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Me gustaría invitarlo, como lo he hecho en las últimas seis semanas, a acompañarme Mateo capítulo 6, versículos 9 al 13, conforme consideramos la siguiente parte en nuestra serie de la oración de los discípulos, mejor conocida por nosotros o por la mayoría de ustedes, como la oración del Señor.

En nuestro estudio a lo largo del libro de Mateo hemos llegado a esta porción en particular versículo a versículo, párrafo por párrafo. Es un pasaje muy conocido, uno que cualquiera que está familiarizado con la iglesia o ha sido criado en la iglesia o que ha asistido, ha llegado a conocerlo, porque es recitado con mucha frecuencia. Y sin embargo, conforme he comenzado a estudiarlo, habiéndolo conocido también desde mi niñez, he descubierto principios y verdades y pensamientos que nunca había visto que estuvieran ahí o en cualquier otro lugar de la Biblia. Ha abierto muchas, muchas nuevas dimensiones para mi propio entendimiento. Quisiera poder compartir un décimo de lo que estoy descubriendo, pero el tiempo ni siquiera me permite hacerlo. Entonces, tengo que archivarlo para algún momento futuro en el que pueda incluirlo en otro pasaje, en otro momento.

Pero he sido tan enriquecido en este estudio. Permítame leerle de nuevo los versículos 9 al 13, para que pueda tener la oración en mente: “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”

Durante seis semanas hemos estado aprendiendo cómo orar. Esta oración es registrada en el Evangelio de Lucas en respuesta a la pregunta de los discípulos: “Señor, enséñanos a orar.” Yo creo que es un estándar para la oración. Creo que es el patrón, es el marco de referencia que nos da el principio, el entendimiento de cómo debemos orar. Cuando Dios le dijo a Moisés que construyera un tabernáculo, Dios en Éxodo 35 le dio un patrón. Y creo que cuando Jesús nos dice aquí cómo orar, Él nos da el patrón. Usted no construye una casa sin un plan. Usted no prepara un diseño sin planos. Yo creo que estos son los planos para orar. Este es el modelo. Este es el esqueleto, esta es la estructura.

Realmente, no creo que estemos tan atados a las palabras. No creo que la idea sea recitar las palabras, aunque las palabras son verdad y son hermosas y buenas. Pero creo que la idea es que ésta es la estructura sobre la cual debemos construir nuestra vida de oración. Mantenga en mente que el enfoque principal que hemos estado viendo en esta oración es que se enfoca en Dios y no en nosotros.

Jesús, en Mateo 5, 6 y 7 está confrontando el sistema falso de religión de los fariseos y los escribas. Su oración era, entre otras cosas, inadecuada. Entonces, en el capítulo 6, comenzando en el versículo 5 Él comienza a atacar su oración y la ataca básicamente en el hecho de que están centrados en sí mismos. Estaban orando, desfilando su vida ante los hombres para que los hombres vieran cuán piadosos ellos eran. Ellos no querían nada que ver con la oración privada.

Sólo querían involucrarse en la oración pública, la cual los colocaba en despliegue. Lo hacían como el corazón mismo de su oración, su propia voluntad y sus propios deseos egoístas. Y de esta manera, se involucraban en repetición vana, repitiendo de manera constante algo de Dios, lo cual era característico de los paganos que estaban tratando de apaciguar o forzar a su dios para que respondiera simplemente por sus repeticiones constantes. Sus oraciones se caracterizaban por una especie de egoísmo que dice “Dios, más vale que escuches, porque tengo cierta información interesante que podrías utilizar.” Como si Dios ya no fuera omnisciente.

Entonces, sus oraciones estaban centradas en sí mismos. Como dice Santiago, pedían para consumirlo en sus propias concupiscencias. Entonces, Jesús revierte eso y dice “cuando oren, sus oraciones deben estar centradas en Dios.” Hemos aprendido que la manera apropiada de orar es comenzar con una concentración en Dios. La introducción “Padre nuestro que estás en los cielos” presenta a Dios, afirma a Dios. No sólo que Dios es, sino que Dios es amoroso, que Dios es un Padre y que Dios es un Padre amoroso, que tiene deseos amorosos por Sus hijos, los cuales Él puede satisfacer porque Él es un Padre que está en los cielos. Esto significa que los recursos eternos están a Su disposición para conceder lo que Él quiere para Sus hijos.

Entonces, debemos venir a un Dios santo, a un Dios todopoderoso, a un Dios soberano. Al Dios grande del universo y sin embargo, Él es un padre amoroso. Entonces, no venimos en temor, sino en gozo. No venimos preguntándonos si Él puede proveer lo que necesitamos, sino sabiendo que debido a que Él está en el cielo, Él tiene los recursos de la eternidad a Su disposición.

Después, conforme hemos entrado a Su presencia, comenzamos a estar preocupados por Él. Entonces, las primeras tres peticiones son: santificado sea Tu nombre, venga Tu reino y hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo, forzándonos a ver que antes de que lleguemos a ‘danos, perdónanos y guíanos,’ debemos enfocarnos en Dios.

La oración comienza con Él, con Su nombre Santo, con Su Reino y con Su voluntad. Hemos visto inclusive, conforme seguimos todos los elementos de la oración que se enfocan en Dios, inclusive las peticiones que se relacionan con nosotros. ‘El pan nuestro de este día dánoslo hoy y perdónanos nuestras deudas y no nos metas en tentación’ realmente depende de Dios, ¿no es cierto? Él es quien debe dar. Él es quien debe perdonar y sólo Él puede llevarnos al lugar apropiado.

La oración entera se enfoca en Él. Vimos, por ejemplo, “Padre nuestro que estás en los cielos.” Esta es la paternidad de Dios. “Santificado sea Tu nombre,” esto es la prioridad de Dios. “Venga Tu reino,” el programa de Dios. “Hágase Tu voluntad,” el plan de Dios. “El plan nuestro de cada día dánoslo hoy,” la provisión de Dios. “Perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a los que nos deben,” el perdón de Dios. “Y no nos metas en tentación sino líbranos del mal,” la protección de Dios. Y finalmente, la preeminencia de Dios: “porque Tuyo es el reino y el poder y la gloria por los siglos de los siglos, amén.”

