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Esta mañana nuestra lección es tomada en las Escrituras del capítulo 8 de Mateo. Mateo capítulo 8. Veremos los versículos 23 al 27. Mateo 8:23-27.

Permítame darle algo de trasfondo para nuestros pensamientos en esta mañana. Cuando Dios creó al hombre, Dios ordenó que el hombre debía ser el rey de la tierra. Que el hombre debía ser el monarca. El libro de Génesis dice que Dios le dio al hombre el dominio o soberanía; o dominio, gobierno; o la capacidad de reinar sobre la tierra. Y después, cuando el hombre cayó en pecado, él fue derrocado como el rey. Él perdió su soberanía. Él perdió su derecho de gobernar. Él perdió la majestad y la maravilla y la gloria de una tierra inocente. El reino que Dios le había dado. La tierra fue maldecida inmediatamente por Dios. Y como resultado de esa maldición, el control de la tierra cayó en las manos del usurpador, Satanás. Quien es llamado el príncipe de este mundo, el dios de este siglo. Y entonces, el hombre perdió su dominio y la tierra perdió su gloria.

¿Cuál fue el resultado de esto? Permítame darle algo del resultado de esto: enfermedad, dolor, muerte, dificultad en las relaciones humanas, guerra, tristeza, injusticia, mentira, hambre, desastres naturales y actividades demoníacas. Estas son las cosas que resultaron del pecado. Y la tierra soporta todas estas cosas constantemente. Pero la Biblia nos presenta un plan redentor grande y glorioso, en el cual Dios no solo está redimiendo al hombre, sino también redimiendo el ambiente del hombre. Redimiendo la tierra del hombre. Redimiendo el universo del hombre. Invirtiendo la maldición.

Ahora, de acuerdo con el plan de Dios, para hacer esto, Dios vendría a la tierra dos veces. La primera vez, Él vendría para redimir al hombre. La segunda vez, Él vendría a redimir la tierra y el universo. Entonces, vemos en la primera venida del señor Jesucristo que Él fue a la cruz y resucitó de la tumba para la redención del hombre. La segunda vez que Él venga en gloria refulgente establecerá un reino de mil años; y después una nueva tierra y un nuevo cielo a lo largo de la eternidad, y de esta manera redimirá la creación entera.

Ahora, ese es el plan; y Cristo es el que iba a llevar a cabo el plan, lo va a llevar a cabo. El diseño definitivo entonces, es un universo sin tristeza, sin lágrimas, sin dolor, sin enfermedad, sin muerte, sin dificultades, sin desastres, sin demonios. Todo justo, todo santo, todo hermoso, todo glorioso para siempre. Ése es el reino venidero de Dios.

En su primera fase es el reino de mil años, el Milenio, cuando el Señor invierte la maldición en la tierra misma. La segunda fase es en el estado eterno, cuando Él recree un nuevo cielo y una nueva tierra, diferente del que tenemos ahora. Todo va a cambiar en el futuro. Todo lo que nosotros conocemos como maldición. Todo lo que afecta la existencia del hombre. Todo lo que rompe el corazón del hombre. Todo lo que roba el gozo del hombre. Todo lo que le quita el dominio que Dios quiso que tuviera y la soberanía que Dios diseñó, será invertido. Y la Biblia dice que reinaremos para siempre con Cristo en Su trono. Esa es la redención del universo. Las cosas no siempre van a ser como son hoy.

Ahora, al ver la redención de la tierra y el universo, al ver la venida del Reino glorioso venidero de Dios, es evidente que el hombre no puede llevar a cabo ese cambio. No podemos cambiar nada en nuestro ambiente. Podemos tratar de enfrentar algunos de los problemas, pero no podemos eliminarlos. No tenemos el poder. Ahora, podemos disparar pequeños cohetes al espacio, pero lo único que hacemos es contaminar el espacio. Podemos construir todo tipo de maquinaria y equipo, pero lo único que hacemos es contaminar el ambiente, conforme estamos construyendo y usando esas cosas. Como un doctor médico me dijo en una ocasión, para todo lo que en la medicina resolvemos, creamos seis problemas más que deben ser resueltos. Y entonces, entre más nos apresuramos, más estorbos encontramos; y entre más avanzamos, más severas son las complicaciones.

El hombre no puede renovar la tierra. El hombre no puede eliminar la maldición. Él no tiene el poder. Por muy poderosos que sean nuestros cohetes; por muy inteligentes que seamos en lidiar con la fuente de energía; por mucho que podamos desarrollar poder nuclear y demás; todavía no podemos aplicar esas cosas para cambiar nuestro ambiente y cambiar nuestro universo.

Ahora, si la tierra va a ser cambiada, y si el ambiente va a ser alterado, y si va a haber un nuevo cielo y una nueva tierra, va a tener que ser hecho por alguien muy superior a cualquier hombre. De hecho no solo es un poder que está por encima del hombre, es un poder que es inconcebible para el hombre. Ni siquiera podemos imaginarnos el tipo de poder que se necesita para invertir la maldición, para crear un nuevo cielo y una nueva tierra. Así como no podemos imaginar el tipo de poder que se necesita para que Dios creara al principio y sustentara la Creación.

En el Salmo 62, la Biblia dice: “el poder pertenece a Dios”. En Job 26:14, dice: “el trueno de Su poder. ¿Quién lo puede entender?” En el Salmo 79:11, dice: “la grandeza de Tu poder”.  En Nahúm 1, dice: “el Señor es grande en poder”. En Isaías 26:4, dice: “el Señor Dios es poder eterno”. En el Salmo 65:6, que lo leí esta mañana, dice, “quien por Su fuerza establece los montes siendo ceñidos de poder”.

No es sorprendente que David dijo en el Salmo 63: “Oh Dios, Tú eres mi Dios. De mañana Te buscaré. Mi alma tiene sed de Ti, mi carne anhela ver Tu poder”. ¿Qué tipo de poder tiene Dios? Nos es visible. Romanos 1: “las cosas que nos rodean, reveladas a nosotros, el poder de Dios”, dice Romanos 1:20. ¿Qué tipo de poder es? Entre más vemos el universo, más asombroso nos parece ver el poder que se despliega ahí. El pequeño hombre, si él quiere manejar una máquina, una topadora de 450 caballos de fuerza, tiene que usar 100 galones de combustible diésel simplemente para que se mueva esa máquina, para empujar la tierra.

