlo. Así es como deben orar, versículo 9: “vosotros pues oraréis así.” No lo habéis estado haciendo así. Así es como debe orar. No debe haber oración egoísta. No oraciones de justicia personal sino oraciones que se enfocan en Dios. No oraciones que se presentan como si la persona fuera demasiado buena en sí misma.

Y él comienza con la paternidad de Dios. “Padre nuestro que estás en los cielos.” Ahora, vimos esto la semana pasada, ¿no es cierto? El primer reconocimiento es que Dios es nuestro Padre, pater. Él es nuestro Padre. En arameo habría sido Abba. Él es nuestro Papito, un término de intimidad, de gran calidez personal, de alguien que pertenece a una familia. Dios no es un ogro distante, Dios no es algún tipo de ser inmoral cruel, caprichoso que está entrometiéndose con Sus supuestos súbditos; sino que Él es un Padre amoroso, tierno, cuidadoso, que se preocupa; y Él tiene a disposición Suya todos los tesoros del cielo para usarlos para el beneficio de Sus santos, para que Su nombre sea glorificado.

Padre Nuestro significa entonces que Dios va a oír porque Él se preocupa. “Padre nuestro que estás en los cielos” significa que cuando Él se preocupa, Él puede satisfacer la necesidad porque Él tiene recursos externos ilimitados. Dios es un padre amoroso y ahí es donde comienza la oración. Y amados, toda la oración comienza con eso. Que a Dios le preocupa. Cuando usted va a orar, usted comienza con el reconocimiento de que Dios realmente se preocupa. Usted no tiene que presionar a Dios. Usted no tiene que estar golpeando y hacer algo para que Él responda. Usted no es como los profetas y sacerdotes de Baal, que estaban siendo retados por el profeta Elías. Quizás su dios está dormido. Quizás su dios está de vacaciones o quizás a su dios no le importa. Al Dios de usted, le importa, no está dormido.

Y Él está ahí esperando a que usted entre a Su presencia porque Él es un Padre amoroso. Él es mejor ilustrado en este personaje en Lucas 15, versículos 11 al 32 en donde usted tiene la historia del llamado hijo pródigo. Este es un título malo, no es la historia de un hijo pródigo. Es la historia de dos hijos y un padre amoroso. La historia es el padre amoroso, quien podía perdonar a un hijo que se quedó en casa, pensaba que era demasiado bueno en sí mismo y también por día perdonar a un hijo que se fue de la casa y era injusto. Él podía perdonar al que se quedó en la casa y trató de hacer lo que pudo para adquirir el favor del padre. Y tan pronto como él pudo perdonar al que estaba desolado y viviendo en inmoralidad, en una pocilga, el padre amoroso. Y él perdonó a ambos y les ofreció a ambos todo lo que poseía. Y esa es la historia de que Dios es el padre que se preocupa por sus hijos, sean religiosos o no sean religiosos, sean morales o inmorales. Sean justos en sí mismos o injustos, Él se preocupa. Él se preocupa, es un Padre amoroso.

Entonces, toda la oración comienza con un reconocimiento de que Dios se preocupa. Y éste es un modelo para toda oración. Esto ni siquiera es una oración que debe ser recitada, este es un modelo para toda oración. Y usted comienza con el reconocimiento de que Dios no sólo se preocupa, sino que debido a que Él está en el cielo, Él tiene los recursos para satisfacer su preocupación.

Paul Tournier, el gran doctor cristiano, cuenta muchas historias en su libro del Caso del Doctor. Un pequeño párrafo que pensé que era interesante dice esto. Tournier escribe: “hubo un paciente mío, la hija más joven de una familia numerosa, y para el padre le era difícil proveer para su familia. Un día, ella oyó que el padre se refirió a ella: “bueno, podríamos haber estado bien sin esa.” Tournier dice que eso es precisamente lo que Dios nunca podría decir. Él es un padre amoroso para cada uno de Sus hijos.

¿Sabe, por ejemplo, lo que Dios le dijo a Moisés? Te conozco por nombre. Te conozco por nombre. ¿Sabe usted que la Biblia tiene genealogía tras genealogía tras genealogía y la gente se pregunta por qué todas esas lista de nombres? ¿Por qué todas esas listas de nombres? Nombres, tras nombres, tras nombres. ¿Por qué Dios se molesta con todos esos nombres? Bueno, sea cual sea el propósito específico en cada genealogía, el propósito general creo que me parece que tiene es que Dios quiere que la gente sepa que Él los conoce por nombre.

Más adelante es hecha esa maravillosa afirmación que dice que “ningún pájaro cae a tierra sin que vuestro padre lo sepa.” El doctor J.F. McFadden solía decir que si usted sacara eso del griego y lo expresara en el arameo, dice: “ninguna ave brinca sin que vuestro padre lo sepa.” Él no sólo sabe cuándo un ave muere, Él sabe cuándo un ave aterriza y cuándo salta. Él se preocupa por cosas pequeñas, Él conoce su nombre. Él es un Padre amoroso.

Entonces, “Padre nuestro” es la paternidad de Dios. En segundo lugar, es la prioridad de Dios. Y eso es lo que queremos ver en esta mañana. La prioridad de Dios. Está atrás en el versículo 9: “santificado sea Tu nombre.” Ahora, esa es la primera petición, notará usted, “santificado sea Tu nombre.” Y la primera petición es a favor de Dios antes de que usted llegue a pedir por usted, usted comienza al orar a favor de Dios. “Santificado sea Tu nombre,” esta es la primera petición. La segunda parte petición es “venga Tu Reino.” La tercera petición es “hágase Tu voluntad.” Y después, usted puede decir: “Danos,” “perdónanos,” “guíanos”. Y después, usted cierra el círculo porque “Tuyo es el Reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos amén.” La oración siempre comienza con la prioridad de Dios.

Arthur Pink dice “qué es tan claro es que el deber fundamental en la oración se presenta. El yo, nosotros y nuestras necesidades deben recibir un lugar secundario. Y al Señor, de manera libre, se le debe dar la preeminencia en nuestros pensamientos y súplicas. Esta petición debe ser prioritaria porque la gloria del gran nombre de Dios es el fin definitivo de todas las cosas.” Fin de la cita.