De tal manera que la oración es primordialmente un acto de adoración. Es involucrarse en el proceso de la santificación. La oración no es para cambiar a Dios, la oración es para cambiarnos a nosotros. Eso es tan importante. Tan importante.

Ahora, para nuestro estudio en esta mañana, volvemos a llegar a la petición. Hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Este es el cuarto estado de la tercera petición. La primera petición, santificado sea Tu nombre. La segunda petición, venga Tu reino. La tercera, hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Esto es esencialmente, amados, la médula en nuestras oraciones y es que la voluntad de Dios se haga. Nunca deseamos usurpar Su voluntad. Nunca deseamos cambiar su voluntad, forzar a que Su voluntad se conforme a algún pensamiento nuestro.

Amy Carmichael dijo, y cito: “¿y oraré para cambiar Tu voluntad, Padre mío, hasta que sea conforme a la mía? ¡Pero no, Señor!, no, eso nunca será, sino que más bien oraré para doblar mi voluntad ante la Tuya.” Fin de la cita. Ella tenía razón. La oración no es para doblar a Dios a mi voluntad, sino para doblar mi voluntad a la de Dios. Entonces, santificado sea Tu nombre, venga Tu reino, hágase Tu voluntad.

Su voluntad ya es hecha en el cielo, ¿no es cierto? Los ángeles hacen su voluntad. De hecho, en esta semana pensé en algo interesante. Vi mi Biblia y vi cómo los ángeles hacen la voluntad de Dios, porque si vamos a saber cómo debe ser hecho en la tierra, necesitamos saber cómo es hecho en el cielo. Sin entrar en todos los versículos, porque eso sería una serie en sí misma, terminé con ocho palabras que muestran la manera en la que los ángeles hacen la voluntad de Dios.

En primer lugar, sin titubeo. Nunca hay una discusión. No es la manera en la que es en la tierra necesariamente. El Señor empuja y quizás, nos movemos tarde o temprano; pero en el cielo, hay un compromiso sin vacilación alguna con hacer Su voluntad.

Otra palabra que caracteriza a los ángeles haciendo la voluntad de Dios es completamente.

Completamente. No hay otra alternativa. No hay huecos, no hay omisiones. Otra palabra que encontré fue sinceramente. Están dispuestos. Parecen estar de pie esperando el siguiente mandato para que puedan apresurarse para cumplir lo que sea.

Creo que eso me llevó a la palabra disposición. ¿Sabe cuántas voluntades hay en el cielo? Una. Hágase Tu voluntad en la tierra como en ¿dónde? En el cielo. Sólo hay una. En una ocasión, hubo dos, pero la segunda fue expulsada. Sólo hay una. Entonces, los ángeles lo hacen con disposición porque es la única voluntad que hay.

Creo que otra palabra que caracteriza la manera en la que los ángeles funcionan es de manera apasionada. Son muy agresivos en hacer la voluntad de Dios. Después, la palabra pronta; y después, la palabra rápida; y después, la palabra constante. Creo que todo podría ser resumido en el Salmo 103, versículo 20 el cual dice: “vosotros Sus ángeles que cumplen Sus mandamientos.” Hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo, significa que en la tierra debe ser hecha sin vacilación, completamente. Sinceramente. Con disposición. De manera apasionada. Prontamente. Rápidamente. Y constantemente. Ésa es la manera en la que los ángeles lo hacen en el cielo.

Usted dice que eso es muy bueno, que usted está comprometido con eso. Pero, ¿qué significa eso? ¿Qué es lo que realmente significa? Bueno, significa como vimos la última vez, que el meollo en su corazón es que las causas de Dios son lo que le preocupan a usted. Permítame darle una pequeña oración que quizás pueda subrayar en su mente. Creo que esta es una afirmación clave. La muerte de uno mismo es el principio de una verdadera vida de oración. La muerte de uno mismo es el principio de una verdadera vida de oración. Sólo cuando yo muero a mí mismo la verdadera vida de oración comienza porque cuando el yo está vivo, va a dominar; y eso no es oración.

La verdadera oración está dominada por el nombre de Dios, Su reino y Su voluntad, no la nuestra. De esta manera, David dijo: “el hacer Tu voluntad me ha agradado, oh mi Dios,” y de esta manera Dios Jesús dijo: “Mi comida es hacer la voluntad del que me envió.” Su nombre, Su reino, Su voluntad debe ser hecha en la tierra como en el cielo. Su nombre es santificado en el cielo. Su reino ha venido en el cielo. Él gobierna de manera suprema, pero no en la tierra. Su voluntad es hecha en el cielo y también debe ser hecha aquí.

La semana pasada, vimos el aspecto negativo de esto. Decir en su oración “hágase Tu voluntad” tiene una connotación negativa y le señalé tres cosas que no significa. Número uno, no significa resentimiento amargo. No significa que usted dice ‘hágase Tu voluntad, no puedo pelear contra ella, Tú eres demasiado grande. Me doy por vencido.’ Como si Dios fuera una especie de aguafiestas cósmico que anda por todos lados diciendo: “ahí hay uno que se está divirtiendo; atrápenlo.” Que Dios está comprometido con destrozar el gozo de todo el mundo, resentimiento amargo, que el destino inevitable, de cualquier manera, se va a cumplir.

En segundo lugar, el decir “hágase Tu voluntad” no significa resignación pasiva. Ésa es la especie de indiferencia que dice “Bueno, lo que sea Su voluntad, será.” Solía haber una canción llamada ‘Que Será Será,’ lo que sea, será. Así es. No puedo pelear en contra de eso. Resignación pasiva. Creo que resentimiento amargo está basado en una falta de conocimiento. Creo que resignación pasiva depende de una falta de fe. Usted realmente no cree que Dios pueda cambiar las cosas o hacer lo que usted le pide, si es según la voluntad de Dios.