¿Qué tipo de poder se necesita para mover el universo que va más allá de nuestra imaginación? Nuestros pequeños telescopios pueden llevarnos a 4 billones de años de luz o a 25 sextillones de millas, o de lo contrario eso no ayuda para tratar de tener 7 por 10 con 67 ceros. Podemos ver ahí y saber que ni siquiera nos hemos acercado al fin del espacio, y a donde quiera que veamos, vemos poder, movimiento de cuerpos celestes energizados con un poder increíble.

Vivimos en una esfera de 25.000 millas en circunferencia. 8.000 millas en diámetro. Y la tierra pesa 6 septillones 500 sextillones de toneladas y cuelga sobre nada. Decimos, bueno la gravedad la sostiene. Bueno, ¿qué es la gravedad? ¿Qué poder es la gravedad, que hace que esto esté en el espacio? No solo eso, sino que la hace girar. ¿Dónde están los cohetes que nos hacen girar a 1000 millas por hora? Así de rápido vamos en esta mañana. A 1000 millas por hora en un círculo. Y usted sabe que es tan preciso que puede medir el tiempo hasta un milisegundo.

Y no solo eso, no solo estamos girando a 1000 millas por hora. Sino que estamos en una órbita que está dando la vuelta al sol que cubre 580 millones de millas a la velocidad de 1000 millas por minuto. Y no solo eso, sino que nuestro sistema solar entero, está moviéndose en el espacio interminable, en una órbita que toma billones de años de completar a una velocidad muchísimo más rápida que esa. Vamos en tres velocidades diferentes. ¿Dónde está el combustible? ¿Dónde está la energía? ¿Qué nos impulsa? ¿Sabía usted que un pez pone nueve millones de huevos? Pensé que le gustaría oír eso.

Dios no solo es el Dios de lo grande, sino que es el Dios de lo pequeño. ¿Sabe que han medido que la potencia en caballos de fuerza del sol es de quinientos millones de millones de billones, de caballos de fuerza, y que por lo menos hay cien mil millones de soles en nuestra galaxia, y quien sabe cuántas más millones de galaxias? ¿Dónde está el poder? ¿Qué es lo que hace que todo esto se mueva? Y ¿sabía usted que una pequeña cuchara de té que tiene agua, tiene un millón de billón de trillones de átomos en ella? Y ¿sabe usted lo que es un átomo? Un átomo no es nada más que energía, eso es todo, sólo energía. Usted dice, “bueno hay materia en medio.” ¿Sabe cuánto de un átomo es materia en sí? Una trillonésima parte.

Dice usted: bueno, ¿hay un millón de billones de trillones de átomos en una pequeña cucharada de tamaño de té de agua y una trillonésima parte de ese átomo es volumen y el resto es solo energía y movimiento? Es correcto. Dicho de otra manera. Si usted me tomara y algunos de ustedes no lo harían por un minuto, pero de cualquier manera, si usted me sacara todo el espacio vacío que hay en mí, y me redujera a materia, ¿sabe cuánto de mí es materia en sí? Simplemente pensando, poco más de seis pies, de uno ochenta y tantos de estatura, una centésima de millón de pulgada cúbica es materia. El resto es energía y movimiento.

¿Ahora, qué es lo que hace que todo esto se mueva? Bueno, la Biblia dice que Jesús sustenta al mundo con Su poder. No quiere decir que Él sustenta la materia. Significa que Él energiza, capacita todo átomo del universo; y el universo es tan grande que es inconcebible ver el poder de Dios. ¿Qué tipo de poder? ¿Cree usted que Dios tiene el poder de recrear la tierra? Claro que lo tiene. Creo que lo tiene. Él tiene el poder de invertir la maldición. Él tiene el poder de traer de regreso el Edén; el poder de crear un nuevo cielo y una nueva tierra. Y creo que esa es la razón por la que Jesús vino, para mostrarnos ese poder. Y creo que Jesús vino al mundo para declarar de una vez por todas que Él era Dios y que Él como Dios, el Hijo, tenía el poder de traer el Reino de Dios a una tierra maldecida. Que Él era el Rey prometido, el Mesías prometido. Que Él podía regresarle la soberanía al hombre, y Él podía restaurar la tierra, y Él podía eliminar el pecado. Él tenía todas las credenciales.

En Mateo 1, Mateo dijo que Él tenía la genealogía correcta. Él era de la línea de Abraham y David. En Mateo 2, Él tenía el nacimiento correcto. Él nació de una virgen. Y después, Él tuvo el bautismo correcto. Y fue confirmado por el Padre y ungido por el Espíritu. Y después, tuvo la prueba correcta, la tentación en la cual Él mostró Su poder sobre Satanás. Y después, Él dio el mensaje correcto. Él confirmó la Palabra de Dios con autoridad absoluta; y ahora Él dice en Mateo 8 y 9 que Él tiene el poder correcto. Y si hay uno que va a invertir la maldición, Dios dijo que vendría de la línea de David; y Jesús lo hizo. Y Dios dijo que nacería de una virgen; y Jesús nació así. Y Dios dijo “Él será aprobado por el Padre;” y así fue Jesús. Y Él sería más poderoso que Satanás; Jesús lo fue. Y Él hablaría la verdad; y Jesús lo hizo. Y aquí Él dice que Él tendría el poder; y lo hizo.

Observe Mateo 9:6: “pues para que sepáis que el Hijo del Hombre, tiene potestad, o poder.” Como puede ver, y puede detenerse ahí, este es el punto de fondo en los milagros, que los hombres supieran que Él tiene poder. Los milagros fueron probadas de poder, del poder del Reino. Cuando Él curó a los enfermos, Él estaba dando una probada de un Reino glorioso en el que no habría enfermedad. Cuando Él resucitó a los muertos, Él estaba dando una probada, un adelanto de un Reino glorioso en el que no habría muerte.