Santificado sea Tu nombre coloca a Dios en el lugar preeminente. Aunque Él es mi Padre amoroso, aunque Él se preocupa por satisfacer mis necesidades y aunque Él tiene recursos celestiales para hacer eso, mi primera petición no es a favor mío, sino a favor de Él. Santificado sea Tu Nombre. Es una advertencia contra toda la oración egoísta desde el comienzo. Dios tiene la prioridad.

Ahora, supongo que si usted es como yo y usted ha sido criado en una Iglesia, usted ha dicho “santificado sea Tu Nombre” muchas veces en su vida. Usted ha repetido la oración del Señor una y otra vez y usted ha oído la palabra santificado, el concepto de santificado sea Tu Nombre. Pero me pregunto si usted realmente sabe lo que significa. Esta es una frase fenomenal. Santificado sea Tu Nombre. ¿Entiende lo que es? ¿Qué está implícito en su significado? ¿Es algo así como oficial, como ‘!que viva el rey!’, “santificado sea Tu nombre”? Creo que no. Cuando Jesús dice “santificado sea Tu Nombre” y Él está diciendo algo que es tan lleno y tan rico que es inconcebible que yo pueda llegar a agotar lo que significa en este o en cualquier otro ministerio porque incluye toda la naturaleza de Dios. Y toda la respuesta de Dios a Su naturaleza. No es algo casual de rutina religiosa. No es simplemente recitar algunas palabras que son pensamientos agradables acerca de Dios, es mucho más que eso. Abre una dimensión entera de respeto y reverencia y asombro y aprecio y honor y gloria y adoración para Dios.

El concepto de nombre, como lo puede ver ahí, Tu Nombre, no se restringe a un título, no se restringe a un título. Hoy en día pensamos en el nombre de alguien y eso es todo. Un nombre. Y realmente, no significa mucho más que un nombre. Inclusive decimos: ¿qué quiere decir cierto nombre? Mi nombre es John. John significa el regalo de gracia de Dios. Francamente, eso es debatible para muchas personas. Ahora realmente, no hay nada en ese nombre. Hay muchas personas que me llaman John a las cuales no les importa en absoluto Dios. Nosotros no tenemos ese concepto en nuestras mentes, pero necesitamos regresar y pensar en el término nombre como lo veo un hebreo.

Ahora, los judíos tenían una actitud de respeto por ver algo tan sagrado en el nombre de Dios que se habían excedido. Ellos estaban tan preocupados por no decir la palabra del nombre de Dios mientras que deshonraban Su persona. ¿No es eso sorprendente? Ellos estaban muy ocupados deshonrando de la persona de Dios, desobedeciendo Su palabra, destruyendo sus verdades, pero estaban tratando de santificar Su nombre. Simplemente, el nombre mismo, las letras que constituían el nombre. Por ejemplo, usted podrá recordar que en su Antiguo Testamento en particular, usted ve la palabra Jehová. Jehová. No existe una palabra Jehová en el hebreo, aunque aparezca lo largo del Antiguo Testamento, no existe esa palabra. Usted pregunta de dónde salió.

Bueno, el nombre de Dios en Éxodo, Él dijo “Yo soy el que soy”; y es Yahweh. Yahweh. El otro nombre familiar para Dios es Adonai, el cual significa Señor. El Señor Dios, Yahweh, Adonai. Ahora, el judío no quería decir eso. Él quería mantener el Dios sagrado. Pero él lo había reducido a simplemente el nombre, no a la persona y la voluntad de Dios. Y entonces, un judío no decía Yahweh. De hecho, si usted va a un círculo ortodoxo el día de hoy en hebreo y usted dijera esa palabra, probablemente sería apedreado. Es verdad. Ellos no dicen eso.

Entonces, ¿sabe lo que hicieron? Ellos quitaron las consonantes de Yahweh, quitaron las vocales de Adonai y terminaron con Jehová, la cual es una palabra que no existe. La inventaron para que no tuvieran que decir la palabra real, que es el nombre de Dios. Pero, ¡qué superficialidad! Porque ya que mientras tenían tanto cuidado de no pronunciar Su nombre, ellos constantemente blasfemaban a quien Él era.

Ahora, lo que nuestro Señor nos está enseñando aquí al “santificar el nombre” es que respetamos a Dios por quien Él es, no sólo por Su nombre, como un nombre. Es un concepto que incluye todo.

Ahora, veamos eso por un momento. En tiempos bíblicos, veremos primero el nombre y después, veremos lo que significa santificar. En tiempos bíblicos, el nombre era más que un título. En 1 Samuel 18, y hay tantas ilustraciones… Simplemente le voy a dar una para que pueda tener algo en mente. En 1 Samuel 18, versículo 30, dice: “después los príncipes de los filisteos salieron y sucedió después de que salieron que David se condujo de manera más sabia que todos los siervos de Saúl.”

Ahora, David obtuvo una buena reputación con el pueblo. Él se condujo más sabio que Saúl y sus siervos, de tal manera que su nombre era más estimado. Ahora, no estaban estimando las letras en su nombre. Su nombre siendo estimado, esto es, él mismo, su nombre representando lo que él era, su nombre siendo estimado. Decimos eso en la actualidad, ‘bueno, tal y tal se ha creado una reputación para sí misma.’ ‘Tal y tal ha adquirido un buen nombre.’ ‘Una buena reputación.’ Queremos decir que hay algo en su manera de ser que es digno de nuestra alabanza, de nuestro reconocimiento. El nombre entonces, representaba la virtud entera de la persona revelada. El nombre era la virtud, la naturaleza personal e incomunicable del individuo.

Le puedo dar una ilustración de esto. Si usted regresa a Éxodo, capítulo 34, encontrará que esto se indica de manera clara. Ahora, Moisés está teniendo una pequeña discusión con Dios acerca de Su gloria. Quiere asegurarse de que Dios esté con él. Él quiere tener la seguridad de que Dios esté ahí. Y entonces, en el versículo 18 del 33 él dice “muéstrame Tu gloria, Dios.” No me des un trabajo sino puedo estar aquí sin Ti y quiero saber que estás aquí al ver de manera visible Tu gloria. El Señor dice ‘muy bien.’ Ahora, Él le muestra Su gloria y usted llega al 34:5, Éxodo 34:5. “Jehová descendió en la nube y estuvo con él ahí proclamando el nombre de Jehová.”