En tercer lugar, la negativa y algunas veces se infiltra en lo que yo he llamado reserva teológica. Algunas personas dicen ‘hágase Tu voluntad’ y lo archivan en su caja teológica. Escuche, si su teología ha llevado a que usted deje de persistir en la oración, usted tiene una teología mala.

En una ocasión, una persona me dijo: “bueno, realmente creo que inclusive tu pecado es la voluntad de Dios. Dios está de hecho involucrado en causar que tu peques, después de todo Él es soberano.” Él tenía una perspectiva tan dominante de la soberanía de Dios que él hacía que Dios fuera responsable por todo en un modo directo.

La reserva teológica ha quitado la vida de mucha oración. Si usted ha llegado al punto en el que su teología y su perspectiva de Dios lo ha llevado un punto de indiferencia en su vida de oración, entonces su teología no es bíblica. Ahora, es una realidad que Dios es soberano y cómo su vida de oración encaja con eso es un misterio muy difícil que no puedo explicar. Pero el punto es obediencia y eso debe ser parte de su teología también. Y persistencia. Así como nuestro querido Señor oró tres veces en el huerto clamando de manera persistente a Dios. Y así como Él dio la ilustración de aquellos que vinieron y oraron con persistencia, así también nosotros debemos orar de este modo.

Entonces, de manera negativa no decimos ‘hágase Tu voluntad’ con resentimiento amargo. No decimos con resignación pasiva y no lo decimos con ningún tipo de reserva teológica que simplemente categoriza a todo en esa área. Creo, que de hecho cerramos la última vez diciendo que ‘hágase Tu voluntad’, ese tipo de oración tiene realmente en su corazón una actitud de rebelión, ¿no es cierto? Cuando decimos ‘hágase Tu voluntad’ no sólo estamos cayendo muertos como Jesús dijo en Lucas 18:1. Que debemos orar en todo tiempo y no desmayar. No sólo estamos desmayando debajo eso. Estamos resistiendo algunas cosas. Estamos revelándonos en contra del mundo y su estado caído.

Estamos diciendo: “Tu voluntad no está siendo el hecha en este mundo. Satanás tiene mucho poder aquí. Tu voluntad no está siendo cumplida en los corazones de los hombres. Están dándote la espalda. Tu voluntad no está siendo cumplida en mi vida y la de otros creyentes que están viviendo en desobediencia y estamos revelándonos en contra del mundo y su condición caída. Estamos revelándonos en contra del rechazo de Cristo. Estamos revelándonos en contra de la desobediencia de los creyentes.”

David Well dijo, y yo creo que lo expresó muy bien, y cito: “llegar a una aceptación de vida como la es, aceptarla en sus propios términos, lo cual significa reconocer la inevitabilidad de la manera en la que todo opera, es rendir una perspectiva cristiana de Dios.” Fin de la cita. Dios no lo acepta como es, o de lo contrario no estaría ocupado en cambiarlo. Él no dice que vino al mundo para destruir a aquel que tiene poder de la muerte si quisiera tolerar la muerte. Él no haría un milenio en el cual hubiera ausencia de enfermedad si quisiera tolerar la enfermedad. Él no enjugaría toda lágrima en la eternidad si quisiera tolerar la tristeza.

No, no vamos a aceptar las cosas como son. Cuando decimos ‘hágase Tu voluntad’ nos revelamos en contra del mundo y todo su estado caído y la tristeza y el pecado y la enfermedad y todas las cosas que vienen como resultado del pecado.

La semana pasada le dije que éstas no son cosas específicas de la voluntad de Dios aunque Él ha permitido que sucedan para que el pecado pueda correr su curso en aquellos que desean verlo cumplido. Pero esa no es la expresión de Su voluntad amorosa para el hombre. Hágase Tu voluntad no acepta lo que es.

Creo que la ilustración clásica de esto es Jesús. Jesús no vino al mundo y dice que cuando Él llegó al templo en Juan 2, Zacarías dijo que Él vino de manera repentina a Su templo. Y cuando Él vino a su templo, al principio de su ministerio Él fue y dijo ‘bueno, vean lo que está pasando… bueno, es la voluntad de Dios’. Es la voluntad de Dios y se fue. Él se reveló. Todo dentro de Él se rebeló. Él estaba indignado. Él estaba furioso. Él estaba enojado con ira Santa. Él hizo un látigo. Él comenzó a voltear las mesas. Él comenzó a expulsar a la gente. Él comenzó a azotar a la gente. Él no sólo lo hizo una vez en Su vida, sino que lo hizo dos veces. Él los sacó de allí rápidamente. Ellos estaban ahí para ganar dinero y ellos salieron de ahí sin dinero, imagínese la furia que Jesús desató.

¿Por qué? Porque Él no iba a aceptar el status quo, Él no iba a tolerar el modo en el que estaban viviendo. Él no iba a tolerar la manera en la que la tristeza y el pecado y la enfermedad existían. Esa es la razón por la que Él murió. Esa es la razón por la que Él curó a personas. Esa es la razón por la que Él resucitó a los muertos, para detener las lágrimas y para traer gloria a sí mismo. Él no iba a aceptar el mundo como era y tampoco usted y tampoco yo debemos aceptarlo. Nuestras oraciones deben ser “hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo.”

Ahora, Jesús no fue ningún fatalista aunque Él conoció el fin desde el principio. Eso me sorprende. Me sorprende. Eso es algo de la tensión que tengo en mi propia mente, que Jesús conoció el fin desde el principio; y sin embargo, nunca aceptó el status quo. Cuando fue la manifestación de pecado, Él peleó contra ello. Él nunca se resignó ante ello. Él buscó la voluntad de Dios. Tengo que creer que cuando Él fue y tuvo comunión con el Padre, noche tras noche en el huerto, realmente creyó que podía hacer algún bien. Él realmente creyó que podría haber algún beneficio.

Creo que llegamos a estar tan cómodos en nuestra sociedad debido al status quo que es bastante cómodo para nosotros, ¿verdad? Ahora está volviéndose más cómodo en Estados Unidos y quizá se vuelva menos y menos cómodo. Pero durante mucho tiempo, hemos estado muy cómodos; y creo que en muchos casos eso realmente ha tenido un efecto dramático tremendo en la vida de oración de la Iglesia.