Cuando Él calmó las olas en el mar, Él estaba dando un adelanto del Reino glorioso en el que los elementos naturales nunca estarían fuera de control. Cuando Él echó fuera demonios, Él estaba dándoles un adelanto de un Reino en el que no habría actividad demoníaca en absoluto. Cuando Él habló la verdad, Él estaba dándoles un adelanto de un Reino en el que no habría mentiras, sino únicamente verdad. Cuando Él manifestó Su santidad, Él estaba dándoles un adelanto de un Reino en el que habría justicia. Y eso es todo. Como usted ve, todo lo que hizo fue para decirle al hombre: Yo soy el que puede invertir la maldición, Yo soy el que puede regresarle la soberanía al hombre, en un Reino eterno glorificado.

Y en el capítulo 9 por ejemplo, versículo 8, la multitud vio y se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad o poder a los hombres. En el capítulo 10 versículo 1: “cuando Él llamó a Sus doce discípulos les dio poder, o potestad”. Él les dio poder en dos áreas: sobre demonios y sobre la enfermedad; y esas eran las únicas dos áreas de milagros en las que los apóstoles recibieron poder para hacer milagros. Pero nunca recibieron poder para lidiar con la naturaleza. Solo Jesús hizo eso. Pero se les dio poder.

En Mateo 28 Él dice “toda potestad o toda autoridad, o poder, me ha sido dado”. Todo poder. En Marcos 9:1 Él les dijo “De cierto os digo hay algunos de ustedes que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el Reino de Dios viniendo con poder”. ¿De qué estaba hablando? Algunos de ustedes van a estar vivos cuando vean el reino de Dios viniendo con poder. Él se estaba refiriendo a Su transfiguración. Y Él inmediatamente se fue a un monte, y los que estaban muertos, Moisés y Elías, aparecieron ahí y los trajo de regreso. Eso es poder. Él se transfiguró a sí mismo y permitió que Su gloria fuera vista. Eso es poder. Y vieron el poder que sería manifestado de manera total en el Reino.

En Lucas 4:32: “y estaban asombrados por Su doctrina, porque Su palabra era con poder”. Versículo 36 “y quedaron asombrados porque con autoridad y poder mandaba a los espíritus inmundos”. Y en Romanos 1:4 Pablo lo resume, “Él ha declarado ser el Hijo de Dios con poder.” Y en donde ese poder fue revelado de manera más clara fue en Su propia resurrección de los muertos. De hecho, en 1 Corintios 1:24, se dice que Él es el Cristo, el poder de Dios.

Ahora lo que Mateo nos estaba mostrando es que Jesucristo tiene poder sobre toda faceta de la maldición. Sobre la enfermedad y la muerte, y Satanás y los demonios, y los elementos naturales y los animales y el dolor y todo. Por lo tanto, presentándose a Sí mismo con las credenciales como el heredero que es el heredero legítimo de la tierra, el Rey de reyes y Señor de señores.

Ahora, ya hemos visto los primeros tres milagros. Hay nueve milagros en los capítulos 8 y 9. Los primeros tres tienen que ver con la enfermedad, ¿no es cierto? Ya vimos esto. Los siguientes tres muestran Su poder sobre los elementos naturales, el mundo sobrenatural y sobre el pecado. Entonces, usted va de la enfermedad a los elementos naturales, al dominio sobrenatural de los demonios, después al pecado, inclusive la muerte. Y más adelante, todos esos retratos maravillosos de Su poder.

Ahora veamos el texto, versículos 23 al 27. Y le voy a mostrar cuatro puntos: los particulares, el pánico, el poder y el portento. Primero, los particulares. Ahora recuerde como vimos en los versículos 23 y 24, y recuerde la escena. Mateo ha presentado tres milagros y después, una respuesta. La respuesta, en los versículos 18 al 22, cómo la gente reaccionó. Y él nos va a dar tres milagros y después otra sección que nos muestra la respuesta, las diferentes maneras en las que las personas respondieron a Cristo.

Ahora, recuerde que el último grupo estaba fascinado, estaban interesados, estaban curiosos. Mostraron curiosidad, estaban emocionados con Su poder. Pero cuando Él puso el dedo sobre la llaga dijo: “si me van a seguir necesitan dejar todo. Necesitan pagar un precio profundo, severo, y necesitan venir ahora con compromiso pleno.” Y se fueron. No estaban interesados. Ésa fue la primera respuesta.

Ahora, él va a entrar a este segundo grupo de tres milagros y nos va a dar, al final de estos tres, una respuesta diferente. Observe ahí de regreso en el versículo 18; y preparemos la escena. “Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado.” Versículo 23, pase ahí. “Y entrando Él en la barca, Sus discípulos le siguieron.” Ahora la  presión de la multitud había alcanzado un punto en el que Jesús ya no podía enfrentarlo; y entonces dijo: “es hora de partir.” Y estaban en la costa occidental del mar de Galilea, o literalmente el mar de Galilea. Un pequeño lago de 13 millas de largo y 8 millas de ancho, en el punto más ancho, y Él dijo: vamos al otro lado.

Todos se habían llevado lo que podían llevarse, habían hecho lo que podían hacer. Jesús creo yo estaba cansado, estaba agotado. El día de reposo se había acabado. Creo que ya para este punto es de noche, porque ya era la noche, en el versículo 16; y ahora ya ha pasado el atardecer y ya es tarde en la noche. La multitud lo ha presionado más de lo que Él puede soportar en Su humanidad y nos tenemos que ir ahora. Ya nos vamos. Y lo que Él hizo fue que tres discípulos, tres que querían ser discípulos dijeron “hombre, yo quiero ir, pero tengo que hacer esto, y hacer esto, y hacer aquello.” Jesús los confronta y se quedaron. Pero algunos estuvieron dispuestos y el versículo 23 dice “cuando Él entró al barco Sus discípulos lo siguieron.”

Y los tres que vimos al final de la última sección no lo siguieron, pero algunos sí. Y entonces, conforme partía ese pequeño barco de la costa de Capernaúm, para viajar quizás 5 o 6 millas al otro lado, otros barcos lo siguieron. Sus discípulos lo siguieron, simplemente quiere decir que en otros barcos, obviamente, no solo se colgaron afuera del barco. De hecho, Marcos dice que “había con Él otros pequeños barcos”.