Ahora, el Señor desciende y proclama Su nombre. ¿Y qué es lo que digo? ¿Señor, Señor Señor? ¿Señor, Señor, Señor, una y otra vez? ¿Qué quiere decir que estuvo proclamando Su nombre? Versículo 6: “el Señor pasó frente a él y proclamó.” Y aquí está ahora en el versículo 5, “Él proclamó Su nombre.” En el versículo 6 dice que Él proclamó esto. Por lo tanto, sea lo que diga en el versículo 6 es equivalente a Su nombre en el versículo 5. Él proclama Su nombre aquí. Bueno, observe lo que dice. Jehová, Jehová Dios. ¿Se detiene ahí? No. “Misericordioso, piadoso, tardo para la ira, grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad y la transgresión y el pecado y que de ninguna manera tendrá al culpable por inocente.” Eso significa que Él es un Dios justo, santo, que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos. Él es un Dios de juicio y demás.

Ahora, ¿entiende el concepto? Dios dice, Yo proclamaré Mi nombre. Aquí está Mi nombre. Misericordioso, piadoso, tardo para la ira, abundante en bondad, verdad, que guarda misericordia, que perdona la iniquidad, etcétera, etcétera. En otras palabras, el nombre de Dios es el conjunto de todos Sus atributos, ¿se da cuenta? El nombre de Dios representa todo lo que Él es. Y santificar Su nombre no es tener algún tipo de idea supersticiosa acerca de hablar la palabra Dios o Señor. Es santificar todo lo que Dios es en términos de Su naturaleza y Sus atributos.

Por ejemplo, en el Salmo 9:10, la Biblia dice “aquellos que conocen Tu nombre confiarán en Ti.” ¿Oyó eso? “Aquellos que conocen Tu nombre confiarán en Ti.” Ahora, si nosotros tomamos el concepto del nombre simplemente para que signifique la palabra, ¿acaso toda persona que conoce el nombre Dios confía en Él? ¡Claro que no! Eso es absurdo. Pero aquellos que conocen Su nombre, aquellos que perciben la plenitud, la totalidad de quien Tú eres, confían en Ti. Escuchen amados, cuando Dios quita la ceguera y usted ve a Dios por quien Él es, usted confiará en Él. Esa es la esencia de lo que significa el Salmo 9:10. “Aquellos que conocen Tu nombre confiaran en Ti.” Aquellos que realmente entienden quién Dios es, Su naturaleza, confiarán en Él.

Si usted fuera a ver los Salmos, usted podría ir de Salmo en Salmo y rastrear esto a lo largo de los Salmos. Es repetido en una y otra vez. Por ejemplo, en el Salmo 7:17: “alabaré a Jehová según Su justicia y cantaré alabanza al nombre del Dios altísimo.” El nombre, siendo lo que Él es.

Más adelante, en los Salmos, simplemente en el Salmo 102, hay un versículo, versículo 15. Dice “y todas las naciones temerán el nombre de Jehová.” Bueno, no temen las letras, temen todo lo que Él es. En el Salmo 113, versículo 1 en adelante, un pasaje muy útil. “Alabad a Jehová. Alaben, o siervos de Jehová. Alaben el nombre de Jehová.”

Ahora escuche, “bendito sea el nombre de Jehová.” Versículo 3: “desde que se levanta el sol hasta que se pone, el nombre de Jehová debe ser alabado.” Jehová está exaltado sobre todas las naciones y Su gloria sobre todas las naciones. “¿Quién es como Jehová nuestro Dios?”

En otras palabras, todo lo que Él es, es causa para alabarlo. Esto es verdad en muchos otros pasajes del Antiguo Testamento. Es característico de Isaías en al menos tres lugares diferentes alabar al nombre del Señor. En el Salmo 20, versículo 7 dice “algunos se jactan en carros, otros en caballos, pero nosotros del nombre del Jehová nuestro Dios tendremos memoria.” Pero el versículo clave para entender el concepto de nombre Juan 17:6. Juan 17:6. Jesús dijo: “he manifestado Tu nombre a los hombres que Tú me has dado.” Ahora escuche, Jesús ha dicho “he manifestado Tu nombre.” ¿Qué quiso decir? Yo he revelado quién Tú eres.

Juan 1:14 “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y vimos Su gloria, gloria del unigénito del Padre lleno de gracia y verdad.” En otras palabras, Él manifestó a Dios. “Felipe, ¿tanto tiempo has estado conmigo y no sabes que si me has visto a Mí, has visto al Padre?” Jesús, entonces, encarna el nombre de Dios. Él es la manifestación, la revelación humana de todo lo que Dios es. Eso es lo que Su nombre significa.

Entonces, un nombre no es un título, un nombre es algo total. Un nombre es la persona entera. Dicho de otra manera simple, nosotros podemos comenzar a orar siguiendo el modelo de la oración así: “Padre nuestro que nos amas y Te preocupas por nosotros y quien en el cielo tiene recursos para satisfacer cada necesitar nuestra, que Tu persona, Tu identidad, Tu naturaleza, Tu esencia, Tus atributos, Tu reputación, Tu ser mismo sea santificado.” Eso es lo que está diciendo. No es alguna frase que repetimos, “santificado sea Tu nombre,” que se la recordamos a Dios de manera periódica en un ritual. Es una manera de acercarnos a Dios de manera continua, entendiendo la totalidad de quién es Él y santificarlo sólo por quién Él es.