Unos veinticinco pastores coreanos entraron al edificio de la oficina el otro día y yo estaba regresando de enseñar y predicar una clase en el seminario. Y entré y ahí había veinticinco o más pastores coreanos sentados. Y un hombre se me acercó, y me dijo: “queremos hablar con usted.” Yo estaba sorprendido. Querían que yo fuera a Corea para hacer una conferencia de pastores ahí. Pero dijeron que querían hacerme algunas preguntas. Y yo les dije que adelante.

Entonces, él se paró a mi lado y me pregunto cómo hago que la Iglesia sea grande. Yo contesté que yo no hago que la Iglesia sea grande. Y le expliqué que nosotros creemos en simplemente enseñar la Palabra de Dios y no promover cosas. Y dejamos que Dios haga crecer a Su Iglesia. Y le dije que en una ocasión un reportero me dijo si tenía un gran deseo por construir una gran Iglesia, por hacerla crecer, por edificarla. Y yo le contesté que no, porque Cristo dijo que Él edificaría la Iglesia y yo prefiero no competir con Él. Entonces, nosotros somos parte de lo que Él está haciendo. ¿Lo ve? ¿Se dan cuenta? Y ellos dijeron ‘oh sí, amén. Amén.’ Les gustó eso.

Y después me preguntaron cuántas horas yo estudio. Y yo les dije que pasaba 4, 5, 6 horas diariamente estudiando la Palabra de Dios. Y después, unos de ello me preguntó si me congregación estudia. Y le contesté que yo esperaba que lo hicieran. Luego, un hombre me preguntó cuántas horas oro yo diariamente. Ahí me sorprendió. ¿Su congregación ora muchas horas? Y yo le contesté que tenemos una enfermedad en Estados Unidos que se llama comodidad.

Las personas en Corea han enfrentado mucho con la infiltración del comunismo, con los desastres terribles que enfrentaron cuando otras naciones entraron y los mataron y masacraron a cristianos. Le conté la historia de un hombre que me contó que los japoneses vinieron y le cortaron los pulgares a su padre, quien era un líder en la Iglesia. Pero como puede ver, han estado en una posición en la que se vieron forzados a orar.

Y yo, en cierta manera creo que nos hemos distanciado de eso en nuestra propia cultura. A veces oro porque vengan cosas a nosotros que nos lleven a ese punto, no porque creo que Dios necesita que nosotros oremos, sino porque siento que necesitamos depender más de Él.

Estaba pensando acerca de esto y le mencioné la semana pasada que yo estaba pensando por qué oramos tan poco por la Iglesia. Grace Community Church tiene problemas. Últimamente, hemos enfrentado muchas cosas, mucho dolor, mucho sufrimiento. Tenemos problemas. Me parece que realmente no oramos como debiéramos por la Iglesia. Alguien podría decir ‘bueno, lo que necesitamos,’ la gente ha dicho esto, ‘lo que necesitamos es un seminario de oración.’ Yo respondí que no era una mala técnica.

Dicen ‘bueno, necesitamos enseñarles lo que la Biblia dice.’ Ni siquiera creo que sea eso. Yo creo que sabemos lo que la Biblia dice. ‘Bueno, las personas tienen voluntades débiles.’ No, porque realmente se comprometen con ciertas cosas. ‘Bueno, es una falta de preocupación.’ Bueno, ni siquiera creo que sea eso. ¿Sabe usted lo que yo creo que es el problema? Creo que realmente no oramos lo suficiente porque no creemos que importe. No creemos que vaya a hacer ninguna diferencia.

El punto es que percibimos la oración como algo que hace diferencia en nuestras circunstancias en lugar de que haga una diferencia nosotros, ¿se da cuenta? La oración no es para cambiar mis circunstancias como lo es para cambiar el cómo me relaciono yo con ellas. En mis oraciones, yo me acerco a Dios y después, lo adoro y digo: “santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino, hágase Tu voluntad.”

Yo soy llevado a conformarme con Su persona bendita y después, no importa cómo sean mis circunstancias, son diferentes, porque yo adopto una actitud diferente hacia ellas. Yo creo que inclusive más allá de que Dios cambie las circunstancias, yo he orado por personas y han sido salvas. ¿Alguna vez ha tenido usted esa experiencia? Dios no sólo escoge salvar a aquellos que son salvos, sino que Él escoge los métodos que Él usa. Algunas veces, somos partes de ese método.

Santiago 5:16 dice: “la oración eficaz del justo puede mucho.” Escuche, la impotencia en la oración nos lleva sin importar lo indispuestos que estemos, a hacer una tregua con lo que está mal. Hemos perdido nuestro enojo. Hemos perdido nuestra pasión. Hemos perdido nuestra indignación. No llegamos corriendo al trono de Dios como solía decir Beiderwolf. “A Dios le encanta que venga un héroe con fe heroica.” Nosotros no llegamos atacando, por así decirlo, las puertas del cielo. Y entonces, la última vez vimos que la oración debe ser rebelión.

Ahora, cuando decimos hágase Tu voluntad, en un sentido positivo, ¿qué queremos decir? La última vez hablamos de lo negativo. ¿Qué hay acerca de lo positivo? ¿Qué es lo que realmente estamos diciendo cuando decimos ‘hágase Tu voluntad’? Permítame compartirle tres términos distintivos de la voluntad de Dios que creo que le van a ayudar a entender esto. Cuando usted dice, hágase Tu voluntad, ¿que está diciendo usted? Número uno, es lo que yo llamo la voluntad de propósito de Dios. La voluntad de propósito de Dios.

Por cierto, estos son mis términos y simplemente traté de encontrar algunas palabras que usted pudiera tener en mente para entender algunas distinciones, porque cuando decimos la voluntad de Dios es un término tan general... Y después, la gente dice ‘bueno, Su voluntad permisiva y Su voluntad directiva y esto y lo otro.’ Veamos si podemos entender con algunas palabras lo que queremos decir.