Y por cierto, el Mar de Galilea estaba cubierto en ese entonces, en el tiempo de Jesús, con pequeños barcos. Esta es un área de cultivo, de granjas, de pesca, los peces proliferan en esa área inclusive en el día de hoy. Si usted va ahí, le van a dar lo que se llama el pescado de san Pedro, el cual es un pequeño pescado de agua dulce, que tiene muy buen sabor; y hay muchos ahí. La agricultura y la pesca era la manera en la que se sostenía esa área. Y entonces, había muchos barcos pequeños y una pequeña flotilla comienza a moverse con Jesús conforme van al otro lado.

Y observe al final del versículo 23, muy importante señalar esto.  “Sus discípulos le siguieron.” Ahora, Jesús está en un barco con algunos de Sus discípulos. Por cierto para este entonces, se registra en Marcos y Lucas, Él ya ha escogido a los doce. Es muy probable una parte de ellos están en el barco con Él, en otros barcos, y otros discípulos en otros barcos, y todos se están moviendo. Pero Él ya había escogido a los doce. Pero la palabra aquí, “Sus discípulos le siguieron,” es mucho más que los doce. Es una palabra muy amplia. Y quiero hablar de eso tan solo por un momento.

Hay una confusión en esto en el Nuevo Testamento cuando dice “Sus discípulos,” ¿A quién se refiere? Bueno, tiene que ver el contexto. La palabra en sí, no le dice nada. La palabra, Mathetes, significa pupilos, aprendices, seguidores. Eso es todo. Es una palabra muy amplia. Ahora, algunas personas han tratado de decir, bueno, cuando tiene la palabra discípulo en la Biblia se refiere a un cristiano de segundo nivel, una categoría más elevada de espiritualidad. El tipo de cristianos del nivel más alto. En otras palabras, aquí están simplemente los cristianos comunes y corrientes, los creyentes. Y después, están los discípulos quienes son los súper santos, pero ese no es el caso. Usted no puede hacer que esa palabra signifique eso en el contexto. Como lo veremos conforme explicamos esto.

Ahora, una de las razones por la que no podemos ver eso como un discípulo legítimo es, por ejemplo, regresando al capítulo 5:1, “viendo las multitudes subió al monte, y cuando se sentó, Sus discípulos vinieron a Él.” Ahora, ¿qué discípulos? Bueno, algunas personas creen que son los doce. Por lo tanto, si son los doce, el Sermón del Monte es dado a los doce. Por lo tanto, no puede ser un mensaje de salvación, porque ya creyeron.

El problema con eso, es que es un mensaje de salvación. Y asume que no necesariamente creen y que la palabra discípulo aquí simplemente significa aprendices. Tiene la multitud, que en cierta manera es indiferente, y después tiene gente que está diciendo, “yo quiero oír lo que este hombre tiene que decir, estoy muy interesado.” El nivel de su compromiso no es determinado en este punto. Y entonces, les habla acerca del tema de la salvación porque ése es el punto clave.

Ahora, usted llega al capítulo 8 de nuevo al versículo 21. Uno de aquellos que es llamado discípulo dice, en realidad, yo no te voy a seguir hasta que mi padre muera. Y Jesús dice, “más vale que dejes el mundo para que ellos cuiden de sus propios muertos.” En otras palabras, más vale que te concentres en predicar el reino de Dios. La implicación es que este hombre no fue. Él simplemente se dio la vuelta y se fue a casa. Entonces, era llamado discípulo, pero no siguió a Cristo. Ahora, permítame colocarlo aquí en el contexto de lo que vemos aquí. Todos los que están sentados aquí en esta iglesia, son discípulos de John MacArthur, son Mathetes. Son aprendices, ¿por qué? Están aquí, están oyendo, están sentándose bajo la enseñanza.

Ahora, algunos de ustedes la están disfrutando. Algunos de ustedes, rechazándola. Algunos de ustedes pueden pensar que es buena. Algunos pueden pensar que es mala. Algunos de ustedes no han tomado su decisión. Pero todos aquí se están exponiendo a lo que decimos que es un discípulo, se están exponiendo a esta enseñanza. Son un discípulo, un aprendiz.

Cuando van a UCLA o a la Universidad de Cal State o a Pierce College o a donde sea, o a la Universidad Bautista de Los Ángeles, o Biola, o el seminario Calvert, o a donde quiera que esté en una clase, usted es un mathete, usted es un aprendiz. Quizá no lo acepte todo, no lo puede creer todo, o lo puede creer. El veredicto es algo diferente de que usted sea un discípulo. Eso simplemente quiere decir, un aprendiz. Hay de todo tipo.

Por ejemplo, en Juan 15 dice “cualquier pámpano que permanece en Mí y no da fruto, es cortado y aventado, arrojado en el fuego.” ¿Qué quiere decir estar en Mí? Quiere decir ser un discípulo. Había algunos discípulos que estaban conectados con Cristo que no tuvieron fruto, no había justicia, ni santidad, ni nada que marcara la verdadera salvación; y fueron cortados y quemados. Estaban ahí, eran discípulos, pero no eran reales. En Mateo 13 tiene 4 tierras. Todas son el tipo de tierras que están siguiendo a Jesús. Cuatro tipos de discípulos. La semilla sembrada en tres, en esas tres muere, sólo en una crece. Una era real y tres no.

En Mateo 10, Jesús dice, “Mis verdaderos discípulos son los que soportan hasta el final.” Y Él tenía a Judas en mente cuando dijo eso. Judas no soportó hasta el final; y mostró que no era un verdadero discípulo. Eran aprendices los que estaban alrededor de Jesús. Pero solo porque son llamados discípulos, no significa que son creyentes. Eso todavía no ha sido determinado. La palabra en sí no es una indicación de nada, excepto de que estaban siendo atraídos a la enseñanza de Jesús y estaban oyendo.

Ahora, podemos reducir a los discípulos en cuatro categorías y esto podría serle útil. Primero estaban los que eran los curiosos, los discípulos curiosos. Siguieron a Jesús, escucharon, les encantaba, les intrigaba lo que Él decía. ¿Pero sabe lo que sucedió? En Juan 6 Jesús les dijo un día: “a menos de que coman Mi carne y beban de Mi sangre.” En otras palabras, a menos de que me tomen, me reciban de manera total, a menos de que estén dispuestos a identificarse con todo lo que yo soy. A menos de que estén dispuestos a afirmar Mi señorío total en su vida, no pueden ser Mis discípulos. No me pueden seguir. No pueden entrar a Mi Reino. Y dice, de manera muy simple: “y Sus discípulos ya no andaban más con Él.” Eran los curiosos, no los comprometidos.