Ahora, los nombres mismos de Dios en la Biblia, y hay muchos de ellos, nos ayudan a entender esto. Dios tiene tantos nombres diferentes, cada uno de esos nombres expresa una parte de Su naturaleza, de quién es Él. Por ejemplo, Dios es una de las primeras palabras en la Biblia llamado Elohim. “En el principio, creó Dios.” Elohim es el Dios creador. En la palabra Elohim vemos Su creación. Él debe ser santificado como un Creador. El escritor de la canción lo ha expresado también. “Canto del poder asombroso de Dios que hizo que se levantaran las montañas, y esparció los mares y edificó los cielos sublimes. Canto de la bondad del Señor que llenó la tierra con comida. Él formó las criaturas con Su palabra y después, pronunció que eran buenas. Señor, cómo Tus maravillas son desplegadas adondequiera que volteo y veo. Si veo el suelo que piso, o si veo el cielo. Las criaturas, tan numerosas que son, están sujetas a Tu cuidado. No hay un lugar a donde podamos huir en donde Dios no esté presente ahí.” En todos lados. Él es visto como el Creador.

La Biblia lo llama El Elyon. En Génesis capítulo 14, versículos 18 y 19, dice: “bendito de Abraham del Dios altísimo, El Elyon, poseedor del cielo y de la tierra.” Él es el Dios creador. Eres el Dios poseedor. Él es el gobernante soberano sobre todo el universo. El Antiguo Testamento lo llama Jehovah-Jireh, el Señor proveerá, Jehovah-Nissi, el Señor nuestra bandera, Jehovah-Rapha, el Señor que sana, Jehovah-Shalom,  el Señor nuestra paz, Jehovah-Tsidkenu, el Señor nuestra justicia, Jehovah-Sabaoth,  el Señor de los ejércitos, Jehovah-Shammah, el Señor está cerca, está presente, Jehovah-Mekoddishkem, lo cual significa el Señor que te santifica.

Todos estos nombres hablan de Sus atributos. La Biblia lo llama usando tantos términos diferentes, mostrando la totalidad de quién Él es. Pero el nombre más grande que Dios jamás usó, el nombre más grande de mediante el cual Dios jamás ha sido designado en la historia es el nombre del Señor Jesucristo, lo cual significa el Señor Salvador Rey. Ése es Su nombre más grande.

Y como el Señor Jesucristo, Él se refirió a sí mismo con muchos otros nombres: el Pan de Vida, el Agua Viva, El Camino, la Verdad, la Vida, la Resurrección, el Buen Pastor, la Raíz, la Estrella de la Mañana, el Cordero de Dios y demás y demás. Todos los nombres de Dios tocan diferentes atributos de Su Persona bendita, majestuosa. De tal manera que cuando hablamos de Dios y Su nombre, no estamos hablando de un título. Estamos hablando de la totalidad de quién es Él. Conforme usted lee Isaías 9, “Hijo nos es dado y llamarás Su nombre maravilloso, consejero, Dios fuerte, príncipe de paz, padre eterno,” todas estas son designaciones de Su naturaleza.

Esta es la razón por la que Romanos 1:5 dice: “predicamos el Evangelio para que las naciones puedan creer por causa de Su nombre.” Tercera de Juan 7 dice: “enviamos a predicadores a predicar por causa de Su nombre.” No es sólo el título, sino todo lo que Él es. No es sorprendente que el escritor del himno escribiera: “Oh, que pudiera hablar de la dignidad sin paralelos. Oh, que pudiera proclamar las glorias que en mi Salvador brillan. Estaría volando y tocaría las cuerdas celestiales junto con Gabriel, mientras que él canta en notas casi divinas. Cantaría de las virtudes de Él y todas las formas de amor que Él lleva exaltado sobre Su trono en canciones extensas de alabanza dulce, yo cantaría por días eternos dando a conocer todas Sus glorias.”

Entonces, entendemos “Tu nombre,” siendo tan pleno como Dios es en Su propio ser, santificar Su nombre es percibirlo en la totalidad de quien Él es. “Pero, ¿qué significa santificar? ¿Qué significa santificar? Pensamos en la palabra santificar, pero, ¿en qué pensamos? ¿Pensamos en algunas paredes con murales, con túnicas largas, con cantos repetitivos, con iglesias a media luz, con música sombría y otras tradiciones? Santificado es una palabra arcaica, debo reconocerlo. Los traductores de las diferentes versiones de la Biblia la han mantenido debido a su familiaridad, pero realmente no creo que ni siquiera entendamos lo que significa santificado.

Permítame decirle lo que significa. Viene de un verbo griego hagiazō. Esa palabra es una palabra muy importante en la Biblia y es usada de manera repetida. La forma del sustantivo es la palabra hagios, la cual significa Santo. Santificado sea Tu nombre. Eso es lo que santificado significa. Ahora, básicamente tiene dos significados que son posibles. Nunca es usada, hasta donde yo sé, en griego secular. Pero tiene muchos usos en el griego bíblico y podemos, entonces, entender su significado de manera muy fácil. Tiene dos ideas básicas: una, hagiōsunē o hagios puede significar hacer de algo ordinario algo extraordinario; hacer de una cosa común algo no común al llevarlo, al hacer que esté en contacto con algo extraordinario y fuera de lo común.

Ahora, ése es su uso en 1 Pedro 1:16 en donde Pedro le dice a usted y a mí “sed santos.” ¿Qué significa eso? Significa que somos impíos, no somos santos para comenzar. Pero al estar en contacto con el que es Santo, podemos ser hechos santos. Entonces, hagios significa tomar algo impío, algo que no es santo y hacerlo santo al colocarlo en contacto con aquello que es Santo. Este es su primer significado.

¿Ese es su significado en este pasaje? ¿Estamos haciendo a Dios santo cuando estamos orando? ¿Estamos diciendo: ‘ahora Dios, yo sé que Tú eres impío, que no eres Santo, sé que Tú eres común, ordinario, pero mediante esta oración quiero que Tú seas hecho santo’? No, ese no es su uso aquí.

Hay una segunda manera en la que es usada en la Biblia. Muchas veces de esta manera, de hecho más veces. Y ésa es cuando es usada referencia a tratar algo o a alguien como sagrado.

Ver a algo o ver a alguien como apartado y santo. Considerar a alguien como separado. En otras palabras, en el caso de los hombres, es hacer algo santo. En el caso de Dios, es considerarlo como Santo. Cuando usted dice “Santo sea Tu nombre,” usted no está diciendo lo mismo que cuando yo le digo a usted “sé santo”. Yo le estoy diciendo alinea tu vida con Dios y que la justicia de Él se vuelva tuya. Pero cuando yo le digo a Dios “santo sea Tu nombre,” yo estoy diciendo que Tu nombre sea considerado y sea manifestado como Santo; y así es como es usado aquí. No hacemos que Dios sea Santo. Simplemente, hacemos la petición que Él sea reverenciado y considerado como santo.