Número uno, la voluntad de propósito de Dios. Me gusta usar palabras bíblicas. La voluntad de propósito de Dios. Ahora, con esto quiero decir lo inmenso de toda la voluntad inclusiva, tolerante, que comprende todo por parte de Dios, que incluye todo. Esta es la consumación de todo. Esta es la voluntad que incluye de manera absoluta a toda la tierra, todo el cielo, todo el infierno y todo esto que incluye que se haga Su voluntad. En otras palabras, es este concepto enorme de Su voluntad de propósito que incluye el que permita el pecado y que el pecado siga su curso, la consumación de los siglos, el establecimiento del Reino, el estado eterno y todo incluyendo el cielo, el infierno y todo lo que está en el medio de estos polos. Esta voluntad inmensa, masiva de propósito de Dios que lo incluye todo.

Por ejemplo, Jeremías 51:29 dice: “porque todo propósito de Jehová será cumplido.” No hay duda alguna que esto está siendo cumplido. No hay duda alguna de que el plan de las edades está siguiendo su curso. No hay duda alguna de que Dios está cumpliendo Sus propósitos definitivos.

Por ejemplo, en Isaías capítulo 14, ahí hay algunos versículos que simplemente son versículos muy, muy esenciales para comprender el concepto de la voluntad de Dios. En Isaías 14, versículo 24, dice: “Jehová de los ejércitos juró diciendo “ciertamente,”” ahora observe esto, está cargado de significado teológico rico, “”ciertamente se hará de la manera que lo he pensado y será confirmado como lo he determinado.”” Cuando Dios piensa un pensamiento, va a pasar. Cuando Dios lo determina, va a suceder.

Versículo 26: “éste es el consejo que está acordado sobre toda la tierra. Y esta, la mano extendida sobre todas las naciones.” En otras palabras, Dios tiene estos propósitos masivos que van a suceder. Suceden. Por ejemplo, no es la voluntad directiva de Dios que la gente esté enferma; pero está dentro de Su propósito el permitir esa enfermedad para cumplir Sus propios fines. No es la voluntad directiva de Dios que la muerte entre en la vida humana y que la gente muera. Pero está dentro de Su propósito amplio que Él use la muerte para Su propio fin y Su propia gloria. Éste es el término más amplio. La voluntad de propósito de Dios.

Sabemos que todas las cosas operan para bien para aquellos que aman a Dios y son llamados según Su propósito. En otras palabras, aunque Dios no quiere la maldad, Dios toma las cosas que suceden en nuestras vidas y las usa para nuestro bien, porque ése es Su propósito. Ése es el concepto que incluye todo.

En Efesios, capítulo 1, versículo 9, quiero que piense conmigo esto ahora, porque esto le va a ayudar a tener algunas categorías. En Efesios 1 2.9, “habiéndonos dado a conocer el misterio de Su voluntad según Su beneplácito, que Él determinó en sí mismo.” En otras palabras, aquí Él está hablando de la salvación. El perdón increíble, la redención, que son parte del propósito grande de Dios que incluye todo. Después, él procede a hablar acerca del judío y el gentil siendo uno, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, uniendo a todos en uno en Cristo en el cielo y en la tierra, la cual es según el propósito de Aquel que hace todas las cosas según el consejo de Su voluntad.

El gran propósito de Dios para un pueblo redimido, para una Iglesia unificada, para un cuerpo de santos para la eternidad, ése es su propósito. Entonces, se refiere al plan eterno. Mantenga eso en mente.

La voluntad de propósito de Dios. Ahora usted dice: “John, ¿oramos con respecto a esto, hágase Tu voluntad?” Sí. ¿Cómo? Permítame darle una ilustración. En Apocalipsis, capítulo 22, versículo 7, Jesús dice: “he aquí, vengo pronto.” Versículo 12, Jesús dice: “he aquí, vengo pronto.” Versículo 20, Jesús dice: “He aquí vengo pronto.” Ahora, ése es Su propósito. Esa es la consumación de Su plan eterno.

¿Sabe usted cuál es la respuesta de Juan en el versículo final? “Ven, Señor Jesús.” ¿Cómo oramos de acuerdo con Su voluntad de propósito? Al involucrarnos de manera gozosa en la expectativa del cumplimiento de Sus propios fines divinos. ¿Se da cuenta? Esa es una gran manera de orar. ¡Oh Señor, yo sé que algún día Tú vas a llamar a Tu Iglesia y vas a traer de regreso a Jesucristo para llevarnos para estar con Él, que así sea, Señor! Que así sea. Sucederá. Es inevitable. Él lo pensó. Él lo determinó. Está en el plan. Va a suceder.

Sin embargo, oramos acerca de esto en el sentido de que unimos en una expectativa gozosa de esa gran hora. ¿Se cansa usted alguna vez de vivir en la carne? ¿Se cansa usted alguna vez del cuerpo físico? ¿Se cansa usted alguna vez de la ansiedad de este mundo? ¿No anhela en su corazón el día en el que usted conocerá la libertad y los hijos de Dios, cuando usted sea como Cristo y usted pueda vivir en gloria eterna con Él, libre de todas las cosas que esta tierra trae sobre nosotros? Yo sí. Entonces, algunas veces, mi oración dice “Señor, yo sé que Tú lo vas hacer y simplemente quiero que sepas que yo estoy contigo. Adelante. Hazlo. Entre más pronto, mejor.” Eso es orar según la voluntad de propósito.

En segundo lugar, Dios tiene una voluntad que yo llamo una voluntad de deseo. Su voluntad de deseo. Ahora, en lugar del plan que incluye todo, estamos enfocándonos al deseo del corazón. Un deseo del corazón. Usted es así. Usted tiene un plan general. Usted sabe, usted prepara un plan, usted planea algo para su vida, una carrera, lo planea y después, lo enfoca en esos deseos personales que usted tiene dentro de ese plan global. No todo lo que sucede en su vida es un deseo personal, pero de alguna manera, usted trata de que eso encaje dentro del plan para que usted se mantenga centrado en el objetivo.