Y después Jesús dijo: “¿Queréis acaso iros también vosotros?” Y Pedro dice, “¿A quién iremos? Tú y solo Tú tienes palabras de vida eterna.” Y después dice esto: “Pero nosotros creemos y estamos persuadidos de que Tú eres el Hijo de Dios.” En otras palabras dice, muchos de Sus discípulos ya no andaban más con Él. Pero Pedro dijo: “Nosotros creemos. Y estamos seguros.” Él dice: “No somos el tipo de discípulos que son curiosos. Somos el tipo de discípulos que están comprometidos. Sabemos que hablas la Verdad. Estamos seguros.” Entonces, estaban los curiosos, vinieron y se fueron.

Después estaban los convencidos. Estos eran los discípulos que estaban intelectualmente convencidos. Nicodemo es una ilustración clásica. Él estuvo ahí cerca de Jesús. Él escuchó lo que Jesús dijo. Él vio lo que Jesús hizo. Y vino a Él de noche y le dijo “creo que Tú eres de Dios.” Intelectualmente convencido, pero no dice necesariamente, en el sentido pleno, que él creyó.

Y después, están los clandestinos. Los discípulos secretos, como José de Arimatea. Que lo mantuvo en secreto, pero creyó en silencio. Y después, están los comprometidos. Los valientes. Los abiertos. Los que siguen a Jesús. Pero como puede ver, todas estas categorías son posibles. Entonces, cuando dice discípulos, tiene a Pedros ahí; tiene a Judas ahí; tiene a Nicodemos ahí y a José de Arimatea; y muchos otros, cuyos nombres no habrían sido mencionados; y que no se salieron en el primer momento que las cosas se pusieron difíciles. La palabra no significa nada específico; entonces están ahí todos.

Y Jesús está a punto de presentarles un despliegue que va más allá de cualquier cosa que habían pensado. Y entonces, Él los tenía que preparar. Y entonces dice en el versículo 24: “Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca.” Y vamos a detenernos ahí. Ahora, estos no son barcos grandes, son en esencia barcas pequeñas, probablemente abiertos, sin protección alguna. Un barco abierto. Y viene una tormenta.

Ahora, el mar es un lugar pequeño, como dije, muy pequeño. Es un lago. Es solo un lago. El valle del Jordán, está bajo el nivel del mar; y va al mar Muerto, el cual está a unos 1000 pies bajo el nivel del mar. Y se levanta al mar de Galilea, que por cierto está a 608 pies bajo el nivel del mar. Entonces, tiene el Mar Mediterráneo, después el Monte Hermón, acá que se levanta a 9200 pies; y después tiene esta caída del Monte Hermón, hasta 608 pies bajo el nivel del mar. Y ahí tenemos estos valles; y cuando los vientos fríos del norte vienen del Mediterráneo y pasan por las pendientes de Hermón y estos montes, y entran aquí a estos valles, y se encuentran con este aire caliente que se asienta en ese pequeño valle, por así decirlo, donde el mar de Galilea está, crean tormentas increíbles; y pueden venir muy, muy rápido. Y entonces una vez que llegan ahí, y le pegan ahí al risco en la costa este, comienzan a moverse y pueden venir sin advertencia alguna. Muy común.

Nunca olvidaré mi propia experiencia de meterme a un barco en Capernaúm. Un pequeño barco, quizás 30 pies de largo. Y estábamos pasando y era como un cristal, hermoso; y ya para cuando llegamos a la mitad, estaba moviéndose, se empezó a picar el agua y la gente ahí estaba el barco… literalmente la gente se quitó sus playeras porque se estaban mojando, estaban empapados. Y salió de la nada; y dijeron que era muy común.

Y entonces ahí están. Es de noche, está oscuro y hay una gran tempestad. Por cierto, esto significa un seísmo, la palabra en el Griego es seísmos, tempestad. Quiere decir un temblor. De donde obtenemos la palabra sismógrafo. Significa un temblor o un terremoto fuerte. Ahora no sabemos si solo tembló el mar, sacudió el mar o si sacudió la tierra bajo el mar. Pero Dios  decidió que era el momento de moverse y simplemente, creo que sería como si movieras una pecera grande, un  recipiente grande de agua. Dios comienza a mover la tierra, y cuando mueves la tierra, el agua reacciona y esto comienza a moverse.

Y después. la palabra usada en Marcos y Lucas, es una palabra diferente que significa una tempestad, una tormenta. Entonces, tienes un terremoto y un viento, y se mueve el viento, y viene bajando por estas pendientes tan grandes; y de pronto hay una tormenta que no es rara. Tienen tormentas normales, pero dice que los discípulos, en el versículo 24, “se levantó una tempestad tan grande” y la palabra he aquí es una declaración de exclamación.

En otras palabras, esto fue algo sorprendente, inesperado. Estos navegantes habían visto muchas tormentas. Habían estado en ese lago muchas veces, en donde el viento había soplado y demás, pero nunca habían visto algo como esto. Este es un gran seísmo. Este es algo violento. Los vientos y el movimiento de la tierra le pegan a este barco en estas aguas. No pueden imaginar lo que habría sido.

Me acuerdo este verano, tomamos unas vacaciones, fuimos a las cataratas del Niágara, algunos de ustedes han hecho eso. Eso es lo único que pude ver. Pero estábamos ahí en las cataratas y estábamos todos empapados; y le ponen a usted, usted sabe, una especie de impermeable que deja su cara expuesta; y está totalmente en el piso cubierto con una especie de impermeable, son millones de toneladas de agua, y están cayendo frente a usted. Y le toma unos 15 minutos dar la vuelta; y está cantando himnos y todo tipo de cosas alentadoras, y usted sigue pensando, hacen esto todo el tiempo. Digo, van en estos barcos todo el tiempo, no hay problema. Pero si usted está en una situación así  y no tuviera conocimiento de lo que es la seguridad, imagínense lo tenso que estaría. Y están ahí en la noche, ni siquiera pueden ver lo que está pasando.