Ahora, la idea básica de hagiazō or hagios es muy simple. ¿Qué significa ser santo? Decimos “santificado sea tu nombre”. Decimos “Santo es tu nombre”. ¿Cuál es la diferencia? Bueno, la idea de santo es diferente. Es diferente. Significa ser diferente. Ahora, no todo el mundo es diferente quién es santo, pero toda persona que es santa es diferente. ¿Entiende eso? Muy bien. Muchas personas diferentes no son santas, pero muchas personas santas son diferentes.

La idea básica es diferente. Significa una esfera diferente, una cualidad diferente de ser. Esa es la razón por la que Dios es llamado ‘El Santo’. Él está en una esfera diferente. Él tiene una cualidad diferente de ser que nuestra vida. Es usada, por ejemplo, en Éxodo 20, versículo 8, en donde dice ‘acuérdate del día de reposo para santificarlo’. ¿Qué quiere decir eso? El día de reposo debería ser diferente de cualquier otro día. Debe haber un día diferente de todos los otros. En Levítico 21:8 nos dice que los sacerdotes debían ser tantos. Debían ser diferentes de los otros hombres. Debían ser apartados para servir a Dios. Santos significa ser apartado, ser diferente. Tener otra esfera de vida. Existir en otra cualidad de ser. Eso es básicamente lo que significa ser santo. Dios vive en otra esfera. Dios existe en un nivel diferente. Dios está separado de nosotros. Dios es fuera de lo común, extraordinario, no es terrenal, está apartado de los pecadores, es Santo, no contaminado, dice la Biblia. Él es tanto apartado de nosotros.

Ahora, a partir de eso viene la idea de reverencia. Cuando oramos esta primera petición estamos diciendo que debemos hablarle a Dios en términos de reverencia. Que Tu Persona sea reverenciada. Es lo que estamos diciendo. Permítame darle una ilustración. Regrese en su Biblia a Números, el cuarto libro de la Biblia, Números, capítulo 20. Y esta es una ilustración muy, muy útil para que usted pueda ver eso. En Números 20 encontramos que los hijos de Israel están en el desierto y tienen mucha sed y no hay nada de agua, versículo 2, no había agua para la congregación, “entonces se reunieron en contra de Moisés y Aarón.” Noten que inmediatamente estaban en contra de sus líderes. Los culparon por la falta de agua.

Y la gente discutió con Moisés y hablaron diciendo ‘hubiéramos preferido morir cuando nuestros hermanos murieron delante de Jehová’ ¿quién quiere morir de sed ahora? ¿Por qué nos has traído a este desierto para que nosotros y nuestros rebaños muramos aquí? ¿Y por qué nos has sacado de Egipto para llevarnos a este lugar malo? ¿Éste es el plan? “No hay lugar para sembrar o para vides o para higueras y no a agua que beber. Y Moisés y Aarón salieron de la presencia de la congregación a la puerta del tabernáculo de la congregación y se postraron sobre sus rostros y la gloria de Jehová les apareció. Y Jehová habló a Moisés diciendo ‘toma tu vara y congrega al pueblo, tú y tu hermano Aarón y háblale a la roca ante los ojos de ellos y dará su agua. Y les darás agua de la roca. Y les dará a ellos y a sus animales de beber.’”

Ahora Dios dijo, ‘Moisés, tú simplemente llega al lado de esa roca y háblale y Yo haré que produzca agua.’ Bueno, versículo 9: “Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como Él le mandó. Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces;” ¿Que le dijo Dios que hiciera? Habla. ¿Qué está haciendo el aquí? Él está pegándole dos veces a la roca. Y por cierto, Dios no hizo que toda la congregación pagara por el pecado de Moisés, entonces “y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias. Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón,” escuchen esto, “Por cuanto no creísteis en Mí, para santificarme.” Esta es la misma palabra en la Septuaginta, hagiazō, para verme como el que debe ser reverenciado, para ser honrado, glorificado, apartado, ser obedecido, debido a que no hiciste esto, a los ojos de los hijos de Israel, “no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.” Y usted sabe que él nunca entró a la tierra prometida debido a que él golpeó a esa roca.

Escuche, Moisés estaba diciendo ‘bueno, no sé. La última vez que se hizo esto, le pegué a la roca. No sé si Dios lo puede hacer si no le pego.’ Y Moisés también quería afirmar en las mentes de la gente que él era el héroe. Y entonces, simplemente al hablarle a la roca glorificaría a Dios. Moisés pensó que le pegaría unas cuantas veces y asociarían en el poder con su vara y su brazo derecho. Él le estaba robándole la gloria a Dios. Él estaba desobedeciendo el mandato de Dios. Él no estaba reverenciando a Dios. Dice en el versículo 12 que él no santificó a Dios. Él no santificó a Dios. Él no le dio reverencia Dios. Él no le dio la gloria debida a Su nombre por su incredulidad, su desobediencia y su irreverencia. Santificar el nombre de Dios, ¿qué significa? Reverenciar el ser sin paralelos de Dios de tal manera que usted cree lo que Él dice de tal manera que usted obedece lo que Él dice.

Crisóstomo dijo que la palabra santificar es equivalente a los doxazein, la cual significa glorificar y honrar. Orígenes dijo que es equivalente a hupsoō lo cual significa exaltar o levantar en alto. Otros dijeron que es equivalente a eulogein, lo cual significa bendecir o alabar. En otras palabras, es exaltar a Dios. Juan Calvino lo expresó de esta manera: “que el nombre de Dios deba ser santificado es decir que Dios deba tener Su propia honra de la cual Él es tan digno que los hombres nunca piensen o hablen de Él sin la veneración más grande.” Fin de la cita.