Y así es con Dios. Él tiene una voluntad de deseo. ¿Y sabe una cosa? Esto no siempre se hace. En este punto, Dios en cierto sentido, no está satisfecho. No me gusta usar este término, porque es un término tan humano, el decir está insatisfecho. Y realmente no es verdad de Dios. Pero estamos tratando de usar una afirmación antropomórfica para ayudarle a entender.

En otras palabras, hay cosas que Dios quiere que simplemente no parecen suceder. Son deseos de Él, pero los hombres los rechazan. Por ejemplo, Jesús deseaba que Jerusalén fuera salva. En Mateo y en Lucas 13:34, Él dijo: “Jerusalén, Jerusalén, cuantas veces quise pero no quisisteis.” En Juan 5:40, Él dijo: “y no queréis venir a Mí para que tengáis vida.” Y Jesús lloró. Él lloró. Ahí atrás, en Jeremías, capítulo 13, usted sabe, Dios dice: “voy a juzgarlos y cuando tenga que juzgarlos, Mi ojo va a llenarse de lágrimas.”

Como puede ver, Dios desea, según Pedro, Él no quiere que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Dios, nuestro Salvador quien quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la Verdad. Yo creo que es el deseo del corazón de Dios; y sin embargo, habrá muchos ahí que digan “Señor, Señor” y Él dice “apartaos de Mí, nunca os conocí.” Yo creo que Él desea que todos los hombres sean salvos, pero no creo que todos lo vayan a ser.

Ese es el misterio de cómo usted tiene un Dios absolutamente soberano y sin embargo, tiene voluntad. No entiendo cómo opera todo esto en armonía. Yo creo que el deseo de Dios es que la gente sea salva. Yo creo que Jesús inclusive lloró por la gente que Él sabía que nunca sería redimida. De otra manera, ¿por qué lloraría? Sus lágrimas muestran Su deseo. Entonces, Él tiene una voluntad de deseo.

Hay una tercera voluntad. Yo la llamo la voluntad de mandato. La voluntad de mandato. Yo creo que esto se relaciona con los cristianos. Yo creo que la voluntad de propósito se relaciona con el universo entero y toma todo. Y ahí es donde usted tiene las pruebas y el sufrimiento y las tristezas y las enfermedades todas unidas, mezcladas para producir los fines buenos para el propósito eterno de Dios y en esa voluntad grande, pero eso incluye el universo entero. Después, tengo el concepto de Su voluntad de deseo y me gusta confinar eso a los incrédulos. Yo creo que la voluntad de deseo es ese anhelo en el corazón de Dios porque el Evangelio sea llevado al mundo. Ésa es la voluntad de deseo.

Ahora, usted llega la voluntad de mandato y eso es para los cristianos porque no le sirve de nada a Dios mandar a los incrédulos a hacer Su voluntad, porque ellos no tienen la capacidad de hacerlo, ¿verdad? La voluntad de mandato es el deseo ardiente en el corazón de Dios de que aquellos de nosotros que somos Sus hijos le obedezcamos de manera completa, inmediata y con un corazón dispuesto.

Entonces, escuchen amados, cuando yo digo en mi oración “hágase Tu voluntad,” ¿qué estoy diciendo? Estoy diciendo ‘oh Dios, cumple Tu propósito en el mundo. Oh Dios, llévalo a la consumación. Dios, toma toda lucha y prueba en mi vida y todo dolor y toda ansiedad, toda tristeza, toda enfermedad, toda muerte y de alguna manera, revierte esas cosas que son el resultado del pecado y hazlas encajar en Tu plan eterno mediante Tu mente infinita.

Cuando digo ‘hágase Tu voluntad’, también estoy diciendo ‘oh, Dios, hay personas en mi vida y personas en todo este mundo que no te conocen y oro porque de alguna manera, el Evangelio penetre en sus corazones.’ Ésa es Su voluntad de deseo.

Y después, en tercer lugar, tengo que decir: “Señor, acerca de Tu voluntad de mandato, yo oro porque yo sea obediente. Y eso lo lleva a mí. ¿Se acuerda que le dije que hay tres maneras de traer al Reino? Número uno era a través de conversión: “venga Tu reino.” Cuando Cristo viene a reinar en un corazón. Número dos, compromiso cuando un creyente vive según la justicia. Paz y gozo en el Espíritu Santo. El Reino viene a su vida de manera plena. En tercer lugar, en Su segunda venida, al Reino viene a la tierra. Yo veo las mismas tres cosas aquí. Su voluntad de propósito incluye el fin definitivo. El regreso y el establecimiento del Reino eterno. Su voluntad de deseo incluye la conversión y Su voluntad de obediencia incluye la idea de compromiso en mi vida.

Como Pedro lo dijo también con Juan en Hechos 5:29, es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. Como Pablo lo dijo en Romanos 6: “miren, ustedes ahora se han hecho siervos de Dios. Deben obedecer a Aquel a quien ustedes se han presentado como siervos.” Debemos ser obedientes.

En la magnificencia del Salmo 119: “Oh, Dios, hazme entender el camino de Tus preceptos.” He escogido el camino de la fidelidad. He puesto Tus ordenanzas frente a mí. Yo correré por el camino de Tus mandamientos. Oh Jehová, enséñame el camino de Tus estatutos y los guardaré hasta el final. Encuentro deleite en Tus mandamientos. Tus estatutos han sido mis canciones. Nunca olvidaré Tus preceptos, porque mediante ellos, me has dado vida. ¡Oh, cuanto amo yo Tu ley!” El corazón de obediencia. Entonces, conforme oramos “hágase Tu voluntad” estamos incluyendo la conversión, compromiso y Su venida otra vez.

Pero sabe una cosa, es difícil orar de esta manera. ¿Sabía eso? Es difícil estar preocupado con Dios en sus oraciones y hay una razón básica. Porque el primordial pecado en el corazón es ¿cuál? Orgullo. Ése fue el primer pecado. Lucifer- Isaías 14, lo dice cinco veces: subiré, haré, haré, haré, haré, haré y ésa fue la caída de Lucifer. Por primera vez en la historia de Dios, hubo dos voluntades. Dos voluntades.