Y me encanta la siguiente línea al final del versículo 24, “pero Él dormía.” Es maravilloso, Él dormía bien. Cualquier persona que pudiera dormir en medio de esto, estaba muy cansada. Y eso habla de la humanidad de Jesús. Él no solo estaba tan cansado que se fue a dormir, pero estaba tan cansado que ni siquiera una tormenta lo despertaba. Él se cansó. Él estaba muy cansado. Marcos dice que hizo una pequeña almohada para Su cabeza. Una pequeña almohada ahí en estos lugares y puso una pequeña almohada bajo Su cabeza; y se durmió. Y debió haber estado empapado, pero estaba dormido.

Además, esto era parte de la escena divina. Él estaba dormido. El mar está agitado, la tormenta es intensa, el viento está ahí y el mar está aventando aquí al barco como si fuera un corcho que está allí en el océano y se está llenando de agua. Y los otros Evangelios nos dicen que el Creador del mundo está dormido.

Y por cierto, mientras que Él está dormido, al mismo tiempo Él está sustentando todo átomo en el universo. El tiempo en el griego indica que Él está profundamente dormido, en paz. ¡Oh, me encanta ver Su humanidad aquí! Y veo la confianza que Él tenía en Dios. Él está en una paz tan grande que ni siquiera teme. Él está disfrutando de una paz tan grande que ni siquiera teme. Absolutamente confiando en el cuidado del Padre, una ausencia total de temor alguno.

¡Oh, que viviéramos así! A nosotros, las circunstancias nos avientan de aquí para allá en el mundo y comenzamos a desconfiar de Dios; y nos inunda el pánico. Nos llena el pánico. El corazón de Jesús, sin embargo, estaba en calma perfecta. Él era omnisciente y sabía todo en el universo; sin embargo, no estaba consciente de lo que le rodeaba. De una manera tan pacífica, que estaba bajo el cuidado de Dios.

Y bueno, conforme la tormenta se incrementa, sin duda alguna los navegantes han hecho todo lo que pudieron por enfrentarla; y después, dice en el versículo 25 que vinieron a Jesús. Y eso nos lleva al punto número 2. El pánico. De los particulares al pánico. Y por cierto, cuando los navegantes le preguntan a un ex carpintero qué hacer en la tormenta, usted sabe que estamos en muchos problemas. Jesús ni siquiera había vivido en la costa, Él vivía en Nazaret, lo cual estaba lejos de la costa. Y en el versículo 25, el pánico; y Sus discípulos vienen a Él y lo despiertan. Y si atamos todos los registros del Evangelio lo que le dicen de manera completa es: “Maestro, Maestro, Señor. Sálvanos, ¿no te importa? Estamos pereciendo.” Muchas declaraciones breves. “Señor, Señor, salva, ¿no te importa? Estamos pereciendo. Nos estamos ahogando, despierta.” En desesperación. Y Él está mostrando indiferencia.

El hecho de que se volvieron a Jesús, como dije, es interesante. ¿Cómo podía Él ayudarle a estos navegantes? Pero ellos no tenían a nadie más a quien acudir. No están tan convencidos de que es Dios en este punto, más bien están esperando que lo sea. Pero están ahí donde Dios quería que estuvieran. Algunas veces, Dios nos lleva a un punto de desesperación para llamar nuestra atención ¿no es cierto? Se les habían acabado las soluciones humanas. Se les habían acabado las respuestas humanas, querían una respuesta Divina. Ésa era su esperanza. Y el Obrador de milagros, que podía enfrentar y curar la enfermedad, quizás podía manejar y controlar el mar. Y tenían un temor mezclado con fe. Como pueden ver, si hubieran tenido fe total habrían estado dormidos como Él, confiando en el cuidado del Padre, porque probablemente estaban tan cansados como Jesús estaba.

La escena no podía ser más dramática. Y entonces, despiertan a Jesús como los hombres lo hacen cuando vienen a Él solo en desesperación. Como el capitán del mar que siempre está anunciando que no creía que había un Dios y después fue golpeado por una ola, y comenzó a clamar a Dios y lo sacaron, y le dijeron: “Pensábamos que no creía en Dios, y él dijo, bueno, si no hay un Dios allá afuera, lo debería haber para momentos como este.” Y hay algunos de nosotros que clamamos a Dios cuando estamos en el fondo del dolor. Nos enfermamos en nuestra familia, o cerca de la muerte; perdemos nuestro trabajo; tenemos problemas con nuestra esposa o marido. Y comenzamos a clamar a Dios en nuestra desesperación. Inclusive la salvación es un acto de Dios en respuesta a la desesperación del pecador.

Pero con frecuencia, nuestro primer clamor es como el de ellos. Como se registra en Marcos, dice “¿No te importa? Nos estamos ahogando.” ¿Algunas vez ha hecho eso? Usted sabe que está en una circunstancia y le dice a Dios: ¿no te importa Dios? Esa es la falta de fe. No entiende usted Su amor. Por cierto eso no es nada nuevo. Los santos de la antigüedad hicieron eso, en el Salmo 10; recuerda eso en el versículo 1: “¿Por qué estas lejos Señor? ¿Por qué te escondes en momentos de problemas? Dios, nunca estás cerca cuando te necesito, ¿no te importa?”

Y después está el Salmo 44:22: “Sí, porque”, escuche esto “porque por Tu causa somos matados todo el día, somos contados como ovejas de matadero. Dios, por Tu causa estamos muriendo. Despierta, ¿por qué estás durmiendo Señor?” ¿Cómo puedes estar durmiendo cuando estamos muriendo por Ti?”

Y usted encuentra lo mismo en Isaías capítulo 51:9, el mismo tipo de estrategia, lo cual muestra una falta de fe muy grande. “Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo. ¿No eres Tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos?” El profeta está diciendo “despierta, despierta Dios, levántate. ¿No ves el dilema terrible de Tu pueblo? ¿Cómo es posible que puedas dormir en medio de esto?