Ahora, ¿entiende usted el concepto? Santificar el nombre de Dios, ver Su nombre como todo lo que Él es y ser reverente en Su presencia. Ahora, creo que esto viene después de Padre Nuestro porque es una protección contra algo. Demasiado Padre nuestro, demasiado Abba, demasiado ‘papito’ se convierte en sentimentalismo. Y arrastramos a Dios al suelo y hacemos de Dios sea un amiguito muy amable y hemos metido eso en el cristianismo estadounidense al punto que eso es un verdadero problema. La gente le habla a Dios en conceptos tan bajos y a un nivel tan bajo y términos que realmente no representan Su nombre que es santificado. Entendemos muy bien la parte de ‘papito’, pensamos de Dios es el papito grande al que debemos acercarnos y Él nos va a dar todo.

Escuche, los judíos estaban muy conscientes de esto y también lo estaba nuestro Señor. Esta es la razón por la que después de Padre nuestro, Abba, Él dice santificado, santo, reverenciado sea Tu nombre. Los judíos eran muy conscientes de esto. Cuando un judío llamaba a Dios Padre, él casi inmediatamente le añadía otro título para equilibrar su manera de pensar. Leí algunas de las oraciones judías de esta semana una y otra vez y encontré esto “Oh Señor, padre y gobernante de mi vida. Señor, padre y Dios de mi vida. Oh padre, rey de gran poder, altísimo y Dios todopoderoso.” En el Shemoneh Esrai, el cual son 18 oraciones que un judío tenía que orar diariamente, ésta es la manera en la que ellos comenzaban cada una de estas oraciones: “oh Padre, oh Rey, oh Señor.” En los 10 días penitenciales en el momento del día de la expiación, los judíos oraban algo llamado Abinu Malkenu y cuando ellos oraban esto 44 veces, ellos decían esto: “Padre Nuestro, nuestro Rey, nuestro Padre, nuestro Rey, nuestro Padre, nuestro Rey,” porque ellos nunca querían que el concepto de Dios fuera tan limitado, como el de ellos era de Dios como padre a tal grado que los llevara a ser sentimentales acerca de Dios quien también era un Rey soberano majestuoso. Y entonces, ellos protegieron de manera cuidadosa el asunto de sentimentalizar a Dios.

En 1 Pedro 3:15, Pedro dice: “santificad al Señor Dios en vuestros corazones.” Él usa la misma palabra, hagiazō, reverenciar a Dios. Tratar a Dios como santo, tratar a Dios como separado, extraordinario, fuera de lo común, digno de ser adorado y alabado y glorificado. ¿Qué es santificar? Es apartar de todo lo que es común y profano, valorar, estimar, honrar, reverenciar, adorar como el único Dios verdadero, bendito, infinitamente bendito. Y divino. Y usted no puede hablar de Dios en términos terrenales. Usted no puede arrastrar a Dios y rebajarlo a nivel de términos de plática, de conversación de calle. Dios debe tener títulos que son apropiados para Su poder y Su santidad. ¡Qué fácil es vivir nuestra vida diciendo “santificado sea Tu nombre, santificado sea Tu nombre,” y no tener siquiera idea de lo que estamos diciendo!

La verdad de una petición así es que Dios debe tener el lugar apropiado, prioritario. El anhelo de mi corazón es que Él sea glorificado, honrado en toda situación, en toda circunstancia y en toda relación. Jesús dijo: “Padre, honra a Tu nombre Mí.” En Juan 12, esta fue su meta.

Ahora, eso es lo que significa santificar Su nombre. Pero, ¿cómo hace eso? ¿Cómo lo hace? La parte más importante de lo que queremos decir viene ahora, así que escuche. Esto es lo práctico. ¿Cómo santificamos Su nombre? ¿Qué es lo que esta oración realmente está diciendo? ¿Es lo que realmente estamos pidiendo cuando decimos ‘santificado sea Tu nombre’? ¿Cómo podemos saber que esta oración está siendo respondida? ¿Cómo es que el nombre de Dios realmente es santificado? Porque es una petición que yo le estoy haciendo a Él, Dios deja que Tu nombre sea santificado. Y la implicación es a través de mí. “Que Tu nombre sea santificado en mi vida. Que tu nombre sea hecho santo en mi vida, en mi presencia." ¿Cómo? ¿Estamos diciendo no use Su nombre en vano? No sólo eso; es eso, pero no tan sólo eso. ¿Acaso estamos diciendo asegúrese que en su liturgia, en sus oraciones y en sus actos de adoración diga ‘santificado sea Tu nombre’? No. Aunque no está mal decir eso. Éste no es el punto. ¿Cómo es que usted reverencia el nombre de Dios? ¿Cómo es que Dios puede ser santificado en mi vida? Le voy a dar cuatro puntos y quiero que siga la progresión.

Número uno, santificamos Su nombre cuando creemos que Él existe. Santificamos Su nombre cuando creemos que Él existe. Hebreos 11:6 dice el que viene a Dios debe creer que le hay. Usted nunca puede honrar a Dios, usted nunca puede exaltar a Dios a menos de que crea que Dios existe. Ahí es donde todo comienza. Y por cierto, las Escrituras nunca tratan de probar eso. ¿Sabe por qué? Porque Dios es evidente en sí mismo. Dios es evidente en sí mismo. Dios axiomático. Un axioma es algo que no necesita ser probado. Un axioma es un contraste con todas las cosas que son probadas. Dios es un axioma en la Biblia. Dios nunca es probado. Todo lo demás es probado en relación con Dios. Dios es el axioma. Dios es evidente en sí mismo. Los escritores de la Biblia nunca buscan probar. Simplemente lo creen, y usted nunca santificará a Dios hasta que crea que Él es.

Sir James Jeans, el astrónomo, dijo ningún astrónomo jamás podría ser un ateo. Kant, el filósofo quien tuvo muchos conceptos extraños, por lo menos tuvo esto correcto: “la ley dentro de nosotros y los cielos llenos de estrellas arriba de nosotros nos llevan a Dios,” él dijo. Dios es evidente en sí mismo en el hombre y alrededor de nombre y comenzamos a santificar a Dios cuando creemos que Él existe. Pero no se detiene ahí. Usted puede creer que Dios existe y así aun así no santificar Su nombre.