Es multiplicado a partir de ahí y ahora, por lo menos hay 7 billones ahora en la tierra y en el cielo, todavía sólo una. Ahora, es 7 billones a una. Antes era una a una. ¿Sabe una cosa? Sola una de esas voluntades es justa. El resto de las voluntades es corrupta. El resto. Eso ni siquiera incluye a todas las huestes angelicales caídas. Sólo hay una voluntad y esa voluntad, amados, es hecha en el cielo y necesita ser hecha en la tierra. Pero el orgullo siempre estorba. Siempre.

Usted pregunta cómo enfrento eso. Cómo quito el orgullo. Bueno, me imagino que debe ir al Romanos 12. ¿No es cierto? “Así que hermanos os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio, abnegación, humildad, que es vuestro culto racional y no os conforméis a este siglo sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. La voluntad de Dios.”

Como puede ver, hasta que usted coloque su vida en el altar, hasta que usted sea un sacrificio vivo, hasta que su voluntad esté muerta, la voluntad de Dios no puede ser manifiesta. Usted pregunta qué es un sacrificio vivo. Bueno, es muy diferente de lo que usted podría pensar. Vea a Abraham. Abraham tomó a Isaac y le colocó madera en su espalda y lo llevó al monte Moría y a lo largo del camino, Abraham debió haber estado diciéndose a sí mismo que eso era muy extraño, el ir ahí y matar a su hijo en el altar, algo que Dios le había dicho. “Y sin embargo, mi hijo es el cumplimiento de Tu pacto. Tú me dices que lo coloque en el altar y lo mate. No tiene sentido.” ¿Pero sabe una cosa? Es una de las más grandes ilustraciones de un sacrificio vivo en el mundo, porque Abraham subió hasta ahí, colocó ahí a Isaac, lo amarró, levantó el cuchillo y estaba listo para metérselo en el corazón de su hijo. Si él hubiera hecho eso, Isaac habría sido un sacrificio muerto. Pero Abraham habría sido un sacrificio vivo. ¿Por qué? Porque Abraham habría crucificado todos sus sueños, todas sus esperanzas, todas sus ambiciones, todas sus metas, todos sus deseos. Él literalmente habría muerto a sí mismo en obediencia a Dios.

La pregunta no es si usted puede morir por Cristo, la pregunta es si usted puede vivir de manera abnegada para Él. Ésa es la pregunta. Si usted puede, entonces usted puede conocer Su buena voluntad.

Entonces, lo que siempre estorba la oración por la voluntad de Dios es nuestra propia voluntad. Cuando usted aprende a orar como usted debe orar, en conformidad con la voluntad de Él, usted encontrará que usted cambiará de manera dramática.

La oración entonces es una gracia santificadora. Nos cambia. No oramos para manipular a Dios. No oramos para hacer que Dios haga lo que nosotros queremos. No oramos con repeticiones y demostraciones públicas y repeticiones vanas y fórmulas mágicas simplemente para aparecer como actores como en un show, entramos a la presencia de Dios, queremos santificar Su nombre y traer Su reino y cumplir Su voluntad, porque al hacerlo entramos en conformidad con Su persona bendita. Creo que podríamos resumirlo todo y decir esto: la oración es un medio de santificación progresiva.

John Hanna dice esto, y es maravilloso, y cito: “el fin de la oración no es tanto respuestas tangibles como lo es una vida que crece en profundidad de dependencia.” Fin de la cita. ¿No es eso maravilloso? Eso es todo. Todas las respuestas vendrán, pero la dependencia es lo que importa. “El llamado a la oración,” dice él, “es un llamado a amor, sumisión y obediencia. La venida de la comunión dulce, íntima, intensa del alma con el Creador infinito.” Entonces, debemos orar “hágase Tu voluntad”. Y por cierto, la tierra somos nosotros, ¿verdad? Somos nosotros.

¿Puedo ilustrarle eso a partir de Philip Keller, una ilustración vívida? Él vivió Pakistán cuando era niño. Y voy a cerrar con esto, pero quiero que lo entienda. Es poderoso. Philip Keller vivió en Pakistán cuando niño. Él estaba leyendo Jeremías 18:2 y se encontró con un versículo que decía “levántate y ve a la casa del alfarero y ahí haré que tú oigas Mis palabras.” A él le pareció curioso el tema del alfarero y las lecciones que el alfarero tenía para enseñar.

Y entonces, él fue a la casa del alfarero en la ciudad en donde él vivía. Y esto es lo que él escribió. Y cito: “Y le pedí al anciano maestro artesano con sinceridad y pasión que me mostrara todo paso en la creación de una obra maestra. En sus repisas había vasos hermosos y contenedores exquisitos de belleza que quitaban el aliento. Después, torciendo un dedo huesudo hacia mí, me llevó a la parte de atrás, a un lugar oscuro, pequeño, a la parte de atrás de su taller. Cuando él abrió esta portezuela que rechinaba, un hedor repulsivo de algo que se estaba pudriendo, me envolvió.

“Por un momento, di un paso hacia atrás del foso oscuro en el que estábamos en el suelo de la parte de atrás del taller. “Aquí es donde comienza el trabajo,” dijo él. Y arrodillándose al lado del agujero oscuro, nauseabundo, con su brazo largo y delgado, él metió la mano en la oscuridad. Sus dedos delgados, capaces, tocaron la masa de arcilla, buscando un fragmento de material exactamente apropiado para su tarea. “Añado un tipo de pasto especial al lodo,” él añadió, “conforme se pudre y se echa a perder, su contenido orgánico incrementa la calidad coloidal de la arcilla y después, se pega mejor.”

“Finalmente, sus hábiles manos sacaron un pequeño montón de lodo maloliente, oscuro, del lugar horrible en donde la arcilla había sido pisada y mezclada por sus pies duros y huesudos. Con un impacto tremendo, el primer versículo del Salmo 40 llegó a mi corazón. “Él me sacó del foso horrendo del lodo,” conforme el alfarero, de manera cuidadosa había escogido la arcilla, así también Dios me había seleccionado a mí.