Bueno, no es diferente a cómo nos acercamos a Dios. ¿Cómo puede ser que permitas que esto pase Dios? ¿Cómo puedes ser indiferente? ¿Cómo puedes ser Tú no amable? ¿Cómo puedes Tú dejar que yo atraviese por esto? Y la respuesta es clásica, versículo 26: “Él les dijo, ¿por qué teméis?” Deténgase ahí. ¿Por qué teméis? Dices, oye, estás bromeando, ¿qué tipo de pregunta es esa? Mira a Tu alrededor, estamos a la mitad de la noche. Hay una tormenta como nunca en la vida hemos visto. El bote está lleno de agua, ¿por qué tememos? Por cierto, la palabra teméis, es la palabra griega para cobarde. Acobardarse. Y es un pecado. Porque en Apocalipsis 21:8, la misma raíz de la palabra es usada en la lista de pecadores que no entrarán al Reino. Los cobardes y abominables. Y es la misma palabra: los temerosos, los cobardes, los que no tienen fe.

De hecho, Marcos lo dice aquí: “¡Oh, hombres de poca fe!”, Marcos dice, “¿Por qué no tienen fe?” ¿No creen en Mí, Mi amor y Mi poder? Esas son las dos cosas claves. Si usted cree en el amor de Dios y el poder de Dios, puede enfrentar cualquier tormenta. Número uno, usted sabe que Dios cuida de usted; y número dos, usted sabe que Él puede enfrentar la situación. ¿Verdad? Eso es todo lo que necesita saber. Dios me ama y Él tiene el poder de librarme. ¡Eso es todo! Y estaban cuestionando si Él se preocupaba, estaban cuestionando si Él era capaz; y Él dice: “¡oh, hombres de poca fe!”. ¿Qué es lo que tienen que ver? Él había hecho milagro tras milagro, tras milagro. Capítulo 4:23-25 dice que hizo milagros de todo tipo; y después, acabamos de ver tres ilustraciones. Y ésas son solo muestras.

Versículo 16, estaba sanando a la gente poseída de demonios, estaba echando fuera a los espíritus con una palabra. Estaba sanando a todos los que estaban enfermos. Habían visto una inmensidad de milagros y están diciendo: ‘¿no te preocupa?’ Porque si ellos no sabían que a Él le preocupaba el sufrimiento humano eran tan ciegos como murciélagos. ¿Y qué es lo que va a hacer al respecto? Si ellos no creían que Él tenía el poder, eran ignorantes. ¿No es asombroso cómo podemos ver una demostración de Dios y después, cuando la circunstancia viene a nuestra vida, olvidamos Su poder? Oh es tan maravilloso lo que el Señor ha hecho por aquí. Y después: ‘oh, quiero dar testimonio de cómo el Señor hizo esto acá, y allá y por allá.’ Y tan pronto como algo difícil sucede en su vida comienza a cuestionar el amor de Dios, el poder de Dios, y entonces, ¡oh, somos de poca fe!

Los discípulos primero, finalmente debo decir, aprendieron que no tuvieron suficiente fe. Y por eso en Lucas 17:5 dijeron: “Oh Señor, aumenta nuestra fe”. Y ¿sabe que lo hizo? Después de eso, Él sanó a diez leprosos. Él dijo: ‘mira: ve a ese y a ese a ver si te ayudan con tu fe.’ La fe necesita un fortalecimiento constante. Él dice “hombres de poca fe”.

En algún momento, en su estudio bíblico, rastree en su Biblia el concepto de poca fe. Básicamente significa que no cree que Dios pueda proveer, eso es todo. No lo cree y entonces se preocupa. Se afana. Se llena de pánico. Teme. Es cobarde. No cree que Dios pueda cuidar de usted. O no cree que se preocupa, o no cree que pueda. Una de las dos o las dos. Oh sí, se preocupa; Él simplemente no puede hacer nada. Oh, si puede, pero Él no se preocupa. Pero si Él se preocupa y puede ¿qué va a temer?

Por cierto, aun cuando se están ahogando, no deberían haber temido porque eso de cualquier manera habría sido Su voluntad y Él los habría librado ahí y los habría llevado al Reino de Su Padre. Seguro conocían los Salmos del Antiguo Testamento. El Salmo 89, ¿se acuerda del Salmo 89? “Oh Señor, Dios de los ejércitos, ¿Quién es como Tú? Poderoso eres, Jehová,
Y Tu fidelidad te rodea. Tú gobiernas las olas del mar; cuando las olas se levantan, Tú las calmas.”

O ¿qué tal el Salmo 46? “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, aunque los montes sean echados en medio del mar;  Aunque las aguas se turben, giman y bramen, no temeremos”. No temeremos de elementos naturales. Quizás olvidaron el Salmo 107, me encanta esto: Los que descienden al mar en naves, y hacen negocio en las muchas aguas,

Ellos han visto las obras de Jehová, Y sus maravillas en las profundidades. Porque habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, Que encrespa sus ondas. Suben a los cielos, descienden a los abismos; Sus almas se derriten con el mal. Tiemblan y titubean como ebrios.” Puede ver ese retrato del mar y están ahí tambaleándose. Y clamaron al Señor en su tribulación; y Él los sacó de sus aflicciones. Él hizo que la tormenta se calmara. De tal manera que las olas del mar se tranquilizaron. Y Él los guio a su refugio deseado. Esa es una profecía explícita de lo que Jesús hizo. Dios hizo esto en el Salmo 107, y Jesús lo hace en Mateo 8. La conclusión indiscutible es que Jesús es Dios.

Entonces, no tenían nada que temer. Y vemos en tercer lugar, de los particulares, al pánico, al poder, al poder. William Cowpert describió esas grandes líneas, y cito: “Dios movió de manera misteriosa Sus maravillas para mostrarlas. Él planta Sus pasos en el mar y Él va por encima de la tormenta. Ustedes, santos temerosos, tomen valentía. Las nubes que ustedes tanto temen, están llenas de misericordia y van a lloverles bendiciones sobre su cabeza”. Fin de la cita. Versículo 26: “Entonces levantándose,” a la mitad del versículo, “reprendió a los vientos y al mar. Y se hizo grande bonanza”.

Marcos 4:39 dice “Él se puso de pie y dijo, ‘calla, enmudece.’ E instantáneamente no solo una calma, sino gran calma. Calma total. Ahora, si usted detiene el viento, el mar va a continuar haciendo olas hasta que las olas hayan terminado de moverse. Pero Él dijo: “Silencio.” O como dijo un comentarista, lo tradujo y dijo “Shh, silencio” y el mar se convirtió como un cristal. Se detuvieron las olas, el viento se detuvo y estaba en calma. Ahora, eso es poder. Eso es poder.