Hay una segunda cosa. Usted debe santificar Su nombre no sólo al saber que Él es, sino al saber el tipo de Dios que Él es. ¿Escuchó eso? Oh, hay muchas personas que dicen yo creo en Dios’, pero no santifican Su nombre porque no es el Dios que Él realmente es. La verdadera doctrina acerca de Dios y la verdadera enseñanza de Dios son reverencia hacia Dios. La doctrina falsa acerca de Dios y la enseñanza falsa acerca de Dios son irreverencia. Pensamos que usted toma el nombre de Dios en vano cuando dice ‘Jesucristo’, ‘Dios’ o algo así. ¿Sabe usted que usted toma el nombre de Dios en vano cada vez que usted piensa un pensamiento acerca de Dios que no es verdadero acerca de Él? ¿Entendió eso? Cuando usted duda de Dios, cuando usted no cree en Dios, cuando usted cuestiona a Dios y por qué Él hizo algo, usted está tomando SU nombre en vano porque eso no es verdad de Su persona, de Su nombre. Entonces, usted puede santificar el nombre de Dios cuando usted cree que Él es, sólo si cree usted quien Él es en realidad. Pensamientos equivocados, ilícitos acerca de Dios no santifican Su nombre.

Orígenes, uno de los primeros padres de la Iglesia, dijo: “el hombre que mete en su concepto de Dios ideas que no tienen lugar, ahí toma el nombre del Señor Dios en vano.” Ahora, yo me imagino que en la época griega tenían todos estos dioses y que realmente estaban muy lejos del Dios verdadero. Ellos habían inventado dioses y claro, sus dioses tenían batallas y sus dioses peleaban guerras y tenían discusiones y tenían amantes por todos lados. Tenían odios. Se seducían los unos a los otros. Cometían adulterios, inmoralidades y perversiones y atrocidades. Todos los dioses que ellos de manera caprichosa habían creado, tenían estos problemas porque cuando los hombres inventan a dioses, sus dioses terminan siendo como ellos, ¿se da cuenta? Y entonces, decirle a un griego que tenía que santificar a sus dioses, que tenía que exaltar a sus dioses, reverenciar a sus dioses era algo ridículo. Sus dioses eran tan viles como ellos; pero no el Dios verdadero.

Algunos han tratado de hacer lo mismo con el Dios verdadero. Algunos, tomando su pista, siguiendo el ejemplo de fuentes paganas, han tratado de decir que Dios es cruel, que cuando Dios ahogó al ejército del faraón, Él fue un Dios salvaje. Que cuando Dios hizo lo que le hizo a los cananeos, Él fue un Dios salvaje, que cuando Dios castigó a ciertas naciones, Él fue muy cruel, vengativo y áspero. Inclusive, por qué Job cayó en ese pecado en el capítulo 30 de Job y en el versículo 21, cuando él estaba tratando de entender su dilema. Él dijo estas palabras: “Tú eres cruel conmigo,” le dijo a Dios.

Dios es acusado de no ser amoroso. Dios es acusado de enviar de manera indiscriminada a la gente a un infierno eterno. Dios es visto como un aliado nacional de Israel quien va por todos lados matando a otras personas, a otras naciones de manera caprichosa. Escuche, cuando usted tiene pensamientos equivocados como éstos acerca de Dios, cuando usted no entiende quién Dios es en realidad, usted no ha Santificado su nombre. De hecho, Juan Wesley escuchó a muchos de estos críticos un día y finalmente dijo: “su Dios es mi diablo. Y yo creo que ustedes los han invertido.” Usted permite en su concepto de Dios cosas que están mal, que son equivocadas y que son indignas de Dios y eso es ser irreverente al nombre Santo de Dios. Y usted sabe que los cristianos pueden hacer esto. Y no es sólo al pensar pensamientos equivocados acerca de Dios, sino al ser ignorantes de pensamientos correctos. Porque si usted es ignorante de cómo Dios es, entonces usted va a dudar de Él cuando Él haga cosas. Usted va a cuestionarlo cuando Él haga cosas. Usted no va a confiar en Él. Usted va a hacer desobediente y usted va a hacer que otros se alejen de Dios y en todo eso, usted está siendo irreverente hacia Dios.

Para santificar Su nombre, usted debe creer que Dios es. Usted debe estar consciente de que Él es y quién es. ¿Pero quiere saber algo? Aun cuando usted cree que Dios es y aun cuando usted cree que Él es quien es, usted aun así podría no reverenciar a Dios. Porque hay muchas personas que creen y muchas personas que tienen una teología correcta, pero no santifican a Dios.

Hay un tercer punto. Santificamos Su nombre, escuche, cuando estamos conscientes de manera constante de Su presencia. Sabiendo que Él es, y sabiendo quién Él es, y trayendo eso en la conciencia de tal manera que nosotros vivimos diariamente, cada día de nuestra vida, dándole lugar a Dios es santificar Su nombre. En el Salmo 16:8, David lo dijo: “A Jehová he puesto siempre delante de mí.” Veo todo a través de Dios. Dios es mi visión. Esa es la clave.

¿Qué hay acerca de usted? Reverenciar a Dios es vivir en Su conciencia. Para la mayoría de nosotros, nuestros pensamientos de Dios son como espasmos. ¿Estaría de acuerdo con eso? Algunas veces muy intensos, algunas veces totalmente ausentes. Algunos días, algunas veces como en este momento, pensamos acerca de Dios mucho. Y usted sale del servicio y piensa acerca de Dios por un rato. Y después, pasa a un largo período de tiempo, quizás una semana y piensa muy poco acerca de Dios. Son como espasmos. Pero santificar realmente Su nombre es tener pensamientos conscientes de Dios en toda situación diaria, en toda acción, en todo momento, en toda palabra diaria. ¿Ve usted a Dios en todos lados? ¿Santifica Su nombre en su vida? ¿Acaso está usted consciente de manera constante, en todo lo que usted hace, en todo lo que usted dice, en todos lados donde usted va, ve usted a Dios manifestándose?