“Después, la gran pieza de granito cortado de la roca áspera de las altas montañas Hindu Kush detrás de su hogar, comenzó a moverse en silencio. Era operada por un artefacto muy raro que era movido por sus pies. Algo así como una máquina de coser antigua. Conforme la piedra adquiría velocidad, me vino a la mente Jeremías 18:3: “después, descendí a la casa del alfarero y he aquí, comenzó a trabajar en la rueda.”

“Lo que más me impactó en este punto era el hecho de que al lado del banco del alfarero, había dos contenedores de agua.” Y él procede a decir cómo a lo largo de este proceso la rueda estaba girando y él estaba ahí con la arcilla, continuamente metiendo sus manos en el agua. Y después, él iba moldeando la arcilla y después, las metía en el agua y moldeaba la arcilla y nunca podía moldear la arcilla sin el agua, porque se pegaba a sus manos y la arruinaba. Entonces, sus manos siempre tenían que estar mojadas. Y él dijo que era fascinante ver lo rápido pero seguro que era que la arcilla respondiera a la presión aplicada por esas manos que estaban humedecidas. Y en silencio, y de manera suave, comenzaba a tomar forma el contenedor, entre las manos del alfarero.

“El agua fue el medio que el maestro artesano utilizó para que su voluntad y sus deseos fueran transmitidos a la arcilla. Su voluntad de hecho estaba siendo en la tierra a través del agua. E inmediatamente, él dice, y cito “pensé del agua de la palabra la cual es la agencia de Dios para hacer Su voluntad de la tierra. Cuando Dios toca mi vida,” él dijo, “Él me toca con Su palabra. Es el agua de la Palabra que expresa la voluntad del maestro y encuentra satisfacción al moldear al hombre a lo que Él quiere.”

De pronto, para su asombro, él notó que la rueda se detuvo. Gentilmente, el hombre metió la mano y tomó un pedazo de la piedra y después, comenzó a girarla nuevamente y la volvió a detener y volvió a estirarse para recoger un pedazo de piedra más grande. Ahora, usted observa que con la ternura de su mano, él podía sentir toda aspereza, toda piedra e inclusive todo pequeño grano de arena. Las dos que él había tomado eran muy grandes. El contenedor estaba dañado. Entonces, él lo tomó y lo aplastó en sus manos.

Keller le dijo ‘oh, eso es triste. ¿Qué le sucederá a eso?’ ‘Oh,’ él dijo, ‘haré de él un contenedor para dedos común.’ Él preguntó si nunca sería un contenedor hermoso, como un recipiente. Él contestó que no, que estaba demasiado cicatrizado. Y pensé de nuevo en Jeremías 18:4, dice Keller, y el vaso que él hizo de arcilla se echó a perder en la mano del alfarero. “Rara vez,” dice él, “una lección me impactó con tanta claridad y fuerza. ¿Cuál fue la razón por la que esta obra maestra hermosa se echó a perder en las manos del maestro? Porque él encontró resistencia. Eso fue como un relámpago que me sacudió.”

“¿Por qué es que la voluntad de mi Padre, Su intención por convertir a personas en algo verdaderamente hermoso es detenido una y otra vez? Debido a nuestra resistencia, debido a nuestra dureza. Debido a que a pesar de los mejores esfuerzos de Él y Su paciencia interminable con nosotros, a la lado del agua de la Palabra aplicada nosotros, terminamos no siendo nada más que un contenedor para dedos.”

La pregunta sobria, que me llevó a examinarme, que me tuve que hacer en el ambiente humilde del taller simple del alfarero fue esta: “¿voy a ser un contenedor de porcelana fina o un contenedor para dedos? ¿Acaso mi vida va a ser un contenedor hermoso, apropiado para almacenar el vino fino de la vida misma de Dios a partir del cual otros puedan beber y ser refrescados, o voy a ser un contenedor para dedos áspero en el cual el que pase a mi lado simplemente va a meter sus dedos brevemente y después, se olviden? Fue uno de los momentos más solemnes de toda mi vida y oré: “Padre, hágase Tu voluntad en la arcilla, en mí, como es en el cielo.” Fin de la cita.

¿Qué hay acerca de usted? Keller procede a contar que cuando el alfarero termina su trabajo, mientras que él todavía está girando la rueda, él toma un hilo largo y simplemente, lo mete por abajo y lo corta. Y él dice: “pensé en ser apartado para buenas obras.” Después, el alfarero lo toma y lo coloca en un horno. Y a lo largo de dificultades, finalmente, termina.

Amados, Dios quiere hacer Su voluntad en usted. Dios quiere convertirlo a usted en ese hermoso contenedor. Pero debido a que usted resiste, usted es un contenedor para guardar cosas pequeñas, en donde sólo los dedos pueden entrar, en lugar de ser usado para el vino fino de los grandes propósitos de Dios, usted es algo en donde la gente mete sus dedos rápidamente y pasan. La clave es: ¿está usted dispuesto a dejar que Dios haga Su voluntad en la arcilla de la tierra como lo hace en el cielo? Ése es el corazón de sus oraciones. Oremos.

Padre, Tú has sido bueno con nosotros a lo largo de todas nuestras vidas desde que hemos conocido a Cristo. Hemos recibido toda dádiva buena y de gracia. Y en esta mañana, Tú nos has dado otra. El privilegio de adorarte y compartir juntos Tu Verdad preciada. Que aceptemos este buen regalo y no lo usemos mal. Oh Dios, haznos entender el lugar de la oración para que busquemos de nuevo Tu venida. Para que busquemos la conversión en los corazones de los perdidos, el cumplimiento de Tu voluntad de propósito y de Tu voluntad de deseo. Y que cumplamos Tu voluntad de obediencia, Tu voluntad de mandato, conforme oímos y obedecemos Su palabra preciada para que no resistamos Tus manos al agua de la Palabra conforme nos forma para Tu uso. Haznos vasos, instrumentos aptos listos para el uso del maestro. En el nombre de Cristo, amén.

 

 

 

 

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