Es imposible medir el poder del viento que estaba existiendo en ese tipo de tormenta porque no sabemos qué tan lejos se extendió la tormenta. Pero simplemente en una tormenta normal hay millones de millones, de unidades de caballos de fuerza generados en una tormenta, a través del viento, e inclusive aún a través de la lluvia si eso estaba involucrado. Nadie nunca podría medir el poder del temblor, un poder increíble. Jesús detuvo con una palabra.

Y como puede ver, éste es el mensaje de Mateo a nosotros. Éste es el que puede conquistar la enfermedad. Éste es el que puede controlar la naturaleza. Y después, nos va a decir que Él puede controlar a los demonios. Él es el que perdona el pecado, el que resucita a los muertos. Piensen en esto, amados: Él es el que vive en su vida.

Bueno, ellos han visto a Dios, esto es claro, esto es simple. Y ¿qué hacen en respuesta a esto? Versículo 27, el portento. El diccionario dice que portento quiere decir maravillarse. Algo portentoso produce asombro, maravilla, sorpresa. Y dice en el versículo 27: “Y los hombres se maravillaron diciendo ‘¿qué hombre es este, que aún los vientos y el mar le obedecen?’” Potaposthe la palabra griega. No tenemos ninguna categoría para Él es lo que están diciendo. ¿En dónde encaja? ¿Qué tipo de persona es esta, que aun los vientos y el mar le obedecen?

Ahora, escúcheme. Marcos, en su relato, paralelo dice que estaban “excesivamente aterrados”. Marcos dice que cuando la tormenta vino tenían miedo. Marcos dice que cuando Jesús detuvo la tormenta estaban excesivamente atemorizados. ¿Sabe lo que es más aterrador que estar en una tormenta? Darse cuenta que está en frente de la presencia del Dios vivo. ¡Eso es asombroso! ¡Qué experiencia saber que Dios está en tu barco! Eso era mucho más aterrador que cualquier tormenta.

Cuando Job vio a Dios a través de las circunstancias de su vida, él dijo, “de oídas te había oído, pero ahora te veo con mis ojos, y me aborrezco a mí mismo, y me arrepiento en polvo y cenizas.” Cuando Isaías vio a Dios, él dijo, “soy un hombre de labios inmundos.” Tengo una boca sucia. Cuando Daniel vio a Dios, en Daniel 10, lo vimos un par de semanas atrás, él comenzó a sacudirse y a temblar; y se cayó ahí en el suelo y su boca terminó siendo congelada al no poder hablar en la presencia de Dios. Cuando Pedro vio a Dios en esa ocasión de la pesca en el mar, él dijo: “Apártate de mí porque soy un vil pecador, oh Señor.” Cuando el apóstol Pablo vio a Dios en la forma de un Jesucristo glorioso resucitado, él se postró sobre su rostro ahí en el polvo y quedó ciego.

Y usted estaría tan abrumado con la santidad si estuviera en Su presencia. Estos discípulos sabían que Dios estaba ahí. Y la realidad asombrosa de esto era aterradora. Ellos fueron desenmascarados. El omnisciente podía leer todo pensamiento y saber todo en ellos. Estaban en la presencia de Dios.

El siguiente viaje en barco que tomaron, registrado en Mateo, los llevó a una situación similar. Y dijeron cuando se acabó, después de que Él detuvo otra tormenta, él dice en Mateo 14:33: “Entonces los que estaban en la barca vinieron” y escuche esto “le adoraron, diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios’”. La próxima vez que hubo alguna duda, fue quitada en su totalidad. Él era el Hijo de Dios. Porque aun los vientos y el mar le obedecen.

Permítame hacerle una pregunta, ¿Es Él quien puede invertir la maldición? ¿Tiene Él el poder para cambiar la tierra? ¿Tiene Él poder para restaurar el Reino? La respuesta es sí. El que escribió la canción, escribió “cantamos del poder todopoderoso de Dios que hizo que se levantaran los montes, que esparció los mares y construyó los cielos sublimes. Cantamos de la sabiduría que ordenó al sol para que gobernara de día y la luna que brille también a Su mandato; y todas las estrellas le obedecen. Señor, ¡cómo es que Tus maravillas son desplegadas! Adonde volteamos nuestros ojos, adonde quiera que pisamos o vemos los cielos, no hay una planta o flor que no dé a conocer Tus glorias; y las nubes se levantan y las tempestades se mueven por orden de Tu trono.” Y después, él cierra con esta estrofa: “En cada momento dependemos de Ti, si Tú te retiras, morimos. ¡Oh, que nunca ofendamos a ese Dios quien está cerca para siempre!”

El mismo Jesucristo que calmó el mar, es el que mantiene todos esos átomos moviéndose en su cuerpo. El que mantiene esta tierra girando en el espacio. El que mantiene este universo en equilibrio. Ese mismo Jesucristo va a venir un día y va a establecer Su Reino eterno. La pregunta es ¿será usted parte de ese Reino por fe?

Padre, gracias por nuestro tiempo en esta mañana en Tu Palabra. ¡Hemos aprendido tantas lecciones! Lecciones de confianza y fe en medio de las tormentas de la vida. Porque sabemos que Tú te preocupas y Tú puedes. Señor, sálvanos de tener poca fe. De no confiar en medio de los tiempos más oscuros. Y Señor, ayúdanos a saber más allá de cualquier duda, que Jesucristo es el Dios viviente, el único que puede redimir a los hombres y puede redimir esta tierra maldecida y establecer el Reino eterno glorioso. Padre, oro en esta mañana porque nadie se vaya de este lugar sin conocer a Cristo. Sin haber venido en fe a creer. Sin estar convencido de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. El que murió y resucitó, para que confíen en Él.

Y aquellos de nosotros que somos cristianos Señor, recuérdanos de la fragilidad de nuestra carne, de nuestras dudas, de nuestros cuestionamientos. Cuántas veces hemos dicho ¿no te preocupas? La auto-compasión ha entrado cuestionando el amor que nos has prometido, cuestionando el poder que está a nuestra disposición. Enséñanos esas lecciones que quieres que aprendamos y que las enseñemos a otros. En el nombre de Cristo. Amén.

  

 

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