Uno de los poetas de devocionales modernos es Henry Ernest Hardy. Y él escribió esto, llamado La Belleza Mística. Él toca la idea, y cito: “oh, la ciudad de Londres tiene muchos estados de ánimo. Y en medio de sus muchas personas hay muchos santos. Y arriba y abajo de sus calles, si uno tiene ojos para ver, uno encuentra cosas que un pintor pinta. He visto un callejón bañado de azul como el alma que Whistler conoció. Una luz ámbar en donde una tienda que vende pescado frito se encuentra. Una nota perfecta de color está ahí. Oh, fue exquisito. Una vez me encontré el parque de Saint James entre la puesta del sol y la oscuridad. Y oh, el misterio del gris y el verde y el violeta. Nunca olvidaré esa armonía en la tarde. Yo creo que Dios está allí si la belleza irrumpe en cualquier lugar y los pies más benditos de Dios que pisaron en una ocasión el camino más difícil, quien vino como hombre para mostrarnos que Dios todavía camina por la calle.” Fin de la cita.

El parque de Saint James, una tienda de pescados, un callejón, una luz ámbar. Él ve a Dios. Conciencia de Dios, no en espasmos, sino constante. No, santificar a Dios significa que debemos creer que Él es, que debemos creer que Él es quien Él es y que debemos estar constantemente conscientes de Su presencia. Pero, ¿sabe una cosa? Usted podría hacer esas tres cosas y aun así no reverenciar a Dios si no hiciera una cuarta. Y aquí viene. ¿Está listo? La final.

Santificamos el nombre de Dios cuando vivimos una vida de obediencia a Él. Esta es la clave final. Usted no puede llegar a la totalidad de santificar Su nombre a menos de que le obedezca. Usted dice ‘sí, yo creo que Tú eres. Yo creo que Tú eres quien la Biblia dice que eres. Oh si, Dios, yo estoy consciente de Tú presencia en mi vida.’ Y después, desobedecer lo incapacita a usted de poder reverenciar Su nombre.

Como puede ver, la oración no es sólo que el nombre de Dios debe ser santificado en el cielo. No es sólo que el nombre de Dios debe ser santificado en todo el mundo. Es que el nombre de Dios debe ser santificado en mí. Aquí está. Entiéndalo. Esta es la oración que dice: “Dios, que yo sea un medio, un vehículo para Tu santidad.” Ahí es donde comienza la oración. Antes de que usted comience a pedir lo que quiere recibir, usted necesita pedir lo que usted debe ser. ¿Se da cuenta?

El catecismo de Lutero, la pregunta se hizo, ¿cómo es que el nombre de Dios es santificado entre nosotros? La respuesta: cuando tanto nuestra doctrina como nuestra vida son verdaderamente cristianas. Cuando usted tiene los pensamientos correctos acerca de Dios y cuando usted hace las obras correctas de Dios, usted está santificando Su nombre. La primera parte de esta oración es: “Dios, enséñame la verdad y ayúdame a vivirla.” Santificado sea Tu nombre significa ‘en mí Dios’. Manifiesta Tu santidad mediante mi conocimiento correcto de quien Tú eres y mediante mi vida correcta en respuesta a ello. Esa es la razón por la que 1 Corintios 10:31 dice: “si pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” Así es como debemos vivir.

Mateo 5:16. Ya lo dije: “así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Santificado sea Tu nombre significa Dios, despliégate a través de mí. Que la luz brille a través de mí para que ellos puedan glorificarte a Ti. ¿Cómo hace eso? ¿Cómo obedece usted de esa manera? ¿Cómo es que usted realmente permite que Dios sea manifiesto? Al vivir en obediencia a Su Palabra.

La Biblia dice que glorificamos a Dios al confesarlo como Señor. Lo glorificamos al confesar pecado, lo glorificamos por la fe. Lo glorificamos al dar fruto. Glorificamos a Dios mediante la alabanza. Glorificamos a Dios al estar satisfechos. Nosotros glorificamos al proclamar Su Verdad. Nosotros glorificamos a Dios mediante el evangelismo. Glorificamos a Dios mediante pureza sexual física, 1 Corintios 6. Glorificamos a Dios mediante la unidad. Y sigue y sigue, todas las maneras en las que podemos demostrar la majestad y la gloria de Dios para que otros al vernos lleguen al juicio correcto acerca de quién Dios es y sean atraídos a Él.

Gregorio de Nisa escribió esto, y cito: “un hombre quien lleva una vida así va a oponerse a los ataques de las pasiones. Debido a que él participa de las demandas de la vida hasta donde sea necesario, de ninguna manera es suavizado por los lujos del cuerpo y es un extraño absoluto a la pereza y a la rebeldía como también a la jactancia orgullosa. Él toca la tierra, pero sólo de manera ligera, con la punta de los dedos de sus pies porque él no es absorbido por los gozos placenteros en esta vida, sino que está por encima de todo el engaño que viene mediante los sentidos. Y entonces, aunque en la carne se esfuerza buscando la vida inmaterial, él considera la posesión de las virtudes como las únicas riquezas. La familiaridad con Dios la única nobleza. Su único privilegio y poder es el dominio de sí mismo, de tal manera que no es un esclavo de las pasiones humanas. Él está triste si su vida en este mundo material es prolongada. Como aquellos que tienen náuseas en el mar, él se apresura a alcanzar el puerto.”

Y después, Gregorio de Nisa oró de esta manera: “que yo me vuelva a través de Tu ayuda irreprensible, justo y santo. Que yo me abstenga de toda maldad, que hable la verdad y haga justicia. Que yo camine por los caminos derechos brillando con templanza, adornado con incorrupción, lleno de hermosura a través de la sabiduría y la prudencia. Que yo medite en las cosas que están arriba y menosprecie lo que es terrenal, porque un hombre no puede glorificar a Dios de ninguna otra manera más que por su virtud, la cual da testimonio de que el poder divino es la causa de su bondad.” Fin de la cita.

“Santificado sea Tu nombre.” ¿Es Su nombre santificado en usted? Ése es el principio de sus peticiones cuando usted ora. Inclinémonos juntos.

Recuerdo, Padre nuestro, las palabras del salmista: “Oh, magnificad a Jehová conmigo y exaltemos a uno Su nombre.” Que esta congregación, Señor, santifique Tu nombre. Que viva de tal manera que otros puedan ver sus buenas obras y glorificar a Su Padre que está en los cielos. Oramos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

 

 

 

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